Hola...

Gracias inmensas por la paciencia, en serio, pero me voy a aprovechar un poquito más de eso y pedirles una semana más sin actualización. Solo por esta vez, lo prometo, ¿Puede ser?. GRACIAS anticipadas!

Espero que el capitulo esté acorde a las expectativas de ustedes :)


XXI


Día 35. 15:22 pm.

– ¿Por qué no? –preguntó Quinn por enésima vez.

Y por enésima vez ella no supo que contestarle. Durante el almuerzo –y después de varios besos robados y otros no tanto–, Quinn le había comentado algo acerca de un torneo de polo al que Puckerman asistía todos los años. Ahí no estaba el problema. El problema estaba que el lugar al que debían ir –porque ella siendo niñera de Beth, no podía faltar– quedaba en Bay Terrace, y el único Country Club que conocía y que quedaba en Bay Terrace era el de los padres de Brody.

Había ido una vez a ese lugar. Justo después de que sus ex suegros dijeran que su hijo hacía caridad al estar con ella. Le hubiese gustado no ir ese día pero Brody había insistido y ella no pudo negarse. Aun así, desde que puso un pie en aquel sitio se sintió fuera de lugar. Eso sin contar que su ex novio se perdía cada cierto tiempo y la dejaba a ella con una multitud a la cual no conocía de nada. Tuvo que soportar desde las miradas de pies a cabeza que le obsequiaban los estirados arrogantes, hasta los cuchicheos constantes donde, estaba completamente segura, ella era foco de atención.

Y le encantaba su jefa, le atraía y estaba enamorada de ella, pero no por eso iba a volver a pasar por toda esa situación de nuevo. Y Quinn tenía que respetar eso, aunque no le dijera la verdadera razón de porque no quería ir al Country Club a apoyar a Puckerman junto con Beth y la rubia mayor. No quería hacer partícipe a su jefa de todo su mundo repleto de inseguridad o que la rubia conociera cosas dolorosas de su pasado. Quinn no tenía por qué saber eso. Y no lo sabría. Aunque muy en el fondo sabía que, para que su jefa se quedara conforme, debía darle una respuesta.

–Hmm… Porque no –respondió nuevamente esquivando los ojos de Quinn. –Digamos que no quiero encontrarme con personas desagradables que sé que estarán allí ese día.

–¿Cómo sabes que estarán presentes? –cuestionó la rubia quitándole un mechón de pelo rebelde del rostro.

–Créeme, estarán allí –aseguró con convicción. Le robó un beso a su jefa antes de agregar: –Por favor, de seguir así sabrás todo sobre mí. Lo prometo. Solo… no quieras saberlo todo el primer día.

–No, lo sabré todo en el día numero noventa –bromeó Quinn dejándole un beso en la cabeza. –O quizás mucho después de ese tiempo –Rachel levantó la mirada completamente confusa. –Ya sabes, noventa días parecen pocos y, teniendo en cuenta que nosotras empezamos tarde, creo que me gustaría que te quedaras más que ese tiempo establecido.

– ¿Más de noventa días? –preguntó centrando toda su atención en lo que decía la rubia. Abandonó su refugio en los brazos de Quinn y se sentó en modo indio en la otra punta del sofá. – ¿Con que excusa me quedare más de noventa días? ¿Qué pasara cuando Shelby vuelva? ¿Qué dirá Beth?

– ¿Te preocupa lo que diga Beth? –quiso saber la rubia frente a ella.

– ¡Por supuesto! –exclamó con un deje de ofensa. –Ella es importante para mí. Aprendí a quererla durante todo este mes y lo que diga o piense, es importante para mí. Lo más importante. Y no lo digo porque estás tú aquí, lo digo porque es real. Ella es… No quiero que piense mal de mí, ¿Entiendes? Estar contigo ahora, besándote y hablándote de lo que siento, me hace sentir que de cierta forma la estoy traicionando.

– ¿Quieres que hable con ella? –preguntó Quinn tomando su mano antes de pegarla a ella nuevamente. –No digo que fuera a decirle que estamos juntas, solo que empiezo a conocer a alguien. Sin necesidad de nombres o…

– ¿Juntas? O sea, ¿Juntas? ¿Tú y yo?

– ¿Qué?

Su primera respuesta a la pregunta –absurda– de Quinn habría sido un «Nada» y se habría guardado para ella misma la emoción que sintió tras escuchar ese «estamos juntas», pero no por nada había correspondido al beso de la rubia. No por nada había pasado la hora del almuerzo comiendo sentada en sus piernas mientras le daba de comer en la boca y se reían a carcajadas. No por nada se había recostado en el sofá con Quinn debajo de ella mientras los dedos largos de la rubia se perdían en su pelo y pasaban los minutos en completo silencio mirándose a los ojos.

–Estoy contigo ahora, ¿No? Y tú estás conmigo –señaló la rubia con una sonrisa imposible de ocultar y una timidez que superaba el nivel de «Adorable». –Eso para mí es estar juntas, ¿Para ti no lo es?

Se sintió estúpida cuando los ojos se le humedecieron al escuchar lo que dijo su jefa y la convicción que había detrás de esas palabras. Lo que sentía por Quinn sobrepasaba sus propios límites y podía sentir la profundidad de esos sentimientos. Con la rubia todo era más natural pero al mismo tiempo intenso. Más de lo que alguna vez fue con Brody. Con Quinn no había necesidad de palabras, tampoco de algo físico. Con Quinn solamente era necesaria una mirada y eso era todo lo que estaba bien en su día.

En su vida.

– ¿Tengo algo en el rostro? –rompió el silencio la rubia frunciendo ligeramente el entrecejo y una sonrisa en los labios que reflejaba la confusión que sentía por sentirse observada.

–No –respondió Rachel, sonriendo también antes de pegarse más al pecho de su jefa. – ¿Por qué lo preguntas?

–Porque no dejas de mirarme, ¿Quizás?

–Y no dejo de hacerlo porque eres odiosamente hermosa, ¿Quizás? –replicó causando lo que quería: un sonrojo en las mejillas de Quinn. Abandonó su refugio en el pecho de la rubia solo para acercarse al rostro de ésta y rozar sus labios. –Jodidamente hermosa.

Desde que ambas habían compartido ese glorioso y maravilloso beso en el comedor de su departamento, todos los que le siguieron después se sintieron como si hicieran eso millones de veces antes. Ninguna le pidió permiso a la otra para besarla. Sus labios se buscaban sin anuncio alguno encontrandose entre sí como si se esperasen. Y a pesar de que eso le daba miedo y la paralizaba por completo por lo natural y espontaneo que surgía todo, no se permitía retroceder. No quería ni deseaba hacer tal cosa.

Recostó nuevamente su mentón sobre el pecho de Quinn para mirarla y guardar hasta el más pequeño de los detalles en su mente. Pero al parecer un beso corto pero tierno no le bastó a la rubia porque en un parpadeo de ojos pasó de estar encima de ella a estar con la espalda pegada al sofá y Quinn ocultando su rostro en su cuello haciéndole cosquillas. Y así se lo hizo saber.

–Es bueno saberlo –escuchó decir a su jefa antes de sentir los labios de ésta en su cuello.

– ¿«Es bueno saberlo» es tu lema de cabecera? –preguntó una vez que dejó de reír.

Tendría que haber previsto que Quinn más risa adorable y sexy más su cuello no iba a ser una buena combinación. No si quería mantener su ropa interior intacta. Se retorció debajo de la rubia producto de una perfecta mezcla entre risas y excitación, y antes de que Quinn pudiera decir algo más –o notara su irregularidad al respirar– la atrajo hacia ella y la besó por enésima vez desde del almuerzo. Esta vez con la certeza de saber que ambas bocas comenzaba a conocerse pero con la desconfianza de no saber qué pasaría si besaba de forma diferente a su… ¿Su qué? ¿Su chica? ¿Su rubia frígida y arrogante con la cual se besaba desde hacía poco más de dos horas? ¿Su jefa con derecho a roce? Y no es que necesitara ponerle un título formal a la relación/no relación que tenía, o empezaba a tener, con Quinn pero... Bueno, si lo necesitaba. Por lo menos para saber cómo debía llamarla en su cabeza.

