Punto de inflexión
No sé qué hacer. Esto parece un sueño o una pesadilla. Tiene que serlo. Hasta hace una hora, mi hermana estaba muerta. Congelé su corazón y murió. Eso es lo que pasó. Y ahora acabo de verla, le dije un montón de estupideces porque soy cobarde e indecisa. ¿Qué estoy haciendo? Tengo que aprender a enfrentar mis problemas y no salir huyendo. Eso es cobardía pura, en la que me refugio desde mi habitación. Son refugios para evadir las decisiones más difíciles y las confrontaciones.
No es que no le crea a Anna, probablemente es la única persona que jamás me ha mentido u ocultado información. Es totalmente transparente, y no muy buena guardando secretos. El problema no es ella. Soy yo quien no quiere creerle. La escuché pacientemente, intenté calmarla un poco, más que nada para que me diera tiempo de pensar antes de tomar una decisión. No sé cómo me siento al respecto. Por un momento, no sentí nada, eran demasiadas emociones conflictivas como para centrarme en una sola.
Sé que Hans había hecho cosas terribles, pero ¿esto? Jugar con mi hermanita, con la única persona viva en mi familia cercana, eso es ir demasiado lejos. Debería mandarlo de vuelta a su reino, debería echarlo del palacio en este mismo instante. Sin embargo, no puedo. No soy tan fuerte. Lamentablemente se metió bajo mi piel. Esto de las relaciones de pareja es un verdadero dolor de cabeza. Además, todo lo malo que ha hecho, también lo tiene de bueno. A veces es un villano, otras el héroe, todo depende de quien lo vea. Y yo que veo ambas mitades, no sé qué hacer. Me ha ayudado tanto, a controlar mi poder, a llevar mejor el dolor, ha sido mi compañía y mi distracción del mundo exterior. Ha estado allí para mí cada vez que lo necesito, cuando nadie más lo estuvo. Mi pueblo lo adora, muchos nobles lo aprecian bastante. Es amable con ellos, y solidario con quienes más lo necesitan. Y también es la persona más peligrosa que conozco. Miente, manipula a su antojo, tiene muchas facetas diferentes. Tiene sed de poder, una que intenta ocultar, pero que es evidente una vez que deja a un lado las máscaras.
Es un golpe crudo de realidad. Un corte limpio para asesinar. Justo cuando estaba bajando la guardia. Lo necesitaba. Un crudo y frío golpe de realidad. Sigo procesando todo lo que Anna dijo. Dejé su cuarto hace media hora, y me refugio en el mío mientras pienso cuál será la mejor manera de encarar a Hans por lo que hizo. Lo peor es que lo que mi hermana dijo es algo que él haría, calza totalmente con su modus operandi. Lo único que falló en sus cálculos es que Anna no murió.
He vuelto a tener una hermana. Y espero poder enmendar nuestra relación. Tantos años viviendo con miedo, intentando protegerla, cuando lo único que hacía era dañarla más al dejarla sola. No debí cerrarle la puerta. Ahora que tengo una segunda oportunidad, haré las cosas bien. No volveré a ignorarla cuando me necesite. No obstante, el problema es que no puedo ser transparente con ella, no cuando guardo secretos que posiblemente me llevaré a la tumba. Y hay algunos míos que sinceramente no deseo compartir con ella. Mis demonios no la atormentarán a ella también. Como hermana mayor, debo protegerla. Soy protectora del reino y de mi familia, eso decía mi padre cuando era pequeña, antes de que hiriera a Anna. Él nunca se repuso de eso, lo sé por los diarios que me dejó.
No quiero pensar en mi padre ahora, ya tengo suficientes problemas, no necesito otro más en la lista. Las palabras de Anna siguen rondando en mi cabeza. ¿Por qué sigo con Hans, cuando ha hecho tanto daño? No puedo hacer a un lado a mi hermana, ni pasar por alto todo lo que le hizo. Me duele más que jugara con ella que el que se acercara a mí para obtener la corona. Si no fuera él, habrían aparecido otros sedientos de poder en su lugar, nunca faltan los oportunistas. Cruzó el límite al utilizar a mi hermanita, mentirle, hacerla creer que la amaba, y dejarla muriendo sola encerrada en un cuarto oscuro. Debí insistir en que dejara verla, no debí tragarme esas mentiras, no debí creerle cuando dijo que Anna no quería verme, que era lo mejor para ella.
