Todos los personajes de Ranma ½ pertenecen a Rumiko Takahashi
Marido & Mujer
por
Freya & Sakura
Hola a todos, aquí estamos después de mucho más tiempo del que teníamos proyectado para comenzar con la publicación del epílogo. Lamentablemente ambas estuvimos con muy poco tiempo para escribir por estudios y problemas graves; de todos modos pensamos que fue preferible retrasar un poco las cosas para no comenzar a publicar y luego tener que dejar la historia paralizada por falta de tiempo.
Como prometimos el epílogo en algún minuto tendrá escenas lemon, pero para eso tendrán que esperar un poco así que controlen sus ansias xp
Esperamos que el epílogo también cautive su atención como la historia que le dio origen y contar con su compañía como lectores hasta el final :)
Sin más que decir los dejo con la historia.
Epílogo.
Capítulo 1: "Pequeños malentendidos"
Ella observó su reflejo en el espejo una vez más intentando esbozar una sonrisa, aunque lo único que deseaba en ese momento era asesinar al idiota que acaba de volver de dos semanas de entrenamiento en las montañas. Comprendía que él hiciera largos viajes para entrenar, pero apenas lo había visto tres días desde que se hicieron novios hacia un mes y medio atrás.
Sus padres le habían propuesto llevarlo a entrenar y Ranma obviamente aceptó, él siempre estaba dispuesto a aprender nuevas técnicas."Serán sólo unos días" le había dicho la primera vez que partió, pero luego de aquel viaje habían emprendido dos más.
—Baka insensible... ¿cómo no se da cuenta que apenas nos hemos visto en todo este tiempo? —farfulló avanzando hacia la puerta de su habitación—. Y yo que pensé que tendríamos un noviazgo normal... Ranma no baka —espetó saliendo del lugar para luego avanzar hacia la escalera y comenzar a bajarla.
Hasta el último de los nervios de su cuerpo se tensó cuando escuchó una aguda risa y unas palabras con claro acento chino provenientes desde la sala:
—Shampoo estar muy feliz de ver de nuevo a Ranma... ¿Tú estar seguro que seguir pensando en casarte con Akane? —preguntó la amazona sentada al lado del asustado muchacho de ojos azules.
—¿De qué está hablando esta mujer, Ranma-sama? El embrujo de Akane Tendo no durará por siempre...¡Jo, jo, jo! —rió escandalosamente Kodachi sentada a la izquierda de Ranma.
Ranma rodó los ojos limitándose a mirar la pequeña mesa. Hacía más de media hora que estaba tratando de convencer al par de muchachas que en menos de mes y medio se casaría con Akane. Pero ellas no iban a entenderlo jamás.
—¿Quieren un poco de té? También puedo servirles pastel de chocolate que acabo de decorar —sonrió cálidamente Kasumi.
—Debe alegrarte mucho tener un recibimiento tan cálido cada vez que vuelves —pronunció Nabiki indicando con una media sonrisa a las dos muchachas que estaban a escasos centímetros de Ranma—. Akane estará feliz de verlas —comentó provocando que el chico palideciera levemente.
—Shampoo no tener la culpa si Akane no estar aquí para recibir a su novio. Si Ranma desearlo poder ser segundo esposo —propuso Shampoo dedicándole una coqueta mirada. Luego de su fallido plan con las pociones de amor no le había quedado otra salida que casarse legalmente con el hombre que había 'tomado' por esposo. Y aunque no le desagradaba tanto tenerlo como esclavo día y noche, tampoco le incomodaba seguir molestando de vez en cuando a Ranma y Akane.
—¡Oye! ¡Deja en paz a mi Ranma-sama, bruja! —exclamó Kodachi jalando por el brazo al muchacho para acercarlo a ella.
—Ustedes no deberían estar aquí para recibirlo... ¿Qué no tienen nada mejor que hacer? —masculló Akane entrando a la sala—. Hola, Ranma —añadió dirigiendo una ceñuda mirada hacia el muchacho.
Intentando liberarse en vano de la loca muchacha apodada la rosa negra, el joven de la trenza tragó nervioso por la mirada amenazante de su futura esposa. —Akane… hola —murmuró sintiendo un pánico considerable.
La muchacha volteó el rostro ignorando a su novio. —¿Piensan quedarse todo el día o qué? —refunfuñó usando todo su autocontrol para no separar a golpes al par de mujeres de Ranma—. Deberías estar con tu esposo, Shampoo.
—Shampoo hacer lo que ella quiere y realmente disfrutar traer comida para ex airen... a Ranma gustarle mi comida —sonrió mirando con especial deleite como el rostro de Akane se convertía en el ejemplo viviente de la ira.
—Yo vine a rescatar de tu sórdido yugo a mi amado —espetó Kodachi poniéndose de pie, mirando amenazante a la chica de cabellos azules—. ¡Maldita bruja, cómo osaste alejarlo de mis brazos! ¡Acabaré contigo ahora mismo! —rió agitando con fuerza su cinta, dejando la sala llena de pétalos de rosas negras.
El resto de la familia se limitó a observar divertida la escena mientras probaban el delicioso pastel de Kasumi y tomaban su té verde. Lo único malo serían las consecuencias. Quizás otro viaje de entrenamiento sería lo mejor.
—¡Momento! ¿Cuántas veces les mencioné que en mes y medio me casaré con Akane? —espetó impulsivamente el muchacho de la trenza poniéndose de pie. No permitiría que el par de locas lastimaran a Akane.
—¿Acabar conmigo? ¡Cuándo quieras! ¡Ven y te demostraré que puedo vencerte! —exclamó Akane poniéndose en guardia mandando al demonio su autocontrol.
—¡Te salvaré, Ranma-sama! ¡Jo, jo, jo! —rió Kodachi, escrutando con la mirada a Akane, preparándose para atacar en cualquier momento.
Shampoo observó con diversión a las dos mujeres. —Shampoo tener claro que tú tener mal gusto y querer casarte con Akane, pero yo no soy celosa —comentó guiñándole un ojo al chico de la coleta.
—¡Kuso, dejen de decir tonterías! —Se interpuso Ranma colocándose frente a su esposa—. Es mejor que se vayan a sus casas —sugirió mirando a las jovencitas que prefirieron ignorarlo.
El joven cegatón llegó en aquel preciso momento. —¡Degenerado! ¡Deja de perseguir a mi esposa! —exclamó Mousse lanzando algunas de sus armas al muchacho de la trenza. Luego de unos segundos se dirigió a la joven amazona—. Ya terminé con los pedidos, Shampoo… podemos ir a casa… tú sabes —murmuró algo sonrojado.
—Shampoo no querer ir aún, tú volver a Neko hanten a limpiar pisos y atender clientes —espetó la amazona mirando de soslayo a su esposo.
—Oye... ¿qué te pasa? ¿no me crees capaz de derrotarla? —protestó Akane colocándose frente a su prometido, dedicándole una fulminante mirada.
—Deja de pelear por tonterías, es mejor que nos vayamos de aquí —espetó tomándola del brazo firmemente.
—¿¡Tonterías!? —chilló zafándose del agarre de su prometido—. Para mí no es una tontería tener que soportarlas aquí cada vez que vuelves de tus entrenamientos ¿o es que eso te agrada? —masculló por lo bajo para ser escuchada sólo por el muchacho.
