21. Detalles (2)

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Tsubasa suspiró. Estaba sentada en el balcón de su habitación, mirando el extenso jardín de su casa, mientras tomaba un poco de sol. Podía notar al jardinero podando el césped y a uno de los choferes, lavando un vehículo. Miró su brazo, envuelto en un yeso delgado. Sus dedos ya estaban con más color, aunque seguían levemente hinchados. Sabía que en la tarde probablemente la internarían para cirugía, pero eso no era lo que la tenía triste, sino el no poder tocar guitarra por un largo tiempo.

Tsubasa había descubierto la música cuando apenas tenía cinco años. Su madre, una maestra de esa disciplina, la llevaba con ella a sus lecciones, y con siete ya era capaz de leer partituras, pero, por mucho que se esforzaba, no tenía la capacidad motora para tocar. Lo había intentado todo, desde instrumentos de viento, percusión, hasta el piano. Un día, justo cuando estaba a punto de rendirse, conoció a los Ayase. Su padre, quien tenía una empresa de autos, comenzó a negociar con ese hombre extranjero, para comercializar vehículos en el país del norte, a cambio de transportar armas.

A Tsubasa eso no le importaba, pero entonces conoció a la hija mayor del ruso. Una chica, algo fría, seria, pero muy hermosa. Eran de la misma edad. Esa chica acompañaba a su padre a cada visita que hacían a su casa, pero nunca habían intercambiado palabras. Un día, estando ella en su balcón, miró a la niña salir al jardín. Llevaba una guitarra en sus manos y, como si estuviera en su propio jardín, comenzó a cantar. Tsubasa nunca había escuchado a nadie cantar como ella lo hacía, pero lo que más llamó su atención fue lo hermoso que tocaba. No dudó ni un minuto en bajar a su lado, y pedirle que le enseñara a tocar. Aunque la rubia era algo aparte, aceptó enseñarle, a pesar de la torpeza de Tsubasa. Poco a poco, logró aprender y luego de un año, ya podía tocar guitarra, no al nivel de su ahora mejor amiga, pero sí podía tocar, por fin, un instrumento.

Suspiró otra vez. Una pequeña sonrisa se dibujó en su cara al recordar a Eli. No eran las más cariñosas entre ellas, incluso, podían herirse con palabras… pero eran amigas. Aún podía recordar cuando cantaron juntas por primera vez. Las dos, tocando sus guitarras, una canción escrita por la rubia. Así nació Sweet Devil Girls. Luego se unieron las otras chicas… Kotori… la novia secreta de Eli desde la secundaria, Maki, la niña mimada amiga de Kotori y Nico… el pequeño demonio que Maki trajo consigo.

–Tsubasa.

Tsubasa se giró. Su madre la miraba desde el umbral de la puerta de su recamara. Tenía una sonrisa algo apagada en su rostro.

–Mamá… Se… ¿se te ofrece algo?

La mujer suspiró y entró a la habitación cerrando tras ella. Se acercó a su hija que regresó su mirada al jardín. Le colocó las manos en los hombros y suspiró.

– ¿Cómo te sientes hoy? ¿Pudiste dormir?

–Poco –dijo secamente–. La mano me duele mucho.

–Tu padre… no está muy contento con lo que pasó.

–Cuando ha estado contento con algo que yo haga.

–Tsubasa, tú le das motivos para que se moleste contigo, y no me gusta mi amor –se agachó frente a ella y le acarició la mejilla. Aún podía verse un leve moretón en esta–. Si tan solo cumples lo que te diga.

– ¿Cómo haces tú? Mamá estoy cansada de que mi padre me trate como una basura, de que me compare con la perfecta Maki… estoy cansada… Yo solo… yo solo quiero que me vea como su hija, que me quiera como tal.

La mujer la abrazó, aunque se separaron rápidamente al Tsubasa lanzar un pequeño sonido de dolor. La mujer tomó su mano y la acarició lentamente. Tsubasa se mordió el labio y una lágrima bajó por su mejilla.

