NOTA: Se que no merezco perdón de nadie por demorar tanto en actualizar, pero la razón es que estoy tan ocupada con la universidad que no tengo tiempo para nada, estudio de lunes a sábado de 7 am a 10 pm los seis días, pero de a poco he ido adelantando el capítulo hasta terminarlo, incluso lo hice más largo para recompensarlas. Aparte que diré que tendré que intentaré actualizar UNA O DOS VECES AL MES por lo que les pido perdón de ante mano y me comprendan por favor.

Les agradezco a las personas que hayan estado leyendo los capítulos y hayan comentado. Les pido perdón por la demora en actualizar, pero como sabrán a mi no me sobra precisamente el tiempo. Pero haré lo posible de actualizarlo así sea cada una o dos veces al mes para que no pierdan el hilo de esta historia junto con la de 6 Romeos 1 Julieta (si no la conocen los invito a leerla), no merecen que se pierdan por mi poca presencia. Les pido perdón de ante mano por lo aburrido que tal vez les parezca este capitulo, recuerden que la historia es un poco lenta pero animo. Se puede decir que va a empezar a aparecer Sasori! de manera un poco más directa que antes, pero aun faltan unos pocos capítulos para que él haga su presentación oficial.


Capítulo 21: Dos cartas, parte 2.

Izumi se había quedado dormida en mi cama y yo subí a ver a Nagato.

- Aún no ha despertado -dijo Konan- Estoy preocupada por él, Sakura. Creo que Karin logró despojarlo de casi todos sus humores vitales.

- ¿Has tratado de despertarlo? -pregunté- Podríamos intentar darle algo de agua y tal vez algo de comer.

Konan sacudió a Nagato con delicadeza por el hombro. Él entreabrió los ojos y miró a Konan tratando de esbozar una sonrisa, pero volvió a quedarse dormido.

- Creo que, mientras siga respirando normalmente, está bien que lo dejemos descansar. Grita si detectas cualquier cambio en él -dije.

- Lo haré -dijo, y mirándome por encima de las enormes ojeras que adornaban su rostro, agregó- Sakura... creo que estoy enamorándome de él otra vez. Quiero decir, por primera vez. Es un hombre diferente.

Sus palabras me tomaron por sorpresa.

- ¿De veras? -le pregunté.

- Sí -dijo ella- ¿Crees que es estúpido de mi parte?

- ¿Estúpido? En lo absoluto. Me parece natural, amiga mía. Es difícil resistirse a un amor tan profundo como el suyo por ti -dije, sonriendo- Además... es el sapo más guapo de toda la ciudad.

Konan sonrió a su vez, y dijo:

- Anoche estaba tan preocupado por ti como yo. Creo que me había negado a ver el lado profundo de Nagato.

- Me alegra que hayas tenido la oportunidad de descubrirlo... y me parece hermoso que podáis tener un amor compartido -le dije.

- A mí también -dijo mi amiga poniendo una mano sobre la de él y apretándosela con afecto.

Volví a darle un vistazo a Izumi y me quedé a su lado, mirando por la ventana el resto de la noche. Cuando amaneció regresé a la habitación donde dormía Nagato con el desayuno para Konan y una taza de caldo de legumbres para nuestro amigo.

- ¿Cómo sigue? -le pregunté a Konan.

- Creo que bien -dijo ella- Se despertó un par de veces durante la noche pero no tenía fuerzas para hablar. A duras penas abrió y cerró los ojos, pero sé que siente mi presencia.

Le pusimos un poco de agua en los labios a Nagato y él entreabrió los ojos de nuevo.

- Hola... -murmuró con dificultad.

- ¿Tienes hambre? -le preguntó Konan.

El asintió. Entre las dos lo incorporamos poniéndole dos almohadones detrás de la espalda, y Konan comenzó a darle pequeñas cucharadas del caldo que él apenas podía sorber.

- Vas a ver cuán pronto te vas a recuperar -dije, aunque el pobre Nagato en realidad estaba tan blanco como un fantasma y dos círculos moradas se dibujaban alrededor de sus ojos. No parecía que fuese a ponerse bien demasiado pronto.

- Ella... buscaba algo -dijo Nagato con un hilo de voz.

- ¿Karin?-pregunté.

Nagato asintió.

- ¿Sabes de qué podría tratarse? -le preguntó Konan.

Él negó con la cabeza.

- Fuera lo que fuera, debe tener alguna conexión con el hecho de que Fū quisiera casarse con él -dije.

- Tal vez Fū estuviera fingiendo estar enamorada de Nagato para tener acceso a sus cosas... -sugirió Konan.

- Tiene sentido -dije- Lo que no entiendo es por qué nunca lo atacaron antes.

- Es extraño -dijo ella- Tal vez necesitaban mantenerlo vivo con algún propósito específico.

- No sólo vivo: no quisieron convertirlo en Vampyr... -dije yo.

- Cierto -dijo ella- Quizá planeaban hacerlo en su momento pero llegamos nosotras a entorpecer sus planes.

- Gracias... a Kami-sama -suspiró Nagato.

- Si Fū y Karin querían en efecto convertir a Nagato en Vampyr, ¿qué estaban esperando? —pregunté.

- Según leímos en el diario de Rin, el hecho de que alguien sea Vampyr no lo convierte necesariamente en aliado de nuestras enemigas. Ya ves cómo Rin quiso quitarse la vida en cuanto se dio cuenta de la clase de criatura en que la había transformado Karin -dijo Konan.