—¡Tú sabes que eres la única, diablos! —exclamó el muchacho de la trenza dejando de lado el simulacro. En menos de dos segundos la tomó por las piernas para llevarla en sus brazos rápidamente, aumentando la velocidad desapareció por el jardín para escapar por algún lugar de Tokyo o quizás más allá.
Con el ceño fruncido Soun observó la escena y como los muchachos eran seguidos por las antiguas prometidas de Ranma. —Saotome-kun, creo que nuestro plan no está dando resultado —comentó por lo bajo al otro hombre que observa en la misma dirección—. Tal vez el próximo entrenamiento debería durar hasta un día antes de la boda...
—Es una excelente idea Tendo-kun… será así —afirmó seriamente el hombre del turbante mirando un punto indefinido en el horizonte.
Minutos más tarde, en las afueras de Tokyo…
—No es necesario que te enojes tanto —farfulló Ranma aturdido por los gritos de su prometida y los intentos de golpearlo para poder zafarse. Se había detenido en un parque alejado de la ciudad—. ¡Era mi deber de futuro esposo! —afirmó dejando que se pusiera de pie.
—¡Sé defenderme sola! ¡Baka! —protestó propinándole un fuerte puñetazo en el rostro—. ¿Por qué demonios no me dejas arreglar las cosas con ellas de una vez por todas? ¡Apenas nos vemos un día cada dos semanas desde que empezaste con tu entrenamiento y esas mujeres siempre tienen que estar molestando! —exclamó presionando los puños—. Supongo que eso tampoco te importa... ¡idiota insensible!
—¿Idiota insensible? ¿¡Y ahora qué hice!? —preguntó el muchacho de la trenza algo consternado mirando atentamente a la muchacha. No tenía en claro por qué razón estaba tan furiosa.
—¡Baka! ¡No nos vemos en semanas y cuando vuelves tengo que soportar a ese par de locas! ¿¡Te parece poco!? Estoy acostumbrada a tus entrenamientos...pe... pero...casi no nos vemos y yo... pensé que tendríamos un noviazgo normal y yo... ¡Baka insensible! —protestó volteando para luego comenzar a alejarse rápidamente del lugar.
Ranma se detuvo algunos segundos a meditar. "Chikuso… ¿acaso fui tan ciego? Ella… ella estaba enfadada porque sentía mi falta…" Pensó detenidamente en algunos segundos, no tardó en percatar que la muchacha se había alejado considerablemente por lo que se apresuró para alcanzarla.
En menos de diez segundos había llegado a su lado. —¡Matte, Akane! Yo… yo no había pensado en eso… —murmuró algo avergonzado sintiendo sus mejillas arder—, es decir… ¡no! Yo sentí también tu falta…—susurró mirando hacia un lado.
La muchacha lo observó de reojo por algunos segundos. —Supongo que ahora no puedo llamarte insensible, pero sigues siendo idiota —espetó orgullosa, ignorando completamente la perpleja expresión de su prometido—. De todos modos nunca dije que te extrañara o algo parecido... —farfulló acelerando el paso—, sólo que nos veíamos más antes de ser novios.
—¿No me extrañabas? ¡¿Chikuso, y entonces por qué rayos te enojas tanto?! —preguntó intentando alcanzar su velocidad. Realmente le había molestado aquel comentario de la jovencita.
Ella se detuvo repentinamente para luego voltear y encararlo. —¡Se supone que tenemos un compromiso! Me gustaría ver a mi novio más de un día cada dos semanas, y no tener que discutir con él cada vez que nos volvemos a ver —protestó dedicándole una ceñuda mirada.
—Yo no tuve la culpa… tú te enojas por boberías —replicó malhumorado—. ¡Yo no tengo la culpa que vivan persiguiéndome! Tú sabes lo que pienso —afirmó mirando hacia un lado.
—¡No son boberías! —refunfuño cruzándose de brazos—. Shimatta, no tiene nada de malo querer tener una relación normal, con citas y... todas esas cosas... aunque tu novio sea un insensible al que poco le importa...
Una media sonrisa se dibujó en el rostro del joven. Ahora lo comprendía, ella realmente lo extrañaba pero no quería admitirlo. —Yo también habría querido quedarme a tu lado —murmuró acercándose a la chica.
—¿Por qué no lo hiciste? —protestó alzando levemente el rostro para mirarlo a los ojos—. Sé que siempre estás entrenando... pero antes no viajabas tan seguido —farfulló volteando el rostro.
—Es asunto de nuestros padres, tú sabes —afirmó tocando uno de los hombros de la chica mirándola intensamente—, ellos programaron mi entrenamiento ¿qué podría hacer?
—Tal vez no viajar tan seguido —murmuró suavemente bajando la mirada—, yo...tal vez si te extrañe un poco...
—Yo… quizás podrías haber ido con nosotros —murmuró por lo bajo—, pero… ¡mejor no! —afirmó tajantemente mirando hacia un punto indefinido—, podrías distraerme en el entrenamiento… por eso no te lo propuse —agregó algo sonrojado.
La sonrisa que se formó en sus labios al escuchar las primeras palabras y pensar que le pediría que los acompañara se desvaneció por completo cuando el muchacho terminó de hablar. —¿Distraerte? —preguntó frunciendo considerablemente el entrecejo—. También soy una artista marcial... ¿por qué demonios te distraería?
El muchacho miró de reojo a la joven, incrédulo por su pregunta. Segundos después dejó escapar una carcajada. —¿No sabes el motivo? —preguntó mirándola divertido.
Al verlo carcajearse se preguntó por qué demonios extrañaba a un idiota insensible que además se reía de ella. —¿Qué te causa tanta gracia? —espetó orgullosa, volteando el rostro para no tener que contemplarlo—. El motivo es obvio... no me consideras buena compañía para tus entrenamientos, idiota... —refunfuñó antes de avanzar rápidamente, lo único que deseaba en ese momento era alejarse de él.
Ranma la siguió rápidamente hasta llegar a su lado. —¿Y por qué crees que me distraes? —preguntó mirándola descaradamente de arriba abajo para luego tomarla repentinamente de la cintura.
—¡Oye! ¿¡Qué demonios crees que haces!? ¡Suéltame! —protestó apoyando bruscamente sus manos sobre el torso de su prometido, intentando inútilmente apartarse de él—. Supongo que te distraigo por tu estúpida idea de protegerme siempre... sé cuidarme sola, no necesito que seas mi niñera, baka —espetó clavando una desafiante mirada en el rostro del chico.
—No es por ese motivo —respondió riendo aun más escandaloso—, ¿no te lo imaginas? —preguntó sin dejar de lado su actitud jocosa.
—¡No me interesa! —exclamó intentando empujar al muchacho, pero lo único que consiguió fue que éste asegurara su agarre—. ¡Kuso! ¡Suéltame de una vez o no volveré a besarte! —agregó frustrada por las risas de su novio.
—¿Y si yo te beso? —sonrió seductoramente acercando sus labios a los de su futura esposa—. Boba… no quiero que vayas a mis entrenamientos porque perdería la concentración con… contigo, tú sabes —murmuró algo sonrojado.