–Mamá… ¿crees que soy una mala persona?

– ¿Por qué lo dices mi amor?

–Porque… hago cosas que no debería… dañando personas que… no tienen la culpa…

–Eres muy similar a tu padre mi amor, pero no por eso eres mala persona.

–Pero… –Tsubasa suspiró. A su mente vino el rostro triste y asustado de Honoka. Se mordió el labio y bajó la mirada.

–Anju está abajo, esperándote. Le digo que subas o…

–Yo bajo mamá.

La mujer sonrió y le besó la cabeza. Se alejó de ella y llegó a la puerta. Tsubasa suspiró y miró una última vez al jardín. Antes de que su madre cerrara, se giró.

–Mamá… Antes de ir al hospital… ¿podemos pasar a Otonokizaka un momento?

– ¿Otonokizaka? –Tsubasa asintió. La mujer iba a preguntar, pero al ver el rostro de su hija, sonrió–. Está bien mi amor.

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Maki entró despacio al salón. Estaba casi vacío ya que se encontraban en el receso. Ya había acabado el primer periodo. No pensó que iba a llegar tan tarde, pero no se arrepentía, ya que pudo pasar un rato agradable con Nozomi. Se sonrojó al pensar en ella, aunque se sintió un poco triste. Nozomi era una chica muy alegre, pero algo misteriosa, y parecía estar interesada en Umi. Se mordió el labio.

–Al fin llegaste. Pensé que ibas a llegar antes.

Maki miró hacia la puerta. Nico estaba recostada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, mirándola fijamente. Maki suspiró, pero cuando iba a contesta, Eli y Kotori se asomaron al lado de la pequeña.

–Maki, ¿te sucedió algo?

–Eh… no Eli, descuida. Mamá tuvo una emergencia. Ella iba a traerme al colegio.

– ¿Una emergencia? ¿Qué sucedió?

Kotori hizo la pregunta mirando a Maki con rostro tranquilo, pero la pelirroja notó el detalle de que la joven tenía su teléfono en la mano. Recordó las palabras de Naomi, pidiéndole que no le dijera nada a Kotori.

–Eh… una estudiante… tuvo un accidente. Mamá… tuvo que atenderla porque el médico de turno estaba revisando a otro paciente.

– ¿Una estudiante? –dijo Nico asombrada–. Vaya… espero que esté bien.

Maki asintió. Eli y las demás entraron al salón y acercaron algunas sillas. A pesar de estar en el salón de las de primer año, ninguna estudiante parecía molesta, ya que Sweet Devil Girls era muy querido en el colegio. Maki miró a sus compañeras de grupo, todas emocionadas por que las estudiantes superiores estaban en el salón.

–Eli… sabes que están llamando mucho la atención –Eli rio.

–Maki, necesito decirte algo. Es sobre Tsubasa –Maki suspiró. Nico enarcó una ceja.

–Sabes algo, ¿verdad Maki? –ella asintió. Kotori y Nico miraron a Eli.

–Entonces es verdad que se fracturó una mano. Ya le conté a Nico y a Kotori lo que me dijo ayer por teléfono.

–Yo… yo fui la que la ayudó y la llevé al hospital. Mamá… mamá es la que revisó su fractura.

– ¿Y cuánto estará fuera? –preguntó Kotori. Maki suspiró.

–Mamá dice que como seis meses. Mañana la operan.

Las tres chicas se miraron. Nico alzó su mano y la miró fijamente unos segundos, hasta que un escalofrío le recorrió el cuerpo. Kotori sonrió y entrelazó sus manos.

–Bueno… Tsu es fuerte. Ahora la llamamos y vamos a verla para darle ánimos.

– ¿Y qué va a pasar con el grupo Eli?

Todas miraron a Nico. La pequeña se mordía el labio y desafiaba a Eli con la mirada. La rubia sonrió y bajó la mirada a sus manos. Kotori le tomó la mano para darle ánimos.

