Capítulo 21. Último día en la Galia

Astérix no estaba totalmente seguro de lo que estaba sucediendo a su alrededor, su mente estaba en un estado de seminconsciencia, demasiado nublada para centrarse en algo correctamente. Recordaba imágenes de su captor despertándolo, dándole algo de comer y cubriendo su pequeño cuerpo con una manta, pero a decir verdad, sentía un dolor de cabeza tan fuerte que apenas podía concentrarse en lo que ocurría, en lo que hacía, es más, tampoco era capaz de discernir si estaba realmente despierto o si estaba soñando. Vagamente era consciente de haber escuchado a Lucius Flordelotus decirle al posadero que al parecer había enfermado y para colmo, cada vez que cerraba los ojos y se quedaba tranquilo un rato, nuevos lugares en los que no recordaba haber estado, gente que no conocía, Obélix siendo mayor junto a Ideáfix, todas estas imágenes aparecían ante él y hacían que su dolor de cabeza aumentara.

Casi parecía que su yo adulto estuviera tratando de hacer que el pequeño Astérix recordara todo lo que supuestamente ya había vivido, pero esto era demasiado para su mente y le daba como resultado terribles dolores de cabeza.

Astérix levantó la vista hasta el romano que le estaba llevando lejos de su hogar, en estos momentos estaba hablando con Huespedálix mientras él seguía sentado en la cama, pero a pesar de que ambos adultos estaban hablando, él no estaba prestando atención a lo que ninguno de los dos decía, no era capaz de concentrarse en sus palabras, solo intentarlo le hacía sentirse muy mareado. A decir verdad, el pequeño galo esperaba que su malestar desapareciera con el tiempo.

Intentó no pensar en nada, no pensar le ayudaba a sentirse mejor, aunque solo fuera un poco. Mientras él seguía allí sentado, el senador romano y el posadero galo seguían hablando, más bien discutiendo acerca de lo que debían o no debían hacer.

"Si es cierto que el chico está enfermo no podéis marcharos aún, lo mejor sería que os quedarais un poco más aquí, por Tutatis, haré llamar a un druida para que le trate y partiréis cuando se encuentre mejor" dijo Huspedálix. No entendía cómo un romano podía ser tan testarudo, por todos los dioses, saltaba a la vista que el niño no estaba en condiciones de viajar.

"No, será mejor que no, tengo algo de prisa por llegar a Roma, además allí tenemos buenos galenos, seguro que uno de ellos podrá curarle y entonces me encargaré de buscarle un hogar" insistió Lucius Flordelotus. La verdad, el senador romano no quería que ningún druida examinara a Astérix, estaba seguro de que si lo hacían, sospecharían enseguida al ver las marcas de ataduras que ahora podían observarse en los brazos del joven galo. Si el druida que le tratara preguntase sobre el origen de dichas marcas, seguramente descubrirían todo el engaño que había urdido el romano, y no podía consentir que eso sucediera, tenía que reemprender el camino de regreso a Roma cuanto antes.

Huespedálix le miró con desdén, no podía creer lo que estaba escuchando, realmente los romanos eran gente imposible. Levantando los brazos al aire exclamó:

"¡Oh por Belenos tengo que insistir! Solo hace falta mirarle para saber que no está bien, en estas condiciones no puede viajar"

Lucius Flordelotus miró al posadero con ira, ¿cómo podía un hombre como ese hablarle con tal descaro? Era algo incomprensible, estos galos eran realmente unos bárbaros. Se cruzó de brazos y preguntó con enfado no disimulado:

"¿Y por qué no, por Júpiter?"

"¡Porqué podría morir!" respondió Huespedálix con brusquedad. El enviado del César se sorprendió por su arrebato repentino, y ante esta reacción por parte del romano, el posadero prosiguió:

"Este niño es galo, me importa muy poco la clase de gente que hay en Roma, aquí en la Galia a nuestros enfermos siempre los han tratado los druidas, y yo digo que sea un druida el que trate a este pequeño"

Lucius Flordelotus permaneció en silencio unos instantes, pensando en una réplica convincente para el argumento del galo. Finalmente volvió a hablar:

"Puede que sean los druidas los que cuidan vuestros enfermos, pero soy yo el que está a cargo de este niño, y haré lo que me parezca más conveniente para él, por Mercurio"

Al escuchar eso, Huspedálix exhaló un suspiro de desesperación, ¿cómo podía ser un hombre tan testarudo? Había oído decir que los hispanos eran testarudos, pero sin duda este romano podía rivalizar con ellos.

