Nota de autora: Lo siento, lo siento por demorarme tanto, la verdad es que he estado repleta de cosas que hacer en la Universidad, periodo de exámenes y prácticas. No había tenido tiempo ni para respirar, en tres semanas más, termino mi cuarto año de carrera, así es que tendré mucho tiempo para ponerme al día con todas mis historia.

Una vez dada las disculpas me queda agradecerles, porque en verdad me han hecho muy felices todos y cada uno de los comentarios, no he tenido tiempo para responderlos pero son fantásticos, gratificantes y motivadores.

Jamás dejaría esta historia donde está, la amo, me encanta! Así que no se preocupen, es sólo problema de tiempo.

Ahora solo queda la petición, por favor, no dejen de escribir que pareja les gusta más, aún no logró decidirlo y no muchos comentarios me han especificado su pareja favorita.

Eso, un besote inmenso, cuídense y gracias.

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Soledad Repleta

Capitulo 21

-Dime Eriol, crees realmente que estás son horas de llegar

Lo miró desde donde estaba, la voz de su padre resonaba en su cabeza como las bombas, estruendosas y dolorosas. Aún sentía el peso de Kakurosu sosteniéndole, su cabeza estaba medio aturdida por los golpes pero al menos sentía que esa mierda que se quemaba en su pecho se había ido.

-Se suponía que tenías un viaje de negocios –le dijo reprobatorio, nuevamente. Casi creía que ese era el único tono con que su padre podía hablarle.

-Y eso te da la libertad para andar en las calles y pelear como un malnacido, tienes gente que hace eso por ti Eriol, un Hiragizawa jamás se ensucia las manos

-No entiendes nada. –Sintió e pequeño agarre de Kakurosu aumentar la presión. Seguramente quería que se callará, pero no quería callarse, no ese día, así su padre le golpeara, quería que toda esa mierda saliera de sus labios, incluso si le golpeaba… tal vez era lo que realmente quería.

-Llévatelo a su recamara, está diciendo estupideces. Mañana no te salvaras de esta Eriol. –Le escuchó gritar con tono imperativo a Kakurosu y entonces recordó que su padre era un monstruo demasiado cruel como para hacer pasar por esto también a su chofer.

-Como diga… padre. –Escupió la última palabra como si quisiera vomitarla. Un padre que golpea a su hijo no merece llamarse padre. Eso había dicho Kinomoto y jamás, aún con todas las estupideces que ella hiciera iba a olvidarlo de su cabeza. De todas formas y pese a eso seguía sintiéndose molesto… endemoniadamente molesto.

Kakurosu lo sostuvo durante todo el tiempo que le costó subir las escaleras.

-No sé que habrá pasado señorito, pero me alegra de que este bien –Le dijo cuando habían llegado al último de los peldaños. Lo tiro sobre la cama, su espalda sintió el contacto del mullido colchón como si su suavidad fuesen espinas.

-Ella estaba con Li –le dijo a Kakurosu, como si eso justificará su estado.

Su chofer lo miró atentó pero no dijo nada.

-Fui hasta la fiesta, después de las cuatro… pensé… pensé que ella podría estar todavía allí, pensé que al menos podía verla, de un momento a otro me encontraba en los patios de Inokuma. –Maldito el día en que sus deseos lo habían llevado hasta ahí, casi inconscientemente.

-Ella estaba hablando con Li… y él la beso… -Dijo mientras recordaba. Gracias a Kami su labio superior le dolía condenadamente y podía sentirse un poco menos perturbado.

-Señorito. Usted…. Que fue lo que exactamente hizo -preguntó Kakurosu un poco temeroso.

-Salí de ahí como un cobarde… Kakurosu –le contestó mientras se volteaba lentamente. –Pensaba volver a casa, pero estaba molesto, realmente… molesto. Me encontré en un barrió que jamás había visto, intentaron robarme lo que traía puesto, el celular y todo lo demás. –Los labios de Eriol se movieron lo justo y necesario para sonreír maliciosamente -Fue la escusa perfecta –dijo mientras le mostraba todos sus dientes ensangrentados.

-No debe… haber sido la mejor forma. ¿Hablará con ella…?

-No tengo nada que decirle… ni siquiera puedo estar cerca de ella… yo solo puedo mirarla desde aquí y esperar que nada le pase. Estoy cansado Kakurosu, ya no quiero jugar más este juego…

-Tranquilo Señorito… solo por hoy, descanse.