El rojo de la camisa de su novio era débil comparado con el intenso color carmín que cubrió rápidamente sus mejillas. —¿Con... conmigo? —murmuró comprendiendo finalmente a que tipo de distracción se refería el muchacho—. Yo... pe... pero no estaríamos así de cerca en tus entrenamientos... yo... intentaría no distraerte...
El joven se alejó un par de centímetros mirando hacia un lado algo avergonzado. —No… no es necesario que estemos así de cerca para… para que yo me distraiga —dejó escapar en un murmullo casi taciturno.
—¿No? —preguntó tomándolo por la barbilla para obligarlo a fijar la mirada nuevamente en su rostro—. ¿Cómo te distraigo, Ranma? —añadió dedicándole una dulce sonrisa.
—Yo… tú… tú lo sabes, cuando tú… cuando tú sonríes yo me distraigo —tartamudeó totalmente rojo—, por… por ese motivo preferí que no fueras al entrenamiento…
—Si me llevas prometo no distraerte... —susurró rodeando con sus brazos el cuello del muchacho—, no... no me gusta que nos veamos tan poco... ¿me llevarás la próxima vez, no? —preguntó acercando un poco más sus rostros.
Ranma tragó nervioso, en cualquier momento sufriría un colapso. —Yo… yo… no puedo, no podría lograr dominar todas las técnicas —suspiró intentando no prestar atención a las insinuantes miradas de la chica.
La muchacha frunció levemente el ceño durante algunos segundos para luego dedicarle una traviesa sonrisa. —¿No dices que Ranma Saotome siempre logra dominar cualquier técnica? —preguntó acercando un poco más su rostro al del muchacho, dejando que sus labios se rozaran lentamente durante algunos segundos—. El desafío sería esta vez un poco mayor... ¿no puedes con él? —añadió en un suave susurro.
—¡Claro que podría! Pero… pero es mejor que esperes luego del entrenamiento, tienes los preparativos del casamiento… ¿na? —intentó formular una excusa mientras miraba deseoso los labios de la jovencita—, yo también te extrañaba mucho —suspiró acercándose un par de centímetros a ella.
—En realidad ya tengo todo listo... tía Nodoka y Kasumi son de gran ayuda... no tienes excusa... si quisiera ir realmente no podrías impedírmelo —comentó alejando levemente sus rostros—. Además podría cocinar para ustedes...
Un sudor frío recorrió la espina del joven de la trenza. —¡No! No puede ser así… nosotros… nosotros… —murmuró intentando pensar alguna excusa en tiempo record para evitar que la muchacha dudara.
La chica frunció el ceño. —¿Ustedes qué? —preguntó apartándose de Ranma—. ¿Te vas a quejar de mi comida? —añadió dedicándole una mirada amenazante que seguramente le dejaría muy claro que si su respuesta era afirmativa las cosas se pondrían muy feas.
Con la sonrisa más cínica se acercó nuevamente a ella para tomarla de los hombros. —Akane… creo que te olvidaste de algo muy importante —murmuró con una media sonrisa—, aún no me has dado la bienvenida oficial… ni siquiera recibí un beso de mi futura esposa —susurró seductor.
—No cambies de tema —farfulló mirando hacia un costado—, estoy segura que querías quejarte de mi comida... mal agradecido —insistió ignorando totalmente la seductora postura de su prometido—. Te di la bienvenida... no creo que pensaras que iba a besarte frente a todos... además estaba molesta contigo... sigo estándolo...
—Oe… tú, tú sabes que… que eres la única —murmuró tomando su rostro para acercarlo al suyo—, no quería quejarme de tu comida… yo, lo que sucede es que nuestro entrenamiento es sacrificado, nosotros mismos debemos hacer nuestra comida —agregó con el mayor descaro del mundo.
—¿Estás seguro que no ibas a burlarte de mi comida? —preguntó en un suave murmullo, seducida por su cálido aliento y la cercanía de sus cuerpos—. Yo... —suspiró apoyando despacio sus manos sobre el torso del muchacho—, bienvenido a casa, Ranma... realmente te extrañé —pronunció dulcemente mirándolo a los ojos.
Un ligero sonrojo en las mejillas se hizo perceptible en el rostro del joven. —Yo también… extrañaba tus… tus besos —afirmó con un hilo de voz casi rozando los labios de la chica.
Los labios de la muchacha se curvaron en una tímida sonrisa. —¿Sólo mis besos? —preguntó deslizando lentamente sus manos sobre el pecho de Ranma, deleitándose con su excelente condición producto de años de entrenamiento—. Espero que me demuestres tu talento innato para besar...
—No tienes que pedirlo —afirmó mirándola intensamente para acabar en menos de dos segundos con la distancia entre sus bocas. Sus labios húmedos se movieron sobre los de ella mientras colocaba una de sus manos en la nuca de la chica para acercarla más a él. Lentamente se deleitó con aquella deliciosa caricia que tanto había anhelado luego de dos semanas de entrenamiento.
Despacio subió uno de sus brazos hasta rodear el cuello del muchacho; su boca moviéndose con anhelo sobre la suya, saboreando sus labios como si quisiera recuperar en aquél instante todo el tiempo perdido, fue un excelente incentivo para que ella decidiera olvidar por completo su enojo y corresponderle de la misma forma. Con delicadeza mordisqueó su labio inferior, continuando luego con leves y tentadoras caricias que esperaba le dejaran claro lo mucho que había deseado que llegara nuevamente el momento de volver a probar el dulce sabor de sus labios.
Las manos del muchacho recorrieron lentamente su espalda, acercándola más a su torso prolongando aquella caricia algunos segundos más. Sin esperar un segundo, ante la aprobación de la muchacha al rozar levemente sus labios con su lengua, profundizó el beso, hambriento de tornarlo más apasionado y ardiente. El calor que lo invadía parecía que iba a quemarlo por dentro.
Un intenso y agradable escalofrío recorrió su espina cuando él invadió su boca ávidamente, recorriendo cada rincón, tentándola con lentos y seductores roces que la llevaron a seguir cada movimiento del ardiente jugueteo con igual pasión y desespero.
Poco a poco el calor fue disminuyendo hasta que sus labios apenas rozaban lánguidamente. —Kuso… creo que está haciendo mucho calor —murmuró por lo bajo algo apenado—. ¿Extrañabas mis besos, na? —preguntó con una media sonrisa.
—Sí... hace bastante calor... —musito mientras sus labios se curvaban una tonta sonrisa—. Por tu reacción diría que tú extrañabas mucho más mis besos... ya... ya sabes a qué me refiero —murmuró ruborizada.
—Mucho… me gustaría quedarme aquí al menos una semana… —suspiró colocando un pequeño beso en sus labios una vez más—, ¿tú no?
Ella asintió dedicándole una dulce sonrisa mientras rodeaba con sus dos brazos su cuello. —Y a mí me gustaría que te quedaras... ¿volverán a viajar? —preguntó mirándolo inquisidoramente, planeando mentalmente el mejor modo para convencerlo de llevarla con ellos.
Ranma se separó levemente de la chica mirando hacia un lado fingiendo demencia. —Si es así te llamaría todos los días, lo prometo —afirmó mirando hacia el infinito.
—Antes no lo hiciste... sabes que es imposible encontrar un teléfono en el bosque o en las montañas —espetó cruzándose de brazos—. Deja de ser terco y llévame contigo —ordenó con la voz llena de decisión—, digas lo que digas iré con ustedes.
