Nota— Y quedo~ Intentaré actualizar cada dos semanas de aquí a inicios de año, quizá si puedo, un poco más rápido. Si quiero acabar este proyecto debe de ser faster~ Sé que debo responder Comentarios, se los agradezco mucho, lo haré mañana mismo sin falta. (Cosas de la escuela) Igualmente hay fics que no he podido comentar. Lo haré a la brevedad. Y por último, este capitulo sufrió el cambió de nombre como 5 veces al no encontrar una palabra que definiera lo que pasa. Debí llamarlo "Señor Buho, ¿qué es el amor?" pero bueno... sin más.
Buena lectura~
Sacro Culto
XVIII: Romanticide
I
Por cosas del destino, ese día, a las siete de la mañana comenzó a llover. En realidad el cielo se estaba cayendo a pedazos. Desde hace una semana; recordando la misión del cementerio. No había diluviado de esa manera. Ryuuji no pudo estar en paz. Vio las gotas de lluvia golpear la ventana con fuerza y ni la compañía de sus almas podían animarle. Se paró y caminó a la puerta y antes de poder abrir el golpeteo de la puerta lo descolocó.
—¿Quién?
—Servicio a domicilio— era Burn.
Aspiró profundamente y arregló un poco su cabello. Entonces abrió la puerta para dejarle pasar.
—Buenos días— saludó sin mucho ánimo.
—Vaya ¿quién murió?
—Nadie— alzó los hombros—, no estoy de buen humor.
—Eso no es normal en ti, deberías estar preparándote para tu cita de esta noche— le dijo con cierto sarcasmo que él notó de inmediato.
—¿Vienes a echármelo en cara?— gruñó—, de verdad, no estoy de buenas.
—¡Oh, tranquila señorita!— exclamó—, solo vengo a dejarte esto— sacó de entre sus ropas la pistola que le había obsequiado—, ya la cargué. Vamos, no te enfades.
Midorikawa sintió un pinchazo de culpa en su pecho, tomó el arma y sonrió afectadamente. Dio media vuelta con otro suspiro y puso el arma en su tocador en el cual tomó asiento.
—¿Hay algo que pueda hacer para animarte? No sé… ¿Un poni?
—No, solo quiero estar solo.
—¿Y el peludo?
—En la biblioteca, leyendo— deshizo su coleta de cabello y comenzó a cepillarla lentamente. Se vieron a través del reflejo del espejo y el semblante de Midorikawa parecía más miserable que el de hace unas horas.
—¡Coño!— gritó y caminó hacia él —¡Llámale y deja de andar con esa cara!
—Ya lo hice— bajó la cabeza y dejó a un lado su tarea, echó su cabello hacia atrás y se recostó en la superficie de madera tallada.
—¿Y qué pasó?
—Me colgó— acotó de golpe con enfado y desilusión— intenté llamarlo nuevamente, pero apagó el celular.
—¿A qué hora lo llamaste?— llevó sus manos hasta la cintura—, seguro que estaba haciendo algo.
—Lo llamé hace una hora— respondió alzando su cabeza y teniendo contacto visual por segunda vez—, él nunca… ¡NUNCA! apaga su celular. Respondió la primera llamada, pero no me dijo nada, luego me colgó y cuando quise llamarlo por segunda vez, me desvió la llamada, luego lo apagó. Desde entonces no he podido comunicarme con él.
—¿Por qué pelearon?— preguntó sin darle importancia a la larga explicación.
Ryuuji se volteó para encararlo directamente, abrió la boca, pero en cuanto la idea cruzó por su garganta, apretó los labios sin intención de pronunciar palabra. Debía guardar la calma.
—Nada.
—¿Nada?— soltó una carcajada llevando sus manos hasta su estómago —¿Nada, dices? Perdóname, pero esa cara y la actitud del otro imbécil me dicen todo lo contrario ¿Qué, al final lo has mandado al carajo y a él no le pareció?
La expresión del de ojos negros fue obvia, abrió los ojos como si le estuviera leyendo el pensamiento y tan pronto como pudo bajó la cabeza con un bochornoso sonrojo en las mejillas. Jugueteó con sus manos en un vano intento de no verse desesperado.
—No fue de esa manera…— susurró ante la expresión divertida del pelirrojo —, fue… una tontería.
—Pensé que ya eran… "algo"— hizo el ademán con ambas manos.
—No…— musitó sin verle —, antes de la misión del cementerio, hicimos la promesa de no enamorarnos, pero tras eso, todo se vino abajo, creo que se está obsesionando conmigo…
—Exageras…— bufó y desvió la mirada.
Midorikawa exhaló con fuerza, lo suficiente como llamar la atención del otro. Parecía que en cualquier momento se rompería a llorar, pero una segunda exhalada le dio valor al de cabello suelto para desabotonarse la camisa de holanes negra que llevaba puesta, descubrió el cuello y parte de sus hombros y los ojos de Burn se encendieron, su cola se movió inquiera entre sus pantalones y algo similar a la ira lo estaba alimentando como gasolina.
—Ese hijo de puta…
—Yo tuve la culpa— lo justificó y posó su mano sobre la mordida en su cuello.
—¿Desde hace cuánto tiempo permites que te muerda?— cuestionó con el semblante oscurecido.
Tragó duro, y trató de cubrir las heridas de no solo una, sino de varias marcas alrededor de su cuello, posó sus manos alrededor de este, tratando de recordar en cuantos momentos Grand le había marcado. Cada una de ellas aún abierta, amoratada y profunda.
—Desde el cementerio— dijo como sentencia, dejó salir un poco de aire y llegó a la conclusión de que no podía ocultarle los detalles —, me ha mordido quizá unas ocho veces— finalizó con vergüenza.
Burn despidió una flama por la comisura de sus labios, estaba molesto. En su pequeño universo de vampiros, el permitir que otro vástago te mordiera equivalía a sumisión y entrega. Era su equivalencia a un beso, a un contacto más íntimo y personal. La muestra de confianza más grande que se podía tener entre dos seres de la noche. Gazell lo había dejado morder a lo mucho, tres veces, la primera en el elevador, la segunda al llegar al castillo y la tercera poco antes de la llegada del lobo. Solo eso, tres míseras veces en solo dos meses a comparación de Midorikawa de ocho en una semana y fracción.
Se sentía tonto parado enfrente de él.
Ambos en realidad.
Midorikawa cerró el cuello de su camisa y los holanes ocultaron las marcas.
—¿Por qué?— cuestionó el pelirrojo tratando de mantener la calma. Pero no recibió respuesta por parte del otro, le desvió los ojos con un sonrojo en las mejillas — Anda dime ¿qué es lo que tenga ese idiota que yo no?
—No se trata de-
—¡Anda, dime!— exclamó—, solo estás jugando con nosotros. Como si fuéramos tus mascotas. ¿Te diviertes viendo como peleamos por ti?
—Eres muy injusto— gruñó por lo bajo—, ¿Qué hay de Gazell? Si hablamos de jugar, creo que tú estás haciendo lo mismo con él.
—No me vengas con eso ¡No tiene sentido! Mi relación con Gazell no tiene nada que ver.
—Estás aquí porque él no te pone la atención que necesitas…— dijo entre colmillos devolviéndole la mirada —, ¿qué pasó? Te presté solo un poco de atención y has venido a mí como un perro sin hogar. Quería que fuéramos amigos, solo eso. En ningún momento te di la entrada para que pensaras otra cosa.
Tras un silencio, Burn se comenzó a carcajear, se cubrió el rostro con ambas manos tratando de cubrir su enfado proyectado en esa risa que salía más y más fuerte de sus labios. Revolvió su cabello y un poco de vapor salió por sus orejas.
—Ahora resulta que el que imagina cosas soy yo— soltó con desdén—, bien, arreglemos las cosas de una vez por todas. Te haré una pregunta, y quiero te la respondas con la verdad. —Sin darle tiempo al otro tiempo de responder, disparó— ¿A dónde quieres llegar con todo esto?
—No entiendo…
—Sí— dio un par de asentimientos—, ¿qué es lo que estas logrando con todo esto?, ¿quieres que Grand y yo tengamos un duelo a muerte por ti? Al final nos mandaras al carajo a los dos. El único culpable de que estés pasando por todo esto, eres tú. Te voy a dar consejo de alguien que te triplica la edad: Date a respetar.
—¿Qué estás queriendo decir con eso?— gruñó mostrando sus pequeños colmillos —¡No soy una puta!
—Una puta es una persona que actúa con malicia. Una puta es una persona interesada. Una puta es una buena palabra para definirte.
Los ojos de Midorikawa se tornaron rojizos de súbito, arrugó la cara en una mueca de repulsión y sus manos temblaron sin control.
—¡¿Puta?!— Bramó—¡Puta con la que te acuestas! Gazell sí es una verdadera puta.
—Disculpa, pero yo no me he acostado con él— respondió con una inusual calma—, hemos estado a punto de hacerlo, pero él no me ha dejado llegar nada. Quizá él también esté jugando conmigo, pero en ningún momento ha actuado por un interés que no sea el de alimentarse. Salimos a cazar juntos, él atrapa a la presa, se alimenta de ella y luego yo como. Respeta mi espacio personal y no me condiciona. A decir verdad no me ha dicho nada de ti, sé que le molesta mucho cuanto estamos juntos, pero nunca me ha reclamado nada. Puta es una prostituta, una persona que se acuesta por dinero. Finge placer y deja que se vengan dentro de ella. ¿Cuántas cosas dices que te ha dado Grand?— soltó con diversión, admirando la expresión de ira en el otro —ropa, joyas, perfumes, teléfonos. Creo que hasta el centro comercial que está construyendo será para ti, ¿no? y tú le estás pagando todo, ¿cierto? Admiro la paciencia de Grand, tener que esperar a que le abras las piernas— se carcajeó en un intento por ser fuerte —, eso explica porque nunca tendré una oportunidad contigo. No te puedo pagar.
