Hola :D

Hace ya un tiempo que quería escribir este capítulo. Espero les guste :D

Sin más que decir, solo quería decir que Kung fu panda no me pertenece.

Capitulo 21:

Peng y… su hermana nos sacaron de la biblioteca secreta de Tai Lung y nos guiaron por los pasillos hasta una gigantesca concina, Po parecía niño en dulcería, pues en cuanto llegamos comenzó a jugar con todo lo que encontró. Al final resulto que Po estaba preparándonos algo de comer.

-No, gracias-dijo Peng- ya comí.

Y Song, quien no dijo nada, solo hizo un gesto como de asco al ver la comida de Po.

-Gracias, Po- respondí agradecida de verdad. El y yo nos sentamos en una lujosa mesa con cristal a desayunar.

Cada bocado se me deshacía en la boca. Po era un grandioso cocinero. Solo comimos tocino, huevos estrellados y unos panques, pero eran deliciosos. El chico y yo nos quedamos mirando mientras comíamos, entre risas apartábamos la mirada, como un juego.

En cuanto terminamos de comer, Song, con su fastidiosa voz chillona, nos ordeno ir con ella. Estuve a tres segundos de arrojarme contra ella, pero Po y Peng tuvieron consideración por la vida de aquella chica y me detuvieron al tiempo que ella se alejaba por el pasillo haciendo gestos para que la siguiéramos.

Me sacudí las manos de Po de los hombros, y seguí a la chica dando pisotones. Escuché pasos detrás de mí, me di la vuelta con los ojos echando fuego, Po retrocedió unos pasos con las manos en alto, como mostrando sumisión….

- ¿Qué te sucede?-pregunto el chico mirándome como si estuviera loca.

-Ella-respondí con un ahogado gruñido.

Po suspiro, cansado o quizás fastidiado por mi actitud tan… no sé, infantil, inmadura, tonta, que se yo, no leo mentes.

-Intenta clamarte-me dijo acercándose mas de lo que debía.-Es la hija de Tai Lung, estamos en su territorio, hay que andarnos con cuidado.

Bufe como felino enfadado, no quería admitirlo, pero Po tenía toda la razón. Tenía que controlarme, intentar sobrellevar esto sin matar a Song mientras dormía. Al menos debía resistir hasta poder salir de ese lugar, salir de los dominios de Song, salir de su territorio.

Mire a Po y asentí con decisión. El me correspondió con una de sus radiantes sonrisas. Seguimos caminando, mientras que Po se adelanto un poco, solo para asegurarse que yo no las timara a la chica de ojos azules…

Peng iba a mi lado, hablando de mil cosas sin importancia, mientras que yo fingía escuchar, como solía ser cuando estábamos en la escuela ¿Cuánto hacia de aquello? No tenía idea, quizás…

-Oye, Peng-dije en un murmullo ahogado por las risas de Song ante un chiste que Po le había contado.

-¿Si, Tigresa?-el joven de cabello negro me miro con curiosidad en los ojos, su cabeza algo ladeada.

-Dime, ¿Desde cuándo estas aquí?-me miro interrogante- ¿En china?-aclare.

-Siempre debo visitar a mi padre durante las vacaciones-me respondió agachando la mirada.

-Disculpa-puse mi mano en su espalda, un gesto reconfortante, en mi opinión… Pero no tenía tiempo para reconfórtalo, por mas insensible que eso sonara, yo quería respuestas y Peng era el único que podría darme algunas.

-Pero ¿Por qué tú no tienes…?-me señale el cabello, como indicando lo extraño que era el que Peng fuera el único sin cabello cenizo.

-Ah-suspiro comprendiendo- no lo sé- se encogió de hombros, como si realmente no le importara- Muchos dicen que me parezco mas a mi madre, pero Song y Tai aseguran que se me aclarara el cabello después de los dieciséis, como a ellos.

Quede pensativa un segundo, alegre de verdad porque mi mejor amigo parecía no tener la enfermedad del cabello gris ni el gen de la maldad en el.

-Peng, dime… ¿Qué sabes tú… sobre…?-el me interrumpió antes de formular mi pregunta. Me miro con ojos serios, un poco duros, algo que nunca había visto en él.

