CAPITULO 20
Nunca me he considerado a mí misma como una mala persona. Me considero más una mujer que sabe lo que quiere, y que lucha por conseguirlo. Cueste... ¡lo que cueste!
Perdí a mis padres cuando todavía era muy joven, y aunque los Grandchester fueron una familia adoptiva excepcional; siempre me sentí una extraña. Siempre ajena a esta vida, sin algo que me perteneciera en realidad.
Amé la vida en las Orquídeas, no lo puedo negar. Pero considero que este amor hacia la tierra que me acogió después de mi orfandad, fue algo que está estrechamente vinculado al amor que Terry siempre despertó en mí.
Escasamente lo conocía antes del trágico accidente de mis padres. Mi madre era muy amiga de Eleonor desde que eran muy niñas, y por esa amistad fue que ella llegó a convertirse en mi madrina. Pero aunque a Eleonor si la veía en ocasiones cuando venía a visitar a mis padres y a mí; nunca conocí a ninguno de sus hijos más allá de fotografías, ella nunca los trajo a nuestra casa y yo nunca tuve la oportunidad de visitar la suya en las Orquídeas. Nuestro hogar quedaba cercano a la hacienda White, pero ajeno a su propiedad; y como mi padre trabajaba para los Andley, nunca nos vimos en la necesidad de abandonar nuestro pequeño mundo. Mi vida giraba entorno a mis padres y nada más, tenía cerca de doce años y aunque no era retraída, pues tenía amigos en los alrededores, me consideraba más una niña de casa. Siempre al lado de mi madre, ayudándola en lo que podía.
Pero todo cambió. Una tarde de tormenta, mis padres salieron a comprar algunas provisiones para la semana a pesar del mal tiempo que había reinado en la zona. Nunca podré olvidar el temor que sentí al oír los truenos y relámpagos estallar en el cielo. Tenía un mal presentimiento, mis padres ya habían tardado demasiado. Me asomé al porche de la casa, para observar en la vereda si su auto se acercaba por el camino; pero no era así. Permanecí varios minutos, que rápidamente se convirtieron en horas, esperando. El cielo ya se encontraba muy oscurecido, pero con el paso del tiempo la penumbra inundó el ambiente.
¿Qué había sucedido?
Fue hasta el día siguiente cuando finalmente tuve noticias de mis padres, lamentablemente no fueron las que esperaba. A penas dormí esa noche rezando, rogándole al cielo que nada malo les ocurriera; pero mis súplicas no surtieron efecto. Ellos habían muerto a causa de un choque. Al parecer los frenos del viejo auto de mi padre no respondieron cuando lo necesitó y chocaron contra un árbol.
Los siguientes días transcurrieron sin que tuviera plena conciencia de lo que me ocurriría. No tenía más familia además de mis padres. La familia de mamá nunca aceptó que se casara con mi padre, por lo que por ese lado nunca tendría apoyo; ni siquiera llegaron al funeral. Y mi padre, no tenía hermanos y sus padres habían muerto años atrás. Tenía primos lejanos, pero ninguno querría hacerse cargo de una niña de doce años. Me encontraba sola.
Entonces fue cuando Eleonor decidió hacerse cargo de mí, ella era mi madrina y sentía la necesidad de protegerme. Se lo agradecí enormemente. No había convivido mucho con ella, pero lo poco que la conocía me hacía sentirme segura de un futuro a su lado. El único problema sería su familia. ¿Me aceptarían ellos también?
Sabía que tenía una hija dos años más pequeña que yo, y un joven de mi misma edad. Tal vez lograría congeniar con ellos si ponía algo de mi parte. No era muy social, pero mi futuro dependía de lo bien que pudiera acoplarme a la familia Grandchester. Según tenía entendido, le habían otorgado la custodia temporal a Eleonor después que alegara por mí al encontrarme sola. De no haber sido por ella, hubiera terminado en un orfanato de mala muerte. Siempre se lo agradeceré.
Temerosa, llegué a las Orquídeas una mañana de octubre. Recuerdo el frío del ambiente y lo temblorosa que me sentía de conocer finalmente el lugar que sería mi hogar. Pero más que nada, temerosa por conocer a los hijos de Eleonor. A Richard ya lo conocía, lo había visto en el funeral de mis padres y se me figuró un hombre honesto y de buen corazón. Tomada de la mano de Eleonor, entré finalmente a la casa de los Grandchester. La casa era grande, pero no demasiado. Habíamos dejado atrás la casa grande y comparada con esa, ésta no era tan llamativa; pero me sentí segura del calor que me envolvió.
Caminé temblorosa por el vestíbulo, hasta llegar al salón principal. Entonces los vi… a Patty y a Terry. Pero para ser honesta conmigo misma, debo admitir que solo les di una ligera vista; y bajé la mirada rápidamente. Me sentí nerviosa de pronto, y ya no era por los motivos iniciales. Ahora mi fuente de nerviosismo era… Terry.
Terry… Terry
Patty se convirtió con el tiempo, en la hermana que nunca tuve. Ella era atenta y congeniamos cuando llegamos a conocernos más. Nos parecíamos mucho, teníamos gusto por la cocina y lo casero. Nos gustaba permanecer en casa, ayudando a Eleonor con las labores domésticas y siempre tener todo preparado para la llegada de Richard. Y aunque ella nunca hizo diferencia entre Terry yo, no la sentía mía. Suena raro, pero nunca sentí conexión con ella más allá de los gustos por lo doméstico. Nunca compartí con ella mis secretos y sueños. Fuimos compañeras, pero nunca amigas… y no a causa de ella. Creo que era más un problema conmigo misma… no lo sé… algo me hacía falta.