La respiración del otro se iba acelerando conforme cada palabra que Burn iba pronunciado. Error había sido abrirle la puesta esa mañana, error había sido confiarle su secreto. Gran error fue creer que sería maduro como para entenderlo. Porque todo lo que quería Ryuuji era una palabra de aliento. Sí, sabía que estaba actuando mal, pero no quería llegar a ese extremo, nunca fue su primera intención hacerle creer al otro que podría llegar a algo con él. ¿Por qué el corazón de los hombres era tan indescifrable? Comenzando con el suyo. Aspiró violentamente el aire a su alrededor tratando de contener la adrenalina que su alma estaba bombeando. Las almas se habían escondido debajo de la cama, presintiendo un momento en que la bomba estallara.
—Calla… si no sabes nada, calla.
—Sé lo que sé porque lo estoy viviendo. Juro que te voy a pagar cada cosa que hiciste por mí. Cada sonrisa fingida y cada palabra falsa.
—Yo no…— arrastró la palabras sintiendo una descarga en su brazo derecho— yo no fingía nada… yo de verdad creía…
—Fuiste muy injusto conmigo y con Grand.
—No… los dos no lo entienden… ¿por qué?— apretó los puños al sentir un chispazo en sus dedos, electricidad quemándole la piel— todos… todos los hombres… son iguales.
—Incluso tú.
—Vete— ordenó.
—Bien, como gustes— dijo con desgano cruzando los brazos detrás de su cuello. Antes de salir, le volteó a ver un poco sorprendido por como algunas luces de despedían de su mano, Ryuuji la apretaba con fuerza en un temblor involuntario. Preguntar si estaba bien podía ser o no un error—. Quédate con la pistola— dijo como último y salió de la habitación con un fuerte portazo.
Midorikawa retrocedió hasta chocar con uno de los muros, sostuvo su mano con fuerza esperando que las chispas color verdoso bajaran de intensidad. Hacía mucho que no le pasaba eso, sentir la electricidad correr por su cuerpo. Se había alejado mucho de Reize y no había guardado la calma. Se dejó caer de rodillas y se hizo un pequeño ovillo en la alfombra. Apretó los colmillos que comenzaban a crecer de nuevo. Aspiró con profundidad contando hasta diez o cien si era necesario.
Al llegar al 55 se sintió lo suficiente lucido como para pedir un poco de ayuda. No al conejo, si él se enteraba de la pequeña conversación, Burn quizá lo existiría para contarlo. Capeó la tormenta llegando al jardín y observó con una media sonrisa que Osamu aún trabajaba desde hace día en el mismo arbusto. Se acercó a él con pasos pequeños y cautelosos. A pesar de la lluvia Osamu mi paraba en su labor.
—¿Estás ocupado?
Osamu se giró de inmediato. No había sentido la presencia del otro. Le miró de arriba y abajo y no notó nada raro o particular.
—No del todo— respondió poniéndose de piel y quitándose los guantes de cuero llenos de tierra —¿En qué te ayudo?
—Otra vez pasó— dijo mostrándole su mano izquierda ligeramente amoratada. Saginuma la tomó entre sus manos y la inspeccionó un poco. Las heridas eran un poco más profundas que la última vez que pasó.
Esas pequeñas rabietas que le conocía a Ryuuji iban en aumento. La última que tuvo fue durante el cementerio, cuando Grand le había gritado que subiera al auto pero nadie lo había notado hasta que, poco antes de irse para la fiesta, Midorikawa se lo había manifestado.
—¿Quieres hablar?
Ryuuji solo asintió.
II
Segundo día de actividades en la bitácora de Afuro.
Atsuya no había despertado esa mañana, el sedante lo noqueó hasta el medio día que se dignó a abrir los ojos. Ahora, jugueteaba en la bañera usando sus pies para manipular los distintos juguetes o dispositivos de entrenamiento. El rubio por su cuenta se dedicaba a hacer la cama y limpiarla de las migajas que habían caído del almuerzo.
—¿Ya acabaste?— preguntó asomando la cabeza por la puerta.
—No— canturreó el otro.
—Llevas una hora en el agua, ya debe de estar fría.
—Está tibia— bufó el lobo tratando de unir una pieza roja con una azul en forma de pescaditos.
Mover los deditos del pie era más difícil de lo que nunca pensó, eran pequeños y tercos. A solo dos meses del incidente, le había costado mucho trabajo superar el trauma de perder sus miembros superiores. No lo admitía, pero era un chillón. Dos semanas llorando no fueron suficientes. Sin embargo decidió que no podía pasar toda una vida hundiéndose en un charco de inmundicia. Para ese momento, ya podía levantar cosas con ambos pies y manipular objetos pequeños. Tenía mucha flexibilidad, rascarse las orejas no era un problema para él.
—10 minutos.
—¿Me puedes dar más leche?— preguntó dejando caer su mentón en la orilla de la tina, tratando de hacer ojos chantajistas. Pero Afuro conocía los mejores ojos; los de Ryuuji. Así que ese truco no serviría.
—No.
—¡Eres un tacaño!— gruñó y siguió en lo suyo.
Salió de la habitación, rezando a su Dios a que el Lobo no se ahogara en algún descuido. Bajó rápidamente y solo pudo ver la silueta de Burn salir rumbo a la cochera. Iba a preguntar a dónde iba, pero cuando salió por la puerta principal, él ya estaba saliendo con su motocicleta a toda velocidad. Posó sus manos sobre sus caderas, ladeándolas un poco, preguntándose qué demonios le pasaba. Suspiró con algo de tedio y se encaminó hacia la sala y al momento de querer entrar a la cocina escuchó sin querer la conversación.
—¿Dónde escuchaste esto?— preguntó la voz de Osamu con un dejo de molestia bastante peculiar.
—Burn me lo dijo hace poco— reconoció de inmediato la voz de Ryuuji se pegó un poco más a la puerta para poder escuchar mejor.
Adentro, el pelinegro vendaba la mano y muñeca de su amigo. Aseguró primero que pudiera mover los dedos con libertad, algunos días de descanso y esa mano estaría como nueva. Ambos estaban sentados en la isla de mármol.
—"Puta" es un término bastante desagradable— aseguró Midorikawa.
—Puta o no, no tenía derecho a llamarte de esa manera— dijo volviendo a su usual seriedad— Burn es un sujeto muy visceral, se lo toma todo a pecho en cambió Grand es más paciente.
—Ya no puedo con los dos. A veces creo que lo mejor sería mandarlos a los dos al carajo, terminar las malditas misiones lo más rápido posible y desaparecerme de sus vidas.
—Opino lo mismo— posó una mano en su mentón— hemos resuelto 4 de las 12, si vamos con este paso probablemente para finales de año estemos libres.
—¿Qué planeas hacer después?— Ryuuji preguntó con genuino interés —¿Volverás a tu país?
—Quizá. ¿Te soy honesto?— su compañero asintió— No he pensado mucho en que haré después. Quizá me vaya a América a empezar de nuevo por segunda vez. Comprar una propiedad en Virginia o Nueva York y establecerme allí por unos 50 años. ¿Y tú?
Midorikawa frunció un poco en entrecejo y sobó un poco su mano. Luego suspiró pesadamente y se dejó caer en la mesa.
—¿Sabes? Grand me propuso que me fuera con él, a Japón— confesó ocultando su vergüenza entre sus brazos —. Pero no lo sé, Masaki me habló de toda su familia y cada uno de ellos parece estar más loco que el anterior, y esa mujer, la esposa legal de Kira Hiroto-
—¿Ese es el nombre real de Grand, cierto?
—Pues…— levantó la cabeza pensando mejor las cosas—, así como que real… no. Es el nombre que usa con los humanos… ¡El punto es!, que no sé qué hacer. Si Reize tiene un cuerpo, desconozco sí podré ser libre. Le debo mi vida.
—¿Has hablado de Grand o de Burn con él?
Ryuuji negó rápidamente con la cabeza, luego, revolvió un poco sus cabellos aún sueltos sobre su espalda.
—No ¡Nunca! Si le digo algo explotaría, aunque sé que él ya sabe… Está bien no sabe nada de lo de Burn, sabe que somos muy amigos y hemos salido incluso los tres, ellos se llevan bien. Cuando Grand me mordió en el cementerio él estaba inconsciente. Él cree que estoy con él por interés. A pesar de que nuestras mentes no están unidas, sé que él lo sabe por cómo reacciona mi cuerpo —pegó con ambas manos en la mesa y comenzó a enrojecer como tomate— ¡Odio no poder tomar mis decisiones! Todo lo que hago tengo que ocultarlo del otro. Si veo a Burn le tengo que mentir a Grand y no puedo ser pleno con él porque Reize se enojaría. Ni siquiera… ni siquiera puedo besar a ninguno de los dos…— y con ello, se dejó caer en la mesa con frustración, había liberado sus penas con Osamu y éste solo le miraba atento. —bien, lo dije…
—¿Qué es lo que te molesta con exactitud?
—Yo…— suspiró y recuperó su postura erguida— le debo mucho a Reize. Alguna vez te lo comenté, él me salvó del olvido, de dejar de existir por completo. Renunció a su cuerpo para dármelo a mí— se señaló con culpa en sus ojos— y yo le prometí que lo cuidaría, de todo, incluso de los otros. Por eso no dejo que nadie me toque. Nunca he besado a alguien, ni siquiera cuando fui humano. ¿Sabes qué es ese fuego en tus entrañas y no poder apagarlo? Grand me ha demostrado interés amoroso y yo no puedo corresponderle. En otra circunstancia hubiera ido muy lejos, pero no puedo. Estoy atado a este contrato—llevó sus manos hasta su estómago, en dónde yacían sus símbolos de maldición—, este maldito contrato hace que no pueda alejarme de los dos.