- Eso es verdad —dije- Tal vez tenían mucho más que ganar si Nagato las ayudaba en su propósito estando desprevenido.

- Yo apostaría a que tiene algo que ver con su primo Yahiko. Lo de la cruz en las cartas no es casualidad -dijo Konan.

- Tenemos que sostener una conversación larga y tendida en la que analicemos todos los detalles de tu relación con Fū en cuanto estés bien, Nagato -dije.

El asintió lentamente, cerrando los ojos.

- ¿Nagato?-lo llamó Konan.

Se había dormido de nuevo.

- Al menos nos comprende —dije- Es menester llamar a un cura para que le suministre la comunión a diario mientras se recupera. A Rin le ayudaba.

- Por fortuna ha sido capaz de comer algo -dijo Konan- Si el Simillimum no hubiese funcionado, le habría pasado igual que a ella: no habría sido capaz de probar bocado.

- Es una suerte que aún conservemos la botella -dije.

- Por cierto: ¿tienes alguna idea de qué hicieron los hombres de Neji con tu crucifijo o con la botella que contenía la solución de agua bendita con sal exorcizada?

- No —dije- Pero sigo preguntándome qué tipo de seres son los que ayudan a los Vampyr. Se me ha ocurrido que son víctimas que han muerto a causa de algún ataque sin convertirse en uno de ellos. Tal vez por eso pueden tocar objetos religiosos sin quemarse.

- Es una buena teoría -dijo Konan- Yo he deseado preguntarle al padre Itachi qué contiene la botella de Simillimum. Aún me parece increíble que sea capaz de curar a alguien que haya sido mordido por un Vampyr.

- Tenemos que escribirle hoy mismo y contarle todo lo que ha ocurrido. Voy a traerte papel -dije, y salí de la habitación unos instantes.

- Necesito dormir un rato -dijo Konan cuando regresé con el papel.

- Yo me quedaré cuidando al sapo -dijo Izumi, quien entraba a la habitación en ese momento.

- ¡Gracias, pequeña! -dijo Konan.

- Yo voy a ir a la taberna con el señor Kakashi -dije- Espero que no nos tardemos mucho.

- ¡No olvidéis comprar el periódico! -dijo Konan cuando ya me iba- Y, amiga, espero te den razón de tu protector enamorado.

Yo la miré entrecerrando los ojos y le dije:

- Él no está enamorado de mí -y, girando hacia Izumi, agregué- No te despegues del sapo un minuto, ¿está bien?

- No te preocupes, Sakura. Le voy a hacer lindos peinados mientras duerme -dijo ella.

Bebí una taza de café cargado en compañía de señor Kakashi y después él y yo salimos de la casa caminando. Le compramos el diario al chiquillo que se paraba todas las mañanas en la avenida adyacente a la propiedad de los Hatake y nos sentamos en una banca a leerlo.

- ¡Kami-sama nos ampare! -dijo el señor Kakashi persignándose al ver la primera página- ¡Han robado el cuerpo del señor Hyuga de la morgue!

- ¡No puede ser! -dije- ¡Déjeme ver!

Era cierto. O sea que el maldito seguía con vida. De lo contrario, no se lo habrían llevado de la morgue. Era igual que lo ocurrido con el cuerpo de Karin en Konoha no tōjō ¿Cómo hacían nuestros enemigos para morir y seguir reviviendo? ¿No los mataba el fuego? Compartí mis pensamientos con el señor Kakashi.

- ¿Será posible que en realidad sólo mueran si se les secciona la cabeza? -preguntó él.

- Tal vez -dije yo- Y pensar que me había hecho tantas ilusiones de que ese demonio estuviese ardiendo en los infiernos...

- Tiene que morir en algún momento. Kami-sama no puede permitir que camine sobre la faz de la tierra eternamente -dijo el señor Kakashi.

- Ojalá tenga razón, Kakashi —le dije.

Proseguimos con la lectura del diario. La policía había suministrado un reporte completo acerca del incendio que estipulaba que las dos jóvenes que habían muerto en la galería subterránea habían sido halladas encadenadas, colgando del techo. Se sospechaba que Neji Hyuga las tenía encerradas en esas pequeñas celdas donde habría estado torturándolas horas antes del incendio. Según los reportes médicos, habían muerto desangradas antes que el fuego las alcanzara.

Se me aguaron los ojos.

- ¡Pobres criaturas! -dijo el señor Kakashi.

La policía sospechaba que Neji era el responsable de una serie de crímenes que habían quedado sin resolver en la ciudad, y se pensaba que debía tener algún cómplice. Habían encontrado un gran baño lleno de sangre y varios implementos de tortura en la galería. Las otras tres mujeres víctimas habían sido halladas desnudas en una habitación cercana a la galería, y se sospechaba que Neji las había raptado para hacer con ellas igual que con las otras.

- Me imagino que no tenemos forma de saber si eran ayudantes de los Vampyr o si en realidad eran muchachas que hubiesen sido raptadas por nuestros enemigos -dije.

Además de Neji, dos hombres más habían perecido a causa de las llamas. La policía tenía la impresión de que éstos habían participado en los actos de flagelo cometidos contra las jóvenes encadenadas, pues había uno en cada una de las celdas. Estos dos hombres eran figuras prominentes de la sociedad de Iwagakure, y se temía que hubiese otros como ellos implicados en los mencionados actos criminales. Iwagakure estaba en estado de conmoción.