—Koishii… tú sabes que me distraes —susurró levemente sonrojado intentando formular alguna excusa o sería hombre muerto—, sabes que causas ese efecto en mí… —susurró seductor acercándose nuevamente a ella.
—Antes que confesáramos lo que sentíamos el uno por el otro, te acompañé a algunos entrenamientos y siempre pudiste dominar las nuevas técnicas —argumentó ignorando la cercanía del muchacho.
—Hai, pero… ahora, ahora nosotros estamos juntos y… yo pude saber que te gustaba —murmuró por lo bajo intentando argumentar con lo que se le venía a la cabeza—, ahora es diferente… me distraigo más fácil —afirmó convencido.
La muchacha bufó frustrada, al parecer dijera lo que dijera sería imposible convencerlo que ella no sería una distracción. —Espero que tu entrenamiento termine pronto y que estés aquí el día de nuestra boda —farfulló frunciendo levemente el entrecejo.
—Estaré y dispuesto para no dejarte sola ni un solo día —aseveró con la expresión más sincera del mundo. No estaba dispuesto a seguir los entrenamientos locos de su padre o del padre de su esposa sólo para darles el gusto. —No te dejaré por nada en este mundo —murmuró acariciando su cabello.
El rubor volvió a teñir con más intensidad sus mejillas. —¿Eso significa que cuando nos casemos me llevarás a tus entrenamientos? ¿Ya no seré una distracción, anata? —preguntó esbozando una traviesa sonrisa.
Ranma tragó nervioso. —Seguirás distrayéndome pero… serías mi esposa, ima… imagínate, sería una prioridad… no podría dejarte sola —murmuró intentando pensar alguna excusa para cambiar de tema—. ¿Te parece si caminamos hacia otro lugar para estar a solas? No volvamos a casa aún —afirmó con una sonrisa traviesa.
—Eres muy malo con las excusas, pero es lindo saber que no piensas dejarme sola cuando sea tu esposa —comentó divertida acercándose un poco más a él para luego tomarlo de la mano—. Estamos solos... —sonrió observando hacia el vacío parque en el que se encontraban—, ¿quieres ir a un lugar más privado? Si me propones algo así voy a pensar que comiste algún panecillo especial de Shampoo... —añadió sacándole la lengua traviesamente.
—¡O… oe! —murmuró algo sonrojado recordando perfectamente aquella noche. Jamás podría olvidarla—. Solo quería aprovechar nuestro tiempo a solas… —pronunció con un hilo de voz casi ronca por las múltiples imágenes que desfilaban en su mente por causa de aquel recuerdo.
—Es que tu propuesta de ir a un lugar más privado me hizo recordar cuando insistías en llevarme a nuestra habitación... ¿recuerdas? —preguntó divertida al notar como las mejillas del muchacho enrojecían aún más.
Frunciendo ligeramente el ceño, el muchacho de la trenza miró hacia un lado. —No… no sé porque insistes en eso, ¡ahora no estoy bajo el poder de ninguno de esos malditos panecillos! —afirmó totalmente rojo de vergüenza.
Sonriendo traviesamente se desplazó hasta quedar nuevamente dentro de su campo visual. —Pero quieres llevarme a un lugar más privado, ¿no? —comentó con un cantarino tono de voz—. ¿Qué significa eso, anata?
—¡Nada! Sólo quería… yo quería… ¡conversar! —afirmó intentando parecer convincente—, nunca podemos hacerlo a solas con nuestra familia alrededor —farfulló algo irritado recordando los múltiples flashes.
La muchacha rió abiertamente. —Sé que sólo quieres conversar y estar lejos de nuestra familia... estaba bromeando —comentó entre risas.
—¿Te gustó, no? —preguntó por lo bajo tímidamente sintiendo un calor abrasarlo lentamente—, lo que sucedió aquella noche…
—Yo... ¡no sé de qué hablas! ¿Por qué tendría que gustarme el haber sido acosada en el Neko hanten delante de Ryoga-kun y Ukyo? —preguntó segura que toda la sangre de su cuerpo, o gran parte de ésta, se acumulaba en sus mejillas ya que ardían con vehemencia.
—Porque creí que habías gustado de aquella noche… no parecías molesta —comentó sonriente perdiendo por completo la vergüenza.
—Estaba muy molesta contigo por meterte en problemas, baka —respondió avanzando lentamente por el parque. Al notar que no la seguía, volteó para observar al divertido muchacho—. ¿Te vas a quedar ahí? ¿No querías que fuéramos a otro lugar?
Ranma la quedó mirando con una media sonrisa sin creer ninguna de sus palabras. Rápidamente la alcanzó en unos pocos segundos. —¿Adónde te gustaría ir? —preguntó mirándola intensamente—, de todas formas estoy seguro que aquella noche para ti fue inolvidable —canturreó con una sonrisa abierta.
Akane le sonrió dulcemente. —Nunca la olvidaré —susurró acercándose a su prometido provocando que la engreída sonrisa de éste se esfumara rápidamente dando paso a tímida y embobada expresión—. Me acosaste como el mejor discípulo del maestro Happosai —agregó pellizcando una de las mejillas del distraído muchacho.
—¡Oe! Yo no soy discípulo de aquel viejo degenerado —refunfuñó por la afirmación de la muchacha—, yo… yo solo fui víctima de aquella poción, tú sabes —susurró bastante avergonzado—. ¿Te parece tomar un helado? —murmuró por lo bajo para intentar cambiar de tema.
—Me encantaría —respondió sonriente antes de acercarse al muchacho y depositar un corto beso en sus labios.
El rubor se expandió rápidamente sobre sus mejillas al notar la distraída expresión de su novio, parecía que lo había enviado a otro mundo sólo con un beso. Lentamente se separó de él para luego voltear y avanzar algunos pasos en dirección a la heladería. —Nunca voy a olvidar esa noche... yo... realmente me gustó —murmuró volteando el rostro para dedicarle una tímida mirada.
El muchacho de la trenza, totalmente estático, la siguió con la mirada sintiendo que sus mejillas se encendían con vehemencia ante su última afirmación. De a poco intentó seguirla con pasos lentos, totalmente embobado, sin poder creer aún que la muchacha había pronunciado aquellas palabras. De alguna forma la secuestraría durante toda la tarde y parte de la noche, estaba seguro que sus padres inventarían otro entrenamiento antes del casamiento.
Ella miró de soslayo al muchacho; la tenue luz de luna iluminaba su rostro destacando cada una de sus masculinas y atractivas facciones. Inevitablemente se sonrojó, aquél era una espectáculo al que ninguna mujer podría salir inmune.
"Si él notara la forma en que lo estoy mirando no habría modo de bajarle el ego... kuso... deja de ser tan obvia Akane" Se regañó a sí misma dejando escapar un leve bufido de frustración luego que una sonrisa de su novio, que logró aumentar el rubor en sus mejillas, le hiciera comprender que tratar de no ser débil frente a sus encantos era una misión imposible.
A pesar de la discusión que tuvieron cuando él llegó, todo el resto del día había sido realmente maravilloso. Luego de la heladería, y antes que ella pudiera dar un paso en dirección al Dojo, Ranma la había tomado en sus brazos para llevarla en dirección contraria. Había sido un verdadero secuestro, pero no podía quejarse ya que él se encargó de hacerle olvidar cualquier queja que tuviera con apasionados besos y caricias.
