Capítulo XXI De entre flores


—Espera, espera. —Severus paró el beso colocando las manos sobre el pecho de Neville para apartarlo—. Esto no es correcto. —La nube de lujuria en la que Neville se encontraba le impedía entender del todo las palabras de Severus—. De verdad, no podemos hacer esto. Tú eres… —Severus se puso de pie y Neville cerró los ojos y se dejó caer en la cama—. Lo siento, Neville. Bebí de más y la conversación que tuve con Potter tampoco ayudó mucho.

Neville se lo temía. Desde que el beso había empezado, desde las miradas extrañas.

—Severus…

Se levantó e intentó acercarse pero el profesor dio un paso firme hacia atrás.

—Lo siento. De verdad que lo siento. No creo que sea adecuado que me quede aquí.

Severus tomó su varita y salió de la habitación para completa decepción de Neville, que se dejó caer de nuevo en la cama y se frotó el rostro con desesperación. Y así se perdía una de las mejores amistades que había tenido en el mundo.


Draco se retorcía en la cama mientras abrazaba al cuerpo de Harry que a su vez le embestía deliciosamente profundo. Gimió más fuerte cuando Potter le mordió el cuello. Las piernas de Draco se ajustaron más a la cadera de Harry, que estaba imparable. Draco se dejó besar, lamer, morder… con los ojos cerrados y el deseo de correrse. Lo hizo justo cuando Potter gruñó su nombre antes de besarlo profundamente y terminar en él con un quejido casi agonizante.

Después de acabar, Potter no se movió sino que se quedó unos segundos encima de Draco haciéndole mimos para deleite culposo de Draco Malfoy.

—Estoy empezando a pensar que eres un íncubo. —Harry rio y se desenredó de Draco para llevárselo en un abrazo apretado.

—No, no lo soy. Pero debo admitir que contigo me ha pasado algo que no me imaginaba que me pasaría. Me encanta verte lleno de mí y por mí. —Draco sonrió para sus adentros, le gustaba pensar que tenía a Potter—. Creo que hoy haré guardia con Neville. —Draco se levantó un poco para mirar a Harry—. ¿Qué?

—¿No me quieres arrastrar a ese infierno? —preguntó. Harry le besó.

—Sé que odias estar en medio del frío así que hoy podrás quedarte en casa, caliente y sin problemas. Tal vez puedas hacerme la comida. —Harry no pudo evitar reírse por la cara que puso Draco—. Es broma, pero sí que quiero dejarte en casa por un día.

—Perfecto. Ya quiero tener el maldito plan para entrar a por la gema. Estamos tan cerca… —Harry asintió—. Debe de existir una forma de entrar sin que nos lastimen.

—Nunca temí por nosotros, Draco. Temo que nosotros causemos daño. No hay nada peor que un pendejo con iniciativa y nosotros no sabemos nada del cuidado de pacientes psiquiátricos. Aunque te aseguro que pronto tendremos la joya en nuestras manos.

—¿Sabes? Nunca has dejado de ser un gatito. Me doy cuenta de que a pesar de lo malo que todo el mundo te cree sigues protegiendo a los más débiles e intentas hacer lo correcto. No sé como tus amigos no lo han notado. —Harry le besó suavemente el hombro.

—Tal vez no quieren notarlo. En ocasiones las personas deciden ver sólo lo que desean ver.

Draco le besó profundamente.


Neville tenía acompañando a Harry una semana y le había propuesto un plan nada malo. Entrarían como personal de limpieza y podrían buscar por todos lados sin tener contacto cercano con los pacientes. Simple. Y a Harry no se le había ocurrido, tal vez porque estaba demasiado ocupado desviando la mirada hacia el culo de Draco. Harry miró a Neville, que estaba muy serio, algo completamente inusual.

—¿Estás bien? —Neville salió de su estupor y le miró.

—Sí, claro, claro. —Harry enarcó una ceja y Neville se sonrojó levemente—. ¿Entonces entramos mañana? —Harry asintió.

