Recuerda que en "Los Castigaré en Nombre de los Pokémon de Agua" mi página de Facebook, podemos conversar sobre dudas, sugerencias y criticas que tengas con respecto a mi fics. :) Me encuentran en cualquier momento ahí ;)


Primera Publicación: 20 de Junio 2015

Resubida: 4 de Septiembre de 2017


30 Días Contigo

Día 20


Algo definitivamente no estaba bien. Aunque Ash estaba acostado en la cama tenía los ojos abiertos mirando el techo, eran más de las cuatro de la madrugada y su amiga-esposa, llevaba prácticamente media hora en el baño lanzando cuanta maldición se le cruzara por la cabeza. No entendía nada de lo que pasaba y menos, si hace una hora se habían ido a acostar después de ver dos películas acurrucados uno junto al otro en el sillón de la sala.

La habían pasado tan bien y todo cambió tan de repente.

Cuando la chica salió del baño, Ash se sentó de golpe y con el mismo envión, se puso de pie al ver como Misty se tambaleaba un poco con su mano en el vientre.

—¿Estás bien? —preguntó tomándola por los hombros.

—Sí Ash —respondió algo pálida para el desagrado del moreno—, sobreviviré a esto, te lo aseguro —llegó hasta la cama y se acostó, llamando a su pokémon, Marill no tardó en llegar seguida por Pikachu que parecía algo confundido.

Marill miró a la líder, y soltó el aire por su diminuta boca. Era uno de esos días raros de su entrenadora, se subió a la cama y comenzó a darle suaves golpecitos en el vientre con su cola ante la mirada de confusión de Ash y Pikachu.

—Todo sería mejor si no tuvieras la cola tan helada —dijo entre dientes la líder causando que la ratona dejara de obedecer— ¡Ya no te enojes! —pidió frunciendo los labios— ¡Sabes que no soy yo cuando…! —en eso miró a su marido y le pidió acercarse, Ash se acercó y la chica le tomó la mano dejándolo sumamente sonrojado— Verdad que tengo marido con manos tibias —con una sonrisa palmeó la parte de al lado en la cama—, ven siéntate aquí conmigo, Ash.

—¿Para qué? —preguntó obedeciendo a la chica, una vez a su lado, Misty tomó la mano de su marido nuevamente y se la llevó al vientre— ¿Qué… —tartamudeó— haces?

—Oh sí —sonrió relajada—, tu mano se siente tibia —tomó con ambas manos la de Ash y empezó a moverla de manera circular, sonrojando mucho al chico.

—No deberías apenarte tanto si quieres que juguemos a ser un matrimonio de verdad —le dijo con algo de malicia en sus palabras—, mira —se levantó un poco la polera y apoyó la mano de Ash sobre su piel—, ahí está mucho mejor.

Ash cerró los ojos y contó hasta que perdió la cuenta, mientras maldecía a su tacto por enviarle aquellas descargas eléctricas al estar deslizándose suavemente por la tersa piel femenina, y tal vez unas cuantas maldiciones a su esposa, que de vez en cuando se le escapaba uno que otro quejido.

Cuando ya no aguantó aquel contacto, quitó la mano respirando aliviado, para su suerte, la pelirroja se había quedado dormida, y él… quizás debiera darse una ducha algo helada a esa hora de la madrugada.

Los estornudos se fueron convirtiendo en más y más frecuente al despertarse esa mañana, le picaba la nariz de una forma horrible y temía que se hubiera resfriado, así que decidió salir de la cama aún atacado por los estornudos pese a que apenas iban a ser las ocho de la mañana.

—¡Deja de estornudar como un Meowth! —protestó la líder entre dormida para ocultar su rostro bajo la almohada— ¡Tengo mucho sueño!

—Lamento que mi resfriado no le permita dormir señorita —dijo irónicamente frunciendo los labios por la actitud de Misty ante su cuadro.

—Recuerda, es señora —lo corrigió quitándose la almohada de la cara, un calambre la hizo entrecerrar los ojos y Ash se acercó a verla.

—¿Estás bien?

—Sí, sobreviviré —y en eso Ash volvió a estornudar—, pero no se puede decir lo mismo de ti.

—También sobreviviré —respondió el campeón cubriéndose su rostro una vez más con la cara interna del antebrazo—, esto pasó porque dormí con el cabello mojado.