Pero con Terry… siempre todo fue tan distinto. A él nunca lo pude ver como un hermano, pero no porque él no me quisiera. Me quería, estaba segura, solo que no de la forma en que yo deseaba. Mi mente siempre se inundó de imágenes de él y yo juntos para siempre, con una familia, viviendo en las Orquídeas, envejeciendo juntos. Apenas tenía doce años, era una niña… pero él era tan especial. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. Quería a Terry en mi vida para siempre.
Siempre fue tan atento conmigo, me hacía sonreír cuando estaba triste por la partida de mis padres. Cuando me encontraba en un rincón llorando por la ausencia de ellos, lograba de alguna forma hacerme sentir mejor. De la familia Grandchester, Terry siempre fue el que más se preocupó por mí. Incluso en ocasiones cabalgábamos juntos, sonriendo y disfrutando del paisaje. Por él llegué a amar esta tierra como a ninguna otra. Olvidé rápidamente mi otra casa. Ahora mi casa estaba con Terry. Era increíble lo rápido que pude acoplarme a esta vida. Habían pasado escasos meses desde el trágico accidente, y aunque todavía extrañaba a mis padres… me sentía tan a gusto viviendo aquí. Con él…
Los meses pasaron uno tras otro, y yo me sentí cada vez mejor, los Grandchester eran muy atentos y tiernos conmigo. Podría decirse que llegué a acoplarme a su estilo de vida. No era sencillo, pues yo tenía mis propias costumbres, pero debía adaptarme si quería permanecer en las Orquídeas; y era obvio el hecho de querer estar en este lugar para siempre.
Todo era tan perfecto…
Pero toda esta perfección, llegó a su fin rápidamente.
El verano llegó y el arribo de los White a su hacienda, me mostró otra faceta del humor de Terry. Si de por sí, él ya era alegre y jovial; al llegar esta época del año su sonrisa se hizo más radiante, su felicidad se podía palpar a metros de distancia. Al principio no supe el porqué, pero pronto lo averigüé yo misma…
La razón… Candy.
Verlo esperarla en la copa del árbol junto a la casa grande, fue desgarrador. Por primera vez en mi vida sentí celos. Su mirada estaba iluminada, falto tenerla cerca para que se abalanzara a ella y la abrazara con tanta fuerza, que creí que rompería sus huesos. Era obvio para cualquiera, que Candy era muy especial para su vida.
A partir de ese momento, todo cambió.
Ya no era conmigo con quien salía a pasear a caballo, ahora era con Candy y Anthony. Me sentí desplazada y hasta cierto punto olvidada. Ahora, mis únicas actividades eran las domésticas; raramente salía de la casa Grandchester y las escasas veces que lo hacía, era solo para ver a mi Terry y Candy juntos. Verlo con ella, eran tan difícil. Sonreía más que cuando estaba conmigo; a mi me dedicaba sonrisas tiernas y amigables, las que le daba a ella eran cálidas y… amorosas. A nadie miraba como la observaba a ella. Pronto llegué a la conclusión que él la quería más que como amiga… era obvio; en su mirada, en sus sonrisas, en su manera de hablarle. En el tiempo que le dedicaba.
Pero su amor no podía ser.
Ellos eran tan distintos. Candy era la hija del dueño de la hacienda, y él… nada más que el hijo del administrador de Las Orquídeas. Era verdad que los White apreciaban mucho a la familia Grandchester, pero no por eso, permitirían que su hija se viera involucrada en una relación con un simple empleado. Debía estar tranquila. Esa relación estaba destinada al fracaso y yo estaría con Terry cuando él se diera cuenta. No tenía nada que temer.
Cuando el verano llegaba a su fin, una noche calurosa; observé la peor escena que había presenciado en mi vida. No había visto a mis padres después de morir, así que no tenía muchas escenas dramáticas en mi memoria; pero esta… sin duda llegaría a ser la que más daño le hiciera a mi corazón. Terry estaba besando a Candy. No pude verlo demasiado tiempo. Ese beso me pertenecía a mí, yo era la mujer que Terry tenía que amar. Me aparté corriendo del lugar, no quería verlos. Me sentía herida.
Pero por alguno de esos extraños giros del destino, esa misma noche pude hacerle experimentar a Candy lo mismo que yo sentí cuando vi a Terry besarla. Claro, yo no lo supe hasta algún tiempo después, pero saber que ella sufrió y se alejó de nuestras vidas por ese simple beso robado; me alegró enormemente.
Nunca supe exactamente que fue lo que me impulsó a robarle ese corto beso a Terry, pero no me arrepiento en lo más mínimo de hacerlo, porque aunque sufrí rechazo de su parte, ese momento está guardado en mi memoria como el mejor que he experimentado. Aún ahora, si cierro los ojos y me concentro lo suficiente, puedo sentir sobre mi boca, los labios suaves de Terry. Para mi desgracia, ese fue el único contacto de esa índole que he tenido con él, nunca más volví a experimentar semejante placer.
Al día siguiente, Candy se fue de las Orquídeas y el saberla lejos de nosotros me dio esperanzas. Tendría la oportunidad de ganarme el corazón de Terry y hacerle entender que estábamos destinados a permanecer juntos. Creí que sin la presencia de ella, él volvería a ser el mismo chico que conocí antes que comenzara el verano; estaba equivocada. Terry nunca volvió a ser el mismo. Se volvió taciturno y distante. Seguía conservando el sentido del humor en casa y conversaba con todos normalmente, pero al estar solo se volvía callado y pensativo. Siempre viendo hacia el horizonte. Esperándola… creo. Para el siguiente verano nos enteramos que Candy vivía en Londres y que no volvería a las Orquídeas durante el verano. Me sentí aliviada.