No podía quejarse, pero de algún modo que él se arreglara para tener una cita con ella y que se lo pidiera formalmente, si es que podía llamarse petición a una serie de balbuceos que finalmente acabaron en "eres mi prometida, tienes que venir conmigo", le hacían pensar que estaba preparándola para darle una noticia.
—¿Por qué me pediste una cita? —preguntó logrando que el muchacho se detuviera repentinamente bastante nervioso.
Ranma miró hacia el lado contrario temiendo la reacción de su futura esposa al saber la noticia. Lamentablemente, como había sospechado, tendría un nuevo entrenamiento. Durante el poco tiempo que estuvieron en el Dojo su padre se había encargado de comunicárselo. —Etto… es que… yo… te extrañaba mucho —afirmó algo ruborizado intentando hacer uso de su arma más próxima: la seducción.
—Me... me lo demostraste muchas veces esta tarde —musitó sintiendo un escalofrío recorrer su espina al recordar los apasionados besos—. Es decir... no me molesta que me invites a una cita... es sólo... bueno es raro que luego de estar juntos toda la tarde quisieras salir de nuevo... es como si tuvieras que volver a viajar...
—¿Por… por qué lo dices? —preguntó algo nervioso por la sospecha de la joven—, no, no pienses en eso… vamos a disfrutar nuestra cena y el tiempo a solas, ¿na? —propuso tomando con delicadeza el brazo de la muchacha.
—Hai —afirmó no muy convencida, pero prefiriendo disfrutar el tiempo a solas con su prometido—. ¿Adónde me llevas? —preguntó sonriéndole dulcemente.
Ranma sonrió abiertamente. —Es una sorpresa, luego sabrás —guiñó un ojo complacido de haber logrado su objetivo.
Ella asintió con el rostro completamente ruborizado. En ése momento se arrepintió de haber pensando muchas veces que Ranma no era capaz de ser romántico, ahora él le estaba demostrando lo contrario.
Ukyo dio vuelta tres okonomiyakis una vez más. Luego de entregar varios pedidos estaba agotada por el arduo día de trabajo. Una pequeña sonrisa se formó en su rostro, lo mejor de todo sería tomar una ducha y visitar a Ryoga en su nuevo aposento.
—Ryoga… ¿será que se perdió por el local otra vez? —pensó en voz alta comenzando a recordar.
Flash Back
La jovencita de cabellos castaños miró de reojo a su interlocutor mientras probaba uno de sus okonomiyakis en el almuerzo. —Ryoga… ¿qué dices de vivir aquí? —preguntó frontalmente dejando de lado toda su timidez.
El muchacho se atragantó comenzando a toser escandalosamente. —¿Qué... qué dices? —preguntó entre balbuceos una vez que consiguió controlar la tos—. ¿A... aquí... co... contigo?
—Hai… ahora que somos novios, pensé que… que sería bueno estar juntos —afirmó con un leve sonrojo en sus mejillas. Rápidamente se puso de pie para colocarse a un lado de su novio—. ¿Tú qué dices? ¿te gustaría? —preguntó con una leve sonrisa.
—Yo... —balbuceó completamente sonrojado mirándola como si no pudiera creer sus palabras—, lle... llevamos un mes y tú... tú... qui... quieres...
Impulsivamente la castaña tomó su mayor espátula para propinarle un golpe al muchacho en la cabeza. —¡Ryog… Ryoga! ¿en qué estás pensando? —preguntó algo escandalizada totalmente roja de la vergüenza.
—¡Itte! —Se quejó llevando su mano hacia la cabeza para frotarse el lugar afectado por el golpe—. Yo... ¿tú no estabas pensando en eso? —preguntó sonriendo tontamente, algo abochornado por el rumbo que habían tomado sus pensamientos.
—¡No… sí… digo, no! —afirmó la jovencita moviendo enérgicamente los brazos para negar enfáticamente—. Sólo te estaba invitando para que vivieras aquí —murmuró con un hilo de voz.
El muchacho se puso de pie para tomarla rápidamente de las manos. —Si tú quieres que esté contigo... yo... yo... ¡puedo acampar en tu jardín! —espetó mirando expectante a la chica.
Ukyo asintió enérgicamente lanzándose a los brazos del muchacho. Estaba segura que viviendo en casa no se ausentaría tanto por sus eternos viajes. Y en algún momento se daría el lujo de visitarlo en el jardín.
Fin del Flash Back
La joven de ojos azules sonrió levemente sonrojada dejando de lado sus quemados okonomiyakis. En ese instante tomó la escoba para comenzar a barrer el local totalmente distraída.
Nunca más volvería a arrepentirse por decir que Ranma no era romántico, porque definitivamente en el muy insensible no había un ápice de romanticismo. Rápidamente se alejó del muchacho para dedicarle una ceñuda mirada.
—¿Se puede saber por qué demonios nos estamos dirigiendo al Ucchan's? —preguntó con el cuerpo completamente tenso indicando hacia el local que se encontraba a algunos metros de distancia.
—¿No te gusta la idea? Podemos cenar allá… y seguramente encontraremos a Ryoga para conversar —propuso el joven de la trenza sin entender el motivo del enojo de la muchacha.
—Pensé que estaríamos a solas —farfulló cruzándose de brazos—. Dijiste que tendríamos una cena romántica... no veo lo romántico en verte discutir sobre quién es el mejor con Ryoga-kun.
—Pero… pero… ¡eso es indiscutible! Incluso voy a ser diez veces más fuerte que él cuando termine mi entrenamiento de mañana —sonrió infantilmente para luego taparse la boca nervioso por la confesión que había hecho.
—¿Mañana? —preguntó arrastrando las palabras—. ¡¿Y cuándo demonios pensabas decírmelo?! —exclamó dejando escapar la ira que le provoca pensar que tal vez el muchacho pretendía irse sin avisarle—. ¿Este es el mejor modo que encontraste para despedirte? ¡Baka! —exclamó girando sobre sus talones para luego avanzar rápidamente en dirección al Dojo.
Sin pensar un segundo más, Ranma siguió a la muchacha hasta alcanzarla. —¡Diablos! Yo… yo pensaba decírtelo en la cena, es el último entrenamiento —afirmó algo nervioso tocando uno de los hombros de la chica para que volteara.
—¡¿Y por qué debería creerte que será el último?! —espetó volteando para dedicarle una fiera mirada—. Baka, ¿pensaste que con Ukyo y Ryoga-kun acompañándonos no me molestaría contigo? —refunfuñó con crecientes deseos de darle una buena paliza.
—¡Yo… yo no me di cuenta, lo juro! —afirmó alterado por la reacción de la chica—. ¿Qué… qué puedo hacer para que me disculpes? —preguntó algo nervioso intentando calmar a su novia.
—Por mí puedes hacer lo que tú quieras —farfulló volteando para darle la espalda—, yo me voy a casa —agregó avanzando nuevamente en dirección al Dojo.
Ágilmente Ranma saltó para quedar frente a la joven y evitar que siguiera avanzando. —Quiero que disfrutemos esta cena… voy a extrañarte en mi entrenamiento —afirmó con toda la sinceridad del mundo clavándole la mirada.
