—Mianhae: lo siento.
~~A~~
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Nombre del paciente: Magatsuhi Kusao.
Edad: 13 años.
Sexo: Masculino.
Tipo de Sangre: A+
Tiempo ingresado: 1 Año.
Razón de Ingreso: Conducta altamente agresiva
—
Magatsuhi Es un niño agresivo, mordía y pegaba a sus compañeros de instituto y a su hermanita cuando se enfada. No tiene amigos y pasa la mayor parte del tiempo nadando. Según el reporte, ha tenido una infancia llena de acontecimientos violentos y dramáticos. Esto se debe a que su padre, alcohólico, también golpeaba a su madre y ella siempre se humillaba con tal de que él no se fuese de la casa.
Magatsuhi sólo se lleva bien con Hakudoshi, el paciente de Luna que viene de vez en cuando para sus citas rutinarias. Luna fue dada de baja junto a los otros doctores hace casi dos meses atrás. Esto no es siempre, varias veces le ha pegado al niño extranjero y este otro se ha inmutado, siempre hay alguien que termina herido.
En estos momentos está a mi lado, en una de las bancas del jardín del hospital, moviendo sus piernitas mientras admira como una va hacia adelante mientras la otra va hacia atrás.
—¿Dónde está Luna? —preguntó por su doctora, sin interés alguno y voz tosca. Nos miramos por unos momentos y él continuó—: ¿Acaso ella me odia también?
—¿A qué te refieres? —pregunté sin entender su última pregunta.
Él parece dudar lo que dirá, sus regordetas piernitas ahora están estáticas y su mirada concentrada en la nada. Luna, su doctora, estuvo en reposo luego de un ataque descontrolado por parte de Magatsuhi, quien le golpeó varias veces hasta dejarla inconsciente.
—Papá le pega a Mamá porque la quiere... —dijo con suma inocencia—... Yo sé que Luna quiere lo mejor para mí, por eso le demuestro que la quiero, así como papá lo hace con mamá.
Quedé atónito. Es increíble como la conducta de los padres logra influir a tal grado en sus hijos que les hace pensar que ESE es el comportamiento adecuado, además de que el mensaje tras esos actos también es erróneo. Este niño ha sido abandonado a la suerte con su madre luego de que su padre, borracho, se fuera a 'pescar' en medio de una tormenta y no regresara.
—Golpear no es una forma de demostrar afecto, Magatsuhi —le comenté mientras veía las flores mover por la brisa frente a nosotros.
—Lo sé... —unas lágrimas descendieron y él trató de eliminarlas con su ante brazo—... por eso odio a mi padre, él me enseñó que él amor es de esta forma. Pero no quiero seguir sintiendo odio, enojo, ira, nada de esto.
Unos momentos de silencio reinaron y volví a hablar—: ¿Sabes cuándo estás en tu límite? —pregunté con cuidado, él asintió— ¿Cómo?
—Mi cabeza duele, mucho, como si la estuvieran sacudiendo desde adentro —Magatsuhi llevó ambas manos hasta su cabeza y la presionó con algo de fuerza mientras su cara se encogía, cerrando los ojos a su paso—. Mi cuerpo empieza a sentirse caliente, por todos lados —ahora sus manos acarician sus brazos sobre la tela de su suéter, deteniéndose en los bíceps y apretando allí también —, a veces quema.
Me incliné un poco hacia él, ladeando un poco la cabeza, prestándole más atención a sus gestos que a sus palabras.
—¿Qué sucede luego?
Sus húmedos ojos se fijaron en mí y apretó los labios tratando de reprimir las futuras lágrimas.
—Todo se vuelve confuso, como si no hubiese otra mejor solución; trató de aliviar ese fuego y tratar ese dolor a través de los golpes o rompiendo cosas.
Yo lo mostré una sonrisa y lo acerqué a mí en un abrazo, él correspondió y yo le acaricié la coronilla con cuidado.
—Te ayudaremos —le susurré.
