Ambos voltearon a mirarlo, y Rin, asustada, rápidamente apartó su mano del agarre de Sesshomaru, pero él en un acto de rebeldía, la volvió agarrar y tomó un paño de la encimera de la cocina para limpiar la sangre de su mano que aún se estaba derramando.
La ira de Kohaku al ver a su novia siendo tocada por el peliplata aumentó tras haber sido ignorado completamente, y se acercó muy enojado hacia ellos en grandes zancadas. —¡No la toques! —espetó, tomando a Rin del brazo y apartandola de él. Sesshomaru ni se inmutó por su arrebato y se cruzó de brazos sin perder la compostura, aunque por dentro se moria por estampar su puño en el estúpido rostro del moreno y llevarse a Rin lo más lejos posible de él.
—No te atrevas a tocar a mi novia otro vez. —advirtió Kohahu enfurecido. — Has perdido ese maldito derecho desde hace tiempo. Te lo he advertido una vez, te lo advierto ahora, pero no lo haré una tercera. Así que espero que se te quede bien grabado en la cabeza; no te la vuelvas a acercar.
Sesshomaru lo fulminó con la mirada, su semblante era de pura repugnancia hacia el muchacho. —Eres patético; crees que me causas miedo cuando lo único que me provocas es asco.
—El sentimiento es mutuo, imbécil. —remarcó, encolarizado por el insulto. — Aunque aparte de eso, lo que más despiertas en mí es lástima. —soltó una risa sin un ápice de gracia. — Mírate, siendo todo un idiota tratando de conseguir a mi chica ¿crees que no me doy cuenta que tus acercamientos hacia ellas son solo con el único objetivo de llevártela a la cama? —Rin dejó escapar un leve jadeo por sus indebidas acusaciones y lo miró horrorizada. — Kohaku ¿Qué estás diciendo? ¡cierra la boca!
Él no tenía ni un derecho de hablar de eso como si ella no se encontrara allí.
Pero Kohaku pasó de ella y mejor se regodeó en victoria al ver la mueca de desagrado en el rostro del peliplata debido a la provocación de sus palabras. —No sabes lo que dices, imbécil. —respondió fríamente Sesshomaru. — Será mejor que cuides tus palabras conmigo.
—¿O qué? —objetó con burla el moreno. — ¿Vas a golpearme? Vamos entonces, hazlo. Golpéame y demuestrale a Rin con la clase de animal violento con el que salía, así recuerda ella también de paso porqué no tiene que hacercarse a ti y lo piensa muy bien la próxima vez antes de hacerlo. —concluyó, lanzando una mirada significativa hacia la pelinegra. Rin lo observó boquiabierta durante unos segundos, no creyendo haber oído bien ¿acaso la estaba acusando de estar con Sesshomaru allí por gusto, o se lo estaba imaginando?
Sea cómo sea, fue un golpe a su orgullo.
—¿Qué estás insinuando? Deja de decir estupideces, Kohaku. Sólo tuve un accidente y él solo se estaba cerciorando de que mi herida no fuera grave; es todo.
—Que oportuno. —contestó con incredulidad. —Rin bufó y dejó el paño de cocina sobre la encimera. —No tengo tiempo para esto, me voy a mi casa a curarme la herida. —pasó por en medio de ellos sin una mirada hacia ninguno de los dos, pero antes de siquiera alejarse, fue retenida por dos agarres en ambos brazos; el de Kohaku firmemente y el de Sesshomaru un poco más suave. Bajó la vista hacia ambas manos antes de mirar incrédula hacia sus dueños. Kohaku apretó fuertemente su mandíbula al ver que Sesshomaru había pasado una vez más sus advertencias por alto sobre tocar a su novia, por lo que la jaló hacia él bruscamente de manera posesiva para quitarla de su agarre. Rin se medio tambaleó por la acción, pero cuando logró recuperar la compostura, fulminó con su mirada a ambos muchachos.
—No es necesario que vayas hasta tu casa. —habló Sesshomaru antes de que ella pudiera quejarse por lo sucedido. — En el baño hay un botiquín de primeros auxilios con todo lo necesario, puedes curarte allí.
—Gracias por la oferta innecesaria. —contestó Kohaku en tono tosco. — Pero la curaré mejor en su casa, estará mejor que aquí.
Sesshomaru metió ambas manos en sus bolsillos para contener su rabia mientras se inclinaba hacia él de manera intimidante. —Entonces mejor ve y deja de perder el maldito tiempo en divagaciones mientras ella está aquí casi desangrándose.
Kohaku amagó con guíarla fuera de la habitación, pero Rin se apartó de el rápidamente. —Deja, no es necesario. —habló seriamente. — Usaré el baño de aquí, no es necesario armar un revuelo de todo esto. Estaré bien.
Sin permitirle objetar por su decisión, se giró y caminó en dirección a la puerta para salir de la cocina. Ambos hombres se quedaron viéndola hasta desaparecer cerca de las escaleras en dirección hacia el baño de huéspedes.
—No te quiero volver a ver cerca de ella. —advirtió Kohaku una vez más. — ¿Me has oído?
Sesshomaru lo miró con todo el depreció que sentía hacia él. —Si tanto te molesta ¿por qué no desapareces? —respondió, y comenzó a alejarse él también para salir de allí, pero las palabras de Kohaku lo retuvieron a medio camino: —¡Ni se te ocurra ir tras ella! —bramó con furia. — Déjala en paz, tú la botaste, ahora es mía.
El peliplata ni se molestó en enfrentarlo para darle su respuesta. —¿Me estás impidiendo ir a alguna parte de mi propia casa, o me lo estoy imaginando? —preguntó incrédulo. —Corrígeme si estoy equivocado.