-No sé nada-respondió secamente- el único que sabe es mi padre, ni Song ni mi madre saben nada, yo menos. Lo único que sé es que tu libro es importante, tus padres eran importantes y mi padre no es el malo de la historia.

Hmmm… Para "no saber nada" el joven Peng estaba bastante informado.

-¿Qué dijiste de mis padres?-pregunte alzando la ceja, atrapando al cachorro con las manos en la masa.

Él titubeó, estaba acorralado, y no tenía por donde salirse.

-Yo… Mira, Tigresa, eres mi amiga, pero ni siquiera yo estoy protegido de esto- me explico en voz baja, casi un susurro…-Los secretos tienen precio, y la verdad también.

-¿Qué?-exclame en un murmullo…. ¿El dijo…? No podía ser, el joven que siempre considere mi amigo estaba más envuelto en esto de lo que yo esperaba, prácticamente estaba diciéndome que el sabia todo, pero no me lo podía decir…

Me daba tanta rabia sentirme ciega en ese asunto…

-¿Dónde está mi mochila?-pregunte con la mirada fija en el pasillo que transitábamos.

-¿Qué dijiste?-balbuceo Peng.

-¿Dónde está la mochila roja que traje conmigo?-cuestione, con la mirada fija y sin un solo atisbo de emoción en mi voz, no era monótona ni demandante, solo fría, algo que comencé a hacer muy bien desde mi llegada al Palacio de jade.

-Yo… yo la tengo-contesto con un suspiro derrotado.

-¿Y por qué?-le cuestionaba de manera que mi voz estaba calmada, tranquila, como si no me importara, pero yo sé el efecto que tiene una voz así, el joven sudaba grueso, como si le estuviera gritando.

-Porque, mi padre me ordeno buscar tu libro, lo demás está intacto, la carta, el periódico, el pergamino…- en ese mismo instante gire la cabeza con la velocidad de un rayo, me le quede mirando de manera acusadora, dolida, como traicionada- todo menos el libro, ni siquiera he movido tu ropa o dinero.

-Llegamos- La voz de Song interrumpió nuestra pequeña discusión. Po me miro y se encogió de hombros, él ni se entero de lo que yo había estado hablando con la pequeña sabandija.

Los nudillos de Song golpearon la puerta como tres veces seguidas, al cabo de unos segundos fuimos recibidos por un hombre de cabello blanco en su totalidad, se notaba más viejo que Tai Lung, pues lo delataban las arrugas en su rostro. El saludo a Song y luego nos invito a pasar.

-Gracias, Albert- dijo Peng al pasar junto al hombre.

-Como siempre un gusto, Peng- Albert le revolvió los cabellos al joven, y luego se me quedo viendo, no sabía si era bueno o malo, pero se enfoco en mi cabello rojo castaño y en mis ojos… rojos y brillantes, siempre había alguno que otro que se me quedaba viendo como si fuera un fantasma.

Entramos a una sala muy cómoda, con asientos de piel en donde si se nos permitió sentarnos. Me quede junto a Po en el sofá mediano, solo para dos personas. Me mantuve junto a el por un tiempo, necesitaba algo de compañía después de averiguar que me mejor amigo era de los malos.

Al cabo de un rato llego Tai Lung y mi padre, Shifu se sentó en el sillón individual, frente al nuestro, miro a Po con desaprobación, solo porque su brazo estaba recargado en mi espalda.

Tai Lung se aclaro la garganta y se froto las manos.

-Muy bien, Peng, Song, salgan, por favor- su voz era amable, pero en sus ojos de fuego podía notar que no era una petición, sino una orden. Los dos mencionado se levantaron y se retiraron después de hacer una especie de reverencia a su padre… No importaba, al fin y al cabo estábamos en China, seguro que Tai Lung los tenía al tanto de esas muestras de respeto.

-Padre, Tigresa, Xiao- nos enlisto y repaso con la mirada.- Tengo entendido que han pasado un buen tiempo en busca de cierto objeto.

Shifu se estremeció, pero no fue muy notorio.

-deben haber pasado por mucho, hoy los reuní para informarles que los libero de esa responsabilidad-

¡¿Qué?!

-A partir de ahora yo me hare personalmente responsable por buscar ese valioso tesoro arqueológico-dijo con un brillo siniestro en la mirada- tengo a todo un quipo listo para revisar el contenido de este libro.