Lo otro que me preocupa es tenerlos a ambos viviendo juntos. No confío en que se comporten de manera civilizada. No hay garantías de que no intenten asesinarse entre ellos. Hans sería perfectamente capaz de deshacerse de Anna, si llegara al punto de la desesperación. Y con sólo ver la mirada de odio en los ojos de ella, sé que está dispuesta a llegar al mismo extremo. Ya no es una niñita ingenua que fantasea con el amor. Volvió más dura, más fría. Sigue teniendo sus rasgos característicos, pero no es la misma Anna que he conocido toda la vida. Y me preocupa que no volviera sola. Será otro escándalo si se enteran de que estuvo viviendo con alguien de origen más bien humilde. Ya hay suficientes rumores sobre mí, no necesito que se sumen los de la princesa. Dios, ¿es que nunca saldremos del foco de atención de la sociedad? Tengo que hablar con Anna y con ese ¿Christopher?-No recuerdo bien su nombre, lo dijo muy rápido-, sobre lo que pasó entre ellos. Espero sinceramente que no tengan planes a largo plazo, aunque lo veo poco probable.
Me está dando una migraña, necesito despejar mi mente por un rato. Agradezco que los demás tengan suficiente sentido común para no venir a buscarme. Anna ya se descargó un poco conmigo, y Hans es listo, sabe que si me busca en este momento, es hombre muerto. Prefiero tener la cabeza fría y mis ideas organizadas antes de verlo otra vez.
Estoy a punto de decirle a Gerda que envíe mis disculpas por no encontrarme en buen estado para asistir a la cena. Lo que me detiene es pensar que dejaría solos a Anna, Hans y el muchacho que la trajo de regreso. No puedo hacer eso. Y tengo que ser cortés con la persona que me devolvió a mi hermana y la cuidó por tanto tiempo. Ofrecí una buena suma de dinero a quien encontrara a Anna, y el título de Barón del lugar que escoja. Eso fue cuando recién había desaparecido, y todo el reino estaba hecho un lío. Ahora se calmó un poco, pero sigo temiendo que podría haber una revolución si se dieran las condiciones exactas.
Abro la ventana para respirar aire fresco. No ayuda mucho, estoy muy tensa y siento igual que si tuviera un martillo golpeándome desde el interior del cráneo. ¿Y ahora qué hago? Me quedo sin movimientos, necesito encontrar una forma de hacer que ese par convivan más o menos en paz. Amo a mi hermanita, pero no puedo dejar a Hans así como así, pese a que sé cuánto la lastimó. ¿Por qué tiene que ser tan complicado? Nuestra relación ya era bastante… peculiar, antes de que llegara Anna. Ahora es aún más compleja.
¿Qué hago? Anna es mi familia, jamás volveré a abandonarla. Si hay alguien que merece una vida plena y feliz es ella. Sé que la lastimo al dejar que Hans se quede con nosotras, es doloroso saber que es mi culpa que no pueda dejar eso en el pasado, no cuando un recordatorio constante de ello. Y tampoco puedo quedarme de brazos cruzados sin hacer nada para castigar las acciones de Hans. No ha cometido ningún crimen en mi reino, ergo, no puedo arrestarlo, por mucho que le guste la idea a mi hermana. Y porque, en el fondo, no quiero verlo sufriendo en una celda. Esto es muy personal para dejar que interfiera en asuntos del reino. Y de otros reinos, no puedo iniciar un conflicto con las Islas del Sur. Puede que la familia Westergård tenga conflictos internos, pero ninguna casa real dejaría que otra nación humille a uno de sus miembros. Nos causarán daño a todos, no puedo permitir que se desarrolle un conflicto entre nosotros.
Y, por último, no puedo permitir que esto se sepa por todo el reino, ni siquiera por el resto del palacio. Esto se quedará en secreto, entre mi hermana, su pseudo-novio, Hans y yo. Y Olaf, ahora que ha vuelto. Nada de rumores, pensaran que hay un quiebre en la familia real. Lo último que necesito es que nos vean más inestables de lo que estamos. Será difícil, considerando que las peleas serán inevitables. Y sin conocer la historia completa, pensarán que Anna está molesta conmigo y con su ex prometido, por celos, seguramente dirán. Dios, tendrán cotilleos jugosos por meses. Es una proporción inversa, mientras menos se soporten, más alimentarán los chismes.
Ahora me espera una cena de alta tensión. Pediré a los guardias que vigilen la entrada del comedor pequeño, no quiero a nadie husmeando nuestras conversaciones. El 'comedor pequeño' es en realidad una sala con una mesa y asientos para unas 120 personas, lo que se considera pequeño, usualmente usado por el rey y/o reina, la familia cercana y algunos invitados. Cuando hay eventos masivos, se utiliza la sala continua al gran salón, que es otro comedor, en el que caben perfectamente 500 invitados.