"Romano pretencioso" murmuró sin que Lucius Flordelotus le escuchara.

"Galo entrometido" dijo el senador también en un susurro, aunque por desgracia, Huspedálix lo escuchó, y eso provocó que su rostro comenzara a ponerse rojo de ira, aunque intentó controlarse al recordar la presencia del niño en la habitación, echó otro vistazo al pequeño y le entristeció ver que el chico parecía estar haciendo esfuerzos por permanecer despierto. Quizás sueñe con lo que le pasó a su familia y eso le haga sufrir, pensó Huespedálix.

Si lo que le contó ese romano anoche era cierto, no era de extrañar que el chico estuviera así, probablemente sufría algún tipo de trauma mucho más profundo que el de la simple pérdida del habla.

Huespedálix tomó una respiración profunda y a continuación dijo:

"Lo repito por última vez, este niño no puede viajar en estas condiciones, ¿es que acaso no le has visto?" mientras realizaba la pregunta apuntó a Astérix con su dedo índice.

Lucius Flordelotus siguió la dirección del dedo hasta que sus ojos se encontraron con los del niño. Sinceramente, desde que se había levantado había estado preocupado por la salud del chico, pero no podía arriesgarse, su intención realmente era llevarlo a un galeno en cuanto llegara a la capital. A fin de cuentas, si se lo iba a ofrecer al César, no podía entregárselo enfermo. Así pues, contestando con la voz más sincera que pudo reunir, dijo:

"Claro que le he visto, por eso debo partir de inmediato"

Huespedálix miró al romano como si le hubiera salido una segunda cabeza ¿es que acaso tenía serrín en el cerebro? Esto ya era el colmo. Por muy romano que fuera, el posadero gallo no estaba dispuesto a permitir que un hombre hiciera tal atrocidad, no a un niño tan pequeño como ese.

"¡No, no, no y mil veces no! Él no puede viajar y no hay más que hablar, por Tutatis"

Lucius Flordelotus gruñó ante la insistencia del galo. En el fondo sabía que viajar con Astérix en esas condiciones era arriesgado. Pero por otra parte no podía perder más tiempo, aunque ya poco probable, todavía existía la pequeña posibilidad de que el amigo gordo del niño les siguiera y diera con ellos, y eso era algo que no podía permitir.

El senador romano cerró los ojos para reorganizar sus ideas y buscar a su vez una alternativa satisfactoria que no disgustara a Huespedálix. Entonces una idea le vino a la mente.

"Está bien, ¿verdad que Lemonum no queda lejos de aquí?" preguntó.

El posadero respondió:

"No, está aquí al lado a menos de una hora de camino a pie"

Al escuchar eso, una sonrisa se formó en el rostro de Lucius Flordelotus y se afanó en explicar:

"Esto es lo que haré, llevaré al niño a Lemonum, y una vez allí buscaré a un druida para que le mire, ¿este plan te parece mejor? Tardaré menos tiempo si le llevo allí que si espero a que venga el druida aquí"

Huspedálix se sorprendió ante la repentina decisión del romano, a decir verdad, estaba estupefacto, tanto que a su cerebro le costaba suministrar palabras para hablar.

"Sí… supongo que eso es cierto…" dijo entre balbuceos, y no pudo seguir hablando porque el senador se apresuró a decir:

"Bien, bien, no hay más que hablar, partiremos de inmediato, dime cuanto te debo galo"

Al cabo de un rato, Lucius Flordelotus y Astérix, que aún seguía envuelto con la manta, estaban ya en el carro camino a Lemonum. El senador romano había decidido no atar de nuevo al niño, pues estando tan lejos de su hogar no creía que el niño se atreviera a marcharse, pues no sabría como volver a su casa, y además, estando tan enfermo como parecía, era muy poco probable que el pequeño tratara siquiera de escapar.