Lo recostó en la cama. Temía por él, temía por como lo había visto el amo Renji, pero sobre todo, temía que volviera a actuar como un demente por lo que había visto. Le sacó los zapatos y lo arropó. Su labio estaba roto…

¿Tanto poder tenía la pequeña señorita sobre él? Era primera vez que ese chico se había enamorado y estaba hecho un lio. Puso su mano bajo el cobertor, tenía los nudillos ensangrentados, no sabía exactamente si era sangre de él o de alguien más pero no se atrevió a corroborarlo.

Sería difícil para él, una persona a la que nunca habían amado… y que no sabía cómo amar querer a la señorita Sakura como lo estaba haciendo en esos momentos.

Le quito las gafas un poco rotas del rostro, y con un movimiento secó, acarició sus cabellos.

Era realmente desafortunado que su amo Renji hubiese cancelado el viaje.

Apagó la luz y cerró la puerta con cuidado. En la bajada de la escalera lo esperaba Renji, con rostro poco amigable, nada muy diferente a lo habitual, no recordaba una sola vez en la que los ojos de ese hombre lo hubiesen mirado como si fuera una persona, sin embargo, hoy más que nunca, parecía molesto, realmente molesto.

-Como demonios –Comenzó diciéndole - dime Kakurosu –Nunca le había escuchado decir su nombre con tanta propiedad -como demonios ese niño impertinente puede llegar en un estado tan deplorable como ese, sobre todo cuando el día de mañana hay una junta de accionistas.

-Yo… solo fui a recogerlo señor. -Se apresuró a decir. Sabía para donde estaba yendo todo eso.

-Pero… -Le dijo su señor con tono malicioso –Los escuche hablando en el dormitorio.

Apretó sus manos desde donde estaba. Mataría a Eriol si sabía que estaba en esas condiciones por una mujer, y más si esa mujer no poseía el estatus suficiente.

-Esa mocosa… Kakurosu, sabes donde vive ¿Verdad?

Se volteó con rapidez, debía mentir, tenía que ser hábil porque si algo le pasaba a la señorita… si algo le pasaba a la señorita ahora… perderían a Eriol pasa siempre.

-No señor, el señorito jamás me ha pedido llevarlo hasta su casa. Sólo sé que estudian en la misma escuela. –Dijo como queriendo confirmar su lealtad, una lealtad de hipócrita y falsa.

-Está bien. Vete de aquí, por hoy es suficiente.

Y sin más se marcho, temía por Eriol, pero ahora también temía por la señorita.

-.-.-.-.-.-.-.

Había pasado un día desde la fiesta, la mañana en que despertó aún con el maquillaje en el rostro decidió que no sería capaz de ver ni hablar con nadie, su corazón se había vuelto loco toda la noche Suspiró. Si algo había aprendido ese año era que los sueños algunas veces, se venían abajo como montañas rusas.

Se levantó de la cama, no era mentira si decía que aún sentía sus labios calientes, la respiración de él… su aroma… tan masculino de alguna manera…

Ah!… no sabía lo que estaba pasando exactamente, después de la fiesta, se encerró en su cuarto y se escondió entre las sabanas pensando. Shaoran la había besado, aun sentía ese revoltijo en su estomago, sin embargo… también recordaba los ojos de Tetsuya y la profunda voz de Eriol cuando la sostuvo entre sus brazos mientras colapsaba en el salón. Cuando eso ocurrió entendió que era cierto, quería a Shaoran inevitablemente pero… también parecía querer a Inokuma, y sentirse irremediablemente atraída por Hiragizawa no mejoraba el panorama.

Agg –se quejo sobre sus cuadernos, pensar en eso no ayudaba a concentrarse para terminar ese bendito trabajo.

-¡Sakura! Te buscan

-Enseguida bajo –Le respondió extrañada ¿Desde cuándo la llamaba Sakura?

Se acomodó la ropa y caminó hasta las escaleras.

Bajó los peldaños necesarios para ver al hombre que se encontraba junto a su hermano. Por un momento, se sintió aterrada de la figura que se desplegaba delante de ella, de sus facciones, las recordaba demasiado bien. Respiró hondo y antes de que su estomago se estrujará recordó la mano de ese hombre impactando en el rostro de Eriol, la determinación de él y se sintió más fuerte para avanzar un paso más, con el rostro sereno y la frente en alto.

