Ultima actualización del año! Espero que lo bueno del 2013 sea lo peor de vuestro 2014! Que todos vuestros sueños se cumplan :) Gracias por este año! Gracias a esa gente especial que me sigue!
Gracias por leerme y por comentarme!
Feliz año!
Saru
Soltó el humo por la nariz en el momento en que escuchó un ruido cerca de él. La cajetilla de tabaco que aguantaba en sus manos salió disparada haciendo una pirueta en el aire. Puedo alcanzarla antes de caer al suelo y trató de esconderla en el bolsillo de su chaqueta antes de ser descubierto.
No obstante, el cigarrillo, la prueba del delito seguía entre sus dedos, lo apagó en el suelo, pisando y Kate se le quedó mirando con el ceño fruncido.
Parecía como si estuviera practicando una danza mahori en lugar de apagar una colilla.
Kate hizo una mueca pidiéndole explicaciones del por que estaba en el porche de atrás, pero en cuanto se acercó, el olor a tabaco invadió sus fosas nasales. Y la pésima actuación anterior le delató.
Pillado.
-Richard... ¿Fumando? ¿Sabes que eso son también drogas? ¿No lo has dejado? Pensaba que llevabas meses...más que incluso con lo demás... Además tu corazón...
-Kate-Castle la detuvo alzando una mano frente a ella y sonrió viendo como ella lo reñía- Estoy muy nervioso. Lo siento.
-No es excusa… Además, ¿De donde lo has sacado?
Castle se encogió de hombros y sacó el paquete del interior de su chaqueta. Se lo tendió. El paquete estaba entero, apenas faltaban dos cigarrillos.
Kate jugó con la cajetilla entre sus manos y finalmente la guardó en el bolsillo de su vaquero.
Se quedó mirándole y le puso bien la bufanda alrededor del cuello. Si iba a estar fuera, sería mejor que se abrigara.
Castle sonrió ante ese gesto tan sencillo. Ambos se quedaron en silencio, sin apartar la mirada el uno del otro.
Kate, nerviosa, carraspeó.
-Voy a ir… ya sabes… a…
Castle asintió.
-No me moveré de aquí.
Kate se dio la vuelta y caminó hasta su coche. A medio camino se giró y le miró una última vez. Castle la saludó a lo lejos y tras subirse al Mustang, se perdió por el camino hacía la carretera que le llevaba al pueblo más cercano donde un autobús dejaría a Martha.
Castle nervioso, sin tabaco en el que refugiarse, cogió una piedra lanzándola al aire y volviéndola a recoger una y otra vez. Finalmente, cansado de cada malabarismo que hacía y que su mente era un hervidero, la lanzó golpeando contra un árbol.
Aquél golpe seco no hizo más que empeorar el desastre que era su mente y traerle viejos y no muy buenos recuerdos.
Había estado conduciendo toda la noche, y a una velocidad superior a la permitida, incluso para el tipo de cilindrada que tenía su perfecto y maravilloso Ferrari rojo.
Desde el momento que lo vio se había enamorado de él. Ahora le importaba más bien poco.
Dio un frenazo, quemando rueda y haciendo que derrapara y una buena cantidad de humo saliera del tubo de escape y se bajó prácticamente en marcha frente a su casa de los Hamptons.
Lo que no esperaba era encontrarse aquello.
Esposito le esperaba de brazos cruzados en el porche de la entrada. Su coche patrulla, un Dodge charge rojo, aparcado a un lado y con Lanie apoyada en él.
-¿Qué pasa? ¿Os invite a una fiesta y se me había olvidado?
Lanie apretó sus labios y entrecerró los ojos. Quería ayudar a su amigo, si, le consideraba amigo, pero realmente si debía decantarse por alguien siempre lo haría por su amiga, y en ese momento ella estaba de su lado.
-¿Vienes cargadito, eh?
-¿Vienes a detenerme por consumir? ¿Me harás una prueba?