–No va a pasar nada Nico. Seguiremos igual.

–Pero Tsu no puede tocar.

–Ya pensaremos en algo para que ella participe. Pero no vamos a cambiar nada. Tengo que hablar con Tojou-san para que definamos lo que…

– ¿Segura Eli? Al final nosotras somos las que vamos a hacer todo el trabajo.

– ¿A qué te refieres Nico-chan? –preguntó Maki. Nico suspiró con suficiencia.

–Bueno, Eli va a escribir la canción y tú vas a componer la música, y Kotori va a hacer nuestros trajes. Ellas no van a hacer nada, solo cubrirse con nuestra gloria.

– ¡Te equivocas! –dijeron las tres al mismo tiempo asustando a Nico que casi se cae de la silla. Las tres se sonrojaron, pero Maki comenzó a hablar despacio.

–Eh… Nozomi y las demás también pueden hacer cosas. Ella escribe canciones, y sé que Hanayo hace bonitas vestimentas, no como las de Kotori, pero son bonitas.

Nico miró a Maki con una leve molestia reflejada en su rostro. Maki desvió la mirada incómoda. Eli suspiró y se colocó entre las dos.

–Creo que Maki tiene razón Nico. Además, es un trabajo en equipo, y no podemos dejarlas por fuera. Incluso… con la lesión de Tsubasa… Kousaka-san va a tener que trabajar doble para suplir la segunda guitarra.

– ¿Y has pensado algo para el violín? –preguntó Kotori en un susurro. Las tres la miraron. Aún tenía el teléfono en su mano, y lo miraba casi cada segundo.

–Bueno… tengo una idea, pero necesito hablarla con Tojou-san y con esa chica.

– ¿Te sucede algo Kotori?

–Nada Nico-chan. Nada.

–No digas que nada si a cada rato ves la pantalla de tu móvil. Parece que esperaras un mensaje de tu novio. A no… que tu novio está a tu lado y es una fea rusa.

–Nico –dijo Eli y Nico levantó los hombros. Kotori se sonrojó al mirar a Eli y ambas se sonrieron.

–Es que le escribí un mensaje a Umi-chan, pero no recibo respuesta. Y sé que ayer le enseñé a usar el móvil que compramos.

Maki suspiró y se mordió el labio. Abrió la boca pero el sonido de la campana que marcaba el inicio del nuevo periodo la interrumpió.

–Bueno… nos vemos al almuerzo en la azotea. Voy a pedirle a la directora los números de Otonokizaka para ver si me pueden comunicar con Tojou-san –dijo Eli y tomó la mano de Kotori que ya se había levantado y guardaba el móvil en su falda. Nico suspiró.

–Ok. Vamos a nos van a llamar la atención.

Todas se despidieron de Maki que suspiró y bajó la mirada, mientras el salón se llenaba con sus compañeras de grupo.

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Sakura caminaba con un expediente en brazos. Su expresión era tensa y algo temerosa. Ya habían pasado algunas horas desde que había llamado a ese hombre, pero aún no se había presentado. Ella sabía que solo tenía que darle a la chica y su preocupación hacia Maki se marcharía, que volvería a una vida normal. Suspiró y se detuvo frente a la puerta de color azul. La abrió despacio y miró el interior. La enfermera que se encontraba dentro la miró y se separó de la cama, haciendo una reverencia.

– ¿Hace rato que la trajeron?

–Si señora –contestó la enfermera–. Ahora le estaba colocando el suero.

–Bien. Puede retirarse, gracias.

La enfermera hizo una reverencia más y salió de la habitación. Sakura suspiró una vez más y miró a la chica en la cama. Se veía tan indefensa, tan débil. La imagen de Maki llegó a su mente. Esa chica en esa cama parecía ser de la misma edad que su hija, tal vez un año mayor. Colocó el expediente sobre la cama y se acercó al rostro de la joven. Estaba dormida, y respiraba con normalidad. Sobre su cabeza, cubriendo su cabello, tenía una venda de color blanco.

