Inalcanzable
Notas adicionales: Entremezclé fragmentos de la canción 'Más y Más' de Draco Rosa, creo que TODOS la conocen, sino busquenla que se estan perdiendo de alguno bueno XD o escuchenla mientras ven el capítulo que yo la escuchaba mientras armaba la trama en mi cabeza XD por eso sentí que debía incluirla, y... es todo, nos vemos al pie XD
Capítulo 20: Buscando comprender
Flash Back
"Con que aquí estabas"
La aguda voz taladró sus oídos y le robó la paz que había alcanzado en ese bosque, a poca distancia de las doce casas, recostado sobre el pasto y camuflado por los árboles.
El Joven, que tenía la cabeza recostada sobre sus propios brazos mientras le buscaba forma a las nubes, se giró un poco para ver a la chica que le importunaba, fingiendo no haber sido tomado por sorpresa.
"¿Qué quieres, Jade?"
La recién llegada, de unos catorce años, se quitó la máscara reglamentaría de las amazonas y le dedicó una sonrisa traviesa.
"A ti ¿Qué más?"
Brincó sobre el muchacho y abrazando su cuello le dio un ruidoso beso.
Él no tardó en apartarla para sentarse en el suelo, separándola de su cuerpo al sujetarla por los hombros, eso no borró la sonrisa de la chica, estaba acostumbrada a esa reacción.
"Sabes que no debes hacer eso"
"¿Besarte o mostrarte mi rostro?"
"¡Ambos!"
La joven rió mientras se echaba su largo, lacio y negro cabello hacía atrás. Su tez era muy clara, y sus ojos de un hermoso tono Jade, lo que le había dado ese nombre.
"Ya deja el pudor, Etan, no te queda" Le enroscó los brazos al cuello y él se dejó hacer, pero sin borrar su cara de descontento, se rascó el azulado cabello y dio un largo resoplido.
"¿Para esto me buscabas?"
Ella se movió para acomodarse con toda libertad sobre el regazo de él, mientras asentía.
"Sí, ya casi no tienes tiempo para mí"
"Soy un santo dorado ahora, Jade"
"Lo sé, ¿Y tú armadura?"
El joven solo llevaba puestos una camisa y pantalón oscuro, pese a que había alcanzado el rango de caballero dorado hacía dos semanas.
"Aún no me acostumbro"
"Qué raro, creo que yo no voy a quitármela ni para dormir"
Ese comentario consiguió la atención de Etan, que cambió su expresión por una ligeramente melancólica mientras se entretenía jugando con uno de los mechones de cabello de la chica.
"¿Ya sabes cuándo será?"
Ella se encogió de hombros de manera despreocupada.
"Pronto, supongo, el maestro no nos dice mucho"
El joven apretó un poco los labios, adoptando una expresión pensativa, ella al notarlo frunció sus cejas y le dio un tincazo en la frente.
"¡Oye!"
"Saca esas ideas raras de tu cabeza"
Él no le preguntó a qué se refería, no le servía hacerse el tonto, sabía bien lo que la chica le estaba diciendo.
"No entiendo cómo puedes estar tan tranquila"
"Yo no entiendo por qué tú estás tan preocupado"
Fue el segundo resoplido.
"Deberías ponerte tu máscara"
"Aquí nadie me ve"
"Te veo yo" Insistió, aunque en tono desenfadado.
"Esa es la idea, bobo" Le puso la mano en la mandíbula y lo acercó para regalarle otro beso, menos agresivo que el primero, y éste si fue aceptado y respondido.
Cuando se separaron él la sostuvo por la cintura, manteniéndola pegada a su cuerpo.
"¿Por qué insistes en complicarlo todo?"
"No tiene por qué ser complicado" Le otorgó una íntima caricia por su nuca y cuello, viéndolo con intensidad, él le sostuvo la mirada, pero detuvo su mano, aunque no tuvo la fuerza de voluntad para separarla de su piel.
"Jade… ya lo hemos hablado"
"Etan…" Trató de volver a besarlo, pero esta vez él apartó su rostro, provocándole un gesto de dolor. "¿A qué diablos le temes? Sé que quieres, te estoy dando mi consentimiento… ¿Por qué conmigo no?"
Esas palabras le dolían tanto a ella decirlas como a él escucharlas, ella no podía entenderlo, porqué su amigo cortejaba sin problemas a varias doncellas, pero cuando se trataba de su persona… la rechazaba, no le importaba tener que compartirlo en esos momentos, le importaba tenerlo, pero él no parecía estar de acuerdo.
"Tú eres diferente" Le aseguró, y eso a ella le sonó casi como un insulto.
Frustrada lo empujó para ponerse de pie y volver a colocarse su máscara, le quedaba claro que esa tarde nada iba a lograr con él, lo que fuera que lo atormentara ella no conseguía vencerlo.
"Eres un hombre extraño, ¿Sabías?" Le dijo en tono cansado, viéndolo sin ánimos de seguirla. "Si es por…"
"Es entre tú y yo, no tiene nada que ver con él"
"Tú y yo, al menos nos has puesto juntos en una oración"
Etan volvió a rascarse el cuero cabelludo, cansado.
"Escucha Jade… Esperemos a tu prueba… luego de eso… será más fácil, estoy seguro"
No pudo ver su rostro para saber lo que ella pensaba, pero la vio asentir.
"Como quieras"
La joven se marchó y él la observó caminar hasta que la perdió de vista.
Luego se dejó caer de nuevo sobre el pasto de espaldas, donde molesto y ansioso arrancó césped y levantó un poco de tierra, para calmar sus emociones.
End Flash Back
POV Milo
Más, si te acercas un poquito más
Me meterás, en ti.
Camus, Camus, Camus en París, Camus de Nuevo en frente mío.
Era todo lo que mi cerebro podía procesar mientras Etan seguía hablando, ¿Qué hacía ahí? ¿Cómo podían ser los dioses tan duros conmigo?
Mi maestro me guío a la mesa, llegaba justo para comer, en mi lugar esperaban que llegara el repartidor con dos pizzas.
Me senté cuando recordé como se hacía eso, no pudiendo desviar mi atención de Camus, quien de a ratos me devolvía la mirada.
Había viajado tan lejos para despejarme, y ahí estaba lo que ocupaba gran parte de mi mente, desee como nunca poder marcharme, pero de hacerlo me habría puesto en evidencia.
Cuando todos estuvimos sentados a la mesa y la atención de los adultos se volcó en mí, me atreví a volver a hablar.
"Siento lo del vino" Ya me había disculpado varias veces por la pobre alfombra, aún no por la botella, que él no sabía, era la última de su colección.
"No tiene importancia, deditos de manteca" Me respondió mientras mordía la porción que tenía en su mano "Esto es Francia, yo debería darte a llevar vino a ti, ¿De quién fue la idea de ese regalo? Amenthys ¿Verdad? Ella siempre está en todos los detalles"
Justo lo que necesitaba para acabar de sentirme incómoda.
Mi silencio captó la atención de los tres, e inquieta bajé la mirada, no se lo había dicho aún, no era algo que quisiera comunicar por carta, de hecho… no era algo que quisiera comunicar, pero Etan tenía derecho a saber.