—¿Qué sientes por Grand?
Frunció un poquito la nariz, pensando con detenimiento su respuesta, esa misma pregunta se la veía haciendo desde hace días y llegó a una conclusión.
—Nunca me he enamorado realmente. Siempre que siento que hay algo, me alejo corriendo. Y con ello se me olvida. Tengo tanto poder de atracción en los demás, que ya no sé distinguir cuando esa habilidad en mí en natural o solo un truco para atraer a una presa. Soy como un ave de muchos colores. No sé si estoy llamando a una pareja o a un depredador. ¿Lo entiendes? Grand dijo que sentía algo por mí, es extraño de decir, él dice que es amor. Burn cree que está enamorado de mí, no me lo ha dicho en esas palabras, pero sus acciones me dicen todo lo contrario, pero yo creo que solo está confundiendo mi atención con amor. Ayer tuve una pelea con Grand, por él y por mí. Y por todo esto. Grand ahora cree que lo estoy manipulando.
—¿Y no es así?
—¡No!— exclamó—, mi poder de atracción no es tan fuerte como para manipular a demonios. Por eso lo dudé desde un inicio. Mi poder tiene efecto con los Vampiros y los humanos. Lo comprobé cuando salí con Genda, él no cayó bajo mi poder, tampoco lo he hecho con Kidou.
—Por eso quieres salir con Genda.
El otro asintió.
—Quiero comprobar mi teoría. Voy a intentar usar mi poder sobre él. Si no logro lo que quiero, entonces no puedo manipular a Grand.
—Midorikawa…— llamó el pelinegro con voz demandante, éste le miró con curiosidad— ¿Para ti qué es el amor?
—¿El amor?— ladeó su cabeza, pensando—, como te dije, nunca he amado. Así que no creo poder responderte.
—¿Lo extrañas?
—¿A quién?
—Esa es la pregunta. ¿A quién?— inquirió con una media sonrisa. Estaba haciendo que el otro pensara las cosas—, dime ¿a quién extrañas en este momento?, ¿quién te hace sentir bien, con quién te gusta pasar el tiempo?, ¿por quién te preocupas?, ¿a quién quieres ver en este momento?
—Lo quiero ver a él— respondió en un susurro.
—¿A quién salvaste del caer del último piso?, ¿a quién protegiste en el cementerio, sin importar que a los demás no nos interesara? El amor no se trata de algo que sientas, el amor se trata de hacerlo realidad. Todos tenemos una definición completamente distinta del amor, pero para mí, el amor no es algo que se exprese con palabras. Todos hablan de dientes para afuera. El amor se trata de dar, sin esperar nada a cambio, de proteger lo que amas, incluso con tu existencia. Se profesa todos los días, con hechos.
—¿Crees que él me ame?— preguntó con la cara llena de vergüenza.
—¿Te importa realmente?
—¿Y si no es el indicado?
—Nunca lo sabrás si no lo intentas. Por desgracia, amar también significa sufrir, pero es parte de virtudes como la madurez, la fuerza y la confianza. ¿Has oído esa frase que dice "es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado"?
—Siempre soñé…— dijo mirando a la nada, analizando la última frase—, que algún día tendría un amor como en los cuentos de hadas… luego… recuerdo que están pasados de moda… y me desilusiono. Hay princesas que han besado cientos de sapos para poder encontrar al príncipe.
—Aprendes más de la derrota, que de una victoria vacía.
—A veces me siento como la bestia de esa historia… en dónde… tenía que ser amado, antes de que el último pétalo de la rosa cayera… sino moriría.
—¿Crees que él sea la doncella que te pueda amar?
—Quiero alguien que me ame por ser yo… no por este cuerpo— miró sus manos con asco, y una sensación de escozor lo recorrió por completo, sentía la enorme pulsación de arrancarse la piel de un solo movimiento, escapar de esa prisión que suprimía su alma y sus poderes—, todo lo que la gente ve, es la hermosa cara de Reize, nadie ve el interior.
—¿Crees que Grand solo ve tu exterior?
El pequeño bajó la cabeza, dejando caer sus manos sobre su regazo, analizándolas con cuidado la pregunta. Un pequeño dolor en su sien de hizo presente.
—Sí me lo preguntas— respondió Osamu a falta de palabras en Midorikawa—, creo que su relación se hizo más estrecha desde que se enteró que eras un espectro.
—¿Quieres decir que mostró más interés desde que supo eso?, él me dijo que era su tipo, pero nunca supe lo que quería decir con eso. Pensé que se refería al físico.
—Piénsalo. Es bastante evidente —señaló con el dedo—. Él es un maestro de los muertos, ha vivido rodeado de muerte desde hace mucho. Cuando dijo que eras su tipo fue por ti, no por el cuerpo de Reize.
—¿Eso crees?
Saginuma asintió con la cabeza y eso le arrancó una sonrisa al de cabellos verdes. Enrojeció un poco más y posó sus manos sobre sus mejillas.
—Creo que estoy enamorándome de él— confesó con un suspiro tonto. Luego, cubrió su rostro tratando de ocultar ese pequeño bochorno que tenía hasta las orejas —, esto es muy vergonzoso.
—¿Y qué harás con Burn?
Todo rastro de felicidad se esfumó del su rostro. Contrajo sus manos y mordió su puño con una expresión de verdadera preocupación.
—Debes elegir a uno.
—Elijo a Grand— dijo rápidamente, sin duda en sus palabras—, pero tampoco quiero perder a Burn.
—Él ya tiene a alguien— acotó de golpe—, tiene a Gazell y tú estás siendo un fantasma entre ellos. Todos en el castillo lo saben. Debes de pintar tu línea. Por desgracia dudo que él quiera ser tu amigo después de lo que han pasado juntos. Así que tienes que decírselo de la mejor forma.
—Me odiará por siempre…—musitó para sí mismo—, aunque da igual… todos terminan odiándome—, estiró sus brazos y jugueteó con su cabello hizo una colita alta y luego la soltó para que éste callera de nuevo en su espalda—, creo que debería hablar con Gazell.
—Pésima idea. Él no te quiere ni cerca.
—Por eso mismo— inclinó su cuerpo sobre la mesa y se estiró con pereza—, le voy a decir que Burn es todo suyo, que los dos por mí se pueden ir al carajo.
—Insisto, pésima idea— hizo el mismo gesto que él, dejando caer su cuerpo sobre la mesa para poder posar su mano sobre la cabellera verdosa—, déjame hablar con Gazell, tú habla con Burn. Pero debe de ser lo antes posible.
—¿Harías eso por mí?
Osamu sonrió de medio lado y luego se irguió como venado. Perdió la mirada en algún punto de la cocina y tras exhalar por la nariz se rió un poco.
—Me dijeron que era egoísta por no querer ayudar a mejorar la relación entre nosotros.
—Eso no es ser egoísta, es no ser metiche— gruñó un poco—. Y no le veo nada de malo.
—Como sea, cuando vuelva Gazell yo hablo con él, tú habla con Burn lo antes posible.
Ryuuji asintió.
—Tú lo sabes todo— dijo con una bonita sonrisa en sus labios.
—No realmente— admitió con honestidad—, solo hablo de lo que sé.
—¿Tú has estado enamorado?
—Sí—respondió sin vergüenza alguna. Su cara permaneció igual de seria, el pequeño dudó entonces de la veracidad de su palabra.
—¿Y qué pasó?
—Nada es para siempre— finiquitó, bajó del banco y posó su mano encima de la cabeza del espectro, revolvió su cabello y sin decir palabra alguna, desapareció por la puerta que daba al jardín.
Muchas veces las personas tienden a evadir los temas, y Midorikawa no dudó que fuera uno de esos incómodos momentos. Se recargó sobre el marco de la puerta y admiró el trabajo del pelinegro. Esa dedicación que le ponía a cada detalle para que todo fuera perfecto. Se preguntó entonces qué clase de tragedia le habría pasado a su amada. ¿Era humana o Vampiro? Torció un poco la boca cuestionándose si parte de su seriedad vendría de esa perdida. Al igual que Grand, a los dos les había marcado una muerte de un ser amado.
La puerta de la cocina se abrió, dando paso a un apurado rubio. Volteó sobre su hombro y observó que este tomaba algunas cosas de manera rápida y torpe.
—Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas— dijo sin mirarle.
Afuro dio un pequeño brinquito y un vaso resbaló de sus manos, dio un par de traspiés para que éste no cayera al piso, haciendo que cayera de rodillas y todo su cabello se fuera hacia adelante. Se quedó estático y tras reír nerviosamente se puso de pie y siguió haciendo sus labores. Le iba a llevar un vaso más de leche al lobo.
—¿Qué opinas del amor?— cuestionó el vampiro. Terumi volteó y escudriñó la espalda de Midorikawa quien miraba el exterior como si afuera estuviera el espectáculo más interesante del mundo.
—Pues…— dudó dejando el vaso en la mesa, cruzó sus brazos y pensó con más seriedad —, en realidad no lo sé. Nunca he estado enamorado. Así que lamento no poder responderte.
—Entiendo.
—Creo que le harías un favor a Grand estando con él. Ese cretino no se merece la atención de nadie— tomó el objeto y se encaminó a la salida—, no sé qué le viste. Es flacucho, débil, pálido como hoja de papel y sus ojos rasgados me dan mala espina.
—Es atractivo…
—Entonces tienes malos gustos— finiquitó con una risita nasal y salió.
No, Grand no era flacucho ni débil, era ágil e inteligente, no era pálido como el papel, la luna debería estar celosa del brillo propio y sus ojos eran, por sobre todo el mayor atractivo de éste. Un verde tan intenso que le hacía estremecerse con tan solo un fugaz roce sobre los suyos.