–Kurt tenía razón –comentó por lo bajo apartando sus últimos pensamientos. Quinn frente a ella la miró confusa. Otra vez. –Dijo que yo te gustaba. Su ojo de gay loca no falla.

– ¿Crees que si vengo más de seguido, dejará de paralizarse en cuanto me ve? –bromeó dejando un beso rápido sobre los labios de Rachel.

–No necesitas usar a Kurt como excusa para venir a verme cuantas veces quieras –comentó con una ceja en alto. – ¿No es eso lo que en realidad quieres?

Era lo que ella quería y esperaba que Quinn quisiera lo mismo también. Tenía la leve sospecha de que, una vez metida en toda esa locura, no habría nada que la sacara de allí. Quizás la rubia lo sentía de igual forma. Esperaba y deseaba que Quinn lo sintiera de esa forma. Los besos que la rubia le daba se sentían así. Como si estuviera metida en todo eso y no quisiera salir de allí.

–Entonces, ¿No iras con nosotros a Bay Terrace? –preguntó su jefa recibiendo una negación de cabeza de su parte. –Está bien, pero si cambias de opinión me avisas, ¿Si? Me encantaría que vinieras pero si no quieres está bien. Ya me encargo yo de decirle a Beth algo cuando pregunte.

– ¿Le hablaras de nosotras?

–Le diré que estoy conociendo a alguien –respondió Quinn encogiéndose de hombros. –No necesita saber más que eso.

Deseaba que Beth no preguntara el nombre de la persona a la cual su madre estaba conociendo. No se sentía preparada para enfrentarse a la adolescente, al menos no por el momento. No quería terminar con una cicatriz como todos esos chicos que se acercaron alguna vez a Quinn. Y no quería que Beth sintiera que se había aprovechado de su cercanía solo para involucrarse con su madre. Antes de que pudiera exteriorizar sus pensamientos con la rubia, la puerta de la entrada se abrió. Por suerte, Kurt venia bastante entretenido con Brittany como para que notara el repentino salto que Quinn dio en el lugar completamente nerviosa.

Lejos de molestarle esa actitud por parte de la rubia, le pareció divertida. Estaba conociendo una nueva parte de Quinn; esta vez, su lado nervioso y vergonzoso. Ella tampoco quería que descubrieran la relación que tenían o empezaban a tener. Quería mantenerlo para ellas mismas durante un tiempo, una o dos semanas más por lo menos. Quizás un mes, o hasta después que terminara su contrato con la rubia.

–Q-Quinn –tartamudeó Kurt mientras la rubia frente a él adoptaba una pose rígida e intimidatoria. –No pensaba encontrarla aquí.

–Hmm…

– ¡Quinnie! –gritó Brittany pasando por al lado de Kurt chocándolo en el proceso. Cuando Rachel quiso parar la maratón de su amiga, ya era tarde. La rubia de ojos azules estaba abrazando a Quinn como si se le fuera la vida en ello. –San no deja de hablar de ti, y Rachie tampoco. Es más,…

–Brittany –advirtió Rachel intentando separar a su amiga de Quinn que no sabía qué hacer. –Brittany. Kurt, ¿Puedes ayudarme, por favor?

– ¿Qué me darás a cambio? –quiso negociar su amigo recibiendo una mirada fulminante. –Ok, ok pero si me congelo es tu culpa.

–Chiste interno –fue lo único que dijo cuándo Quinn la miró con una ceja en alto. –Te lo cuento luego, ¿Si?

Separó como pudo a Brittany de su jefa, e incluso se vio obligada a soltarle un «Quieta ahí» como si se tratara de un perro. No le pasó por alto la imagen mental de su amiga moviendo la cola como si se tratara de uno. Como tampoco le pasó por alto la mirada perspicaz que Kurt le lanzó cuando se puso delante de Quinn a modo de escudo humano. No supo cuántos «Quieta ahí» le soltó a Brittany mientras intentaba evitar que su amiga se lanzara nuevamente al grito de «Santana habla mucho de ti. Yo también quiero mi parte de Quinn», o «¿Cómo esta Olaf? A Lord Tubbington le gustara jugar con él».

–Es su gato –explicó alejando a Quinn de sus amigos. Una vez en su dormitorio, agregó: –Lo siento. Son unos…

Pero antes de que pudiera calificar a sus amigos, las manos de su jefa estaban en sus mejillas y sus labios unidos por enésima vez en ese dia. Se olvidó de donde estaban, y quienes estaban del otro lado de la cortina –seguramente escuchando detrás–, y se permitió rodear la cintura de Quinn con sus brazos y pegarla más a ella. Pensó que la rubia iba a comportarse distante o diferente después de la llegada de Kurt y Brittany, pero al parecer se equivocó.

–Debo irme –susurró Quinn sobre sus labios pero sin ánimos de separarse. –Debes dejarme ir.

–Nadie te lo impide –replicó apretando con fuerzas la cintura de la rubia. Cerró los ojos cuando ésta le quitó un mechón de pelo antes de dejarle besos por el cuello. –Tengo cosquillas. ¿Debes irte?

–Si –respondió su jefa desde su cuello. –Tengo que pasar a buscar a Beth por el departamento de Puckerman. Seguramente haremos algo ahí y más tarde iremos a cenar lo de Jake. Sí, pizzas –bromeó rodando los ojos cuando Rachel frente a ella arrugó la nariz con una sonrisa en los labios. – ¿Me sueltas?

–Jamás –respondió robándole un beso. –Jamás –beso de nuevo. –Jamás –y otro más. – ¿Tengo qué?

–Sí, mi hija no te perdonaría jamás que me secuestraras.

–Idiota.

Compartieron otro beso –más largo que los anteriores– y luego acompañó a Quinn hasta la salida. Se mordió los labios cuando vio a la rubia despidiéndose de Joey con un beso y susurros que no llegó a escuchar. A Kurt le regaló un apretón de manos, para no perturbarlo demasiado, había dicho, y a Brittany… Bueno, Brittany se colgó nuevamente de Quinn abrazándola por la cintura y elevándola por el aire. Como no quería someterse a las preguntas de «mami» Kurt, murmuró un «Acompaño a la señorita Fabray a la salida». Estuvo segura que su intento de no levantar sospechas quedó en la nada cuando cerró la puerta de entrada detrás de ella.

No sabía que dejar ir a la rubia iba a ser tan complicado hasta que por fin lo hizo. Se quedó apoyada en la puerta mientras veía a su jefa perderse escaleras abajo. Incluso corrió hasta el barandal y se apoyó allí viendo como la rubia bajaba los escalones mirando de vez en cuando hacia arriba sonriéndole. Tenía que admitirlo. Se sentía en una maldita nube. El único miedo en su interior era no saber si esa nube traería tormenta o no.

– ¿Y? –preguntó Kurt cuando la vio entrar de regreso a su departamento. – ¿Nos dirás que hacía tu jefa aquí o…? Brittany, deja de bailar. No hay música.

– ¿Como que no? ¿Y esos violines que suenan tocando la canción más romántica alrededor de Rachel que son? – replicó la rubia alta acercándose a su amiga. – ¿O Luna tenía razón y son torposoplos?

–Britt, en serio, ya no veas Harry Potter, ¿Puede ser? –pidió pasándose las manos por el rostro. –Y no vuelvas a tirarte encima de Quinn como lo hiciste. Podrías haberla asustado.

– ¿Perdón? –intervino Kurt cruzándose de brazos. – ¿Desde cuándo nos importa lo que pase con el Iceberg?

«Desde que es mi chica» respondió en su cabeza pero su respuesta verbal fue otra:

–Desde que me gusta. Y no la llames «Iceberg» porque cuando estabas con Blaine yo no lo llamaba «Gomina» o «traficante de gel para el pelo», ¿O sí?

Escuchó a su amigo murmurar algo entre dientes pero no tenía tiempo para descifrar qué era lo que había dicho, así que simplemente rodó los ojos y se fue directo a su habitación con Joey en brazos, sin importar si el niño estaba durmiendo o no. Por suerte, ya había despertado dejando sus ojos verdes –herencia de su madre– al descubierto. Se recostó en su cama con el bebé en su pecho y sonrió porque era lo único que le nació hacer. No le apeteció pensar ni compartir tiempo con sus amigos. En ese momento lo único que quería era estar con Joey y nadie más que Joey.