Lo agito en el aire, como si fuera una bandera.

¿Jamás han jugado a capturar la bandera? Pues así era, parecía un juego, que él estaba ganando, movía el libro como si se tratara de nuestra bandera, nos lo restregaba en la cara, se burlaba, quería hacernos ver que para Po, Shifu y yo ya no había lugar en este juego, que habíamos perdido y nos podíamos retirar.

-Eso es mío-me atreví a decir en medio de su monologo de villano.

-¿Disculpa?-exclamo Tai Lung, como si no creyera lo que acababa de oír.

-Dije que es mi libro-repetí con mirada desafiante. El hombre de cabello gris no respondió, se dio la vuelta y soltó una carcajada.

-Bueno, a Mí, me será de mucha más utilidad-dijo con esa maldita sonrisa socarrona en su cara.

Bufe.

-¡Era de mis padres!-grite furiosa, no había lagrimas en mis ojos, pero sentía que debería…

Jamás en mi vida me había enojado tanto. Sentía la ira arder en mí, como un incendio, incontrolable, implacable. Me quemaba por dentro y era hora de dejarla salir, la frustración y el enojo, todo, sentía como se me encendían los ojos, se obscurecían.

Sentí la mano de Po sujetándome la muñeca, pero lo ignore. Voltee a verlo con los ojos entrecerrados, él pareció entender que debía dejarme esta vez.

-¡Era de mis padres! Y sea lo que sea que diga ahí, no te corresponde saberlo, solo a mi- dicte con un sabor amargo en la boca al pronunciar aquellas palabras en presencia de Shifu- Lo que ellos querían que fuera encontrado, tengo que ser yo, no tu, maldito hijo de….

-¡Tigresa!-me calle. Y me volví, Shifu me miraba con los ojos azules encendido en llamas. Su seño fruncido, con un tic en el parpado y una vena a punto de explotarle en la frente.

-No tienes derecho a hablarle así-dijo mi padre con calma, esa misma calma que yo había experimentado antes… Esa misma calma y paz que siempre preceden a la tormenta.

-Pero, yo solo estaba…-intente argumentar.

-Nada, tu no estabas haciendo nada-me corto Shifu con la voz gruesa, cansada, harta...de ¿mi, quizás?-No debes hablarle así a MI, hijo.

-Yo soy tu hija-me defendí con un grito agudo, dolido.

-No, Tu misma acabas de aceptar que Tus padres….-se cayó…- Yo no soy nada de ti, ni un padre, ni un amigo, ni un aliado.

¿A qué se refería con esas palabras?

-Tú no tienes nada que hacer aquí, Tigresa-dijo con esa voz carente de toda emoción…-Nada de esto habría pasado de no ser por ti. Tú decidiste venir a China y empezar con todo esto.

-Tú me obligaste-le recordé con la frustración y el llanto ahogándome la garganta- si tú no te hubieras desaparecido no me habría visto envuelta en este problema.

-¿Sabes a caso porque desaparecí?-preguntó de manera retorica. No dije nada, lo mire con los ojos vidriosos, casi al borde del llanto.

-Por ti. Te quería lejos, ya suficiente había tenido con tener que criarte por dieciséis años. Era hora de que yo me fuera y tu encontraras la manera de vivir sola, sin estar siempre apegada a alguien, como una pulga.

-Es mentira…- sentía como las lagrimas salían y mi voz se perdían en sollozos.

-No, Tigresa. Yo sabía que este día llegaría, y ya estás muy grandecita, es hora de decirte la verdad-me dijo con los ojos fijos en los míos… Me dolía tanto verlo así, hablándome de esa forma, diciéndome todas esas cosas sin que en su voz hubiera remordimiento alguno, ni piedad, ni… nada, como si yo no fuera más que una extraña a quien…. Alguien con quien no había pasado 12 años de su vida…

Me sentía derrumbarme con sus palabras.

-Tus padres murieron, pero antes de eso me pidieron que te cuidara… Los primeros 4 años el orfanato había hecho un gran trabajo. Pero después tuve que ocuparme de algunas cosas, no podías pasarte ahí toda la vida, al menos se lo debía a tus padres, pero a ti no….-recupero el aliento, pues había estado hablando sin parar- Tú no eres nada de mí, y no te quiero cerca por mas tiempo.