—Ay demonios…— se dijo así mismo tapando su cara.
Estaba enamorándose de Grand, y eso lo asustaba.
III
Cuando Gazell salió de la bañera eran alrededor de las seis de la mañana del domingo más extraño de toda su existencia. Entró a la habitación que era levemente iluminada por una luz blanca. Grand yacía profundamente dormido boca abajo y el tatuaje en su espalda se movía confirme su pausada y casi nula respiración se manifestaba en ciclos d tiempos. Se acercó a él y lo tapó con cuidado. Estaría muerto al menos por dos días. Tomó asiento a su lado, mientras alisaba su cabello húmedo con sus dedos. En movimientos mecánicos tratando de procesar lo que había pasado horas antes. Se había acostado con él, por el mero placer de hacerlo. Ryuuji jamás se enteraría, al menos no por su boca y eso le causaba un placer indescriptible. Una mueca en sus labios delató su satisfacción al marcar a Grand y estar dentro de él. Era como las japonesas de esos videos de la red. Chillona y escandalosa.
Algo sonó dentro del ambiente, una cancioncilla molesta. Miró a su alrededor y el sonido le guió hasta los pantalones del pelirrojo a lado de la cama. Tomó el celular del cual venia el ruido y leyó en la pantalla "Llamada entrante de Srita espectro". Alzó incrédulo una ceja al ver la foto del japonés y Midorikawa en la pantalla. Tenía poco tiempo para saber qué hacer. Una idea cruzó su mente y apretó la pantalla de lado que decía "Responder"
La comunicación de abrió y escuchó la vocecilla nasal del de cabellos verdes.
—Hola, perdona que llame tan temprano— dijo al otro lado de la línea pero no respondió como planeaba. Dejó que el otro hablara—¿Grand? Sé que estás enfadado pero solo quiero-
Llamada finalizada.
Llamada entrante de Srta. Espectro.
Desvío de llamada.
Llamada entrante de Srta. Espectro.
Desliza para apagar el sistema. ¿Cancelar?
Dejó el teléfono a un lado, en la mesita de noche. Si Grand estaría desconectado del mundo, debería de ser de todas las maneras posibles. Volvió a su posición y a su labor de peinar su cabello. Pasó así la siguiente hora con tan solo el pitido del silencio en sus oídos. Cuando su cabello se secó, se vistió lentamente y llamó a Boutine y Karasu usando el teléfono dentro de la misma recámara.
Ambos entraron en un silencio peculiar y curioso. Gazell les recibió sentado en la orilla de la cama. Tenía el gesto más serio y los labios apretados en una mueca de disgusto.
—Grand dormirá por 48 horas o más. Cuando despierte, atiéndanlo y no hagan preguntas estúpidas— ordenó con un tono frío en sus palabras—. Está de más mencionar que si alguien se entera de lo que sucedió, les haré la existencia miserable ¿entienden?
Ambos asintieron pero la reacción no fue la que deseo el noruego, se puso de pie y susurró algo inaudible para ambos vástagos. De pronto, sintieron un frío recorrerles la columna hasta los pies. Bajaron la vista para observar con terror como sus pies eran congelados lentamente, como una serpiente trepando por sus extremidades inferiores.
—¿Entienden?
—Sí- sí— dijo la mujer tratando de mantenerse firme, mientras que el otro asintió varias veces. Con un nerviosismo palpable.
Cuando Gazell se dio por bien servido. Retiró el hielo y los dos salieron a paso veloz. Él permaneció por algunas horas a lado del japonés, sin mencionar palabra. Tan solo con su compañía y sus pensamientos que, a pesar de lo sucedido, no lo torturaban.
El sexo sin amor era mucho mejor que el amor sin confianza.
A las seis de la tarde salió del club sin dirección aparente. No volvería ese día al castillo tampoco. Apagó su propio teléfono y se perdió entre el ruido de la ciudad.
IV
Condujo hasta la parte media de la ciudad, en donde yacía uno de los barrios de vampiros más conocidos en el bajo mundo. Aparcó a las afueras de una tienda de ventanillas de cristal cortado, una gran puerta de madera con un letrerito que decía "Cerrado, abrimos a las seis". Ignoró por completo el mensaje y tocó varias veces la puerta. Al no recibir respuesta, se asomó por una de las ventanas pero no vio nada en el interior, solo un montón de ropa y maniquíes con atuendos llamativos. Tocó por segunda vez con más insistencia y escuchó unos pasos silenciosos y discretos. Dio un pequeño respingo al conocer ese andar tan particular y una sensación incómoda se revolvió en su pecho. Era Atsuishi, si él estaba allí, quería decir que Nepper también y por ende Gazell.
Iba a correr como cobarde cuando la puerta se abrió dejando ver al rubio con la misma sorpresa en su cara.
—Hola ¿qué te trae por aquí?— preguntó el rubio.
—Lo mismo quisiera saber… pensé que hoy estarían en el departamento.
—Fue la idea, pero Rean nos llamó para que le ayudáramos con el inventario. Ayer llegó toda su mercancía y son muchísimas cajas— explicó lentamente como si estuviera frente a un retrasado mental, pero de verdad que la cara del pelirrojo denotaba eso.
—¿Está él aquí?
El rubio negó lentamente con una preocupación inconfundible.
—Me dijo que se quedaría con ustedes ayer.
—No me dijo nada— respondió con honestidad, sabiendo que en el fondo posiblemente le estaba causando un problema mayor al peliblanco —. ¿Quieres pasar? También está Berkley. Pasaremos todo el día aquí.
Burn asintió y entró a la tienda que yacía a oscuras. Tenía uno de esos malos presentimientos que le calaban en el pecho, pero no supo explicar la sensación de martillazos en su cuerno. Algo malo había pasado pero eran tan tonto el pensamiento que no lo pudo manifestar. Pasaron por un pequeño pasillo hasta la bodega del local dónde Nepper cargaba algunas cajas y las acomodaba en secciones según las ordenes de la pelirroja. Cuando vieron a su jefe, sonrieron con alegría.
—¡Anda, si es Burn!— dijo la chica corriendo hacia él—, ¡Mira!, me ha llegado toda mi mercancía retenida.
—Me alegra oírlo— respondió tratando de ocultar su malestar. Pero de nada sirvió.
—¿Todo bien? Luces terrible.
—¡Háblale con más respeto!— exclamó Nepper moviendo una de las cajas con enfado—. Eres una igualada.
Rean le sacó la lengua y volvió a prestarle atención al pelirrojo. Éste torció la sonrisa en una mueca afectada. Burn había aprendido que las mujeres tenían un sexto sentido que les hacía adelantarse a los hechos. Un poder que los hombres no entendían.
—¿Qué hacen?— preguntó evadiendo el tema.
La chica ladeó la cabeza. Los hombres eran terribles en eso de pretender. Sonrió para sí, tarde o temprano terminaría soltándolo todo, así que le dio un poco de tiempo para abrirse con ellos.
—Inventario— trató de sonreírle para poder transmitirle un poco de seguridad — ¿quieres ayudarnos? Seguro que algo te gusta de lo que me ha llegado.
—Si no me queda más remedio— alzó los hombros.
Atsuishi miró atentamente cada una de las acciones y reacciones del cornudo y al igual que Rean, supo que algo no estaba bien con él. Lo que él necesitaba era no sentirse solo, lo que le hizo buscar la compañía de ellos. Vino a su mente el detalle de que Gazell le había mentido y que lo había usado como chivo expiatorio. ¿Qué habría pasado entonces? Siguió su labor de abrir las cajas y contar el contenido con el solo pensamiento de descubrir la verdad a pesar de no ser su asunto.
V
—La inyección no es necesaria— insistió Atsuya por quita vez esa tarde —, de verdad.
Afuro tenía en su mano derecha la gran aguja y se disponía a inyectar a su paciente por segunda vez desde su llegada.
—No estás en posición de negociar— le dijo sonriendo — sé bueno y duerme.
No le dio tiempo de reaccionar cuando le encajó la agujar en el cuello y le inyectó el líquido. El lobo gruñó y luego cayó presa del sedante. A los minutos ya estaba completamente dormido. Le aseguró arropándolo con cuidado y salió de la habitación cerrándola por fuera.
Segundo día de cuidados, sin novedades.
Esa noche ni Gazell ni Burn, mucho menos Grand llegaron al castillo.
VI
Genda se puso su mejor traje no institucional. Una camisa blanca, un saco negro y unos pantalones de la tela que resiste mucho, léase: La mezclilla. Salió de Adagio con tres horas de anticipación a lo que sería su cita. Se escabulló del castillo a espaldas de Sakuma y tomó uno de los carros más discretos de toda la armada. Aunque no dejaba de ser un vehículo llamativo para los humanos. Al llegar al castillo, esperó ver toda una escena montada digna de un teatro de muñecos de papel. Pero fue recibido por el vampiro. Le saludó con un gesto cortés y distante que le extrañó de sobremanera.
—Esto fue fácil— dijo el demonio con preocupación—Dime dónde está el truco.
—No hay truco—sonrió Midorikawa vestido con un sencillo abrigo negro de corte recto, el cabello con su usual cola de caballo, sin adorno alguno más que unas botas ostentosas que le hacían ver más alto de lo común. Llevaba un bolso en el hombro derecho con un par de adornos infantiles como accesorios. Unos conejos—llegas a tiempo.
—Mientras más rápido inicie, más rápido acaba—tomó el bolso y lo guió hasta la entrada del vehículo, le abrió la puerta como todo un caballero y le ayudó a entrar.
Cuando arrancó el auto le pareció ver asomados por las ventanas laterales al ángel y el otro sujeto, el alto.
