Disclaimer: Twiligth no me pertenece, las locas ideas sí.


Capítulo 21

Inevitable

Las líneas del tiempo son invisibles al ojo humano, pero existen esos pequeños momentos que simplemente te golpean en la cara. A esto lo conocemos como lo inevitable, no se espera que lo comprendas. Sólo deja que suceda.


– Ugh, lo digo en serio Bella, no hay nada peor en la vida que ver a tu hermano mayor desnudo.

Alice se ha estado quejando desde la mañana. Edward cree que es muy divertido y cada vez que Alice lo mira sacude rápidamente su cabeza tratando de olvidar las imágenes.

Edward no se lo tomó muy en serio, quiero decir, según él ella no vio nada, pero Alice se siente traumatizada, lo que al final también es muy gracioso para mí, sobre todo porque después del susto Edward se rió en mi oído toda la noche.

– No creo que lo hayas visto por más de un segundo, no es para tanto – digo tomando del pequeño cappuccino que tengo en mi mano.

Alice está a punto de gritarme cuando Edward aparece por la puerta de la cafetería y me sonríe. Ella lo apunta con un dedo.

– Tienes vetada la entrada a nuestro apartamento cada vez que tengas oscuras intenciones con Bella.

Edward le da un pequeño beso en la mejilla y luego se acerca a mí para un dulce y cálido beso… en la mejilla igualmente.

Ruedo los ojos, sonrío y le hago espacio a mi lado.

Es increíble como el chico puede pasar la noche conmigo, atacarme cada vez que tiene la oportunidad y es completamente incapaz de mostrar un poco más de afecto en público. En momentos como estos es cuando creo que Joseph tiene razón.

Edward es un poco lento.

– Alice, deja de hacer tanto drama. Por Dios si no viste nada – dice Edward quitándome mi cappuccino.

– Hey – tomo mi cappuccino de sus manos y lo alejo. Él me rueda los ojos.

– Por favor Edward, no me lo recuerdes. Ya me duele la cabeza – Alice masajea sus sienes.

Ahora él le rueda los ojos.

– ¿Cómo fue el ensayo? – le pregunto después de llamar al camarero por un nuevo cappuccino. El hombre simplemente no puede robar del mío.

– Bien, dentro de poco me uniré a la orquesta de estudio.

Casi escupo mi café.

¿Qué?

Edward fue llamado en la mañana para preparar el concierto de fin de semestre que organizaba el profesor Ridge, pensé que se trataba de un concierto de piano solo, pero ahora veo que he sido engañada. Lo único en lo que puedo pensar es en que él va a pasar tiempo, mucho tiempo extra con Victoria.

Genial.

Edward no ha notado el cambio del ambiente, veo como Alice prácticamente está botando fuego. Me pregunto cómo me veo yo.

– El profesor Ridge no nos dijo nada – dice Alice con el ceño fruncido, sus manos apretando fuertemente el borde la mesa. Por lo menos tengo la seguridad de que la pequeña duende estará allí para cuidarlo de la amenaza roja por mí.

– Fue una sorpresa para mí también.

El silencio cae sobre nosotros haciendo que Edward note mi humor.

– ¿Qué pasa Bella?

Trato de controlarme.

No estoy celosa, no estoy celosa, me repito.

"No te engañes a ti misma"

"Sólo has que no lo note, tonta"

A veces sólo quiero golpear a esas pequeñas e inútiles esperanzas.

– Sólo… estoy un poco cansada. Supongo que no dormí mucho en la noche – digo distraídamente.

Edward me mira fijamente y veo el deseo en sus ojos, recuerdo entonces por qué no pude dormir y me sonrojo.

– Dan asco. Ugh – Alice se levanta de la mesa – Has hecho que les tenga pavor – ella sacude su cabeza y sale casi corriendo de la cafetería.

Sonrío y regreso mi mirada hacia Edward.

– Tú tienes la culpa por eso. Acabas de traumarla.

– No, la culpa la tienes tú por hacer comentarios como esos.

– Sólo no me mires así y las cosas están solucionadas.

– No puedo – se acerca y lentamente acaricia mi cuello con su aliento – simplemente no puedo – deja un pequeño beso en la piel de mi garganta.

