La rosa del "diablo"

-¡Hey! ¡Detente! Te prometo que esta vez es algo urgente, no es alguna de mis estupideces.

-¡Basta Renzo! Quiero que te largues de mi templo, no quiero que regreses o voy a...

-¿Clavarme una de tus rosas? Ohh preciosa... simplemente he venido a informarte que mañana debemos ir juntos a una misión, luego de eso puedes matarme si así lo deseas.-Respondió Renzo, caballero dorado de Cáncer.

-Está bien... pero lárgate por favor.-Pidió Marion de Piscis.

La francesa no tenía la mejor convivencia con sus compañeros del santuario, pero con Renzo era mil veces peor y todos lo notaban. Renzo era un tipo tranquilo que no solía meterse con nadie, un poco serio y no solía conversar mucho. Nunca se esforzaba por establecer lazos con nadie, excepto con Marion, pero siempre era terriblemente rechazado por esta. Cada intento de acercamiento, cada muestra de afecto y de amistad era rechazado con violencia. Muchas veces fueron llevados ante el patriarca y ante Athena por los disturbios que causaban sus peleas desde que eran un par de aprendices. La extraña relación pasivo-agresiva que ambos tenían se debía al profundo temor de Marion por su condición. Su sangre era venenosa y optó por el aislamiento para no jugarle una mala pasada a alguien de manera involuntaria. Sin embargo, Renzo siempre estuvo lo más cerca que le era posible para apoyarla y aunque a ella no le pareciera, él la llamaba su amiga y ella entre sus pensamientos lo consideraba su amigo aunque nunca lo pronunciaba.

-Iremos a tu madre patria mi querida amiga.-Decía Renzo con entusiasmo.

-Justo el peor lugar al que podrían enviarnos juntos.-Respondió Marion con algo de molestia.

Ambos guardaron silencio durante el camino, Marion se sintió sorprendida de que su compañero decidiera no dirigir ni una palabra hacia ella durante su trayecto. Pudo ver algunos gestos de tristeza en su rostro mientras avanzaban, aquello aumentaba al ver a las familias y a los pequeños niños correr por las calles. Definitivamente algo tendría que estarlo molestando, él siempre lanzaba comentarios de todo lo que veía y esta vez guardaba un silencio sepulcral que le causaba ¿preocupación?

-¿El ratón te comió la lengua?-Preguntó Marion con una sonrisa maliciosa.

-¿Perdón? Pero mi lengua sigue intacta señorita de las rosas.-Respondió Renzo mostrando su sonrisa.

-Llevas cayado todo el camino, eso no es normal en ti. Siempre tienes algo que decir, siempre tienes algo que comentar o alguna broma que hacer con cada cosa que miras... eres preocupante en serio.-Dijo ella.

-Mis palabras son una molestia para ti, mi presencia también lo es así que sino puedo largarme de la misión... al menos voy a callarme para que la experiencia sea menos despreciable para ti.-Dijo él en un tono serio y sombrío que sorprendió a su compañera.

Marion jamás le había visto de esa manera, se preocupaba mucho por él aunque no era capaz de mostrarlo por el miedo que sentía al acercamiento con otras personas. Según los planes del guardián de la cuarta casa, se hospedarían en una pequeña posada del lugar, pero no contaba con que su compañera tenía otros planes. Le indicó que la siguiera y caminaron por un sendero que lucía abandonado. En realidad todas las construcciones de ese lugar se veían así por alguna razón. Habían sido enviados a aquel pequeño pueblo debido a actividad sospechosa que se estaba llevando a cabo. Luego del ataque de Seth en Asgard, se registraron varios altercados similares en otros lugares y su misión era averiguar de qué se trataba todo aquello. Llegaron a una mansión enorme que parecía más bien un castillo, estaba rodeada por completo por rosas rojas. Marion supo que no se trataba de rosas comunes y corrientes, alzó su cosmos y las rosas respondieron a ella. Abrieron un camino y ambos pudieron pasar, al llegar a la puerta ella levantó una de las macetas que se encontraban en la ventana y encontró la llave para abrir. Renzo estaba bastante sorprendido por la familiaridad que su compañera tenía con el lugar, pero se negó a hacer preguntas.

