Hola, hola, perdón por la tardanza del último de los capítulos pero es que tuve algo que yo llamo "vacio de creatividad" donde mi creatividad se esfuma temporalmente y se me acaban las ideas por un tiempo, pero la inspiración ya llego a mí y estoy listo para escribir.

VicPin: gracias, tus comentarios me ayudan a seguir con esto.

Capitulo 20

La Verdadera Misión

Era hora de irse de la guarida de los ladrones. No había podido dormir nada por las celebraciones nocturnas en la ciudad por un evento que los colonos llamaban "año nuevo". No había podido dormir ni por un segundo, pero por lo menos Manosfrias había cumplido su promesa. Ahora tenía lo que quería conseguir desde un principio: la ubicación de la guarida del Chacal. Al parecer se había refugiado en una casa del distrito rico de granada. Desde donde controlaba a sus secuaces por toda la ciudad mediante mensajeros. Al parecer no habían encontrado al Chacal debido a que tenía amigos entre los nobles de la ciudad, amigos que lograron llevar la atención de la guardia lejos de esa zona.

Se levanto y recogió el sombrero de paja que había conseguido en el camino a la ciudad y había olvidado en la guarida de los ladrones mientras rescataba a un grupo de ladrones a cambio de información. Camino hacia la salida donde lo esperaban Manosfrias y Mycah. Cuando llego lo recibieron alegremente. Manofrias le dio un apretón de manos.

-Pues creo que ahora te vas solo chico- dijo Manosfrias – nos has hecho un gran favor y te debo una, si necesitas nuestra ayuda solo avísame- Jak' Na Kei le dedico una sonrisa y asintió, Manosfrias se fue a su habitación y el mestizo se giro para ver a Mycah.

-Supongo que esto es un adiós-dijo rodando los ojos, Jak'Na Kei se agacho para ponerse a su altura y le revolvió el pelo.

-No, es un hasta pronto- dijo alegremente-chico-añadió, esperaba que Mycah se enojara por haberlo llamado chico, pero sin embargo estallo en carcajadas que le contagio al mestizo. Cuando terminaron. Mycah le puso algo envuelto en un pañuelo a Jak'Na Kei en la mano. Intrigado el mestizo abrió el regalo.

-Un cuchillo…-exclamo el mestizo maravillado y los labios de Mycah se torcieron en una sonrisa. No era cualquier cuchillo, era un cuchillo hermoso con la hoja curva y grabados en la empuñadura.

-¿De dónde lo sacaste?- pregunto rápidamente

-Soy un ladrón, ¿de dónde crees que lo saque?- respondió el de manera sarcástica, el mestizo sonrió y se guardo el cuchillo. Se levanto y le revolvió el pelo bruscamente al chico, que hizo una mueca entre alegría y enojo a lo cual el mestizo respondió con una sonrisa y una última frase antes de irse.

-Hasta pronto- dijo y comenzó a caminar y el joven ladrón se limito a sonreír.

Camino por las calles de Granada viendo a la gente, observándola, mezclándose con ella, sorprendiéndose de lo fácil que era engañarla, no tendrían ni la menor sospecha de que era un asesino si llevara puesto su atuendo habitual. Sin embargo había cosas más importantes que hacer. Fue al palomar más cercano y le ato a una paloma una carta que había preparado la noche anterior. La carta escrita en latín decía:

Querido hermano Viktor

Me encuentro sano y salvo, aquí, en Granada. He conseguido la ubicación de la guarida del Chacal y de paso el favor de los ladrones de la ciudad. Me encuentro de camino a la guarida del Templario, en el distrito rico de la ciudad. Vendré cada luna llena a recibir tus cartas, por favor informarme sobre tu pierna. Que la paz este contigo.

Tu hermano, Jak'Na Kei

Rezaría a sus dioses para que las cartas no fueran interceptadas. Le ato la carta al ave y siguió su camino hacia el distrito rico. Cuando llego, recibió varias miradas inquisitivas por parte de guardias y civiles, pero de mirarlo no pasaron, debieron pensar que debía ser un mendigo, un juglar o un mercenario de poca monta, aquella idea lo hizo sonreír, inclusive en ese punto, la idea de mezclarse con la gente lo seguía sorprendiendo.

¿Tan estúpidos somos los hombres que ni siquiera podemos usar nuestros ojos?

Camino tranquilamente, atendiendo a todo lo que veía, hacia la dirección que Manosfrias le había dado. Cuando llego quedo sorprendido, sinceramente pensó que el Chacal se iba a refugiar en un especie de casucha o en las alcantarillas aunque cuando Manosfrias y los ladrones que había salvado le dijeron que su guarida estaba en el distrito rico se había comenzado a imaginarse que su morada sería algo más grande. ¡Pero esto no!

El edificio podría doblar por poco en tamaño a la Rosa sul Fuoco de la señora Cavazza y tenía por lo menos el mismo nivel de elegancia. ¡¿Pero qué clase de amigos tenían los templarios?! Era algo que siempre se había preguntado desde que oyó las palabras "Obramos en las sombras para servir a la luz, somos Asesinos" si, era cierto, obraban en el anonimato por una buena causa, pero los templarios eran los que tenían el poder, ¿pero porque? ¿Que los hacía tan poderosos? Era una pregunta cual respuesta escapaba a su comprensión.

Se quedo parado por unos segundos ante la puerta, sabía lo que tenía que hacer pero lo que pasaba era que simplemente… nunca lo había hecho. Se había disfrazado para poder asesinar a alguien, pero nunca había hecho trabajo de infiltración. ¿Sería capaz de hacerlo? ¿Estaría a la altura? "Sin sacrificio no hay victoria" pensó y toco a la puerta. Y la verdadera misión comenzó, detrás de la puerta se oyó una voz.