"Amenthys murió"
Camus detuvo sus cubiertos, solo él y su maestro comían pizza con cubiertos, y me miró perplejo, lo vi de reojo y me inquieté aún más.
"Vaya" Mi maestro no sabía que decir, aún que noté que su ánimo cambió un poco, se encontraba muy alegre antes de escucharme "No me esperaba eso… Era… una mujer muy joven… ¿Cómo es que…?"
Ni siquiera terminó la pregunta, me conocía demasiado bien, y yo ni siquiera lo estaba mirando, debió interpretar eso como una señal de que no quería hablar de eso en ese momento.
Se hizo silencio en la mesa, hasta que el señor Dominik lo rompió con un carraspeo.
"Encenderé la televisión, quiero ver las noticias locales" Se disculpó al levantarse de la mesa.
Yo suspiré, con mis ojos sobre el queso fundido que resbalaba de la masa al plato debajo de mí. No lo veía, pero sabía que la atención de Camus seguía sobre mí, lo sentía, esos ojos indescifrables analizándome, solo fruncí el ceño y me llamé a silencio.
Nada interesante ocurrió después.
Hasta que Etan tuvo la peor de las ideas y quise matarlo por ello.
"Bueno, será mejor que te acomodes, supongo que compartirás la habitación de Dominik con Camus"
"¿Qué?" No podía creer lo que estaba escuchando, y por la manera en que Camus lo miró… él también estaba sorprendido, aunque no lo demostrara tanto como yo.
"Pues sí" Resolvió levantando sus manos, actuando como si fuera lo más lógico "Milo, ya no eres una niña, no puedes dormir conmigo, y tampoco dejaré que compartas la cama con Dominik, nuestra amistad no necesita eso"
Podía ser tan irritante a veces o… todo el tiempo, ¿Cómo se le ocurrían esas cosas?
"Y sólo tenemos dos habitaciones, no vas a dormir en la alfombra"
"¡Camus también es un hombre!" Le remarqué, por si había pasado ese detalle por alto.
"Sí, pero es diferente" Se encogió de hombros.
"¡¿De qué manera es diferente?!"
La sonrisa maliciosa de mi maestro y la manera en que arqueó su ceja derecha me hizo desear golpearlo.
"¿De verdad quieres que te lo explique?"
Quise contestar pero nada salió de mis labios separados, pero el calor en el rostro me hizo saber que acababa de írseme toda la sangre a la cara.
Por fortuna el maestro de Camus intervino una vez mas, poniendo un poco de cordura a todo eso.
"Milo, me disculpo por esto, pero no contábamos con tu visita, también creo que Camus y tú son una mejor opción, son amigos, se tienen la suficiente confianza para que no resulte tan incómodo, naturalmente sabes que él respetara tu… privacidad"
Claro que sabía que Camus me respetaría, daría mi espacio y todo lo demás, el problema no era ese, el problema era que él existiera y estuviera bajo el mismo techo que yo, y encima ahora… la misma habitación, era como repetir el calvario de mi visita anterior a París, con el Señor Lombard y su descuido.
Pensé en responder que me quedaría en un hotel, pero eso levantaría demasiadas sospechas, además mi maestro era un terco, no me lo iba a permitir, lo tomaría como una ofensa. Acabé suspirando resignada, y Camus silenciosamente me indicó que lo siguiera, lo que hice a regañadientes.
Ni bien entramos a la alcoba, antes de que pudiera siquiera indicarme donde dejar mis cosas, cerré la puerta, olvidando toda discreción al dar ese azote, aunque mi voz, histérica, fue solo un susurro.
"¡¿Qué diablos haces aquí?!" Lo encaré acercándome, aunque él no retrocedió ni un paso y mantuvo esa expresión tan neutral… que me estaba sacando de mis casillas.
"También me da gusto verte"
"¡Responde Camus! ¿Sabías que venía? ¿Cómo?"
"Milo, el mundo no gira alrededor de ti, ni yo tampoco" Respondió cruzándose de brazos y frunciendo un poco las cejas, el primer gesto que conseguí "Vine a ver a mi maestro"
"¡¿Justo ahora?!"
"Escucha, yo tampoco tenía esto en mente, pero por favor… evítame la escena frente a nuestros superiores"
Su frialdad no hizo más que atizar mi malhumor, con todo lo que había pasado… ¿Eso era todo lo que tenía que decir? Yo estaba que me salía de control… y a él parecía darle todo lo mismo.
"No pienso ponerme en ridículo por ti Camus, esos días ya acabaron, solo… mantén la distancia de mí, no me hables y no te me acerques"
Estaba siendo dura, pero sentía tanta ira, era demasiado, reencontrarlo en un lugar tan inesperado y su completa indiferencia, aunque admiraba su capacidad de sanar, yo vivía atormentada y él lucía mejor que nunca.
Esperé una respuesta, pero no la recibí, solo me rodeo para salir.
Una vez que sentí como la puerta volvía a cerrarse solté el aire que contenía y me froté la cara.
Caminé hasta la cama y me dejé caer sentada.
Yo... no se cómo abrazarme a tus brazos y no sufrir... voy por la vida pidiéndote un amor de suicida...
¿Por qué? ¿Por qué aún me afectaba así? ¿Por qué luego de dos años… luego de Saga… veía a Camus y seguía desesperándome? Deseaba tanto lastimarlo como abrazarlo, amenazaba mi cordura todo el tiempo. Pero estaba dispuesta a no volver a caer en su juego, se había terminado, en Siberia lo dejé claro, él ya no tendría lugar en mi vida, nadie más lo tendría, Saga era una agradable compañía, pero nada más, mi vida era Athena, el patriarca, así era más sencillo, mucho más seguro y estable.
Ocupé un cajón con mis pertenencias, y al rato mi maestro se asomó para pedirme que me cambiara, un amigo de ambos cumplía años esa noche y tenían pensando ir a un bar.
Hubiera deseado rehusarme, pero eso sería darle a Camus mas importancia de la que merecía, había viajado lejos para distraerme y visitar a mi mentor, su presencia ahí no iba a arruinarlo.
Tomé una toalla y entré al baño privado, me di una buena ducha y me dispuse a buscar con qué arreglarme, nunca salía, así que esperé no estar demasiado fuera de lugar, solos unos jeans, botas altas, y una blusa negra que Carmín me consiguió, entre otras, para ese viaje.
Cuando salí ya estaban los tres listos, solo esperándome.
Como podía esperar, mi maestro era el único informal, al igual que yo, solo jeans oscuros y una playera apretada azul, Dominik y Camus estaban de traje, aunque el segundo llevaba la camisa blanca desfajada y sin corbata, esa mezcla de etiqueta con informal que siempre lucía le sentaba bastante bien.
Lo observé mas de la cuenta sin ser consciente de ello, hasta que él me devolvió el mismo tipo de mirada, haciéndome espejo, y tanto el enojo como la vergüenza me hicieron mirar hacia otro lado.
"Muy bien, vámonos ya, quiero que quede alguien sobrio para cuando lleguemos"
Ninguno tuvo objeciones, al menos no que quisiera expresar.
Tomamos un Taxi y traté de concentrarme en la noche.