Dejaron pasar la idea de ir al cine y fueron a la Arcade de la plaza principal. A un inicio el ruido y las luces sacudieron la mente del demonio, pero luego, se sintió como pez en el agua.
—¿Dices que si golpeo a la rata cuando salga del agujero entonces la máquina me compensará con papel de colores que podré canjear en el centro de mando por un ítem que quieres mucho?
—Sí—asintió con la cabeza con una extraña sonrisa—, golpea a la marmota y tendrás boletitos. Quiero ese oso de felpa.
—¿Cuánto papel de color necesito?
—5,000 boletos. Pero este no es el único juego—señaló varias máquinas a su alrededor—. Hay algunos de destreza, seguro que en el de tiro al blanco tienes éxito ¿sabes disparar?
—Se puede decir que sí, depende que tipo de arma.
—Daré por hecho que sabes—juntó sus manos con alegría. Para entonces la discusión de esa mañana había quedado olvidada y Ryuuji se concentraba en ver a Genda tratando de juntar boletos para canjear su oso.
Comenzaron con el juego de golpear a la marmota. Luego pasaron al de tiro al blanco dónde pudo conseguir 80 boletos en unas pocas partidas. De allí probaron suerte en el de fuerza dónde las maquinas parecían averiadas por la facilidad con la que estaban ganando; no les dieron boletos. Entonces ambos desquitaron su ira con los juegos de peleas.
—Estúpidos humanos con sus estúpidas reglas— gruñía Ryuuji tratando de vencer a Genda en un juego de peleas callejeras usando a una japonesa con poca ropa que golpeaba con un par de abanicos.
—Una mujer normal no podría pelear con semejantes atributos y poca ropa— dijo el demonio tratando de encontrar el patrón de los botones para sacar algún combo—, nuestra única general suele entrenar con ropa más cómoda que le permita el libre movimiento.
—Claro que se puede, yo he peleado con estas plataformas— sonrió girando rápidamente el joy stick y apretando los botones con rapidez.
—La lógica humana me sorprende.
—Son idiotas— finalizó tras vencerle—¿te gusta bailar?— preguntó sacando algunos boletos de la máquina, tan solo faltaban 4019.
—No lo pienses— arqueó una ceja.
—Bueno, entonces solo tienes que verme bailar— sonrió corriendo a una de las maquinas desocupadas. Una Pump it up de última generación. Insertó los coins, y se dispuso a elegir la canción con calma —. A veces cuando nos aburríamos Grand y yo veníamos aquí a perder el tiempo. Pasamos horas brincando como conejos.
—Esa frase se puede mal interpretar ¿sabes?
Ryuuji se carcajeó con todos sus dientes. Sí, lo admitía, salir con Grand era divertido y siempre terminaban haciendo cosas muy japonesas.
—¿Quieres intentarlo?
—Paso— hizo un ademán con la mano y acomodó la bolsa sobre su hombro—, te veo brincar.
—Hay una canción que me recuerda a Kidou— dijo moviendo los pies y cambiando de género en la pantalla, llegó hasta K-pop y se mostró a un sujeto sosteniendo su cabeza con un gesto de desesperación. Escogió el modo Crazy y dejó que el tiempo corriera para poder comenzar— se trata sobre unos tipillos que no pueden dormir y una oveja voladora— contó levantando un poco sus piernas para poder calentar previamente.
Cuando el contador llego a cero, comenzó la canción. Era rápida y con toques de guitarras y un sujeto que gritaba con voz gutural. Genda observó como las flechas salía de la parte de abajo subiendo hasta el marcador que debía de coincidir con los pasos dados en el piso. Midorikawa los movía con agilidad, sin temor a caer de sus plataformas. El video que se reproducía mostraba una pequeña oveja con alas de murciélago volando por la ciudad. Todo en tonos rojos y negros. Dio varios brincos con gracia al ritmo de la guitarra e hizo giros que no eran necesarios. Perfect leía en la pantalla, combo 189, great, se volvía a leer. Genda se recargó sobre la barra roja de lado que no era utilizado, mirando el video y las flechas. Luego pasaba sus ojos a la cara sonriente del vampiro. Cuando la música se hizo más intensa, dejó de brincar, hizo su cuerpo hacia adelante y se concentró en coordinar sus pasos. Al llegar casi al final se vio en la necesidad de recargarse en la barra roja atrás de él. Dio unos brincos más y la canción terminó.
A
—Grand siempre me gana— dijo con la respiración agitada, sonriéndole el demonio—No sé qué gen tengan los japoneses en sus venas que los hace ser buenos en todo—¿Quieres intentarlo?
—No, gracias.
—Sé que te gustó… lo veo en tus ojos.
2 horas después y ambos no bajaban de las máquinas.
—No eres casado ¿cierto?
—No— soltó con duda. Ambos caminaban por la plaza buscando algún lugar para que Genda comiera algo—¿A qué viene ese comentario?
—¿Sales con alguien?
—No podría decir-
—¡El tuerto!— sonrió y dio un par de brincos.
—Se llama Sakuma.
—¿Es tu novio?
—No— dijo de golpe—. En Adagio las relaciones amorosas están prohibidas. Una de las reglas es que nos comprometemos con nuestra nación y el reino.
—Eso está mal— paró de golpe haciendo que el castaño le mirada con extrañeza—. El amor no puede ser algo prohibido.
—No dije que el amor fuera prohibido, dije que no podemos relacionarnos con otras personas. Solo eso.
—¿Entonces estás enamorado?
A Genda se le subieron los colores hasta la cabeza, dio media vuelta y se dispuso a hacer acto de desaparición, pero el vampiro era más rápido, lo alcanzó y se posó enfrente de él. Lo tomó por el pecho y lo apretó con expresión maniaca.
—¡Háblame del amor!— exclamó llamando la atención de los humanos que pasaban por allí.
—¿Esto es parte de tu acto?— sudó frío sin poder avanzar.
—¡No! Háblame del amor, dime qué es el amor. Necesito saber qué es el amor. Ahora mismo— lo tomó por la solapa del abrigo y lo atrajo hacia sí—, comienza por el inicio y termina por el final ¡Dímelo!
Terminaron en un Bufette de carnes y cortes finos. Midorikawa se limitó a tomar café mientras veía al demonio devorar cada uno de los platillos. Iba y venía de la barra en lo que le contaba con lujo de detalle su historia, desde el momento en que ellos salieron por primera vez hasta la discusión que tuvo con Grand esa mañana.
—El grandote tiene razón… —dijo limpiando un pocos sus labios con la servilleta del servicio, al terminar su décimo plato—debes de elegir a uno y por lo que me cuentas, estás muy enamorado de Grand.
—¿Y qué pasará con Burn?
—Si dices que también siente algo por ti— dijo despacio para que le otro lo comprendiera— entonces él te debe de entender. Si te quiere entonces te quiere ver feliz. Si eliges a Grand, es porque él te hace feliz ¿cierto?— el vampiro asintió— Resuelto.
—No es tan sencillo.
—¿Es tan necesario que te enamores en estos momentos?— cuestionó inclinando su cuerpo hacia adelante —es decir, las misiones requieren tiempo.
—¡Díselo a ellos!
—Díselo a tu corazón. El amor no avisa.
—Si fuera Heterosexual esto no me pasaría— aseguró cruzándose se brazos y dejándose caer por el respaldo de su asiento.
Genda se carcajeó con ganas. Después de todo el vampiro era simpático.
—Los conflictos amorosos no son exclusivos de los seres con preferencias diversas. Nos afecta a todos, incluso a los animales.
—¿Quién quiere amar eternamente?… después de todo…— dijo con obstinación
—Amar es un lujo que no te puedas dar en estos momentos— dijo con seriedad—, pero…— suavizo sus facciones—, ya estás jodido, así que disfrútalo. Elige a quien creas que sea el correcto, el otro entenderá. Ama hasta que no puedas.
—Ese tuerto tiene suerte…— sonrió acomodándose—, eres una buena persona.
A las once y media, estaban a las puertas del castillo. Genda dejó a su cita y Osamu le recibió en la entrada, se saludaron con un ademán de cabeza y dada finalizado su parte del trato, el demonio se dirigió a su reino.
—¿Novedades?— preguntó Osamu, a lo que Ryuuji negó lentamente con la cabeza.
—No he podido hacerle ni cosquillas, al final, tuve que ser yo para lograr algo de simpatía y ha funcionado— sonrió con alivió y entró al castillo, con el pelinegro siguiéndole de cerca— ¿Está Burn?
—No. Ni Gazell.
—Doy por hecho que Grand tampoco— el otro asintió—. Cielos… quería hablar con ellos lo antes posible.
—Tendrás que esperar un poco más.
VII
Era la segunda cajetilla que Burn fumaba en un lapso de 10 horas. Para entonces eran las cuatro de mañana y Atsuishi estaba profundamente dormido en los brazos del castaño. A pesar de eso, estaba resignado a no asistir a clases ese lunes.
Rean escuchaba atenta como Burn les contaba su triste historia de amor y desamor. Fascinada por cada pequeño y sucio detalle de como su Jefe había metido su cuchara en una relación ajena y ahora no sabía qué hacer. Era como esas novelas latinas en dónde los protagonistas tenían nombres largos e impronunciables y peleaban por una hermosa y virgen mujer mientras que la antagonista era despiadada y con hielo en las venas. Le contó desde el momento en que despertó en el calabozo, la lucha contra el lobo, el tratar de huir –con todo y pierna rota- la persecución del Dragon Link y el revolcón en el elevador, pasando por las múltiples peleas en Noruega y el cementerio. Hasta la confesión en el salón de música. Su relación con él estaba "bien", a vista de todos.
—¿Y qué planeas hacer?— cuestionó la chica con un brillo en sus ojos azules.
—No lo sé.