—No creas que vas a convencerme —espetó volteando el rostro para mirar en otra dirección—, si quieres cenar puedes ir tú sólo... no te faltará compañía Ukyo y Ryoga-kun seguro estarán ahí... podrán hablar de tus nuevas técnicas.
—Prometo que luego de la cena podremos conversar a solas… además, ya estamos aquí —suplicó el muchacho de la trenza—, y… no pretendo hablar de esos asuntos en nuestra cena —afirmó convincente.
—¿Por qué no me dijiste antes que te irías? —preguntó volviendo a mirar al muchacho—. Tuviste toda la tarde para hacerlo... ya sabes estuvimos mucho tiempo ju... juntos —balbuceó con las mejillas algo sonrojadas al recordar lo sucedido.
—Porque… porque lo que menos pensaba en ese momento fue en ese estúpido entrenamiento, además… no estaba seguro si realmente habría, nuestros padres me avisaron cuando fuimos al Dojo —murmuró con un hilo de voz levemente sonrojado al observar a su prometida y rememorar lo sucedido algunas horas atrás.
—¿Tú... no lo sabías? —preguntó tímidamente acercándose algunos pasos a Ranma. Podía culparlo por ser un idiota poco romántico, pero no por ocultarle las cosas—. ¿Es verdad? ¿me extrañarás? —preguntó fijando su mirada en el rostro del muchacho.
Ranma tomó delicadamente de la mano a la chica. —Claro que sí y mucho —murmuró colocando un pequeño beso en ella—. ¿Ya no estás más enfadada?
El rostro de la muchacha enrojeció considerablemente gracias al gesto de su prometido. —Yo... tal vez ya no lo estoy... es decir, sigo un poco molesta porque pensé que cenaríamos solos, pero puedes solucionar eso... —comentó sintiendo que el ardor en sus mejillas se hacía más intenso con cada palabra pronunciada—. Si tú quieres... podrías venir esta noche a nues... es decir... a mí habitación pa... para hablar... so... sólo eso... —finalizó en un murmullo apenas perceptible.
—¿E… en serio? —preguntó embobado el muchacho ante la petición de la jovencita de cabellos cortos—. Yo… sí, claro… me encantaría co… conversar contigo —sonrió tontamente tomándola de ambas manos.
—Ha... hai... hablo en serio, me gustaría estar contigo... es decir co... conversar antes que viajes, Ranma —murmuró entrelazando sus manos con las de su prometido.
El muchacho asintió sonriendo abiertamente. Rápidamente la tomó del brazo. —¿Nos vamos? —preguntó afable. Al recibir una respuesta positiva rápidamente se encaminó hacia el local junto con su futura esposa.
Ukyo colocó los okonomiyakis recién preparados para la joven pareja en dos tablas medianas. Lo mejor sería buscar a Ryoga, el pedido que le había encargado para una casa a dos calles estaba demorando demasiado. —Aquí tienen, uno de verdura y otro de camarones —sonrió.
—Gracias, Ukyo —comentó con una sonrisa Akane luego de probar su okonomiyaki—. Es raro no ver a Ryoga-kun contigo —pronunció consiguiendo que las mejillas de la muchacha de cabellos castaños se encendieran levemente—, ¿se fue de viaje de entrenamiento?
—No, fue a llevar un pedido hace más de tres horas a un Dojo que queda a dos calles —suspiró resignada—, por eso prefiero acompañarlo a los entrenamientos —murmuró risueña.
—¡Je! Ese Ryoga no tiene arreglo —opinó el muchacho de la trenza luego de terminar casi la mitad de su okonomiyaki.
—Pobre Ryoga-kun, pero no te preocupes seguro encuentra el camino de regreso pronto —comentó animando a la otra muchacha—. Él siempre aparece en el momento menos esperado —afirmó recordando las ocasiones en que el muchacho de la bandana aparecía como por arte de magia.
—Sí, es verdad —asintió la muchacha de las espátulas dirigiéndose a la barra para preparar más okonomiyakis—. ¿Otro de camarones, ne? —preguntó al joven de la trenza.
—Sí, tengo bastante apetito —comentó sonriente Ranma.
—Ryoga tiene un pésimo sentido de la orientación, siempre es bueno acompañarlo en sus entrenamientos… aprovecho para llevar mi negocio a distintas ciudades —comentó Ukyo mientras cocinaba.
Al prestar más atención a las palabras de Ukyo, la sonrisa de Akane se desvaneció en el acto. —¿A Ryoga-kun no le molesta que lo acompañes a sus entrenamientos? —preguntó dedicando una gélida mirada a su novio.
—Pa… para nada, creo que le agrada mucho —murmuró con un leve sonrojo en sus mejillas. Sin pensarlo apretó demasiado el okonomiyaki con la espátula dejándolo quemarse.
Ranma tragó duro por la mirada de su futura esposa. —¡O… oe! ¡creo que algo se está quemando! —exclamó intentando cambiar de tema.
—¡Es verdad! Lo siento —murmuró la chica dejando de lado la masa para colocar otro poco de la mezcla en la plancha.
—¿No se distrae con tu presencia? —preguntó presionando con fuerza el par de palillos que sostenía en su mano—. Seguro existen algunos idiotas prefieren estar lejos de su novia sólo porque no son capaces de no distraerse... ¿no crees que un verdadero artista marcial debería ser capaz de concentrarse sin importar lo que pase a su alrededor, Ukyo? —preguntó con la vista fija en un nervioso Ranma.
—¡¿Y quién dijo que Ryoga no se distrae?! Estoy seguro que no logra acertar ninguno de los golpes a un enorme blanco con Ucchan a su lado, más siendo tan distraído e idiota —farfulló Ranma justificándose.
—¡¿A quién llamas distraído, idiota?! —exclamó Ryoga desde la entrada para luego lanzar en menos de un segundo su sombrilla, acertando un golpe en la cabeza del muchacho de la trenza—. ¡Ja! Seguro ahora estabas muy concentrado... —espetó avanzando hacia la barra—. Me alegra verte por aquí Akane-san —saludó ignorando la iracunda mirada de Ranma—. Creo que me tarde un poco en volver del pedido, Ukyo... pero logré llegar —finalizó dirigiéndose ahora a la muchacha de ojos azules, dedicándole una radiante sonrisa.
—Pensé que tardarías más, que bueno que llegaste —murmuró Ukyo tímidamente con una radiante sonrisa.
—¡Baka! —gruñó Ranma mientras frotaba una de sus manos en la zona afectada—, milagro que no estés en Yokohama —comentó irónicamente.
—Cierra la boca —refunfuñó Ryoga presionado los puños—. Nunca he llegado tan lejos desde que estoy con Ukyo... —murmuró mientras un leve rubor cubría sus mejillas.
Antes que Ranma pudiese responder e iniciar una discusión, Akane habló: —¿Ryoga-kun, no te distrae llevar a Ukyo a tus entrenamientos?
—Etto... no... es decir un verdadero artista marcial debe olvidar todo lo demás y concentrarse sólo en las nuevas técnicas —espetó con seriedad.
Ukyo lo miró de reojo incrédula. Recordaba a la perfección que en cada entrenamiento que fueron juntos se había golpeado innumerables veces por tonterías.
—Baka… nadie cree eso —farfulló Ranma por el cinismo del muchacho del colmillo.
