Cuando la nieve se derrita…

XXI

Eres todo lo que pedía

Lo que mi alma vacía

Quería sentir.

Eres lo que tanto esperaba

Lo que en sueños buscaba

Y que en ti descubrí.

Tú has llegado a encender

Cada parte de mi alma

Cada espacio de mi ser.

Ya no tengo corazón

Ni ojos para nadie

Solo para ti

Eres el amor de mi vida

El destino lo sabia

Y hoy te puso ante mí

Y cada vez que miro al pasado

Es que entiendo que a tu lado

Siempre pertenecí

Tú has llegado a encender

Cada parte de mi alma

Cada espacio de mi ser

Ya no tengo corazón

Ni ojos para nadie

Solo para ti

Solo para ti

Solo para ti

Solo para ti

Esto es en verdad

Lo puedo sentir

Se que mi lugar

Es junto a ti…

Eres todo lo que pedía

Lo que no conocía

Y que en ti descubrí.

"Sólo para ti", Camila


Flash back...

Era tardísimo: los rayos del sol traspasaban la recámara. Kaede abre los ojos, algo cansado...

Mal que mal, la noche había sido agitadísima...

Todavía sentía el dolor a los músculos... Pero, en cambio, la sonrisa en su rostro era evidente...

-Fue increíble...- musitó, satisfecho.

Pero algo faltaba: mejor dicho, ALGUIEN faltaba...

Se levantó de la cama, movido por un resorte: bostezó, intentando recobrar movilidad en sus músculos.

-Natsumi... ¡Natsumi!

La llamaba, pero no respondía: frunció el ceño, consternado.

No estaban ninguna de sus ropas...

Buscó por toda la habitación, intentando hallarla.

Nada: no estaba.

-¡Bah, qué burro! Día de semana: estaba de turno hoy... Esta tontorrona: se va sin decirme nada en absoluto...

La tontorrona: la misma mujer a la que amó casi toda la noche.

¡Ese sí que podía llamarse un "cumpleaños feliz"!

Al fin había obtenido lo que tanto deseaba...

-Y ahora... Vamos a entregarle la grata noticia: le va a encantar.

Salió hacia el baño: necesitaba una buena ducha.

Se sacó toda la ropa, mirándose en el espejo.

Chupetones, arañazos, y la sonrisa solapada entre todo ello...

La amaba: hoy más que nunca. Por fin las cosas iban tornándose a su favor...


-¡Ay, mi caballerito! ¿Qué hace Ud. aquí? Corre mucho peligro...

-Mi hermosísima dama: es lo que menos me preocupa en estos instantes...

Esa sonrisa triunfante en su rostro: la cara de Natsumi en la mañana, al encontrársela casi de cara y que no le haya dicho nada en absoluto...

Se encontraron en las sábanas...

Dios... Estuvieron juntos.

Eso sí que era un problema: con lo triste y melancólica que había escuchado a Natsumi hablar de sus problemas sentimentales...

Añadirle otro problema más...

-Mi Kaedecito: debo decirle algo de importancia...

-Mire: estoy algo apurado... Lo arreglamos en la tarde: por si acaso le preocupa el arriendo, tenga por seguro que se lo pagaré...

-¡No es por eso: déjeme hablar, por favor!

La desesperación de la señora Matsumata era evidente: Kaede se le queda mirando, algo extrañado por sus palabras...

-Es por... ¡Ah, es por la señorita Tsujimoto!

Kaede frunce el ceño: ahora estaba con los brazos cruzados...

-Mi señora...

-Insisto: déjeme decírselo, aunque sea una vez...

-¡Ah, ya! De acuerdo, dígalo...

-La señorita Tsujimoto es una muchacha muy amable y limpia: dice las cosas de frente, pero la he visto en condiciones no muy propicias para su salud...

-Bueno, todos han sido jóvenes alguna vez...

-No me cambie el tema, jovencito: sé perfectamente cuáles son sus intenciones con esa muchacha...

Kaede se queda en blanco, ¿cuándo se lo había contado?