- ¡Éste sí que es un escándalo! -dijo el señor Kakashi.

- Me alegra que la policía esté adelantando investigaciones. De no haber sido por el incendio, nada de esto habría salido a la luz pública -dije.

- No será mucho, pero me da cierto ánimo pensar que esos demonios se sientan perseguidos -dijo el señor Kakashi.

El diario no decía mucho más, fuera de que nadie se explicaba por qué el cuerpo de Neji había desaparecido. El señor Kakashi y yo tomamos un coche y nos dirigimos a la taberna donde me había despertado la mañana anterior. Había llevado una gran bolsa de monedas para hacer hablar a la cantinera.

Cuando llegamos, la taberna estaba prácticamente vacía. No era una cantina de mala muerte pero tampoco quedaba precisamente en el mejor barrio de la ciudad. Un hombre tomaba vino en la barra y otros dos jugaban a los naipes en una mesa arrinconada.

- Buenos días -dijo una camarera que no era la misma que había visto yo la vez anterior- ¿Desean una habitación?

Yo sentí que se me subían los colores a la cara.

- ¡No! -dijo el señor Kakashi tan enfáticamente que asustó a la camarera. Luego, suavizando su tono, agregó- Estamos buscando a una persona. Esperábamos que tal vez alguien pudiese ayudarnos a encontrarla.

La camarera nos dirigió una mirada inexpresiva, así que decidí hablar, enseñándole la bolsa que tenía en la mano.

- Tenemos dinero.

Ella pareció mostrar algo de recelo primero, pero luego miró a su alrededor, como verificando que nadie nos estuviese observando, y dijo.

- Síganme.

Nos llevó a una de las mesas que estaban escondidas en la parte trasera de la taberna, y se sentó en una de las sillas desmadejadamente.

- ¿A quién buscan? —preguntó.

- Bueno... en realidad, no estamos seguros -dijo el señor Kakashi.

Ella nos miró extrañada.

- Lo que mi amigo quiere decir es que no conocemos su nombre -dije yo.

- Se trata de un hombre que estuvo aquí hace dos noches -dijo el señor Kakashi.

- En una de las habitaciones de atrás. La primera del pasillo -dije, señalándosela.

- ¡Ah! -dijo ella, sonriendo.

- ¿Lo conoce? -le pregunté.

- Eso depende -dijo, clavando los ojos en la bolsa de dinero.

La abrí y saqué varias monedas, poniéndolas sobre la mesa.

- Aún no sé de quién me hablan -dijo ella.

Le di todo el contenido de la bolsa.

- Gracias -dijo ella muy contenta- Acabo de recordar de quién se trata.

- ¿Se está quedando aquí aún? -pregunté.

- No. Se ha marchado esta mañana... Es una lástima. Pese a todos mis esfuerzos, no logré arrancarle ni una mirada. Tal vez si se hubiese quedado más tiempo... -dijo con coquetería.

- ¿Sabe cómo se llama? -preguntó el señor Kakashi.

- Aquí nadie da su nombre -respondió- Aunque... si hubiera algo más de dinero, quizá podría haber escuchado algo.

Miré al señor Kakashi. Él se sacó unas monedas más del bolsillo y se las extendió a la mujer.

- ¿Y bien? -preguntó él.

- Lo escuché hablando con otro hombre. Estaba preguntándole si sabía de ataques de hidrofobia en la región. El otro hombre mencionó algunos barrios de la ciudad y no seguí prestando atención a partir de ese momento.

- ¿Podría darnos una descripción física? -pidió el señor Kakashi.

Ella nos miró como si fuésemos un par de locos.

- ¿Por favor? -dije suplicante.

- ¿Cómo pueden estar buscando a quien jamás han visto? -preguntó ella.

- Ya le dimos todo el dinero que teníamos, señorita -dijo el señor Kakashi- Le ruego que sea amable.

- Está bien -dijo ella— Ustedes parecen ser personas buenas. Les diré lo que sé.

- Muchísimas gracias -dije.

- El caballero se quedó aquí por dos semanas. En todo el tiempo que estuvo, sólo vino a dormir. Se la pasaba todo el día por fuera y no quiso hablar con nadie. La única persona con quien sostuvo una conversación de más de cuatro palabras fue con ese hombre del que les hablo. Es joven y también muy guapo, pero no sabría decirles cuál es su edad.
Tiene el cabello rojo y su tez es muy pálida, y me pareció llamativo que llevara un crucifijo por fuera de las ropas todo el tiempo, así como ustedes. La cruz, que me recordó a la de Juana de Arco, era roja y tenía extremos curvos con forma de flor. No es del tipo de personas que suelen hospedarse aquí: aunque sus ropas eran sencillas, contrastaba con el resto de la clientela.
Tenía un aire de... distinción. Eso es. Tampoco le hizo caso a ninguna de las chicas que trabajan aquí, lo que las dejó un poco frustradas. Cualquiera de ellas habría pasado gustosa la noche en su habitación, pero él pasaba de largo al llegar, sin detenerse a mirar a nadie. Me enteré de que trajo a una mujer la penúltima noche de su estadía, pero no la vi.
Una de las empleadas dijo estar segura de que no se trataba de una mujerzuela, pero también dijo que la entró envuelta en sábanas por la puerta trasera de la taberna, lo que es muy extraño. Con todo esto de los raptos de mujeres en la ciudad... Me da un no sé qué. No debía tener mucho equipaje, porque no lo vi llegar ni irse con nada que no fuese un pequeño maletín. No tomó ninguna de sus meriendas aquí. Pagó su cuenta y se fue tan calladamente como llegó. Eso sí: dejó una generosa propina.