Siguieron el camino hasta llegar a Lemonum. Una vez allí, Lucius Flordelotus lo primero que hizo, especialmente ante la cantidad de gente que le miraba, fue preguntar por la ubicación de algún druida. Naturalmente cuando vieron al niño de inmediato le indicaron al romano como llegar, aunque como es natural, quien le veía se sorprendía al ver a un romano preocuparse por un niño galo. Especialmente un romano que parecía estar en un alto estatus social.

Cuando Lucius Flordelotus llegó al hogar del druida, detuvo el carro frente a la puerta y recogiendo al muchacho entre sus brazos se dirigió a la puerta y llamó con insistencia. Astérix gimió ante el ruido que estaba haciendo el romano, probablemente debido a que dicho ruido acrecentaba su dolor de cabeza.

La puerta se abrió al poco tiempo, revelando a un hombre de estatura media, con larga y blanca barba, una túnica también blanca con una hoz de oro colgada del cinturón. En muchos aspectos, este druida se parecía al druida de la aldea de los galos incluso por la mirada de furia con la que mostró al abrir la puerta, aunque este era más bajo y la capa que llevaba era azul.

"¿Qué deseas romano?" preguntó el druida con voz enojada.

A decir verdad, ahora que Lucius Flordelotus le veía mejor, parecía que el druida debía haber estado trabajando con alguna poción con algún experimento que debía haber salido mal, pues su barba blanca parecía estar ligeramente quemada, y lo que parecía ser hollín estaba esparcido por su cara y su ropa. No le llevó mucho tiempo al romano imaginar que el druida le culpaba de ese fracaso, y le quedó confirmado cuando el druida siguió hablando:

"Estaba trabajando en un experimento que me ha llevado mucho tiempo realizar, y ahora que ya casi lo había logrado, vienes tú y consigues que lo malogre, por tu culpa he perdido semanas de duro trabajo"

Hizo una pausa para respirar, y parecía que el druida iba a decir algo más, pero el senador romano no podía esperar a escuchar el resto de la réplica del anciano. El motivo que le había llevado allí era una urgencia y no podía permitirse ser sermoneado.

Mostrándole el chico al druida le cortó diciendo:

"Traigo a este pequeño, necesita asistencia de inmediato y no puedo esperar a llegar a Roma"

El druida bajó la mirada hasta el pequeño Astérix a quien hasta ahora no había advertido y con solo un vistazo pudo ver que el romano tenía razón, que el chico necesitaba asistencia.

Su ceño fruncido se suavizó y haciéndose a un lado para que el romano pudiera entrar le dijo:

"Oh por Tutatis, pasa, pasa, voy a tratarle"

El romano no tardó en cumplir la petición del druida y entrando al interior del hogar le dijo:

"Gracias druida, se te pagará bien por tus servicios"

"Yo no cobro por tratar a gente que me necesita y me llamo Galénix"

Acto seguido el druida le indicó al romano que lo siguiera, y le llevó hasta una cama en la que le ordenó dejar a Astérix. Después de lavarse la mugre superficial, Galénix comenzó a examinar al muchacho. La fiebre que parecía exhibir el chico le preocupaba bastante, era preciso conseguir que su temperatura corporal bajara. Durante su examen descubrió las marcas de ataduras, y eso le alarmó bastante. No podía creer que un niño tan pequeño hubiese sido sometido de un modo tan atroz. Ahora que pensaba en ello, era muy extraño que un romano se interesara por la salud de un niño galo. Aquí había gato encerrado.

"¿Se puede saber cómo ha conseguido este niño estas marcas?" preguntó el druida dirigiendo al senador una mirada dura. Lucius Flordelotus palideció momentáneamente, pero previendo que era probable que en algún momento le preguntaran por tales marcas, había preparado una historia que explicara su origen.

Balbuceando un poco al principio, comenzó a decir:

"Esto… ¿que cómo las consiguió? Bien lo que pasó fue…"

De este modo el senador le relató al anciano una creíble historia en la que había visto al niño en un mercado de esclavos atado con gruesas cadenas y que al preguntar el motivo de tales medidas de retención, para alguien tan pequeño, le respondieron que era porqué el muchacho había tratado de escapar en numerosas ocasiones y que por eso se habían visto obligados a atarle de ese modo.