—¿Y tú qué sabes? —inquirió Ryoga arqueando levemente una de sus cejas—. No estuviste ahí, no puedes saberlo.
—¡Claro que estuve! Cuando Ucchan estaba preparando nuestros okonomiyakis en el entrenamiento del mes pasado —afirmó Ranma sin pensar. Segundos después sintió un sudor frío recorrer su espina.
"Baka... ¡Entonces todo lo que dijo fue una excusa para que nos los acompañara!" Pensó presionando con fuerza sus puños. —¿¡Dónde dejas eso del entrenamiento sacrificado!? ¡Dijiste que cocinaban ustedes mismos! ¡Baka! ¿¡Todo fue una excusa para no llevarme contigo, ne!? —protestó tomando por la camisa al muchacho—. Admite que todo lo que dijiste fue una excusa para no llevarme... si Ryoga-kun consigue entrenar con Ukyo cerca... ¡por qué demonios tú no puedes!
—¡Chiku… chikuso! Ryoga no puede entrenar junto con Ucchan, ella lo acompaña para que él no se pierda —argumentó Ranma intentando zafarse del agarre de su furiosa prometida.
—¡Óyeme! —gruñó Ryoga tronando sus nudillos—. Deja de involucrarme para salvar tu pellejo; sabes muy bien que puedo entrenar aunque Ukyo esté cerca... ta... tal vez me distraigo un poco... ¡pero lo consigo!
—Eso no quita que me mintieras con el asunto de la comida —refunfuñó Akane soltando al muchacho—. ¡Baka! —exclamó dándole un fuerte codazo en el estomago.
—¡Shim… shimmatta! —pronunció con un hilo de voz Ranma al perder todo el aire con el fuerte golpe que la chica le había propinado—. ¡Maldito Ryoga, eres un mentiroso! —Se quejó lanzándole una mirada asesina.
—¡Ryoga! La última vez tú… tú casi te caes de un árbol y te rompes la cabeza por verme mientras cocinaba. —afirmó frunciendo levemente el ceño.
—Al menos no le miento a mi novia inventando que estoy en un entrenamiento sacrificado y que debo cocinar yo mismo —farfulló Ryoga mirando amenazante a Ranma—. Yo... yo no estaba entrenando en ese momento, Ukyo —añadió levemente sonrojado, recordando lo bonita que se veía su novia ese día.
—Deja de llamar mentiroso a Ryoga-kun —regañó Akane dedicando una resentida mirada al muchacho de ojos azules—. ¿Planearon irse a entrenar juntos o qué?
—Nos encontramos de casualidad —afirmó Ranma—. Estábamos cerca de un centro turístico, Ucchan iba con Ryoga para allá… —agregó con toda la seguridad del mundo.
—Es cierto, solo nos quedamos un par de días con ellos para cocinarles algo, estaban muertos de hambre —sonrió divertida la jovencita de ojos azules.
—¡Ja! ¿Unos días? —habló Ryoga sin darse cuenta de la expresión de Ranma y Ukyo que parecían exigirle con la mirada que cerrara la boca o tendría problemas—. ¿Ya olvidaste que volvimos juntos a Nerima?
—Veo que se divirtieron en su último entrenamiento —pronunció Akane esbozando una falsa sonrisa—. Seguro aprendiste muy rápido nuevas técnicas y sin molestas distracciones, ¿ne? —preguntó observando a Ranma con el aura encendida.
—No es nada lo que piensas, estás equivocada —Se justificó Ranma frunciendo el ceño. Luego de esto mataría a Ryoga lentamente.
—¡Baka! ¿qué pretendes hacer con eso Ryoga? Ran-chan se distrae realmente cuando estas junto a él, como Ryoga se distrae conmigo —terció Ukyo.
Un fuerte escalofrío, seguido del presentimiento que las cosas con Ukyo no irían por buen camino si seguía por ese camino, lo hicieron pensar que tal vez debía ayudar un poco a Ranma. —Además hay que admitir que este idiota parecía perro sin dueño —espetó palmeando con brusquedad la espalda del chico—. Debiste verlo, cuando no entrenaba parecía alma en pena —comentó mientras recibía una mirada asesina por parte de éste.
—Eso nada tiene que ver con nuestro problema —espetó fríamente Akane mirando de soslayo a su prometido.
—¿Entonces no lo crees? —preguntó Ranma comenzándose a irritar un poco por la falta de confianza de la muchacha. Rápidamente dio un codazo al joven de la pañoleta en venganza por lo dicho.
—Ryoga dijo la verdad, Akane-chan., Ran-chan está loco por ti —afirmó Ukyo—, nada podemos hacer si a todo el mundo le gusta mi comida —agregó sonriendo abiertamente.
—No te preocupes Akane, en nuestro casamiento me encargaré de la comida o le compraremos a Ucchan —comentó inocentemente Ranma.
La muchacha se puso rápidamente de pie, una vena palpitaba incesantemente en su frente. —Tú te encargarás o le compraremos a Ucchan... —murmuró arrastrando las palabras—. Me voy a casa... Ukyo, Ryoga-kun, nos vemos pronto —habló dedicándoles una pequeña sonrisa para luego avanzar un par de pasos hacia la salida, pocos segundos después se detuvo—. Por cierto... olvidé algo —comentó acercándose nuevamente hacia su prometido— ¡Ranma no baka! —exclamó dándole un fuerte puñetazo en el rostro que logró tirarlo de la silla—. Estúpido, idiota, insensible... ¡nunca más vuelvo a cocinar para ti! —refunfuñó avanzando velozmente hacia la salida del local.
El muchacho de la trenza, aún shockeado por el fuerte impacto del golpe, se levantó milagrosamente para seguir a su prometida sin entender por qué se había enfadado tanto. Sólo intentaba ser amable y librarla de una tarea imposible para ella. "Mujeres…" pensó refunfuñando mientras la perseguía.
—¡No, no y no! ¡Ya te lo dije antes, no tengo nada que hablar contigo! —exclamó Akane apoyando su cuerpo contra la puerta de su habitación, intentando impedir de esa forma que su prometido pudiese entrar—. Déjame en paz si no quieres que acabe contigo... ¡Baka!
—¡Chikuso! ¡dijiste que conversaríamos en nuestra… tú habitación! —reclamó Ranma golpeando la puerta nuevamente con renovadas energías.
—¡Eso fue antes de ir al Ucchan's, idiota! No tenías que inventar que yo te distraigo como excusa, debiste decirme que no querías que fuera para evitar mi pésima comida y ya... ¡mal agradecido! —protestó resentida.
—¡No era una excusa, realmente me distraigo cuando estas a mi lado! —afirmó con firmeza intentando abrir la puerta por la fuerza—, la comida nada tiene que ver en el asunto, fue una casualidad —agregó en voz alta—. ¡Ábreme de una vez por todas!
—¡Maldita sea! ¿¡Qué demonios te hace pensar que voy a obedecerte!? ¡Déjame en paz porque no pienso abrir la estúpida puerta! —vociferó con crecientes deseos de abrir sólo para darle una buena patada.
—¡Je! ¿tienes miedo de mí o qué? ¿por qué no quieres abrir la puerta? —La provocó con voz burlona—, sabes que yo tengo la razón, por eso no quieres escucharme —afirmó con voz alta y clara.