—¿Y por qué hiciste eso? —preguntó la pelirroja y Ash negó con su mano.

—No quieres saber eso, ¿quieres que traiga el desayuno? —preguntó volviendo a estornudar.

—¿Podrás subir una bandeja con el desayuno? —Interrogó viéndolo, tras la afirmación de Ash se acomodó en la cama una vez más— Genial, porque lo que menos quiero hacer ahora es moverme de la cama…

—¿Qué te traigo?

—Pan con jalea de bayas y un café por favor —le dijo acomodando la almohada para volver a dormirse—, me despiertas cuando esté todo listo.

Ash la observó sin creer que se había vuelto a dormir tan rápido, esos calambres que le daban y ese aspecto pálido le preocupó más que su propio resfriado. Bajó las escaleras e ingresó a la cocina donde tras encontrar de todo lo que quería comer, comenzó a trabajar en el desayuno, luego de tomarse un vaso lleno de agua que calmó un poco los estornudos del moreno.

Luego de un par de minutos, Ash terminó de preparar las tostadas, el café para su esposa y él se hizo un sándwich con varias cosas que encontró en el refrigerador junto con su café. Dejó todo en la bandeja y rogando no volver a estornudar, la tomó para llevarla escaleras arriba hacia donde estaba durmiendo su esposa.

Ash dejó la bandeja en la mesa junto a la cama y se sentó en la cama para despertar a Misty, la veía quejarse entre dormida, así que llevó su mano derecha al rostro de la chica, donde con suaves caricias de ésta, logró que se tranquilizará. Sonrió ante su logro y se acercó más a la chica para despertarla, no sabía cómo hacerlo, así que valiéndose de su posición se acercó a la mejilla que acababa de acariciar y le dio un beso en ella.

—El desayuno está listo —le susurró, Misty no tardó en despertar abochornada por aquella situación, pero sonrió incorporándose en la cama aun con su malestar, pero estaba hambrienta, cuando Ash puso delante de ella la bandeja con ambos desayunos, ella observó su plato y el de Ash, y luego a él.

—¿Eso es para ti? —preguntó señalando el sándwich que Ash estaba por llevarse a la boca.

—Sí, tú querías tostadas así que ahí están —respondió nuevamente llevándose el pan a la boca, pero fue interrumpido por su esposa otra vez.

—¡Yo quiero eso! —le pidió.

—Esto es mío, come tus tostadas —le dijo sin dar su brazo a torcer.

—Eres un marido para nada complaciente —se quejó Misty cruzándose de brazos.

—Hice lo que pediste con el desayuno y… —respondió, pero vio la maldad reflejada en los ojos verdes de su esposa— ¿qué? —y sin saber cómo no botó nada, ni como lo hizo, la pelirroja ahora disfrutaba del sándwich que Ash iba a comer— Pero, ¿Cómo?

—Cosas que una aprende estando contigo —dijo con una sonrisa enorme mientras disfrutaba del pan— ¡Esta delicioso, disfruta las tostadas!

Ash la miró frunciendo los labios y ahorrándose las palabras que pensaba. Realmente estaba abusando de su buena disposición, aunque ¿cuándo Misty no había sido así con él? Le estaba gustado que estuvieran en esa complicidad de amigos una vez más.

—¿Qué haremos hoy? —le preguntó y la chica lo miró— Tenemos mucho que recorrer en isla Inta, ¿Quieres ir a la parte del laberinto acuático? Quizás puedas nadar un poco o ver que pokémon acuáticos podemos encontrarnos allí.

—Nah —dijo despectivamente sorprendiéndolo, ¿ella diciendo no a lo acuático? —hoy quiero estar todo el día en el sillón acostada con una manta viendo televisión. ¿No es un panorama tranquilo y relajante?

—Ok —respondió sin creer lo que oía, pero sabía que eso no duraría mucho. Y Misty le pediría salir a algún lado.

Estaba sumamente equivocado.

Habían pasado varias horas desde que se habían levantado, e incluso, almorzado y Misty seguía ahí viendo unas películas en total estado de bipolaridad, primero si había dejado que Ash se sentara con ella, vieron casi toda una película abrazados en el sillón, pero a la siguiente, la pelirroja terminó echándolo al otro sillón, y había comido como si llevara días sin comer, alternando las cosas dulces con las saladas.