-Intuición de abuela...- respondió, como adivinando lo que su boca no decía a través de las facciones de su rostro- Ah, bueno: también lo conozco a Ud. muy bien. Es un hombre correcto y muy íntegro, pero espero que no esté cegado por las apariencias...

-¿A qué hace referencia Ud.?

La señora Matsumata lo mira, con mucha desazón en su rostro.

-Ella no lo ama, mi caballero: se lee en sus ojos... Y Ud. debe aceptarle así.

La mirada de Kaede era de asombro en absoluto: no podía creer que la señora Matsumata le dijera tales cosas... Que, a pesar del tacto que tenga, no dejaban de ser muy dolorosas.

-Mi señora, le dejaré algo en claro: con Natsumi-

-No deseo saberme enterada de detalles, mi caballero: cumplo con decirle lo que siento. Ud. ha sido muy derecho y justo conmigo: suelo siempre pagar con la misma moneda... Me sinceré, porque sé de lo que hablo: tampoco se lo he comentado a nadie, sólo se lo digo para evitarle más dolor. Ud. más que nadie sabe a lo que estoy haciendo referencia... No deseo que sufra una decepción, pues no lo veo capaz de soportar más dolor en su corazón.

Eso sí que había sido fuerte: Kaede siente dolor en ese mismo instante... A pesar que siente que hubo mucha química entre ellos anoche, no se habían jurado nada en absoluto...

Lo que es peor: estaban los dos borrachos...

Mal momento para hacerle darse cuenta de ello: lo que había pasado ayer lo tenía marcado en el corazón.

Estaba enamorado de ella, de eso no tenía duda alguna.

La saludó, silencioso. Fue a ver el departamento, pero la duda lo carcomía por dentro.

Salió corriendo hacia la estación.


Lo sé, que es tarde...

Lo sé: tenía ganas de mirarte.

Estás cansada, ja: lo sé, pero necesito hablarte.

Quiero decirte una cosa, una frase de amor,

Yo la tengo conmigo, en mi corazón.

Y, vamos: déjame subir...

Te encuentro bien: y, yo

Te miro sin poder hablar.

Cómo podría pensar: encontrarme, estar así.

La cabeza me gira si yo miro tu cara.

Siento el tiempo que pasa sobre mí.

Puedo decirte lo que siento, si no estoy contigo aquí.

Hablo de mí, hablo de ti: soñando así.

Recuerdos en el mar.

Estabas allí, sobre de mí: pensando en ti.

Por no dejarme más amor.

Y yo, pensando: que quiero estar contigo. Y

Y ahora, mira.

Y ahora, mira.

Yo estoy muriendo, y tú:

Te estás poniendo esmalte.

Yo estoy sufriendo, y tú:

Y me estás mirando.

Ahora mueves tu cuerpo dulce sobre la cama:

Si yo pienso que hicimos ahí el amor.

Me vuelvo loco: siento y pienso que te gusta...

Probarme así.

Hablo de mí, hablo de ti: soñando así.

Recuerdos en el mar.

Estabas allí, sobre de mí: pensando en ti.

Por no dejarme más amor.

Y yo, pensando: que quiero estar contigo. Y

Y ahora, mira.

Hablo de mí, hablo de ti: yo estoy aquí.

Tú no me estás mirando.

Sentada ahí, pensando en ti.

Me dice así: o hablas pronto, o ya te vas.

Y yo, pensando: que quiero estar contigo. Y

Y ahora, mira.

Y pienso en mí,

Si pienso en ti, yo siento que

Ahora me estás buscando.

Tú eres así: decide tú.

Cuál cosa es: si, bien te quedas, o si te vas.

Yo no comprendo: estoy aquí y pienso...

Quiero decirte sólo: ¿Cómo estás?

¿Cómo estás?

¿Cómo estás?

¿Cómo estás?

"¿Cómo estás?", Paolo Fornaro.


Y allí mismo se encontraban: Natsumi estaba enfrente de él, pero las circunstancias eran muy distintas a las de ayer.

Ahora estaban sobrios, ahora se veían las caras...