Él se apretó más contra mi pecho y se desahogó de todo aquella rabia a través de múltiples lágrimas. Sólo espero que este nuevo ideal se mantenga tan firme como él.
Su madre, no muy lejos de nosotros, observaba la escena y también lloraba. La pobre mujer debió pasar un infierno tratando, quizás, de confortarse a sí misma bajo la excusa de que su hijo necesita a su padre, no podía quedarse sola o quién sabe. ¿Quién sabe cuántas veces él le prometió cambiar? Y quizás lo único que cambió fue la manera en que le golpeaba, tal vez con objetos, talves con mayor fuerza.
Y es que los actos de los padres dejan huellas en los hijos.
«Pensé en mamá, el cuarto era blanco. Había una gran ventana frente a ella.» De la nada recordé que Rin susurró eso, luego de consolarla, ayer. «Ella lloraba, mucho. Sus lágrimas caían sobre su vestido gris y su cabello estaba alborotado, lucía preocupada y repetía una y otra vez que lo sentía».
Magatsuhi se levantó y se dirigió hasta su madre, ambos se abrazaron. Me dirigí hasta ellos y empecé a hablar:
—Tienen mucho de qué hablar. —La señora sonrió un poco mientras asentía y apegaba el cuerpo de su hijo contra el suyo en un reconfortante abrazo—. Un gran paso es reconocer las causas del error, lo que sigue es tratar de evitar cometerlos. Es un niño muy inteligente, con un poco más de ayuda profesional estará como nuevo, por supuesto, en el hogar necesita en quien apoyarse y que le guíen.
—Gracias por todo —susurró con voz suave—, incluso cuando mi hijo no es su paciente.
—No hay de qué, señora Kusao —comenté mirándolos—. Cuando la vocación es mayor que la profesión, cualquier acto te llena de satisfacción.
La señora sonrió y ambos sonrieron en forma de despedida, se fueron a casa tomados de la mano mientras hablaban de tomas que no me conciernen.
Apenas son las diez de la mañana y mi día sigue avanzando con la pierna izquierda, no me da tregua y da varios saltos. Saltos dolorosos.
—¡Bu! —Alguien me tomó desprevenido y sólo pude reaccionar con un grito acompañado de golpes ciegos a la persona a mis espaldas— ¡Auch, eso duele! —Era una botarga de Korilakkuma de muy mal gusto— ¡Para ya, Sesshomaru!
Me detuve al escuchar mi nombre entre sus quejidos, fruncí el ceño y miré extrañado a la enorme osa amarilla frente a mí.
—¿Quién eres? —dije extrañado, que yo sepa no es el cumpleaños de alguien aquí.
La botarga se colocó las manos en la cadera con bastante rapidez, denotando enojo. Luego, con unos pequeños y coquetos ladeo de cabeza, la osa se puso una mano en la nuca y la otra seguía sobre su cadera. Se contoneó de lado a lado tras haber cruzado las piernas.
—¿Jaken? —murmuré algo confundido.
La osa empezó a aplaudir con alegría mientras daba unos brinquitos. Sentí mi rostro contraerse y mi boca tornarse de forma cuadrada, ¿qué demonios?
—Además de feo, tonto —mofó mientras se quitaba la cabeza con algo de dificultad—, ¿cómo sobrevives al cruel mundo?
—Así cómo tú lo haces —murmuré, acercándome para ayudarle—, ¿podrías calmarte? No eres de mucha ayuda.
—¡Hace calor! —Se quejó— ¡Ayúdame y cállate!
Aproveché la situación para maltratar un poco a Jaken por todas las que me ha hecho. Tras mucho batallar, yo por no reírme y él para no matarme, el cabello de Jaken hizo aparición. Me pegó un par de veces, pero la textura de la cabeza es totalmente acolchada, por lo que apenas lo sentí.
—Eres un mal- —lo callé con un empujón, pero luego me separé con una muesca de asco.
—No termines la palabra mal compuesta, Jaken —le recordé que estábamos en un lugar donde cualquiera puede escucharnos—. Deberías bañarte, apestas un montón.