París lucía tan hermosa como la recordaba, la ciudad de las luces. Era una locura, la primera vez que estuve ahí Camus y yo tuvimos una semana para pasear y conocer el lugar, yo esperaba a mi hija y él no lo sabía, lo que nos permitió engañarnos un poco y fingir que éramos una pareja más.
Así... susurrándome tu vienes a mi
El recuerdo me hizo suspirar.
Mi maestro ocupaba el asiento delantero, y el señor Dominik estaba entre Camus y yo. Me arriesgué a mirarlo, y lo descubrir tan interesado en el exterior como yo, ¿Estaría pensando lo mismo? ¿O su mente habría viajado hacia pensamientos más progresistas? Él siempre fue tan práctico…
Incómoda con tanto silencio, decidí hablar.
"¿A dónde vamos?"
"Le café Marly" El antiguo santo de Acuario fue quien respondió, cruzado de brazos y con voz neutral.
"Te encantará enana, esta frente a la pirámide de cristal" Mi maestro se giró un poco para acotar eso desde el frente.
Sí, la recordaba, había acudido a esa plaza, al igual que al museo Louvre en ella.
El taxi se detuvo y mi maestro pagó la tarifa.
Bajamos, la noche era, pese a todo, agradable, no hacía frío, pero tampoco demasiado calor.
Observé el imponente café pub que estaba en frente mío, las escalinatas, me sorprendía no haberlo notado la primera vez, pero claro que quedaba opacado con todo lo que había a su alrededor, a simple vista ni siquiera pensaría que se trataba de un lugar comercial, más bien parecía otro digno museo.
"¿Esto… es un café?" Murmuré mientras cruzaba los brazos, sabía algo de arquitectura clásica, mi educación había llegado a abarcarla, pese a lo que demostraba mi maestro era un hombre culto, y por él podía reconocer el estilo Napoleón III en esa edificación, techo alto, las columnas… y tras atravesar la entrada quedé maravillada con las pinturas que cubrían las paredes, tanto en los cuadros de artistas, como sobre la misma superficie, toda la cúpula estaba invadida por ángeles y pastores que parecían sacados de una pintura de Dante Alighieri.
"Te dije que te gustaría" La voz de mi maestro me regresó a la realidad "Olivier Gagnére, él fue quien la diseñó"
"Ya veo…" No quise agregar que desconocía a ese hombre.
"Subamos de una vez, tenemos reservación arriba"
Tanto Camus como su maestro iban detrás de nosotros. Una hermosa camarera no tardó en atendernos y tras intercambiar unas palabras con Etan nos guío a la mesa designada, ya había ahí un pequeño grupo, cuatro hombres de edad madura.
"Por cierto, sería buena idea que te pegaras a Camus"
Ese comentario me descolocó por completo.
"¿Disculpe?" Una de mis cejas se había arqueado al escucharlo, me detuve, y los que venían detrás nuestro hicieron lo mismo, evidentemente lo oyeron también.
"Es para evitar problemas, que sepan que ya vienes acompañada"
"No necesito compañía" No supe que quiso decir con todo eso, pero solo sonaba a que alguien debía velar por mí y eso me pareció irritante, ya me molestaba bastante pasar tanto tiempo sin mi armadura como para que me hicieran notar todo el tiempo lo poco imponente que parecía sin ella.
"Niña ¿Por qué tienes que complicarlo todo siempre?"
No tuve tiempo de defenderme, él avanzó y captó la atención de los que nos aguardaban, no me quedó otra que seguirlo y observarlo darse palmadas en la espalda con los demás hombres y hacerles observaciones groseras y ruidosas, el señor Dominik fue más reservado al respecto, y Camus, al igual que yo, esperó en silencio a ser presentado.
"Él es Camus, Camus ellos son mis compañeros de la universidad"
¿Universidad? ¿El maestro de Camus daba clases acaso? Con las monstruosas indemnizaciones que daba el santuario en base a los tributos de cada templo… me costaba comprender que quisiera trabajar, aún que era posible que lo hiciera por gusto.
Mi maestro me hizo una señal para que me acercara también.
"Wow ¿Y ella?" Se adelantó uno dedicándome una mirada nada discreta y sonrisa jactanciosa "Etan, maldito asaltacunas, ¿De dónde la sacaste?"
No era de sorprender que de pensar que venía con uno de ellos… la primera opción fuera mi maestro, de todas formas la idea me pareció demasiado desagradable.
"Muérdete la lengua Dalas, es una niña" Mi maestro sonó ofendido, eso sí era sorprendente, él mismo llevaba un rato molestándome con Camus.
"¿Y desde cuando eso te ha detenido?" El comentario liberó una serie de carcajadas, claro que todas provenientes del grupo de veteranos, Dominik estaba indiferente, y Camus tan molesto como yo.
"Ya cállate idiota, y ve buscando agua en otra fuente, ella está fuera de tu alcance" Argumentó mi maestro mientras corría una de las sillas y tomaba asiento frente al sujeto con el que llevaba esa discusión.
"¿Y eso por qué?"
"Porque es mi hija"
Me quedé de piedra al escucharlo, y el resto tuvo una reacción similar, de repente lamenté no seguir su consejo de pegarme a Camus, hubiera sido todo menos embarazoso. Pero su estrategia anti gatos funcionó, todos perdieron el interés al escuchar semejante declaración y hasta asomaron algunas disculpas, luego siguieron las preguntas respecto a mi origen, que en lugar de caer en las extravagantes mentiras Etan optó por dárselas de misterioso y cambiar de tema.
La velada resultó por demás aburrida, pero el lugar en el que estábamos hizo que valiera la pena, la terraza era hermosa, fresca, y tras los vidrios, que no cubrían en su totalidad las paredes, podía divisar la hermosa pirámide de cristal.
Luego sufrí un irritante dejavu, una de las mozas, que parecían ser todas modelos, empezó a coquetear descaradamente con Camus y hasta regalarle cocteles.
Quise distraerme solicitando un entremés pero ahí recordé que hablaba mejor el francés de lo que lo leía.
"¿Qué es Dim sum yoom?" La pregunta iba dirigida a la sonriente camarera, pero fue Camus quien me respondió.
"Comida china, son como empanadas redondas, rellenas con carne de cerdo, repollo y aceite de sésamo, al menos aquí salen así, se cocinan al pavor y sirven en pavorera de bambú"
Si no era comida francesa ¿Cómo es que Camus sabía tanto? La odiosa mujer debió pensar lo mismo porque parecieron brillarle los ojos, casi pude jurar que ni ella misma sabía cómo salía ese plato de la carta.
"Pide para todos, ya me muero de hambre" Mi maestro, sentado al lado mío intervino, hasta ese momento estaba completamente distraído con la charla de los demás.
Tal como solicitó pedimos eso y dos botellas de vino y una de jugo de fruta, no cometería la estupidez de beber teniendo ahí a Camus, jamás me perdonaría hacer una escena en ese lugar.
Ya estaba entrada la noche cuando mis esfuerzos por comportarme fueron en vano, una servilleta con un número de celular fue dejada bajo la taza del café que solicitó Camus y al verlo guardarla me salí de la mesa.