-Bienvenido a la casa de mi infancia, ponte cómodo mientras busco cómo encender la chimenea.-Dijo Piscis a su compañero.

-¡No! Ven conmigo... no te preocupes por eso ahora.-Pidió Renzo.

Ella le indicó el camino y ambos llegaron a una pequeña sala, él se encargó del fuego de la chimenea y ambos se tumbaron cerca del fuego. Renzo retiró el cabello que cubría parte de su rostro y dejó ver una cicatriz que iba desde su frente hasta su mejilla derecha. Ató su cabello y lanzó un suspiro al ver el fuego, se sorprendió al ver la manera en que Marion le observaba y no pudo evitar sonreír. Ella se acercó y acarició su rostro, delineaba la cicatriz con sus dedos y como siempre... se alejó al darse cuenta que estaba teniendo contacto físico con alguien.

-Nunca me dijiste cómo fuiste a parar al santuario.-Preguntó Marion.

-Oh Mari... es sencillo: padres alcohólicos, violencia intrafamiliar y estafas en las calles. ¿Ves mi hermosa cicatriz? Mi madre me sostuvo mientras mi padre me daba una "lección" por llegar tarde a casa. Esa misma noche escapé y comencé a vivir en la calle, desde que tengo consciencia fui capaz de ver a las almas y de comunicarme con ellas, así que me ganaba la vida como médium o vidente. Karan me llevó al santuario, lo único que me duele fue haber dejado a mi hermana Emilia con mis padres.-Respondió Renzo.

-Hablas de ello con tanta facilidad que asusta.-Dijo ella algo nerviosa.

-Que no te engañe la facilidad de las palabras... pero es tu turno preciosa, quiero escuchar tu historia.-Respondió él.

-Antes de contarte esto... hay algo que debo preguntar. ¿Por qué siempre intentas acercarte a mí?-Preguntó ella con curiosidad.

-Eres hermosa, incluso cuando ocultabas que eras una chica yo pude darme cuenta de la belleza que existe en ti. Eres un ser divino y fascinante, tu porte y apariencia física ocultan muchas cosas maravillosas. Pareces un ser de la realeza, como las princesas de los cuentos de hadas... el simple hecho de alejarte de los demás por miedo, muestra la nobleza y el amor que sientes por la vida. En verdad eres como una rosa, tantos pétalos envuelven un centro misterioso y único que yo deseo descubrir.-Respondió él sin vacilar.

-Yo... sobre lo de ser de la realeza... acertaste. Soy la menor de las hijas de la familia Belrose, mi padre era un famoso y adinerado jinete al que conocían como "el diablo". Aprendí canto, danza, idiomas, combate y equitación al igual que mis 2 hermanas mayores. Había una familia que nos tenía odio a muerte, muchas veces mi padre me prohibió acercarme a ellos porque realizaban rituales extraños para "atraer a la oscuridad". Una noche, uno de los hijos de esa familia intentó entrar a la casa y al entrar en contacto con las rosas... perdió la vida. Siempre tuvimos la rosas con nosotros, pero eran solamente unas pocas, la familia Feraud juró que nos mataría a todos para vengar la muerte de su heredero. Era mi cumpleaños número 8 y habían organizado una fiesta para celebrarlo, cuando de pronto... ellos aparecieron. Fue la primera vez que sentí el cosmos, fue la primera vez que vi la maldad y la oscuridad frente a mis ojos. Mi padre supo que no saldríamos de allí con vida, entonces nos llevo a mi madre y a mis hermanas al jardín de las rosas demoníacas reales. Los cinco nos tomamos de las manos y nos dejamos caer, fue un dolor horrible, pero la agonía fue muy corta. Pero la peor parte la llevé yo... el veneno no fue efectivo en mí y al despertar me encontré con mi familia sin vida y con todo lo que conocía destrozado.-Narró Marion.