—Sabes a lo que me refiero. No te le acerques.
—¿Por qué no mejor dejas de decirme qué debo hacer en mi propia casa y te ocupas de tus malditos asuntos? Mi paciencia no es infinita y mucho menos contigo, así que ten cuidado con la forma en la que me hablas. Tú no me das malditas órdenes.
Sin esperar a su fastidiosa respuesta, continuó su camino fuera de la cocina y por cerca de las escaleras. Coincidentemente por allí justo se cruzó con Jaken, por lo que le hizo señas para que se acercara a él. —Retenlo todo el tiempo que puedas en la cocina. —murmuró para que Kohaku no lo escuchará. No le fue necesario explicarse, pues el mayordomo se daría cuenta cuando entrara a la habitación, por lo que solo continuó su camino sin decir más. Se metió por un largo pasillo ataviado de puertas, hasta llegar a la que tenía en mente. Esta estaba entreabierta, y mirando por la rendija, notó a Rin buscando algo en los cajones del lavamanos.
Sin dudarlo ni un segundo, entró en el baño, tomándola por sorpresa. Ella lo miró incómoda, no muy segura de lo que él estaba tramando. Luego se puso en alerta al ver que cerraba la puerta y colocaba el seguro.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó alarmada. Sesshomaru ni se inmutó por su estado. — Una precaución por si tu novio decide ponerse difícil. —respondió con simpleza.
—Él sólo se preocupa por mí. —lo defendió ella, algo ofendida por su atrevimiento. — Y tiene razones para hacerlo, y más contigo. No recuerdo que yo haya terminando muy bien después de tus estúpidos juegos y enfrentamientos ¿este es otro más de ellos? Por que si es así ahorranos la molestia a los dos y solo vete por el bien de ambos; no estoy para seguir aguantándote. Ni ahora ni nunca, creo habertelo dejado muy en claro.
Él pasó por alto sus palabras y se acercó a ella para alcanzar el botiquín que se encontraba en una estantería sobre el espejo. Dejó la caja de plástico sobre el lavabo y en un acto que tomó por sorpresa a Rin, la agarró de la cintura y la acomodó fácilmente sobre el mostrador como si no pesara nada; colocándose entre sus piernas. La pelinegra se quedó en estado de shock por algunos segundos, tratando de hacerse a la idea en su mente sobre lo que él acababa de hacer sin una advertencia.
Sus mejillas se calentaron por su cercanía, y el aroma a limpio y masculino inundó su nariz. Intentó con todas sus fuerzas no perder la compostura cuando él tomó su mano y comenzó a limpiar la herida con suave delicadeza. —No tienes por qué hacer esto. —dijo, su interior invadido por los nervios ante su toque.
—No es nada. —respondió él con simpleza. — Además, tú novio no parecía muy interesado en ayudarte. Estaba más empecinado a dejarme en claro que no me quiere cerca de ti.
Ella desvió su mirada. —Deberías escucharle. —murmuró secamente. Él detuvo su trabajo y la tomó del mentón para que la mirase a los ojos, de esa manera, le sería fácil asimilar si ella estaba sintiendo lo que acababa de decir. —¿Eso es lo que tú quieres? —cuestionó él. Rin lo miró con desafío. —¿Tú qué crees?
—¿Sabes qué en verdad creo yo? —comenzó a acariciar su mejilla con extrema ternura. Se daba cuenta muy fácil de sus verdaderos sentimientos hacia él y de la manera en que ella intentaba torpemente disimularlos o ignorarlos para parecer indiferente. —Que no eres muy buena mintiendo.
Rin lo miró muy seria, encogió sus hombros y apartó la mano de su mejilla. —Cree lo que tú quieras, Sesshomaru. —resopló. Él medio sonrió, lo que le pareció un gesto extraño a ella. De echo, la manera en la que se estaba comportando en sí, esa noche, era muy rara y sospechosa.
Sesshomaru no dijo nada más y continuó desinfectando su herida, luego cortó un pedazo de gasa y comenzó a vendarle la amo, tomándose su tiempo en la tarea, lo que empezó a poner incómoda a Rin, pues quería alejarse de su abrumadora presencia lo antes posible antes de perder la cordura y terminar haciendo algo de lo que obviamente se arepentiría al momento siguiente.
Cuando ya estuvo echo, observó con detenimiento su mano vendada dándose cuenta del increíble trabajo que había logrado él, lo que también le parecía extraño, pues jamás lo había visto hacerlo en el pasado. Suspiró satisfecha y levantó su vista hacia él, quedándose totalmente perpleja cuando Sesshomaru se pegó aún más a ella y colocó ambas manos a sus costados, acorralándola. Su semblante estaba muy relajado, como no lo había visto estar desde hace mucho. La observa detenidamente, como si intentase leer sus pensamientos y actuar acorde a ellos. De pronto el tiempo dejó de tener sentido y se dejó perder en sus ojos color miel, amando la calidez que sentía en su pecho al ser el único objetivo de ellos. Un montón de mariposas aleteaban fuertemente en su estómago y el calor que siempre aparecía cuando él se le acercaba, empezó a correr por todo su cuerpo.
Tragó saliva con dificultadad al volver a sentir lo de siempre bajo su enfoque.
—¿Mejor? —preguntó él después de un tiempo, refiriéndose al vendaje. Su grave voz la sacó de su transe de ensueño y echándole una ligera mirada a su mano, asintió desconcertada. Estaba demasiado confundida por su comportamiento ayer en el festival y esa misma noche. Ni siquiera sabía ya qué pensar. Tragó saliva inquieta, y él la tomó de la barbilla para que se volviera a enfocar en él. Su mirada la puso peor, dentro de sus ojos ahora podía captar deseo, promesas, y algo de afecto.