- El hombre con quien lo vio hablando... ¿es un cliente habitual de este lugar? -preguntó el señor Kakashi.

- Sí. Viene casi todas las noches a emborracharse. Se llama Hidan y es un curandero local. Si vuelven más tarde, es muy probable que lo encuentren bebiendo en la barra -dijo ella.

- ¿Recuerda algo más? Cada detalle es importante -dije.

- No. Nada -dijo ella- Podrían hablar con las otras chicas... Quizá alguna de ellas les dé más información, aunque lo dudo.

- Muchísimas gracias por su ayuda -dijo el señor Kakashi, levantándose de su silla.

- Ha sido un placer -dijo ella tomando la bolsa de dinero- No duden en buscarme en el futuro si necesitan algo más.

- Gracias -dije.

Salimos de la taberna y tomamos un coche de vuelta a casa. Ambos estábamos exhaustos y necesitábamos descansar. Cuando llegamos, Konan ya se había levantado y Anko se había ido a dormir. Kakashi se retiró a su habitación, y yo le entregué el periódico a Konan para que se enterara de lo ocurrido con Neji.

Le conté lo poco que habíamos logrado averiguar acerca de mi salvador, que en realidad era mucho, teniendo en cuenta que la única pista con la que habíamos partido en un principio era la habitación donde yo me había despertado la mañana anterior.

- En pocas palabras, es una suerte que el hombre haya sido una presencia llamativa en el lugar -dijo Konan.

- Lo es –dije- Pienso volver en la noche para ver si ese tal Hidan nos cuenta algo más.

- Y sería bueno también hablar con la otra camarera... -dijo Konan- La que te hizo aquel comentario cuando salías del lugar. Algo me hace pensar que quizá nos sea de ayuda.

Me acosté a dormir y me levanté a las cinco de la tarde. Comí algo en compañía de todos en la cocina y luego subí a la habitación de Nagato. Izumi le había hecho un peinado extrañísimo y se veía supremamente gracioso.

- ¿Cómo te sientes? -le pregunté.

- Mejor que ayer -dijo.

- En realidad también te ves mejor. Tienes más color en el rostro -dije.

- He estado pensando -dijo- y creo que tengo una idea de qué buscaban conseguir Fū y Karin a través de mí.

- Soy toda oídos -dije, y me senté en una poltrona al lado de la cama.

- Yo soy el único heredero de mi primo Yahiko. Si él muriese, todos sus bienes quedarían a mi nombre. Y si yo muriese... es decir, si yo me hubiera casado con Fū y después hubiera muerto... ella lo habría heredado todo.

- ¿Qué puede tener tu primo Yahiko que ellas quieran? -le pregunté.

- No sé, pero estoy súbitamente muy preocupado por él -dijo, y tragó en seco- Si ya trataron de matarme a mí, quiere decir que se dieron cuenta de que no tienen nada que perder. Tal vez por eso Karin estaba en el ático de mi casa. Debía estar buscando una forma de adueñarse de aquello que tanto desean.

- Eso es aterrador —le dije- Mencionaste que tu primo Yahiko vive en Mizu no Kuni, ¿no es así?

Él asintió y dijo:

- Debo ir a verlo lo antes posible. No puedo confiar en que mis cartas le lleguen.

- Ay, Kami-sama, Nagato... sabes que ir hasta allá es muy arriesgado. ¿No habrá alguna forma segura de hacerle llegar las cartas? ¿Tal vez enviárselas adonde algún vecino?

- No. No estaría tranquilo. Iré a Mizu no Kuni en cuanto tenga las fuerzas para levantarme de esta cama —dijo, y sonriendo, agregó- Sakura... quiero solicitar tu bendición para algo.

- ¿Qué cosa? -pregunté.

- Deseo casarme con Konan hoy mismo si Kami-sama me lo permite -dijo.

Yo quedé muda por unos segundos y al fin dije, tragando en seco.

- ¿Hoy?

Nagato rio un poco, y pude ver que le dolía.

- No era mi intención asustarte -dijo.

- No, si no me asusta en lo absoluto ¡Me hace feliz! Es sólo que me has sorprendido... ¡Pero claro está que tienes mi bendición!

Me acerqué a él y le di un abrazo.

- Gracias, Sakura. De veras te agradezco que me aceptes como esposo de Konan. Sé que eres como una hermana para ella.

- Yo te agradezco que la ames tanto.

- Ella es toda mi alegría -dijo sonriendo.

- Sólo hallo un inconveniente, Nagato... -dije, y lo vi palidecer pero agregué de inmediato- Creo que deberías modificar tu peinado.

Él se tocó el pelo con la mano y preguntó:

- ¿Qué diablos...?

- Izumi -dije, riendo.

- Ah -dijo él, riendo a su vez- En ese caso... creo que lo conservaré.