—¿Qué pasó, Neville? Y no me digas que nada porque no soy idiota. Te juro que conozco esa cara. —Neville miró hacia la nieve y empezó a hablar.

—Severus y yo nos besamos y pensé que íbamos a llegar a más pero él prácticamente me arrojó de la cama. Ni siquiera durmió en la misma habitación que yo. —Neville negó—. Lo lamento por nuestra amistad. Sé que no soy un tipo atractivo y lo entiendo pero de verdad quería que nuestra amistad se salvara después del beso.

—¿Quién te dijo que no eres atractivo? —Neville lo miró como si hubiese dicho una mala broma—. No eres un súper modelo pero definitivamente tienes lo tuyo. —Harry rió—. Vamos, estás pensando muy mal de ti, como siempre. Puedes conquistar al profesor. —Neville se sonrojó aún más—. Es lo que quieres ¿no? Mira, eres más joven, lo quieres y ustedes pueden llegar a entenderse. Tienes un alma vieja con un cuerpo joven. Seguro que él lo disfrutaría bastante y tú más.

—Follarte a Draco te está haciendo igual de descarado que él. —Harry se encogió de hombros—. Sé que no le intereso…

—¿Cómo lo sabes? Si te besó no fue porque le desagradaras. Es sólo que, aunque no lo creas, es un Slytherin con valores profundos. No quiere pensar que abusa de ti, no quiere arruinar las cosas contigo, no quiere lastimarte porque tampoco sabe qué puede ofrecerte. Han sido años sin dejar que nadie entre a su vida. Para él es difícil. —Para mí también, pensó Harry.

—No quiero más de lo que me pueda ofrecer. —Harry se acercó a Neville le colocó las manos sobre los hombros.

—Muy noble de tu parte pero piensa en ti, en lo que estás dispuesto a soportar, en lo que quieres, piensa en si Severus te lo puede dar y, si es así, entonces ver por él. Sólo así valdrá la pena. Pon las cartas sobre la mesa para ti mismo y luego toma una decisión. —Neville suspiró.

—Sé que puede estar muy dañado e imagino lo que me puede ofrecer y lo acepto. En serio que lo hago…

—¿Entonces?

—No sé como seducirlo, Harry. Yo no soy Draco, no pienso en hacer esas cosas, no soy sutil ni nada por el estilo. Soy un hombre tosco que no sabe hacer esas cosas.

—Pues sigue siendo ese hombre tosco, sé tu mismo y seguro que cae.


Severus miró con desinterés el libro que tenía en las manos. Estaba decidido, tenía que hablar con Neville, las cosas no podían seguir igual. Era horrible tener que verle por las mañanas huyendo de él a la hora del desayuno y luego de la cena. Además de irse todo el día con Potter a hacer la dichosa guardia. Severus no era tonto, sabía el motivo de todo eso y no podía permitir que Neville siguiera en esa línea. El beso había sido halagador y Severus no estaba enojado; tenía que decírselo. Sin embargo no fue necesario buscar a Neville para hablar. Esa mañana, como era la antigua costumbre, Neville llegó a la cocina de la casa con el semblante relajado.

—Severus —le dijo Neville a modo de saludo. Severus sólo pudo dar un leve asentimiento—. Esta noche entramos al hospital —siguió para sorpresa de Severus—. No se le había ocurrido que podíamos entrar como personal de limpieza. Imagino que Draco le distrae mucho.

Neville rió y negó con la cabeza. Severus casi saltó de su asiento al notar lo que Neville estaba por hacer. Iba a preparar el desayuno.

Severus no sabía si encontrarse aliviado o preocupado. Neville estaba actuando como si nada hubiese pasado. Esa mañana era como una mañana típica de antes del beso, con Neville haciéndole conversación. Si Severus era honesto debía admitir que de verdad extrañaba esas conversaciones. Seguirle la plática a Longbottom era sencillo, Neville prácticamente hacía todo el trabajo y Severus sólo tenía que escuchar y reír. Porque Neville tenía un sentido del humor un poquito ácido y sarcástico, sobre todo cuando se trataba de Harry y Draco.