Pero si antes Terry era ajeno, ahora se volvió aún más. Solo que ahora se mostraba un poco más irritado. Creí, estúpidamente, que se trataba solamente de la impresión de saberla lejos. Pero me equivoqué, cuando terminó el verano, él continuaba igual. Muchas veces, Eleonor me incitaba a estar a solas con él y "consolarlo"; creo que ella sabía lo que ellos dos sentían el uno por el otro, pero no lo aprobaba. Me sentí apoyada por ella para ganarme el amor por Terry.
Para finales de ese año, al estar limpiando las afueras de la casa; mientras Terry se encontraba en las caballerizas con Richard, el cartero llegó a entregar correspondencia para la familia Grandchester. Como no había nadie más en la casa, fui yo la que firmó de recibido. No era extraño que lo hiciera. Revisé la correspondencia, después que el cartero se fuera y no había nada inusual, reporte de gastos, estados de cuenta de Richard, nada… inusual.
Hasta que, vi un sobre distinto. Tenía por remitente a alguien que radicaba en Londres, Inglaterra. Estaba dirigido a Terry. Era de Candy.
El pánico se apoderó de mí. ¿Qué le decía?
No podía permitir que estuvieran en contacto. No era que hubiera avanzado demasiado con Terry, es más… no había avanzado nada. Pero un acercamiento con Candy en este momento, sería catastrófico. Necesitaba que la olvidara. Escondí la carta en mi armario. Ahí nadie podría encontrarla.
Al menos eso creí…
Las cartas continuaron llegando. Una cada mes, sin falta. Todas y cada una fueron a parar a mi guardarropa. Escondidas entre mis prendas, evitando que alguien pudiera verlas.
Pero un día, ya varios años después. Exactamente cuando teníamos dieciséis, Eleonor nos obligó a desocupar nuestros guardarropas con las prendas que ya no utilizábamos; los tres, Terry, Patty y yo lo hicimos bajo su supervisión. Gracias a Dios, el día que lo hizo con mi armario nos encontrábamos solas. Ese día, ella encontró las cartas que Candy le había estado mandado a Terry durante cuatro años.
Me vio sorprendida. Creí que me ganaría una reprimenda de su parte.
No fue así.
Resultó que Terry también había estado escribiéndole todo este tiempo. Solo que sus cartas nunca llegaron a las manos de Candy, Eleonor las tenía en su poder.
Ella tampoco quería que ellos estuvieran juntos, eso ya lo sabía, pero cerciorarme por cuenta propia que ella también había hecho todo lo que estaba en sus manos para evitar un contacto entre su hijo y Candy; me llenó de una felicidad particular. Tenía el apoyo de ella y ahora… estaba segura que ellos no volverían a estar juntos, nunca más.
Todos los años posteriores, fueron siempre un intento infructuoso de estar junto a Terry. Nunca me hizo caso, nunca me vio más que como una amiga, tal vez una hermana. Nunca desistí. Siempre tratando de estar cerca de él y demostrarle lo bien que podríamos estar juntos.
Terry con el tiempo, puede decirse, que volvió a ser el de antes. La adolescencia y la mayoría de edad, hicieron cambios considerables en su temperamento, pero fuera de eso, los momentos de soledad se redujeron al mínimo. Pasaba mucho tiempo con nosotros en familia y con Stear, el novio de su hermana. Su felicidad se veía eclipsada en ocasiones, pero tenía la esperanza que pronto… muy pronto se daría cuenta de lo que yo podría significar en su vida.
En todos estos años, nunca tuve novio alguno. Pretendiente, más de uno; pero ninguno era él. Ninguno me atraía tan intensamente como Terry lo hacía. Nunca me sentí lo suficientemente segura de iniciar una relación con nadie más. Siempre a la espera de una declaración por parte de él. Lastimosamente los años pasaban, y él nunca lo hacía. Pero tenía paciencia… ya llegaría el día en el que Terry yo estaríamos juntos.
En una ocasión, cuando teníamos casi veinte años, me invitó a salir a pasear de noche a caballo a orillas de la laguna. Me sentía emocionada y feliz. ¿Sería acaso un progreso en mi lucha por adentrarme en su corazón? Esperaba que sí…
Caminamos y caminamos, recorriendo en silencio los alrededores del hermoso paisaje nocturno. A momentos la conversación se volvía animada, pero luego decaía notablemente. Se veía intranquilo, nervioso, quizá. No le presté demasiada importancia. Entonces, antes de regresar a la casa, me miró fijamente y cerró los ojos, creo que tratando de ganar valor para decir algo. Los abrió y me vio fijamente, entonces inhaló y exhaló fuertemente. Yo no entendía. Abrió la boca para decir algo, pero en el acto, la cerró. Cerró los ojos nuevamente y negó con la cabeza. Luego me dijo que continuáramos nuestro camino. Caminando hacia la casa, me preguntaba una y otra vez lo que había sucedido, era claro que quería decirme algo, pero no se atrevió. Temía que fuera lo que pensaba. Entonces, si de eso se trataba, mis esperanzas estaban muertas; él nunca me vería distinto a como me veía ahora. Nunca tendría una oportunidad con él.
Ese evento me dejó entristecida por días enteros. Eleonor terminó de hundirme en la desolación, comentándome que en esa ocasión, ella le había sugerido de declarárseme; de intentar formar una pareja conmigo. Era claro que él no se atrevió a intentarlo. Terry nunca me querría de la misma forma que yo lo quería a él. Me deprimí enormemente.
A los días, semanas tal vez, Terry le anunció a su familia que se mudaría a la casa abandonada en las orillas de la laguna. Al parecer llevaba meses restaurándola y quería independencia. Ahora, ya trabajaba de forma fija en la hacienda y devengaba un sueldo fijo. Quería empezar una vida desde cero. ¡Cómo quería que él quisiera iniciar una vida nueva a mi lado! ¡Cómo quería que él me quisiera!