Mierda.

– Aquí no, Edward.

Se aleja y me sonríe.

– En la noche.

– Sólo después de que hayas respondido algunas preguntas.

Edward me rueda los ojos y se apoya contra el respaldo de la silla.

– Eres insufrible mujer.

Sonrío y le guiño un ojo.

– Así que… – digo nerviosamente.

Edward eleva una ceja para que continúe.

Dios ¿cómo digo esto?

– ¿Vas a pasar mucho tiempo con la orquesta?

– No lo sé, todo depende de cómo vayan los ensayos.

Mi mente empieza a maquinar un plan para mantenerlo alejado de ella, pero no sé qué hacer. Se supone que no debería estar pensando en esto. Se supone que Edward no debería pensar en otra mujer que no sea yo. Se supone que Edward es mío, pero el hecho es que no lo es y no puedo reclamar nada.

Suspiro con impotencia.

Siento sus dedos levantando mi barbilla haciendo que lo mire a los ojos. Parece preocupado.

– ¿Qué pasa? – me dice con sus ojos clavados en los míos.

Es difícil pensar cuando él me mira así, sobre todo porque sé que cualquier palabra que salga ahora puede ser el fin… o el comienzo.

Mi mente está en blanco, pero las pequeñas esperanzas no. Lo cierto es que una de ellas habló por mí.

– Te quiero lejos de Victoria – mi cerebro hace clic después de que las palabras salen de mi boca.

Los ojos de Edward se amplían con sorpresa.

Mierda, no pensaba ser tan directa.

En realidad no estaba pensando en lo absoluto.

Ahora Edward ya no habla, permanece en silencio mirándome a los ojos hasta que no soporto más y escapo de su mirada.

– Sólo olvida lo que dije ¿de acuerdo? No lo pensé

El silencio vuelve, como una tercera persona entre los dos, lo que significa que uno de los tres debe irse. Decido que debo ser yo.

Me levanto de la mesa avergonzada por mi comportamiento tan evidentemente acosador y obsesivo. Abro la puerta ligeramente decepcionada de que él no me hubiera seguido. A veces es difícil convencerte a ti misma que para la persona que más te importa en el mundo no eres más que una vida más en su camino. Nada relevante. Nada importante.

Y duele como un puñal. Directo al corazón.

Regreso a la academia y me siento en el piano. Presiono las teclas hasta el fondo, con fuerza, con dolor, porque este enorme instrumento es sólo una extensión de mi angustia. Repaso las obras que tengo que presentar tratando de mantenerme en blanco todo el tiempo, sólo tocando sin estar yo realmente presente hasta que veo las hojas sobresaliendo. Es mi canción.

Las pongo sobre el piano y sonrío al ver el montón de tachones que hice tratando de que sea perfecta, porque era para él. No tiene un título y decido que si alguna vez sale de este cubículo nunca llevará uno. Porque en sí ese "nada" antes de las notas es todo. Es todo lo que significa esto. Un nada entre tantas cosas, tantos problemas y tantas barreras que ninguno de los dos es capaz de superar.

Regreso a casa y me cambio para el trabajo, trato de concentrarme y no ser un desastre en el show de hoy. Sé que si llego hoy al bar con mi cara de muerta Peter no estará muy feliz y él ya me ha soportado muchas cosas.

Los chicos me saludan con su jovialidad de siempre, conversando de tonterías mientras esperamos nuestro turno hacia el escenario, cuando llega el momento salimos hacia el entablado, yo con mi vista fija en el piano. Me ubico y espero la señal para comenzar, pero entonces lo siento. La sensación, el vértigo, la emoción y sé que él está aquí.

No quiero levantar la mirada y verlo, todavía siento la vergüenza, pero sobre todo el miedo. De alguna manera presiento que lo que dije va a acabar con nosotros y en ese momento odio a Victoria más que nunca, pero odio más aún el secreto en torno a ella porque eso es lo que tiene atrapado a Edward. Lo que nos tiene atrapados a los dos.

Escucho la señal y empiezo a tocar. Como mi vida es tan irónica resulta ser una canción alegre. Un bossa nova.