¿Qué le estaba sucediendo?
Sesshomaru comenzó a pasar su pulgar por su labio inferior, de manera muy distractora.—Estás hermosa esta noche, Rin —murmuró por lo bajo. Su aliento acariciaba su rostro de una forma sensual y decadente. — Eres muy hermosa. —ella lo observó sin saber qué responder. Sin perder el tiempo, Sesshomaru fue acercando su rostro hacia el de ella, dejando muy en claro sus intenciones. Rin se sentía anclada, no podía moverse ni siquiera respirar, él la besaría en un segundo y su cerebro le decía que debía empujarlo y salir de ahí enseguida, correr si era preciso.
Sin embargo, su traicionero cuerpo no la escuchaba, al contrario, a pesar de todo deseaba desesperadamente ese contacto. Él obviamente no se detuvo, miraba sus ojos y sus labios casi al mismo tiempo, con lentitud. Cuando al fin sus labios se encontraron, sus párpados se cerraron y ella no pudo más, se dejó llevar sin poder evitarlo. Su boca era cálida, su aliento embriagador, el pulgar en su mejilla acariciándola de manera delicada, absolutamente tierno como tanto había deseado que volviese a pasar.
Percibió como su otro brazo rodeaba su espalda baja con suavidad y la ecercaba hacia él, de manera que sus pechos estaban completamente pegados. De pronto las manos de ella comenzaron a cobrar vida y fueron a parar a su cuello, rodeándolo y enterrando los dedos de la mano no lástimada en su cabellera plateada. Sesshomaru al percatarse de su reacción positiva, sintió como su cuerpo despertaba, como su ser la deseaba, lo que lo llevó a intensificar el beso sin demora, los labios de ella se abrieron al mismo tiempo ansiosos y así descubrió complacido que ella también quería eso por lo que su lengua invadió esa exquisita y delicada boca, un segundo después la de ella salió a su encuentro.
Definitivamente no había estado muy bien preparado para lo que ese acercamiento provocaría nuevamente en él ni en su cuerpo, pero era muy evidente para ambos que aún se anhelaban con pasión y que se extrañaban demasiado. Se sentían al límite, enardecidos, enloquecidos. Estaban con un solo beso, tomándolo todo y dejándose llevar por el deseo y la nostalgia de haber estado tanto tiempo sin volver a sentir nada como eso que solo lograban conseguir con la cercanía del otro.
De repente, y gracias a que se estaban quedando sin aire por el arebatador beso, fue necesario poner algo de distancia, pues también si no se detenían, Sesshomaru sabía que terminaría haciendo algo que probablemente no le traería buenas consecuencias en su relación con ella más tarde, y la necesitaba calmada y dispuesta a escucharlo porque ambos tenían mucho de qué hablar esa noche.
Al salir de su cercanía, Rin sintió que volvía de un viaje al que nisiquiera había dado autorización de salir. Su respiración era corta e irregular, las palmas le sudaban, su ritmo cardíaco era desenfrenado y su boca se sentía dolorosamente fría sin la de él ahí. Lo miró a los ojos, confundida y asustada, y de golpe todos sus miedos regresaron arremetiendo sin piedad. Se separó de él negando una y otra vez, apartando las manos de él de su cuerpo. Sesshomaru no alcanzó a reaccionar hasta que sus manos se quedaron extrañadamente vacias gracias a eso.
—¿Rin? —susurró, aún desconcertado por lo que acababa de suceder.
—No... —el cambio tan abrupto por parte de ella lo confundió, aunque ya se lo esperaba. Era como si le hubiesen aventado un balde de agua fría. Intentó volver a tocarla, la necesitaba como nunca antes y no se había dado cuenta antes de lo mucho que la extrañaba hasta eso. Quería volver a sentir su perfecto cuerpo entre sus manos, necesitaba volver a besarla.
—No, Sesshomaru, no lo hagas. —interfirió ella, leyendo sus intenciones. Su voz estaba apagada y él pudo detectar con facilidad las lágrimas que amenazaban con escaparse de sus ojos. De pronto y sin más, lo empujó y se bajó del tocador dirigiéndose sin dudar hacia la puerta.
Sin embargo Sesshomaru fue más rápido y la alcanzó antes de que siquiera pudiera abrirla, la tomo del codo haciéndola girar para enfrentarlo, su mirada era de puro desprecio y tristeza. Ver esa angustia en sus ojos lo llenó de impotencia. —¿Qué sucedió? No me vas a decir que tú no lo querías.
Ella se zafó de su agarre bruscamente, su solo tacto la alteraba y no la dejaba pensar claramente. Había sabido desde un principio que todo eso sucedería si se llegaba a cruzar con él esa noche, y así fue, y las cosas fueron aún peor de lo que esperaba por darle vía libre para que se metiera con ella en ese pequeño baño fuera de la vista de todos. Una vez más no le había echo caso a su razón y dejó que él la tocara y la envolviera en su telaraña para terminar humillandose y demostrando cuánto aún lo amaba y lo necesitaba a pesar de que se comportaba como si lo detestaba y no pudiera nisiquiera verlo. Estúpida, estúpida, estúpida.
Sesshomaru aprovechó su momento de confusión para intentar agarrarla nuevamente, no obstante ella ya tuvo demasiado por esa noche y levantó su palma poniéndole un alto a todo. —Ya déjame en paz por favor. —pidió entre dientes. Parecía una súplica, un doloroso ruego. Eso lo desconcertó aún más, pero de todas formas necesitaba ponerse firme para que ella aceptara la seria petición que tenía en mente. —Rin, escucha. Necesitamos hablar de algo muy importante, quiero que... —ella tragó salvia y empezó a negar rotundamente sin seguir queriendo escucharlo, ya había tenido suficiente de él esa noche.