-Preciosa... yo no tenía idea yo lo lamento tanto.-Dijo Renzo mientras se acercaba a confortar a su compañera.

-La ira, el dolor y la tristeza que sentí alimentaron a las rosas. Rodearon la casa por completo y desde ese día, nadie había sido capaz de entrar. Al igual que a ti, Karan me encontró y me llevó al santuario. Descubrí que mi familia tiene un legado con el santuario y de todas maneras yo sería puesta a prueba junto con mis hermanas para que alguna de nosotras portara esta armadura. El veneno corre por mi sangre y yo no quiero herir a nadie... no quiero perder a mis seres amados nuevamente, yo no quiero perderte a ti.-Dijo ella mientras era acunada en el abrazo de su compañero.

La tenía entre sus brazos, vulnerable y confesando aquello que nunca creyó posible. Ella le amaba tanto cómo él a ella y entonces decidió arriesgarlo todo. Acunó el rostro de la chica entre sus manos y sin previo aviso besó sus labios. Estaba preparado para el rechazo, pero nunca imaginó que sería correspondido de aquella manera tan natural y sincera. Ambos se apegaron más a medida que profundizaban el beso, él no pudo evitar soltar una pequeña risa al sentir cuando ella desataba su cabello y lo acariciaba con ternura. Se separaron para respirar, a él le parecía hermosa la visión de la bella rubia con la cálida iluminación que la chimenea les brindaba. Ella se acercó para continuar con aquel contacto divino entre sus bocas, él se sorprendió al sentir aquellas finas manos deslizarse bajo su camisa y acariciar su abdomen. Poco a poco la ropa fue dejando sus cuerpos, se acoplaron lentamente y con un dolor que les parecía mínimo después de todo el sufrimiento que los había llevado hasta ese momento. Entre besos, caricias y jadeos, ambos se profesaron amor. Luego de aquel impensable acto entre ambos, se abrazaron el uno al otro con fuerzas y cayeron presa del sueño. Marion fue la primera en despertar, esbozó una sonrisa al ver que aquello no había sido un sueño, se encontraban juntos. Acarició su rostro para despertarlo y él abrió sus ojos lentamente y al verla... sonrió también.

-No moriste... mi sangre. Tenía miedo pero no fui capaz de detenerme y te puse en riesgo.-Decía ella mientras se vestía nuevamente.

-Danzo entre la vida y la muerte preciosa, además ¿nunca fuiste a la casa de Escorpio? No sé si eres más venenosa tú o él.-Respondió él a manera de broma.

Salieron del lugar, no pasó mucho para que el deber llamara nuevamente. La pequeña ciudad estaba siendo atacada por criaturas parecidas a las que atacaron en Asgard. Ambos lograron atacar sin mayor problema a dichas criaturas, pero Marion detuvo sus ataques de manera repentina al ver quien dirigía aquel ejército. Cabalgaba con gracia casi divina, tenía un látigo enorme que destrozaba todo lo que tocaba. Una máscara negra cubría su rostro y era portador de una armadura del mismo color. Dirigió aquel látigo directamente a Renzo y lo tomó por el cuello.

-¡Suéltalo ahora! Dagger rose!-Exclamó Piscis al ver que su compañero había sido atrapado.

Una lluvia de rosas azules fue apareciendo y se clavaron cual dagas contras los extraños seres y afectaron de igual medida al misterioso jinete. Este pareció no inmutarse con el efecto de las rosas e hizo de las suyas atacando al caballero de Cáncer. El látigo parecía drenar su energía, sabía que podría morir, pero al menos le daría tiempo a su compañera de librarse del fatal destino que le esperaba si se enfrentaba a su atacante. Una rosa piraña cortó el látigo desde el mango y entonces Renzo cayó al suelo. Para su sorpresa, el látigo se armó nuevamente y esta vez intentó alcanzar a Marion. Renzo supo entonces que no tendrían oportunidad y decidió llevar la batalla a terreno conocido.