Sonrío pensando que tal vez todo no es tan malo, si en medio de mi oscuridad alguien me envió que toque bossa nova es porque todavía hay un propósito.

La noche pasa lento, como si estuviera en un ritardando eterno, consciente a cada infinito segundo que él estaba ahí. Traté de no desconcentrarme, de sólo ser consciente de la música hasta que la última canción fue anunciada.

– Bueno, para finalizar la noche los dejamos con la hermosa voz de nuestra cantante Isabella Swan – dice Peter.

Miro la última canción de esta noche.

Too many tomorrows. (Demasiados mañanas)

Mierda.

Me acerco al micrófono y fijo mi vista en la pared. No quiero ver nada más.

Please don't go, my love, (Por favor no te vayas, mi amor)

I'm frightened of (Tengo miedo de)

Too many tomorrows (Demasiados mañanas)

Around this haunted place. (Alrededor de este lugar encantado)

If I set you free what's left for me, (Si yo te dejo libre qué queda para mí,)

Too many tomorrows (Demasiados mañanas)

I simply cannot face. (Simplemente no puedo hacerle frente.)

La voz se me quiebra ligeramente al final. Mierda y más mierda.

¿Por qué esta canción?

Hay alguien que me odia allá arriba, porque esta canción hablaba básicamente sobre todo, sobre lo que pasaba, sobre lo que éramos los dos. Mis miedos, sus inseguridades y sobre lo mucho que me dolería vivir muchos mañanas… sin él.

Termino con la jodida canción y salgo del escenario ligeramente orgullosa de mí misma por haber evitado mirarlo durante todo el show. Lo que era un gran logro.

Tomo mi abrigo y salgo del camerino cuando me golpeo contra alguien, levanto mi vista y sonrío ligeramente. Él me sonríe de vuelta y me da un pequeño y cálido abrazo.

– Eres una en un millón pequeña – le devuelvo el abrazo lejos toda tensión, porque él es simplemente así. Cálido y lleno de paz para los demás.

– Gracias Joseph

Me suelta y extiende su brazo para que lo tome, como todo un caballero.

Le sonrío y respondo a su gesto, de repente recuerdo que seguramente él está aquí con Edward.

– ¿Te gustó el show? – le pregunto un momento después cuando ya estábamos en la puerta de salida del bar.

– Me encantó, todo esto de la new age y el jazz va muy bien conmigo. No lo he escuchado en mucho tiempo, fue agradable tenerlo de nuevo.

Le sonrío y le doy las gracias nuevamente, cuando estamos fuera del local miro inquieta hacia todos lados esperando que él saliera en cualquier momento.

– Edward no está querida – me dice Joseph con compasión en la voz, lo que sólo hace que haga una mueca. Odio ser tan evidente – se fue después de la última canción. Creo que lo perturbaste un poco.

Regreso mi vista hacia él confundida.

– Creo que él está por fin entendiendo algunas cosas. Cosas que ya debería saber.

Levanto mi ceja pidiendo una explicación mayor. Él niega y me ofrece de nuevo su brazo.

– La noche está helada. No quiero que te enfermes.

Tomamos un taxi a casa. Joseph ha permanecido todo el camino en silencio, lo que es desesperante porque sé que él tiene algunas respuestas que podrían interesarme. Mucho.

Ya estando en la puerta decido hablarle.

– ¿Así que simplemente decidiste venir al bar? ¿Sólo por tu cuenta? ¿Y misteriosamente apareció Edward para traerte?

Dios, soy tan evidente, pero no importa. Sólo quiero que responda.

Joseph se ríe un momento y veo como una enorme sombra cubre sus ojos. Su sonrisa decae completamente.

– Me recuerdas tanto a mi esposa. Ella era igual, tan impulsiva y sincera – él suspira sin prestar atención hacia mí. Cuando me ve sacude su mano quitándole importancia a lo que dijo anteriormente – Edward me pidió que lo acompañara, cuando te vi en el escenario fue una sorpresa.

Levanto mis cejas.

– ¿No sabías a dónde iban?

– No, él simplemente me llevó. Parecía bastante distraído – me mira fijamente – aunque creo que eso ya lo sabes. Estoy seguro que eres la causante de su estado de ánimo.