—Mujeres —balbuceó mientras observaba la pantalla de su notebook donde le había llegado un informe de Lance sobre lo que iban a realizar en isla Exta, Ash estaba emocionado de volver a realizar una demostración de batalla ante público y ni hablar de las charlas que daría— ¡Oye Misty! —la llamó, pero ésta estaba muy metida en la escena de la película— ¡Misty! —volvió a llamarla, pero ésta volvió a ignorarlo, más cuando estornudo la chica lo silenció.

—¡Ash déjame escuchar, no ves que él está a punto de dejarla porque ya no la soporta! —exclamó señalando la tele.

—Es buena idea —dijo Ash dejando el notebook a un lado y levantándose—. Esto parece increíble.

—¿Qué? —dijo mirándolo.

—Dime, ¿realmente no estás embarazada? —le preguntó cruzándose de brazos.

—No lo estoy —protestó la mujer—, estoy en todo lo que indica a una mujer que no está embarazada, salvo que sea como en esos casos raros de mujeres que tienen sus días aun estando embarazadas —simplemente Misty empezó a divagar ella sola— Aunque el examen salió negativo así que no lo estoy, por eso estoy como estoy ahora. ¿Me entiendes? —le preguntó y la cara de confundido de Ash le dio la respuesta.

—Solo sé que me confundes.

—¡Aguántame! —le dijo levantando ambos brazos— ¿No querías que actuemos como esposos? ¡Soy así una vez al mes! ¡Más odiosa que nunca!

Ash se miró con Marill que le afirmaba con la cabeza las palabras de su entrenadora.

—Oh cielos, creo que iré a dar una vuelta.

—¡Oye! —gritó la líder, pero no hubo caso, Ash salió raudamente de la casa dejando atrás a su Pokémon que, tras mirarse con Marill, decidió quedarse al cuidado de la pelirroja que no parecía estar bien.

—A ver Ash —se dijo el campeón mientras caminaba por las calles de isla Inta—, estamos muy mal encaminado, si nos dejamos llevar por cosas así, en vez de acercarnos a una relación seria en un futuro, vamos a hacer amigos por siempre y para siempre —se llevó las manos a la cabeza con fastidio, pero terminó estornudando— ¡Rayos! Mejor voy por algo para este resfriado.

Caminó un par de cuadras hasta la farmacia que había cerca del consultorio a donde había llevado a Misty el otro día, ¿sería bueno ir a preguntarle a la doctora que podría tener Misty para saber qué hacer con ella?

Lo de pensar no era para él, cruzó la calle y tras ingresar, se acercó al mesón de atención.

—Hola, disculpen, ¿podría hacerle una consulta pequeñita a la doctora Abigail si no es que está ocupada?

La chica tras el mostrador lo miró, pero antes de responder le señaló detrás él, al voltear ahí estaba la doctora mirándolo tras unos lentes alargados que Ash no recordaba que usara, sin embargo, le hizo una pequeña reverencia.

—¿Necesitas hablar conmigo de tu esposa? —preguntó quitándose los lentes, Ash afirmó así que la doctora le enseñó el pasillo— Mi último paciente del día dio a luz a su bebé en la mañana así que, tengo esta hora libre, pasa.

—Gracias —dijo éste, realmente amando su buena suerte.

Una vez dentro del box de consulta, la doctora tomó asiento indicándole a Ash la silla frente a ella.

—Dime, ¿Qué pasa?

—No lo sé, la veo pálida, adolorida, está más Gyarados que nunca —mientras Ash enumeraba con los dedos la doctora solo sonrió— y me dijo que estaba así porque no estaba embarazada, porque si lo estuviera no estaría así, salvo que sea un caso raro… Ay —protestó—, creo que ni ella entiende lo que me dijo.

—Pero yo si entiendo, ¿tomó sus pastillas para el estrés? —tras Ash afirmar ella buscó su recetario y escribió en él— No deberías de preocuparte, la situación que vive tu esposa es normal, ¿no han convivido juntos?

—Antes sí, pero no me había tocado vivir esto —respondió.

—Entiendo, es la contradicción de la luna de miel, dicen que son de miel, pero a veces realmente uno descubre tantas cosas de la otra persona que no conocía que es bien acido, supongo que, al vencerlas como una prueba, se transforma en miel —cortó la receta y se la pasó— Cómprale esto y dale una cada ocho horas por tres días, le quitará el dolor que debe estar sintiendo, y no te preocupes a todas las mujeres nos pasa una vez al mes.