—No, no. Ya has echo suficiente, no quiero seguir viéndote y caer como idiota en tus sucios juegos que usas para humillarme y vengarte de mí ¿no crees que ya he tenido bastante? Estoy echa pedazos por dentro Sesshomaru, lo estoy desde esa horrible noche y he sufrido como no te imaginas desde entonces. Esto... lo que tú haces para lastimarme no es comparación con el dolor que causó en mí durante un tiempo tu indiferencia. —lo decía con tristeza, eso era evidente. — ¿Cuándo más quieres que sufra? ¿qué tan miserable tengo que ser para que seas feliz, para que estés satisfecho y dejes de torturarme? ¡solo ignorame por favor! Piensa lo que quieras de mí, cree lo que quieras creer, veme como la peor basura en este mundo ¡pero de lejos porque ya no soporto seguir con esto! —agachó su cabeza con angustia. — Incluso te lo estoy declarando ahora. —murmuró. — Estoy cansada, no sé qué hacer. Por favor, déjame en paz con mi miseria y solo sigue adelante sabiendo lo miserable que soy.
—Nada de eso. —masculló él, y no hizo caso a nada más que sus deseos e impulsos y la tomó de la cintura para acorralarla contra la puerta y besarla una vez más por esa noche. Podía sentir su resistencia, pero aún así no quería alejarse de ella. Se quedaron besando por unos buenos minutos, perdidos en el maravilloso momento, hasta que Sesshomaru se obligó con todas sus fuerzas a recordarse por qué necesitaba controlarse y poner distancia entre los dos aunque no quisiese. Tenía que hablar con ella, decirle que ya estaba al tanto de todo, que ya sabía que ella no lo había engañado jamás. Empezaría por ahí, luego ya vería qué sucedía entre ellos.
—Rin. —dijo entre sus labios, una vez que se separaron en busca de aire. —Tenemos que hablar, déjame decirte lo que descubrí... —pero ella ya estaba negado con la cabeza e intentando apartar sus manos de su cuerpo. No obstante, Sesshomaru era bastante terco y tuvo que usar un poco de su detestable temperamento para tener su atención. La tomó de la barbilla y la obligó a que lo mirase a la cara, regresando a su típico semblante frío. —Tenemos que hablar, Rin, o al menos yo. No podemos seguir... —pero no pudo continuar al ser interrumpido por fuertes golpes a la puerta detrás de ella.
—¡¿Rin!? —se oyó la voz de Kohaku del otro lado. —¡Ábreme la puerta, por favor, sé que estás allí!
—Maldición. —susurró con disgusto Sesshomaru. — Ese imbécil si que sabe cómo ser inoportuno.
Rin lo fulminó con la mirada y le hizo señas para que se callase, de lo contrario Kohaku podría oírlo y las cosas se pondría horribles si eso llegara a seceder. Se acomodó la ropa y el cabello, intentando mantener la compostura, mientras los golpes en la puerta seguían y el muchacho continuaba llamándola insistentemente.
—¡Kohaku, espera, ya salgo! —contestó ella segundos después. Miró hacia el peliplata, odiandose de repente al recordar cómo se había dejado besar y tocar por él una vez más. — Ni se te ocurra salir detrás de mí. —advirtió muy seriamente. — No quiero más problemas en mí vida, ya tengo bastantes.
Él alcanzó su mano y pasó el pulgar suavemente por su palma.—Ambos sabemos que si quisiera que ese idiota nos viera juntos, no habría nada que me detendría de hacerlo. Yo no le tengo miedo, ni un poco, y tú no deberías de preocuparte, puedo manejarlo por ti ¿quieres que me deshaga de él?
Rin se liberó de su agarre, mirándolo con obvio rencor. —No. —respondió muy convencida. — Quiero que me dejes en paz.
Sin decir más, corrió el cerrojo que aseguraba a la puerta, pero antes de poner su mano en la perilla para abrir la puerta, él la tomó de la mano una vez más antes de tener la última palabra entre ellos. —Hablaremos, Rin. —aseguró en tono firme. — Tal vez ya no aquí, pero sí esta noche.
Rin lo miró como si el se hubiese vuelto loco, lo que probablemente haya pasado ya que la manera en que se estaba comportando con ella era muy descabellada y extraña, y también era de sospechar. No entendía nada de a qué se refería él con hablar ¿de qué? Ellos ya no tenían nada de qué hablar. Pero ya no le dio importancia a eso, y para guardar las apariencias antes de salir de la habitación apagó la luz, dejándolo en la oscuridad. Salió al pasillo, cerrando la puerta tras de sí.
Kohaku no perdió el tiempo y se lanzó hacia su mano herida levantandola hacia la altura de su rostro para observar con más detenimiento. Lanzó un suspiro segundos después y la abrazo, viéndose muy preocupado.
—Lo siento. —murmuró arrepentido. — No me di cuenta de cuán grave era, solo estaba perdido en mi furia por verte con él. Perdóname. —Rin dejó escapar un suspiro de cansancio y solo asintió. — No es nada, no te preocupes, ya estoy bien. Solo fue un simple corte. Ya me curé y sanará pronto. —le sonrió despreocupada cuando él se alejó para acariciarle el rostro, justo lo que Sesshomaru había echo minutos atrás. Ese pensamiento la incomodó y apartó la mano de él bruscamente, haciendo que la mirase incrédulo por esa extraña acción.
Rin aclaró su garganta. —Humm... mejor vámonos ¿sí? —sugirió. — Estoy algo cansada y ya quiero regresar a mi casa.