Ahora sí que todo era verdadero.

No dejaba de ser hermosa: toda ella. Ahora sí que la veía bien.

Después de hacerle el amor, la descubrió con ojos nuevos...

No por conocer cada centímetro de piel, no: era algo que iba más allá de lo puramente físico.

Sintió su estremecimiento en cada fibra de su ser al verla.

Era increíble: el amor se desvestía frente a sus ojos...

Los ojos del amor. Esa mirada que creyó perdida, muerta por tanto tiempo.

Natsumi avanza hasta donde está él: los ojos que la miran son distintos... Era indudable que algo había cambiado para siempre.

Se detiene enfrente: Kaede tiene un terror atroz de la implicancia de ese encuentro...

Natsumi toma primero la palabra.

-Kaede... Yo- debo ser-

-Natsumi, no: detente ahora mismo- Kaede la interrumpe: no era manera de decirlo. La silencia porque debía ser él quien aclarara la situación... Todo se había dado en una instancia de borrachera e inconsciencia: fue una necedad por parte suya el dejar escapar, a través de la bebida, todo lo que debía confrontar con ella.

-No quiero que-

-Por favor, déjame decirte algo antes: antes que me digas lo que tengas que decirme, antes de que las circunstancias nos lleven a una instancia en la cual no quedará nada claramente dicho...

La lluvia comienza a caer: Natsumi se le queda mirando.

-Natsumi: yo te quiero mucho... Este tiempo que hemos compartido ha sido lo más hermoso que he vivenciado a través de toda mi estadía en Tokio. De lo que te hable en adelante quiero que no te quede duda alguna: todo lo que siento no va a cambiar, nunca.

Natsumi comienza a llorar: la herida se abría sin ninguna anestesia.

-No es tu culpa, Kaede...

Se le queda mirando, algo confundido por sus palabras.

-Fui yo quien te ha engañado: me tiré encima de ti, he- he arruinado nuestra amistad...- soltó el llanto que había mantenido durante todo ese tiempo. Kaede interviene:

-No, no, no: cálmate. Estás equivocada, Natsumi: esto no ha sido un error...

-¡Por supuesto que lo fue!: ¿es que acaso no te has dado cuenta, Kaede? ¡Nos metimos en la cama, manchamos nuestra amistad: y todo por mi borrachera!

-¡¡N-no seas tonta!! ¡¿Cómo se te ocurre decir tales palabras?!- el enojo de Kaede era evidente: "¿un error: eso significó para ella?".

-¡Sé que no tuviste la culpa: mi actitud frente a ti!-

-¡¡YA BASTA!!

Kaede la para en freno: Natsumi queda muda ante su alza de voz. Llovía cada vez más fuerte...

-Basta. Suficiente, Natsumi: ¿es que acaso...?- se acerca a ella, con paso firme y seguro-¿...es que acaso no te das cuenta?

Ahora sí que estaba confundida: todo se tornaba al revés de lo que pensaba...

-D-¿darme cuenta...?: ¿de qué estás hablando?

Estaba frente a ella: los ojos que durante todo este tiempo habían ocultado los designios de su corazón.

-...Darte cuenta de esto.

La toma de los hombros, la mira intensamente... Luego, va acercando sus labios carnosos hacia su propia boca...

Natsumi abre los ojos, asombrada. Sus mejillas se tornan más rosadas que de costumbre... Emite un quejido cuando une sus labios: sus respiraciones se juntan

Kaede la besaba: la besaba en los labios...

No alcanzó a decir palabra: todo había sido tan abrupto, tan distinto a lo que imaginaba... Sus ojos seguían abiertos: del asombro, de la estupefacción.

Tal vez, esa noche se llenaron de besos y caricias, pero nunca pensó que fuese un acto voluntario: Kaede la amaba... Se lo había dicho aquella noche, y lo confirmaba ahora.

Kaede la besaba lento, despacio: acariciándole con la boca.

Luego de unos minutos de estupefacción, Kaede se incorpora.

Natsumi estaba sin habla: eso sí que era inesperado...