Me alejo de él y emprendo el viaje hacia dentro de la residencia.

– Lo dices como si fuera algo malo

– Tú no lo viste. En ningún momento mientras cantaste – dice Joseph alcanzándome en el ascensor.

No respondo y mantengo mi mirada fija en el suelo.

– Así que volvieron a pelear – dice con simpleza.

Gruño en mi interior.

– No fue una pelea, pero tal vez pude haberlo enojado un poco.

– ¿Cómo?

– Tal vez pude haberle pedido que se aleje de Victoria – digo en un susurro.

Joseph no dice nada, siento mi calma resquebrajarse hasta que llegamos al piso donde estaba el departamento de Edward. Él sale del ascensor y habla antes de que se cierre.

– No debes mencionarla, ese es su punto de inflexión.

La puerta se cierra.

Genial.

Finjo que no he escuchado nada de lo que dijo.

Llego hasta el departamento y busco a Alice. No está, seguramente se fue a dormir con Jasper. Suspiro y voy a la cocina para prepararme algo de chocolate caliente. Sólo sé que hoy será una larga velada.

Cuando el despertador suena estiro mi mano inconscientemente buscando su calor, me despierto de golpe cuando siento que Edward no está a mi lado.

Ugh, como odio lo fácil que es poder enojarnos, lo fácil que es para él estar separados.

Tomo una ducha, hago mi desayuno y después de convencerme que hoy todo va a salir bien voy hacia la Academia.

Las pequeñas esperanzas me están golpeando por ser tan tonta. Preguntándome por qué lo dejo justo cuando él va a pasar muchas tardes cerca de Victoria, siendo que es en estos momentos donde más cerca debo tenerlo. Después me golpeo yo misma porque ellas tienen razón.

Mierda. ¿Por qué no lo vi antes?

Sacudo la cabeza y me recuerdo que debo creer, que debo tener fe.

Llego temprano a la academia y me encuentro con Alice que acaba de llegar con Jasper. Ella me sonríe y me da un fuerte abrazo.

– ¿Ya puedo volver a dormir en mi apartamento? – me dice juguetonamente.

Suspiro y bajo la cabeza.

– Tenemos que hablar.

Ella me mira preocupada y se desliga de Jasper llevándome con ella hacia los pasillos.

– ¿Qué pasó? – me dice deteniéndome en un apartado.

– Accidentalmente le dije a Edward que lo quería lejos de Victoria.

Alice extendió una enorme sonrisa en su rostro.

– Esa es mi Bella

¿Uh?

– Sí, bueno. Edward y yo no hemos hablado después de eso.

Ella frunce el ceño y veo como hace puños sus pequeñas manos.

– Ese idiota

– Sí, lo sé – suspiro desmotivada.

Vamos si yo pudiera tener un centavo cada vez que alguien dice que Edward es un idiota podría comprarme un piano nuevo.

– Ayer ellos no cruzaron palabra durante todo el ensayo. Y si esa zorra hubiera tratado de acercarse te aseguro que la hubiera golpeado – dice con su pequeña voz amenazante.

– Lo sé – le sonrío – y sabes muy bien que eso es algo que no debes hacer.

Alice sonríe y se encoje de hombros quitándole importancia.

– Pero no es nada peor de lo que le voy a hacer a Edward cuando lo encuentre.

Me río de nuevo.

– Déjalo, lo mejor será que hablemos.

Ella está a punto de rebatirme cuando ve pasar a su profesor en dirección de su primera clase. Se despide con la mano y sale corriendo para llegar a tiempo.

Camino hacia mi clase lamentado no tener hoy armonía. Me hubiera gustado aunque sea verlo un momento.

Esa tarde vuelvo entrar al cubículo enojada con él y conmigo misma por no arreglar esta situación. Vuelvo a aporrear las teclas hasta el fondo, pero esta vez no estoy sola.

– Ese pobre piano no tiene la culpa – casi me caigo del banquillo cuando escucho su voz detrás de mí.

No regreso mi mirada, me siento tan estúpidamente nerviosa.