Los años pasaron y Terry se alejó cada vez más. Sus padres lo habían convencido de cenar todas las noches en su casa. Querían que la familia permaneciera unida. Esos momentos, eran indispensables en mi vida para continuar respirando. Tenerlo cerca aunque sea unos instantes me devolvía la felicidad. Lo malo era que fuera de esos momentos, no lo veía. Se había alejado considerablemente de mí y ya ni siquiera éramos los amigos que habíamos llegado a ser.
Pronto, me vi con veinticuatro años y lejos de considerarme una mujer realizada. No tenía nada.
Mi vida trascurría de la casa a la hacienda y viceversa, no tenía amigos cercanos fuera de Patty y su novio, tal vez uno que otro trabajador de la hacienda vecina que conocía desde pequeña; pero que no teníamos la cercanía necesaria para considerarnos amigos. No tenía novio y los pretendientes que tuve alguna vez, se encontraban en este momento casados y algunos comprometidos. Estaba sola, y estaba segura que si esto no cambiaba pronto, me quedaría así toda la vida.
No quería esto…
Necesitaba encontrar una forma de acercarme nuevamente a Terry y por lo menos ser su amiga. Era obvio para mí que él tampoco tenía intención de comprometerse con alguien más y hasta cierto punto me tranquilizaba que siguiera enamorado de Candy, por lo menos eso lo tendría lejos de otras mujeres y a mí tranquila de no saberlo ajeno. Tenía la seguridad que ella no regresaría y ellos no tendrían un futuro en común. Era un sentimiento egoísta, lo sé; pero no podía evitarlo. No lo quería con nadie más. Tal vez algún día aunque sea por soledad, me aceptaría como compañera.
Pero todo cambió. Un día, sin previo aviso… Candy regresó.
Mis sueños se derrumbaron ante mis ojos.
Terry volvió a ser el mismo de hace doce años. Lo veía desde lejos, en ocasiones a la hora de la cena cuando nos visitaba, era tan espontáneo y vivaz. Tan… Terry.
Me carcomió por dentro saber que la culpable era la dueña de la hacienda. Su presencia le había devuelto la felicidad. Ahora sabía que era cuestión de tiempo para que se reconciliaran. Tenía la total certeza que Candy debía guardarle cierto rencor por no contestar sus cartas, pero estaba segura igualmente que, con una simple plática, todo quedaría solucionado.
Vagué en mis pesares por semanas. Siempre pensando en lo que ellos podían hablar durante las clases de equitación que Terry le daba. Creyendo que era cuestión de tiempo para que se declararan el amor que habían guardado en su corazón por años. Porque aunque no tenía la certeza que ella aún lo amara, sabía que, se sentía atraída por él todavía. Bastaba verla palidecer y temblar cada vez que él se acercaba. ¿Y cómo no? Si Terry sin lugar a dudas era el hombre más hermoso de la Tierra. Solo una mujer ciega no podía darse cuenta en la perfección de su apariencia.
Y aunque todas eran suposiciones, una noche, todo quedó claro ante mis ojos.
Los vi. En la laguna. Haciendo…
Fue lo más desgarrante que pude presenciar. Siempre soñé con que Terry me amara con la misma pasión con lo que lo hacía con Candy. Verlo tan entregado en el acto. Hundido en las emociones que le hacían sentir hacerle el amor, me destrozó.
Lo había perdido. Mucho antes de tenerlo.
La presencia del que se suponía era novio de Candy no les importó para entregarse a la pasión que guardaban el uno por el otro. Me sentí morir. Era obvio que Terry nunca me miraría o tocaría como lo hacía con Candy. Me dirigí a casa en medio de un tormento de sentimientos encontrados. Rabia. Enojo. Tristeza. Desolación.
Pero tenía que reponerme. Tenía que encontrar la forma de separarlos.
Entonces sucedió lo del accidente. En un principio me sentí feliz que me ocurriera a mí, creí, estúpidamente que Terry estaría siempre preocupado por mí y que no se alejaría de mi lado. Y aunque lo hizo en un principio, pronto sus visitas se hicieron más esporádicas. Entonces me frustró estar atada a una cama. No tenía ninguna posibilidad de separarlos desde esa maldita cama. No tendría las armas necesarias para apartar a Candy de la vida de Terry.
Al único que veía siempre regularmente era el médico que me atendía. El doctor Leagan, el primo de Albert Andley el dueño de la hacienda vecina. Me veía a ver casi todos los días, para revisar mis heridas y el progreso de mi recuperación…
Pero fuera de él, nadie me venía ver. Ni siquiera a Eleonor veía con frecuencia. Parecía como si todos me hubieran olvidado en la soledad de esta fría habitación.
Pasaron los días, y casi no veía a Terry. Sabía que su falta de interés se debía a la presencia de Candy. Yo había hablado con ella sobre lo que vi esa noche en la laguna y de algún modo la previne de lo que haría. Lamenté habérselo dicho. Pude guardar la información para después, y usarla de mejor manera, pero no lo hice y todo me salió mal. Tal vez incluso Terry sabía que los había visto.
Un día recibí la visita de la novia de Anthony White. Karen era una joven bastante vivaz y alegre. Sabía que si visita era de cortesía, tal vez se sintió culpable de saberme sola y abandonada en ese rincón de la gran casa; pero se lo agradecí. Aunque sea un momento, me sentí importante para alguien. Platicamos unos minutos y después me invitó a su boda. Me dijo que seguramente no me sentiría cómoda de bajar a la ceremonia, debido a mi yeso, pero que le alegraría verme en los invitados. Por lo que entendí, la boda se adelantaba porque ella se encontraba embarazada. Tenía entendido que la boda igual se realizaría ahí dentro de unos meses, pero todo se había precipitado por la llegada de su primer hijo. Después de conversar por un momento más, se retiró y me dejó nuevamente sola.