Bajo las escaleras de mala gana y sigo caminando hasta llegar a la entrada del comedor. Incluso desde afuera, escucho que están discutiendo. ¿Es que no puedo dejarlos solos por unos minutos? Ya son adultos, deberían comportarse como tal.
— ¿Por qué no te limitas a hacer lo que hacen todas las princesas? Ser bonita y guardar silencio, nos harías un favor a todos—esa es la voz de Hans.
—Ya quisieras, cerdo de traje—le responde Anna. Imagino que tendrá las mejillas coloradas y el ceño fruncido.
— ¿Se supone que debo ofenderme?
—Ya cállate, agradece que estoy siendo una dama contigo, y sólo porque Elsa me lo pidió.
—Debes estar celosa, ahora compartes a tu hermana conmigo.
— ¿Crees que te va a perdonar por lo que me hiciste? Tus días con ella están contados.
—Eso está por verse.
—Tú no la conoces.
—La conozco mucho mejor que tú, he sido la única persona que la apoyó y protegió mientras tú estabas quién sabe dónde.
— ¡Ya, basta!—les digo, al mismo tiempo que abro la puerta.
—Él empezó.
—Anna, tendremos una cena civilizada, y ninguno de los dos seguirá discutiendo, ¿entendido?—le digo con más rudeza de la que quería—. Ahora, ¿me presentarías a tu… amigo?
—Bien, como yo sí sé comportarme, no voy a discutir—cierra los ojos y suspira. Al abrirlos, se gira hacia el invitado, que se ve diferente de cómo lo recuerdo, con un traje elegante, el cabello bien peinado, y mucho más nervioso—. Él es Kristoff Bjorgman.
—Un placer conocerle, señor Bjorgman. Espero que esta invitación sea de su agrado, es lo menos que puedo hacer en agradecimiento por haber rescatado a la princesa—no recuerdo que fuera tan tímido. Posiblemente es por el contexto en el que está, en una cena con tres miembros de la realeza, dos que no conoce. Y considerando que ha visto lo que puedo hacer con mi poder, tiene toda la razón en sentirse cohibido. Además, si es cierto que mi hermana tiene una especie de romance con él…—. Espero que pueda disculpar a mi hermana y a mi invitado de las Islas del Sur por esta falta de discreción.
—No se preocupe, majestad. Creo que Anna tiene derecho a estar molesta.
—Asumo que está al tanto de lo que sucedió entre ellos dos.
—Por supuesto que lo está, no creo que Anna pueda permanecer en silencio por tanto tiempo—masculla Hans.
—Hans, silencio.
—No, déjalo que hable, a ver si es tan valiente como cree que es—habla Anna.
— ¿Qué quieres que te diga, alteza? ¿Esperas que salga con algún plan infame para arruinar el reino? ¡Sorpresa! No es así—le responde Hans.
Será una larga noche. Entran dos sirvientas y un mayordomo con un carrito para servir la cena. Curiosamente, tienen un efecto civilizador sobre mis invitados y mi hermanita. Anna y Hans guardan silencio e intercambian miradas asesinas. Kristoff toma la mano de mi hermana para calmarla. No da resultado. Masajeo mi frente, que intenten insultarse no ayuda a mejorar mi dolor de cabeza. Ninguno de nosotros habla mientras colocan los platos y llenan las copas de vino. Prefiero mantenerme en silencio, no tengo ganas de incitar otra pelea infantil, ni estoy de humor para hacer conversación de temas triviales. Tampoco me apetece la comida, prefiero tomar pequeños sorbos de vino.
Los sirvientes se retiran y nos dejan sin más compañía que el guardia de afuera. Nadie rompe el frágil equilibrio que hay en este momento. La atmósfera es tan densa como esperaba. Un pequeño gesto y volverán a como estaban antes. Por un momento, pienso seriamente en hacer un biombo de hielo para evitar que se vean. Estoy sentada a la cabeza, Anna está a mi derecha, Kristoff a su lado y Hans a mi izquierda, no será difícil separarlos. No es lo ideal si espero que aprendan a convivir juntos, pero será más sencillo para ellos. Kristoff hace un esfuerzo en comportarse, y lo logra con mayor eficacia que los demás. Seguramente no es fan de Hans, dado que le preocupa el bienestar de mi hermana, y eso incluye mantenerla alejada del príncipe.