Cualquier pensamiento que no fuera darle una merecida paliza fue desterrado de su cabeza. Rápidamente tomó su bokken para luego abrir bruscamente la puerta. —¿¡Por qué debería tenerte miedo, baka!? —preguntó antes de lanzarse enfurecida hacia él, decidida a golpearlo con todas sus fuerzas.
El joven de la trenza aprovechó el movimiento de su futura esposa para tomarla de la cintura y entrar junto con ella a la habitación. De una patada cerró la puerta. Arriesgándose a recibir una serie de golpes de su agresiva novia apretó la muchacha a su torso. —¡Ahora podemos hablar! —espetó satisfecho.
Dedicándole una furiosa mirada se maldijo a sí misma por haber dejado que él la desarmara. —No pienso hablar contigo... suéltame, Ranma —ordenó intentando librarse con nulo éxito del estrecho abrazo.
—Te soltaré sólo si prometes hablar conmigo —afirmó mirándola fijamente.
—Ya te dije que no voy a hacerlo, puedes sujetarme toda la noche porque no tengo nada que hablar contigo —espetó decidida.
—Entonces vamos a estar toda la noche así —afirmó sonriente—, ¿quieres estar más cómoda? Puedo sentarme en la cama si así lo deseas.
—Idiota —masculló asesinándolo con la mirada—. ¡No quiero estar más cómoda y ni siquiera pienses en intentarlo! —protestó enfurecida—. Lo único que quiero es que salgas de mi habitación de una vez por todas.
—Entonces lo haré —La contradijo sonriendo satisfecho luego de sentarse en la amplia cama—. ¿Ahora podemos hablar en paz? —preguntó irreverente.
Sus mejillas enrojecieron considerablemente. Tenía increíbles deseos de asesinarlo, pero sentada sobre sus piernas y prácticamente inmovilizada entre sus brazos no era mucho lo que podía hacer. —No voy a hablar contigo —musitó abochornada por la comprometedora posición—. Si sigues haciendo esto voy a pensar que en lugar de hablar conmigo lo único que pretendes es acosarme, pervertido.
—Si eso es lo que crees podría intentarlo —rió mirándola sugerentemente—, si quieres puedo empezar ahora mismo —agregó acercándose peligrosamente a su rostro.
—No tienes que intentar nada, hace bastante que estás acosándome, idiota —farfulló moviendo su cabeza hacia atrás para alejar sus rostros—. Y si te refieres a ser un pervertido, eso te ha resultado muy fácil desde siempre.
Ranma sonrió abiertamente. Se veía aún más bonita con esa expresión en su rostro. —Entonces si así lo crees voy a intentarlo… —afirmó arrojándola a la cama tímidamente para acercarse a ella—, ahora verás qué tan pervertido puedo ser —afirmó intentando parecer seguro.
Ella lo miró perpleja por algunos segundos. —¿¡Qué demonios haces, baka!? —exclamó intentando reprimir la agradable sensación que recorría su cuerpo desde que él se había deslizado lentamente sobre ella.
—Desempeñándome como el mayor de los pervertidos —sonrió sentándose sobre sus piernas—, ¿no piensas que soy eso?
La muchacha se apoyó sobre sus codos irguiéndose levemente. —¿Se puede saber qué te hace pensar que estoy jugando? Ni siquiera quiero dirigirte la palabra... es más no seguiré haciéndolo... —añadió volteando el rostro.
—No sé porque te enfadas, te repetí varias veces que ese encuentro fue casual y que realmente no necesitábamos de una mujer en el entrenamiento —afirmó testarudo.
"¡Una mujer! ¿El muy idiota está insinuando que por ser mujer sólo sería un estorbo?" Pensó mirando con el entrecejo fruncido al muchacho, preguntándose por qué tenía que ser tan obstinado.
—¿No lo crees? Podemos arreglarnos con algunas latas de ramen —sonrió orgulloso—, aunque admito que los okonomiyakis de Ucchan son más deliciosos —afirmó sin pensarlo.
Enfurecida tomó al muchacho por la camisa para luego de un fuerte empujón apartarlo de ella y tirarlo de la cama. —¡No sabes cuánto me alegra eso! ¡Baka! —exclamó avanzando con rapidez hacia la puerta. Bruscamente la abrió—. ¡Fuera de mi habitación! —ordenó.
Ranma suspiró resignado. —Mañana nos iremos temprano… ¿no te vas a despedir de tu prometido? —preguntó inocentemente.
"Entonces estaré lista mañana temprano... voy a demostrarle que puede entrenar perfectamente a pesar de mi presencia, que una mujer no es un estorbo en los entrenamientos y que mi comida ya no es tan mala" Pensó decidida aunque no estuviera tan segura del último punto.
—Entonces que te vaya bien en tu entrenamiento, y no esperes otro tipo de despedida de mi parte —comentó frunciendo el ceño.
El muchacho se puso de pie en menos de dos segundos. —Eso es lo que piensas —sonrió tomándola de la cintura desprevenidamente—, tengo derechos con mi futura esposa… —murmuró mirándola fijamente.
—Eso no es cierto —espetó apoyando sus manos sobre el torso de Ranma, intentando alejarlo de ella—. Y si hablamos de derechos, acompañarte debería ser uno de mis derechos como futura esposa —afirmó retándolo con la mirada a contradecirla.
—Creo que lo mejor es que vaya a dormir… mañana será un día duro —murmuró intentando desviar el tema—. ¿No voy a recibir un solo beso de mi futura esposa?
—Si sigues insistiendo lo único que conseguirás de mí será un buen puñetazo —espetó amenazante.
Ranma tomó rápidamente del brazo de la chica para evitar que lo golpeara y acercó sus labios a su frente para darle un ligero beso. —¡Buenas noches! —espetó ligeramente para luego huir hacia su habitación.
—¡Ranma no baka! —exclamó cerrando con fuerza la puerta de su habitación. Ya se encargaría de hacer pagar durante todos los días que durara el entrenamiento; ella lo acompañaría y no existía forma alguna en que pudieran convencerla de lo contrario.
Continuará
Notas de las autoras:
Me imagino que en este minuto quieren matar a Ranma o a Genma y Soun por sus ideas xp, en cierta forma comprendo a los padres. Conociendo la facilidad que tienen para discutir Ranma y Akane, es normal que les aterre que puedan mandarse al demonio y acabar con todo luego de todos los 'esfuerzos' que tuvieron que hacer para que sus hijos admitieran que querían estar juntos xp. Por otro lado temo por lo que pasará Ranma frente a la determinación de su futura esposa ;) ya verán...
Como siempre seguiremos con nuestras actualizaciones cada quince días, así que nos vemos el 27 de Julio.
Esperamos sus comentarios :)
Besos,
Freya
Palabras en japonés:
Baka: Idiota
Matte: espera
Chikuso: Mierda
Shimatta: Maldición, maldita sea.
Kuso: Mierda
Na: Pregunta que siempre tendrá una respuesta afirmativa (¿No? ¿Cierto?) Los chicos usan la partícula 'na' y las chicas el 'ne'
Oe: Hey, Oye
Koishii: Mi amor, amada.
Hai: Sí
Anata: Tú, pero también es la forma en que las mujeres se refieren a sus parejas "mi amor", "cariño"
Etto: Interjección de duda "Uhm" "Eh"
Itte: Ouch.