-Te amo, Natsumi: estoy total y absolutamente enamorado de ti... Lo que hicimos ayer, yo: nunca lo olvidaré, porque te he amado todo este tiempo. Eres la mujer de mi vida...

¡¡Oh, Dios!! ¿Se le estaba declarando?: ¡¿Kaede Fukusawa se le estaba declarando?! Esto sí que no se lo esperaba...

-M-me... Me amas, ¿me amas?... ¡Me amas! ¡Dios santo!

Salió hasta la baranda de cables: era de no creerlo, ¿cuándo sucedió?

-Kaede, por favor...- levantó la mirada hacia el susodicho- ¿No me tomas el pelo?

Era ya el colmo: se exponía mil veces, y la muy tonta hacía la gran pregunta. ¿Cómo dudaba de lo que le estaba diciendo?: ¿acaso le estaba tendiendo una broma?

-¡Natsumi, Natsumi: ¿crees que te "hice el favor" ayer?! ¡¡Te amo, por eso es que me metí contigo a la cama: por eso fue que te hice el amor, no fue una cosa de borrachera nada más!! Por eso es que te cuido, por eso es que me he mortificado al pensar que seguirás con ese tipo que te hace tanto daño... Te amo, y no sé qué demonios haría sin ti...

Ah, Dios: esto era un problema marcadamente "salido de las manos". La cara de escepticismo era cada vez mayor, y la cara de Kaede era de una paz muy rara: refiriéndose a una declaración tan inesperada...

No dejaba de mirarle: esa cara tan querida, tan familiar, tan de siempre... Lo que le decía no era lo mismo que creía: entonces...

Todo había sido un error.

-Kaede, me amas... Oh, no- se colocó en la pared, donde todavía quedara techumbre: Kaede fue hasta ella, pero Natsumi dio vuelta la cara...

-Natsumi... Ah, Natsumi, por favor: tienes que comprender... también ha sido difícil para mí...Yo-yo no podía verte como...- se hincó y le tomó las manos- Yo no podía verte como una mujer: siempre te antepusiste, nos antepusimos a formar una amistad. Si yo te hubiese dicho esto antes... Ten la seguridad que no nos habríamos acercado más... No quería perderte: he perdido tantas cosas antes por mi descuido, y no estoy dispuesto a perder nada más. Eres lo más importante en mi vida, y lo vas a seguir siendo: aun si no aceptas lo que te digo... Te amo: vamos, mírame.

Apenas y le miraba, corría la cara: no podía confrontarle, no después de todo lo que había pasado. Su mente estaba herida, y nada de lo que pudiese decir en esos instantes lograría aminorar el daño...

Ciertamente, los dos no están exentos de culpas, pero no podían vivir en ellas... De lo contrario, lo mejor que podría hacerse es colocar distancia...

-¿Es posible esto...?

-¿Qué dices?

Natsumi confronta las miradas.

-Que, después de acariciarnos tanto: de haber dormido juntos... ¿Es posible que no pueda encararte como antes?

Sabía a qué hacía referencia: y no le gustaba para nada la situación.

-Natsumi, lo que dices es tremendo... Te he dicho la verdad, te he confrontado y sido sincero, a pesar de todo lo que podría acarrear. Eres hiriente: no es justo.

-¡Lo sé, lo sé y lo lamento! Es la única forma que puedo confrontar esto... Kaede, yo-Déjame explicarme... Jamás creí que me amabas: creía que era yo quien sentía algo más fuerte por ti... Pero, lo que pasó anoche: cuando estuvimos juntos... Eso- yo: no puedo explicarlo... Como si, de alguna manera, nos estuviéramos escondiendo: te quise, pero al mismo tiempo rogaba para que acabara de una vez...

-No fue así: no lo sentí así... Yo te di todo lo que tenía. Te regalé mi corazón.

-... Yo-no sé...

"¿No sé?": ¿esa era la respuesta que le daba frente a su declaración? Al exponerle su amor, su cariño...

La lluvia era ya un torrente de agua fría: Kaede, en gesto amable, colocó su abrigo en los hombros de Natsumi...