Estaba feliz, porque finalmente lograría salir de la casa a disfrutar un poco. En momentos como este de desolación me arrepentía de aceptar la propuesta de Anthony de recuperarme en su casa. Por lo menos en la casa Grandchester tendría a varias personas a mí alrededor.
El día llegó y todo transcurrió con normalidad. Terry se sentó en nuestra mesa, para mi asombro y estuvo lejano a Candy todo el tiempo. Seguramente se debía a la presencia de los señores White y de que nadie tenía idea de su relación. Agradecí que por lo menos no tendría que verlos juntos. Pero después de pasadas varias horas, un escándalo se perpetró en la fiesta.
Terry a los cuatro vientos le gritó a Albert Andley y a toda la concurrencia su relación con Candy. Estaba muy molesto de verlos juntos, la apartó de su lado y lo vio con rabia. Estaba marcando su territorio, era claro. Me sentí morir, por la situación.
Los vi apartarse de los invitados. Él y Candy, junto a los padres de ambos, se dirigieron a la casa para aclarar lo sucedido. No supe que ocurría dentro. Tuve que quedarme en la fiesta, muriéndome por conocer el contenido de la conversación que los mantenía reunidos. Patty en vano trató de distraerme del azoro que sentía. Para todos era notorio mi desasosiego por lo que estaba ocurriendo.
Después de un largo rato, Eleonor y Richard regresaron a la fiesta; junto a los señores White. Pero Terry y Candy no lo hicieron. ¿Dónde estaban? ¿Qué había ocurrido? Mi incertidumbre era enorme. Veía en la cara de Eleonor enojo y desaprobación. ¿Habrían logrado convencer a los White de la relación que ellos mantenían?
Al terminar la fiesta, mi duda quedó resuelta. La razón del enojo de Eleonor. El embarazo de Candy.
Si ya sentía a Terry perdido, con esto supe que nunca, NUNCA, sería mío. Ahora estaría atado a Candy para siempre. Estarían unidos para toda la vida por la vida que habían creado juntos. Me quería morir.
Lloré y maldije mi suerte toda la noche. Me quedé dormida entre lamentos, pensando que podía hacer ahora. Seguramente ahora sí, lo había perdido para siempre.
Esa noche, soñé con una historia distinta a la que ocurría en realidad. En ella, Candy estaba embarazada de Terry, pero él no quería ese niño. No deseaba estar atado a Candy y me quería a su lado. Era mi sueño hecho realidad. En el mismo sueño, Candy perdía su bebé y entonces Terry era libre para estar conmigo. Juntos permanecimos, hasta que la alarma de un nuevo día me hizo despertar.
Que bello sueño.
No solo por el hecho que Terry estaba conmigo y que me quería, sino porque me había dado una idea de cómo separarlos. Ese niño… tenía que desaparecer.
Le planteé la posibilidad a Candy de perderlo ella por cuenta propia. Digo, no sabía a ciencia cierta si deseaba ser madre y abandonar todo en Londres y plantarle la idea en la mente era un comienzo. Tal vez por cuenta propia, deseaba deshacerse de ese niño. Pero la conversación resultó en mi pleno conocimiento que ella no tenía intención de abortar. Una lástima, pues no quería hacerle daño en el proceso… pero ya que no lo quería hacer a su modo. Lo haría al mío.
En el transcurso de esa semana, me quitarían el yeso y comenzaría con mi rehabilitación. Tenía que encontrar la forma de hacer que Candy perdiera el bebé sin incriminarme, las idas al hospital para la terapia me daban una coartada sólida, pero aún no ideaba un plan exacto. Solo había llegado en mi mente, a la parte en que ella y Terry se separaban, y él regresaba a mí. Pero tenía que idear el proceso de este resultado.
El encargado de llevarme a la terapia era Stear. La hacienda tenía varios trabajadores, pero todos tenían ocupaciones importantes y no podían interrumpirlas por mí. Stear me caía muy bien, pero no era el indicado para ayudarme en mi plan. Uno que había ideado después de varias noches de insomnio.
Stear es muy amigo de Terry, no me ayudaría en nada de lo que yo le dijera que tenía que hacer. No, definitivamente él no era una opción. Necesitaba encontrar al indicado, así como la ocasión propicia para que todo resultara como yo pretendía.
Al indicado, lo encontré días después.
No lo había visto hacía muchos años. Ethan Samuels, un joven que vivió en la hacienda de Albert Andley en su niñez cerca de mi casa. Lo conocía desde pequeños y creo que en alguna ocasión me dijo que le gustaba. Éramos unos niños no lo tomé en serio. Después vino lo de mis padres y me alejé de él, no tuve demasiado contacto con él en años y ahora, me venía caído del cielo.
Lo vi en las afueras del hospital, ahora trabajaba por su cuenta en un pequeño comercio en la ciudad. Había ido a visitar a un amigo internado en el nosocomio y se sorprendió al verme en silla de ruedas. Le conté a largos rasgos lo sucedido y se ofreció ese día a acompañarme a mi terapia. Ahí dio comienzo a todo. Al parecer, aún se sentía atraído por mí y me pidió de favor permitirle acompañarme todos los días a mi rehabilitación. Acepté gustosa. Me gustaba estar con él y con el tiempo lograría ver si él era el indicado para confiarle mis planes.