Ash tomó la receta, rojo de la vergüenza, porque era un poco tarde, pero al fin le había caído la teja de lo que estaba pasándole a su esposa.

—Y si puedes comprarle algo rico —le aconsejó la doctora guiñándole el ojo—, te irá mucho mejor.

El Campeón salió tras despedirse, con dirección a la farmacia; se encontraba bastante aturdido por lo que había comprendido, y aunque no entendía bien, recordaba a su madre decirle en algún tiempo.

"Hay días, donde te veo y digo que suerte que eres hombre"

No entendía bien porque le decía eso, ahora lo comprendió al ver a Misty. Él no pasaba por aquellas cosas, pero, de todas formas, su cuerpo también tenía reacciones que luego tenía que pagar como ahora, con un resfriado.

Se acercó hasta la dependiente de la farmacia y le pidió un sobre de té antigripal y le entregó la receta para comprar el remedio para Misty, le entregó ambas cosas y tras cancelar, Ash regresó a la casa sin antes pasar por una pastelería cerca del centro Pokémon.

Misty seguía viendo la televisión, al parecer estaba viendo una película dramática porque tenía los ojos rojos y muchos pañuelos desechables usados dispersos entre la manta y el piso. Ash ingresó, la observó, pero fue ignorado de lleno, negando con la cabeza, fue hacia la cocina a calentar agua para hacerse un par de té y poder tomarse su antigripal.

Llegó con una bandeja con una rebanada de pastel de chocolate junto a un té y se la dejó en la mesa de centro.

—Te traje esto —le dijo Ash con una sonrisa, Misty lo miró encantada por aquel detalle.

—¡Muchas gracias Ash! —dijo tomando el pastel y convidándole un pedacito de chocolate a ambos roedores.

—De nada, yo me hice mi antigripal, así que me iré a acostar un rato —le enseñó la caja—, y me dijeron que para tus dolores puedes tomar esto.

Misty tomó la caja y farfulló un par de cosas contra ella misma confundiendo a Ash.

—¡Yo tengo un par de estos en mi bolsa y se me olvido por completo! —se dijo pidiéndole a Ash que tomara la caja que tenía en su bolso. Éste subió a la habitación con su té y bajó con la única caja que encontró en la cartera de la pelirroja, se despidió antes de que ella pudiera ver que había bajado el despistado entrenador— Éstas son… —dijo mirando la caja que le había dado la doctora el día de los exámenes— los… —miró las escaleras, el plato de comida y luego nuevamente la caja que tenía en sus manos con una mueca.

Pikachu que descansaba a los pies de la cama despertó de golpe debido al sonido del timbre que nadie contestaba, se refregó sus ojitos y vio que Marill también estaba despierta, fastidiada por el timbre. El roedor eléctrico movió la pierna de su entrenador para que éste despertara, hasta que lo consiguió.

Ash fue tomando conciencia de la voz de su pokémon y del timbre de la casa, pero por más que tenía los ojos abiertos no era capaz de ver nada, llevó la mano a su rostro y tomó de ahí. un paño húmedo blanco quien le impedía la visión.

Ash miró aquella tela extrañado, pero luego vio a su esposa dormida a su lado con una fuente con agua junto a ella. ¿Sería que fue a hacerle compañía? ¿O que, al fin, estaba haciendo uso de su nueva posición?

La observó dormir un par de segundo, cuando nuevamente el timbre lo sacó de su ensueño y colocándose un chaleco bajó a ver quién era tan insistente.

Tras abrir la puerta, observó a dos hombres bastantes desesperados, que al verlo preguntaron por él, los dejó pasar para que le dijeran que necesitaban.

—¡Leímos esto! —le entregó un diario donde Ash pudo ver la noticia de cuando junto a Misty ayudaron a rescatar a Noah, también ante la mención de que consiguieron ver la Flor de Azúcar— ¿Es cierto?

—Sí, esto pasó en Isla Tera —respondió Ash, doblando el diario para devolvérselos—. ¿Por qué?

—¡Esto es genial! —dijo uno de los hombres tras mirarse con él otro, ambos eran casi idénticos, solo que el que hablaba tenía barba— Soy Ichi, y él es mi hermano gemelo Ni, y venimos a solicitarle un favor oh gran campeón.