Si más te quiero quiereme... tú mucho más
Me inventé una salida a tomar aire, desoyendo el consejo inicial de mi maestro de no andar sola, entendí el porqué de su preocupación cuando un hombre trató de acorralarme en el patio de las esculturas, vestía un buen traje y estaba algo tomado, además debía rozar ya los cincuenta.
"¿Tan bonita y tan sola?"
"Piérdase" No estaba acostumbrada a ese tipo de trato, en el santuario yo despertaba respeto al sexo opuesto, nadie se atrevería a hablarme de una manera tan irrespetuosa o acercarse así, me sentí bastante indignada.
"Vamos rubia, ¿Acaso no sabes quién soy yo?"
"¡Alguien que va a lamentarse de por vida si no se larga ahora!" Le di esa única advertencia, pero él no pareció entender su situación, más bien parecía creer que yo no entendía la mía por la risa burlista que soltó.
"Tranquila mom chaton, yo soy alguien muy importante… ven aquí" Trató de tomarme por la cintura y ese acto sumado al calificativo que usó para dirigirse a mi, tan similar al que usaba otra persona, me hizo arder en llamas, y le enterré mi puño en la cara, fracturando su nariz y arrojándolo varios metros hacia atrás, donde fue frenado por la pared.
Tras verlo en el suelo entendí que quizás no había sido muy diplomática… después de todo estaba ebrio y era un civil… no podía usar mi fuerza contra un civil… Pero estaba tan molesta que no lograba sentirme culpable.
Hui de inmediato y regresé con mis acompañantes, demasiado inquieta, sabía que había cometido un error, y por la ceja alzada de mi maestro supe que, de alguna manera, él también lo sabía. Me sentí interrogada por sus ojos, desde el otro extremo de la mesa donde aparentaba ser parte de una conversación jocosa. No sabiendo engañarlo opté por concentrarme en el mantel de la mesa, me pregunté una y mil veces que tan grosero sería que me retirara sin ellos, pero no llegué a una respuesta antes de que las cosas empeoraran.
"¡Ahí estás!"
Esa exclamación me hizo contener un respingo, y antes de voltear supe quién era la persona que me buscaba, ahí estaba otra vez, ese hombre tan desagradable, no lucía mucho mejor desalineado y con el pañuelo embebido en sangre que usaba para presionar su nariz, pero nada tenía tanta sangre inyectada como sus ojos, que me observaban con una rabia infinita. Ese no era el santuario… ¿Cómo debía manejar una situación así? Inicialmente opté por guardar silencio, pero me puse nuevamente de pie para enfrentarlo, percibiendo que la mayoría en la mesa hacía lo mismo.
"¿Pasa algo?" Esa pregunta la hizo uno de los profesores, no les había prestado suficiente atención como para saber su nombre.
"¡Ella me rompió la nariz!" Su delgado y huesudo dedo me acusaba tembloroso, pero no temblaba de miedo sino de ira.
"¿Cómo dice?" Fue otro de los sujetos.
El hombre avanzó sin dejar de señalarme. Camus estaba de pie a mi lado, pero no mostraba ninguna reacción.
"¡Esa rubia infeliz me atacó! ¡Pudo haberme matado!" La mano que usaba para señalar la llevó a su nuca y se la apretó mientras hacía un gesto de dolor, me pregunté vagamente si su cráneo estaría bien.
"¡Cuide su vocabulario!" La voz que le increpó ya sonaba tan molesta como la del herido "Le está faltando el respeto"
"¡¿Respeto?! ¡¿Cuál respeto?! ¡Es una bestia, una salvaje!"
Tragué hondo mientras juntaba fuerzas para no responder, varias voces se alzaron juntas en la mesa, una más fuerte que la otra, y no tardó en aparecer un encargado de salón acompañado de una de las mozas.
"¡Señores, señores! ¿Qué sucede aquí?" Inquirió preocupado mientras se acomodaba unas gafas delgadas y negras que resaltaban en su pálido rostro.
"¡Esa mujer me atacó! ¡Me arrojó por los aires! ¡Por poco y me mata!"
El recién llegado no pareció demasiado escandalizado, conservando la calma me observó de pies a cabeza y luego al hombre que había levantado la acusación, imaginé que ya habría sentido el aliento a alcohol del mismo.
"Señor, se trata de una jovencita… ¿De qué manera…?"
"¡Le digo que lo hizo!"
"Señores… señorita… les pido mil disculpas por esto…" Nos miraba sumamente apenado.
Yo me sentí aliviada, me estaba subestimando, y de repente eso no me molestaba, acababa de ahorrarme muchos problemas, le costaba creer que alguien de mi estatura y escasa masa muscular pudiera llevar a cabo semejante proeza.
"¡¿Disculpas?! ¡Llamar a la policía es lo que tienes que hacer inútil! ¡Maldita infeliz…!"
Su mano se extendió hacía mí, tuve apenas segundos para pensar si buscaba sujetarme o golpearme, claro que no llegaría a hacer ninguna de las dos cosas, pero antes de que siquiera me moviera, él tuvo que detenerse y dar un alarido de dolor, pues una de las manos de Camus se cerró como garra sobre su brazo estirado, inmovilizándolo.
Yo lo miré sorprendida, la mirada de mi compañero de armas era casi sombría, fría y con una clara advertencia de peligro, no me veía a mí, lo veía a él, y me evocó el episodio ocurrido hacía tiempo en el coliseo, cuando Aioria me dejó fuera de combate y se volvió acreedor de una de esas miradas.
"Camus" La voz del Señor Dominik tenía un tono de cautela, ya estaba detrás de su alumno, evaluando la situación, aún que éste no le prestó ninguna atención "Camus… suéltalo"
Más y más, si más te quiero quiereme tú mucho más
"¡Es suficiente!" El encargado pareció desesperarse al presenciar lo que podría ser el inicio de una pelea física, algo nada conveniente para la imagen del lugar "Señor, si no se retira en éste mismo lo haré sacar con seguridad"
El nombrado no dijo una sola palabra, en su rostro había una expresión de dolor y pude captar algo de miedo en esos ojos oscuros, supe que él ya no iba a darnos más problemas, Camus debió percibir lo mismo porque lo soltó, sin dejar de mirarlo, y el hombre se dejó guiar hacía afuera en silencio, entre las disculpas que nos ofrecía el mozo, sumamente apenado.
Recuperados de ese contratiempo volvimos todos a nuestros lugares, yo observaba a Camus, pero no pude dar con su mirada, trataba de entender lo que había hecho o bien pudo hacer, no estaba segura de sí había sido intencional o solo un viejo reflejo, pero su sobreprotección había aflorado unos segundos cuando vio a ese sujeto tan cerca de mí. Como fuera no me importaba, no era su asunto y bien pude solucionarlo sin su intervención. Aun así, una incomodidad me inundó y ya no fui capaz de mirar a nadie a los ojos, me limité a ver manos, mi vaso y el mantel. Regresar a la casa del Señor Dominik fue un alivio.
Los hombres se quedaron en la sala para seguir la noche con una partida de cartas, idea de mi maestro, yo por mi parte había tenido suficiente por ese día.