–No, no te contaré lo que pasó con Quinn así que no insistas –murmuró sin dejar de sonreír. Joey en su pecho se retorció por lo que terminó agregando: –Ok, ok. No te pongas así. Te contaré los detalles aptos para todo público. Aunque no hicimos nada apto para mayores de dieciséis. Quinn es muy, demasiado, respetuosa. Y no, no es que quiero que se me lance encima a la hora de besarnos –terminó susurrando. –O quizás sí, no lo sé. Esa mujer me vuelve loca, Joey. Y tú eres un maldito afortunado. Te quedaste dormido en sus brazos. Aunque no sé qué me quejo porque yo también dormí con ella, así que…

–Toc, toc –interrumpieron su monologo. Rodó los ojos y resopló por lo bajo antes de soltar un «Adelante». – ¿Se puede?

–Ya estas adentro, ¿No? –respondió más brusco de lo que hubiera deseado, quizás. –Lo siento, Britt. Pasa. ¿Quieres recostarte con Joey y conmigo?

A veces era difícil recordar que Brittany era una mujer de veintiocho años, sobre todo si se comportaba de manera infantil como lo hacía en ese momento. Se hizo a un lado cuando su amiga/entrenadora se recostó a su lado mirándola con una sonrisa de oreja a oreja. Aquella que se contagiaba y que siempre le hacía sentir a Rachel que, sin importar lo mal que la estuviera pasando, todo podía ir mejor.

–Lo siento –susurró Brittany abrazando una de las almohadas.

– ¿Por qué?

–Por asustar a Quinn –respondió la rubia.

Sintió algo similar a una patada en el pecho cuando escuchó el tono de voz empleado por Brittany. Como si se tratara de una niña pequeña siendo regañada por su madre por haber hecho alguna travesura o por haber preguntado algo que no debía.

–No pasa nada, Britt. Solo exageré las cosas, como siempre –afirmó sonriendo para tranquilizar a su amiga. –Además eres la chica de Santana, ¿No? Tiene que acostumbrarse a tu personalidad.

– ¿Alguna quiere merendar conmigo? –intervino Kurt entrando a la habitación completamente serio. – ¿O seguirán hablando de sus chicas como si yo y mi vena curiosa no existiéramos?

–No seas dramático –pidió Rachel poniéndose de pie con Joey en brazos. Vio a su amigo perderse de vista y rodó los ojos antes de ofrecerle su mano libre a Brittany. –Ven, Britt, vamos a merendar con Kurt antes que se suicide.

Tendría que haber sospechado que si no respondía a las preguntas de su mejor amigo luego tendría que enfrentarse a la ley del hielo que le aplicaría. Sus «¿Me pasas el azúcar?» o «Esto está algo frio» no tenían respuestas. Solamente Brittany y Joey conseguían muestras de afecto o respuestas por parte de Kurt y, si bien esa actitud le molestaba y le hacía sentir incomoda, decidió que lo mejor era guardar silencio y esperar a que a su amigo se le pasara el «síndrome pre-menstrual», como llamaba ella a ese tipo de actitud por parte del chico.

Cuando vio a Kitty entrar al departamento junto con Jesse y, media hora más tarde, tocar la puerta a Holly y April, supo que le esperaba una tarde agotadora. Extrañamente miró a Joey, que estaba en sus brazos, y juntos compartieron una mirada que ella tomó como cómplice. Le siguió la corriente a Kurt solo porque estaba en su faceta de «madre» y no quería generar otro conflicto con su amigo. Así que se sentó en el sofá y se abstuvo de poner los ojos en blanco cuando tanto sus amigos como sus jefas se sentaron a su alrededor formando un circulo.

–Ok, tengo en claro que es una reunión familiar. Jesse es el papá. Tú, Kurt, eres la madre y Kitty es la hermana menor odiosa y oveja negra de la familia –señaló recostando a Joey en su pecho de modo que él también pudiera ver a al resto de las personas mientras jugaba con sus manos. –Pero, ¿Britt que parentesco tiene conmigo? ¿Y Holly? ¿Y April? No me malentiendan, chicas…

– ¿«Chicas»? –intervino Kitty soltando una risa irónica. –Más bien pterodáctilos. ¿O debo llamarte «Diplodocus»? –preguntó mirando a Holly que se encogió de hombros. – ¿Y a ti «Velociraptor», por lo fácil que eres? –terminó preguntando mirando a April que le enseñó el dedo medio.

–Oh, la pequeña rubia con cara de psicópata sabe de dinosaurios –espetó April con sarcasmo.

–Teniendo en cuenta que las conozco a ustedes, sí –replicó Kitty con una sonrisa burlona en los labios.

– ¡Ya basta! –gritó Kurt deteniendo lo que fuera que iba a decir Holly o April. Rachel tapó los oídos de Joey y deseó que alguien tapara los de ella. –Kitty, no seas así con tus invitadas.

–Yo no las invite –murmuró la rubia rodando los ojos antes de perderse en la cocina. –Yo solamente quería llegar a casa porque muero de hambre y para ver a mi hijo, pero mi hijo no me da ni la hora porque está con oh, la tía Rachel –ignoró la mirada que la rubia le lanzó por acaparar la atención de su hijo. –Además… ¿Para qué mierda es toda esta reunión, Porcelana?

–Eso –secundó la morena. –Aunque sigo sin saber que hacen Brittany, Holly y April aquí.

–Haz de cuenta que son tus tías y tu prima –respondió Kurt restándole importancia con un movimiento de manos.

Si había algo que hiciera más hilarante e inverosímil la situación, eso era Brittany levantándose del sofá para ir a abrazar a Holly y a April al grito de «¡Mamis! Tienen que conocer a Santana». O quizás la imagen de Jesse robándole comida a Kitty hasta que ésta lo descubrió y le dio con la cuchara de madera en la mano. Sintió el repentino deseo de salir huyendo de toda esa locura liderada por Kurt y de llevarse a Joey con ella para que el niño no se traumatizara de por vida, pero una vez más lo vio imposible cuando su amigo se paró delante de ella sin quitarle la mirada de encima.

– ¿Y bien? –preguntó Hummel con un movimiento de cabeza.

–Y bien, ¿Qué? Tú eres el que convocó a esta reunión familiar sin razón aparente –señaló rodando los ojos. –Así que tú dime que hacemos todos aquí reunidos cuando tenemos cosas más importantes que hacer.

–No, tú dinos. ¿Qué hacía Quinn Fabray, tu jefa, la mujer que odiabas, en este departamento?

–No lo sé, ¿Regalaba biblias? –respondió con una sonrisa irónica. –Joey habló con ella, quizás él pueda darte una respuesta más certera de lo que hacía Quinn Fabray, mi jefa, aquí.

–No juegues con nosotros, Rachel –espetó Kurt cruzándose de brazos. – ¿Hay algo entre tú y ella?

–Si –respondió con convicción y un asentimiento de cabeza. Fingió murmurar algo con Joey antes de agregar: –Un contrato de noventa días que dice que soy la niñera de su hija. Si no me crees, pregúntale a Kitty que fue conmigo a la entrevista. O más bien, yo fui con ella a la entrevista. Ahora si me disculpas…

– ¡Jesse! –interrumpió Kurt sin quitarle la mirada de encima.

«No. No papá Jesse» pidió en su cabeza.

«Es papi Jesse o policía bueno. ¿Cuál crees que nos tocará esta vez?» preguntó la voz en su cabeza.

–Hola, Rachel, ¿Qué tal? –saludó Jesse con la boca llena de comida.

«Nos tocó policía bueno».

Vio a su amigo sentarse en la mesa ratona frente a ella mientras se limpiaba las comisuras de la boca quitándose restos de comida. Reprimió una sonrisa cuando Jesse se acercó a su oído y le susurro un «Sígueme la corriente». Sabía que su amigo seguía con ese juego de hacerle caso a las órdenes de Kurt solo para que a este último no le diera un ataque cardiovascular. Aunque Rachel comenzó a sospechar que estaba cerca de sufrir uno al ver como se abanicaba aire con las manos como si le costara respirar. Su mente soltó un «Es extremadamente dramático y exagerado» sin arrepentimiento alguno.

–Para que yo pueda seguir robándole la comida a Kitty… –a lo lejos se escuchó un «Como me robes otro bocado te corto lo que tienes entre las piernas» por parte dela rubia. –Como decía, tengo hambre y tú te quieres escapar de aquí lo más rápido posible. Solo dinos que hacía Quinn aquí y luego cada uno se ira por su camino.