Más que apestar, hedía a demonios. El sudor se desliza por su cuello y sus cabellos están totalmente aplacados; Jaken se olfatea y hace una cara de desagrado, es probable que con la cabeza puesta no pudiera olerse a sí mismo.
—¡Los odio a todos, maldita sea! —volví a golpearlo y él se quejó.
—¿Por qué llevas botarga? —pregunté; mientras caminábamos hacia la cafetería que está a unas cuadras, la misma a donde había llevado a Rin.
—Un paciente...—suspiró con bastante fuerza—... un paciente se niega a que le hagan consulta a menos de que seas Korilakkuma —alzó los hombros con despreocupación.
Sin darnos cuenta, llegamos al establecimiento y pedimos unas cervezas. Pobres niños que ven a su querida y adorable osa tomando cerveza como un camionero, diciendo todo lo que le cruzaba por la mente; en general se quejaba de la vida. De un momento a otro soltó su bebida y apoyó los codos sobre la mesa, colocando su rostro entre sus manos.
—¿Sucede algo? —pregunté curioso con su recién cambio de actitud.
Me miraba con descaro, como si quisiera saberlo todo de mí, no creo que haya dejado pasar algún detalle por alto; fruncía el cejo, gruñía por lo bajo y sus labios se arrugaban. Soltó un suspiro y volvió a su bebida.
—Debes tener cuidado con Hakudoshi —murmuró—, es un niño muy inteligente y observador.
—¿Quieres llegar a algo? —sentí que seguía queriendo leer entre líneas mis actos o palabras, hizo un chasquido con la lengua y luego eructó.
—Si ocultas algo, él lo sabrá —imité su chasquido, sólo que el mío fue a causa del fastidio que me estaban creando sus palabras camufladas—. Yo noté que... —se acercó un poco y sonrió— ¡estás falto de una buena y extenuante sesión de sexo salvaje!
Aquello último le había salido al natural, al tono en que todos en la cafetería se voltearon a vernos y él se divertía de lo lindo.
—Pero qué dem- —traté de hablar, mas mi lengua se enredaba sola y Jaken enserió.
—Ni siquiera tratas de negarlo —murmuró—, ¿hace cuanto no te das un revolcón que te deje sin pensar en ella por dos días mínimo?
—Nunca a ese nivel, no soy... tan faltoso* —susurré—, ninguno de los dos, en realidad.
Jaken alzó una ceja y luego le expliqué que al momento de tener intimidad, dejábamos muchas cosas claras, a pesar de estar en algunas ocasiones separados por largas semanas.
—Dejando a un lado esa mierda de terminologías... —dijo, esta vez mirando la pantalla de su celular como si esperase alguna notificación urgente—, en serio, ¿cuándo fue la última vez que tuviste sexo?
Alcé los hombros con sinceridad, no recuerdo la última vez que Kagura y yo lo hicimos.
—Creo que pasé a tener un amor de compañía hace un tiempo.
—¿Pasé? —Bufó— ¿o sea que ella no?
—¿A qué te refieres? —comenté extrañado, ¿de qué habla este? Su teléfono sonó y una sonrisa se expandió por su rostro.
Jaken tomó la cabeza de la botarga y dejó su parte de la cuenta sobre la mesa. Yo le imité y le seguí. Con sus tambaleantes pasos no iba muy lejos que dígamos.
—¿Qué te sucede? —vociferó enojado cuando le tomé del brazo con brusquedad.
—¡Es lo que te pregunto!
—Mira... —su indiferencia se palpaba a distancia, mas una sonrisa socarrona apareció y creo que ese fue el indicio de que algo yo estaba pasando por alto—... Las personas que tienen un amor de compañía, por lo general, la pareja está consciente de ello. Tú lo estás, ¿lo sabe tu novia?
—... —buena pregunta, ¿lo sabe Kagura? La he rechazado últimamente.
—Pff —bufó y luego me pinchó el pecho con el dedo índice—. Yo que tú me pondría al día. Una relación de compañía no siempre es comprendida por ambas partes y se convierte en una de las principales excusas para la infidelidad.