Ante la reverencia de ambos hermanos, Ash se sintió algo intimidado.

—Ayúdenos a encontrar a la pequeña Lucy antes de que la esposa del alcalde nos fusile.

—¿Pia? —recordó Ash lo dulce y amable que lucía la esposa del alcalde.

—Ella es encantadora —dijo Ni con una gota de sudor en la mejilla derecha—, hasta que se enoja, y nos dio la seguridad de su sobrinita y…

—¡Pero Ash está enfermo! —la voz de la pelirroja hizo que los tres la observaran a los pies de la escalera— No debería salir.

—¡Si ya me siento bien! —alardeó el moreno flexionando los brazos con sus puños en alto.

—Si vas, quiero acompañarte —le exigió.

Ash hizo una mueca y no respondió, permitiéndole a los hombres que explicaran a donde debía ir tomando asiento.

—Al norte de la isla se encuentra la cueva perdida, se llama así porque casi ninguna persona que va a ella regresa —ante aquellas palabras de Ni, Misty se aferró al brazo de Ash, éste solo la miró de reojo y prestó atención a los hermanos.

—Se dice que en el piso más bajo de aquella cueva se puede encontrar el tesoro Perdido —continuó Ichi mirando el diario que tenía en sus manos—, dicen que solo quien va sin intención de encontrarlo puede hallarlo.

—Entonces, si voy a esa cueva con la intención de encontrar a la pequeña y no el tesoro ¿éste aparecerá ante mí? —preguntó Ash.

—¡Es muy probable! —exclamó Ni emocionado, puesto que se veía la intención de Ash por ir en su ayuda— Además, sabemos que nuestra pequeña Lucy fue ahí a buscar un collar que perdió. Se dice que alguien lleva todo lo perdido a esa cueva, y ella creyendo que lo encontraría ahí…

—Entiendo —Ash se quedó pensante un par de segundos y se puso de pie—, de acuerdo, voy a ir —se giró hacia Misty—, pero tú te quedas.

—¿Por qué? —protestó la pelirroja, pero Ash colocó ambas manos en los hombros de su esposa con una sonrisa.

—Porque no es un buen día para ti —aquella mirada con esa sonrisa tan tierna hizo que el corazón de Misty se acelerada—, y si voy solo no tendría que estar preocupado por si te sientes mal en medio de la expedición, no podría perdonarme que sientas dolor o algo…

—De acuerdo —lo interrumpió también con una sonrisa—, me quedaré a esperarte, es una niña la que tienes que ayudar después de todo.

—Gracias —le dijo por la comprensión.

—Deberás llevar un pokémon con Surf para que puedas llegar a la cueva —le informó Ni, y Ash tomó prestada la pokébola de Gyarados.

—Si gusta —Ichi le habló a Misty—, podría acompañarnos a nosotros para que no se sienta sola —Misty estaba por declinar la oferta, pero—, vivimos en la pastelería de la Isla y…

—¡Voy! —contestó sin necesidad de más palabras.

Ash rió negando con la cabeza y fue por su mochila para la expedición.

Una vez al límite marino que daba hacia la cueva perdida, Misty habló con Gyarados para que cuidará de Ash, pero para su sorpresa el pokémon serpiente estaba feliz de acompañar al campeón.

—¡Te lo dije! —afirmó Ash acariciando a Gyarados— Él y yo, somos muy buenos amigos ahora.

—Increíble —susurró la chica y miró a Pikachu—, cuida a tu entrenador —le pidió— que no haga nada tonto para variar.

—¡Oye! —gritó Ash molesto.

—Cuídate —le pidió ahora a él, Ash sonrió y afirmó con la cabeza.

—Por supuesto, tengo que regresar —y tras guiñarle el ojo, se dirigió a los gemelos para que le dieran una foto de la pequeña Lucy, cuando Ash la tomó se quedó con el ojo cuadrado. La pequeña Lucy, no era tan pequeña.

—¿Qué? —preguntó Misty, pero Ash solo guardó la imagen en su bolsillo subiendo al lomo de Gyarados.

—¡Adiós! —se despidió ante la cara de confusión de la pelirroja.

Cuando Ash se alejó lo suficiente, Ni se acercó a Misty con una sonrisa.

—¿Le gusta el té de violetas con pastel de fresa? —le preguntó y Misty emocionada afirmó.