Jesse tenía razón. Sabía que no podía escabullirse allí si no daba al menos una pista de lo que Quinn hacía en su departamento. Obviamente no quería decir la razón principal porque eso significaba contar desde el momento que llegaron de la financiera, las miradas cómplices, las caricias, el primer beso compartido entre las dos, los que le siguieron a ese, el momento de relax en el sofá. Contar absolutamente todo. Y no quería. Quería guardar eso entre ella y Quinn. Se lo merecía. Quería disfrutar un poco más de la adrenalina que sentía de solo saber que su relación con la rubia era clandestina y que en cualquier momento podrían descubrirlas.

Además, quería que la primera que supiera de esa relación fuera Beth. Si la rubia de ojos azules aplaudía la relación, gritaría a los cuatro vientos que estaba con Quinn. Si por el contrario, se oponía terminaría con todo eso y se guardaría para sí misma esa relación como el más valioso de sus recuerdos.

–Ok, vino para decirme que el jueves van a un torneo de polo al Country Club al que asisten habitualmente y yo, como soy la niñera de Beth, tengo que asistir también –murmuró diciendo en parte la verdad. –Pero le dije que no iré.

–Lo que vimos con Britt no pareció que fuera eso –intervino Kurt, escéptico como siempre.

– ¿Por qué no iras? –preguntó Jesse ignorando la intervención de Hummel. –Rachel,…

–Es en Bay Terrace.

No le sorprendió para nada el silencio colectivo que se formó en cuanto nombró el lugar. Las únicas que no sabían de qué se trataba eran Holly y April pero sus amigos, sí. Ignoró la mirada de pena que le lanzó Jesse concentrándose en juguetear con el cabello castaño de Joey que se retorcía en sus brazos buscando refugio en su pecho para volver a dormir. Si no había convencido a Kurt con lo que había dicho, seguramente lo haría con el hecho de hacerle saber que rechazaría una visita a Bay Terrace, sabiendo lo que eso significaba.

–Deberías ir –soltó Kitty desde la cocina. –Los padres de Brody estarán allí, sí, ¿Y qué? Deberías ir y demostrarle a esos fósiles quien es Rachel Berry en realidad. Que no retrocedes ni te quedas estancada por una mala experiencia. Debes demostrarles que fueron ellos los que perdieron al sacarte de su círculo íntimo. O, que en el mejor de los casos, fuiste tú quien salió ganando al ser rechazada por ellos. Y tú, Tinkerbell –agregó apuntando a Kurt con el tenedor que tenía en la mano. –Si Rachel quiere besuquearse o toquetearse con Quinn sin decirle nada a nadie, respétala y deja que viva su vida…

–Joey estaba con ellas –recordó Kurt con una ceja en alto.

–… siempre y cuando mi hijo no esté presente para ver ese acto tan asqueroso –añadió la rubia. –Ahora, Berry, devuelve a mi hijo. Si quieres uno, pídele a Quinn que te lo haga o ruega porque le crezca un pene mágico en luna llena.

–Deja de leer fanfics Swan Queen, ¿Puede ser? –se burló la morena entregándole Joey a su madre.

– ¿Yo tampoco puedo leer? –intervino Brittany jugando con el pelo de Holly. –Pensaba mostrarle algunos a Santana y…

–Y yo estoy sedienta –interrumpió April poniéndose de pie. – ¿Tienen algo para beber?

–Gasolina no hay, si buscas algo que haga efecto en tu ya consumido hígado –soltó Kitty perdiéndose dentro de su habitación con su hijo en un brazo, su bolso colgado en el otro y un plato de comida en su mano libre.

–Ignoren a Kitty –pidió Rachel. – ¿Qué hacen aquí?

–Nos enteramos que te besuqueas con Quinn «R.A» Fabray, ¿Es cierto? –preguntó Holly antes de darle instrucciones a Brittany de cómo trenzar su pelo.

–Iré a ducharme –respondió poniendo los ojos en blanco mientras sonreía.

Se preguntó en que momento su vida sentimental se convirtió en tema de conversación entre sus amigos y sus jefas, pero decidió ignorar ese hecho puntual y concentrarse en lo que había dicho Kitty. Su amiga tenía razón, podía ir y enfrentarse de una vez por todas a los padres de Brody, enfrentar de una vez por todas a su trauma y superarlo de una maldita vez. Pero por otro lado estaba aterrorizada de solo pensar en eso, no quería enfrentarse a sus ex suegros, estaba bien con su presente, ¿Por qué tendría que revolver toda la mierda de meses atrás? No había necesidad de tal cosa.

17:43 pm – Lo siento pero no iré a Bay Terrace con ustedes.

17:45 pm – No te preocupes, lo entiendo. Yo hablo con Beth. [Iceberg aka Quinn]

17:45 pm – Pero si te veo mañana, ¿No? [Iceberg aka Quinn]

17:46 pm – ¡Por supuesto!

17:47 pm – Hasta mañana entonces. [Iceberg aka Quinn]

Leyó varias veces el intercambio entre En línea y Escribiendo…, y viceversa. Se preguntó qué habría escrito Quinn para borrarlo y volver a empezar e internamente deseó saber qué era.

17:48 – Cuídate, Rachel. Besos. [Iceberg aka Quinn]

Suspiro tras leer el último mensaje de WhatsApp por parte de la rubia y sonrió releyendo varias veces la conversación completa. A pesar de sus personalidades diferentes, comenzaban a llevarse bien entre ellas y no quería arruinar eso. Decirles a sus amigos que estaba, de cierto modo, con Quinn, no significaba que lo arruinara todo pero si significaba que se rompería la burbuja en la que ambas estaban metidas. Y por el momento no quería eso. Quería ser egoísta y mantenerlo para ella misma. Llegado el momento lo compartiría pero no en ese momento.


Día 38 10:07 am.

–Tienes que… modernizar tu oficina, mamá –comentó Beth desde el sofá recibiendo la nada misma a modo de respuesta. Lo mismo que venía pasando durante la última media hora. –Y entonces, Alyson llevó crack al colegio y consumimos un poco en el receso. Rose quería parar pero no nosotras no y como estábamos drogada fuimos al baño y tomamos la botella de vodka que Aly también llevó. Después agarramos a uno de los idiotas que pasaban por la puerta del baño y lo metimos adentro con nosotras. Lo que quiere decir que… Mamá, ya no soy virgen.

–Descuida, compraremos una nueva –fue la reacción de Quinn.

– ¿Una nueva virginidad? –preguntó Beth escéptica. –Ok, esto no está funcionando –carraspeó antes de agregar con voz comercial. –Le comunicamos a la señorita Quinn Fabray que están tramando de comunicarse con ella desde el planeta Tierra. Quinn Fabray, presentarse en el planeta Tierra. Repito, Quinn Fabray presentarse en el planeta Tierra. Quiero acostarme con Rachel –terminó diciendo tras rodar los ojos. – ¿Qué? ¿Ahora si me prestas atención?

Sí, ahora sí le prestaba atención.

No era su intención ignorar todo lo que decía su hija pero al igual que el lunes anterior en la reunión de la financiera, no pudo concentrarse porque una vez más Rachel ocupaba su mente. Esta vez aparecía recordándole el momento exacto en el cual se besaron. Jamás se había sentido tan pequeña y al mismo tiempo tan libre como cuando sus labios probaron los de Rachel. Aun, después de tres días, podía sentir su piel erizarse y su corazón latir de manera descontrolada.

Tenía que admitir que no planeó besar a la morena, fue algo que se dio en el momento pero lo disfrutó como si realmente fuese algo pautado de antemano. La manera en que Rachel tembló en entre sus brazos alimentó su ego y la forma en la cual la besaba le hizo saber que quizás, y solo quizás, no estaría mal admitir que se había enamorado de la niñera de su hija por muy inverosímil que sonara tal cosa. No podía determinar el momento exacto en el que pasó tal cosa, o decir el hecho puntual que la llevó a enamorarse, pero allí estaba la cuestión. La pregunta ahora era si estaba dispuesta a disfrutar de su nuevo estado o retroceder y volver a su antigua situación. A su antigua «vida», una donde Rachel no estaba y sus días eran tétricos y monótonos.