-¡Ondas infernales!-Exclamó Renzo mientras lanzaba su ataque.

Las ondas infernales los envolvieron y al abrir los ojos se encontraban en Yomotsu. Sintió su cosmos fortalecerse al estar en el lugar, vio la mueca de horror en Marion cuando el jinete se quitó la máscara que cubría su rostro. Se veía como un hombre de unos 40 años aproximadamente, de tez blanca, cabello rubio y ojos azules. Su rostro se veía fino y casi aristocrático. Por el horror en el rostro de su compañera, supuso de quién se trataba. Se puso de pie y bloqueó el golpe del látigo que era dirigido hacia ella.

-¡Diablo! ¡No permitiré que nos derrotes! Royal demon rose!-Gritó Marion mientras las hermosas pero letales rosas rojas se dirigían hacia el jinete.

-¡Alto! Ustedes no entienden, este mundo necesita morir en la oscuridad para poder renacer en la luz de un nuevo futuro. ¡Mi señor solamente quiere que este mundo renazca!-Explicaba el jinete.

-¿Te volviste loco? Tu señor casi destruye Asgard, casi mata a nuestros amigos y quiere acabar con este mundo.-Argumentó Renzo.

-Yo debería matarte por haberte revolcado con mi hija. ¡Tu serás el primero en morir!-Exclamó aquel hombre mientras dirigía su látigo hacia Renzo nuevamente.

Él se sentía confiado y fuerte en aquel lugar, con su dedo índice dirigió a un grupo de almas que derribaron al jinete de su fantasmagórico caballo. Mientras tanto Marion se hacía cargo de las otras criaturas. El volver a su hogar ya era bastante difícil para ella y él no quería que se enfrentara a su propio padre en aquella situación. En algún momento, entre la confusión de la batalla, Marion fue atrapada por el látigo y su rostro fue marcado por aquel material ardiente dejando una herida profunda en su mejilla. Era lo de menos, ahora ella era presa de aquel hombre y él no podría atacar sin herir a su amada.

-¡Morirás! Justo como debiste hacerlo ese día.

-No entiendo padre... no entiendo nada.-Decía Marion entre lágrimas.

-Esto no es natural mi pequeña rosa bella, debes volver con nosotros. Todos debimos partir ese día y es momento de que vuelvas a casa.-Decía el hombre mientras comenzaba a enrollar el látigo alrededor del cuello de Marion.

-Eric, arrête.-Dijo una voz que hacía eco en aquel inmenso y lúgubre lugar.

Los tres voltearon y no dieron crédito a lo que veían. Era un alma, era el alma de Artyom de Acuario. Estaba justo frente a ellos y entonces el jinete soltó a Marion. Estaba visiblemente sorprendido ante la aparición de aquella alma.

-Hermano... mi querido hermano Artyom. Han pasado tantos años y tú... tú también partiste.-Pronunció Eric, el jinete fantasmal.

-Así es Eric, partí defendiendo la luz y la esperanza. Luché junto al amor de mi vida para defender el futuro de este mundo, fui valiente, justo como tú me enseñaste mi querido hermano.-Respondió Artyom.

-Padre por favor detente, no nos obligues a hacerte daño.-Suplicó Piscis.

-Lo siento mi bella rosa, pero debo cumplir mi labor.-Respondió Eric mientras empuñaba su látigo nuevamente.

Un escudo de hielo bloqueó el avance del látigo y eso dio tiempo a Marion y Renzo para reagruparse y atacar juntos. Combinaron las ondas infernales junto con las rosas piraña. A su ataque se uniría la ejecución aurora de Artyom. Eric, el "diablo", fue golpeado de lleno con aquellos ataques y pereció en el lugar. El alma de Artyom se dirigió hacia Marion y le brindó una cálida sonrisa.