A partir de ese día, Ethan fue por mí a casa White para recogerme e ir juntos a la terapia. Pronto nos hicimos muy amigos, podría decirse que llegué a confiar mucho en él. Fueron muchas semanas a su lado. Era lógico que llegáramos a ser muy cercanos. Después de meditarlo, decidí platicarle a grandes rasgos lo que pretendía hacer, y aunque no se veía contento de ayudarme, terminó por hacerlo pues no quería decepcionarme. Creo que en verdad quería agradarme y conquistarme de nuevo. Lo que él no veía es que si yo hacía todo esto era para tener la oportunidad de tener conmigo a Terry, no cabía la posibilidad de hacerle caso. Yo quería a Terry y estaba decidida a tenerlo conmigo.
Ahora, solo faltaba que se diera la oportunidad de llevar a cabo mis planes.
Según lo que ideé, necesitaba que Terry estuviera lejos de Candy y que ella no tuviera la forma de comunicarse con él. Necesitaba que estuviera sola e indefensa. Pero me enteré por Annie, la hija de la cocinera, que él no se apartaba de ella últimamente porque Candy tenía un leve sangrado y no quería que le pasara algo mientras él estaba ausente. Además estaba el hecho que su hermano y la esposa de éste, aún se encontraban en la hacienda. No era el momento propicio para llevar a cabo todo, tenía que esperar…
Ya había esperado más de doce años, así que unos días más… no harían la diferencia.
En los días siguientes, logré perfeccionar mi plan contra Candy; tranzando en mi mente las posibles circunstancias que podrían darse. No quería dejar ningún cabo suelto. Odiaba al ser que crecía en su interior. Quería que tanto él como su madre se alejaran de la vida de Terry y la mía. Estaba totalmente segura que si Candy no hubiese regresado a la hacienda después de tantos años de estar lejos, Terry algún día hubiera llegado a amarme. Pero ella tenía que arruinarlo todo. Ella era la culpable de mi desgracia y solamente ella sería la culpable de lo que le ocurriera. Si se hubiera largado de la hacienda mucho antes de embarazarse, ahora no estaría en peligro. Ella y nadie más que ella… tenía la culpa de lo que ocurriría.
Hubo momentos en los que me desesperé porque no encontraba el momento de realizar mi plan. Los días pasaban y me asustaba la posibilidad de no llevar a cabo lo que planeaba en mi mente. Pero cierto día, el clima me alertó que era el momento ideal para llevar todo a cabo. Se pronosticó una fuerte tormenta para ese fin de semana, al parecer los caminos estarían intransitables y dado que Anthony regresaría a la ciudad de Nueva York con su esposa, todo se llevaría a término sin ningún contratiempo. En la hacienda, durante los días de tormenta no se realizaban ninguna clase de labores para proteger la integridad física de los trabajadores. Esos días, la mayoría de los empleados aprovechaban para quedarse en sus hogares a descansar al lado de sus familiares; se podría decir que nadie estaría a la disposición de Candy, en caso que ocurriera una emergencia. ¡Genial!
Ahora, solo quedaba apartar a Terry de Candy.
Pero ese día Ethan no pudo venir a casa, tenía un compromiso impostergable y yo tuve que esperar; Anthony también atrasó su viaje hasta la noche por lo fuerte de la tormenta que aplacó un poco su ritmo a mediados de la tarde. Esperaba que todo saliera bien. Que todo resultara tal cual lo planeé y que ninguno llegara si quiera a sospechar de mí.
Esa noche al escuchar que el hermano de Candy y su esposa estaban por partir me acerqué a la estancia. Desde que el yeso se me había removido, me habían facilitado una de las habitaciones que se encontraban en la planta baja para que me fuera más sencillo desplazarme todos los días. Entonces lo vi. No sabía porque razón, pero Terry estaba ahí junto a Karen; conversando. Quise acercarme a él. Hacía ya muchos días que no lo veía. Estaba tan entusiasmada por mi recuperación y por pulir los detalles de mi pequeño plan que apenas noté la distancia que me separaba de Terry. Pero ahora, después de tanto tiempo de no estar cercana a él, mi corazón palpitó con fuerza. Él era el motivo de todo este desgaste mental. Él y solo él. Esta con él y ser importante en su vida.
Anthony entró a la estancia y se despidió de Terry, tomó a Karen de su mano y se dirigieron al auto; yo consideraba que era un tanto arriesgado llevarse a Karen con él en un viaje de este tipo, teniendo como marco un clima tan inestable, pero era su decisión y no tenía porque meterme donde no me llamaban. Para el caso que se fueran me ayudaba, y mucho.
Cuando el vehículo comenzó a alejarse en la vereda, me acerqué al porche y detuve la silla de ruedas justo a orillas de las escalinatas. Me armé de valor y lo saludé.
Él no volteó a verme, continuó su camino y se introdujo en el jeep, lo puso en marcha y se alejó de la casa.
¡Ni siquiera volteó a mirarme un instante!
¿Por qué estaba molesto?
No habíamos hablado en semanas, pero no tenía ningún indicio del porque de su enfado hacia mí. ¿Será por algo que Candy le dijera? ¿Pero qué?
Me sentía nerviosa y entristecida. No podía soportar que Terry me hubiese ignorado de esa forma. Ya no le importaba lo que me sucediera. Lo estaba perdiendo. Tenía que actuar… cuanto antes.
Esa noche casi no dormí. Pensando. Cuestionándome si valía o no la pena tanto esfuerzo por deshacerme de ese niño. Nada me aseguraba que esto los separara. ¿Qué tal que en lugar de separarlos los unía más? No podría soportarlo. Tanto esfuerzo para nada.
¡No!
Tenía que separarlos. Una tragedia de esa magnitud no podía dejarlos como si nada hubiese pasado. Tenía que hacer mella en su relación. No tenía porque dudar a estas alturas. Por lo menos ya no existiría nada que los uniera. Si el bebé moría, también moriría su amor. Estaba segura. Tenía que estarlo…
No dejó de llover en toda la madrugada. Seguramente con toda esa agua la tierra estaría muy floja y para alguien que no conociera los alrededores perfectamente sería difícil transitar con libertad los caminos. Hoy era el día. No podía postergarlo más.