Fue en ese preciso gesto: sólo en ese instante delimitó cuan grande fue la trecha que los separaba del pasado que estaba tan acérrima a defender.

Las miradas que se daban, el latir de su corazón al estar frente a él.

Todo era nítido ahora...

Nada iba a volver a ser igual.

El cambio estaba ya hecho, y la culpabilidad le estaba carcomiendo la conciencia...

Las respuestas de ella eran cortas y sumamente confusas: el corazón de Kaede se encogía frente a Natsumi...

No debía ser así: ahora, estarían juntos en la cama. Amándose, hablando de lo hermosa que sería su vida juntos, tratando de reconstruir vidas heridas...

No de esta manera: no debían terminar de esa manera.

Todo había quedado hecho pedazos.

-No me mires así, Kaede: yo lo lamento...

Kaede se incorpora: tiene los puños apretados.

Era inconcebible el pensar que todo fue parte de un sueño...

De un sueño que sólo existía en su mente.

-¿Lo lamentas?... Por favor, Natsumi: no quiero escuchar nada más...

-¡Es en serio!

-¡Por supuesto que es en serio: mírame! Te he dicho que te amo, y- y, ¡y me vienes con esta respuesta! ¡Ah, Dios!- ya perdió completamente los estribos. Estaba sumamente herido: tenía herido el corazón.

-Kaede, lo lamento, lo lamento- lo abraza con fuerza: por un instante, se pierden en el nudo de sus cuerpos... para luego volver a la realidad.

Kaede deshace el lazo entre ambos: toma tiernamente sus manos y se las devuelve.

-Lo lamento mucho más: no puedo hacer lo que me estás pidiendo... Perdóname, Natsumi: pero voy a hacer lo posible para que te des cuenta de lo contrario... Tendrás que esperar hasta que puedas abrir los ojos. Te amo, te amo profundamente: no puedo ser tan cínico y ofrecerte amistad sin más... Voy a lograr conquistarte, puedo asegurártelo.

-¡Te volviste loco!, no voy a permitirlo...

-Es tarde para arrepentirse: estoy dentro- le sonrió, ocupando las mismas palabras que ella misma le había dicho. Luego, una de sus manos fue hacia su rostro, acariciándole la mejilla- No te dejaré sola, jamás...

Dicho esto, salió de la azotea, dejando a Natsumi más confundida que nunca...

¿Cómo pasó, cuándo...?

Preguntas que surgían en su mente, pero que no obtenían respuestas. Kaede quería ser su pareja, y no veía ni una cuota de titubeo en su actuar...

El muchacho que había conocido hace un año, en nada se parecía al hombre que se le declaraba: con el que estuvo en la cama...

De pronto, un ruido de cosas...

Natsumi se dio vuelta.

Tokairin estaba allí, parado frente a ella: Natsumi quedó petrificada del horror...

-No quiero que te preocupes más, Natsumi...

-Tokairin, debo explicártelo: tienes que escucharme.

-No es necesario: dejamos muy en claro que lo nuestro ya había terminado.

-¡No, Tokairin!: ¡tengo que decírtelo para que no hallan malos entendidos!

-No es necesario, te digo... Deseo que seas muy feliz: te lo mereces...

Deseaba hablarte, rectificar lo que había escuchado, pero la mirada del teniente era lejana: no podía soportarlo, verle tan mal... por su culpa.

Se fue de su lado, sin dar ninguna explicación...

Tarde o temprano: hoy se iba de la estación, de Tokio, de Japón...: se alejaba de Natsumi para siempre.


-¡Onohara, qué bueno verte! ¿Supiste que Daisuke fue echado por?-

-Muy amable, oficial, por comunicármelo: lastimosamente, no tengo tiempo que perder. ¿Ha visto al señor Fukusawa?

El tono de voz de Onohara era exasperante: justamente, se encuentra con Kaede a la salida del ascensor...

-¿Giichi, qué haces aquí?

-Perro: malas noticias... Tu sobrina...