Kohaku sólo asintió y la tomo de la cintura para guiarla por el largo pasillo. Salieron al patio trasero y luego de despedirse de todos sus amigos por fin salieron de la abrumadora mansión en dirección hacia su casa. Luego de entrar en el silencioso ambiente, subieron hasta la habitación de ella y una vez allí Rin se tiró de espalda sobre su cama, dejando escapar un largo suspiro. Sus pensamientos eran un torbellino confuso esa noche, al igual que sus sentimientos.
Sintió como se hundía el colchón a su lado, y giró su cabeza para mirar a Kohaku, él le sonrió de manera tranquilizadora, despejando su mente de esos tormentosos pensamientos. —Lo hicimos bien ¿verdad? —comentó al azar, a lo que ella lo miró confusa no sabiendo de qué estaba hablando. Kohaku notó eso y se apresuró a explicar. — Al enfrentar a Sesshomaru, me refiero. Ambos sabíamos que era inevitable cruzarnos con él esta noche, pero hicimos un buen trabajo al evadirlo y no dejarnos caer en su juego.
Rin desvió su mirada fugazmente. Si él supiera...
—Mmm... sí. —respondió dudosa. — Igual ya no quiero hablar de él. No debemos preocuparnos por eso. —Kohaku barrió su cuerpo tendido con una intensa mirada y sonrió hacia ella. — Tienes razón. —murmuró, inclinándose sobre ella para comenzar a besarla en la mandíbula y mejilla. — Creo que tenemos mejores cosas que hacer que hablar de ese idiota.
Comenzó a besarla sin reservas, acariciando el costado de su cuerpo durante el acto, donde los bordes de su abrigo se habían subido dejando apuesta la piel de su cintura y estómago
Rin correspondió el beso, aunque un tanto dudosa e incómoda, pues no podía quitar de su cabeza la imagen de Sesshomaru mientras lo besaba a él, y eso era un total y completo error. Pasó sus manos por detrás de su cabeza, si intensificaba el beso seguro que él desaparecería de su mente y podría disfrutar mejor de la cercanía de su novio.
Pero ni siquiera las manos de Kohaku recorriendo su cuerpo lo podían lograr. Él se separó un poco de ella con la respiración entrecortada y le quitó el pañuelo de su cuello, acto seguido comenzó a depositar fugaces besos allí, pero más que gustarle aquel gesto, solo consiguió incomodarla. De echo, nada de lo que él estaba haciendo lograba despertar ni un ápice de fuego en su interior como lograba hacerlo Sesshomaru. Con una sola mirada del peliplata bastaba para debilitar sus sentidos.
Así que cuando Kohaku intento levantar un poco más su abrigo, Rin actuó de manera rápida y apartó sus manos y su cuerpo de encima de ella para poder sentarse. Él la miró confuso, arqueando sus cejas. —¿Cuál es el problema? —preguntó, pasándose las manos por la cabeza para acomodarse el cabello. — Lo siento si te incómodé, solo me estaba dejando llevar. No te preocupes, no estaba intentando conseguir nada, es que te ves tan hermosa que no pude resistirme.
Tan hermosa. Lo mismo le había dicho Sesshomaru, pensó.
Apartó eso de su cabeza rápidamente, y con un ligero carraspeo, se acomodó su ropa y cabello. —Solo... no es nada, yo... creo que tengo sueño. Digo, tengo mucho sueño, estoy cansada. Debería ir a dormir. —se obligó a corregir cuando él frunció el ceño ante su vaga respuesta. —¿Nos vemos mañana?
Kohaku resopló, no gustandole la idea de alejarse ya de Rin, con lo interesante que se puso la noche al estar ellos dos solos en la habitación. Había estado ansioso por ver hasta dónde ella estaba dispusta a llegar con él, y todo terminó tan pronto como empezó. No que eso le molestase, segurísimo que Rin no se hubiera entregado a él tan pronto y estaba más que feliz de que no había sido así pues le demostraba lo aún más valiosa que era, ella no era cualquier chica de por ahí. Y eso la hacia desearla aún más, ver cuánto tiempo le llevaría estar tras ella hasta que se entregara a él, sería una interesante y placentera aventura.
Se puso en pie, acomodándose la ropa y sonriendole de manera tranquilizadora para demostrarle que no estaba para nada enojado con su decisión, sino más bien, todo lo contrario. —Bien, entonces, nos vemos mañana. Podemos hacer algo ya que no tendremos que ir al colegio.
—Tienes razón, había olvidado que estamos suspendidos durante una semana. Será un infierno ponernos al día con los apuntes después.
—¿Lo ves? —comentó él, tomando su mano sana para levantarla de la cama y acercarla a él en un abrazo. — Tendremos mucho que hacer después y no tendremos tiempo para vernos, así que mejor aprovechemos estos días libres que tenemos y divertamonos.
Ella sonrió contenta con la idea. —Bien. Entonces vayamos al cine mañana, pasarán películas de los cincuenta. Sabes que me gustan esas temáticas.
Kohaku asintió encantado. —Perfecto ¿es una cita entonces? —Rin dejó escapar una suave risa. — Creo que ya es un poco tarde para tener citas y cortejarme, pues ya tienes a la dama ¿no? Pero si insistes, pues que sea una cita.
—Así será. —aseguró él. Estaba a punto de darle un beso de despedida, pero a último minuto el tono de un celular invadió la habitación, interrumpiendolos.
Rin resopló y miró hacia su cama donde la pantalla de celular estaba brillando con una llamada entrante. Se acercó a su cama y el corazón casi se le salió del pecho al ver el nombre de Sesshomaru en la pantalla. Rápidamente tomó el objeto y rechazó la llamada, enviándolo al buzón de voz.