-Señor Hiragizawa –Dijo mientras bajaba la escalera. Con pasos firmes y seguros, lo necesarios para parecer una dama, una sonrisa agradable en el rostro y ese aire de sofisticación que se acababa había aprendido a imitar de Tomoyo –Es mi profesor de física, hermano –le dijo mirándolo -me gustaría que me dejaras hablar a solas con él. Ha venido por un proyecto que acaba de comenzar y en el que quiere que participe. Pero… -esta vez miró a Renji –No pensé que vendría tan pronto, parece muy ansioso de comenzar, profesor.

Renji la miró con una sonrisa fría y Toya receloso la dejo con él en el recibidor de la casa.

-Eres hábil –Dijo mientras se sentaba en uno de los sillones del comedor sin ser invitado.

-Y usted un cretino, pero no ha venido para que hablemos de nuestras cualidades ¿No es verdad?

Renji rió por lo bajo. Recordó como osaba insultarla en su ausencia y también el temor que sentía Eriol hacía él.

-Está bien, me imagino que entenderás por qué estoy aquí

-Algo, pero… no demasiado, la verdad apenas y entiendo de que va todo este entuerto –Le dijo severamente, sin mover ni un centímetro su recta espalda.

-No sabía que me conocías, o lo has deducido de mi enorme parecido con Eriol.

-De haber sabido que tenía interés en hablarme hubiese ido personalmente a su casa, señor Renji –Le dijo cambiando de tema. No quería encontrar la similitud entre Eriol y él –Creí que para usted no era más que… una muerta de hambre ¿O no?

Le dijo ella con suficiencia, haciendo un movimiento felino con las manos.

-Sí, aún lo eres. La verdad es que no sé qué demonios pudo ver Eriol en una chica como tú. Había mujeres mucho mejores, cuerpos mucho mejores, todas habrían caído rendidas ante su apellido.

Contuvo su enfado con todas las fuerzas de su cuerpo, pero era difícil, condenadamente difícil

-Seguramente ya le abriste las piernas, seguramente sabes mucho más de lo que aparentas con esa carita de…

Maldito hijo de puta! Respiro profundamente, no le daría el gusto de verla molesta, estaba segura de que no se lo daría.

-Vera Renji, a su hijo parecen interesarle cosas más complejas que un par de piernas largas. No sé qué opina… quizás a usted le gustan… un poco más fáciles.

Renji se rio.

-Realmente… eres muy ruda. Pero aún así, no puedo dejar que te entrometas en el camino que he hecho para él.

-Eriol puede decidir por sí mismo –le dijo un poco alterada, demonios… se había salido un poco del papel.

-Ya veo. –Murmuró como si hubiese descubierto algo. -Por los reportes creí que solo era Eriol pero tú también te has fijado en él.

Ella abrió los ojos como plato. ¡Qué demonios estaba diciéndole ese tipo!

-Cuánto es lo que quieres eh… Kinomoto Sakura. –Dijo Renji mientras sacaba de su Billetera un cheque en blanco y un lápiz de pluma. –Dime el monto que sea, yo lo cumpliré, solo promete no acercarte a él.

-Yo no estoy cerca de él y no necesito su dinero, tengo lo suficiente en esta casa, una beca en el colegio, por tanto, sería dinero que sobre y la verdad… no tengo tanta vida para desperdiciar mis desafíos comprándolos con dinero. –gracias al cielo había podido responder inmediatamente.

-No sabes… querida, realmente que es lo que estás diciendo, ni con quien te estás metiendo –Ese tono amable pero severo le erizó los bellos de su brazo.

-Y usted parece no entender que no me importa absolutamente nada, todo lo que signifique su persona.

-Sólo necesito que te quites de su cabeza, Eriol… no era tan estúpido

-¿Por qué era como usted? O vamos, deberá saber cuan enfermizamente controlador narcisista y maquiavélico es? Quiere lo mismo para su hijo?

-No permitiré –Le susurró amenazadoramente –Que una muchachita como tú me hable de esa manera

-Es feliz con todo lo que tiene Renji Hiragizawa? –Le dijo como si no hubiese escuchado su amenaza, aún cuando sus manos temblaban cuando sus ojos se encontraban con los oscuros y siniestros de ese hombre.

-No tengo por qué contestarle a una chiquilla como tú.

-Me lo suponía. Deje mi vida… y mi espacio en paz Renji, no quiero sobornos, no necesito el dinero, en realidad… no creo que pueda necesitar algo que quiera darme… es demasiado… oscuro para mí.

-Estoy seguro, que te arrepentirás de esto.