-Mi sobrina, Emiko... ¡Emiko, ¿qué pasó con ella?! Dime qué ha pasado con ella...- le toma de los hombros, zarandeándolo.

-... Raptaron a Emiko. Kaede, el tipo al que tenían capturado escapó de la cárcel...

Kaede quedó atónito con la noticia: apenas se supo enterado de los detalles, corrió hacia el estacionamiento. A pesar de las réplicas de Onohara, Kaede toma su auto y sale disparado a buscar a su sobrina.

Giichi quedó parado allí, a merced de la torrencial lluvia: unos pasos rápidos se acercan al lugar.

-¡¡Giichi!!

-¡Natsumi, tenemos que ir a buscar a Kaede!

-¿Qué le pasó ahora?...

-No tengo mucho tiempo para explicarlo, pero debemos ayudarle. Está en peligro de muerte...


Revolvió toda la habitación, para dar siquiera con un indicio: alguna dirección que le diera pista de su posible paradero...

Nada, nada: el apartamento estaba vacío.

Se sentó en medio del living, con la mano en la boca a causa del escepticismo...

-"Dios... Al fin, lograron pisarme la cola"- pensó Kaede.

El timbre.

Kaede se incorpora. El sonido del timbre es persistente...

Kaede sospecha lo peor: toma un cuchillo cocinero y avanza tras la puerta... Apenas y vio una silueta, la redujo y la aprisionó: la tenía amenazada con un cuchillo en su cuello...

-Kaede, por favor...

-Hikaru...- musitó Kaede. Alejó el cuchillo de ella, pero la mantenía prisionera- ¿Qué mierda haces aquí?

-Vine- ¡Ah, vine a advertirte, Kaede! Por favor, suéltame...

-¿Por qué debería creerte, eh? Han tomado a mi sobrina en sus cochinadas... ¡Si son tan fuertes como dicen, ¿por qué no me han tomado a mí?!

-No lo sabía, te lo juro: tienes que salir de aquí, Kaede... Te tienen en la mira...

Kaede la suelta finalmente: la muchacha tose desaforadamente...

-No me ayudas con ninguna novedad: por supuesto que tengo conocimiento de ello, sino seguiría viviendo acá...

-Sabías que tienen en la mira a tu "amiguita", ¿no?

Con tono claramente displicente, la muchacha hace referencia a Natsumi. Kaede se enfurece de un momento a otro: le toma del cuello y la estrella contra la pared.

-¡No se atrevan a tocarle un pelo! O te mataré, lo juro...

-¡Eres un tonto! Si tuviese la intención de matarla, como bien dices, ¿no crees que no te lo diría?

-Seguramente, porque se han confiado en que yo no les he denunciado: pero no me es necesario. Si llegan a tocarla, no se salvarán de lo que les haré...

-... No deseo que mueras: yo no- Hikaru comienza a llorar: Kaede la mira, consternado...

Se parecía potentemente a Otsune.

Movido por tal reacción, la suelta: la mente lo traiciona.

-Vete, Hikaru: no necesito de tu ayuda- le da la espalda: no quiere que logre ver su consternación.

-Es muy tarde, Kaede: estoy enamorada de ti. Si te llegaran a hacer algo, voy a arrepentirme por el resto de mis días...

-¿Enamorada de mí, Hikaru? ¡Ja, por favor! Eres una muchacha: será mejor que te olvides de ello...

-No puedo: no puedo, Kaede. Traté de reprimir este sentir por mucho tiempo: más del que he podido tolerar... ¿Es que no te das cuenta?

-Basta, Hikaru... Te irá mal si no te alejas de aquí.

-¡No me importa! No me importa si puedo desahogarme de una buena vez: te amo desde el primer momento que te vi... Cuando supe de la muerte de mi hermana y de mi sobrina, tuve que contenerme en ganas de abrazarte, de consolarte... Te he advertido de mi hermano, inclusive te he dicho que tengas cuidado respecto a tu amiga: ¿es que no lo ves?

-Sólo veo a una traidora...- una voz ronca se escuchó entre ellos.