¿Qué demonios quería? ¿hasta qué punto estaba dispuesto a llevar sus juegos?
—¿Quién es? —preguntó Kohaku sobre su hombro, provocando un ligero respingo a su cuerpo. Se giró hacia él, tratando de lucir despreocupada. —Mmm... nadie que yo conozca. Probablemente número equivocado.
Vio que él tenía intenciones de replicar sobre el tema, entonces se apresuró a besarlo como despedida y a acompañarlo hacia la puerta de la habitación. No se sentía con ganas de una discusión o algo, ya tuvo suficiente por esa noche. —Entonces, que pases buena noche. —lo despidió en su puerta. Kohaku miró una vez más hacia el celular de ella en su mano, luego levantó su vista hacia ella y se obligó a sonreir. —Sí, tú también. —besó su mejilla por última vez. — Nos vemos mañana.
Rin asintió y cerró la puerta de su habitación cuando escuchó dar un golpe a la de la entrada, luego oyó a lo lejos el sonido del motor del auto de Kohaku siendo encendido. Dejó escapar un largo suspiro y se recostó sobre la madera, le había dicho a Kohaku que tenía sueño, pero dudaba de que llegase a conseguir pegar un ojo en toda la noche. Demaciado en qué pensar, demaciado por asimilar, demaciadas emociones que se negaba a sentir, pero que de igual modo estaban recorriendo su cuerpo a flor de piel.
¿Es que acaso nunca aprendería? ¿cómo es que se había dejado enredar por Sesshomaru una vez más? Se había prometido jamás volver a hacerlo, pero bastaba una mirada, un ligero toque, una palabra y ya caía redondita a sus pies. Él seguro estaba regodeándose como nada en su habitación a costillas de su sufrimiento. Y al parecer no había tenido suficiente aún, pues ahora se había atrevido a llamarla ¿qué más esperaba conseguir?
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el timbre de su celular sonando nuevamente, levantó el aparato y ahí estaba su nombre otra vez, invadiendo su pantalla. Se dirigió hacia su cama para quitarse sus zapatos, ignorando la llamada una vez más. Pero no obstante, volvió a sonar minutos después. Rin bufó con desagrado y decidió que sería mejor atender para averiguar qué demonios quería él, no descartó la idea de que si insistía tanto querer hablar con ella, sería capaz de aparece en su casa y tirar la puerta abajo ya que no le contestaba sus llamadas.
—¿Qué quieres? —preguntó con fastidio, mientras se dirigía hacia su armario para ponerse su pijama.
—Buenas noches para ti también. —¿bromeó él?
—Por favor, déjame jodidamente en paz. —ordenó.
—Eso no será posible, te dije que tú y yo hablaríamos sobre algo esta noche.
—¿Y quién te crees tú para darme órdenes? No te debo nada. De echo, nisiquiera sé por qué te he respondido la llamada, es tarde, mi novio y yo ya estábamos por acostarnos a dormir. Déjanos en paz.
—Hmp ¿quieres hacerme creer que ese mamarracho que tienes como novio está por dormir en tu habitación esta noche?
—¿Cuál es tu maldito problema con él? Y sí, está esperándome en mi habitación, aunque eso no sea de tu maldita incumbencia.
—Entonces solo estaba alucinando cuando lo vi meterse en su auto e irse hace unos minutos.
¿Era burla lo que detectó en su voz?
Él corazón de Rin dio una ligera sacudida, y sus mejillas se encendieron al ser descubierta, como si él se encontrase frente a ella. De todos modos, no se iba a dejar intimidar por él. —¿Alguien te dijo alguna vez que hablas demasiado?
—Tendrías que haber sido solo tú, no interactuo con nadie más de la manera en que lo hago contigo.
Bueno, alguien podía darle una bofetada por lo estúpida que estaba siendo al sentir maripositas en su estómago tras escuchar eso.
No tenía que perder la compostura.
—Me siento muy halagada, gracias. —se aseguró de sonar lo más falsamente posible. — ¿No tienes otra cosa que hacer más que espiarnos a mí y a Kohaku? Buscarte una novia, por ejemplo. Si mal no recuerdo dijiste que lo ibas a hacer.
Salió de su habitación y caminó por el largo pasillo hasta llegar a los barandales de la escalera, las rodeó y fue a parar al balcón del frente de de su casa, de pronto necesitaba un poco de aire.
—Ya tengo una. —oyó que él respondía.
Sintió un ligero malestar en su pecho, pero se negó a confesar mentalmente a qué se debía. —Bueno, pues entonces ve a entretenerla y déjame seguir con mi vida.
—¿Quieres que vaya entonces? —sugirió él.
Rin se mordió el labio inferior, de repente lo odiaba con toda su alma por jugar con sus sentimientos. Salió a la terraza, al fresco de la noche, recostándose en las barandas de cemento. —¿Para esto me has llamado? ¿No has tenido suficiente al tratarme como si fuera de tu propiedad?
—Oh, Rin, pero si tú eres de mi propiedad.
Ella agachó su mirada, sintiendo que en cualquier momento rompería a llorar ¿por qué era tan despiadado y cruel? Sabía muy bien por donde atacar para hacerle daño, y no perdía el tiempo. Era un monstruo.
—Mirame. —dijo él.
Ella frunció el ceño. —¿De qué estás hablando? ¿a qué te refieres con...? —pero no continuó con su pregunta al levantar su mirada y verlo al otro lado de la calle en la terraza delantera de su casa. Así que desde allí había visto irse a Kohaku.
—Te odio. —objetó, sin saber qué más decir.