—Kristoff vive en el norte, trabaja recolectando y vendiendo hielo. Es muy bueno escalando, mucho mejor que yo, aunque tampoco es tan difícil ser mejor que yo. A lo que voy es que me ayudó mucho cuando quería subir a la montaña. Ah, y le debo un trineo nuevo, es que el que tenía cayó por un precipicio y se estrelló cuando nos perseguían los lobos—comenta Anna, como si fuera lo más normal de mundo. Me pregunto cómo es que sigue viva. Tiene más vidas que un gato.
—Me alegro que encontraras ayuda, y me sorprende que hayas regresado relativamente sana—tomo otro trago de la copa—. Y no se preocupe, señor Bjorgman, tendrá el mejor trineo que pueda haber en Arendelle. Considérelo un plus a la recompensa.
—Se lo agradezco, majestad, pero no es necesario—comienza él, antes de que lo corte a media oración.
—Claro que es necesario, no cualquiera habría puesto su vida en peligro por alguien a quien apenas conocía.
—Gracias.
— ¿Lo ves? Te dije que no habría ningún problema—le dice Anna—. Fue mi culpa que cayera, y prometí devolvértelo. Algunos de nosotros sí sabemos cumplir promesas.
— ¿Promesas? Yo jamás te prometí quererte, lo único que hice fue darte cinco minutos de atención—y es así como Hans cae en la provocación de mi hermana.
—No serías capaz de cumplir una promesa así—replica Anna, extrañamente calmada. Esto es malo—. Tu corazón congelado no podría querer a nadie.
—No lo sé, creo que tu querida hermana piensa diferente—el también permanece tranquilo por fuera. Es un reto, el que explote primero es el que pierde—. ¿Te dolió que la eligiera a ella y no a ti?
—Mi hermana está perfectamente bien sin ti.
—Hans, Anna, dejen esto hasta acá, no quiero que se hablen y no quiero que se agredan, no me importa si es verbal, física o psicológicamente, y, por último, muestren algo de respeto. Están en una cena formal, tenemos un invitado y posiblemente a muchos testigos escuchando al otro lado del pasillo.
—No puedo si él está presente.
—A mí no me molesta la presencia de la princesa, entiendo que es importante para ti, Elsa.
—No engañas a nadie, fingiendo que te preocupas por alguien que no seas tú mismo.
—Por supuesto, como haber estado junto a Elsa durante meses, haberla ayudado con su magia y cuidar de su gente son acciones totalmente egoístas e injustificadas.
—Aléjate de ella, ya no te necesita.
— ¿No has considerado que tal vez yo sea bueno para tu hermana?
—Está mejor sin ti—ya es suficiente, no voy a dejar que esto siga.
—Hans, acompáñame un momento—le digo con una sonrisa tiesa—. Si nos disculpan.
—No te atrevas a tocar un solo pelo en la cabeza de Elsa, ¿me escuchaste?—le amenaza Anna. No estoy segura de que tanto daño pueda hacer, pero decido no subestimarla.
—Anna, es suficiente—le lanzo una mirada de advertencia—. Señor Bjorgman, es libre de quedarse en el palacio o en algún lugar de la ciudad que sea de su preferencia. Mañana me gustaría charlar con usted y con mi hermana, hay algo que debemos discutir—por la forma en que traga, sé que se imagina qué tema vamos a tratar.
Tomo a Hans de la muñeca cuando se acerca y lo saco casi a rastras del salón. Supongo que podríamos escabullirnos a su habitación. A mitad del pasillo encontramos a cinco criadas que probablemente estaban escuchando a hurtadillas lo que sucedió durante la cena. Esas son las chismosas que terminan pregonando nuestra vida privada.
No tardamos mucho en llegar, entramos, coloco el seguro y congelo la cerradura. No quiero que me molesten por un buen rato. Ahora, a lo que vinimos. Con un giro de mi muñeca, dejo a Hans pegado en la muralla, con el cuerpo inmovilizado dentro de una cápsula de hielo. Puede respirar y hablar, le dejé la cabeza y el cuello fuera, y algo de espacio para que pueda inflar sus pulmones. No es que se lo merezca.
— ¡Eres un imbécil! ¿No te basta con haber abandonado a mi hermana cuando necesitaba ayuda? ¡Te burlaste en su cara y lo sigues haciendo!
—Elsa, lo puedo explicar—jadea.
— ¿Explicar qué? La engañaste, jugaste con ella y con su inocencia. Por tu culpa ella no es la de antes.
—Le hice un favor.
— ¿Favor? ¿Dejarla encerrada agonizando es un favor?
—Lo viste venir, si no fuera yo, sería algún otro.
—Si eso es tu intento de excusa, mejor cállate.
—No he dicho que sea mi excusa.