—¡Es nuestra especialidad! —comentó Ichi llevando a Misty a la pastelería.

—¡Genial! —afirmó ésta echándole una última mirada al mar donde Ash se alejaba con Gyarados y Pikachu.

Ash llegó hasta lo que parecía una pequeña montaña en medio del agua, descendió del pokémon acuático y tras agradecerle lo regresó a la pokébola. Pikachu saltó a su hombro y adelantaron los pasos hacia lo que parecía la entrada, una gran grieta en el medio de una gran roca.

Con cuidado atravesó gran parte de la cueva, no había nada más que una escalera de piedra. La bajó, y de nuevo, un piso vacío con una nueva escalera de piedra, decidió enfocarse solo en bajar las escaleras, puesto que Pikachu iba atento y no percibía nada extraño.

Fue como al décimo piso, que Ash empezó a escuchar unos sollozos que se empezaron a hacer más profundo conforme iba descendiendo los escalones.

—¿Lucy? —preguntó mientras terminaba de descender los escalones, en un rincón con un pequeño Cyndaquil había una joven de cabellos rojos abrazada a sí misma. Ash la reconoció por la fotografía.

—¡Cyndaquil! —asustada la chica de cabello rojos y ojos celestes, mandó a su compañero a defenderla, pero Pikachu saltó a conversar con el Pokémon del tipo fuego.

—¡Tranquila, soy Ash, el campeón de Kanto, me mandaron a buscarte! —ante la presentación la chica se levantó de golpe, y corrió a los brazos de Ash abrazándose a él.

—¡Tenía tanto miedo de quedarme aquí encerrada! —exclamó moviéndose de una forma que a Ash estaba incomodándole bastante debido a su delantera voluminosa.

—Bueno, pero ahora podemos salir y…

—¡No! —se separó de Ash interrumpiéndolo— No me iré de aquí hasta encontrar mi collar de perlas negras. Me las regalaron para mis quince años, no las puedo perder así tan fácilmente —protestó por lo que Ash suspiró llevando la mano derecha a su cabeza.

—De acuerdo, ¿ya buscaste en todos lados?

—Así es —afirmó con una mueca mostrándole el lugar donde había otra escalera para descender— Esa es la última escalera, pero no puedo cruzarla, hay algo que me prohíbe bajar y algo que me prohíbe subir también —comentó con una mueca, Ash observó la escalera por la que acaba de bajar y se percató que él tampoco podía subir de regreso.

—¿Qué es lo que sucede? —preguntó desesperado.

—Dicen que, en la cueva perdida, terminas perdido si no mantienes la calma, solo se puede avanzar y una vez que lleguemos al cuarto del tesoro perdido podremos regresar —le explicó Lucy con las manos tras ella.

—Pero yo no busco el tesoro, yo solo te buscaba a ti para volver a… —tras las palabras de Ash, la escalera empezó a brillar— ¿Qué es eso? —preguntó adelantándose antes de que Lucy avanzara hacia la escalera— Déjame ver primero —tras la afirmación de la sobrina del alcalde, Ash descendió por las escaleras— ¡No hay nada, es seguro bajar, hay otra escalera!

—De acuerdo —ambos con Pikachu y Cyndaquil bajaron tres pisos más, hasta llegar al piso -14— Se supone que éste es el último piso —dijo Lucy recorriendo el lugar con su mirada, la cual no encontró más que la escalera por la que bajaron.

—No sé entonces que… —Ash fue interrumpido por Pikachu que bajó de su hombro totalmente alarmado, en un par de segundos, un grupo de unos diez Zubat invadieron la sala atacando con su supersónico— ¡Pikachu! —gritó Ash con las manos en sus oídos— ¡Haz algo! —el roedor eléctrico miró a su entrenador quien a duras penas se acercó a la chica para poder protegerla. Tras ver que no lastimaría a ninguno de los dos, soltó sus orejas y se preparó para lanzar un par de bolas voltio que dejaron chamuscado a los Zubat en el piso— ¡Eres genial Pikachu! —exclamó Ash, y miró a Lucy— ¿Estás bien?

—Si —dijo observando al campeón con una sonrisa tonta en sus labios—, me encuentro de maravilla.

—¡Entonces! —Ash hizo un aplauso esperando no recibir más ataques de pokémon cuando tras él algo empezó a brillar, volteó y vio frente a sus ojos un montón de joyas y distintas chucherías— ¡Apareció el tesoro! —exclamó Ash, al momento que Lucy se lanzó a revisar toda esa montaña de piedras preciosas en busca de sus perlas negras.