Pero antes de decidir qué era lo que debía hacer respecto a lo que sentía por Rachel, debía hablar con su hija. Por primera vez en su vida quería que todo saliera bien en cuanto a su ámbito sentimental, realmente quería que esa reciente relación con Rachel creciera y durara, lo deseaba más que nada en el planeta, pero al mismo tiempo no arriesgaría su nueva relación madre-hija con Beth justo cuando empezaban a compartir tiempo como antes y a llevarse mucho mejor. No podía.

No quería que eso pasara.

–No tuvo gracia –escupió cruzándose de brazos y una ceja en alto. –Además, tu niñera es mucho mayor que tú. Y tendré que hablar con tus amigas. Que lleven drogas y alcohol al colegio no me parece bien.

–Creo que lo que no te parece bien es que quiera ligar con Rachel –replicó la adolescente sin quitar la mirada de su teléfono móvil pero con una sonrisa traviesa. – ¿Seguirás negando que el lunes estuviste en su casa? Te recuerdo que te vieron salir con ella de aquí… ¡Y tomada de su mano!

Beth era una de las pocas personas que lograban ponerla nerviosa y estaba completamente segura que su hija sabía tal cosa, pero no por eso iba a dar su brazo a torcer. Obviamente no le diría que estaba con Rachel, al menos no por el momento, pero si podía decirle que estaba con alguien aunque no estaba segura de cómo sería la reacción de Beth. La última vez que la vio en pareja –tres años atrás– no parecía muy «contenta» con la idea de su madre compartiendo tiempo con otra persona que no fuera ella. Si había algo que caracterizara a su hija, eso era lo celosa y posesiva que podía llegar a ser a veces. Como los niños que golpeó cuando era pequeña solo porque se acercaron a ella.

No quería que Beth se resintiera con Rachel solo porque estaba con ella. No quería que sus dos personas favoritas entraran en conflicto así que, si quería evitar eso, debía ir con cuidado. Con mucho cuidado. Y por encima de todo tenía que hablar con Santana y Puckerman para que se ahorraran sus bromas y comentarios respecto a ella y la morena para que Beth no se sintiera excluida o no sospechara nada.

–Si así fuera, ¿Qué pensarías? –preguntó fingiendo prestar atención a los balances en su ordenador. – ¿Cómo te sentirías?

–Hmm… No lo sé. Eres mi madre, ¿No? –fue la respuesta de la adolescente sacando a relucir su orgullo Fabray. Quinn ocultó una sonrisa al notar que esa era su forma de decirle que le importaba. –Por ley natural eres mía, y ya tuve que compartirte con ese idiota de Biff McIntosh. Una mala experiencia, por cierto. Han pasado tres años y tú no has vuelto a estar con nadie. Nosotras empezamos a llevarnos bien y tú comienzas a derribar tus muros permitiendo que yo me acerque un poco más a ti. No sé si estoy preparada para que otra persona entre en nuestro mundo de dos. Creo que quiero seguir siendo mamá y Beth. No Beth, mamá y la novia de mamá, ¿Entiendes?

–No hable de novia –susurró con un nudo en la garganta.

–No, pero el mensaje detrás de la pregunta estaba bastante claro –señaló Beth encogiéndose de hombros. –Sé que algo pasa entre tú y Rachel. He visto como se miran, como fingen pelear solo para acaparar la atención de la otra, he visto muchísimas cosas que suceden cuando las dos comparten espacio. Pero no sé si quiero saber qué es ese «Algo». Por el momento me gustaría no saberlo y seguir pensando que solo yo soy tu princesita…

–Eres mi princesita –interrumpió con sinceridad poniéndose de pie. –Nada ni nadie cambiara eso jamás, ¿Ok? No lo olvides.

–No lo olvido, es solo que no estoy preparada para compartirte con alguien más –soltó Beth mirando a su madre que asintió con la cabeza. –Eso no significa que tengas que «sacrificarte» por mí. No quiero una heroína, quiero una madre. Y una madre tiene una vida con sus errores y aciertos. Si estas con Rachel, tú sabrás por qué y qué es lo que harás al respecto. Es tu decisión. Mi decisión es fingir que no sé nada sobre eso y pensar que soy la única mujer importante en tu vida junto con la abuela y la tía San.

–Beth…

–Y fingir que Rachel es solamente mi niñera –agregó la adolescente encogiéndose de hombros. –Ya sabes, mamá… Ojos que no ven, corazón que siente felicidad. Y yo en este momento estoy bien no sabiendo que hay entre tú y mi niñera, ¿Puedes respetar eso? –asintió porque sabía que nada lo que dijera haría cambiar de opinión a Beth. O quizás simplemente no sabía que decir. –Es todo nuevo para mí, mamá. Al igual que todas las cosas, necesito tiempo, ¿Ok? Eso no significa que vaya a ponerme como una perra odiosa…

–Cuida esa boca.

–No significa que vaya a ponerme como un animal de cuatro patas de género femenino con tendencia a ladrar y morder zapatos completamente odioso… ¿Así está mejor? –Quinn asintió tapándose la boca para que su hija no viera la sonrisa que bailaba en sus labios. –Bien. Es Rachel, mamá. Me gusta pasar tiempo con ella, es divertida, amable, inteligente. No sé si quiero compartirla a ella también, ¿Entiendes? Si fuera Tina, otra sería la historia. Incluso te daría baterías de respuesto porque si se le agotan cuando esté contigo, pero no. Es Rachel. Mi niñera, mi amiga, mi casi confidente. Solo dame tiempo para adaptarme a la idea de que mi mamá se… Argg, que palabra difícil se viene ahora. Ok, solo dame tiempo para que la imagen de ustedes… besándose no me cause vómitos, en el sentido divertido de la palabra. E incomodo también.

No podía hablar. No tenía nada para decir. No cuando su hija estaba diciéndole todas esas cosas. No cuando estaban hablando completamente honestas una con la otra. Una honestidad que hacía tiempo no tenían. Beth estaba diciéndole que no le molestaba lo que fuera que tuviera con Rachel, solo que no quería saberlo aun. Y ella tampoco quería contarlo. No necesitaba decirle a todo el mundo que comenzaba, o deseaba comenzar, una relación con una mujer de baja estatura y completamente odiosa pero que al mismo tiempo era adorable y completamente fuerte. Todo estaba en orden entonces.

Se sentía bien en toda la extensión y significado de la palabra. Sobre todo cuando por medio de un movimiento de cabeza le indicó a Beth que se acercara a ella. La adolescente –después de haber puesto los ojos en blanco– correspondió su abrazo con una sonrisa y un «Todo estará bien» que le sonó a un «Te quiero» encubierto.

Dejó los balances y préstamos para más tarde. No quería hacer otra cosa más que pasar tiempo con su hija hablando o jugando a los juegos del móvil y el ordenador de la adolescente. O de su propio ordenador, ya que su hija le hizo descargar varios juegos al mismo. También, como siempre, tuvo que escuchar el «¿Cuándo quitaras ese dibujo de la pared? Es vergonzoso» que Beth siempre soltaba cuando veía su propio dibujo hecho cuadro colgando en una de las paredes junto con las demás pinturas que allí había.

Una hora más tarde estaba recolectando sus cosas antes de partir rumbo hacia la mansión. Cuando llegó a su hogar, sus padres ya no estaban. Por lo que dijo Julia habían partido rumbo a hacia Bay Terrace. No quiso perderse en sus pensamientos nuevamente pero no pudo evitarlo cuando recordó el rechazo de Rachel respecto a su invitación el lunes pasado.

Durante esos tres días se preguntó quiénes serían esas personas con las cuales la morena no se quería cruzar a tal punto de rechazar su invitación al Country Club. Se imaginó desde el novio de Rachel –el estúpido con la cara tapada con un emoticón– hasta los ex suegros odiosos de los que la morena le habló la semana pasada. Sea quienes fueran esas personas con las cuales que no se quería cruzar tenían una deuda ajena con ella. Rachel era parte de su vida ahora, una parte importante, cualquiera que haya osado lastimarla en el pasado o que ose lastimarla en tiempo presente, pagaría el precio. Y rogaba a todos los dioses porque esas personas fueran clientes de la financiera o algún conocido de ella. De esa forma le haría la vida imposible.

E iba a disfrutar haciéndolo.