— ¿Es que no tienes una pisca de arrepentimiento? ¿O de decencia al menos? Usaste a mi hermanita y ahora sigues atormentándola. ¿Qué ganas con eso? Sea lo que sea, lo único que conseguirás es su odio y el mío.
—Tú no me odias, seré un imbécil, cínico y manipulador, pero aun así no me he ganado tu odio.
— ¿Crees que me conoces? Si me conocieras, sabrías que jamás te perdonaré por esto. Conmigo, haz lo que te dé la gana, pero no te atrevas a hablarle, ni siquiera a mirar a Anna.
—Si me odiaras, no estarías hablando conmigo, exigiendo razones. Me habrías congelado el corazón y punto.
— ¿Qué te hace creer que no lo voy a hacer?
—Uno, tú no quieres hacer eso. Sé que no… que nunca has dicho que me amas, y honestamente, es mejor así, pero, en el fondo, sé que te importo lo suficiente para no querer lastimarme. Segundo, no quieres tener sangre en tus manos. Y tercero, ambos sabemos que eres mucho más creativa, seguro tienes ideas mejores sobre cómo torturarme. Además, considera que mi magia es el polo opuesto de la tuya, no sé si puedas congelar mi corazón.
—Podría intentarlo.
—Hazlo— ¿cómo es que estando su vida en peligro sigue siendo petulante y egocéntrico?
—No vinimos aquí para eso, y estoy segura de que tu familia tomará cartas en el asunto si te mando de vuelta a tu reino en un ataúd—se estremece un poco con la parte de enviarlo de vuelta. Bien, ahora sé que es lo que más teme. No planeo hacerlo, no quiero conflictos con ellos, pero si puedo torturarle un poco con esto.
—No lo creo, a lo más te enviarán una nota de agradecimiento—su sarcasmo no es auténtico, está aterrado.
—No, sería mejor enviarte vivo. ¿Qué crees que dirán tus hermanos mayores cuando sepan que insultaste profundamente al reino que pensaban tener como aliado?
—No lo harías.
—Por ahora, no. El fiordo sigue cubierto de hielo, no hay manera de pasar. Una vez que termine este invierno, no prometo nada.
—De todas maneras no lo harás.
—Puede que sí, puede que no. Te recuerdo que tu futuro ahora está en la palma de mi mano.
—Te gusta tener el control, pero no puedes tener todo en orden. ¿Cuánto crees que pasará antes de que esto se te escape de las manos?
—Puedo gobernar perfectamente bien sin ti.
—No hablaba de gobernar, eres buena, con eso no discuto—le cuesta hablar, apenas se oye un hilillo de voz. Se ve muy pálido, su cuerpo comienza a temblar—. Es tu magia la que me preocupa. ¿Realmente puedes ingeniártelas sola? —no, pero no ceder.
—Lo he hecho desde que nací, que estuvieras un tiempo conmigo y me enseñaras algunos trucos no es relevante.
—Y mira qué bien resultó.
—Guarda tu energía, la vas a necesitar—llegará un punto en que se desmaye.
—Entonces, ¿qué vas a hacer conmigo? Ya que no quieres que esté cerca de Anna, lo lógico es enviarme a un calabozo—eso es ser melodramático.
—Aún no decido que hacer contigo.
—Devolverme, no. Prisión, no. ¿Me vas a dejar colgando como un adorno para tu oficina?
—No gracias, ya tuve suficiente de ti.
— ¿No pensarás dejarme libre, o sí?
—No lo sé. Me preocupa el escándalo que se armará por tu culpa. Otra vez. ¿Qué crees que dirán cuando sepan que jugaste con la princesa? —y de mí, seguramente pensarán que ya lo sabía, y que me revolqué con él de todas maneras.
—Entonces, ¿mantendremos un acto? ¿Fingiremos que aquí no pasó nada? No es algo que tú harías, querida.
—No soy tu querida. Y aún no lo sé. Te recuerdo lo inestable que es mi reino en este momento. La gente te apoya, pero también apoyan a Anna. Esto los dividiría. Y al Consejo de Nobles, los fieles a mi familia te odiarán, y los demás querrán que sigas siendo un actor relevante dentro del reino.
—Así que sacrificarás la felicidad de tu hermanita por mantener alineados a tus súbditos. Te hace una gran líder, y una hermana terrible—me mira fijamente, con algo de decepción. Perfecto, decepciono incluso a alguien tan cruel y despiadado como él. ¿Qué clase de persona soy? Pareciera que tengo un don para las malas decisiones—. Deberías conocer a mi hermano el rey Caleb. Tienen mucho en común.
—No es justo para ella—digo más para mí que para él—. Pero esto es complicado.