Miró el expediente y lo abrió. Las hojas ya estaban algo amarillas y manchadas. Tomó la que estaba de primera y comenzó a leerla lentamente. Era el reporte de la autopsia de la niña de hace seis años, reporte que ella había escrito. Aún se negaba a creer que esa niña era la misma que había muerto en sus brazos, pero su esposo estaba seguro, y por lo visto… parecía ser así.

Leyó despacio la descripción de las heridas de la niña, quemaduras de gravedad en diferentes partes del cuerpo, heridas que concordaban con la joven acostada en la cama. Suspiró una vez más y guardó la hoja. Despacio sacó una jeringa de su bata y la preparó. La introdujo en el brazo de la chica y extrajo una cantidad de sangre. Al sacar la aguja, la joven comenzó a despertar. Sakura guardó rápidamente la jeringa.

–Hola… vamos despierta despacio.

Umi comenzó a parpadear varias veces, tratando de enfocar su mirada, aunque veía muy borroso. Cerró los ojos y su rostro dibujó un gesto de dolor.

–No… –comenzó a decir con dificultad– No veo bien.

–Tranquila pequeña, es normal. Recibiste un fuerte golpe en la cabeza al caer.

– ¿Caer?

Umi miró a la mujer. Ya su visión se aclaraba un poco más. Era una mujer pelirroja, de rostro muy hermoso, y joven, como la mamá de Kotori. Llevaba una bata blanca y un estetoscopio al cuello. Comenzó a mirar la habitación, una hermosa habitación, para ser de un hospital.

–Tranquila Minami-san, estás en el hospital. Veo que no recuerdas lo que sucedió.

Umi sintió un mareo y cerró los ojos. Se abrazó a si misma conteniendo las arcadas. La mujer suspiró y buscó un cuenco debajo de la cama. Se lo pasó.

–No lo retengas pequeña. Es asqueroso, pero te hará bien.

Umi dejó salir el vómito y suspiró profundamente. La doctora tomó el cuenco y lo alejó de ella. Regresó al lado de Umi y le acarició la cabeza.

– ¿Qué me… qué me pasó?

–Bueno, según lo que me dijo tu madre… –la mujer sonrió– te desmayaste y caíste pesadamente al suelo. Tú amiga… la chica de cabello morado…

– ¿Nozomi?

–Sí, creo que así se llama, estaba contigo también cuando pasó. Te trajeron rápidamente a este hospital.

Umi bajó la mirada y entrelazó las manos sobre su regazo. No recordaba nada de eso, ni de haberse desmayado, ni de siendo llevada al hospital. Suspiró.

–Y… ¿Y mamá?

–Naomi se tuvo que marchar… al parecer tenía asuntos importantes que atender en su colegio, pero descuida, vendrá en la tarde.

Umi tragó profundamente y se llevó la mano a la garganta. Sakura miró nuevamente las heridas en esa zona. Se mordió el labio. Tres golpes en la puerta las hicieron mirar hacia ella. Un joven enfermero asomó y sonrió levemente.

–Doctora Nishikino, aquí están los resultados que esperaba.

El joven entró y le entregó un sobre a la mujer, luego se marchó. Sakura suspiró y sacó los documentos, leyendo lentamente cada uno con la mirada de Umi en ella. La expresión de sorpresa se dibujó en su rostro y se acercó a Umi.

–Puedo… ¿puedo tocarte la cabeza?

Umi asintió y cerró los ojos. La mujer comenzó a palpar despacio la cabeza de Umi, encontrando lo que el reporte médico decía. Presionó levemente y escuchó un quejido débil salir de los labios de la niña. Se mordió el labio y se sentó nuevamente.

–Minami-san…

–Puede… puede llamarme Umi.

–Umi-chan… ¿Cuándo te hiciste esa herida en la cabeza?

–No… no lo sé. No –suspiró– no recuerdo mucho de mi infancia.