—Tenemos que hablar, Rin. —dijo, mirándola desde donde se encontraba. —Así que te sugiero que vengas aquí, tendremos más privacidad ya que dices que tu novio se encuentra allí.
—¿Sobre qué? —preguntó, evadiendo su burla. — No estamos en condiciones de darnos órdenes.
—Si quieres saberlo, entonces ven. lo haremos en mi habitación... hablar, me refiero. —y sin decir más, cortó la llamada y dándole una última larga mirada, se dio la vuelta y se metió dentro de la mansión.
—Maldito arrogante. —susurró para sí misma.
No tenía la menor idea sobre qué quería él hablar con ella. Había sonado muy serio e insistente las veces que se lo dijo, pero también podría ser una trampa para seguir fastidiandole la vida. Aunque tenía que admitir que sentía mucha curiosidad por saber de qué trataba todo aquello. Aún no estaba muy segura si había tomado una buena decisión cuando se encontró frente a la puerta de la mansión Taisho media hora después, se había estado replanteando sobre ir o no ir, hasta que al final su tonta curiosidad pudo más, y ahora estaba allí, esperando a que le abriesen la puerta.
Se juró así misma con todo su corazón que si se trataba de otra jugarreta por parte de él, no volvería jamás por el resto de su vida a dirigirle siquiera la mirada, aunque eso le doliese en el alma y la destrozaria más de lo que ya estaba. Pero terminó con él, terminó con ser su juguete otra oportunidad más. Él insistió que deberían hablar, pues bien, ahí estaba ella para hacerlo, pero no aguantaría otra fechoría.
La puerta se abrió de golpe y Sesshomaru la evaluó en su pijama de pies a cabeza, luego le hizo señas para que lo siguiera hasta la habitación de él. Una vez dentro, le echó el seguro para no ser interrumpidos de sorpresa.
Siempre tan precavido.
—Te advierto que si intentas algo... —Siéntate, Rin. —interrumpió, señalando al sillón blanco en una esquina de la habitación.
Ella lo fulminó con la mirada, pero hizo lo que le dijo y fue a tomar asiento, él no perdió el tiempo y la siguió, invadiendo su espacio al acomodarse muy cerca de ella.
Se quedaron en silencio por unos cuantos minutos, la tentación siendo muy evidente entre ellos al estar a solas nuevamente en una habitación. Rin evitaba mirarlo, sabía que sería peligroso para ella hacerlo, pues para Sesshomaru era un libro abierto y podría leer con facilidad lo desesperada que estaba gracias a su cercanía. Podía sentir su mirada puesta sobre ella y con cada segundo que pasaba y él no decía nada, sus nervios iban en aumento.
—Has dicho que teníamos que hablar. —le recordó ella, luego de ya no soportar el silencio. Cruzó sus brazos sobre su pecho y esperó a que él le dijiera la razón por la cual se encontraba allí siendo ya medianoche.
Sesshomaru se quedó evaluando su expresión unos segundos más, un nudo molesto se sintió en el centro de su estómago. No sabía cómo reaccionaría ella cuando le dijese que ya estaba al tanto de todo y tampoco tenía un pronóstico de cómo irían las cosas entre ellos desde allí, no había tenido tiempo para pensar ese tipo de cosas, tampoco es que pudiese hacerlo de todos modos, su cabeza era un lío desde que descubrió aquella verdad. Además, se contentaba con la idea de que si todo salía bien ella volvería a ser la de antes... o eso esperaba.
—Rin... —empezó. — Lo sé todo.
Ella elevó lentamente sus ojos hacia él, parecía confundida con escuchar esas simples palabras, no entendiendo a qué refería. —¿Qué quieres decir? —murmuró intrigada. Él no sabía cómo expresarle la verdad que había descubierto, había estado intentando pensar cómo decírselo desde que lo descubrió, pero ni un escenario le venía a la mente que fuera simple, todos los hacían verse como un idiota. Sabía que eso le sucedería, así que metió las manos en su bolsillo y sacó el papel que había sido la brecha principal de la verdad. Lo desdobló y se lo entregó sin más preámbulo.
Rin miró incrédula hacia la hoja, sin saber de qué iba todo aquello. Lo tomó de las manos de él y cuando comenzó a inspeccionarlo y reconoció de qué se trataba, su rostro palideció al instante. Sintió que el aire abandonaba sus pulmones y se quedó ahí anclada, sin poder reaccionar con la respiración contenida y los ojos abiertos de par en par.
Él tenía su informe médico ¡había leído su informe médico! ¿de donde rayos lo había sacado?
—¿De dónde sacaste esto? —apenas y le salió la voz. No caía que eso estuviese sucediendo ¿en verdad había descubierto la verdad a través de eso?
—Lo tomé de tu diario. —optó por decirle la verdad. — Me metí a tu cabaña en la granja, encontré tu diario y cuando lo abrí eso estaba dentro.
Bueno, tampoco fue tan así de improviso como sonaba ¿pero qué más daba? La verdad ya había sido revelada entre ellos.
Ella agitó la cabeza negativamente, mirando aún boquiabierta hacia el papel. Un par de lágrimas se derramaron de sus ojos inconscientemente, pero no le prestó atención y tampoco le importaba ya, que él la estuviese viendo así. —No tenías derecho a hurgar en mis cosas. —acusó con un hilo de voz, sin saber qué más decir debido al desconcierto.
—¿Eso es todo lo que vas a decir? —inquirió él, sintiéndose ansioso de repente. Rin por fin levantó su mirada hacia él, sus ojos brillaban con algo que no había esperado ver en ella luego de eso... enojo, desprecio. —¿Qué quieres que te diga, Sesshomaru? —objetó secamente. — Ahora sabes que jamás mentí, que jamás te engañé, que todo fue una asquerosa trampa. Descubriste la verdad, tanto que te negabas y no querías creer a nadie, ni siquiera a mí. ¿Y? ¿qué esperas ahora? ¿que te perdone? —soltó todo con amargura y rencor que supo que no se avecinaba nada bueno para ellos dos, pero de todas formas rogó en su interior que así fuera, aunque sabía que se llevaría una mala sorpresa.