Levantó la frente. No, su madre le había dicho una vez que no debía arrepentirse de nada de lo que hiciera.

Renji la miró un segundó y luego bufo molesto, se levantó tomó sus cosas y se fue de ahí fastidiado, ella no despego su cuerpo del sillón ni un segundo… ese hombre salió de la casa solo, tal como llegó, cuando escuchó la puerta cerrarse se desplomó en el. Se sentía agotada… temerosa.

Maldito hijo de puta. Era la personificación del demonio. Como se atrevía a querer pagarle por dejar de ver a Eriol, ya no lo estaba viendo, por culpa de él… ya no podía pelear con Eriol.

Le mintió a Toya cuando este le pregunto insidioso como es que le había ido, subió a su pieza y decidió quedarse ahí hasta al menos por ese día.

-.-.-.-.-.

-Kakurosu, llévame a casa. –Esa maldita mocosa… como se atrevía hablarle de esa manera.

Ahora… podía entender perfectamente que era lo que veía Eriol en ella, era lista… lista y hábil, y tenía más coraje del que le podría pedir a su hijo jamás, pero… era una mal nacida, no tenía nada que ofrecerle y ya tenía perfectamente vista una candidata para Eriol, una que podía traer más beneficios a la compañía. Si esa pequeña fierecilla se entrometía, arruinaría todos sus planes.

Por lo demás… lo único que hacía esa muchachita con Eriol era desviarlo del camino que el le estaba construyendo, necesitaba que fuese capaz de hacerse cargo de las empresas en un futuro… tal como él lo había hecho.

-Mana –Le dijo a su secretaría mientras levantaba el teléfono –prepara todo, las cosas no salieron como yo quería, aunque la dirección estaba bien. Cancela mi vuelo de hoy, creo que ya sé que hacer con mi asuntó pendiente.

Tendría que jugar sucio con ella.

Kakurosu miró a través del espejo del auto, preocupado. Que había pasado… qué demonios había pasado en la casa de la señorita que el demonio de su jefe llegaba tan ofuscado. No había querido decirle al señorito pero si algo malo le había pasado a la joven Sakura el tendría que saber, no podría dejar que la única cosa que lo mantenía ahí, siendo una persona se deteriorará por culpa del señor Hiragizawa.

.-.-.-.-.

10 pm. Del mismo día.

Tuk… tuk

Levantó la cabeza de sus cuadernos. Qué demonios era ese ruido. Miró hacia su ventana, desde donde escuchaba el sonido y vio una pequeña piedrecilla chocar con ella. Volteó todo su cuerpo curiosa y prestó más atención a ese ruidito molesto.

Tuk

Se levantó de la silla en donde estaba sentada y caminó rápidamente hacia la ventana, cuando la abrió una pequeña piedrecilla le chocó justo en la frente.

-¡Qué demonios! –Mientras llevaba sus dedos hasta su cabeza.

-Oh Vamos Kinomoto, como demonios abres la ventana tan de repente.

Y ahí estaba él, Hiragizawa Eriol tirando piedras en su ventana como si fuera un chiquillo de la calle enamorado. Sintió su pechó expandirse rápidamente, se sentía emocionada, se sentía honestamente emocionada de verlo ahí, pensó que pasaría mucho tiempo antes de poder tener contacto con él.

-Fuiste tú el que me aventó un piedra en la cara, solo recuérdalo –Le reprochó.

-Ya, está bien Kinomoto, sólo… espera que suba necesito hablar contigo urgentemente.

-Hey! Hey! Hey! Detente! –Le dijo en un gritó ahogado -¿No puedes esperar hasta mañana?

-¡Estás loca! Si hubiese podido esperar no habría venido hasta aquí a esta hora –Sintió deseos de reír por la obviedad con que Hiragizawa decía esas palabras. Pero con Eriol nunca debería ser tan blanda.

-¡Por qué no entras por la puerta idiota!

-Porque son más de las 10 de noche y me correrán de tu casa, no creo que sea tan difícil...

Y en efecto pese a que observó con alarma como trepaba por su ventana, en menos de cinco minutos estuvo dentro de su habitación.

Tenía un pantalón de mezclilla unos zapatos perfectos y un pollerón pijo que seguramente costaba más que toda la ropa que se esparcía en el piso de su habitación.

-Me imagine que tu habitación podía ser así

Ella comenzó a amontonar su ropa y papeles rápidamente con las mejillas rojas.

-Estaba ordenando justo ahora Hiragizawa. –Mintió mientras en sus mejillas se esparcía un tenue rosado.