– ¿Qué recuerdas?

Umi cerró los ojos. Podía ver la pequeña casa de madera, de donde dos ancianos salieron en su ayuda. No sabía cómo había llegado a la mitad de la calle, pero esas personas la salvaron de morir atropellada. Pero luego huyó de ellas, no quería ser una carga para ellos. Podía recordar el puente… donde estuvo escondidas hasta hace unos días. Recordaba la cara sonriente de Nozomi, llena de pastel cuando la invitó a comer por primera vez. La sonrisa maternal de la señora Minami, cuando le pidió que la llamara mamá. Se sonrojó al recordar el accidente con Kotori.

–Umi…

–Eh… recuerdo poco –repitió despacio– como dos años hacia… atrás. Lo siento… –agregó al ver el rostro de decepción de la mujer. Ella negó.

–No te preocupes Umi. Aunque puedo decir que la herida en tu cabeza… fue provocada por un golpe y ese golpe… es lo que te provocó la amnesia. Y esas heridas…

Umi se cubrió las manos quemadas y las escondió debajo de la frazada sobre sus piernas. La mujer sonrió un poco melancólica y suspiró. Se puso de pie y le acarició la cabeza a Umi, llamando su atención por el gesto maternal que le demostraba.

–Umi…

– ¿Señora?

– ¿Quieres comer algo? Le puedo decir a la enfermera que te traiga algo.

–Eh… no. Me siento mareada y me… me gustaría… dormir.

Sakura asintió y con cariño la ayudó a acostarse, cubriéndola con la manta. Se sentó en la silla y se quedó mirándola por unos segundos. Umi, sonrojada sonrió.

–No pensé… –dijo en un susurro– que volvería a sentirme querida… –y el sueño le ganó la partida.

Sakura se mordió el labio y miró los documentos sobre la cama. Los tomó. Las heridas, los detalles, no había duda, si era la niña. Su esposo tenía razón, de alguna forma había sobrevivido y Ayase se la había llevado del hospital. ¿Para qué? ¿Qué quiere ahora con ella? Algo incomodaba sus recuerdos, algo la estaba mortificando. Acarició la mejilla de Umi con cariño y suspiró.

–Doctora Nishikino –La doctora miró a la puerta donde la enfermera de antes la miraba fijamente. Asintió dando a entender que continuara hablando–. Su secretaria llamó indicando que hay un hombre esperándola en su oficina. Ayase Dimitri.

–Gracias Togo-san.

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Tsubasa miró fijamente la entrada del colegio Otonokizaka. A su mente llegaron los recuerdos del día del festival. Sintió cierta molestia al recordar el resultado, pero ya nada ganaba enojándose con eso. Ahora solo quería disculparse con Honoka por la forma de hablarle y preocuparse por su operación. Suspiró y miró a su madre.

–Y bien Tsubasa. Ya estamos aquí.

–Eh… sí. Gracias mamá.

– ¿Qué vas a hacer?

–Eh… –miró hacia la entrada una vez más–. Voy a buscar a una persona. ¿Puedes esperarme aquí si quieres?

La mujer asintió. Tsubasa bajó del auto y caminó al interior del lugar. Notó que había poco movimiento en los alrededores, señal de que las estudiantes estaban en clase. Suspiró. Era la primera vez que entraba como tal a ese colegio, ya que el día del festival, el mismo se había hecho en el jardín interior. Miró hacia todos lados buscando orientarse. Una voz la sacó de sus pensamientos.

–Disculpa… ¿te puedo ayudar en algo?

Tsubasa se giró para mirar a la profesora que la observaba fijamente. Era una mujer de unos cincuenta años, de cabello corto castaño y gafas redondas. Sonrió esperando la respuesta de la joven.

–Eh… busco… busco a Kousaka Honoka.

– ¿A Kousaka-san?

–Sí. Necesito hablar algo con ella. ¿Sabe en qué salón la puedo encontrar?