Tomó una fuerte bocanada de aire, no sabiendo qué decir para convencerla de lo arrepentido que estaba por no haber confiado en ella desde un principio. —Rin, escucha... —¿Cómo tú me escuchaste a mí aquella noche? —su voz, al igual que su mirada, estaban cargadas de impotencia. — ¿Tal cómo escuchaste a todos los que estaban tratando de abrirte los ojos y decirte que yo jamás fui y jamás seré ese tipo de persona por la que tú me tomaste esa noche?
—Reconozco que fui un imbécil y que me equivoqué. No debí pensar eso de ti.
—¡Oh, pero lo hiciste! —de inmediato su cuerpo se despertó, los latidos de su corazón aumentaron alarmantemente y le costaba trabajo respirar. — ¡Pensaste lo peor de mí sin más ni más siendo que en ni un momento de nuestra relación yo te he dado razones para dudar o sospechar algo como eso! No me diste chance para intentar explicarte que lo que habías visto no sucedió con mi voluntad y tampoco lo has querido creer durante todo este tiempo ¡me terminaste sin dudar! Fuiste un total y completo idiota conmigo también después de eso, humillandome, jugando con mis sentimientos ¡te estabas burlando de lo que yo siento por ti! —lágrimas de odio corrían por sus mejillas. — No tienes idea de cuántas veces me he quedado dormida luego de llorar por horas y horas preguntándome por qué tú, que supuestamente me amabas, me tenías en un estima tan bajo y pensabas que yo podría llegar a ser una arrastrada cualquiera que me metería con el que sea ¡y en tu propia casa! No tienes idea cuán profundo has llegado a lastimarme con tu desconfianza, es una enorme herida que no creo que algún día llegue a sanar. Jamás llegarás a saber el infierno que se ha vuelto mi vida desde eso, y todo porque a la hora de demostrar tu confianza hacia mí y creer en lo que yo te decía, me has dado vuelta la cara y preferiste creer sobre tu odio a una asquerosa mentira.
Estaba furiosa y lo entendía, él mismo lo estaba consigo, y recordar todo lo que la hizo pasar y las cosas horribles que dijo y pensaba sobre ella sólo lo empeoraba todo. Sentía un pesado malestar sobre su pecho y la miraba con arrepentimiento, de pronto levantó su mano hacia ella con intención de consolarla y así intentar aliviar las cosas entre ellos, pero Rin negó y se apartó de él poniéndose en pie y sin poder evitarlo sintió que la razón la abandonaba y cómo la frustración, el dolor, la impotencia, el rencor, el odio y la desesperanza se apoderaban de su ser llenándola por completo. Sostuvo la hoja por el medio con ambas manos y la rompió a la mitad hasta dejarla en pedacitos que después fueron a parar al rostro de él cuando ella se los aventó. Sesshomaru sólo la miró desconcertado, dejándola desquitarse a su manera.
—Ya estoy harta de este asunto. —confesó ella con voz ahogada. — Tú ya sabes la verdad, los demás siempre lo creyeron... ya podemos seguir adelante sin rencores. —limpió sus mejillas con su palma. — Yo te perdono, Sesshomaru, si eso es lo que esperabas escuchar después de esto... pero ya nada volverá a ser cómo era antes entre nosotros. Todo esto que hemos pasado... lo que está sucediendo en este momento es obra tuya, estamos así por tus decisiones. Tú buscarte esto desde un principio y lo fuiste empeorando después.
Sesshomaru sintió como el dolor le atenazaba y perforaba el alma. Ella tenía razón, el único responsable de todo aquello, era él, por supuesto que merecía sus palabras, y mucho más su odio e indiferencia.
Vio que ella dejaba algo sobre donde había estado sentada hace unos minutos: una pulsera con dige de medialuna, la que ella le había regalado cuando comenzaron a salir. —Terminamos desde aquí. —dijo. — Tú puedes estar en paz sabiendo que nadie se ha atrevido a engañarte jamás y yo puedo descansar y recordarme que ya no me merezco tus malos tratos desde ahora, si los soportaba era solo porque creía que te daría algo de alivio desquitarte con la persona que pensabas te había traicionado, pero ya no más. Hemos aclarado las cosas y ya no deseo que te me acerques, ahora estoy con Kohaku y soy feliz con él, espero que eso sea tu tortura desde ahora en adelante; verme feliz con la persona que más detestas en este mundo.
La escuchó dar un portazo a través de su ira cuando dejó su habitación luego de soltar con veneno esas palabras ¿verla siendo feliz con esa basura de novio? El infierno se iba a congelar primero antes de que él permitiese que eso sucediera. Rin no tenía idea hasta donde estaba dispuesto a llegar él para recuperarla ¿pensaba que la iba a dejar tranquila ahora que la verdad había sido descubierta? ¿que ya nada iba a suceder entre los dos? ¡que enorme decepción iba a llevarse! Ella no tenía la más mínima idea de lo ingenua que podría llegar hacer. No la iba a dejar tranquila, jugaría sucio, haría lo que huciese falta para tenerla de vuelta con él no importa los obstáculos que se le metieran en el camino.
Alcanzó la pulsera y pasó su pulgar de ida y vuelta sobre la medialuna mientras se perdía en sus pensamientos.
Rin iba a volver a ser suya a cómo diera lugar...