—¡Si estaban aquí! —festejó al mostrarle a Ash lo que había perdido— Eran de mi tatarabuela, tienen un valor muy importante —le explicó guardándolas en el bolsillo de su enterizo—. ¡Anda! —le pidió señalando la pila de cosas— Toma algo…

—¿Yo? —se señaló, ante la afirmación de Lucy, señaló la pila de cosas— ¿y por qué? —preguntó.

—En esta cueva se reúnen las cosas perdidas de los habitantes de isla Inta, se dicen que los Pokémon Fantasmas que rondan esta cueva traen sus tesoros aquí por eso la esconden ante quien la quiere, y aparece ante quien no la busca —se volvió a agachar observando las demás cosas que había— Si no tomas nada, pensarán que eres algo perdido dentro de esta cueva, y a menos que quieras quedarte aquí adentro… —antes de terminar de hablar, Ash ya estaba con Pikachu buscando que podría servirle.

Mientras Ash buscaba que podría servirle, vio un anillo muy bonito con una piedra celestre traslucido en forma de corazón.

—Qué bonito —comentó observándolo.

—Es un anillo de oro blanco con una aguamarina —exclamó encantada Lucy—. Yo sería feliz con uno de eso —aunque fue una gran indirecta, Ash solo lo encerró en su mano y se puso de pie.

—Entonces esto será —al decir esas palabras, un pequeño temblor abrió una puerta detrás del tesoro que no tardó en desvanecerse—Wow… —impactado por lo que vio, decidió que no había tiempo que perder— Veamos —ambos se acercaron a la abertura y se encontraron con…

—¡La salida! —dijo con los brazos en alto Lucy acercándose a Ash para abrazarlo— ¡Gracias, gracias, gracias Ash, eres mi héroe, gracias!

—Este ya… —trató de soltarse, pero esa mujer tenía fuerza— Es hora de volver, Ichi y Ni están preocupados por ti.

—Verdad —dijo con una sonrisa, pero aun así se aferró al brazo derecho del campeón—, vamos entonces.

Ash fastidiado por el apego de la mujer, tomó la pokébola de Gyarados y lo llamó. El Pokémon que había salido feliz de su encierro miró al entrenador de forma seria.

—No me mires así, solo me mandaron a buscarla —se excusó, aunque Gyarados no parecía muy contento de aquellas palabras. Ambos se montaron en él y empezó el camino de regreso, Pikachu subió hacia la cabeza de Gyarados y se puso a conversar con él, Ash deseó que estuviera abogando por él, pero los movimientos bruscos de la serpiente le indicaban que no estaba muy contento. Lo malo del asunto era que aquellos movimientos de Gyarados hacían que Lucy se aferrara aún más a Ash.

Mientras que el campeón solo esperaba llegar a tierra firme.

Misty seguía en la pastelería encantada de todo lo que había comido, se sentía tranquila, feliz y casi había olvidado que tenía a su marido con gripe en algún lado de la isla Inta.

Estaba riéndose con Ichi y Ni que les contaban algunos de sus tips de cocina, cuando entró Lucy tomando del brazo a Ash quien estaba avergonzado de aquella situación.

—¡Lucy! —tanto Ichi como Ni dejaron a Misty en la mesa para ir a abrazar a la joven.

—¡Mi pequeña Lucy! —dijo Ni moviéndola en el abrazo.

—¿Qué tiene de pequeña? —balbuceó Misty, pero su atención pasó de la crecida niña al amarre que ésta ejercía sobre su marido.

—¡Por cierto! —la mujer de cabellos rojos, apegó a Ash contra su cuerpo y puso su cabeza en el hombro derecho de éste— ¡Gracias por mandarme un príncipe encantador a rescatarme!

—Te voy a dar príncipe encantador —seguía balbuceando la pelirroja mirando hacia otro lado, evitando así la mirada de su marido, que la buscaba con la esperanza de ser liberado de aquella acosadora.

—¡Creo que ya sé quién me acompañará a mi baile que tengo en isla Prima en una semana! —miró a Ash quien asustado la observaba— ¿Verdad que me acompañaras?