–Ella no debe estar en clase en este momento, ya que tienen el permiso de la directora de prepararse para el evento, así que debe estar en el salón de su club. Ven, te acompaño.

La mujer comenzó a caminar y Tsubasa la siguió en silencio. Siempre había sentido cierta repulsión hacia la escuela Otonokizaka, a pesar de nunca haber estado en ella, pero no era tan fea como se lo hacían ver sus amigas y familia, incluso la sintió algo más acogedora que la propia UTX. Cuando llegaron al segundo piso, notó a lo lejos, casi al final del pasillo, como salía el papá de Kotori de una oficina, acompañado de la mamá. La mujer lucia muy molesta, pero el hombre sonreía de oreja a oreja. Se iba a quedar un momento ahí para escuchar, pero la mujer la llamó desde lo alto de la escalera.

–Jovencita… por aquí.

–Eh… sí.

Lanzó un último vistazo antes de comenzar a caminar y notó que la mamá de Kotori le lanzaba una bofetada a su ex marido.

Continuó caminando tras la mujer que se detuvo frente a una puerta y le sonrió. Señaló el lugar y miró a Tsubasa fijamente.

–Aquí es. De hecho, las escucho dentro. ¿Sabes cómo regresar a la entrada?

–Eh… sí. Gracias.

La mujer sonrió y se marchó dejando a Tsubasa sola frente a la puerta. Lanzó un suspiro. ¿Por qué estaba ahí? Ahora que lo pensaba, no necesitaba disculparse con Honoka. Ella tenía la culpa de su lesión, era la verdad. Se mordió el labio y cuando se iba a girar para marcharse la puerta frente a ella se abrió.

– ¡Eh… ¿Kira-san? –dijo la voz sorprendida de la niña de lentes. Tsubasa bajó la mirada.

–Eh… ¿Está Kousaka? Necesito hablar con ella.

– ¿Honoka-chan? Eh… no vino hoy a la escuela.

– ¿No? ¿De verdad? ¿No me la estás ocultando?

– ¿Por qué haría algo así? –dijo Hanayo desconcertada. Tsubasa se movió un poco hacia la izquierda, tratando de ver el interior de la habitación pero dos ojos turquesa se cruzaron en su punto de visión.

–Hanayo-chan, ¿qué sucede? ¿Quién es?

Nozomi asomó su cabeza por sobre el hombro de Hanayo y abrió los ojos con algo de sorpresa al ver a la persona frente a ella. Sonrió y se colocó al lado de su compañera.

–Oh… Tsubi-chan, ¿Qué haces aquí? ¿Qué te pasó en la mano?

– ¿Tsubi-chan? Oye vaca, ¿a quién llamas así?

–A ti. No quedamos que nos íbamos a llamar por nuestros nombres. Yo soy Nozomi, por cierto, y ella es Hanayo.

Tsubasa se mordió el labio. Detestaba la tonta sonrisa en la cara de esa chica. Hanayo, al lado, se hacía pequeña, como tratando de desaparecer.

–Ustedes no son mis amigas así que no necesito ni hablarles ni decirles que me pasó. Solo vengo buscando a Kousaka.

– ¿A Honochi? Pues no vino hoy.

– ¿Y saben por qué?

–La verdad –dijo Hanayo en un susurro–. Hemos tratado de contactar con ella, pero no responde a nuestras llamadas. También nos preocupa.

Tsubasa notó la sinceridad de la chica. Suspiró y se giró para marcharse. Nozomi habló con fuerza sin borrar su sonrisa.

– ¿Para que la buscabas Tsubi-chan?

–Deja de llamarme así, vaca. Y no te interesa.

–Está bien Kira-san –dijo de forma seria, cambiando incluso la mirada a una más sombría. Tsubasa se sintió incómoda–. Sé que no es de mi incumbencia, pero Honochi es una muy querida amiga y yo soy su senpai, por lo cual me preocupo por ella, y que yo sepa, tu tampoco eres su amiga.