Me colé en la habitación y comencé a acomodarme, colocar mi ropa en unos cajones y buscar lo que usaría para dormir, Camus llevaba unos días ahí, ya había varias cosas suyas dando vueltas, y revolviendo no pude evitar toparme con sus camisas, recordaba lo cómodas que eran y lo bien que siempre olían.
Y mi habitación se llenará de verde agua de mar, verde... que me pierde...
Molesta cerré los cajones y empecé a caminar por la habitación, me sentía ansiosa, nerviosa, acorralada, no estaba lista para lidiar con él, habría sido feliz si jamás regresara de Siberia, de nunca tener que volver a enfrentarlo, pero no, ahí lo tenía, a punto de dormir en la misma maldita cama que yo, necesitaría una buena carabina, no lo quería tan cerca.
En mi contemplación de la alcoba me topé con algo que no había notado, no supe sí estuvo ahí todo el tiempo o acababa de aparecer, era una fotografía, aparentemente reciente, en la que figuraban dos niños entrando en su adolescencia, uno serio y de cabello verde, el otro rubio y con una mirada cálida y adorable…
Volví a colocar la fotografía donde la había encontrado, sobre la cajonera, y me alejé de ella como si fuera algo sumamente peligroso, y en cierto modo lo era.
Me desvestí y fui a darme una ducha, no quería irme a dormir sin ello, me sentía sucia y cansada, el agua caliente golpeando mis músculos fue todo un placer, también me sentía ansiosa, no había entrenado de ninguna manera ese día, tendría que programarme salir a correr por la mañana, no soportaba tanto tiempo de quietud, desde que regresara de Siberia no había podido mantenerme quieta ni un momento, las siestas, lecturas, momentos de ocio… eso también me removía demasiados sentimientos.
En el baño había toallas limpias, blancas y beige, perfectamente dobladas y apiladas en un estantería, no podía esperar menos del lugar de aseo de un Acuario, todo en perfecto orden y armonía, me recordó al onceavo templo, si bien ahí había criados que se encargaban de esas cosas… las ordenes eras de los santos de turno.
Me envolví con una toalla blanca por debajo de los brazos, y comprobando que mi cabello ya no goteaba, por lo que no mojaría el suelo, salí hacía la habitación. Sufrí un sobresalto al descubrir que ya no estaba vacía, Camus estaba de pie ahí, aparentemente acababa de entrar.
"Lo siento" Volteó hacía el otro lado, y yo tras soltar un poco de aire y recuperarme de la sorpresa opté por ser indiferente, todo el día le había dejado entrever de distintas maneras lo mucho que me afectaba, no pensaba seguir inflando su ego.
"No tengo nada que no hayas visto ya, Camus"
Caminé desinhibida por la casi desnudes en la que estaba y pasé a su lado, rumbo la cajonera, unos segundos de silencio se dieron entre nosotros, no lo sentí moverse, en la habitación solo se escuchaba el ruido que yo estaba haciendo al buscar una prenda, que no podía encontrarla… porque no conseguía recordar con claridad cuál era la que necesitaba, sentir su mirada clavada en mí hacía que mis manos temblaran, quería que se fuera, pero no iba a echarlo, sería volver a darle importancia.
"¿Le escribirás alguna vez?"
Me detuve, apretando una tela entre mis dedos, apretando los dientes, no respondí de inmediato aunque no necesité más que escucharlo para saber de lo que estaba hablando, no pasaba mucho tiempo sin pensar en Hyoga, también en Isaack, pero principalmente en Hyoga, el sensible y apegado Hyoga, siempre al pendiente de Yaretzi y más emocionado por su llegada que el propio padre… padre, pensar en darle a Camus ese título casi me hizo reír de tristeza.
"¿Por qué habría de hacerlo? Es tu alumno, no el mío"
Lentamente voltee a verlo, otra vez tenía esa mirada, esa mirada tan difícil de descifrar, la odiaba, esa carencia de emociones o sentimientos… ¿Por qué me lo preguntaba? ¿Quería incomodarme? ¿Le importaba siquiera o solo quería que supiera que estaba al tanto de todo ese asunto? Hyoga pensaba que no era así.
"No te entiendo"
Voy por la vida, pidiéndote un amor... de suicida
Soltó neutral cuando se aburrió de nuestro duelo de miradas.
"Bueno, ahora sabes lo que se siente"
Arqueo una ceja, un gesto que le conocía mejor, pero lo que fuera que pensó, no lo expresó, volvió a relajar su expresión antes de responderme.
"Milo, ignorarlo no hará que desaparezca, no puedes simplemente borrar a las personas de tu vida por miedo a…"
"¡Puedo borrar a quien yo quiera! ¡Como lo hice contigo! Ya no existes para mí ¡Y Yo no tengo miedo, Camus! ¡Ni a ti ni a nadie!"
Mi propio estómago se exprimió al decirlo, y apretando mis puños me preparé para recibir lo que vendría, su posible estallido. Pero no… él seguía igual, salvo que su mirada bajó un poco, luego volvió a subir de nuevo hasta mis ojos.
"Si es así... ¿Por qué estás temblando?"
Presa de la sorpresa mis labios fallaron en emitir una respuesta que no sonara como puros balbuceos nerviosos, y él no aguardó por lo que diría, simplemente se dio la vuelta y retiró, de regreso con nuestros superiores.
Caí de rodillas al suelo, derrotada, una vez más derrotada por Camus.
Más y más, dentro de mi entrarás, tú... más y más
Todo se estaba yendo al demonio, debía reconsiderar irme, pero no solo le estaría dando una victoria más, estaría siendo cobarde, quisiera o no él y yo éramos compañeros de armas y no podía huirle para siempre, no, debía aprender a mantenerlo en su lugar y que no me desconcentrara o atormentara tanto.
Necesitaba a Saga… estando cerca de Saga era más sencillo no pensar en Camus, me consumía a tal punto que era difícil pensar en mi misma siquiera.
Pero Saga estaba… donde quiera que lo enviara siempre el patriarca, no vendría a rescatarme de mis pesadillas esta vez, y ya no era una niña, debía superar todo esto sin ayuda.
Me preparé para dormir, me recosté en una orilla de la cama, dejando mucho espacio detrás de mí, no quería sentir a Camus cuando se acostara, le dejé suficiente lugar para asegurarme de que eso no ocurriera. Pero al despertarme por la mañana me descubrí completamente sola.
Al sentarme en la cama supe el motivo, había un colchón en el suelo, a los pies, colocado en algún momento de la noche, ahí descansaba Camus, ligeramente de lado, con las frazadas cubriéndolo hasta la cadera, dejando ver que llevaba una camiseta sin mangas negra, de las que usaba para entrenar.
Debí imaginar que él tampoco querría compartir la cama conmigo luego de lo que había pasado. Me pasé una mano por el cabello y me quedé observándolo. Su semblante lucía tenso, así lo recordaba, las noches en que hacíamos el amor antes de dormir él solía descansar muy plácidamente, pero las demás… siempre lucía muy tenso, como si las preocupaciones que no demostraba en el día lo atormentaran por las noches y volvieran a desaparecer cuando abría los ojos.