—En una semana tengo que estar en isla Sétima —le explicó éste, nuevamente buscando la mirada de su esposa, pero no la encontró, así que con una mueca trató de separarse de la chica—, estaré muy ocupado para poder acompañarte, ¿Si buscas a alguien más?

—¡Pero yo quiero ir contigo! —protestó con un tono tan caprichoso que la vena que latía en la frente de Misty creció hasta que ya no lo aguantó.

—¡Bueno ya niñita! —ante la voz de Misty todos se silenciaron y la observaron, la líder de gimnasio se abrió pasó y de un jalón separó a Ash de Lucy para pararse delante de Ash y hacer que éste la abrazara por la cintura— ¡Estás hablando de mi marido, así que por favor ubícate!

—¿Perdón? —Lucy no podía creer lo que oía— ¿Tú eres su esposa?

—Si lo es —afirmó Ash encantado de la posición en la que Misty lo había puesto porque podía sentir muy bien su perfume… Sustancia que aún creía que eran hechizos para convertir a los hombres en zombie, porque así se sentía en ese momento.

—¡Acaso no notaste esto! —Misty levantó un poco la mano izquierda de Ash y le enseñó la alianza que cargaba éste en el dedo anular.

—Si la noté, pero pensé que a Ash le gustaban los anillos, como tomó uno en —al notar la cara de nervios del campeón tras Misty, y de la mirada de curiosidad y rareza de la líder, Lucy cambió de tema— Ichi, Ni, ¡miren! —sacó el collar de perlas de su bolsillo— ¡Es mío otra vez!

—¡Qué bueno! —afirmaron estos aliviados de no sufrir por el regaño de la señora Pia.

—¡Bueno nosotros ya nos vamos! —dijo Misty sin darle tiempo a Ash a nada pasándole a Marill— Que bueno que recuperaron a su pequeña Lucy y ojalá encuentres pareja para tu baile, espero que pasen buenas noches —el sarcasmo era tan latente en las palabras de Misty que Ash solo sonrió y se despidió de un gesto de la mano, sin decir mucho, cargando a ambos roedores.

En cuanto salieron de la pastelería, Ash supo que ahora la iba a sufrir, pero no. La chica no dijo ni una palabra en el trayecto hacia la cabaña, ni siquiera cuando Ash le regresó la pokébola de Gyarados.

—¿Cómo te sientes de tu resfriado? —preguntó en cuanto cruzaron la puerta y Ash sintió al fin que su alma regresaba a su cuerpo.

—Bien, no he estornudado ni una sola vez —le informó con una sonrisa.

—Qué bueno Ash —le dijo y corrió la mirada— ¿Te molesta si me quedo un rato aquí abajo sola? —Ash la miró confundido— Te encargo a Marill… —sin decirle más nada se dejó caer en el sillón y Ash subió con ambas criaturas.

—Buenas noches Misty.

—Buenas noches Ash.

En cuanto el moreno de cabellos oscuros subió las escaleras, Misty suspiró pesadamente.

—Entonces, si analizó bien todo esto…

¡Ahhh que linda, realmente debes amar a tu esposo para estar preguntándonos tantos tips de cocina! —le había dicho Ni con una sonrisa, ella había querido negarlo, pero no pudo.

Tienes en la mirada ese brillo que lo dice todo —acotó Ichi también sonriéndole— ¡El amor no se puede ocultar!

—¿Será por eso que me siento así últimamente con Ash? —apoyó la mano derecha en su pecho— Ash otra vez me gusta… —se cruzó de brazos pensante— Pero, ¿Por qué siento que es algo más? ¿Por qué siento que ahora hay algo diferente?

Cerró los ojos y movió los labios fruncidos de un lado a otro, tratando de analizar que estaba pasando por su cabeza, o, mejor dicho, en su corazón.

Por otro lado, más bien, escaleras arriba Ash se había dejado caer sobre la cama observando el anillo de oro blanco y una preciosa aguamarina en forma de corazón.

—¿Qué haré contigo, anillo? —le preguntó mientras lo movía entre los dedos índice y pulgar derecho— ¿Será buena idea dárselo a Misty así porque sí o espero un momento indicado para ello?

Suspiró pesadamente.

El amor era algo tan complicado…

Amor… esa palabra tan corta que abarcaba tantas cosas…

Misty abrió los ojos del susto que aquello le provocaba.

Se había enamorado de su marido.

Se había enamorado de Ash.