Se había descubierto a si misma deseando conocer más cosas respecto a Rachel. Por ejemplo, ¿Por qué había mencionado a dos padres pero no a una madre? Aunque quizás no la había mencionado porque no había ninguna figura materna. Saber que era lo que le gustaba, lo que le molestaba, lo que odiaba, lo que amaba. Saber si ella estaba más cerca de la última opción o no.

– ¿Nos vamos? –preguntó Beth metiendo apenas la cabeza por la puerta de la habitación. –Papá ya está en camino hacia el Country Club y quiero llegar antes para jugar un rato con él.

Se miró al espejo por última vez antes de tomar su bolso y abandonar su habitación. Como siempre que viajaba con Beth, el viaje se hizo corto entre canciones y risas. Cuando quiso darse cuenta estaba en el Country Club de «la vieja momia», como llamaba Santana a la dueña del lugar, viendo a los idiotas arrogantes que ella detestaba sonriendo falsamente a todo aquel con el que se cruzaba.

– ¿Tenemos que entrar? –preguntó arrugando la nariz una vez que estuvieron fuera del automóvil.

–Papá está adentro –fue la respuesta de Beth. –Y no quiero dejarlo solo en esa jungla. Hagamos de cuenta que es una misión de rescate, ¿Qué te parece?

– ¿Necesitan soldados? –preguntó alguien a espaldas de ambas rubias captando su atención.

Podría describir lo que sintió su corazón al darse vuelta y ver quien había hablado pero nada de lo que dijera se acercaría lo bastante. No cuando su pecho seguía latiendo de manera descontrolada, o las manos comenzaron a sudarle. Sonrió completamente idiotizada cuando vio a Rachel parada frente a ella con una mirada entre tímida, nerviosa y desconcertada –como si no tuviera claro lo que hacía allí–, las manos delante de ella entrelazadas mientras sus pulgares jugaban entre sí. Se vio tentada de caminar –en realidad quería correr, a pesar de la corta distancia– y acariciar el flequillo recto de la morena antes de inclinarse un poco y besarla. Feliz de verla parada allí, sabiendo lo reticente que estaba a ir a ese lugar.

–Hola, Rachel –saludó Beth con tono de voz neutro. –Iré a ver a papá. Te… Las veo adentro.

– ¿Le pasa algo? –preguntó Rachel cuando la adolescente se perdió de vista. La vio enseñarle el dedo medio alguien pero prefirió no hacer comentario alguno para que Quinn no se percatara de tal cosa. –Parece molesta.

–Hable con ella de… de nosotras –fue la respuesta de Quinn repentinamente nerviosa. –O sea, no le dije que estamos juntas pero… Algo sabe.

–Y me odia –escuchó decir a Rachel que cambio su sonrisa por una expresión más de terror. –Oh, por dios. Me odia. Sabía que esto pasaría. Seguramente cree que paso tiempo con ella solo para estar cerca de ti o que la utilicé. No volverá a hablarme jamás, y si lo hace será para decirme que me detesta, que soy la peor persona del planeta, que me aproveche de ella y anda a saber cuántas cosas más estará pensando en este momento. Oh, por…

– ¿Qué te pasa? –pregunto Beth sorprendiendo tanto a su madre como a su niñera. ¿De dónde salió? – ¿Qué le pasa? ¿Qué le hiciste, mamá?

–No me culpes a mí de la locura de tu niñera –replicó Quinn con el entrecejo fruncido. –Comenzó a desvariar. Culpa mía no es. Quizás si tú le dices que está todo bien con ella…

– ¿Es por lo que hablamos en tu oficina? –interrumpió Beth mirando primero a Quinn y después a Rachel que seguía hiperventilando. La adolescente rodó los ojos antes de tomar a su niñera por los hombros obligándola a que la mirase. –Rach, Rach… ¡Berry! Bien, ahora que me prestaste atención voy a decirte dos cosas. La primera, eres un maldito gnomo al cual ya casi supero en altura. Ahora no, mamá –agregó cuando escuchó un «Cuida esa boca» por parte de Quinn. –La segunda, tú y yo tendremos una conversación, una seria conversación, pero no ahora, ¿Ok? Respira tranquila, disfruta de este día y ya mañana te enfrentas a mi ira.

–Oh, por…

–Es broma –interrumpió. –Ven, vamos adentro. Quiero presentarte a alguien.

Quinn las vio irse a las dos tomadas de la mano con una sonrisa de oreja a oreja, aunque los nervios seguían en su interior. Sacudió la cabeza y siguió a su hija y su… ¿Su qué? ¿Qué era Rachel ahora para ella? ¿Quizás su chica? Podía llamarla de esa forma en su interior y en su mente, ¿No? Volvió a sacudir la cabeza y se concentró en prestar atención a todo lo que sucedía a su alrededor. A lo lejos vio al amigo de Puckerman, Cooper McCain, hablando con sus padres. Pudo haber ido hacia ellos y participar de la conversación pero no lo hizo. Prefirió mantenerse a raya. También vio a los dueños del Country Club, los señores Weston, con su hijo.

«El niño maravilla» soltó en su mente rodando los ojos.

No tenía nada en contra de Brody Weston. De hecho, jamás se había detenido a hablar con el joven el tiempo suficiente como para conocerse más allá de un simple «Hola, ¿Qué tal?». El problema estaba en que tenía esa sonrisa de satisfacción todo el tiempo, como si fuera más que el resto. Seguramente había heredado esa autosatisfacción y arrogancia por parte de sus padres. Y hablando de los autoproclamados reyes de Roma… Por suerte, se escabulló antes de que los dueños del lugar se acercaran a ella.

–Hola –susurró en el oído de Rachel cuando la vio de espalda a ella. A lo lejos vio a Beth correteando de un lado al otro junto con sus amigas. Se abstuvo de rodear la cintura de la morena con sus brazos y esconder su rostro en el cuello de la misma. ¿Por qué tenían que estar rodeadas de cientos de personas? – ¿Estás pasándola bien?

–Hmm… sí, se puede decir que sí –fue la respuesta de Rachel con una sonrisa tensa. –Admito que no es mi mundo pero… Kurt me convenció de venir y… Y no quería pasar el dia sin verte.

–Yo tampoco –murmuró con un nudo en la garganta. Se acercó a la morena y miró todo a su alrededor antes de susurrar: –Muero por besarte.

–Yo también, pero tenemos compañía –señaló la morena tensando la mandíbula y apretando los puños. Algo que sorprendió a Quinn por completo: –Ok, esto va a ser incómodo. Lo siento.

Se preguntó por qué razón la niñera se disculpaba con ella, o porqué resoplaba por lo bajo sin quitar la mirada sobre algo que había a sus espaldas. Se dio vuelta en el lugar y se encontró cara a cara con Brody Weston, el hijo de los dueños del lugar, mirándola a ambas. Parecía algo pálido, aunque esa sonrisa que Quinn deseaba borrar de una bofetada aún seguía en sus labios.

– ¿Qué haces aquí? –preguntó Brody ignorando su presencia. Miró a Rachel que respiró profundo y sintió que algo estaba perdiéndose. –Pensé que este no era tu mundo.

–Y sigue sin serlo. Cuanto menos tenga que ver con personas como tú, mucho mejor para mí –respondió la morena con una sonrisa tan tensa y falsa que sorprendió aún más a Quinn. –Y antes de que tu ego se eleve por si solo como siempre, te aclaro que no estoy aquí por ti. ¿Conoces a Quinn Fabray? Supongo que sí, a pesar de ser completamente diferentes ustedes sí pertenecen a este mundo. Quinn, te presento a Brody Weston… Mi ex novio.

Por mucho que intento evitarlo, el apretón de mano que compartió con Brody Weston fue mucho más fuerte de lo que deseó tras escuchar lo último que dijo la morena. Todo en ella se tensó, los nervios fueron reemplazados por una molestia que nada tenía que ver con ella y una rabia desmedida fue tomando total posesión de su cuerpo.

– ¿Es el chico emoticón? –preguntó con desdén sin poder evitarlo. Reprimió una sonrisa cuando Rachel a su lado asintió con una mueca divertida en su rostro. –Brody Weston, que…

– ¡¿Qué haces tú aquí?! –interrumpieron a su lado izquierdo.