– ¿Y de quién es la culpa? – digo tensa mirando fijamente las teclas del piano.

– No lo sé. ¿Por qué estás enojada? – siento como se acerca lentamente cuando el calor de su cuerpo es mayor.

– ¿Qué haces? – susurro al ver como se apoya en el piano prácticamente poniéndose frente a mí.

– Sólo quiero verte – cruza sus brazos y lo miro enojada por su actitud de suficiencia, pero recuerdo que debo mantener las cosas en calma.

– Ayer no querías hacerlo.

– Fui a verte

– Te fuiste después de que acabó el show.

Edward se agacha y me mira directamente a los ojos, obligándome a mantener su mirada.

– Tú no querías verme.

Suspiro rendida porque tiene razón.

Le hago espacio en la banca y le indico que se siente a mi lado. Lo hace y me estremezco al sentir la cercanía de su cuerpo, recordando hasta qué punto ha estado cerca. Me sonrojo involuntariamente.

– Siento lo que te dije ayer, sé que sólo somos amigos… yo no debí decirte eso, es sólo que…

No sé cómo continuar.

Edward espera en silencio hasta que habla por fin.

– ¿Qué? – dice bajito.

– No quiero que ella vuelva a hacerte daño.

Permanecemos en silencio hasta que él vuelve a hablar.

– Ven aquí – dice tomándome de la cintura y prácticamente arrastrándome hacia su regazo. Grito por la sorpresa – No tienes por qué pedir disculpas, sólo estaba sorprendido por lo que me pediste.

Asiento con la cabeza y miro como acerca su mano para entrelazar nuestros dedos. Su toque es cálido y me envuelve por completo. Lo miro a los ojos y me decido a hablar.

– ¿Vas a hacerlo?

– ¿Qué cosa? – frunce el ceño.

– Alejarte de ella.

Edward no responde, espero un minuto, dos minutos, tres minutos… él sigue sin responder y duele como nada en el mundo.

Trato de bajarme de su regazo odiando este momento, pero él no me suelta sino es que me aprieta más fuerte. Trato de volver a soltarme, pero Edward no me deja.

– Déjame ir, Edward – mi voz suena ligeramente resquebrajada. Odio ser sentimental, odio no ser lo suficientemente fuerte para contenerme.

– No – dice con simpleza.

Respiro tratando de contener las lágrimas y hablo de nuevo.

– ¿Por qué lo haces? Me duele todo esto – él me aprieta aún más fuerte, al punto de que el dolor ya no es sólo una metáfora.

– ¿Por qué te duele Bella? – su voz tan suave, demasiado suave.

No estoy pensando, yo sé lo malo que puede ser eso. Ya he tenido suficientes lecciones sobre que debo callarme cuando mi cerebro se desconecta, pero es difícil contener las palabras que he querido decirle durante tanto tiempo, así que exploto llena de ira por la estúpida pregunta que me hace.

– PORQUE TE QUIERO – grito.

Edward me suelta inmediatamente.

– Mierda – susurro cuando ya tengo los pies en el suelo.

Regreso mi mirada hacia Edward y él sólo está quieto, muy quieto detrás de la banca del piano como si eso pudiera salvarlo de la aparente amenaza que supuestamente represento para él.

Bajo la mirada avergonzada y triste porque no se suponía que debía decirlo de esa manera.

¿Por qué todo me sale tan mal?

Alzo la mirada nuevamente y él sigue sin moverse con sus ojos fijos en los míos sin decir nada, de repente levanta su mano y empieza a revolverse el cabello nerviosamente.

Las pequeñas esperanzas empiezan a gritar.

"Sí lo dejas ir ahora, lo perdiste para siempre"

Por primera vez todas ellas están de acuerdo.

Salgo de mi confusión y me acerco ligeramente a él.

Mierda ¿cómo le digo todo esto?

– Uh… yo… no quería decírtelo así, pero tal vez deberías dejar de hacerme esas preguntas estúpidas – me golpeo mentalmente y bajo la mirada – No quise que sonara así – levanto la mirada y él tiene sus ojos en los míos. Ahora o nunca, ahora o nunca, me repito incansable. Tengo que hacerlo bien – Mira Edward, no estás obligado a tener que decirme nada, no te lo dije para que me devolvieras el… uh… sentimiento – qué estúpida soy – pero quiero que lo sepas. Necesito que conozcas la razón por la que me haces daño. Yo no estoy pidiéndote nada sólo… que no te alejes de mí.