—Lo sé, lo dices cada vez que te refieres a mí.
—Eres un parásito, ¿lo sabías? No traes nada bueno, no das nada a cambio de la hospitalidad de los demás, sólo causas daño. Tomas y tomas, pero nunca eres recíproco. Me das asco.
— ¿De los demás o de ti?
—De todos, mi gente confía en ti, mientras manejas los hilos detrás de un disfraz de santo. De mi hermana, la usaste y luego la botaste, como a un juguete roto—no, no, no, no, no. Se me están poniendo los ojos vidriosos. No quería pensar en mí, en lo que hace conmigo, y que soy tan estúpida como para permitírselo—. Y de mí, me has estado usando todo este tiempo. Abusaste de mi confianza, me llenaste la cabeza de mentiras, me hiciste creer que te preocupabas por mí, que podías protegerme. ¡Qué montón de mentiras! Y pensar que por un momento, casi me permití sentir algo por ti—sus ojos también lucen vidriosos, no tanto como los míos, pero sí es un cambio significativo en él—. Te di mi atención, te permití acercarte a mí, te escuché cada vez que me decías tus problemas, te di consuelo y apoyo como nadie lo había hecho contigo…—mi voz sueña terrible, desgarrada, y no puedo hacer nada para cambiarlo— me besaste, me tocaste, tantas veces… te dejé acariciarme, te devolví cada roce con la misma intensidad, ¿Para qué? No te importo yo… te importa lo que puedes conseguir de mí—perfecto, ahora estoy llorando—… una corona, un lugar lejos de tu familia, prestigio, poder, mi cuerpo y un heredero... Lo peor es que me dejé engañar, me hiciste creer que lo hacías por que sentías al menos una gota de afecto por mí...
No me interrumpió una sola vez mientras hablaba. Jamás había dicho algo así. Es duro decirlo en voz alta. Mis emociones están totalmente descontroladas, es abrumador. Me hiere muchísimo, me siento usada, traicionada. Violó mi confianza, que tanto costó darle. Siento como si tuviera una tormenta de emociones, que se refleja en una tormenta en el exterior del castillo, y la habitación completamente cubierta de hielo. No perdía el control desde hace tanto. Creí que ya lo había superado. Pero es tan difícil, no es algo que pueda suprimir ni encerrar dentro de mi pecho por más tiempo.
—No es cierto—el dolor en su voz es palpable. Una lágrima sale del rabillo de su ojo derecho, una que posiblemente ha estado batallando durante mi discurso de desahogo. Nunca antes le había visto así de vulnerable. Hay una parte de mí que siente compasión, aunque no se la merezca. No soy como él, yo no siento placer al hacer sufrir a otra persona—… acepto que me aprovecho de los demás, que busco mi conveniencia, que jugué con tu hermana, fui cruel con ella, la dejé para que muriera—con eso la ira reemplaza la compasión—… soy posiblemente la peor persona con quien te has topado. Pero jamás he jugado contigo. Lo he intentado, no puedo… no quiero hacerlo… eres más que una corona para mí…
— ¿Y por qué debería creerte? Me mentiste y me ocultaste buena parte de la verdad, no veo una sola razón para tener esperanza de que estés siendo sincero conmigo.
—Lo sé, no tienes motivos para creerme—se ve tan pálido, incluso el color de su cabello ha perdido intensidad. Es tan extraño, como la llama de una vela que está por apagarse—. De todos modos, no te mentí en cuanto a nuestra relación, no estoy contigo por interés. Al principio lo estaba, ahora es diferente…
—No sigas.
— ¿Entonces? ¿Cómo quedamos?
—No lo sé—ya lleva mucho tiempo en la pared, decido retirar el hielo. No se lo merece, pero me sentiría mucho peor de dejarlo colgado así, sufriendo de hipotermia. Cae de rodillas y no intenta levantarse. Tampoco ha intentado defenderse de mí, no entiendo por qué. Podría perfectamente devolverme la mano, tiene el poder suficiente para ello.
—Te lo agradezco.
—No quiero tu agradecimiento.
—Tenía que intentarlo—no le he 'quemado' la piel como las otras veces. Se ve terrible, nunca había estado tan pálido, un tipo de palidez enfermiza y opaca. No veo bien sus ojos, que están entrecerrados, mas alcanzo a notar que no son fieros y brillantes como lo estaban la última vez que estuvimos juntos, en mi cuarto.
—Tengo una pregunta, no espero que me contestes ahora, solo que lo pienses: ¿por qué? ¿Por qué le hiciste daño a mi hermana?—dudo que vaya a reflexionarlo, pero me gustaría creer que en algún punto lo hará.