Dolió. Sus palabras como "consejo" son el detonante a mis dudas, sólo alimentan mis inseguridades. Miré perplejo a mi amigo mientras se despedía para irse. Mil y un preguntas surgen, empezando por el rechazo que me ha demostrado desde el domingo, el espejo roto, el desastre en la habitación y el estudio, aquella llamada de su manager que no me convence del todo, la discusión que hemos tenido, todo.
Todo es... diferente ahora. Sé que siempre hay una primera vez para dudar y retractarse o para arriesgarse hasta lograr un comedido, pero yo no estoy dispuesto a arriesgar y perder. He perdido demasiado a través de todo mi vida, no soportaría perder algo más.
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Nombre del paciente: Hakudoshi Ai
Edad: 8 años.
Sexo: Masculino.
Tipo de Sangre: A
Tiempo ingresado: 1 año, paciente de psicología.
Razón de Ingreso: Depresión post-muerte.
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Según las innecesariamente detallas notas de Jaken, él siempre fue cercano a su abuela, su única familia tras la muerte de su madre. Su abuela ha muerto, fue durante la fiesta de su séptimo cumpleaños. Actualmente él vive con su padre, pero este trabaja horas extras. Desde ese entonces, y muy contrario a Kagewaki, Hakudoshi se mantiene en el agua cada vez que le es posible.
No es de muchas palabras, su rostro es muy inexpresivo y sólo tiene un amigo cercano, Magatsuhi. Pero Magatsuhi tiene sus propios problemas y no puede estar mucho tiempo cerca de él, a consciencia propia de que le lastimaría. También está Mizu, su amigo imaginario hecho de agua.
Siempre que viene a sus citas sólo mira el jardín desde el diván, el pequeño estanque que hay fuera, para ser más específicos. Lo mira como si nada más existiera, un lugar único y fascinante. Me pregunto qué pasará por su mente cada vez que está en el agua, porque debe haber una razón para que pase tiempo en ésta.
—Haku~ —susurré, tratando de llamar su atención—, ¿quieres hablar de algo en especial hoy?
Se quedó en la misma posición. Luego, cuando pensé en cerrar su archivo, él me miró.
—Dr. Taisho, ¿es usted feliz? —preguntó sin brillo alguno en sus ojos.
— ¿Lo eres tú? —pregunté y él agachó la cabeza, ocultando así sus ojos cafés tras unos mechones negros.
—Sólo si soy libre, cuando nado.
—¿Por qué nadas? —Pregunté mientras el bolígrafo escurría la tinta en curvas hasta formar letras—. ¿No te sientes solo al estar tanto tiempo en el agua?
Hakudoshi negó levemente con un movimiento de cabeza.
—La abuela me enseñó a ser uno con el agua —pausó y su mirada se dirigió una vez más hacia el estanque—. Mizu es mi único amigo.
Su voz siempre firme, pero apagada, como si quisiera gritar y ser escuchado, pero al mismo tiempo con miedo de que su voz llame demasiado la atención. Un niño libre, libre de las reglas que los adultos imponen y que tanto los niños odian, pero encadenado, encadenado a la soledad que le ha dejado esa dichosa libertad.
—¿Te has sentido decepcionado alguna vez? ¿Alguien... te ha decepcionado? —Interrogué, no es normal que un niño se refiera al agua de tal manera, como su única amiga.
—El sueño de Magatsuhi... —murmuró al cabo de unos minutos—... Yo destrocé el sueño de Magatsuhi y él me dijo que no volvería a ver a Mizu. No he podido ver a Mizu desde entonces.
—¿Entonces te decepciona no poder ver a Mizu por más que lo intentes? —Él asintió— Yo diría que más bien te sientes impotente, debido a la culpa. Sientes culpa por destruir el sueño de Magatsuhi y eso es lo que te está mortificando.
Hakudoshi no habló más en el resto de la consulta. Yo tampoco lo hice, caí en cuenta de mis propias palabras. Creo que hablaba más por mí, que por él.