Frunció el entrecejo, no tanto por la interrupción, sino porque su mente comenzaba a procesar toda la situación y a entender otras cosas más. Esperaba estar equivocada pero… Si Brody era el ex novio con cara de pegatina, entonces los padres de éste eran los suegros odiosos que le dijeron cosas hirientes a Rachel. No sabía cuáles eran esas cosas hirientes pero estaba claro que cualquiera que se atreviera a lastimar a una persona como Rachel, no se merecía otra cosa más que el desprecio absoluto. Y la molestia que sintió anteriormente se convirtió en rabia al llegar a esa conclusión. Ahora entendía por qué la morena la detestaba al principio, o porqué pensó que sería iguales a los padres de Brody. Había tratado con la madre y podía confirmar que era la persona más arrogante y odiosa del planeta.

«Pobre Rachel» pensó.

–Rachel está conmigo, ¿Algún problema? –preguntó parándose delante de la morena como si se tratara de un escudo humano.

– ¿Sabes quién es esta? –cuestionó la madre de Brody señalando a Rachel con el dedo índice mientras que con su mano libre tomaba el brazo de su hijo. –Esta… señorita aquí presente, era novia de mi hijo. La novia interesada de mi hijo. Aléjate de ella, Quinn. Lo único que quiere es comerte la billetera.

–Quienes quieren comer la billetera aquí son los cirujanos plásticos que la operan a usted –replicó sorprendiendo a todos. Se preguntó en que momento el padre de Brody se acercó a ellos pero poco le importó. Si se metía en la discusión, también le saltaría la mierda a él. –Y le pediría que no le falte el respeto a Rachel, ¿Puede ser? Su hijo no es tan santo, ni Rachel es un demonio. Y no hable como si no tuviera un muerto en su armario. Somos pocos y nos conocemos mucho, señora Weston.

–Veo que ya te contagió su mala educación –comentó la mujer con una mueca de asco en el rostro. O era de desdén. Nunca lo tenía en claro con personas con demasiadas operaciones en el rostro.

–Y veo que a usted no le quedó claro lo que dije –replicó acercándose unos paso hacia la madre de Brody. Sintió la mano de Rachel en su brazo y un «Quinn» que prefirió ignorar. Estaba molesta y a medida que la mujer frente a ella soltaba todas esas estupideces, más molesta se ponía. –No sé el problema que tengan con Rachel pero desde ya les digo que se vayan olvidándose de eso. No vuelvan a meterse con ella, ¿Está claro? Ahora está conmigo… Y eso va para ti, chico emoticón/niño maravilla.

–Fue mía antes que tuya –soltó Brody con una sonrisa de medio lado.

Lo siguiente que supo fue que su puño estaba en la nariz de Brody que soltó un chillido y antes de pudiera hacer o decir algo más al respecto, estaba siendo arrastrada por Rachel lo más lejos posible de la multitud. Pudo sentir las miradas de varias personas sobre ellas, quizás por la forma en la que caminaban –casi corrían– tomadas de las manos. O talvez porque habían presenciado la confrontación con los dueños del Country Club/Señores Weston/Ex suegros odiosos de Rachel.

No sabía que podía sentir un sentimiento de odio hacia alguien a quien no conocía de nada, salvo de verlo pocas veces en su vida. Pero en ese momento estaba sintiendo un odio desmedido hacia Brody Weston. Odio, rabia, molestia. Todo tipo de sentimiento negativo. Junto con el incontrolable deseo de arrancarle la cabeza por ser tan imbécil. Porque eso era. Más allá de la forma en que Rachel se haya comportado con él, o si guardaba un buen o mal recuerdo de la relación que ambos compartieron, no podía permitir que su madre hablara de esa forma de la persona a la cual eligió pasar tiempo con él, a la que eligió como su enamorada. Mucho menos permitir que le faltara el respeto de la forma en que lo hizo.

Ahora más nunca deseaba que Santana estuviera allí con ella. Seguramente, la latina habría defendido mucho mejor a Rachel. Con más astucia e ironía, quizás. Habría sido más inteligente a la hora de meterse con la señora Weston, más sarcástica. Ella por el contrario, sentía que había sido torpe y estúpida. Más allá de lo que haya pasado entre ellos, Rachel se merecía a alguien que la defendiera.

–Lo siento –se disculpó justo después de que la morena literalmente echó a empujones a las dos jóvenes que estaban dentro del baño. Rachel no dijo ni hizo comentario alguno, sino que la miró a los ojos de manera intensa. –Dime algo.

– ¿Qué quieres que te diga? Si ni siquiera sé porque te estas disculpando –murmuró la morena frunciendo el entrecejo. Sacó un pañuelo descartable de su bolso y comenzó a pasarlo por el rostro de Quinn. –La razón por la cual no quería venir aquí era porque sabía que ellos estarían. Son los dueños del lugar, es obvio que van a estar aquí, ¿No?

– ¿Por qué no me dijiste? –preguntó tomando las manos de Rachel para que las dejara quietas. Después de todo no sabía qué era lo que la morena estaba limpiando de su rostro. – ¿Por qué no me dijiste quienes eran tus suegros?

–Ex suegros –corrigió Rachel suspirando antes de agregar: – ¿Te crees que es fácil para mí estar aquí? ¿Ver a esas personas y no sentir nada más que rabia e inseguridad? ¿Verlos a ellos, luego voltear a mirarte a ti y no pensar que tú también haces caridad al estar conmigo?

– ¿Qué?

–Cuando salía con Brody, me llevó a comer a casa de sus padres. Bueno, lo típico en una relación formal, ¿No? La tediosa presentación oficial de tu pareja. Cuando los Weston me vieron, dijeron «Nuestro Brody siempre haciendo caridad. Incluso en el ámbito sentimental». ¿Cómo te sentirías tú si tus suegros dijeran eso respecto a ti?

No respondió.

No lo hizo porque la sangre comenzó a hervirle y el deseo de arrancarle la cabeza a Brody se extendió al punto de desear arrancarles la cabeza a sus padres también. ¿Cómo había dejado el idiota de Brody que sus padres trataran de esa forma a Rachel? ¿Cómo había permitido que la lastimaran de esa forma? ¡Estúpido imbécil! ¡Hijo de perra! Sentía las irrefrenables ganas de salir del baño e ir hasta donde estaban los señores Weston junto con su hijo solo para lastimarlos de la misma forma en que ellos lo habían hecho con Rachel, pero su parte racional se lo impedía haciéndole ver que antes de eso tenía algo importante que hacer.

Tomó el rostro de Rachel entre sus manos y comenzó a dejarle besos por todo el rostro. Sobre todo dejó besos en su cabeza, como si de esa forma pudiera borrar los malos recuerdos que albergaba en su mente. Odiaba a los padres de Brody, odiaba al mismísimo Brody, odiaba a todo aquel que se hubiese atrevido a lastimar a Rachel. Su Rachel. Su chica…

Su amor.

–Los mataré –sentenció sobre los labios de la morena. –Se arrepentirán de haberte lastimado.

–No –replicó Rachel alejándose apenas de ella para mirarla a los ojos. –No lo harás. No quiero que te involucres en esto. No tienes que hacerlo.

–Por supuesto que si –afirmó con el entrecejo fruncido antes de robarle un nuevo beso a Rachel. –Estás conmigo ahora y cada cosa que te suceda a ti, me sucede a mí también. Eres importante para mí, y yo siempre cuido lo que es importante en mi vida, ¿Lo entiendes? Hablaré con Santana. Ella siempre tuvo una vena vengativa mucho más desarrollada que yo. O con Beth. Mi hija siempre tiene ideas más brillantes y…

Pero no pudo continuar porque los labios de la morena se posaron sobre los de ellas besándola de una manera que no lo había hecho antes. Casi con hambre. Con necesidad. No estaba segura. De lo que si estaba segura era que si Rachel volvía a morderle el labio como lo había hecho segundos antes, no respondería de sus actos ni de los movimientos. El mordisco se le antojaba demasiado excitante para su gusto. No recordaba sentirse alguna vez de esa forma con tan solo un mordisco, pero –como siempre– con Rachel todo era diferente. Más intenso.

Más especial.