Si iba un poco más allá también debía admitir que extrañaba los desayunos de Longbottom. Se notaba lo mucho que le gustaba cocinar. Severus no entendía cómo a las elfinas nada les salía como a Neville pero era cierto. Así de inútil como Longbottom era para las pociones, era un maestro a la hora de realizar el desayuno perfecto.

Aunque Severus se convencía con un argumento más valido y menos meloso: necesitaba arreglar las cosas con Neville por el bien de la misión. Un grupo unido era un grupo fuerte. Nada tenían que ver el desayuno, la compañía, el café y las risas disimuladas por las bromas hacia Potter y Draco. Si la pasaba bien con Neville era secundario a las misiones, no era lo realmente importante… O por lo menos eso era lo que Severus se empeñaba en pensar.

—Amo. —La elfina apareció mortificada cuando vio a Neville cocinando—. Usted no debe…

—No te preocupes. Ve al invernadero y trae unas fresas frescas, por favor.

La elfina desapareció en el acto. Severus aún se preguntaba cómo se mantenía ese lugar. La magia que les movía de una ubicación en otra hacía casi imposible conservar plantas vivas y el jardín poco a poco había muerto. Sin embargo el huerto y el invernadero de Neville se mantenían intactos.

—Sigo preguntándome cómo es que se mantienen esos lugares en medio de tanta magia. —Neville se giró para mirarle.

—Con más magia.

Neville se sirvió café y se sentó en un taburete de la barra frente a Severus, quien de pronto notó que Neville era un poco más alto que él. ¿Había crecido? ¿Severus había encogido? ¿Por qué demonios Longbottom tenía tres botones de la camisa desabotonados? Severus se estaba volviendo loco.

—Uso parte de mi magia para mantener esos lugares, los estoy protegiendo del ambiente nocivo —continuó Neville. Después le dio un largo tragó al café y puso esa tonta sonrisa de perdón, sé que hago mal pero no lo puedo evitar—. Anda, puedes burlarte de mí por tener invertida parte de mi magia en salvar dos lugares totalmente inútiles.

—No los son tanto si has estado sacando de allí los ingredientes para alimentarnos.

Neville sonrió palmeando las manos de Severus y se levantó al ver a la elfina llegar con lo que le había pedido. Severus miró a Neville mientras empezaba preparar el desayuno. Estaba concentrado y tranquilo, daba órdenes, se mantenía sereno. Tal vez si hubiese usado eso en el salón de pociones se habría ganado el respeto de más de uno. Aunque Severus hacía un poco de trampa porque ya conocía el potencial de Neville y sabía todo lo que se escondían en esa caja llena de sorpresas. Severus regresó a su lectura decidido a olvidar los puntos a favor de Neville. Las cosas eran como eran y él no tenía ánimos de cambiarlas.


Ron, Neville y Harry se acercaron lentamente al hospital justo cuando el turno estaba cambiando. Ya sin la luz del sol el lugar se veía bastante tenebroso y Harry se podía imaginar por qué la gema había caído allí.

—De nuevo —empezó Ron levantando la varita contra el personal de limpieza desmayando a los tres hombres—, ¿por qué nosotros y no ellos? —Ron levitó el cuerpo de uno de los hombres y le quitó la ropa para ponérsela.

—Porque somos los únicos que no levantarían sospechas. ¿Te imaginas a Draco haciendo esto? —Neville cogió una de las escobas y la papelera—. O Hermione analizando cada una de las posibles enfermedades mientras recoge la basura…

—O a Severus Snape con su flema mirando con desdén a cada médico del hospital. —Harry codeó a Neville molestándole—. Anden, dejemos esto, que las horas se pierden y tenemos que encontrar la gema lo más rápido posible.

