El universo que comenzaras a leer no es mio pero si de Melissa Marr. Los personajes que aquí veras no me pertenecen, le pertenecen a Stephenie Meyer. Lo único que me pertenece es la adaptación y esto lo hago sin fines de lucro, no gano nada exceptos los hermosos reviews que ustedes me dejan. Compren los libros de las autoras para apoyarles.
La portada llego a ustedes mediante Ana Bella que me hizo el grandioso favor de diseñarla.
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Capítulo 20: Muriendo de Hambre
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Acababa de despuntar el día cuando Paul entró en Agujas y Alfileres, observando con renovado interés a los mortales que pasaban por la calle. Rosalie le proporcionaría una parte suficiente de su mortalidad para que él pudiera alimentarse de los humanos, para fortalecerse.
Había funcionado con algunos elfos de cardo y con Jenny Dientesverdes y sus hermanas. No podía debilitarse, ni permitir que sus súbditos se debilitaran y fuesen aniquilados por los mortales.
Aquella posibilidad era impensable. Él tendría a su propia mortal, y se nutriría a través de ella para sustentar a su corte. Si él y su mortal eran lo bastante resistentes, podrían sobrevivir. Si ella no era tan fuerte como él suponía, moriría o se volvería loca; y él agonizaría de hambre, se desvanecería o algo peor: le fallaría a su corte.
«Pero es una mortal fuerte», se dijo. Paul deseaba que ambos sobrevivieran. Jamás se había preocupado por los humanos; había unos cuantos híbridos, como Sam, que le importaban, pero ningún mortal verdadero.
-Pau -a Sam se le iluminó el rostro con la inexplicable felicidad que parecía sentir cuando lo visitaba el Rey Oscuro.
-Samito.
Sam frunció el entrecejo.
-Por favor, tienes que dejar de llamarme así. Kate e Irina están por aquí, y ya sabes cómo son.
-Lo sé -Paul sonrió de oreja a oreja. No lograba ver a Sam como a un adulto, pese a que tenía la prueba delante de los ojos -¿Cómo están las peques?
-Problemáticas.
-Ya te lo había dicho. Lo llevan en la sangre -sacó el libro que había traído consigo –Félix te manda sus mejores deseos.
-¿Tiene deseos mejores? Sería estupendo que ellas los hubiesen heredado.
Sam tomó el libro y lo abrió con la misma ansia que la primera vez que Paul le entregó imágenes de los elfos más recluidos. Los símbolos y esbozos eran el inicio de futuros tatuajes mediante los cuales los mortales que los lucieran quedarían encadenados a la Corte Oscura.
Sam los recrearía de una manera que los elfos no podían, captando los fallos y la belleza hasta hacerlos latir, buscando al mortal que los llevaría sobre la piel. La suya era una habilidad perturbadora.
Entonces irrumpieron en la tienda Kate e Irinia, chillando a su manera tan estridente y particular.
-¡Pau!
-¿Cómo está papá?
-¿Nos manda algo? Ha estado aquí.
-Ha conocido a Rosalie.
-Sam no me dejará ir a la plaza nunca más.
-¿Has visto a las nuevas reinas? Nosotras conocemos a la Esperada, la Reina del Verano.
-No la conocemos. Sólo sabemos quién es. Es diferente.
-No lo es.
-Dejen hablar a Pau -pidió Sam, y suspiró.
Quizá pusiera mala cara, pero se ocupaba de las chicas con un cuidado que su padre jamás habría tenido. Habitualmente, los híbridos eran demasiado frágiles para vivir en la Corte Oscura, demasiado mortales, pero la Corte Eminente habría arruinado su espíritu, obstaculizado sus pasiones naturales con limitaciones antinaturales.
La corte de Esme se llevaba a los que poseían el don de ver a los elfos y a todos los híbridos, sin el conocimiento de las cortes Invernal y de Verano, pero la Corte Oscura procuraba mantener a sus vástagos mortales fuera de aquel rígido reino. Sam había correspondido a aquel secreto cuidando de otros híbridos que Paul había encontrado.
-Hay baratijas de los Vulturis –Paul les tendió una bolsa a las chicas -Y una de las hermanas de Jenny les envía esa ropa que quieren.
Ellas le arrebataron la bolsa y se fueron corriendo.
-Qué criaturas tan agotadoras -Sam se pasó una mano por la cara, y luego les advirtió a gritos -¡Nada de ir a la discoteca esta noche, ¿me oyen?!
-¡Prometido! -chilló Irina desde algún sitio al fondo del local.
Kate regresó a la carrera. Sonriendo como una posesa, se detuvo derrapando a un centímetro de Paul.
-¿Te gusta Rosalie? Apuesto a que sí. Es muy sexy –dijo atropelladamente. Luego le sacó la lengua a Sam -Pues entonces tendremos que ir mañana a la disco. ¿Lo prometes?