–No le dirás nada a nadie, ¿Ok? Ni cobraras «venganza» –sentenció la morena acariciándole el rostro. –Me encanta que me cuides y agradezco que te hayas plantado frente a los padres de Brody pero no voy a permitir que hagas de esto algo tuyo, porque no lo es, ¿Entiendes? Soy yo quien pasó por eso, soy yo quien tiene un trauma, soy yo quien debe hacerle frente a eso y superarlo. No necesito que te pongas delante de mí como un escudo humano, necesito que te pongas a mi lado y me incites a hacerle frente yo a las cosas, ¿Entiendes? –Quinn asintió comprendiendo cada cosa que Rachel había dicho. –Y solo para que quede claro, no estoy contigo por tu dinero.

– ¿Ah, no? –bromeó la rubia.

–No, estoy contigo por lo gruñona que eres a veces, lo asquerosamente malhumorada que eres todo el tiempo –enumeró Rachel con una media sonrisa mientras Quinn le iba robando besos. –Y por encima de todo, estoy contigo por la vena que aparece en tu frente.

–Ninguna vena aparece en mi frente –negó Quinn con el entrecejo fruncido.

–Lo que digas –se burló la morena rodando los ojos. – ¿Vamos afuera? Llevamos mucho tiempo aquí y estoy segura que muchas mujeres estarán afuera haciendo fila para entrar. Además no quiero que Beth me odie.

–Sabes que mi hija no te odia.

–Y tú deberías comenzar a saber que soy dramática y exagerada –comentó Rachel mientras salían del baño tomadas de la mano.

Estuvo a punto de deshacer el agarre cuando la realidad y el aire de fuera las golpeó pero al parecer esos no eran los planes de Quinn teniendo en cuenta que no solo afianzó en agarre, sino que también entrelazó sus dedos con los de ella.

Si bien entendió todo lo que dijo Rachel, no pudo evitar sentir rabia y enfado en cuanto vio a los padres de Brody a lo lejos hablando con los demás invitados. Beth a lo lejos andaba a caballo con Puckerman que ya tenía puesto el uniforme con el que jugaría el partido de polo. Brody también lo tenía puesto pero en diferentes colores. Fue en ese entonces que recordó que su amigo jugaría en el equipo contrario que el ex novio de Rachel.

Sonreía con diplomacia a todo aquel que se acercaba a ella y entablaba conversación. Hacía a Rachel participe de todo eso también al presentarla como una amiga y no como su niñera. Tenía en claro que ese no era el mundo de la morena y que había tenido una mala experiencia por eso pero quería que con ella fuere diferente. Completamente diferente. Si bien Rachel no pertenecía a ese mundo de elitismo y megalomanía, quería que la morena sintiera –sin necesidad de palabras– que pertenecía a su propio mundo interior. Que pertenecía a su vida.

La sonrisa diplomática casi falsa fue reemplazada por una sincera cuando su madre abrazó a Rachel, contenta por verla allí. Su padre no hizo ni siquiera el amago de una sonrisa pero su mirada y su apretón de manos con la morena fue más de lo que necesitaba para saber que todo estaba bien con ella y con Rachel. O estaría a punto de estarlo. Aprovechó ese momento que internamente llamó «charla con los padres de mi nueva novia que son completamente diferentes a los padres de mi ex novio idiota con cara de emoticón» y se alejó de la morena con la excusa de buscar a Beth. Realmente no iba a hacer eso, sabía dónde estaba su hija. Lo que iba a hacer en realidad necesitaba hacerlo sola.

– ¿Duele mucho tu nariz? –preguntó con desdén y una ceja en alto. –Eso es poco en comparación de lo que te haré si vuelves a meterte con Rachel.

– ¿Qué pasa aquí? –preguntó la madre de Brody uniéndose a esa reunión de dos. – ¿No tuviste suficiente con arruinarle la nariz a mi hijo?

–Para usted también hay, señora – aseguró sonriendo con falsedad. –No me busque porque me encontrará. Sé lo que le hicieron a Rachel y pagaran por eso, así tenga que dejar de asistir este lugar, ¿Le quedó claro? No sé olvide que aún siguen pagándonos el préstamo que pidieron para la casa y que este lugar sigue activo porque somos sus mayores inversionistas. Conoce a mi padre, sabe cómo es frente a las injusticias y lo que ustedes hicieron con Rachel es una injusticia. No querrá que hable con él y le cuente como fueron las cosas, ¿O sí?

–Eres una… –empezó diciendo Brody.

–Además, la vida da muchas vueltas, niño maravilla y señora cara de plástico –interrumpió con determinación. –Ustedes la lastimaron porque estaban muy por encima de ella, se creían superiores. Los quiero ver a ustedes cuando la situación se dé vuelta y sea ella quien los mire a ustedes desde arriba. Compraré boletos en primera fila cuando eso pase. Lastimaron a la persona equivocada y pagaran el precio de eso. Ahora si me disculpan, tengo un partido de polo que disfrutar en compañía de una mujer maravillosa y con valores humanos que están muy por encima de ustedes.

Tomó un trago de la copa de champan que tenía en la mano sin quitar la vista ni de Brody ni de su madre. Con el corazón latiéndole descontroladamente y casi temblando –como siempre que tenía una confrontación con alguien– se alejó de ellos a paso firme –después de soltar un «Cuida tu nariz en el campo de juego»– dejando la copa vacía en una de las bandejas que los camareros llevaban de un lado a otro. Respiró profundo y calmó su estado de ánimo antes de acercarse a donde estaba su chica hablando con sus padres y otras personas más.

Se tomó un tiempo para observarla desde lejos preguntándose cómo y porqué razón habrían lastimado a una persona como Rachel? No solo era divertida, sino que empatizaba rápidamente con las personas, les robaba sonrisas, se comportaba amable con ellos. Quizás era algo irónica e insolente por momentos pero eso la hacía más especial aun. O a lo mejor ella lo veía de esa forma por el simple hecho de que estaba enamorada. Y sabía que no estaba conociendo toda la historia completa pero eso no le importaba porque tenía tiempo de sobra para que la morena le contara con lujos de detalles cada una de sus experiencias e historias de vida.

Pero antes de acercarse a Rachel nuevamente, tenía que hacer una última cosa.

–Puckerman –llamó cuando llegó al campo de juego donde jugarían el partido de polo. Tanto Beth como Puckerman se giraron para mirarla. –Le hablo al espécimen masculino de la manada Puckerman. Ven aquí, Noah.

–No me llames «Noah». Solamente mamá me llama así –espetó el abogado con el entrecejo fruncido cuando se acercó a ella. – ¿Qué quieres, Fabray?

–Brody Weston hizo algo malo y le rompí la nariz. Luego te lo cuento –aseguró. –Lo que ahora necesito es que pague por lo que hizo, ¿Podrías golpearle la nariz «por accidente» nuevamente solo porque la sexy, tierna y adorable madre de tu hija te lo pide?

–Sabes que si tú me dices que mataste a alguien lo único que te preguntaré será donde lo enterramos –fue la respuesta de Puckerman con una sonrisa diabólica. –Ve programando una operación de nariz para el hijo prodigo. ¡Beth, ven! Quédate con tu madre que el partido ya va a empezar y no quiero que tú también te lastimes «por accidente».

La adolescente se acercó a Quinn y dejó que le diera un beso en la cabeza antes de darle la espalda e ignorarla como siempre hacía cuando veía a su padre jugando al polo. La rubia por otro lado, dio un pequeño salto cuando sintió la mano de Rachel buscando tímidamente la de ella. Quiso reírse cuando vio que la morena ocultaba el agarre de manos como si no quisiera que las descubrieran. O quizás evitando que Beth la «odiara» más de lo que ya lo hacía, como pensaba dramática y exageradamente.

–Gracias –susurró Rachel en su oído sorprendiéndola y confundiéndola a partes iguales.

– ¿Por qué?

–Hmm… Por todo –fue lo único que dijo la morena antes de dejarle un beso en la mejilla y prestar atención al partido mientras que Quinn clavaba sus ojos en los de la madre de Brody que la miraba con desprecio.

Sintió pena por la mujer –mientras entrelazaba sus dedos con los de Rachel– porque la vieja momia jamás sabría ni sentiría lo que era sentirse en las nubes solo con la presencia de una mujer tan espectacular y única como Rachel.

«Jamás» determinó en su mente dejando un beso en la cabeza de la morena. «Jamás»


Próxima actualización: Lunes 26 de Octubre.

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