—Huir no es la respuesta— dijo Berkley siendo el más analítico del grupo.
—No estoy huyendo, solo quiero tiempo para pensar las cosas— se defendió el cornudo.
—No puede pensar las cosas eternamente. Le recomiendo que tome una decisión lo antes posibles, antes de que pierda al amo Gazell.
—¿Gazell?—Atinó a preguntar con una cara de ingenuidad.
—Ya Gazell le aclaró lo que siente por usted. Es amor, no con esas palabras, pero lo es, lo necesita. Debe dejar de pensar en Midorikawa, tarde o temprano habrá una pelea entre los cuatro, y no sabrá a quien defender ni a quien atacar— dijo el de lentes con una media sonrisa—. El amo Grand no tiene la culpa de nada, él solo está defendiendo lo que cree que es suyo, en este caso el amo Midorikawa, ya lo mordió, es por consecuencia de su propiedad. Si no defiende lo suyo, lo va a perder, perderá a Gazell y se quedará sin nada.
—¿Has hablado con él al respecto?
—Sí y no— respondió retirándose las gafas dejando ver sus ojos rojos—. El amo es buena persona, lo supe desde el primer día que entró a mi tienda. No he hablado con él del tema. Pero cuando lo menciono sus ojos brillan de una manera especial. Soy observador y puedo jurar que hay amor.
—Siempre he preguntado qué es lo que hace en tu tienda. No creo que leer.
El castaño comprimió sus labios, sellándolos. La cara que uno tiene cuando trata de retener información pero muy en el fondo tienes ganas de gritarlo a los cuatro vientos. Sintió la presión de todo el grupo sobre todo por la chica quien movía las manos de manera involuntaria.
—Si no se lo dices tú, se lo diré yo— exclamó la pelirroja con impaciencia— ¡Se lo digo yo!— volteó a su jefe con unos ojos radiantes—, el amo Gazell tiene hijos.
—La primera semana que el amo pisó la tienda, trajo consigo una caja con cuatro gatos recién nacidos— dijo Berkley ignorando el comentario mal intencionado de la pelirroja y así, suavizando la expresión de horror en su jefe—, me contó que la madre fue atacada por un perro. Entonces llevó las crías a mi tienda. Chocolate, Vainilla, Galleta y Panque—contó con los dedos—, tenían solo días de nacidos, y uno de ellos no sobrevivió. Los cuidó hasta que abrieron los ojos y pudieron caminar. Desde entonces tengo los tres en mi tienda. Él los va a ver de vez en cuando, les trae comida y leche— sin embargo la expresión de incredulidad del cornudo no desaparecía—, les tiene afecto.
—Yo ya los vi, están hermosos— chilló la jovencita llevando sus manos hasta sus mejillas— solo espero a que crezcan un poco más para adoptar a uno.
—Son buena compañía— admitió el castaño.
—Él no me dijo nada—dijo Burn afectadamente— ¿hace cuánto dices?
—Desde la primer semana que llegaron a la ciudad. Fue en los días que me ayudó a hacer inventario.
—Gazell es alguien tímido ¿lo has notado? Le cuesta trabajo abrirse a los demás. Y solo contigo parece tener confianza.
—¿Eso creen?
Los tres asintieron al mismo tiempo.
—¿Y qué debo de hacer?
—Deja de buscarle tres pies al gato— musitó Nepper tras mucho rato de permanecer callado. Acomodó al rubio entre sus brazos y le sonrió al pelirrojo —, olvídate de Midorikawa. Hay alguien más que te necesita y no es él.
—Gazell te necesita— dijo Berkley uniéndose al otro castaño—, no lo parece, pero él te necesita.
Burn tomó un cigarrillo más, el último de su cajetilla. Lo encendió y aspiró profundamente haciendo un silencio a la expectativa de sus decisiones.
—No podemos dejar el castillo— dijo mirando a la nada—, no puedo dejarle de hablar a Midorikawa. Pero tampoco lo quiero ignorar, pese a todo me cae bien.
—Habla con Gazell. No han tocado el tema. Ahora es el momento. Él y Grand deben de aceptar la amistad que hay entre ustedes y tú— dijo Rean arrebatándole el cigarrillo y dándole una calada— ya no busques nada con él. Si alguna vez pasó por tu mente la idea de algo con él. Olvídala.
—Me debe un beso.
—Olvídalo— continuó Nepper—, cóbraselo de alguna manera, pero no un beso.
—Es solo un beso…—trató de hacer un puchero que la cara de seriedad de la mujer lo hizo reconsiderarlo.
—¿Necesitas ese beso? —cuestionó—. Por un beso… vas a echar a perder una amistad y tu relación con Gazell. Piénsalo.
—No…— respondió con un suspiro.
—Quédate con Gazell, olvida a Midorikawa.
Cuando dieron las 6 de la tarde. Habían dado por terminado el tema de la vida amorosa de su jefe, ahora solo se dedicaban a hablar de tonterías Atsuishi fue por algo de comida para él. El grupo de vampiros decidió que esa noche iban a salir a cazar algo. Un sujeto de la clase del rubio que se la pasaba hostigándolo y ya lo traía cansado.
—Vive no muy lejos de aquí— dijo el humano con una sonrisa difícil de ocultar.
—¿Nos vamos a comer al sujeto o a toda la familia?— preguntó Nepper acomodando la última caja para poder salir de la bodega.
—Lo vamos a atrapar de regreso del colegio. Irá con su grupillo de amigos— respondió su pareja—, si son los otros 3 imbéciles qué mejor.
Burn salió a fumar nuevamente, admirado como el Sol se iba ocultando detrás de varios edificios. Aspiró con pesadez y golpeó una de las paredes tratando de desquitar su ira. El teléfono dentro de su bolsillo comenzó a timbrar, lo sacó a punto de mandar muy lejos al responsable, pero leyó en la pantalla el nombre que esperaba leer desde hace mucho.
Llamada entrante de Zorra de nueve colas. Gazell.
Tomó aire y respondió.
—Ey…
—¿Puedes venir por mí?
—¿En dónde estás?
—En el distrito bajo, cerca de la tienda de Rean, en el parque-
—Voy para allá.
—¿Demoras mucho?
—Lo que mis piernas me den…— dijo con media sonrisa. Colgó y salió en dirección al parque, sin decir palabra alguna a los vampiros dentro del negocio.
Cuando llegó a la locación, buscó a Gazell, corrió entre la gente que salía de sus escuelas, comerciantes y le vio sentado en una de las bancas alrededor de una fuente con la imagen de una sirena sosteniendo una jarra de la cual salía toda el agua verdosa. Contuvo la respiración y avanzó hasta el recuperando poco a poco su aliento.
—¿Me estabas siguiendo?— le cuestionó al ver que solo tardó alrededor de 3 minutos. Incluso menos.
—No— sonrió—, estaba con los chicos en la tienda de Rean.
—Ya veo— respondió con su misma monotonía.
—¿Te pasa algo?— le preguntó al ser el motivo inicial de la llamada.
—No— su tono no cambió— solo quería que vinieras por mí.
—¡Vamos a cazar!— tomó asiento a su lado y acercó su cara al otro con una inusual felicidad—. Los chicos y yo iremos a cazar a un par de mocosos que molestan a Atsuishi. ¿Quieres venir?
—¿Tengo más opción?
—Te puedo llevar al castillo si tanto te molesta— dijo haciendo una mueca de disgusto—, solo era una sugerencia.
—No quise dar a entender otra cosa— posó sus manos sobre su regazo—. Iré. Es solo que no tengo hambre.
—Oh, vaya— se acomodó y se concentró en ver algunos humanos alrededor de ellos, las luces se encendieron una a una y un silencio incómodo le envolvió. Entonces Burn soltó la bomba —¿Puedo preguntarte algo?— dio por sentado que el silencio de su amigo era su respuesta— Me dijiste que pasarías la noche en el departamento de Nepper y Atsuishi, pero él me dijo que no hablaste nada al respecto, puedo saber ¿qué pasó?
—Me quedé en el club hasta el amanecer— respondió con honestidad, sin ápice de duda.
—Eso no me responde porqué me mentiste.
—Atendí a un cliente importante— verdad—, y no quería que me echaras nada en cara.
—Sabes que no mezclo tus negocios con lo personal— otra verdad que le costaba trabajo admitir—. Demonios, odio a tus estúpidos clientes, ellos te toquetean todo lo que quieren.
—No es para tanto— susurró.
—Hubiera pasado por ti al amanecer. Me hubieras llamado antes— reprochó posando un brazo en la banca—, a la próxima dime. Te juro no patearle las bolas al bastardo con el que te acuestes.
Gazell soltó un bufido. Luego pareció serenarse de la nada. Tomó el mentón del pelirrojo con su mano izquierda y lo atrajo hacia sí, robándole un beso.
—Quita esa cara de idiota.
—¿A qué vino eso?—cuestionó con sorpresa.
—Quería un beso.
Burn alzó una ceja. ¿Quién era él y qué le había hecho a su Gazell?
—¿Todo bien?
El noruego asintió. Acomodó sus cabellos con la mano derecha y de inmediato el pelirrojo notó el vendaje en esta. Tomó su mano y la inspeccionó con cuidado.
—Fue un accidente— se defendió antes de que el otro dijera palabra—, sanará en un par de días.
—¿Estás seguro?
—Confía en mí…— dijo en un susurro—, no volverá a pasar.
—Vale— se puso de pie y ofreció su mano para ayudar a ponerse de pie—, andando, los chicos nos esperan—, pero cuando él la tomó, lo haló hacia sí y le robó un beso— estamos a mano.
—Sí— desvió la mirada— estamos a mano.