Al ver que Sam se tapaba los ojos con una mano, Paul se ofreció:
-Yo las llevaré.
Sam despachó a Kate con un ademán. Luego giró el cartel de la puerta del lado de CERRADO.
-Ahora vamos a probar eso -anunció.
La sala estaba como siempre, impoluta e invariable. Sam había crecido algo, no tanto como los mortales, pero ahora ya parecía tener poco más de veinte años.
El joven señaló la butaca negra en que se sentaban los clientes.
-¿Te encuentras bien, Pau? -preguntó. Paul le apretó el brazo y admitió:
-Estoy cansado -tras entregarle las cuerdas que Félix le enviaba, se sentó en la butaca de tatuar y estiró las piernas.
-He oído lo de Guin -Sam sacó tres agujas y la misma cantidad de ampollas.
-Félix tiene a los Vulturis patrullando, pues creen que aún son inmunes. Pero los leannan-shide deben permanecer fuera de la vista.
Paul se recostó en la butaca y cerró los ojos mientras Sam lo ataba con las cuerdas. El Rey Oscuro siempre hablaba libremente con el joven. En un mundo de engaño planificado, había muy pocas personas en quienes Paul confiara sin reservas. Sam había heredado la lealtad de su padre, pero también el sentido mortal de reflexionar sobre las cosas, de hablar antes que pelear.
-Creo que el intercambio de tinta ayudará -Sam le subió la manga -Va a doler.
-¿A mí o a la chica? -Abrió los ojos brevemente -La he visto, a la mortal.
-A ti. Rosalie sólo notará el tatuaje, creo. Le fue muy bien con el contorno. Las lágrimas y la sangre de la corte suponen un cambio más fácil para un mortal. Ahora sus emociones serán inestables, efímeras. Aun así lo está sobrellevando. Tu sangre le resultará más dura... –Sam se interrumpió. Alzó el frasco de cristal marrón que contenía la extraña tinta que había mezclado para los intercambios -No estoy seguro de cómo le irá, tratándose de la tuya. Rosalie es una buena persona.
-Cuidaré de ella -prometió Paul. Rosalie estaría ligada a él, pero él se encargaría de que estuviese bien atendida y satisfecha.
Sam le ató una ligadura alrededor del brazo para encontrarle una vena. Al contrario que las cuerdas que lo sujetaban a la silla, aquélla era simple: una tira de goma como las de los hospitales.
-Todo irá bien –Paull comprobó sus ataduras y le hizo un gesto afirmativo. Había pocas criaturas en las que confiara para que lo tuviesen inmovilizado.
En silencio, el joven le localizó una vena en el brazo.
-Rosalie es más fuerte de lo que crees -aseguró Paul -Si no, no me habría elegido.
Sam le clavó una aguja hipodérmica.
-¿Listo?
-Sí -apenas había sido un pinchazo, ni remotamente tan doloroso como había temido.
Entonces Sam acopló a la aguja el minúsculo filtro que sólo él podía hacer.
Paul arqueó la espalda y puso los ojos en blanco. «Me hará fuerte. Alimentará a mis cortesanos, los protegerá», se dijo. Pero la extracción de sangre y esencia era espantosa, de pesadilla, como si hubiesen enviado diminutos incisivos a recorrerle el cuerpo, mordiendo y desgarrando en lugares donde jamás debería entrar nada afilado.
-Mantén a las niñas fuera de mi alcance -pidió con voz ahogada mientras se le nublaba la vista. Se le contrajo el estómago y los pulmones se le aplastaron, como si le estuviesen succionando de golpe todo el aire que había inhalado en su vida.
-¿Paul? -La voz de Kate sonó en el umbral. Lo bastante lejos para que él no la percibiera del todo, pero aun así demasiado cerca.
Paul apretó fuertemente los puños.
-Sam...
-Kate, vete -y se colocó frente a Paul, tapando a su hermana.
-Pasará, Pau, descuida. Díselo, Sam, dile que se recuperará –la voz de Kate se fue alejando.
-Tiene razón.
-Me estoy muriendo de hambre –Paul hincó los dedos en la silla hasta desgarrar el cuero –Me estás destrozando. A mí y a mi corte.
-No. Ya pasará, como ha dicho Kate. El malestar es pasajero –extrajo el tubo –Ahora descansa.
-Comida. Necesito comer. Llama a Félix.
-No hasta que termine el tatuaje. Hasta entonces, nada. En caso contrario, no funcionará.
Sam se marchó y cerró la puerta con llave a su espalda, dejando a Paul en la butaca, inmovilizado.
XOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXOXO
Estamos cerca chicas para el tatuaje.
¿Creen que Rosalie aguante el intercambio de tintas? O ¿Muera o se vuelva loca?
Estamos cerca chicas, ¿me dejarían un pequeño review?
Hermosa gracias por sus palabras.