Habían robado un mapa para no perderse y Ron entró el primero en el hospital en cuanto les dieron sus zonas a buscar. Fue hasta las habitaciones con uno de los guardias. Eran los lugares más probables pero no sentía nada. Las personas dentro del hospital tenían todo tipo de condición; algunos sólo estaban allí por depresiones. Cuando le tocó ir a la zona de máxima seguridad se decepcionó un poco pues tampoco podía sentir la presencia de ninguna gema.

Harry fue a las salas de terapias. Era evidente que allí no encontraría nada, todo estaba demasiado ordenado y las propias habitaciones parecían estar llenas de energía positiva. Decidió deambular por el lugar, buscando pistas, intentando que la piedra de la resurrección se iluminara.

Neville había sido enviado a la cocina y se consideraba fuera del juego; era evidente que la gema no estaría en la cocina. Hizo sus labores como si nada hasta que de pronto vio una puerta al final del pasillo que daba a la cocina y algo hizo que se le erizase la piel. Caminó por el oscuro corredor e intentó abrir la puerta pero estaba atascada. Volteó hacia el pasillo en busca de alguna cámara y al no encontrar nada cogió su varita y abrió la puerta. Dio un paso y casi se cayó así que murmuró un lumus. Caminó por un pasillo angosto y sumamente oscuro al final del cual había una puerta de fierro ya oxidado por el paso el tiempo. Neville ni siquiera intentó abrirla manualmente, usó su varita y la puerta crujió al abrirse. Neville caminó con cautela. Sentía el ambiente más pesado y la oscuridad comenzaba a hacerse espesa. Vislumbró un montón de instrumentos que no conocía. Sabía que la gente había sufrido en ese lugar. No le quedaba más que abrir los ojos y mirar con atención en cada rincón de ese espantoso lugar.

Entre la penumbra alcanzó a distinguir una figura, la estatua de una mujer incrustada en la pared. Notó que algo brillaba en su pecho. Se acercó y casi sonríe al reconocer la gema. Tenía un mal presentimiento pero no podía hacer más que cogerla. Tomó la gema y, por un segundo, no pasó nada. Fue cuando dio un paso atrás cuando la estatua empezó a moverse.

Neville corrió hacia la puerta y la encontró atascada. Usó su varita para pulverizar la estatua y abrir la puerta. Sin embargo, al destruir la estatua liberó una espeluznante figura fantasmagórica que le siguió por el pasillo. Pensó que iba a salir ileso pero antes de abrir la última puerta sintió como si una afilada cuchilla le lacerara la piel. Giró la cabeza y vio la figura de la mujer sobre su hombro, sonriéndole terroríficamente. Neville alcanzó a empujar la puerta y salió arrastrándose por el pasillo hasta la cocina. Notaba su sangre caliente empapándole la camisa y el uniforme. Como pudo, se recargó en la pared.

Expecto patronum. —El oso apareció—. Avisa a Harry. Vamos…

Neville vio al oso marcharse y cerró los ojos. Sólo esperaba que lo encontraran antes de que fuese demasiado tarde.

Harry estaba aburrido y Ron no ayudaba quejándose por todo. Sólo quería encontrar a Neville y marcharse. Estaba planeando en volver al día siguiente para seguir buscando pero en cuanto vio el oso de Neville supo que no habría necesidad de regresar.

—La cocina —dijo la voz de Neville. Harry y Ron salieron corriendo detrás del oso.

Encontraron a Neville en el pasillo con la ropa ensangrentada. Harry corrió hacia él y lo movió. Respiró tranquilo cuando lo vio consciente.

—La tengo. —Neville le mostró la gema—. Pero creo que no salí bien parado. —Neville no se atrevió a mirar su herida porque estaba seguro de que no era un espectáculo agradable.

