Contacto con un ser desagradable

Dipper jadeaba por el enorme cansancio. Sus armas estaban humeantes y su cuerpo estaba cubierto por la sangre de cada uno de esos adoradores del demonio. Había perdido el control otra vez, siempre se juraba no perder el control cuando se encontraba con una imagen de Bill. Pero siempre supo que eso era imposible.

A lo largo de su vida se había dado cuenta del odio que sentía contra Bill. Era natural después de todo lo que le hizo, o al menos debería serlo. Lo único que recordaba del demonio era que lo había maldecido con la inmortalidad. Si Bill y él tuvieron alguna historia detrás, entonces no podía recordarla. Pero sabía que le había hecho la vida muy difícil y lo había condenado a una eternidad de dolor.

Aplausos se escucharon más allá del campo donde los cuerpos ahora descansaban.

-Impresionante. –Una voz suave como la seda y a la vez clara le habló. –Tanta ira, tanto odio. Esa mesclas de sentimientos dando vueltas en tú interior. –puso una de sus uñas como garras sobre sus labios. –Tan intoxicarte.

Una bella mujer salió desde las asombras. Era hermosa, al menos de la cintura hacia su rostro. La parte baja de su cuerpo era el de una serpiente.

-Lamia. –Dipper dijo mientras le apuntaba con una de sus armas.

-¿Mm? –Lo miró con sus ojos como reptil. –Curioso, utilicé mi encanto contigo, y aun así siento que quieres destruirme. –Sacó su larga lengua como serpiente y lamio el aire. Entonces su hermoso rostro se deformó en una mueca de asco y rabia. –Bill. Te he dicho que éste es mi territorio. No vengas aquí para tus juegos.

Dipper le disparó con la última bala de su pistola.

-No me confundas con ese asqueroso demonio, Lamia. –Sus ojos se estrecharon. –Te voy a matar…

La lamia levantó una ceja en confusión.

-Interesante. –Lamió el aire con su lengua una vez más. –Interesante.

Dipper ignoró esas palabras. –Mencionaste que este era tu territorio. ¿Eres el demonio que rige esta zona? ¿Tú creaste el embrión? –Eso le ahorraría tiempo. Si esa mujer creó el embrión, entonces no era el de su pesadilla. Por lo que simplemente tendría que matarla y continuar su camino.

-Quizás. Quizás soy una hermosa mujer en busca de compañía. –Sonrió seductoramente. –Lo sabrá cuando me alcances. Aunque dudo que sobrevivas hasta llegar hasta mí. –Se rió elegantemente mientras cubrió su boca y le mandaba un beso. –Te estaré esperando. –Retrocedió lentamente hasta desaparecer en las sombras.

Tendría que haberla atacado directamente, pero necesitaba recuperar algo de aliento. Los salvajes no lo habían matado ni una vez, sus armas eran demasiado primitivas para atravesarlo.

Se sentó cerca de la hoguera extinta y comenzó a recargar sus armas. Dentro de poco tendría que darles mantenimiento, no podía arriesgarse a que se averíen. Esas armas lo habían acompañado por tres años, mucho más que cualquier otra. En cierta forma les tenía cariño, pero sabía que tarde o temprano tendría que reemplazarlas.

-Tengo que continuar.

Pasó por el cuerpo de dos niños: un niño y una niña. Ambos se estaban abrazando fuertemente, sus cuerpos tenían signos de haber sido apuñalados en repetidas ocasiones.

Gemelos.