Esa noche Konan y Nagato se casaron en una veloz ceremonia que realizó el mismo cura que había ido a darle la comunión a Nagato. Nuestro amigo había podido sentarse en una silla para la boda, y Konan había ocupado una a su lado. Nunca imaginé que en realidad fuesen a llevarlo a cabo ese mismo día, pero mi amiga se había mostrado complacida con la idea.

- Sólo necesito que vosotros estéis presentes en la ceremonia —nos dijo a Kakashi, a Anko, a Izumi y a mí- Habría deseado que el padre Itachi bendijera nuestra unión. Pero después del susto que he pasado pensando en que Nagato habría podido morir a causa de Karin... no quiero perder más tiempo.

Después de eso el señor Kakashi abrió una botella del mejor de sus vinos y cenamos todos juntos, brindando por la felicidad de los novios. Finalmente el señor Kakashi y yo decidimos no ir a la taberna de nuevo. Queríamos celebrar con nuestros amigos.

- Imagino que iréis a ver a los padres de Konan en cuanto Nagato esté bien -les dijo Anko a los recién casados.

- Sí -dijo Nagato— Pero antes deseo viajar a Mizu no Kuni. Necesito asegurarme de que mi primo Yahiko esté a salvo.

- ¿Vendrás con nosotros, Sakura? -preguntó Konan.

- No sabéis cuánto me encantaría interrumpir vuestro viaje de bodas, pero debo ir a Sunagakure a darle una vuelta al palacete de mi tío Shisui lo antes posible. Y después debo hacer un recorrido por las demás propiedades.

- ¿Cómo haremos para mantener el contacto? -preguntó Konan.

- Tendremos que poner las cartas directamente en el correo y escribirnos a una dirección que no sea la de nuestro domicilio ¡Ah! Y de paso, deberíamos adoptar nombres ficticios -dije.

- Es lo mejor que podemos hacer -dijo Konan.

Al día siguiente de mañana volví a la taberna con el señor Kakashi. No nos había parecido prudente volver a salir de la casa durante la noche, y menos a esos lugares. Nuestros enemigos podían estar acechándonos. En esa ocasión llevé una suma de dinero aún mayor que la anterior. Al llegar, no sólo encontramos a la chica que me había visto salir de la habitación de mi protector, sino que ella vino corriendo hacia nosotros.

- Señorita Haruno, ¿verdad? -dijo ella entusiasmada.

¿Cómo sabía mi nombre?

- Sí, soy yo -dije asombrada- ¿Cómo lo supo?

- Es el nombre que está escrito en el sobre que me dejó él para usted - respondió ella.

- ¿Sobre? -pregunté, incrédula.

- Ahora mismo se lo busco -dijo ella- Espéreme aquí.

Miré al señor Kakashi y el abrió mucho los ojos, encogiéndose de hombros.

- ¡Parece que estamos de suerte! -dijo.

Me alisté para entregarle la bolsa de dinero a la camarera cuando volviera.

- ¡Aquí está! -dijo ella, entregándome un sobre con el familiar sello.

Le extendí el dinero, y ella no lo recibió.

- No es necesario -dijo- El señor Akasuna ya me dio suficiente dinero como para que pueda retirarme de aquí sólo para asegurarse de que le entregara yo este sobre a usted personalmente. He quedado muy agradecida con él. Además, me pidió especialmente que no recibiese dinero de parte suya. Se enteró de todo lo que le dieron ayer a mi compañera.

- ¿El... señor Akasuna? -balbucí.

- ¡Ay! ¡Pero qué indiscreta soy! -dijo sonrojándose.

- ¿Por qué no puede saberse su nombre? -preguntó el señor Kakashi.

- No es que no pueda saberse. Es que él nunca me lo dijo. Lo vi firmando una carta una mañana en que estaba limpiando su habitación. Él escribía en la mesita y yo no pude evitar mirar de reojo. No se lo digan, por favor -respondió bajando la mirada.

- Descuide -dije yo— Jamás lo sabrá. ¿Vio usted algo más?

- Nada. Sólo quería saber cómo se llamaba. Tenía curiosidad; es un hombre tan diferente... Ustedes me comprenderán -dijo.

- Perfectamente —respondí.

- ¿Así que se llama Akasuna? -preguntó el señor Kakashi.

- Creo que ése es su nombre de familia... -dijo ella- porque firmó la carta S. Akasuna.

- Queremos saberlo todo acerca de él –dije- Por favor, acepte el dinero y cuéntenos todo lo que haya visto o escuchado.

- Entre lo que les dijo mi compañera ayer y lo que yo les he dicho hoy, ya han conseguido toda la información que teníamos. El señor Akasuna supo que ella les había contado acerca de su conversación con Hidan, y le dejó dicho a usted que en la carta encontraría todo lo que necesita saber sin ponerse en peligro. Me pidió que le dijera que no se exponga usted innecesariamente viniendo a hablar con Hidan en la noche... Y tiene razón, el ambiente se pone un poco fuerte en esta taberna al ponerse el sol.

- ¿Cómo supo él que vendríamos?-le pregunté.

- Pasó por aquí ayer en la noche a ver a Hidan y mi compañera le contó que una señorita le había dado mucho dinero por cualquier información acerca de él. Al principio se mostró muy asustado, según mi compañera, pero luego ella le contó que ustedes llevaban crucifijos por fuera de la ropa, como él, y pareció tranquilizarse. Es más, ella dijo que se echó a reír. Luego ella le dejó saber que ustedes tenían planeado regresar para hablar con Hidan, y entonces él se sentó a escribir en la mesa de la esquina y me entregó la carta... Y ya conocen el resto de la historia -dijo ella.