Él se había compadecido del muchacho y le había comprado pero no para tenerle como esclavo, sino para encontrarle un hogar en el que vivir, pero que durante el viaje el muchacho había enfermado, y que eso les había llevado hasta este lugar.

Galénix pareció creer la invención de Lucius Flordelotus, pues cuando el romano terminó su historia, se volvió de nuevo hacia Astérix y acariciándole la cabeza murmuró:

"Pobre muchacho"

Sin nada más que decir el druida siguió tratando al pequeño paciente, le examinó de arriba abajo, puso además un paño húmedo sobre su cabeza en un intento de bajarle la fiebre. Astérix gimió en protesta cuando el objeto frio fue colocado sobre su frente. Ante esta reacción el druida decreto que esto era una buena señal, pues eso quería decir que el joven estaba respondiendo a los estímulos, pero eso todavía no quería decir que estuviera fuera de peligro.

El anciano tras terminar de examinar al niño se puso a trabajar con los ingredientes que tenía por sobre la mesa, preparando algún remedio que ayudara a su paciente.

Lucius Flordelotus había permanecido en silencio todo el tiempo, pues él no era entendido en la materia, y nada había que pudiera hacer él, sólo podía esperar a que el druida terminara lo antes posible para poder reemprender la marcha.

Cuando Galénix terminó de preparar algún tipo de brebaje, se trasladó nuevamente a la cama de su paciente y con cuidado deslizó una cucharada de dicho brebaje por la garganta del muchacho. Finalizada esta tarea se volvió al romano y le dijo:

"Está bastante enfermo pero creo que su vida ya no corre peligro. Deberás darle esta poción dos veces al día. Y ahora recomiendo que repose un rato antes de que reemprendáis la marcha" explicó el druida con voz calmada.

"Entendido druida, pero me gustaría proseguir mi viaje tan pronto como sea posible, aun así… aprovecharé que el chico duerme para conseguir provisiones" respondió el senador romano. A pesar de que en realidad quería proseguir el viaje cuanto antes, no quería correr el riesgo de que su regalo para el César muriera durante el camino, entonces sí que todo habría sido inútil, tal vez habría diezmado la capacidad de resistencia de los galos, pero como el druida había escapado, seguirían teniendo un ancla para resistirse al poder del imperio.

Por otra parte, no quería dejar al niño solo con el viejo, ¿y si Astérix despertaba y le contaba la verdad al druida? O peor ¿y si el druida creía en su palabra? Entonces sí que todo habría acabado.

"Sí eso será lo más sensato" respondió el anciano. En su opinión, el joven galo necesitaría más reposo del que tenía en mente el romano, pero si podía descansar, por poco que fuera, le haría mucho bien.

Lucius Flordelotus se dirigió a la puerta aun reticente por la idea de dejar al muchacho solo con el druida. Pero por otra parte Astérix no mostraba símbolos de querer despertar todavía, ni ahora ni en un rato. Lo que tendría que hacer era volver lo más pronto posible y rezar a los dioses para que el chico no se despertara en ese tiempo. Llegó a la puerta y antes de salir, se giró y dijo:

"Volveré en un rato, cuida de él druida" necesitaba aparentar que se preocupaba por el chico si quería cumplir con su plan.

El hombre mayor asintió como muestra de conformidad mientras respondía:

"Así lo haré"


Pasó un rato des de que el romano había abandonado la estancia, todo estaba tranquilo, el niño seguía durmiendo ahora plácidamente, sin duda el brebaje había hecho su efecto y había calmado los dolores del chico, lo cual sin duda alivió la mente de Galénix. Sabiendo que por el momento el chico no necesitaba nada, pero totalmente ignorante de cuanto podía tardar el romano en volver, Galénix decidió ponerse a trabajar de nuevo en lo que había estado haciendo antes de la llegada del senador.