Más... si te sueño más
Ya no podré dormir nunca jamás
Muchas veces en Siberia, la despertar primero, pues era la que más dormía, me preguntaba qué cosas pasaban por su mente, a veces le propinaba un par de caricias muy sutiles por sus cabellos, mejillas, orejas, algún beso en su frente, esos gestos solían borrar esas expresiones abrumadas en su rostro, aunque a veces también lo despertaban, como fuera cumplían su propósito, y yo olvidaba todas esas preguntas cuando esos ojos azules volvían a observarme.
Sacudí la cabeza molesta al darme cuenta de lo que estaba haciendo y salí de la cama sin importarme hacer ruido.
Siguiendo con mis planes me puse ropa cómoda y fui a correr tres horas.
Al regresar tomé una ducha rápida y me alisté con pantalones de mezclilla, mis botas de caña alta, una musculosa blanca y sobre esta adicioné una camisa celeste de mangas cortas.
Todos habían desayunado ya, lo hice sola, mi maestro me había guardado una ración de huevos revueltos y Jugo de naranja exprimido.
Tras alimentarme Etan me arrastró con él a un paseo, esta vez seríamos solo él y yo, lo que internamente agradecí, aunque una parte de mí se preguntó si Camus habría tenido algo que ver con todo eso, su maestro apenas me había dirigido la palabra, lo cual me resultó incómodo, aunque no podía culparlo, quizás estaba molesto porque su alumno había dormido en el suelo.
Etan y yo caminamos sin un rumbo fijo, disfrutando de su barrio, el sol, la fresca brisa, y los sonidos de la ciudad en marcha, vehículos, personas yendo y viniendo apresurados, turistas riendo y sacándose fotos.
Llegado el medio día paramos en un puesto de comida en la calle, estaba sorprendida de ver aún más que la última vez. Optamos por uno que vendía tacos, siempre había querido probarlos.
"Ayer comida china, y hoy comida Mexicana" Sonreí "Ni parece que estuviera en París"
"Mira a tu alrededor y lo recordarás" Aconsejó mi maestro, caminaba a mi lado dándole unos buenos mordiscos al suyo.
"No imagino al señor Dominik comiendo en puestos ambulantes"
"Ja, por que no lo hace, si pregunta estuvimos en un restaurante, no tengo ganas de otro de sus sermones sobre las ETAs y deficientes controles de salubridad en éstos lugares"
"¿ETAs?"
"Enfermedades transmitidas por los alimentos, pareciera que no se hubiera criado en el santuario"
Reí, mi maestro tenía un buen punto, ahí nadie sabía de todas esas cosas, pero hasta donde llegaba mi conocimientos… no teníamos bajas por intoxicaciones, las bajas eran por otros motivos más severos como guerras… o cotidianos como entrenamientos.
La cantidad de bajas en el santuario, otro tema sobre el que no quería pensar demasiado.
"¿Me vas a decir lo que pasó con Amenthys?"
La pregunta de repente casi me hizo atragantarme con lo que estaba comiendo, casi había olvidado que dejé pendiente ese tema con él, naturalmente no iba a dejarlo así nada más.
"Murió… ya se lo dije"
No quería decirle todo, la culpa aún me consumía y no dudaba de que mi maestro llegara a la misma conclusión, que yo la había matado en realidad, mi imprudencia, mi rebeldía.
"Una mujer joven no muere así nada más, ¿Cómo fue?"
Mordí mis labios y ambos detuvimos el andar, junto a uno de los puentes, su mirada empezó a escudriñarme pese a que yo no sé la correspondía, ahora solo miraba el agua que corría debajo nuestro.
"¿Milo?"
Mi silencio no hizo más que contagiarle mi ansiedad.
"La mataron"
Sus cejas se fruncieron, había olvidado esa expresión.
"¿Quién?"
"Un traidor, pero me encargué de él"
Seguía sin verlo a los ojos y era probable que estuviera temblando, no quería decírselo, era demasiado para mí. El silencio se estableció entre los dos hasta que mi garganta se resecó.
Finalmente mi maestro me concedió algo de piedad.
"Ya veo"
Esa acotación me hizo saber que no haría más preguntas.
"Es… una verdadera pena" Caminó y se recargó en la baranda del puente "Pero estás cosas pasan todo el tiempo"
Era verdad, en el santuario la vida valía muy poco, la de Amenthys era sumamente valiosa para mí… pero solo para mí, para el santuario había sido una cifra más, alguien que podía ser reemplazado por cualquiera, ni siquiera portaba una armadura, quienes no gozaban de ese privilegio eran sumamente descartables.
"Nunca sabes cuánto te queda junto a una persona que aprecias, por eso debes aprovecharlo bien"
Esas palabras captaron de nuevo mi atención, mi maestro estaba serio, ahora que yo lo miraba él ya no lo hacía, estaba perdido en algún lugar del horizonte, el viento sacudía sus cortos cabellos y alborotaba los míos.
Sentí que debía preguntarle algo, algo que nunca le expresé a nadie en voz alta en el pasado, no me sentía cómoda compartiendo ese sentimiento, pero de él podía esperar una respuesta más sincera y experimentada que de cualquiera.
"¿Cómo se consigue… vivir solo para Athena?"
No parecí sorprenderlo, porque ni siquiera cambió su postura al responderme.
"No se consigue, es imposible Milo"
Eso era ridículo, se trataba del ideal que todos perseguíamos y él me afirmaba que era Inalcanzable.
"Somos seres humanos, tenemos necesidades, emociones, no podemos negarnos por completo a nosotros mismos… seríamos alguna especie de aberración de la naturaleza, sin sentimientos, sin nada que nos importe en verdad. Todos tenemos alguien que…. Que hace que todo valga la pena, alguien por quien morirías, o más de una persona por lo que lo harías, protegemos a Athena porque ella los protegerá a todos… La amamos también por ello, pero no le entregamos la totalidad de nuestra vida, aunque sí nuestra muerte"
Me quedé muy sorprendida y confundida al escucharlo, empecé a retorcer mis dedos y junté valor para hacer la nueva pregunta que se me había formulado.
"Acaba de decirme que todos… todos tenemos a alguien, eso lo incluiría a usted… Acaso… alguna vez…"
Mi maestro desde que lo conocía… era un casanova, muchas mujeres, ninguna novia, me era lo normal, era un caballero… no debería perder el tiempo con romances, relaciones, parejas, me parecía lo correcto, no tanto la cantidad de mujeres, pero sí el que no se dejara envolver por ninguna, en cierto modo quise pensar, en mi ingenuidad, que ese tipo de relación teníamos Camus y yo cuando empezamos a involucrarnos años atrás, solo sexo, un poco de diversión, pero amistad, nada más complicado, por lo que me decepcioné de mi misma al pasar el tiempo y darme cuenta que eso… no era suficiente, que quería más, quería exclusividad sobre él, que lo quería más tiempo, todo el tiempo, que había cosas que quería que me dijera, ya no bastaba con las risas y los gemidos.
Más y más, si más te quiero... quiereme tú mucho más
Ahora se formaba un interrogante que me daba cierta esperanza… ¿No fui solo yo? ¿Mi maestro también lo padeció?
"¿Quieres saber si amé a alguien?"