—Tenemos que sacarlo de aquí. —Ron intentó moverlo pero Neville se quejó demasiado—. Harry… —Ron podía notar cómo la mirada de Harry se perdía, era como si estuviese a miles de kilómetros, luchando con uno de sus demonios—. ¡Ey! —Ron le dio una bofetada—. ¿Estás aquí? ¡Neville nos necesita! No podemos dejarlo aquí, tememos que empezar a actuar. —Harry asintió.

—Vámonos. Tenemos que llegar a casa. Nos apareceré… —Ron le cogió fuertemente el antebrazo.

—¿Estás seguro? Neville no aguantara si algo sale mal. —Harry asintió—. Bien…

Harry cogió la muñeca a Neville por un lado y a Ron por el otro y luego los tres desaparecieron. Cayeron en el jardín de la casa de Neville. Harry levitó el cuerpo de su amigo, empujó la puerta y lo llevó hacia el comedor. No había dejado de sangrar…

—¿Qué ha pasado? —Severus llegó desde la planta alta acompañado de Draco y Hermione.

—Neville… —respondió Harry. El poco color del rostro de Severus desapareció. Draco empujó a Hermione para correr hacia el comedor.

—Severus, está perdiendo mucha sangre. Tenemos que hacer algo —dijo Draco.

El profesor cambió su rostro al ver el estado de su ex alumno. Descartó el horroroso uniforme y la camisa de Neville. La herida era profunda, de unos treinta centímetros y a kilómetros gritaba magia negra. Severus contrajo el rostro y empezó a mover su varita. La herida se cerró para alivio de todos menos el de Severus, que no quitaba la vista de la piel maltratada. A los pocos segundos la piel empezó a desgarrarse de nuevo y la herida se abrió. Severus golpeó violentamente la madera de la mesa.

—¿Qué pasa? —Draco miraba con horror las gotas de sangre que empezaban brotar—. ¿Por qué se ha abierto de nuevo?

—Es una magia negra muy poderosa. —Severus miró hacia el invernadero—. Necesitamos una planta en específico que….

—¿La conoce? ¿Dónde la podemos conseguir? —Severus miró a Harry como si fuese un tonto.

—Claro que la conozco y evidentemente sé donde está pero no tan sencillo como ir y tomarla. Sólo quien la plantó puedo cogerla y la persona que la plantó es la misma que la necesita.

Harry miró el estado de Neville. No había forma en que pudiera despertar. Se tragó el fuerte nudo en la garganta esperando lo peor.

Severus no se resignó, salió de la casa y cruzó el jardín hacia el invernadero. La planta carmesí era la única que podía salvar a Neville; sus pétalos curaban cualquier daño sufrido por una maldición oscura. Era complicada de conseguir. Sólo una persona valerosa y de buenos sentimientos podía lograr que la plata naciera y para que tuviera su efecto completo esa persona tenía que dedicarle mucho tiempo a su cuidado. Los pétalos eran el signo del cariño de la planta por su dueño y sólo él podía hacer uso de ellos siempre y cuando sus motivos fuesen tan justos como el mismo dueño.

Severus vio la hermosa planta con los pétalos rojos casi tan brillantes como la sangre que estaba perdiendo Neville. Él entendía muy poco del cultivo de las plantas. Podía hacer las pociones pero el cuidado de las plantas se lo dejaba a los expertos.

—No sé si me entiendas… —Se sentía ridículo hablándole a una planta sin embargo tenía intentarlo antes de perderlo—. Se está muriendo… Te necesita. Sé que no te planté, sé que no te cuidé con devoción pero te necesito para él. —La caprichosa planta pareció brillar más—. Te aseguro que sólo te necesito para salvarle… Por favor. —Severus miró como la planta soltaba cada uno de sus pétalos—. Te aseguró que cuando esté bien te hará florecer más hermosa que nunca.

Severus corrió hacia la casa y colocó los pétalos sobre la herida. Sólo esperaba que no fuese demasiado tarde, sólo esperaba que Neville despertara, que siguiera vivo.