—Te respondería si supiera.
—La idea es que lo descubras, no por ella, ni por mí, sino porque espero que en algún nivel profundo entiendas lo que hiciste y sientas remordimiento—es soñar muy alto, lo sé.
—Podría tardar.
—Hazlo y ya.
—Bien—se levanta con dificultad—. Sólo espero que sepas que, aunque lo nuestro posiblemente termine, todavía puedo ayudarte con esto del invierno y con tus poderes… no porque merezca tu atención, sino porque quiero apoyarte, soy la única persona que entiende perfectamente lo que se siente tener habilidades extraordinarias.
—Lo tendré en cuenta—y ese es el tema delicado. No puedo quedarme sin 'maestro' que me enseñe a controlarme. Además, es él quien va más adelantado leyendo la investigación de mi padre.
Ya llevo mucho tiempo con él, y mientras más me quede, más peligroso es para ambos. Tengo que irme y ya. Me lastima, yo le lastimo. Es cruel con Anna, yo soy cruel con él. Esto es dañino, es tóxico para ambas partes. Tengo que salir de aquí. Un segundo antes de que abra la puerta, él me detiene.
—Sólo… una última cosa… me vas a odiar por esto, pero estoy jodido de todas maneras, prefiero ser egoísta una vez más—me besa. ¡¿Cómo se atreve sabiendo lo que hizo?! Me aparto de un empellón y le doy una bofetada.
— ¡No vuelvas a tocarme! No quiero que me beses, ni quiero que me sigas, y tampoco me hables. ¿Cómo puedes ser tan estúpido? ¿Acaso pensaste que te perdonaría? No, posiblemente creías que nunca me enteraría de lo que hiciste.
—Lo sé, pero no esperes una disculpa, no cuando sé que tú también lo necesitabas.
—No necesito nada de eso. Ya es suficiente, creo que debemos dejarlo hasta acá entre nosotros.
—Entonces, todo lo que pasó entre nosotros… ¿no significa nada para ti?— ¿pregunta porque quiere saber o por utilizar chantaje emocional?
—Eso no es lo que dije—lamentablemente me importa, mucho.
—Pero eso no cambia nada—asiente con pesar.
—No, lo siento.
—Supongo que esto ni siquiera es una elección.
—Hans… por favor, no me hagas elegir, porque entre tú y mi hermana, me quedo con ella.
—Lo entiendo.
Definitivamente tengo que irme antes de que nos hagamos más daño. Necesito pensar con claridad, no puedo si él está cerca de mí. Salgo más rápido de lo que debería y evado a todos en el camino. Vuelvo a huir. Como una cobarde. A mi cuarto, lo cual es el remate de un chiste cruel. ¿Y ahora qué? Me tumbo en la cama repitiendo mentalmente la conversación que tuve con Hans. Y pensar que hace unas tres horas estábamos en esta misma cama, besándonos como si nuestras vidas dependieran de ello. Es increíble como cambió todo en tan poco tiempo.
No puedo conciliar el sueño. Es tarde, debería dormir. Me acostumbré a permanecer despierta hasta la madrugada. Costará volver a acostarme temprano, mi cuerpo ya estaba habituado al horario nocturno. En especial si los próximos días son igual de intensos que hoy. ¿Alguna vez volverán a reinar la paz y la tranquilidad en este palacio? Es posible, cuando deje de ser reina y sea el turno del siguiente heredero a la corona.
Tengo mucho rondando en mi cabeza, y necesito desesperadamente hablar con alguien. Normalmente no soy una persona comunicativa, pero necesito que me escuchen. Necesito un consejo, una guía. No puedo hacer todo yo sola, gobernar un reino, cuidar de mi familia, cuidar de mi gente, tener una vida amorosa decente, controlar mi poder y continuar con la investigación. Son tantas responsabilidades juntas.
Decido ir con Anna, me vendría bien su compañía. Toco la puerta, nerviosa, antes de entrar a su habitación. Está despierta. Siempre lo está, hasta pasada la medianoche como mínimo. Se sorprende de verme tanto como me sorprende a mí misma haber terminado aquí. Solía ser ella la que me iba a buscar a mi cuarto.
— ¿Estás bien?—me pregunta.
—No puedo dormir.
—Bienvenida a mi mundo, Els—se ríe—. ¿No te molesta que te diga así? Porque si te molesta, puedo buscar otro apodo que te guste. O puede no ser ningún apodo, no lo sé, ¿prefieres que te diga Elsa o tienes otra idea? —ahí está esa manera tan particular de expresarse tan propia de Anna. La extrañaba tanto.