Sí, exactamente eso quería saber.
"Pues… sí"
"Lo hago, amo a Dominik"
"Pero…"
"Es como mi hermano, mi mejor amigo, nada tendría sentido ya sin él"
Eso no era lo mismo, eso era lo que se suponía que seríamos Camus y yo y no resultó, no era lo que quería escuchar.
"Ya veo…"
"No digas Ya veo, yo digo Ya veo, aún no he terminado, sí, amé a alguien si tanto deseas saberlo"
En ese momento se giró a verme.
"¿Una… mujer?"
"¡Por supuesto que una mujer!"
Lo había dicho por solo decirlo, pero entendía su exabrupto.
"¿Y qué pasó con ella?"
No lo veía pasando sus años dorados con ella en vez de que con su mejor amigo, eso solo quería decir que no había resultado bien.
Mi maestro suspiró y volvió a darme la espalda, regresando a la posición inicial, con sus codos en la baranda del puente, tuve que conformarme con su espalda y el perfil de un rostro que empezaba a volverse melancólico.
"Nunca te lo mencioné, pero no fuiste la primer mujer aspirante a armadura dorada"
Esa sí era una novedad.
"¿Hubo otra… escorpio?"
Él negó de inmediato con la cabeza.
"No, Acuario"
Otra vez lo mismo, Escorpio y Acuario.
"¿Y qué pasó con ella?"
"¿Qué pasa con quienes fallan su prueba final?"
Estaba muerta, eso me había querido decir, la que pudo ser la primera mujer en vestir el oro de la historia… había robado el corazón de mi maestro y muerto.
"Era… la mujer más hermosa del santuario, ella era… perfecta"
Asentí aunque nunca la conocí, imaginé que debió serlo, él sabía de lo que hablaba, conocía demasiadas mujeres.
"Y Cuando combatía… era tan apasionada, violenta, sus ojos… sus ojos tenían un brillo muy particular"
No dejaba de ser extraño, escucharlo hablar así, así de enamorado… triste.
"Siempre supe que no pasaría la prueba"
"¿La consideraba débil?"
"No, pero Dominik era su contrincante, ambos iban por la armadura, y ambos… eran hermanos, gemelos de hecho"
Mis labios se separaron un poco al escucharlo, no podía imaginar un escenario más cruel, dos hermanos luchando a muerte por una armadura… ¿Qué clase de despiadado los había dejado llegar hasta ese punto?
"El señor Dominik fue el más fuerte…"
"No lo sé… solo sé que él sobrevivió y ella murió, no sé si la venció, no sé si ella se dejó vencer, si todo se salió de control, pero eso fue lo que pasó, ella acabó en un ataúd de hielo en uno de los polos… y Dominik regresó con la envestidura de Acuario"
Por eso Camus había hecho su entrenamiento en Siberia, era de suponer que su maestro no querría habitar en la tierra donde quedó el cadáver de su hermana como recuerdo de lo que fue necesario para llegar hasta la cima. Ese hombre estaba más jodido que su propio alumno.
"Mi vida pareció acabarse cuando lo vi, y quería acabar con la de él, nada tenía sentido sin Jade ya, nada importaba, estaba preparándome para proteger a Athena por un mundo que ya no me importaba, todas mis convicciones estaban destruidas, y cansado del silencio de Dominik fue que decidí definir las cosas entre los dos, vengar a Jade o morir en el intento, a él no le importaba la muerte de su hermana y yo ya no podía soportarlo, empezamos una batalla de los mil días, que no fue tan extensa, llegando al límite él… él se quebrantó por completo, lo conocía desde la infancia, no éramos íntimos amigos, pero lo conocía lo suficiente para sentirme abrumado de… verlo llorar así, jamás me perdonaría que te contara todo esto, pero no solo lloró, lo hizo durante horas y horas, pasé de observarlo a tratar de calmarlo… No se trataba de que no le importara… no sabía exteriorizarlo y lo estaba consumiendo por dentro"
Él hizo una pausa y nuevamente se volteo a verme, recargando su cadera esta vez en la baranda.
"Los Acuario son complicados, mientras nosotros cometemos demasiadas imprudencias por dejarnos llevar por nuestras emociones desenfrenadas… ellos las evitan siendo siempre racionales… pero pagando por ello con poca inteligencia emocional, pueden reprimirse al punto de enfermarse, Jade era diferente, pero por lo visto porque ella no estaba destinada a portar Acuario, los que viven bajo su constelación… por lo general son así Milo, no es que no les importe… no saben expresarlo… debes aprender a leer entrelineas"
Toda esa conversación comenzó a incomodarme, había comenzado tratando de conocer más a mi maestro, de identificarme con él y había terminado aprendiendo sobre Dominik… Y sobre Camus… curiosamente, ¿No es que no les importe? Esa frase empezó a adentrarse en mi mente y una nueva idea se fue gestando en mí ¿Por qué me decía eso? Todo había sido atinado, demasiada casualidad, acaso…
"¡¿Camus les contó todo?!"
No, no era posible, era un secreto, nuestro secreto, nadie debía saberlo, no se podía ser tan imprudente…
Pero la expresión tranquila y hasta piadosa de mi maestro me lo confirmó todo.
"¡Lo voy a matar!"
Sin dejarle explicar nada emprendí el regreso a la casa de Dominik a toda velocidad.
Más y más...
Hasta aquí.
Desde ya MIL DISCULPAS Dios es mi testigo que no he tenido ni tiempo de sentarme, y para escribir necesito estar tranquila varias horas, no puedo hacerlo a las corridas, peor aún éste capítulo, tenía un enjambre de ideas en la cabeza, lo que más deseaba escribir ya no entró porque se me va muy a largo, trato de que siempre estén entre las 5000 y 7000 palabras y ya me excedí, prefiero dejarlo aquí con la promesa de no tardar tanto, por otro lado el escenario de París me enredó un poco, tuve que hacer mis investigaciones, nuevamente lo digo: Nunca pisé Paris o Francia, por lo que visualizarlos caminando por sus calles se vuelve complicado, diferente al santuario que ya estamos todos familiarizados gracias al anime je, pero espero el resultado les haya gustado.
A ver, aclaraciones, vamos por partes, dijo Jack el destripador:
Jade, ella nació como respuesta a una plegaria que le hice a mi muza XD hace varios capítulos que estoy bloqueada con eso, la conversación entre Etan y Milo, quería incluir a otra amazona, quizás otra Escorpio del pasado, algo que le sirviera a Milo para comprender mejor su vínculo con Camus, quizás hasta una leyenda que explicara porqué estos dos signos siempre son tan unidos, pero tras exprimirme las neuronas decidí que le estaba dando demasiadas vueltas a algo que en realidad no tiene explicación, como la amistad, no sabemos de dónde nace, porque existe, que es lo que te apega tanto a alguien, pero … es así, tampoco sabemos por qué Acuario y Escorpio son unidos (Si sabemos, porque Milo iba a ser el maestro de Hyoga originalmente y Kurumada lo cambió por Camus por los ataques de hielo… y su amistad fue un guiño a eso, que se volvió popular en el yaoi y le siguen haciendo fanservice todo el tiempo) pero es así, funciona y ya XD. Jade está inspirada en Kardia, pero versión femenina XD, algo que me debo escribir hace rato, todo culpa de Ale-Chan XD
Sobre lo que sabe Etan, lo sabe por viejo zorro XD escuchó parte de la conversación, Dominik jamás traicionaría la confianza de Camus así.