- Bien... Creo entonces que podemos partir -le dije al señor Kakashi.

Estaba impaciente por leer la carta.

- Estoy de acuerdo -dijo él- Gracias señorita.

- De nada -dijo ella— Agradézcaselo al señor Akasuna... pero no le diga que fui yo quien les contó cómo se llamaba.

Dicho esto, el señor Kakashi y yo fuimos al correo a despachar la carta que Konan le había escrito al padre Itachi. Había adjuntado una mía contándole acerca de la boda de Konan y prometiéndole que iría a verlo en cuanto pudiese. También le pregunté de qué estaba hecho el Simillimum, aunque pensé que lo más probable sería que no me lo quisiera contar por carta sino en persona.

Volvimos a casa de los Hatake y yo me apresuré a abrir el sobre que me había entregado la camarera en cuanto cruzamos el umbral de la puerta.

- ¡Ahora comprendo por qué dejó la carta con esa chica! -exclamé-¡El papel está en blanco!

Los demás me miraron asombrados.

- ¿De veras? —preguntó el señor Kakashi.

- ¡De veras! -dije- ¡No sé a qué juega este hombre conmigo!

Les di la carta para que pudiesen observarla.

- Ya decía yo que habíamos tenido demasiada suerte -concluí, decepcionada.

- No lo comprendo... -dijo Konan, después de escuchar toda la historia de la taberna- ¿Por qué pagarle a alguien para que te entregue una carta en blanco?

- ¿Para qué fingir que escribe? ¿Para qué meter el papel en un sobre si no ha escrito nada en él? ¡El hombre es un lunático! -dijo Nagato.

Me quedé pensando unos segundos.

- Tal vez no lo sea... -dije— Quizá sólo esté evitando que alguien más pueda leerla.

- ¿A qué te refieres? —preguntó Konan.

- A esto -dije, y acto seguido me dirigí a la mesa.

Tomé la caja de cerillos y encendí una vela.

- ¿Vas a quemar la carta? —preguntó Nagato.

- No. Al menos no aún -dije.

Tomé la carta y la acerqué a la llama con cuidado. Las letras comenzaron a aparecer hasta que todo el papel se llenó con ellas. Se los enseñé a mis amigos, quienes observaban boquiabiertos.

- ¿Cómo supiste...? -preguntó Anko.

- La escribió con jugo de limón -contesté, satisfecha— Sólo puede verse si se calienta.

- ¡Qué idea más maravillosa! ¡Ese hombre es un genio! -dijo Nagato riendo.

- Ahora veo por qué se la entregó a la camarera... -dijo el señor Kakashi- ¡Yo a esa mujer no le habría confiado el cuidado de un tornillo!

Me lancé sobre el sofá a leer la carta de Akasuna. El corazón me latía con fuerza.

"Estimada señorita Haruno:

Confío en que habrá sido usted lo suficientemente ingeniosa como para descubrir la forma en que esta carta fue escrita. Si no estoy equivocado, entonces está leyéndola en este preciso instante.

Supe que regresó a la taberna a preguntar por mí. No puedo culparla. En realidad, yo habría hecho igual, aunque no puedo negarle que me ha hecho mucha gracia el asunto. No creo ser tan interesante como para que pague usted tanto dinero por conocer tan escasos detalles acerca de mí. Bueno, al menos ha hecho rica a una camarera, y todo gracias a mí.

Siento que ya he realizado una buena acción en el día de hoy. Imagino que se habrá enterado de lo que ocurrió en el palacio de Iwa después que la saqué de allí, y que también habrá podido deducir, por lo que dicen los diarios, que Neji está vivo y ha logrado escapar.

Le contestaré la pregunta que se está haciendo en estos momentos. La respuesta es: . Fui yo quien causó el incendio. Ocurrió cuando ataqué a Neji por la espalda justo antes que pudiese dañarla. Le clavé algo que lo prendió en llamas: un alfiler bañado en sangre de Cristo. Aun así, él y sus cómplices son inmortales. Sólo hay una forma de matarlos, pero es tan complicada que no vale la pena que tan siquiera trate de explicársela. No crea que cortándoles la cabeza se deshará de ellos.

La consolaré contándole que las víctimas del incendio sí eran Vampyr, y sí perecieron. Todas, a excepción de aquellas jóvenes que ya habían muerto antes que llegase yo. Sólo Neji, Fū el Vampyr de Konoha no tōjō son inmortales. Ahora los tres han partido de Iwagakure y debo ir tras ellos. ¿Por qué me molesto en hacerlo (se preguntará usted) si son, de verdad, inmortales? Eso, mi estimada señorita, es un asunto privado.

El motivo por el que hablaba con Hidan era averiguar si había hallado reportes de casos con peste de rabia en la ciudad. Ésa es una de las formas en que puedo rastrear los Vampyr. No vaya a volver a esa sucia taberna a hablar con Hidan. No sabe absolutamente nada de mí ni del enemigo.

Creo que, por el momento, estará usted relativamente a salvo siempre y cuando no haga cosas descabelladas como asistir a la fiesta de un Vampyr. Le habrá resultado extraño que haya dejado esta carta con la camarera más chismosa de la taberna, aun si las páginas estaban en blanco. La explicación de un acto tan descabellado es la más sencilla de todas: ¿a quién se le ocurriría hacer algo así? ¡A nadie! Por lo tanto, un Vampyr jamás pensaría que esa camarera pudiera tener una de mis cartas.