Respiro contando hasta tres y lo vuelvo a mirar.

Él sigue mirándome, pero parece perdido. Espero un momento más pero él no responde.

¿Y ahora qué hago?

Dios, creo que he arruinado nuestra amistad para siempre.

Me muevo por la habitación buscando mi mochila porque estoy a punto de llorar.

Me muevo hacia la puerta huyendo como la cobarde que soy, pero no puedo evitarlo, vuelvo a mirarlo otra vez. Edward sigue estando estático.

Suspiro y contengo las lágrimas.

– Siento todo esto – le digo antes de salir volando por la puerta.

Una vez más él no me sigue.

Son las cuatro de la tarde cuando llego a Regent's Park. Es extraño cómo puedo tener los momentos más tristes de mi vida sentada aquí en este parque. Ya no tengo más lágrimas, todas las que tenían que salir las derramé en uno de los baños de la Academia antes de salir. Me repito que esto pasará, que debo ser fuerte y que de alguna manera ya había anticipado su reacción. Sé que él no me ama e inconscientemente me he preparado para su respuesta, pero pensarlo y vivirlo son dos cosas muy diferentes.

Empiezo a lanzarles pequeñas migajas a los patos del estanque, sólo pensando en que debo lanzarlas rítmicamente para que ninguno de ellos se quejara, pero mi mente idiota vuelve al momento exacto en que grité las palabras fatales.

Dios si no lo quisiera tanto ya habría desistido de todo esto, pero es Edward y yo no puedo desprenderme tan fácil de él.

Quiero empezar a pensar una manera de calmar las cosas, de aligerarlo y que él olvide lo que dije, pero no encuentro ninguna. El tiempo se nos agota, tan rápido que me aterro al pensar que sólo tengo una semana más para estar con él antes de irme de vacaciones. El jueves comenzaban los exámenes y el viernes de la próxima semana sería el concierto de final de semestre y talán todo se había terminado. No quería irme a casa con las cosas tan revueltas entre los dos, porque sabía que de ahora en adelante todo sería diferente.

Siendo las nueve de la noche estoy sentada en mi habitación después de haber estudiado formas musicales y terminado mi proyecto de armonía. Alice trajo comida china para la cena y tan malo había sido mi humor que no me preguntó nada y se fue a dormir. Mi noche de estudio ha sido muy productiva, pero no estoy mejor de lo que estaba hace unas horas. Me pregunto si en realidad, después de todo esto, alguna vez lo estaré.

Dejo los libros a un lado y me acuesto en mi cama, mirando una pequeña e ínfima estrella allá en el fondo del cielo. Sonrío y pienso en mamá, como la extraño ahora mismo y como quisiera que me abrazara. Estoy segura de que ella me enseñaría a curar un corazón roto.

Me cubro con las mantas y cierro los ojos y lo único que veo es la sonrisa de Edward, lo juguetón y guapo que es cuando nos molestamos mutuamente, como de apasionado es cuando me hace el amor y lo feliz que soy a su lado. No quiero que se aleje, pero siento que es inevitable.

Me limpio la estúpida lágrima que se escapa de mis ojos, odio llorar. Odio todo esto.

Cuando veo que intentar dormir es inútil tomo el pequeño bote de somníferos que tengo en mi cómoda y trago uno. Sin agua, sin nada. Caigo dormida inmediatamente.

He tenido este sueño antes, sé que la niebla gris no es coincidencia, pero sin embargo es diferente. Ahora sólo soy un espectador.

Veo cómo Edward se aleja lentamente, con su cabellera moviéndose con el viento invisible, sus ojos escondidos y me veo a mi misma corriendo detrás de él. Lo veo desde afuera como si la escena estuviera en una bola de cristal. Grito ligeramente cuando la escena se contrae y veo claramente mi mano sosteniendo la bola. Si lo ves con perspectiva desde aquí parece como si nos estuviéramos persiguiendo mutuamente, yo detrás de Edward y él detrás de mí. Como un círculo.