—Els o Elsa están bien. No me molesta que me digas así.
— ¿Qué tienes?
— ¿Puedo? —le pregunto antes de subir a la cama con ella.
—Sólo si respondes mi pregunta. Se necesita bastante para que tú estés despierta a esta hora. Reí que me reprocharías algo por estar despierta yo también.
—Reprocharte no serviría de mucho en tu caso, hermanita. Y sí, tengo algunos problemas que no me dejan descansar.
— ¿Es por mi culpa? Sé que debí haberte avisado de alguna forma que regresaría o que seguía con vida. Que sigo con vida, no sé por qué lo dije en pasado.
—La culpa no es tuya, en absoluto. Son problemas que vengo acarreando de mucho tiempo.
— ¿Hablas de tu magia?
—Es parte del problema—y la raíz de otros tantos.
— ¿Hans?—asiento ligeramente—Si está siendo una molestia, siempre puedes enviarlo en un cubo de hielo de vuelta a su hogar. Yo sólo digo.
—Anna, no.
—Está bien, es tu decisión. Pero no me importaría conseguirte el barco y las estampillas para que lo devuelvas. Sólo piénsalo, ¿vale? Por favor—quiere venganza, y está en su derecho. Veo el dolor en sus ojos cada vez que hablo de él.
—Se merece más que eso por lo que te hizo… por lo que nos hizo. Pero es… complicado.
—Me has dicho que es complicado al menos unas diez veces hoy, ¿podrías explicar por qué es tan complicado?
—No podría decírtelo todo, pero sí tienes que saber que me ha ayudado mucho con mi poder y a averiguar qué soy.
—No tienes por qué seguir con él. Deja que te ayude, no estarás sola, Olaf también estará allí, e incluso Kristoff, si es que puede quedarse.
—Te lo agradezco, pero primero tengo que meditar bien qué hacer con Hans. Si te sirve de consuelo, ya no estamos juntos como pareja—evito mirarla a los ojos para evitar que vea sufrimiento en los míos—. Además, no es lo único que quería hablar contigo.
—Estás mucho mejor sin él—me abraza—. Así qué… ¿de qué quieres hablar?
—De ti, y de que probablemente estés planeando mantener tu relación con Kristoff.
—Oh, ah… sé que no es príncipe ni noble, pero me ama y yo lo amo también—me alegra que una de las dos pueda ser feliz después de lo que pasó—. Él es diferente, no le interesa el poder ni el dinero que podría conseguir conmigo, digo, ya viste que intentó rechazar la recompensa… ah, por cierto, creo que mañana podría ir con él a ver el trineo nuevo, si es que puedo. O, podría quedarme contigo, si prefieres. No quiero que estés sola.
—No te preocupes por mí, ve con él.
—Gracias. Y, como te decía…
Y es así como pasamos un buen rato hablando, de ella, de Kristoff, de la cena que se celebrará la próxima semana y de una infinidad de temas triviales. Me gusta, evita que piense en los demás problemas que amenazan con hacerme colapsar. Anna se duerme antes que yo, por lo que debo usar toda la delicadeza posible para zafarme de su abrazo sin despertarla. Me retiro a mi habitación sintiéndome un poco mejor. Eso hasta que me doy cuenta de lo que en realidad pasó. Terminé con Hans. Es más doloroso de lo que pensé que sería. Sé que estoy mejor sin él, pero no significa que quiera estar sin él. Todo este tiempo estuve dentro de una hermosa ilusión. Una ilusión que se acabó.
A/N: esta es la versión de Elsa, quien, como habrán notado, estaba en una especie de estado transitorio antes de caer en cuenta de lo que sucedió. Sé que esperaban más sangre, pero bueno... veremos qué pasa. De todas formas, un quiebre era inevitable.
El próximo capítulo será narrado por Hans.
En fin, muchas gracias por los comentarios, suelo tomar el tiempo de responder personalmente a cada uno.
Yo me retiraré lentamente... *huye*
Ah, pero antes, quería saber si es que les gustaría un one-shot de San Valentín (lo postearé un poquito atrasado, como dicta mi tradición XD) y, si es así, pueden dejar sugerencias de temática.
En respuesta a PersonitaGenial gracias por dejar un review :3 don't worry, los primeros dos capítulos no taaan importantes, se entiende de todas maneras. Y precisamente, tenían que terminar, digo, alguien está furiosa por su hermanita. Sé que parece que Elsa le restó importancia, pero preferí que fuera asumiéndolo lentamente hasta que colapsó. Bueno, ahora toca ver cómo lo manejan ambas partes...