Ethan vino a la casa como todos los días puntualmente. Siempre venía por mí a las siete de la mañana para dirigirnos al hospital del pueblo para mi terapia que iniciaba a las nueve y quince. Ese día no fue la excepción. Permití que me condujera hasta el auto y hacer como si nada estaba fuera de lo común. No trabajaban demasiadas personas en la casa grande, pero no quería que lo que le diría a Ethan fuera escuchado por otra persona. Tenía que cubrirme bien las espaldas.
Cuando estuvimos en el interior del vehículo, me giré a verlo y le sonreí ampliamente. Quería que antes que escuchara lo que estaba por comunicarle, supiera que lo quería mucho. Si quería que me hiciera caso en todo, necesitaba tenerlo comiendo de mi mano.
— ¿Sabes que te quiero, no es así? —él asintió— Bien, porque necesito que me hagas un favor.
Creo que en ese momento él supo a lo que me refería. Lo vi palidecer pero luego de un instante de silencio, asintió levemente. ¡Bien!
Lo siguiente que tuvimos que hacer fue pensar como sacar a Terry de la casa.
Ethan fue el de la idea. Eleonor era la solución.
Fuimos a su casa, porque debido a la ausencia de algún miembro de la familia White, se había quedado en casa a realizar sus labores domésticas en lugar de ir a la casa grande. Necesitaba su ayuda para sacar a Terry de ese lugar y dejar a Candy sola. Pero no tenía intención de comunicarle todo mi plan, le inventaría algo para que no supiera con exactitud lo que pretendía hacer. Mientras menos personas supieran mi plan, era menos arriesgado.
Llegamos y se alegró mucho de verme, Ethan se quedó en el auto mientras yo hablaba con ella. Para estar un momento ahí, le inventé que no iría a terapia debido al mal tiempo que cubría la zona. No dudó de mi palabra. Estuvimos unos instantes conversando hasta que me contó algo que hizo que mi piel se volviera aún más pálida y que mi corazón latiera sin control.
Terry lo sabía. Terry sabía lo de las cartas de Candy. ¿Cómo pudo Eleonor permitirle conocer la verdad?
Seguramente por eso es que la noche anterior no quiso voltear a verme. Me enfurecí, con Terry, con Eleonor y conmigo misma. Me hubiera deshecho de esas malditas cartas años atrás. Nunca las leí. No sé porque nunca tuve el valor de entrar a la habitación de Eleonor y destruirlas todas. Ella me las había quitado años atrás y las había escondido en su armario; ahora, gracias a nuestra negligencia, Terry conocía toda la verdad. Seguramente no me perdonaría.
¡Demonios!
Necesitaba realizar lo del bebé de Candy, cuanto antes. Por lo menos así me aseguraría que ellos no estarían juntos. Ya después, vería la forma de volverme a ganar la confianza de Terry.
— Eleonor, necesito que me hagas un favor —le tomé las manos
El favor consistía en ir por Terry y sacarlo de su casa. Le dije a Eleonor que necesitaba hablar con Candy a solas para aclarar algunos asuntos pendientes. La vi dudar. Seguramente no estaba convencida de esto y dudaba que yo quisiese hablar solamente. Pero dadas mis limitaciones físicas, no creyó que pudiera hacerle daño alguno a Candice White.
A regañadientes aceptó ayudarme. Le diría a Terry que necesitaba que lo ayudara con un problema en la tubería de la casa grande.
Solo esperaba que él aceptara.
Nos dirigimos en el auto de Ethan a casa de Terry y nos detuvimos a metros de ésta. No queríamos que Terry escuchara el motor del auto y sospechara de nuestra presencia. Escondimos el vehículo detrás de unos frondosos arbustos y Eleonor bajó del auto, se cubrió de la lluvia con una capa de plástico y enterró los pies en el fango. La observé desde lejos subir hasta el porche de la propiedad y tocar levemente. Luego de unos instantes, Terry salió y la vio extrañado. Seguramente no esperaba verla en su casa con este clima. La invitó a entrar, pero ella se negó. Hablaron un momento y Terry frunció el ceño, luego lo vi negar con la cabeza y temí que se negara. Hablaron un momento más, a gritos parecía. Luego Terry trató de entrar y Eleonor le tomó la mano y le sonrió tristemente. Terry la vio y Eleonor sollozó, lo noté por el movimiento de su cuerpo. La vi apartar una lágrima de su mejilla y después de un instante de no hablar, Eleonor volvió a mover sus labios, parecía una súplica. Terry la vio sin pestañear y una expresión de tristeza cubrió su rostro. Luego asintió levemente y entró a la casa. Tardó unos segundos y luego salió enfundado en una capa de plástico color amarillo, y juntos se dirigieron al jeep.
¡Genial! ¡Había funcionado!
Estuve a punto de gritar de alegría. Candy se quedaría sola. Ahora solo faltaba un último movimiento y todo el plan estaría completo. Después de esperar cerca de quince minutos, debíamos continuar con nuestros planes. Ahora, era momento de actuar de Ethan.
Le expliqué que debería decirle a Candy lo acordado y con una expresión vacía se bajó del auto, camino hacia la casa de Terry y tocó la puerta al estar frente a ella. Tocó varias veces, y nada. Me volteó a ver y parecía que se arrepentiría de todo; pero en ese instante, Candy abrió la puerta. Lo vio extrañada.
Un hueco se formó en mi estómago. Me sentí nerviosa, mis manos comenzaron a sudar. Todo dependía de lo que convincente que Ethan fuera.