-Y bien –Dijo cuando hubo despejado el lugar. –A que debo tu visita.

-Kakurosu me dijo que mi padre venía a tu casa ¿Estás bien?

Así que el también sabía.

-No tienes por qué preocuparte, estoy bien…

Ella no lo había podido mirar directamente ni ahora, ni cuando entró por la ventana, no sabía realmente en qué estado la había dejado la visita de Renji pero recordaba perfectamente sus palabras.

-Sólo por eso has venido

El hizo una afirmación con el rostro y continuó mientras se sentaba en su silla de escritorio. Supuso que las personas como el no pedía permiso muy a menudo.

-Pensé… pensé que sería más agresivo, no estoy entendiendo muy bien lo que quiere hacer –Se quejó con ella mientras se pasaba los dedos en su cabello. –Pensé que si hacía todo lo que él me dijera… no tendrías que involucrarte con él pero...

-Ya va… -Le dijo en tono de regaño, pero suavemente, y por primera vez le vio el rostro, sus cabellos azulados y rebeldes dibujando el delicado contorno de su cara, sus ojos enigmáticos y frustrados y aquel corte en una de sus cejas… el labio roto…

Se acercó a él inmediatamente y profundizó la mirada, cómo no se había dado cuenta antes.

Tenía parte de la mandíbula amoratada. Cambió el foco de visión hacia sus manos, una de ellas tenía una herida lo suficientemente severa.

-Quien te hizo eso –Le preguntó asustada mientras se acercaba a él preocupada.

Cuando se inclinó hasta su altura, Eriol la miró y por un segundo no pudo despegarse de ahí. Como había dicho alguna vez, Eriol era… como una extraña escultura malévola, hermosa… definitivamente hermosa, pero con un aire duro en los ojos y labios. Con sus dedos, delineo suavemente la herida de su frente (ceja) siendo absolutamente consciente de que su cercanía y contacto visual eran poco oportunos sin embargo era extraño… como las polillas a la luz, no podía dejar de verlo de esa manera, ni salir de ahí, parecía incluso… que su cuerpo quería estar más cerca de él aún cuando sabía, quizás también como las polillas que esa belleza hipnotizadora podría matarla.

El sostuvo su muñeca con un movimiento rudo. Cundo ella había descendido hasta su labio amoratado y roto.

-¿Qué crees que haces Kinomoto?

Por un segundo no fue capaz de hacer nada, la confrontación de Eriol la había dejado petrificada, podía sentir su corazón latiendo fuertemente y verlos los ojos de él… tan oscuros, tan opacos.

-Quería ver tu maldita herida Hiragizawa, qué no vez! –Le reclamó cuando pudo ser un poco más consciente, y había logrado desprenderse de su encanto.

-Pero estabas demasiado cerca -Le reclamó él mientras la jalaba hacia su cuerpo. Hiragizawa no era estúpido.

-Que pretendes Kinomoto

En un accidente volvió a hacer contacto con sus ojos tras las gafas, podía sentir su pecho quemarse por la angustia de esa mirada, una mirada dura pero atenta, llena de algo que no había visto antes. Su muñeca todavía era sujetada por Eriol y su contacto le quemaba la piel… cosquilleaba.

El la quería…

Una verdad garrafal y estruendosa le cayó encima, por eso era imposible para ella mantenerse desligada, no cuando alguien que pensó era un cruel y maquiavélico hombre la quería e intentaba protegerla de manera tan torpe.

-Me haces sentir extraña

Le reclamó, porque seguramente toda esa mierda que se cuajaba en su estomago tenía que ser su culpa, por aquello que había dicho ese día.

Los labios rojos y un tanto hinchados de Eriol se entreabrieron para argumentar, pero no dijeron nada. En vez de eso el agarre de su muñeca fue soltándose lentamente.

-No fue mi padre

Lo miró sin entender, él ya no la miraba.

-Esto de aquí Kinomoto, no fue mi padre, tuve un pequeño problema la noche del viernes… como sea, no te parece sospechoso que mi padre haya venido y no te haya hecho nada.

Ella se sentó junto a él.

-No, la verdad no entiendo que es exactamente lo que hace tu padre Hiragizawa.

-No precisamente tener una charla con el enemigo

-Es un cretino, pero me pareció que era manejable.

Una risa escalofriante cubrió su habitación por un momento y entonces los ojos enigmáticos del único hijo de Renji la volvieron a mirar y la desarmaron un segundo más. Estaba segura que tanta belleza debía ser pecado sobre todo en alguien tan extraño como Eriol.