Todo su trabajo se había visto afectado, pero no estaba dispuesto a rendirse, se había empeñado en conseguir una medicina que fuera capaz de curar varias enfermedades a la vez. El druida era muy consciente que curarlas todas era imposible, pero habiendo enfermedades que presentaban síntomas similares, quizás podía conseguir sintetizar un elixir que tratara todas las enfermedades con estos síntomas tan parecidos. Si lograba alcanzar el éxito, presentaría esta poción en la próxima reunión de druidas en Carnutos.

Su empeño actual se debía a que viendo el éxito que tuvo la poción mágica del druida Panorámix, le había animado a trabajar duro por el bien de la humanidad, pues sabía que el druida ganador empleaba su poción para ayudar a un pueblo a defenderse de los invasores, por este motivo, él también quería conseguir algo que fuera por el bien de todos los hombres, algo que les ayudara a llevar una vida mejor.

Galénix estaba a punto de iniciar su trabajo cuando un gemido le detuvo. Mirando a la cama en la que estaba el niño, le encontró con el ceño fruncido y agitándose levemente. Probablemente el chico sufría pesadillas, entonces quizás sería conveniente darle también alguna infusión calmante. Sin perder tiempo preparó esa infusión y tras dejarla enfriar la vertió cuidadosamente por la garganta del muchacho.

El pequeño galo bebió dócilmente, casi parecía que esa no era la primera vez que ingería ese tipo de preparado. Tras beberlo, Galénix recostó nuevamente al galo rubio y se levantó para dejarle descansar.

"Pano… rá… mix"

Galénix se giró sorprendido, ¿le habían engañado sus oídos? ¿Acababa ese muchacho de nombrar a Panorámix? De ser así, eso quería decir que el chico le conocía ¿cómo era posible? Aunque también podía ser que hubiera escuchado mal y el chico hubiese nombrado a otro druida u otra persona cualquiera. Tendría que preguntarle cuando despertara.

Se giró a la mesa para ponerse a trabajar pero un nuevo ruido le detuvo. Al principio pensó que era el chico otra vez, pero el pequeño galo dormía plácidamente, por lo que no podía ser… entonces ¿qué era ese ruido? ¿Lo había imaginado? Se frotó el oído para ver si escuchaba el sonido de nuevo, pero solo fue recibido con el silencio, por lo que se encogió de hombros y cuando se disponía a seguir trabajando, ese ruido de nuevo. Pero esta vez, el druida identificó el origen, fuera el ruido que fuera, este venía de su puerta pero por la parte exterior.

Extrañado, el anciano se levantó y se dirigió a la puerta de madera y en cuanto la abrió no vio a nadie, no vio a nadie pero si notó algo que pasaba entre sus piernas. Mirando a sus pies no vio nada, pero al darse la vuelta vio un pequeño perrito que saltaba sobre la cama en la que dormía el niño galo y tras olfatearlo breves momentos, procedió a lamer su rostro. Galénix estaba a punto de echar al animal recién llegado, pero se detuvo al ver que el niño sonreía, como si reconociese al animal que le estaba lamiendo y se alegrara también de que estuviera allí. Se acercó al muchacho para comprobar su temperatura y tuvo una grata sorpresa al ver que la fiebre había bajado. Parecía realmente que el chico conocía este perro y que su presencia estaba ayudando a su salud, debería esperar a que el chico se despertara para aclararlo todo.

No mucho tiempo después, unos golpes en la puerta le indicaron que el romano había regresado, así que fue a abrirle y nada más hacerlo, el perro que se había acurrucado junto al niño galo comenzó a gruñir amenazadoramente ante la presencia del recién llegado. El romano por su parte parecía sorprendido, muy sorprendido de encontrar al perro allí dentro. Y cuando el senador dio un paso el pequeño animal comenzó a ladrar, a decir verdad, con cada paso el perro ladraba más fuerte.

Llegó hasta tal punto que el druida se dio cuenta de que el niño galo comenzó a agitarse. Sin duda el ruido hecho por el perro le había despertado. Por su parte Lucius Flordelotus también vio que Astérix estaba recobrando el conocimiento. ¡Esto no podía estar pasando! ¿Cómo había llegado hasta aquí este animal?