-¿Contraseña?- dijo la voz, rasposa y grave

El mestizo tuvo que luchar contra su reflejo involuntario de quedarse en silencio y esperar al que sujeto abriera la puerta para que poder matarlo. Pero por suerte los ladrones le habían proporcionado también la contraseña.

- Non nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomini Tuo Da Gloriam- dijo, No para Nosotros Señor, no para Nosotros, Si no para la Gloria de tu Nombre, era el significado de esas palabras y las pronuncio con cuidado de no demostrar odio en la frase lema de los Templarios. La frase de la que él se había enorgullecido de pronunciar era "Laa shay'a waqi'un mutlaq bale kouloun moumkin", Nada es verdad, todo está permitido, el credo de los asesinos, su credo…

El hombre abrió la puerta y apunta a su cara con una pistola, era un mercenario grande, de mustacho y patillas finas negras, cabello corto del mismo color, ojos grises y vestido con cota de malla y prendas de cuero, del cinto colgaban una espada y un puñal.

-¿Asunto?- pregunto bruscamente

- Busco trabajo-

-Hmm, con que carne fresca ¿eh?- dijo acariciándose un crucifijo plateado que colgaba de su cuello. -está bien, entra chaval- dijo el mercenario bajando su pistola y el mestizo volvió a suprimir sus deseos de atravesarle el cuello con su hoja oculta a aquel hombre.

-Sígueme y asegúrate de no mirarle a los ojos, no le gusta que lo miren a los ojos-dijo antes de voltearse, Jak'Na Kei obedeció y lo siguió. La guarida era inmensa, pero extrañamente vacía, estaba llena de cuadros y armas en las paredes, sin embargo no había nadie en esa casa. Llegaron a una especie de sala de estar, bastante grande con cortinas largas de color carmesí y una larga alfombra roja que llevaba a unos escalones que llevaban a una hermosa silla de madera oscura, tallada y pulida y ahí, sobre ese trono, se sentaba Francisco Hernández de Córdoba y el mestizo tuvo que resistirse para no lanzarse hacia a él para atravesarle la garganta. Su mirada seguía siendo la misma, llena de valor, sabiduría, crueldad e infamia, sin embargo parecía haber envejecido unos diez años, su barba y cabello habían sido salpicados por canas y se había puesta unas diez veces más pálido, pero igualmente seguía despidiendo una especie de aura de fortaleza.

En den vez del peto que llevaba cuando lo vio por primera vez, llevaba un simple jubón negro, pantalones grises y unas botas de cuero en los pies. Se notaban los vendajes en su hombro, el hombro que le había disparado en su persecución, parecía un poco flaco, pero sentado en ese especie de trono parecía un rey. El mestizo estaba lleno de vendajes, debajo de la máscara, tenía un parche en la frente y otro en la nuca el cual se tapaba con el pañuelo que le había dado Mycah. Tenía vendajes en el hombro, el costado y la espalda, los cuales eran tapados por la casaca y la camisa que llevaba puesta. La verdad es que le dolía mover el brazo izquierdo y su cabeza a veces le dolía, si no fuera por las medicinas robadas de los ladrones estaría en cama agonizando.

El Chacal levanto la vista y el mercenario que lo acompañaba se arrodillo y empujo al mestizo para que hiciera lo mismo. El mestizo se arrodillo sin rechistar. El Chacal los observo por un rato y luego hablo.

-Fernando, dime quien es este caballero-El mercenario se levanto y dijo:

-Carne fresca, mi señor- dijo Fernando, el Chacal sonrió y dijo con voz solemne le hablo a Jak'Na Kei

- levántate chico- dijo el Chacal y el mestizo obedeció, comenzó a recordar las palabras de Viktor

Ese desgraciado planea algo grande, encuéntralo, gánate su confianza, hazte su mejor amigo, cásate con el si es necesario, pero sácale la información y cuando la tengas, Mátalo

Y era lo que planeaba hacer y su misión estaba comenzando, el Chacal lo observo con ojos inquisitivos y luego hablo:

-¿Cómo te llamas?-

-De Viana, Luis Montalvo de Viana, mi señor-

- ¿Y porque has decidido ponerte a mi servicio?-

-Lo he perdido todo mi señor, solo me queda lo que podéis ver en mi, he oído que pagáis bien, muy bien mi señor a aquellos a los que os sirven bien-

-Y castigo mal, muy mal a aquellos que me fallan-

-Os juro que no os fallare, mi señor-

- Eso espero, veras… hazme un trabajo correctamente y podrás ser uno de los míos, veras, hoy en la noche llegara un cargamento de esclavos por el portón sur de la ciudad, asegúrate de que ese lugar este vacío- termino de decir el Chacal resaltando la palabra vacio.

- Si mi señor- respondió el mestizo, las palabras le dejaron un gusto amargo en la boca, se pregunto si el Chacal lo había reconocido y aquella misión solo era una trampa, pero decidió que eso era imposible.

-Fernando te acompañara- le dijo al mestizo el Chacal para voltearse hacia el mercenario- dale un arma al chico-

El mercenario obedeció sin contratiempos y fue hacia un mueble en el cual reposaba un hacha larga que parecía servir para cortar leña, el mercenario se acerco al mestizo y le dio el hacha, el arma era bastante ligera para ser una simple hacha de leñador.

-Vamos- gruño el mercenario y se dio la vuelta. El mestizo se dio la vuelta también y comenzó a seguirlo, detrás de ellos el Chacal seguía mirándolos de forma inquisitiva...