-Escúchame bien Kinomoto… él es mucho más de lo que viste hoy, no bajes la guardia.

-Lo sé –Le contesto, recordando aquel día en que el imbécil de Renji había golpeado el rostro de Eriol pero un poco perdida entre sus ojos vacios. -Eriol… ¿cómo has estado? –de donde había venido eso, se quejó a sí misma.

El no dijo nada y bajo la mirada. Su nuca era graciosa... sus cabellos azulados, algo más cortos y rebeldes de los que había visto la última vez revoloteaban en su cuello. Tubo el impulso de tocarlos.

-No sé por qué... Me preguntas esto

-Tú estás preocupado por como esté yo, por qué te parece extraño que yo me pregunté por ti

El levantó la cabeza

-Es diferente Kinomoto –Sus ojos… algo había en sus ojos estaba segura. Sintió el estomago entumecerse nuevamente.

-Por qué… por qué debería ser diferente Hiragizawa, tu lo dijiste… estamos en el mismo bando ahora

-No entiendes… no me preocupo porque seas mi compañera Kinomoto, no estoy aquí porque seas alguien más que está en contra de mi padre…

Lo sabía, ahora más que nunca lo sabía, pero no quiso decir nada al respecto. Ahora fue ella la que volvió a bajar la cabeza, el suspiró frustrado.

-Pensé que no iba a verte en un largo tiempo -susurró Hiragizawa –pero cuando Kakurosu me dijo que Renji había venido hasta acá me desesperé, Renji es violento y cruel, pensé que había venido a hacerte algo, espero que no se enteré de que estuve acá. –Dicho eso se levantó - será mejor que me vaya.

Sakura lo miró detenidamente, quería replicarle, pero no se sintió capaz. Asintió con la cabeza mientras Eriol avanzaba hasta la ventana.

Cuando la abrió escuchó como este gruñía profundamente.

-Mierda

-Que sucede? –Le preguntó asustada.

-Apaga la luz –Le dijo mientras se posicionaba junto a la ventana.

-¿Qué? Por qué

-Hazme caso Kinomoto

Y la seriedad con que lo dijo fue demasiado abrumadora como para desobedecerle.

-Renji rodeo tu casa

Esperen un segundo, ella… como era posible que… demonios!

-¿Qué? –Le preguntó incrédula

-Seguramente quería ver si yo venía hasta acá, ¡demonios! Hice justamente lo que quería que hiciera

-Te habrá visto entrar –Le dijo asustada por el tono de voz de Hiragizawa

-No… ya nos habríamos dado cuenta

-¿Por qué hace esto? –Le preguntó molesta y un poco desesperada. Que fuera a amenazarla era una cosa, que le ofreciera dinero era incluso esperable… pero que rodera su casa, el lugar donde vivía con su hermano y su padre, rallaba la locura.

El la miró casi triste, sin decir nada por unos segundos.

-Porqué es un imbécil –Le respondió al rato.

-Eriol, no deberías pasar por esto… si tu padre es un imbécil y aún cuando reconozco que has hecho tus propias cabronadas no deberías estar metido acá… yo puedo.

-Detente –Le gritó de forma reprimida para que no sonará demasiado fuerte –Yo… también soy responsable de esto, no puedo… no puedo hacer nada, pensé que él creía que ya se había terminado

Lo miró… observó su desesperación, su culpa, su rabia, su remordimiento… vio todo en unos pocos segundos.

-hey –Le dijo con un tono suave, porque su desesperación le causo ternura –Hey ya va…

Hiragizawa la miró, con unos ojos que jamás habíamos visto… unos ojos de desesperación… él tenía miedo… pero no temía por él, después de todo había convivido toda la vida con ese monstruo. Él temía por ella, por lo que pudiera pasarle a ella.

-No lo entiendes

-No soy idiota Hiragizawa podrías explicarme

El sonrió un poco

-No debería quererte Kinomoto –Le dijo mientras con sus dedos tocaba su rostro, electrificándola… sedándola un poco –no debería querer a nadie… pero se me había olvidado.

Ella no dijo nada… no podía decir nada, por qué sus dedos fríos, su voz pausada y esos ojos infinitos que la miraban de manera tan diferente… la habían desarmado completamente por enésima vez.

Tendría que acostumbrarse al efecto que tenía Hiragizawa en ella o no tardaría en chocar y morir… como las polillas.