De la nada, siete personas aparecieron: uno de ellos, le dio un puñetazo a Kaede. Cuando cayó al suelo, todos los demás se le tiraron encima a golpearle... Hikaru iba a ayudarle, pero una persona la retuvo.

-Felicidades, hermanita: gracias a ti, hemos podido dar con este bastardo...

-¡¡Nooo, Kaede: por favor, suéltenlo!!

Hikaru se revolvía inútilmente, tratando de zafarse de las garras de su hermano. El hombre reía sin miramientos al ser espectador de la paliza que le daban al agresor y asesino de su hermana...

Mucho tiempo después, se detuvieron: Kaede estaba inconsciente.

-¡Ah, vamos, mariquita!: ¿es que no eres capaz de aguantar un par de golpes?

-¡¡Déjenlo, Kaede: por Dios!!

-Vamos hermanita, sonríe: has limpiado tus errores con esta gran sorpresa...

La muchacha le escupe el rostro.

-¡Bastardo mal nacido!

El hombre le da una cachetada. Cae al piso, incapaz de lograr sostenerse en pie: no podía soportar ver tanta crueldad... Lloraba profundamente: apenas y podía respirar.

-Pequeña bastarda: lo que te he dado es poco frente a todo lo que nos has hecho... ¿Querías echarnos al agua, no? La calentura sí que te ha llevado lejos- El hombre llama a uno de los que le acompañan- Tú: llévatela a la camioneta. Vamos a arreglar esta situación de una vez por todas...

El muchacho asiente con la cabeza: se lleva en brazos a Hikaru.

El hombre le toma de la solapa: Kaede se mantenía en inconsciencia, pero nombró a alguien en especial.

-N-Natsumi...


La fiebre hacía latir en desmedida su frente: se afirmaba la cabeza con la mano, tratando de fijar la vista y no ver el doble de lo que parecía ser una falta de enfoque. Las letras en el computador danzaban por sus ojos...

En verdad que se sentía muy mal.

-¿Has visto algo?

-Espera un poco, Onohara: hay que tenerle paciencia a esta chatarra...

Se sienta a su lado. Natsumi trata de verle lo menos posible: era seguro que, si intuía el malestar físico que sentía en esos instantes, haría lo imposible para excluirla de la investigación. Estaba desesperada...

Totalmente desesperada: como si le hubiesen sacado una extremidad del cuerpo.

Después de recorrer la manzana completa, buscando a Kaede en los lugares a los que solía estar, fueron al departamento y hallaron unas manchas de sangre en el piso.

Manchones de sangre.

No podía perder la calma, no ahora.

Tenía que ser fuerte y persistir: él tenía que seguir con vida.

Ser fuerte, aun con el temblor en su cuerpo...

No por el frío, mucho menos por su enfermedad...

Miedo: un miedo atroz que no la dejaba en paz. El siquiera pensar que encontrará su cuerpo masacrado por esos malditos asesinos.

El mismo cuerpo que tuvo anoche, al lado suyo. Los mismos labios que la habían besado...

El nudo en su garganta iba a estallar: los ojos le pesaban de contenerse.

No podía morir: no ahora.

No ahora, que le había sentido más adentro que nunca...

No ahora, que el sentimiento que le ensanchaba el pecho crecía y latía con más fuerza que nunca...

Se afirma la cabeza con fuerza: tantas imágenes, arremolinadas en su mente. Tanto amor... Y estaba a punto de desaparecer...

-"Tengo que encontrarte, Kaede: no puedo. No puedo seguir sin ti..."


Natsumi arreglaba la motocicleta: si la información era correcta, los tipos estaban en graves aprietos.

Se les había visto en un edificio en ruinas: cerca de las inmediaciones del edificio en el que buscaban resguardo de la policía.

Todas las patrullas habían salido ya del lugar: Miyuki se quedó en la estación, recopilando la mayor cantidad de información posible, referente a la familia de Otsune.

La motocicleta estaba prendida. Se colocó el casco, sintiendo la presión por la fiebre: estaba ardiendo...