Tsubasa mordió su labio. Suspiró y bajó la mirada. Nozomi volvió a sonreír.

– ¿Quieres pasar? Tenemos unos pastelitos que cocinó la mamá de Hanayo-chan.

–Eh… no gracias. Voy hacia el hospital. Debo… irme ya.

–Que… que lo que sea que te haya pasado en la mano, no sea grave –dijo Hanayo en un susurro. Tsubasa sonrojó e hizo una leve reverencia. Se alejó unos pasos y sacó su móvil.

–Oye… Tsubasa.

Nozomi llegó a su lado y llevaba su teléfono en la mano. Tsubasa miró el aparato unos segundos y luego a Nozomi. Ella sonreía, irritando más a la pequeña.

– ¿Qué?

–Te voy a dar el número de Honochi. Si quieres, puedes intentar llamarla cuando puedas –y sin dejar que reaccionara, tocó el móvil de Tsubasa con el suyo. Tsubasa vio como la información de Honoka aparecía en su pantalla.

–Pero…

–No te preocupes. Y si logras hablar con ella, dile que me llame.

Nozomi sonrió una vez más y se alejó regresando al salón desde donde Hanayo, y ahora la cabeza de Rin, la esperaban. Tsubasa se mordió el labio y miró la pantalla nuevamente. Regresó la mirada al grupo de chicas que aún la miraban y le sonreían. Hizo una leve reverencia y avanzó rápidamente hacia la salida.

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Sakura respiró profundamente y contó hasta tres en voz baja antes de abrir la puerta de su oficina. Un hombre rubio estaba de pie frente a uno de los libreros grandes mirando las fotografías que estaban colocadas en ellos. Al escuchar la puerta el hombre miró hacia ella y sonrió ampliamente.

–La bella Sakura-chan. Hace mucho que no te miraba.

–Buen día Ayase-san.

–Sakura, Sakura, Sakura. ¿Cuántas veces te he dicho que me llames por mi nombre? Nos conocemos desde antes de que tu pequeña hija naciera.

La mujer no dijo nada y se dirigió a su escritorio. El hombre lanzó una sonrisa despectiva y se sentó frente al escritorio. Notó la carpeta vieja que la mujer colocó en la mesa, junto a otra llena de papeles y anotaciones.

–Gracias por venir Ayase-san.

–Disculpa la tardanza pero estaba acompañando a Minami en el colegio de su ex mujer. Aunque tuve que salir de ahí… ya sabes que Naomi me detesta a mí y a Kira.

Sakura dibujó una sonrisa sarcástica y acomodó las carpetas frente a ella. Ayase miró fijamente a la mujer y enarcó una ceja.

–Y bien… ¿Para qué quería que vinieras? Dijiste que tienes algo para mí.

–Así es Ayase-san. Tengo algo. Por favor acompáñame.

Sakura se puso de pie al igual que el hombre, quien le abrió la puerta. Comenzaron a caminar despacio por los pasillos, hasta llegar frente a una puerta azul. Sakura suspiró y se mordió el labio.

– ¿Sucede algo Sakura-chan?

–Nada.

–Perfecto. Y no es por presionar, pero el tiempo es valioso.

Sakura asintió y abrió la puerta dejando ver lo que había dentro de la habitación.


Bueno, coloco un nuevo capitulo de esta historia, y por el momento será el último por lo menos en las próximas semanas. Me acaban de nombrar en un proyecto que me consumirá el poco tiempo que me quedaba para escribir, y como respeto a mis lectores y me gusta darles lo mejor de mi, pues no quiero escribir nada que no esté a la altura que ustedes se merecen, de ninguna de mis historias.

Espero que me comprendan y esperen las nuevas actualizaciones cuando regrese. Ya actualicé mi perfil con un mensaje para aclarar lo que va a pasar en estás semanas.

Ahora, el capítulo de hoy, espero que les guste mucho, lo disfruten y comenten.

Por cierto, Tsubi... jajajaja.