Estrecho los ojos y miro que en la base de la bola de cristal hay una inscripción.

"La vida da vueltas"

Me levanto de golpe y aprieto mi corazón por la rapidez con la que corre. Tengo la respiración agitada y estoy sudando, miro a mi alrededor asustada y me dejo caer contra la cama hasta que una mano sostiene la mía.

Grito con fuerza y otra mano tapa mi boca.

– Shssss Bella, sólo soy yo – me tenso al sentir a Edward atrapándome en la cama. Cuando se asegura que no voy a gritar me suelta.

– ¿Qué demonios estás haciendo? – susurro hacia él sentado en el borde de mi cama.

– Quiero hablar contigo – me susurra de vuelta, parece ligeramente molesto por mi pregunta – también quería verte.

Cubro mi rostro con mis manos.

Señor él es tan increíblemente confuso.

– ¿Sobre qué?

Edward gruñe bajito y lo miro por la sorpresa.

– No puedes venir y decirme que me quieres y esperar que no haga nada – dice exasperado.

– Bienvenido a mi mundo. La mayor parte del tiempo soy yo la que debe soportar las preguntas idiotas.

Edward se pasa las manos por el cabello nerviosamente.

– Tienes un humor de los mil demonios.

Le sonrío sarcásticamente.

– Mira, acabo de despertarme de un sueño bastante extraño que me gustaría recordar y estoy un poco alterada por todo esto ¿Serías tan amable de traerme un vaso de agua?

Edward suspira y sale de la habitación.

Me paso las manos por mi rostro tratando de quitar el sudor, estoy segura de que lo que estaba soñando hace un momento era algo importante. Me jode no poder recordarlo.

Un momento después Edward regresa con un vaso de agua en las manos y me lo extiende antes de sentarse en mi cama de nuevo. Lo tomo de un solo bocado y se lo devuelvo.

– Gracias.

Él asiente con la cabeza y deja el vaso vacío en mi mesita de noche.

– ¿Estás mejor?

– Sí, gracias – digo desviando la mirada de sus ardientes ojos verdes. No estaba preparada para que viniera a hablar sobre esto. Esperaba que se contrajera en sí mismo y no me volviera a hablar en la vida. Esta ciertamente es una sorpresa agradable.

Miro con la vista periférica como se pasa las manos por ese caótico cabello nerviosamente.

– Bella yo… – levanto mi mirada y la fijo en sus ojos, pero él no me está mirando – no sé qué decirte. No tenía planeado que esto sucediera.

– Pues yo tampoco, simplemente pasó – susurro.

– Lo sé.

Permanecemos en silencio durante un tiempo, no mucho, pero sí lo suficiente para incomodarme. Si él se arriesgó a venir a mi habitación a darme la cara, yo le debía mi sinceridad.

– Esto no tiene por qué cambiar nada – digo suavemente – no tienes por qué sentirte diferente conmigo.

– Pero lo hago, ahora ya nada es igual – suspiro y me rindo con esto.

Mierda ¿por qué todo terminó así?

– Edward, el hecho de que yo… – vacilo pero al final lo dejo ir – te ame – veo como arruga el ceño y se me rompe un poco más el corazón – no significa que no podamos ser amigos. Pero si esa es tu decisión yo…

Edward levanta su rostro hacia el mío bruscamente.

– Basta de esas tonterías Bella.

Se me aprieta el corazón y una lágrima cae de mis ojos.

– Para mí no es una tontería el quererte.

Edward toma mi mano rápidamente al notar como mi voz se quebró al decir las palabras.

– Mierda Bella, no quise decir eso – me aprieta la mano y se acerca más a mí con ese dulce olor suyo que acaricia mis sentidos – No llores por favor, un idiota como yo no merece tus lágrimas – me limpio las nuevas y pequeñas lágrimas que se escapan de mis ojos – Sólo no quiero que digas que yo me quiero alejar voluntariamente de ti, porque no es así.

– ¿Entonces qué Edward?

– No quiero herirte.

Me acerco a su rostro y con duda acaricio su mejilla porque tenerlo tan cerca y no poder tocarlo es una tortura.