VIII
Los estudiantes solían salir de la preparatoria a las cinco de la tarde, ocho cuando había algún deber extra. Sin embargo, desde del secuestro y homicidio de una estudiante, se decidió que la salida sería en punto de las siete de la tarde, hora en la que los últimos rayos de sol pegaban en las calles. Se había incrementado la seguridad, pero solo en las zonas aledañas a las escuela dejando algunos sitios como parques y calles sin protección. Eso fue lo que usaron a su favor Burn y su grupo de vándalos.
Les tomó poco tiempo analizar los pasos; bueno, en realidad, el experto fue Berkley. Trazó un plan tan perfecto y bien detallado en cuestión de segundos que dejó sorprendido al rubio. Se escabulleron por el parque, y les siguieron hasta la avenida principal. Un grupillo de 4 chicos, 3 varones –incluido el objetivo principal- y una chica. Atsuishi los identificó de inmediato, y a la señal, comenzó una persecución silenciosa. Nepper fue por el principal, un mocoso alto de cabello rubio claro y ojos marrones. Rean fue por la chica, Berkley por el más bajito y a su parecer el más lento y asustadizo que, en un punto se unió con el tercer chico, corriendo avenida abajo.
Los condujeron al bajo distrito en dónde podrían ser todo lo ruidosos que quisieran. Había un mural, un punto entre dos calles que era llamado la "La pared roja", un sitio que solía usarse para cobrar cuentas. La pared, era de un marrón intenso. La sangre dejada por cientos de humanos que iban a ser liquidados en los tiempos del Dragon Link. La primera en llegar fue Rean, con la chiquilla llorando al ser aprisionada por su cabello castaño. La vampiresa le soltó una bofetada para ver si así lograba contenerla.
—¡Ah, que molesta eres!— exclamó la pelirroja con ira—, odio la comida ruidosa.
Al poco tiempo Burn, Gazell y Berkley llegaron con los dos holgazanes y los arrojaron hacia el muro. Iban a correr, pero cuando el pelirrojo desenfundó uno de sus 9mm desistieron de la idea, aterrados por la presencia de una simple pistola. Y, por último, Nepper entró en escena con el platillo principal.
—Qué gusto me dará reventarte al fin— dijo sonriente el vampiro. Le arrojó con los otros tres y de igual manera sacó su arma, sin embargo no le apuntó, jugueteó con ella mientras una sonrisa surcaba por sus labios.
—¡¿Qué quieren de nosotros!?— exclamó el humano, sacó rápidamente sus pertenencias de sus bolsillos —¡Toma, es todo lo que tengo de valor!
Burn miró las cosas en el suelo, un teléfono de última generación, de esos inteligentes que usaban Grand y Midorikawa y una billetera. Dejó salir de sus labios algo como un chiflido y movió con la punta de sus botas los objetos.
—Vaya ¿vas en una escuela de riquillos?— inquirió con diversión. El rubio salió de tras de él y saludó con un movimiento de mano a su compañero de clase.
—Robó este teléfono— respondió con indiferencia— apuesto que no trae más de diez libras en la billetera.
El humano abrió los ojos con horror. Abrió la boca pero fue interrumpido por el rubio.
—Te voy a joder…— soltó con voz monocromática, una muy similar a la de Gazell, pero a diferencia del vampiro, la de Atsuishi era más creíble—.Como decías que me ibas a joder.
—¡Hijo de puta!— gritó otro de los humanos.
—A ti también— le miró de reojo, sin expresión en su rostro —. No prometo que no les dolerá. Con Christine fui más amable— de pronto sonrió. Soltó una pequeña risilla que, a comparación de toda la porquería que les rodeaba fue más aterradora.
La castaña pegó un grito y tapó su boca con más lágrimas saliendo de sus ojos. Se dejó caer y comenzó a sollozar.
—¡Fuiste tú!— exclamó apuntándole con el dedo —¡Tu asesinaste a Christine!
—Sí— rió con una bonita sonrisa en los ojos— y ahora tú le acompañaras. Sé que se siente sola en el infierno. Un poco de compañía no le vendría mal.
—¿Por qué?— preguntó la humana entre llantos —. Era mi mejor amiga ¡no tenías derecho a quitarle la vida!
—¿Por qué?— la miró con interés—¿Te puedo hacer una pregunta, Helena?— dio un par de pasos y sacó de entre sus ropas su pistola—. Yo siempre fui amable y atento con ella, cuando quería que la tocara le dije que no me gustaba, desde entonces su único propósito fue hacerme la vida una pesadilla. Decía que era marica, dime ¿soy marica?— pero no hubo respuesta— Responde, me lo has venido diciendo desde hace años. ¿Crees que rechazar a una mujer me hace menos hombre?
—¡Eres un marica!— gritó uno de ellos.
—¡Eres un maldito!— fue la respuesta de la chica — ¡Ojalá te mueras y te vayas al infierno!
—No…—susurró para sí—, a mí me espera algo mejor… que tú… no correrás con la misma suerte, amiga.
—¿Quieres que les arranquemos las piernas para que no puedan correr?— sugirió Burn haciendo una apropiada intervención en el tenso momento.
—No— se giró hacia él— cómanse a los otros— y miró a su pareja con una expresión serena e hipócrita al mismo tiempo— ¿quieres hacerlo tú?
—Pensé que querías hacerlo tú— rebatió algo confundido —, habíamos hablado de este momento y siento que con la otra estúpida fue muy rápido. Al menos rómpele la cara.
Pero el rubio negó con la cabeza.
—Me siento amable el día de hoy, solo pégale un tiro en la cabeza o es más, no vale ni la bala de tu pistola. Rómpele el cuello— corrigió y mostro una sonrisa en sus labios.
—¿Seguro?— volvió a preguntar—, no quiero que me estés molestando toda la noche.
—¡De verdad!— dijo Burn con entusiasmo—¡Rómpele la cara!
—No, jefe— miró de reojo al grupillo de estudiantes—No lo valen. Con mandarles al infierno me doy por bien servido.
—Eres alguien extraño Atsuishi—le dijo con una mueca de extrañez—, me pregunto qué clase de vampiro serás cuando te conviertan.
—¿Vampiros?— soltó el humano—, eso es absurdo. Los vampiros no existen.
—¿Qué no existen? — Se giró de pronto—, piénsalo dos veces. Ellos están más cerca de lo que crees.
—Así que cerca— le susurró Nepper al oído justo antes de girarle el cuello con fuerza y rompérselo. El cuerpo cayó al piso aún húmedo por la lluvia de esa mañana. La chiquilla pegó un gritó y se arrastró para poder huir, sin embargo Rean la había tomado por el cabello y mordió su cuello, succionando su sangre con rapidez. Estaba hambrienta. El mismo destino tuvieron los dos estudiantes, que, a pesar de no tener mucho que ver en el asunto, tenían cierta culpa.
Los tres vampiros comenzaron a comer, chupando la sangre de los cuerpos. Llamando la atención de otros vástagos de baja categoría que se acercaban a ver toda la escena con extraña fascinación.
—¿Jefe, no va comer?
—Paso…— dijo recargado en la pared, sin prestarle mucha atención a la cena. Se concentró en Atsuishi quien no miraba.
—¿Culpa?— el rubio negó lentamente bajando la mirad—, si, es culpa. ¿Qué no es lo que querías? Desquitar todo ese odio que sientes.
—Sí, pero…— alzó la mirada para confrontar los orbes amarillentos de su jefe
—¿Qué es lo que te molesta de esa escena? Debes de acostumbrarte a bailar con la muerte. Después de todo, los humanos son solo ganado para nosotros.
—Cuando estés pisando la delgada línea de la vida y la muerte— secundó Gazell—, ya no serás más uno de ellos. Serán la presa y tú el predador. Debes hacerte a la idea que dejarás esas emociones inservibles.
Burn lo tomó por los hombros y lo giró hacia la escena. En dónde los vampiros bebían del cuello de los humanos al borde de la muerte, sin ápice de piedad. Nepper le miró por el rabillo del ojo y dejó de comer, limpió la sangre con su mano y soltó a su compañero de clases.
—Pero tienes suerte— dijo Burn dándole un empujón hacia el castaño quien lo recibió en brazos sin saber por qué—, al menos cuando nazcas, no estarás solo.
—¿Qué sucede?
Burn hizo un ademán con sus hombros y volvió a recargarse en la pared, a su lado se posó Gazell, que lo abrazó sin previo aviso y hundió su cabeza en su cuello. Estaba actuando extraño y eso le preocupaba de alguna manera.
—¿Te sientes bien? De verdad, volvamos al castillo.
—Cállate— dijo de golpe aferrándose más a su cuerpo.
—¡Tenía tanta hambre!—exclamó Berkley de súbito, se levantó al igual que Rean y cruzaron miradas con todos.
—Hora de irnos— dijo Burn separándose de Gazell— ¿Vamos a algún lugar?
—Yo debo volver a mi tienda— Rean acomodó un poco su ropa cerciorándose de no mancharse con sangre—, pero gracias por la cena.
—Igual yo— secundó el de lentes—, desde ayer que los gatos no comen, seguro que la tienda apesta—, miró al peliblanco de reojo— ¿quiere venir a verlos? Sirve que se los presenta al jefe.
La mirada de Gazell fue del castaño al pelirrojo y de vuelta, quizá cuatro veces mientras que sus mejillas iban tomando una tonalidad sonrosada. Apretó sus labios y asintió tímidamente.
—Nosotros volveremos a casa— Nepper tomó al rubio de la mano—, si me necesita, jefe, llame.
—Por el momento manténganse discretos— pidió con inusual amabilidad—, creo que la policía comenzará a investigar, dudo que lleguen hasta nosotros, pero por si las dudas…
—Correcto— asintió.