Milo está siendo una arpía, lo sé XD pero es una arpía adorable, esta echa una pelota de emociones y Camus aún la trae loca XD pero ya se va a dar contra la pared, prometo que el próximo capítulo será mejor para Camus.
Sobre las comidas… el Café al que fueron lo escogí porque es uno de los más recomendados… y caros, busqué la página del lugar y revisé la carta, luego una amiga que es chef me explicó que carajos decía ahí XD y sí, el primer plato era chino, nada que ver, luego cuando les quise hacer comer algo en la calle… me encontré con que abundan los puestos de tacos, empanadas y… panchos (Hot Dog) así que pues… pensé lo mismo que Milo, ningún comer comida francesa.
Con respecto al suceso con el hombre ebrio… lo inspiré en uno de mis trabajos, vivo en Isla turística, así que se ve de todo por acá, y en uno de los restaurantes, a media tarde cuando no había nadie en el salón, estaba atendiendo una moza de 18, una dulce, muy bonita, rubia, menuda, y aprovechando que la vio sola se le vino un empresario que estaba bastante tomado, le pidió una copa y empezó a hacerse el galán y perseguirla, cuando lo desairó… se me metió a gritos a la cocina a exigir que 'se lo atendiera bien' y empezó con un discurso '¿No saben quién soy yo? ¡Tengo mucha plata, soy importante!' No creía lo que veía y escuchaba, rojos los ojos… y la pobre chica (que ella no le dio la trompada que se merecía) estaba paralizada, al final vino el gerente del hotel a poner orden, la mandó a la chica que vuelva a sus tareas y no se preocupe por nada, luego con toda la diplomacia del mundo lo expulsó del salón, que se largara o lo hacía sacar con seguridad. En fin, para que vean que si pareció exagerado… no lo es, los hay peores XD
Bueno, creo que no queda mas que aclarar, solo disculparme de nuevo por la demora XD
Review anónimos:
XelTwilight: ¡Muchas gracias! Qué bueno que te guste, espero no odies éste capítulo je, me quedo algo cruel, pero es de transición. Saludos!
Elizabetha: Hola! Tanto tiempo, te debía una respuesta, tienes que hacerte una cuenta así te respondo por Mp jajaja te cuento que también soy cristiana, aunque no católica, pero me criaron también con la idea de que el matrimonio no se disuelve o no existe el divorcio, sin embargo ya hace tiempo entendí que no es tan así, creo en el matrimonio, la familia, que todo debe planificarse bien y conocerse antes de formalizar una unión, pero la realidad que se vive hoy en día es muy diferente y nos obliga a ver las cosas de manera diferente, osea… si una pareja vive junta y hasta tiene hijos ¿No es un matrimonio porque no se casó? La boda formal, el registro civil… fueron cosas que no estableció Dios, las estableció el hombre, antiguamente bastaba con que llevaran a su prometida a vivir con ellos para ser considerados matrimonio, por lo que creo que estar casado es mas que un papel y recibir la 'bendición' eso es lo ideal, y es hermoso hacerlo (de hecho planeo hacerlo de ese modo) pero ante Dios si ya viven como matrimonio.. lo son, puedes tener un hijo y no hacerle acta de nacimiento como exige la ley, pero eso no te hace menos madre, te hace una madre irresponsable o una madre que no cumple la ley, pero madre en fin, no estar casados legalmente solo te vuelve un matrimonio que arranca con el pie izquierdo, pero matrimonio al fin, si ya tienen hasta hijos… ¿Cómo decirles 'novios? No se si me explico. Lo mismo que el tema del divorcio, creo que una persona no debe cargar o ser esclavo toda la vida de un error, lo mejor que me pasó fue que mis padres se divorciaran, era insoportable verlos juntos, sufría mas que mi madre de ver como mi padre la trataba, me rompía el corazón, y llegúe a odiarlo, no lo habría odiado tanto si solo se hubiera marchado a los 10 años de matrimonio en vez de los 20, y doy fe que mi madre hizo todo lo que tenía que hacer, orar por él, callarse muchas cosas, perdonar, poner de su parte, compartir las cosas que a él le gustaban, evitar reñirle, no pasarle factura de todas las que se mandaba, soportarle a toda la familia que no la quería, callarse cuando su suegra la humillaba… todo, todo, todo, y yo no veía la hora que le dijera '¡Sabes qué? Me tenés podrida, sos un ingrato, ándate!' y hoy es una alegre divorciada, soltera, pero feliz, más linda que nunca, es OTRA PERSONA, y recién hace menos de un año yo pude reconciliarme con mi padre por todo, y pedirle perdón porque lo odie por el daño que le hacía a mi madre, no por lo que me hacía a mi (si a mi ni bola me daba) Yo no creo que alguien debiera decirle a mi madre 'Fue lo que elegiste de boba, ahora jodete' Se equivocó, conoció a mi padre cuando tenía una autoestima destrozada, sentía que a nadie le importaba y se sintió reconfortada de casarse y pensar en tener hijos, que sus hijos si la iban a amar, no puede pagar toda su vida ese error, ¿Qué sabía de amor una mujer que jamás recibió afecto o una caricia de niña, que padeció abusos? Cada situación es muy particular, por eso no hay que juzgar, y recordar que Cristo nos hizo libres para que vivamos en libertad, no atormentados por nuestros errores, eso no quiere decir que al primer problema uno se divorcie, pero hay situaciones y situaciones… por mucho que ores… la gente solo cambia si quiere, porque Dios no manipula a nadie, por lo que no hay garantía de que tu matrimonio se salve, depende de los dos, si das todo y al otro no le importa… pues es tiempo de un divorcio y que Dios lo bendiga.
Perdón, por eso decía que es mejor por MP XD era para una respuesta larga, de todas formas me parece perfecto que valores el matrimonio y su solides, pocos lo hacen hoy, por mi parte si me caso será porque además de amar a esa persona hallamos tenidos TODAS las charlas que tenemos que tener, sepamos lo que queremos, a donde vamos, etc, no cometeré el error de mis padres.
Sobre el fic, muchas gracias, adoro tus review, fue un capítulo que costó casi como éste el anterior, pero debía llegar al deshielo de Camus je. Saludos!.
Ayelen: Pobre de tu Camie y Mi Camie UU sorry XD éste capítulo lo hice sufrir je, pero es necesario, igual Milo también sufre (Se supone que eso nos consuele?) y ya sabemos que está a tres años de sufrir como nunca, porecitos, lo tan complejo de su amor es lo que me hace amarlos, siempre están envueltos por la dulzura junto con la tragedia, pero siempre juntos XD es su destino muajajaja, y ya vez que no salió Saga XD igual es otro al que le queda poco. Saludos y gracias por tu review!.
Y a todos ¡Buen comienzo de semana! Y nos leemos! (Si es que queda alguien por aquí XD en verdad me tardé…)