Le recomiendo que emplee este sencillo truco en el futuro para que su correspondencia no sea interceptada. El Vampyr de Konoha no tōjō le tiene una aversión especial a usted, y no está de más que se cuide en todo.

Por cierto: hace tiempo descubrí que los Vampyr andaban detrás de una propiedad de la familia del señor Uzumaki. Dígale a su amigo que Yahiko Uzumaki no estará en peligro una vez el enemigo descubra que yo mismo robé lo que ellos deseaban sacar de la propiedad. De todas formas, Yahiko Uzumaki sabe cuidarse muy bien de los Vampyr y es mejor que su amigo no trate de jugar al héroe.

Por último, sé que la camarera me vio firmando una nota, y no puedo menos que estar seguro de que le habrá contado a usted cuál es mi nombre. Por lo tanto, no hay ya nada que me impida estamparlo en esta carta como es debido. Si no lo había hecho antes, era por evitar ponerla en un peligro aún mayor. Pensará que no he querido mostrarle mi rostro... Se equivoca.

Ruegue a Kami-sama para que pueda yo alcanzar mi propósito. Sé que Él la escuchará.

Suyo, S. Akasuna."

- ¿Y bien? -exclamó Konan.

- ¡Déjanos leerla, Sakura! -suplicó Nagato.

Por mi expresión, debieron adivinar que ésta sí era una carta muy informativa.

- ¡Queremos verla! -gritó el señor Kakashi.

No podía tenerlos en vilo más tiempo. Les pasé la carta y salí al jardín a recibir los tibios rayos del sol. Me sentía feliz. Mi protector me había dejado una nueva carta. Ahora me embargaba un sentimiento nuevo. Era diferente, pero bueno. Me senté en una de las bancas del jardín y miré hacia el cielo por entre las ramas de los árboles, envuelta en una especie de ensoñación.

Conocía el nombre de familia de mi protector, pero ¿cómo se llamaría? "S." podía ser cualquier nombre. ¿Sagan? No. Era inconcebible que un hombre tan maravilloso pudiera llamarse Sagan. ¿Sakumo? Demasiado serio. ¿Satetsu? Pretencioso. ¿Shii? Era muy improbable que tuviera un nombre como ese con ese nombre de familia. ¿Shamon? Demasiado... raro. ¿Shin? ¿Tendría acaso nombre de santo? ¡Imposible que su nombre fuese Sukami! Me rendí. Su nombre sería simplemente S. Akasuna hasta que lo supiera de verdad. Porque iba a saberlo, de eso estaba segura.

- S. Akasuna... -me dije, y suspiré.

Entonces comprendí cuál era el sentimiento que me dominaba. Lo amaba.

Me había salvado la vida en dos ocasiones. Era gracioso y único. Me enviaba notas secretas. Era valiente y misterioso... y nunca había visto su rostro ¿Cómo podía no amarlo?

De repente me puse muy nerviosa. Sabía que corría un inmenso peligro persiguiendo al enemigo... ¿dónde estaría? Quería verlo aun cuando fuese de lejos, asegurarme de que estuviera bien. Le pedí a Kami-sama que lo protegiera pero esto no me tranquilizó ¿Cómo sabría, siquiera, que estaba con vida? En ese momento Konan me sobresaltó.

- ¡Sakura! ¿Te encuentras bien? -me preguntó.

- ¿Y si algo le ocurriera, Konan? ¿Qué sería de mí?

Mi amiga se quedó viéndome unos segundos, primero con cara de asombro y luego entrecerrando los ojos.

- ¡Lo amas! -exclamó, al fin.

Yo sentí que me ruborizaba intensamente.

- ¡Lo sabía! -dijo, riendo.

- ¿Es gracioso? -le pregunté- ¡A mí no me lo parece en lo absoluto! Además... ¡ni siquiera lo conozco!

- Es precisamente por eso que es tan gracioso -dijo Konan, sin dejar de reír- Ay, Sakura, ¡esto es fantástico!

- ¿Fantástico? ¿Cómo puede ser fantástico?

- Porque ese hombre es magnífico: es fuerte, valiente, inteligente, apuesto... Además, ¡estoy segura de que él también está enamorado de ti! -exclamó mi amiga.

- ¿De veras lo crees? -le pregunté, tratando de ocultar la fuerte emoción que sentía.

- ¿Es que lo dudas? ¿Por qué otro motivo se tomaría el trabajo de rescatarte de las situaciones más peligrosas? Y, más aún ¿para qué dejarte cartas sin haberte conocido jamás? ¡Casi se diría que lo hace a propósito para que te enamores de él! Mi querida amiga, no tienes por qué avergonzarte de tus sentimientos. Yo te comprendo perfectamente ¡no sabes nada de él! ¿Cómo podrías no amarlo? -preguntó Konan.

- ¡Exactamente eso había pensado hace unos minutos! -dije sonriendo.

- Sakura, tienes un enamorado secreto... ¡Nada puede ser más romántico que esto!

- ¡No les digas nada a los demás, por favor! -le supliqué.

- Tienes mi palabra de honor -dijo ella, poniéndose la mano en el corazón.

- ¡Gracias, Konan! -dije, y abracé a mi amiga rápidamente para volver a entrar a la casa. Quería volver a leer la carta de Akasuna de inmediato.