Los vi hablar y conforme que él le contaba "lo ocurrido" su semblante se hacía cada vez más alarmado. La vi palidecer. La lluvia era constante y desde la distancia que nos encontrábamos era difícil percatarse de todos los movimientos, pero era obvio lo asustada que se encontraba. Ethan terminó de decir lo que diría y caminó hacia las escalinatas, entonces ella lo siguió.
¡Si! ¡Había funcionado!
Candy se había creído todo lo que él le dijo.
Caminaron a toda prisa entre la lluvia en la dirección que le había dicho a Ethan que lo hicieran. Tenía la ventaja de haber vivido en la hacienda por más años que ella. Candy podía ser la dueña, pero yo conocía la propiedad como la palma de mi mano. Tenía esa ventaja, una ventaja que aprovecharía en su contra. A donde se dirigían era un terreno muy escabroso. Lleno de tierra y con mucha maleza. Sin duda la peor parte de la propiedad. Por la lluvia, la tierra estaría muy suelta y sería cuestión de tiempo antes que…
Ethan regresó después de veinte minutos. Estaba empapado y muy agitado. Parecía que hubiese corrido un maratón, entró al vehículo y me vio con un semblante sombrío.
— ¿Qué sucedió? —pregunté
— Ya está hecho.
¡Dios! Estuve a punto de salir del vehículo y comenzar a saltar en un pie.
— ¿Seguro?
— Si —se veía muy afectado
— Necesito verlo con mis propios ojos —sonreí.
Sin demasiado entusiasmo, arrancó el auto y se dirigió a la zona en la que se había internado con Candy. En todo el trayecto pensé que le diría a Eleonor sobre lo ocurrido. Bueno, podría decirle que cuando me retiré de la casa de Terry ella estaba bien. No tenía porque dudar de mí.
Llegamos a un terreno lodoso y lleno de matorrales. La hierba estaba muy crecida y por la lluvia a penas si el auto pudo adentrarse en la zona. Pero luego de unos minutos, vi la mejor imagen que había visto en mucho tiempo.
Candy estaba tirada en medio de la maleza, cubierta con lodo. Inconsciente. El auto se detuvo a unos pasos de ella y yo le pedía Ethan me ayudara a bajarme. Quería ver por mis propios ojos y de cerca que todo hubiera resultado como lo planeé. Si Candy no estaba muerta, por lo menos quería que hubiera abortado por el golpe.
No me importó la lluvia que caía sin clemencia. La sensación de humedad solo me ayudó a sentirme más eufórica. Me acerqué apoyada en el hombre de mi cómplice y la vi, ahí estaba ella. Con solo un suspiro de vida. Indefensa.
Dirigí mi mirada hacia su entrepierna y vi sangre. ¡Si!
Lo había conseguido. Candy perdería a su bebé. Suspiré aliviada y le pedí a Ethan regresar al auto. Me percaté de no dejar huellas en la tierra, y al estar segura de no tener ninguna evidencia que me incriminara, me subí al auto y le pedí a mi amigo que arrancara el motor.
Feliz de conseguir lo que me proponía nos dirigimos a casa. Necesitaba cambiarme y que nadie supiera que había estado bajo la lluvia.
Al llegar a casa, la imagen de Candy inconsciente me alegraba cada vez más. Sabía que les tomaría muchas horas encontrarla, y para ese entonces tal vez ella ya estaría muerta. Todo me había salido a pedir de boca.
Pronto… Terry sería mío.
Continuará…
Hola!
Antes que nada perdón por el atraso, pero tengo justificación… para las que todavía no lo saben… ¡tuve un accidente!. Nada demasiado grave, pero si me dejó consecuencias; unos cuantos moretones, pero lo principal… mi muñeca de la mano derecha ¡quebrada!
No saben lo mucho que he sufrido últimamente con todo esto. Me siento una inútil. Soy diestra y no puedo hacer prácticamente nada con la mano izquierda. Como comprenderán me es muy difícil publicar los capítulos como quisiera, tengo que recurrir al uso de un "ayudante" y pues baste decir que… no puedo disponer de ella todo el tiempo. Ella tiene una vida y entre su trabajo y los estudios, pues no dispongo de todo su tiempo. Tengo que esperar a que tenga un chance los fines de semana, para que me transcriba lo que garabateo con la mano izquierda. Es tan frustrante…
Por eso, les ruego me tengan paciencia. Sé que no es sencillo, hasta yo misma me desespero… pero espero que dentro de mes y medio, vuelva más o menos todo a la normalidad.
Sé que algunas ya lo sabían, pero quise ponerlo otra vez; porque muchas de ustedes no leen mis otras historias o no me tienen de amiga en el FB, entonces se sentían frustradas por mi falta de palabra. Trataré de subir otro capítulo el domingo, pero si no puedo… tengan por seguro que no pasa otra semana completa sin el capítulo 5, haré todo lo que esté en mis manos (¡que ironía!)
Sin otro asunto más, me despido… no sin antes agradecer a las niñas hermosas que comentaron el capítulo anterior:
Patty reyna, Rossy Jimenez, LUISA1113, Rosi White, Candice1981, WISAL, Maki Mtz, Alejandra, Neidy, Klaudya, Olgaliz, Tatiana, Mia Londoo, Verenice Canedo, Silvia E, Tattys Grand, Val rod, Pathya, DIANA, Candy de Grandchester, Janeth, Elhyzha, Mara Elena, yenhy cordoba
Gracias por sus palabras, y me apena muuuuchooo no actualizar antes!
Este capítulo nos adentró un poco en la mente de Susana, para que entendieran más el personaje y su proceder… pero en el próximo que espero subir en un par de días (tal vez antes, ya lo tengo listo, pero quiero darle un espacio a este…) ya entraré de lleno nuevamente en la trama principal…
Espero les haya gustado
SALUDITOS!