– Es inevitable. De una forma u otra vas a herirme.

Edward agacha su cabeza alejando su rostro de mi mano.

– Nada es inevitable.

– Hay cosas que sí lo son, como el que yo me haya enamorado de ti – soy una masoquista, pero ahora que ya se lo he dicho no puedo parar. Ni siquiera sabiendo que cada gesto que haga sólo me hunde más.

– Deja de decir eso, por favor – susurra.

Retiro mi mano y agacho la cabeza.

Quiero gritar, quiero llorar, quiero golpearlo. Matar el dolor de alguna manera, pero no puedo. Soy impotente ante tantas cosas como el hecho de que me guste lastimarme tanto a mí misma.

Dejo que el silencio venga sobre nosotros como siempre hace, siendo testigo de tantos momentos que no he sido capaz de evitar.

– No debes amarme – dice después de mucho tiempo.

No respondo.

– No puedo darte amor, te lo dije una vez Bella – su voz es ronca y sigue sin mirarme.

– Es imposible no amarte.

Edward cierra los ojos con fuerza y se lanza sobre mí tomando mis mejillas y haciendo que lo mire a los ojos.

– El amor sólo trae dolor Bella, sólo te destruye, te hace débil, te llena de esperanzas para luego arrebatártelas cuando menos lo esperas. Te hace creer que hay cosas mejores cuando en realidad no las hay, que existe la fidelidad y el para siempre – su agarre se vuelve más fuerte y pega su frente a la mía – No existe el para siempre Bella. Pregúntale a Joseph, pregúntale a Victoria, pregúntamelo a mí. Todo se acaba y luego la realidad te golpea en la cara y te deja aturdido y sólo tienes deseos de matar, de violencia, de sangre – empiezo a respirar agitadamente al ver la demencia en sus ojos.

Siento miedo, un miedo demasiado fuerte porque este no es mi Edward. Trato de alejarme pero él me sostiene más fuerte, obligándome a no separarme de él.

– Al final sólo terminarás rota, tanto que nunca desearías haber vivido – su voz trae muerte en las últimas palabras y lágrimas caen de nuevo de mis ojos.

– Suéltame Edward – digo con la voz ahogada por las lágrimas – suéltame, por favor – algo parece hacer clic y suelta mi rostro. Parece un poco pasmado por todo lo que ha pasado, pero antes de que pueda decir algo él entierra su rostro en mi cuello.

– Lo siento Bella. Lo siento tanto – dice son la voz amortiguada.

Las lágrimas siguen cayendo de mis ojos, dolor por sus palabras y por fin después de tanto tiempo puedo ver un indicio de su sufrimiento, de su locura.

Acaricio su cabello y hago que se recueste en la cama, él me abraza con fuerza mientras acaricia mi espalda.

– No te alejes, no te vayas – su voz tan frágil como un niño.

Me separo ligeramente de él y veo el terror en sus ojos. Rápidamente tomo las mantas y nos cubro a los dos con ellas. Entierro mi rostro en su pecho y él envuelve sus brazos a mi alrededor.

– No entiendo como todavía puedes estar aquí – dice después de un momento.

Suspiro y me aferro a su sweater.

– Tú me lo pediste, no me alejaré.

Siento como se relaja y su respiración se normaliza. Pone su cabeza contra la mía y se acurruca junto a mí.

– No me ames Bella, estoy demasiado jodido para tu bien.

Ya lo sé Edward, ahora lo sé.


Hola : D

Espero que les haya gustado el cap, uno muy intenso por cierto porque esta historia ya debe empezar a tener sus puntos argumentales fuertes, después de todo ya era tiempo.

Corro a responder los reviews. Gracias a todas las chicas por dejar sus comentarios, son muy valiosos para mí y una enorme bienvenida para las chicas nuevas que empiezan con esta historia.

No se vayan sin dejarme su opinión :D

Las quiere, fer92

PD: La canción del cap se llama Too many tomorrows del gran compositor estadounidense Cy Coleman y yo amo especialmente la versión de Sara Watkins.

La pueden encontrar en el blog. El link está en mi perfil :)