-Conociste la verdad... tu padre y yo somos hermanos. Natassia y tú son primas, no están solas en este mundo. Se tienen la una a la otra y tienen a mucha más gente que las ama. Cuídala, yo sé que ella cuidará de ti también. No temas a tu veneno, recuerda que es a partir del veneno que los antídotos son creados.-Dijo Artyom antes de desvanecerse.

Marion se acercó al cuerpo inerte de su padre, pero este se había desvanecido. Vio su alma materializarse frente a ella, no dijo una sola palabra y simplemente le brindó una sonrisa. Acarició su cabello y desapareció entre aquellas filas interminables de almas. Renzo los sacó a ambos de allí y volvieron a aquella enorme casa donde habían pasado la noche. Al aparecer, Renzo cayó de rodillas y entonces ella pudo notar lo herido que él se encontraba. Se acercó a él y vio un profundo corte en su cuello debido al látigo ardiente de su padre. Lo recostó sobre sus piernas y comenzó a concentrar su cosmos para ayudarlo.

-Ppppreciosa... ¿estás bien?-Preguntó Renzo con la voz muy débil.

-No hables por favor, intento ayudarte, pero necesito que resistas.-Suplicaba Marion.

-Mi bella princesa... ¿cantarías una canción de despedida para mí? Una de esas lindas canciones de los estúpidos cuentos de hadas.-Pedía Renzo.

Marion asintió con algo de tristeza, comenzó a concentrar su cosmos y sino funcionaba lo que tenía planeado, al menos cumpliría la última voluntad de su amado en ese lugar. Ante ellos comenzaron a surgir hermosas flores, esta vez no eran rosas... eran hermosas flores de lavanda azul las que se hacían presentes. Su fragancia inundaba el lugar por completo. Marion no veía aquel espectáculo pues se encontraba tarareando una pequeña melodía mientras tenía los ojos cerrados debido al miedo.

-Lavender's green, dilly dilly, lavender's blue. If you love me, dilly dilly, I will love you.-Cantaba Marion, mientras aquellas hermosas flores aparecían poco a poco.

Ella abrió los ojos y se sorprendió al ver todas esas flores, la hermosa fragancia que estas despedían, hacían que sus heridas sanaran. Pronto vio cómo la profunda herida de Renzo dejaba de sangrar y comenzaba a cerrarse por completo. Incluso sus propias heridas se cerraban y ambos iban recuperando las fuerzas para incorporarse nuevamente.

-Lavender's blue, dilly dilly, lavander's green. When I am king, dilly dilly. You shall be queen.-Cantó Renzo para sorpresa de Marion.

Ambos rieron, se besaron nuevamente y decidieron que era el momento de regresar al santuario. Todo cambiaría para ellos luego de aquella misión, Marion pudo abrir su corazón y ser correspondida sin miedo. Descubrió sus lazos familiares, se sintió apenada por las varias ocasiones en las que argumentó en malos términos con Natassia. Eran familia después de todo, dejó de sentirse sola y volvió a sonreír... pero la guerra era inminente y toda esa felicidad corría riesgo.

Hi! This is Vega! La pequeña canción que Marion y Renzo tararean, es una canción que aparece en el live action de Cenicienta. Es una canción corta pero realmente hermosa. Con respecto a las habilidades de Marion, su sangre es muy venenosa y ella decidió aislarse del mundo (algo parecido a lo que vivió Albafica de Piscis en TLC), pero a diferencia de él, la sangre de Marion también tiene capacidad curativa. No es el único personaje que posee veneno en su sangre, pues como bien mencionaba Renzo. Sahir y su familia poseen sangre venenosa en gran medida, en un próximo cap. explicaré un poco más sobre esto. Sayonara, nos leemos después.