Subí a la habitación y me acosté sobré la cama a releer la nota. ¿Cómo era que conocía Akasuna a Yahiko Uzumaki? Era sorprendente, además, que supiese que Nagato era nuestro amigo. Debía estar todo el tiempo sobre la pista de los vampyr para haberse enterado de que andábamos en compañía de Nagato.

Me era muy difícil creer que mi protector estuviese enamorado de mí. En realidad, estaba segura de que su único interés para conmigo era impedir que alguien más fuese atacado por el enemigo. Decía en su carta que no estaba evitando mostrarme su rostro... de ser ciertas sus palabras, nos habríamos conocido largo tiempo atrás. Bueno, quizá se le había ocurrido que si salía de su escondite en Konoha no tōjō sus planes podrían haberse ido al traste.

Tal vez, incluso, éstos se habían visto entorpecidos al haberse puesto Akasuna en evidencia ante Karin salvándome de ella en las escaleras del internado. Recordé la maldición que Karin había proferido cuando él la tocó con mi crucifijo en la frente. Era muy posible que ella supiera quién era él. Quizá llevaba mucho tiempo tratando de matarlo y no lo había logrado.

¿Qué hacía él en Konoha no tōjō, si Karin era inmortal? Me dije que muy probablemente se dedicaba a perseguirla con la esperanza de evitar que hiciese más daño. Cuan interesante me pareció el hecho de que la sangre de Cristo hiciese que los Vampyr estallaran en llamas... ¡Lástima que Neji no hubiese muerto!

Esperaba que al menos hubiese experimentado dolores infernales cuando se estaba quemando. Deseé que Akasuna me hubiese contado en su carta cómo se les podía dar muerte a esos tres demonios de Neji, Fū y Karin, aun cuando fuera para saciar mi curiosidad ¿Por qué eran ellos tres inmortales y los demás Vampyr no? Quizás habían hecho algún pacto con el diablo.

Eso habría explicado que Karin tuviese esa Biblia negra en el cofre de su cuarto. Se me ocurrió que, si Karin había sido tan mala cuando era un ser humano, podía haberse convertido en Vampyr por voluntad propia. Neji era, sin duda alguna, su cómplice aun en aquellos tiempos y, presumiblemente, Fū también lo había sido. Qué personajes más espeluznantes eran. Por más que trataba, no podía borrar de mi mente las cosas que había visto y oído en esa galería de torturas.

¿Estarían haciendo lo mismo en estos momentos? Era desconsolador aceptar que, aun si la policía estaba investigando los crímenes del palacio de Iwa, todos dieran por muerto a Neji ¿Qué ocurriría si los encontraban algún día? ¡Nada! Sólo pasarían por muertos para levantarse de sus tumbas una y otra vez.

Akasuna tenía razón: Karin me tenía una aversión especial ¿Por qué diablos me había ganado la enemistad de ese Vampyr? ¡Y no era cualquier Vampyr, era uno inmortal! Jamás podría sentirme a salvo de nuevo. Nunca me había detenido a pensar en mi porvenir con seriedad, pero en aquella ocasión sentí aún menos deseos de hacerlo: el futuro se veía gris e incierto, y siempre acompañado por la sombra de Karin.

Concluí que, si quería volver a ver a Akasuna o saber algo más acerca de él, debía hablar con Yahiko Uzumaki pero eso sería después. Por el momento, iba a hacerle caso a mi protector y tratar de llevar una vida normal. Tal vez, si lo hacía por un tiempo prolongado, podría llegar a creérmelo... y quizás Akasuna me enseñaría su rostro.


Disclaimer: Como dije este proyecto será desarrollado de manera lenta pero intentaré ser constante con él. Tengo la esperanza que lo apoyen. Ya dije que este será algo lento dado que así se desarrolla la trama original el libro, por lo cual este finc por así decirlo, será el doble de largo que el libro porque no pienso atosigarlos con capítulos largos, es por eso que esos que son en extremo largos los divido en partes para que sea más tranquila la lectura y ustedes no se sientan atenuados de leer algo tamaño familiar donde podrían demorar horas en lugar de minutos. Espero que les guste y me perdonen unas faltas ortográficas pero no soy muy hábil en el teclado dado que tengo problemas de vista y a veces se me confunden las teclas. La trama de "Dos cartas" termina, como vieron fue algo corta al igual que unas anteriores y acá TERMINA LA SEGUNDA PARTE DEL LIBRO, además de que a partir de acá Sasori hará poco más acto de su presencia de manera no muy recurrente pero igual será de manera indirecta, así que calmadas todas! Y dentro de poco se presentará de forma oficial en la historia.

Una vez más agradezco a los que están apoyando esto y espero leerlos en otro comentario para saber si les interesa que siga con esta adaptación, o que haga otra cosa o si les gusta o saber que personaje les gustaría ver acá en algún momento. Hasta ahora llevo a Sasuke y Shikamaru que ya veré como agregarlos, si quieren ver a alguien más díganme. Este libro cuenta con muchos personajes, tienen libertad de elegir. Además de eso si esto cuenta con el apoyo suficiente subiré la adaptación de la "continuación" de este libro.

Para los que no lo sepan, también pueden decir que personaje femenino desean leer, menos a INO que la tengo pensada para la continuación, si es que se da al igual que a DEIDARA.