Me siento tan culpable, maldita sea.
¿Culpa?¿Impotencia?¿Intranquilidad? Eso y mucho más.
No hubo noche en la que no me culpé por los daños que le causé a mi pequeña gigante, ella no merece estar aquí y es algo que realmente duele, porque a pesar de que curemos su TDAH, nadie reclamará para llevársela a casa. Nadie vendrá para en su amparo por más veces que ella así lo pida.
Me enteré que mientras estuve en China, se sentó mucho en el jardín trasero, en la banca frente al estanque, ¿para qué? Para llorar. Llora hasta que sus ojos quedan rojizos y su pequeña nariz estuvo lastimada. ¿Por qué? No lo sé, ella siempre dijo alguna excusa, poco creíble, pero las dice.
¿Por qué tomé ese día? ¿Por qué conduje si había tomado? ¿Por qué? ¡¿Por qué?!
La respuesta siempre será la misma, y siempre terminaré riendo, riendo para no llorar. Irrazonable, tonto, absurdo, insignificante, injusto, egoísta. Un verdadero perdedor que por una tontería terminó en un bar a las 9:00 A.M. dando lástima y vergüenza. Luego, conduciendo como irresponsable, bajo efectos del alcohol, le destruí la vida a una niña sólo porque recordé, como un mal agradecido, la vida tan hija de puta que me había tocado.
«¡El malagradecido siempre olvida la mano que lo ayudó, pero la miseria le aclara la memoria!» Eso es innegable.
La consulta terminó y Hakudoshi volvió a casa. Sólo me falta la reunión y podré descansar. Aprovechando que mi teléfono vibró, miré la hora, a penas son las cuatro de la tarde y la reunión es a las diez. ¿Acaso este maldito día nunca acabaría?
Y sólo era una notificación de Kagura, la llamaré más tarde. Ahora mismo no tengo cabeza para hablar con ella. Suspiré con pesadez mientras limpiaba mis lágrimas, creo que sólo una acción podría remediar mis errores.
Me fijé en cuadro que tiene Jaken en su consultorio, es de un vídeojuego. Hay una chica, ¿o es un chico?, lo que sea, hay dos personajes mirándose bajo la descripción: «El flujo del tiempo siempre es cruel... su velocidad parece ser diferente para cada persona, pero nadie puede cambiarlo. Lo único que no cambia con el tiempo son los recuerdos de tu juventud»**.
Cuánta razón tiene esa simple frase. Sin embargo, está equivocada. Se cree que la memoria se trata de grabar los hechos tales como sucedieron cuando en realidad es sólo nuestra percepción de los mismos. Según pasan los años, vamos modificando los recuerdos; a veces exageramos, otras veces omitimos detalles.
Cerré el archivo y mejor salí a tomar un poco de aire fresco, realmente lo necesito.
—¡Doctor Taisho! —giré y me encontré con Sara, la estúpida recepcionista. Fruncí el ceño molesto y ella se cohibió —Aquí tiene.
—¿Qué es? —mascullé, aún me enoja que siga trabajando aquí.
—Es el tema de la reunión de esta noche —susurró con voz temblorosa.
Asentí y ella se marchó. Tomé la carpeta y hojeé varios documentos en un sentido aleatorio. Sudé frío y el pulso empezó a fallarme, esto no podía estar sucediendo.
Transferencia de la paciente Rin Noto al Hospital de Salud Mental H, en Boston, Massachusetts.
~~M~~
*No se para ustedes, en mi país es muy común decirles a las personas que están 'faltosas' aunque estas solo están de malhumor. Dejando claro que una persona 'faltosa'es aquella que no tiene relaciones desde hace un tiempo.
**Una de mis frases favoritas de The Legend of Zelda: Ocarina of time 3 -hasta gringa la autora ;)-
Sorry si hay faltas, pero estoy muy cansada y quería entregarlo; si hay faltas, avísenme y las corrijo :). No me siento muy bien que digamos y no debería usar el ordenador... Sigo feliz/triste por el matrimonio de Takuya . Nos leemos pronto .