Astérix se incorporó lentamente, realmente en los últimos dos o tres días no recordaba haber dormido tan bien, y ahora que por fin lograba realmente descansar, llegaba Ideáfix y le despertaba… un segundo, ¿Ideáfix estaba aquí? ¿Era posible? Sí Astérix era prisionero del romano, ¿Cómo podía la mascota de su mejor amigo estar allí? No era que no se alegrara de ver a Ideáfix, pero la última vez que Astérix había visto al perrito, este había estado atado en el campamento romano.

Mirando hacia el origen de los ladridos, comprobó que efectivamente Ideáfix estaba allí. Esto trajo una profunda alegría al niño rubio, pues significaba que no estaba completamente solo en su viaje no deseado a Roma, es más, incluso a lo mejor podían volver a la aldea, si lograban irse antes de que…

Todas las esperanzas de Astérix se vieron truncadas cuando delante de la puerta del lugar en el que se hallaban el niño vio a su secuestrador. Así que no podía volver a casa después de todo. Astérix vio que Lucius Flordelotus miraba a Ideáfix con un toque de furia, eso le hizo temer por la seguridad del perrito, así que apresuradamente el niño rodeó al perro protectoramente entre sus brazos, no estaba dispuesto a permitir que ese hombre le hiciera daño a su amigo.

El druida contempló la escena sin saber demasiado bien qué era lo que estaba sucediendo. El perro parecía muy simpático con el chico, y estaba claro que el pequeño galo también lo creía o de lo contrario no le habría cogido. Pero si era así con el muchacho, ¿por qué actuaba de un modo tan distinto con el romano?

"¿Acaso sucede algo con este perro romano?"

"¿Qué? No nada, por Júpiter. Lo que pasa… lo que sucede es que antes de que adquiriera al chico, este pequeño perrito se había hecho muy amigo de él y al parecer no estuvo muy contento cuando le separé del niño. Es por eso que nos ha seguido" dijo el senador romano tratando de explicar la presencia de Ideáfix. A decir verdad, no lograba entender como el animal había llegado allí, pero ese perro no le estropearía los planes, iría a Roma con el niño galo.

Viendo que el viejo druida no parecía del todo convencido con la historia, el romano decidió cambiar de tema.

"Y bien, parece que tu remedio a funcionado druida, el chico parece estar mucho mejor ahora. ¿Cuándo podríamos reemprender la marcha?" preguntó de modo neutral, sin dejar ver que en realidad sentía que tenía prisa por irse.

Galénix se quedó unos momentos mirando a Lucius Flordelotus, procesando la pregunta y cuando su cerebro dio sentido a las palabras del romano, respondió:

"Oh eso… tendría que examinar al niño primero"

La verdad, le hubiese gustado hablar con el niño galo a solas, no delante del romano, no sabía por qué, pero había algo que no le gustaba de ese hombre, y el único que podía hablar y decirle la verdad era el más joven de los presentes, pero Galénix estaba prácticamente seguro que el niño no diría nada, no mientras el romano estuviese allí presente.

Así que el druida hizo lo que dijo que haría, examinó a Astérix, y se alegró al ver que efectivamente el niño estaba mucho mejor que cuando llegó hacía apenas un par de horas. I aunque su temperatura corporal aún era un poco elevada, el viejo druida no consideró que la vida del chico corriera peligro.

"Por lo que parece, este pequeño paciente se recupera a una velocidad asombrosa, gracias a Tutatis. Me preocupa un poco que pueda subirle la fiebre, habrá que tener cuidado, pero aparte de este detalle, si se toma su medicación, no veo inconveniente en que ya pueda irse"

Lucius Flordelotus se alegró profundamente, si podía reemprender la marcha cuanto antes, podría llegar a Roma y cumplir su misión. Así con euforia apenas contenida exclamó:

"Estupendo por Júpiter, nos iremos cuanto antes, tengo que darle un buen hogar a este niño"

Astérix sabía que el romano mentía, pero ¿qué podía decir? Le entró el miedo, entonces recordó que Ideáfix estaba con él. La presencia del pequeño perrito había reavivado la esperanza que creía perdida, y no estaba dispuesto a perder dicha esperanza, así que aventurándose a hablar dijo:

"Ideáfix también viene"

Lucius Flordelotus se quedó perplejo. No había esperado esas palabras. Se quedó atónito sin saber si lo que había escuchado era cierto o no, así que quiso confirmar lo que sus oídos habían escuchado preguntando:

"¿Qué has dicho chico?"