Dejaron los cuerpos sin más en el callejón, salieron con pasos rápidos y delatadores, que, en realidad no importaba, dada la zona en la que estaban, en esos momentos vástagos carroñeros ya debían de estar comiéndose lo que quedó de los humanos. Cuando arribaron a la avenida principal, se separaron. Nepper y su novio dejarían a Rean en su tienda y los otros tres anduvieron hasta la librería en una zona mucho más amigable. Entraron por la parte de atrás y subieron a la segunda planta, en dónde estaba la modesta casa del vampiro. Un lugar bonito y acogedor en tonos naranjas y cafés. Consistía solo en dos habitaciones, la que era el estudio y sala con varios libros por todos lados, estantes y un sillón de dos plazas y la recamara que se encontraba con la puerta cerrada. Pero, al entrar, les llegó un olor peculiar a tierra mojada y…
—ugh… popo… — dijo Burn llevándose las manos a la nariz—, alguien te ha dejado un mensaje de amor.
—Iré a limpiar— canturreó Berkley de igual manera. Sacó unas bolsas de plástico y se dirigió a la esquina en dónde yacía una caja especial de color azul. Usó una palita y limpió la arena.
—¿y bien, dónde están las bolas de pelos?— cuestionó el pelirrojo ante la ausencia de los animales. Vio por todos lados y caminó sigilosamente.
Gazell y Berkley cruzaron miradas cómplices.
—Te cuidado…— dijo Gazell—, son muy feroces.
—Claro— sonrió por burla—¿Qué pueden hacer un par de gatitos?
El noruego alzó la vista y vio como dos de los gatos estaban arriba de los estantes de libros, inspeccionando al nuevo intruso, vio como movían sus colas y en cualquier momento atacarían. Sin embargo, descartó que la idea fuera divertida al recordar el cuerno en la cabeza del pelirrojo. Si saltaban sobre de él probablemente se harían daño. Se acercó al mueble y estiró su mano para que le olieran. De inmediato, maullaron llamando la atención del cornudo y el otro gatito que pensaba envestirle por debajo del sillón. Se asomaron y se dejaron cargar.
Burn escudriñó a los animales y ambos gatitos cabían perfectamente en las palmas del vampiro.
—Son muy pequeños.
—Tienen dos meses y medio ¿Qué esperabas?
—No lo sé…—hizo una medida con sus manos—algo así… qué se yo.
—Son unos bebés— le tendió a uno por el pellejo y Burn lo acogió en una de sus manos —él es galleta. Y este es chocolate— le entregó el segundo, ambos se removieron inquietos en las palmas del pelirrojo, pero tan pronto como sintieron el calor emanar de ellas se acomodaron en un ovillo.
—Creo que se van a dormir…
—Tus manos siempre están tibias— musitó.
—Esto no es lo mío…— dijo al no poder hacer acción alguna por tener a los felinos en sus manos—Se me van a caer— se los extendió para que Gazell los tomara pero le ignoró y se dirigió al extremo dónde el castaño preparaba una mezcla de color blancuzco— ¡Hey, ¿qué hago?!
—Sostenlos un momento— ordenó y buscó con la mirada al tercero, llamado Vainilla. Se agachó y le vio debajo de uno de los muebles. Extendió su mano y le sacó de allí a regaña dientes. El animalillo maulló y sus hermanos despertaron.
Berkley tendió el plato cerca de la caja de arena y Gazell acercó al gatito al mismo. De inmediato comenzó a comer. Burn acercó al par y se guiaron hasta el plato.
—Fuiste muy imprudente al dejarlos sin comida— regañó el noruego.
—Mis más sinceras disculpas— dijo con vergüenza—, no pasará de nuevo.
Burn miró de forma curiosa como los animalillos comían, se puso en cuclillas y los olió. Uno de ellos se dio cuenta, levantó la cabeza y le mostró los dientecillos. Burn hizo lo mismo con más gracia y el gatito se hizo hacia atrás con el hocico lleno de papilla.
—Déjalo en paz.
—¡El comenzó! Ni se me antoja su comida con olor a medicina.
—Dejémoslos comer— sugirió el bibliotecario.
Se dejaron caer en el sillón y el pelirrojo notó que no había televisión en el lugar, tampoco un ordenador ni una radio. Solo libros y más libros.
—y…— llamó la atención—¿Qué hacen para divertirse?
—Leer— dijeron al unísono. Casi poniéndose de acuerdo, ambos tomaron un libro. Berkley se sentó a su lado recargándose de medio lado en el sillón y Gazell al no tener más lugar se dejó caer de golpe en las piernas del cornudo. Éste gimió porque le había aplastado la entrepierna y se encogió sin poder hacer nada. Gazell se acomodó y abrió su libro.
—¿Has oído de Hamlet?
—¿Quién?
—Acto uno… escena uno. Explanada delante del Palacio Real de Elsingor. Noche obscura—comenzó a leer en voz alta.
Esa noche tampoco llegaron a casa. A las pocas horas escucharon patrullas por toda la ciudad.
IX
Afuro llegó a la conclusión de que ese sedante era muy fuerte para el lobo. El tercer día lo levantó hasta las cinco de la tarde, lo bañó y le dio de comer, pero el chico parecía más ido de lo usual. No dijo nada, se dejó cargar como muñeco de trapo y cuando terminó de medio darle de comer, salió en busca de la única persona que tenía su respuesta.
—Osamu, no sé qué hacer con él— le dijo apareciéndose por detrás del vampiro
Se giró lentamente, no podría decir que lo asustó –estaba tan acostumbrado a las apariciones súbitas de Midorikawa- vio la cara del ángel contraída con la más pura preocupación.
—¿Pasó algo malo?
—No…— acomodó su cabello y bajó la cabeza—, no es eso, es que—tomó un poco de aire haciéndose a la idea de la negativa del vampiro—. Creo que la inyección no es necesaria.
—Habla más claro.
—Creo que las inyecciones no son necesarias. Lo sedan al grado que lo dejan totalmente inconsciente, apenas y ha podido comer bien.
—Esa es la idea— se cruzó de brazos dejando su labor en el jardín—, la idea es que no dé problemas.
—Pero no es un problema.
—¿Has hablado con él?
El rubio pegó un brinquito que delató sus intenciones. Saginuma frunció los labios. No estaba muy feliz.
—Es peligroso.
—No es peligroso—acotó—, de verdad que creo que podríamos al menos ¿reducir la dosis?
—No.
—¿Por qué no?
—Correrías peligro ¿no lo entiendes? Cuando un lobo se enfada, son de los seres más peligrosos. Todos nosotros estamos preparados para lo que sea, pero tú no estás protegido.
—Creo que estás siendo prejuicioso. Él no es peligroso, será grosero y mandón pero-
—No, entiende— llevó una de sus manos hasta su cabeza, conteniendo su mal humor—, limítate a solo hacer lo que te pidieron ¿quieres? No necesitamos más problemas en el castillo.
—¿Más problemas?— enarcó sus cejas—, discúlpame pero yo no causo problemas. Todos ustedes —hizo el ademán con sus manos— son los responsables de pasarla tan mal.
—Limítate a hacer lo que te pidieron.
Con eso de dio media vuelta y se adentró al castillo. El sol estaba cayendo y las columnas de piedra ya tapaban la luz del horizonte, creando una sombra por todo el extenso jardín. Algunas almas jugaban por allí, dando vueltas entre ellas y riendo como tontas.
—¿Han peleado?— la voz de Kishibe le llamó desde la derecha y poco a poco se materializó a su lado.
—No… no lo creo— negó con la cabeza.
—Se ha molestado, lo puedo ver en sus auras.
—No estoy molesto— siseó por lo bajo
—Si lo estás…
—¡No!— enrojeció, dejando al fantasma con las palabras en la boca y entró por la puerta de la cocina—. Todos en este castillo ya me tienen harto.
—¡Hola— exclamó Midorikawa al verle entrar.
—¡Hola!— le respondió con enfado.
—Oh ya… creo que no soy el único en esos días complicados… — se encogió en su lugar y siguió jugando con su teléfono y tras de eso tuvo una excelente idea— ¡Oye! ¿Quieres ir de compras conmigo mañana?
—De…— le miró de reojo—, ¿compras?
—Sí, salir al centro comercial y comprar cosas. Tengo la tarjeta de Grand, aún. Dudo que me la cancele y él no está— sonrió de manera cómplice—, ¿qué dices?
—Sigo sin entender eso de ir a comprar ¿comprar qué?
—Cosas…— alzó los hombros sin saberse explicar—, no sé… ropa… incluso le podrías comprar algo tu cachorro.
—Atsuya no es mi cachorro— dijo rápidamente con un sonrojo de enfado.
—Perdona— sonrió de lado— ¿Qué dices? Será solo unas horas. Nos gastaremos el dinero de Grand, si esto te motiva más.
—No quiero nada que venga de él— se cruzó de brazos ladeando su cadera en ese gesto afeminado que solía tener— y no quiero descuidar mis labores, quizá cuando se vaya Atsuya salgamos.
—Bien…— respondió con algo de desilusión—, si cambias de opinión dime.
Salir de compras con él, que pésima idea. Fue lo que cruzó por su cabeza al dirigirse a la habitación del lobo. Sí, había tomado una decisión, si ellos hacían lo que querían, entonces él también. No inyectaría a Atsuya nunca más. Lo dejaría tan lúcido y les comprobaría que él podía ser incluso más civilizado.
Graso error.
To be continued
Notas—Hasta aquí~ ¿qué es el amor? incluso para mí como autor, puedo decir que es algo completamente distinto a lo que todos mencionaron. Sin embargo cada quien piensa de manera diferente. En fin, con esto, solo falta un capitulo paso a ser solo un más de rellenito kawaii. Espero que no se les hubiera hecho muy aburrido.
Aclaraciones— Atsuishi cada vez se vuelve mas hijodeputa.
§ Lexington Rabdos H. §