Pero nada le importa: nada cabía en su mente más que el encontrar a Kaede...

Por sobre cualquier costo.

Se subió a ella, pero unos gritos la desconcertaron.

-¡¡Natsumi!!

-¿Strike-man?- la cara de desconcierto era grande. Strike llega a ella, respirando sofocadamente.

-¡Chica jonron: tenemos que ir tras los maleantes!

-¿Ah?... ¡Ja, ja, ja, ja!: esto no es un juego de competencia, Strike. Déjalo en mis manos.

-¡Por supuesto que no es un juego, Chica jonron!

Natsumi levantó una ceja, media escéptica frente a las palabras del enmascarado.

-... ¿Por qué lo dices?

-¡¡Esos bribones osaron en meterse con mi dama, y eso no lo voy a dejar impune!!

-¿Estás seguro?

-¡¡Hay que proteger lo que se ama!!

Las palabras rimbomban en su cabeza: "Proteger lo que se ama".

Una sonrisa desafiante.

-¡Vamos, Strike: tendrás que sujetarte fuerte!

-¡De acuerdo, chica jonron!!

-¡Deja de llamarme así, loco de patio!!

-¡Esto será una verdadera ventura: coaligar nuestras fuerzas por vez extraordinaria, para lograr derrotar al enemigo e izar la brillante bandera de la paaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaz!- no logra concluir la frase hidalguesca, pues Natsumi, hartada de tanta palabrería, pisa en pedal y sale disparada: con el pobre de Strike agarrado de ella.

Se movía con rapidez y soltura: nada le podría detener en esos instantes.

-"Te encontraré, Kaede: voy a salvarte... Lo juro".


Toma las maletas, dejándolas en el auto. Natsuko camina contentísima a su lado: su cambio sí que era notorio.

Con la cara desilusionada de él, al verse enterado del affaire de su noviecita, no le cabía duda que no volvería a poner pie en Japón nunca más.

Era increíble: ahora era libre de poder conquistarlo.

-¡Listo! Ah, extraño tanto los Himalayas... Tokio de verdad que es un infierno, comparado con las bellas montañas...

-Sí: tienes razón- fue la insípida respuesta del teniente.

Natsuko frunce el ceño, algo incómoda por su falta de expresividad...

Pero era inevitable: de verdad que la quería.

Una mano afable en su hombro: Tokairin la mira, consternado.

-Hiciste lo mejor que has podido: debes recordarlo siempre...

-Te lo agradezco, Natsuko...- sonrió levemente. Cerró el maletero, con fuerza: Natsuko quedó en una sola pieza por la acción de Tokairin.

Dio un suspiro: incapaz de hacer nada.

Puso los brazos, apoyándose en la puerta del maletero.

A pesar de ser tan inexpresivo, sus ojos delataban el dolor que sentía.

-... Pudo ser lo mejor que haya hecho... Pero-

Natsuko le miraba, adolorida: sentía su fracaso.

Ambos fracasos.

Tokairin la seguía amando.

-No fue suficiente...

Continuará...


Ya¡¡ Uf, qué increíble...

Muchas, pero muchas gracias por su apoyo: la historia se va acabando, y lo vengo anunciando desde hace cien mil capítulos... jajajajaja.

Una hermosa canción: "Noche de febrero". Imagino la dupla de Natsumi y Kaede... La frase: no te dejaré sola, jamás.

Simplemente una maravilla. De Nek: la recomiendo completamente...

Si les gusta Kaede, escúchenla: sé que me hallarán la razón.

No, si es en serio: el anterior fue mi primer lemon. Espero no haber decepcionado a nadie.

Repito: gracias por los reviews que mandan. Los leo todos los días y me alegra tener lectoras tan acérrimas a mi fic.

Y no se desanimen las fanáticas de Tokairin, (o Souji: como quieran llamarle... o papacito, no sé: jajajajajaaja) que la historia todavía está tramándose.

Saludos a todas mis compatriotas y a lectoras extranjeras. Nos vemos en el próximo capítulo.

Cuídense: muchos saludos.

Gabriela.