Astérix tomó una respiración profunda para calmar los nervios que le habían asaltado de repente y dijo con la mayor firmeza que pudo reunir:

"Si vengo contigo Ideáfix también viene por Belenos"

Lucius Flordelotus miró al chico y después al pequeño perro, por último su mirada se posó en el druida que había tratado al niño. Él de buena se negaría a permitir que el animal les acompañara, eso desde luego no entraba en sus planes, pero por otra parte, si no permitía al niño ir en compañía del perro, el druida sospecharía y conociendo a los galos, probablemente su travesía se volvería más aciaga, pues sería mal visto en todas partes. Así que sin admitir públicamente la derrota dijo:

"Está bien, viene si me prometes que tú y tu amiguito os portareis bien hasta que lleguemos a Roma"

Astérix estaba sorprendido, realmente no esperaba que el romano aceptara, pero ya que lo había hecho, no estaba dispuesto a desaprovechar la ocasión. Mirando a Ideáfix, el cual también le devolvió la mirada, respondió con voz firme:

"Lo prometo"

No mucho tiempo después, romano, galo y perro estaban en el carro lleno de provisiones saliendo de Lemonum. Aun les quedaba bastante para llegar a su destino, y el tiempo era oro. Siguieron adelante camino a Burdigala, pues esa era la siguiente parada que tenía prevista el senador romano. No se detuvo por nada hasta que llegaron a la ciudad. Allí junto con Astérix comieron de lo que había adquirido y tan pronto como le fue posible reemprendió la marcha. Quería llegar lo antes posible a Hispania. Siguiendo el curso del río llegó hasta Tolosa, la última ciudad importante de la Galia antes de llegar a la frontera con Hispania.

El senador romano no lo admitiría, pero gracias a la presencia del pequeño animal blanco, su viaje había sido más llevadero, pues su prisionero había tenido algo con lo que distraerse y no le había apenas molestado.

A Astérix por su parte no era que le gustara viajar con ese romano, pero Tutatis sabía que si se separaba de él ahora, no sería capaz de volver a su casa, en cambio, por algún motivo desconocido para él, tenía la impresión de que si llegaba a Roma, allí habría alguien que le ayudaría, alguien que le llevaría de nuevo a casa. ¿Quién? No estaba seguro, sólo tenía una especie de sentimiento de que así sería

Para cuando el grupo viajero llegó a Tolosa, ya casi había anochecido, así que el romano procuró buscar un lugar en el que pasar la noche, su última noche en la Galia. Cuando encontró un lugar, narró la misma historia que había contado al druida de Lemonum, naturalmente había advertido a Astérix que se mantuviera callado. Lo último que quería era que el niño dijera la verdad y algún entrometido tratara de separarle de su regalo para el César.

Se instalaron en una habitación, Ideáfix durmiendo a los pies del pequeño galo y no tardaron en quedarse los todos dormidos. Al día siguiente, según los cálculos del senador, a estas horas iban a estar ya navegando rumbo hacia Roma.


Hola a todos, siento mucho, mucho, mucho, no haber actualizado en tantísimo tiempo, pero no miento cuando digo que una circunstancia llevó a la otra y esta a la otra y… bueno en fin que me ha sido difícil. Hemos pasado malos momentos los cuales parece que poco a poco van mejorando.

La verdad, este capítulo quería colgarlo ayer, fiesta de la Inmaculada, pero no pude tenerlo a tiempo. en fin, como se dice, más vale tarde que nunca, espero que hayáis disfrutado del capítulo. Si es así, no olvidéis dejar un comentario, estos siempre son bienvenidos, lo mismo que las sugerencias en cuanto a hechos futuros.

Por último me gustaría agradecer a los que se han tomado un tiempo para leer mi historia, a los que la siguen y/o la tienen entre sus favoritos y especialmente me gustaría agradecer a: la23trenzas y a un invitado cuyo nombre no conozco, muchísimas gracias por el apoyo y espero que sigáis todos así.

Hasta la próxima