Eso no tenía sentido… Si me quería tan lejos como el decía... ¿Por qué me rescato en el museo de terracota? ¿Por qué acepto que Po me protegiera? ¿Por qué ahora me rechazaba? Tantas preguntas dolorosas, recuerdos e interrogantes con respecto a mí pasado… Me quemaban el pecho, me freían la cabeza y mis ojos no dejaban de sacar esas emociones en forma de saladas aguas.

No lo soporte más.

Po se acerco a mí y miro a Shifu con ojos que indicaban muerte…

Pero no quería su maldita compasión.

Me aparte de sus brazos y Salí corriendo de la habitación. Eche a correr en dirección de mi cuarto asignado al llegar me derrumbe en la cama y llore, llore por todo lo que no había llorado en mi vida…

Algo hizo clic en mi mente al momento de entrar al baño y lavarme la cara. Mirarme así me hizo sentirme débil, vulnerable, indefensa, odie esa sensación cada segundo de mi vida.

Estaba decidida a hacer algo al respecto.

Me limpie la cara y amarre mi cabello en una cola de caballo. En la habitación había una mochila, parecida a la mía…. La abrí y esparcí el contenido en las sabanas de la cama. Solo conserve el folder con las cartas, periódicos y el pergamino, lo demás lo deje ahí.

En el armario de la habitación había mucha ropas, pero solo tome un par de blusas sencillas, un pantalón oscuro y unos zapatos bajos, todo lo guarde y Salí de mi habitación.

Camine por el pasillo hasta llegar a una puerta sencilla, en el interior retumbaban a todo volumen las canciones de ACDC. Respire profundo, tenía que tranquilizarme antes de mi siguiente movimiento.

La puerta tenia seguro, así que la abrí de una patada. Peng salto de la cama como gatito asustado. Y mientras él se levantaba, yo ya estaba a su lado. Le sujete la camisa con ambas manos y los golpee contra la pared. El me miro, aterrado de mi reacción y aparición tan repentinas.

-¿Ti… ti… gresa?-balbuceo asustado. Sus ojos se movían frenéticos… tenía miedo, miedo enserio.

-Necesito dinero-dije con los dientes apretados.

El joven de cabellos negro señaló un recipiente sobre un escritorio. Lo solté y lo empuje para que me lo diera. Con manos temblorosas, me lo acerco, lo abrí, había una buena cantidad ahí…

-Si lo que necesitas en dinero, en serio…-el lucia asustado, intimidado por mi repentino ataque de ira. Así que parecía dispuesto a todo…- Se lo quite a Song el otro día- y me extendió una tarjeta color dorado. La guarde sin siquiera agradecerle.

-Me voy- susurre.

Él me miró mientras guardaba su dinero en mi mochila.

-Pero… yo, no era mi intención lo del….-intento justificarse, pero no era su culpa, no tenía nada que ver con él.

-No le digas a nadie, te encontrare-dije con cierto cinismo en la voz. No lo pretendía, pero era inevitable, me sentía herida, y esa era la única forma de intentar complacer a Shifu.

-Espera-me volví.

-Por favor- me suplico mi amigo.- al menos lleva esto.

Y me extendió un tomo de "Eón: el despertar del ojo de dragón", mi libro favorito….

Lo tome con la culpa gorgoteando en mi interior por haber sido tan cruel con el joven de ojos amarillos, mi compañero… ¿Y qué diría Po? ¿Qué pensaría cuando supiera que me había ido?

-Adiós, Peng-dije sin emoción alguna, apenas mire de reojo la expresión culpable en su rostro.

Me envolví en una chamarra gastada de cuero, la negra de Po. Y salí al patio, e los jardines no había nadie, me fue muy fácil escalar la valla y caer de pie al otro lado. Dándole la espalda a mi…padre, mi amigo, a Po… Seguí mi camino, sin mirar a tras, me dirigí a la carretera, desde donde podía vislumbrar las luces de la ciudad nocturna.

Continuara…

Bueno, no tengo mucho que decir. Solo que espero que haya sido de su agrado.

Gracias a todos los lectores, visibles y fantasmas :D

Y ya saben que aquí cualquier review es bienvenido :)

Hasta el próximo capitulo.