-¿Has bebido y conducido a 240km/h? Eres un inconsciente-Castle mientras se acercó a él, importándole bastante poco lo que el detective, y amigo, le decía-.
-¿Para qué has venido, Sito?
-Para intentar hacerte entrar en razón…
-Estoy bien.
-¡Maldita sea Castle! ¿Perder tu dinero por apuestas ilegales, partidas de poker, salir con unas cuantas chicas…conducir borracho, drogarte? ¿ESO ES ESTAR BIEN?
Castle se quedó parado.
-¿Es que no te importa nada?
Rick se encogió de hombros.
-Claro…ya la has dejado marchar a ella… ya…-La mirada de Rick le indicaba que sería mejor mantener su boca cerrada, pero no, le iba a hacer explotar, le había prometido a Kate antes de dejarla en el aeropuerto con destino a Washington, que le ayudaría-Ah no… sólo te importa la fiesta… y el Ferrari…-sólo le estaba intentando provocar.
Castle estuvo tentado a pegarle un puñetazo en la boca para cerrársela, pero, Esposito era un ex militar, saldría perdiendo, aunque tal vez era lo mejor, acabar golpeado como tantas otras veces en alguna disputa de un bar para olvidarse de su vida. No obstante, en el último momento decidió que además de que saldría perdiendo, Espo era policía y aquello podía traerle problemas por lo que tomó una rama caída de un árbol de su porche y se giró.
Lanie frunció el ceño y se sobresaltó en el momento en que con todas sus fuerzas, empezó a golpear su Ferrari.
Rompió la luna delantera mientras Lanie intentaba detenerlo. Javi se acercó a su novia y la agarró, separándola de él.
-Sólo necesita desahogarse, déjale…-murmuró viendo como Castle, insatisfecho entró en la casa y regresó al momento con un bate de baseball y empezó a golpear el Ferrari, destrozándolo sin parar de llorar, más por los daños del coche, por el daño que se había hecho a él mismo y a Kate.
-Esto…es…lo que me importa…toda esta mierda…el coche…-hablaba mientras golpeaba, desesperado.
Lanie se llevó una mano a la boca mientras se refugiaba en los brazos de Javi, rota de dolor, en silencio, solo roto por el ruido de los cristales y la chapa del deportivo siendo golpeada.
Castle soltó el bate y se quedó arrodillado frente a su coche destrozado mientras lloraba.
-Solo quiero que vuelvan…
Él no quería nada más que a su hija, su novia y su madre de vuelta.
Kate miró varias veces el paquete de tabaco. Tenía que hacer algo con sus nervios o sus uñas, sus perfectas y cuidadas uñas iban a sufrir uno de esos ataques que de vez en cuando solían acabar con ellas mordisqueadas. Suspiró. Y entonces, el que recibió el golpe de sus nervios fue el botón de la emisora de radio de su coche. Conducía bastante rápido. A su lado, Martha miraba por la ventana. Apenas habían entablado conversación desde que se habían reencontrado: unos abrazos, las ganas de llorar retenidas en su retina y unas cuantas frases y se habían subido en el coche directas a la cabaña para encontrarse con Rick.
Se giró para mirar a Kate que cambiaba de emisora constantemente y en el salpicadero vio el paquete. No lo dudó ni un instante y lo cogió. Pidió permiso a la detective con la mirada y esta, como toda respuesta bajó la ventanilla.
La actriz se encendió un cigarrillo temblorosa y soltó todo el aire.
-Tu no eres la que tienes que estar nerviosa, querida-murmuró la pelirroja y Kate apagó la radio a la vez que su ex suegra expulsaba el humo de sus pulmones.
Beckett sonrió. De tal palo tal astilla pensó.
Y finalmente, tras diez minutos más de conducción, dos cigarrillos por parte de la pelirroja, y una verborrea incesante del lado de Kate sobre su vida desde que habían dejado de ser familia, llegaron a la cabaña.
El momento crucial había llegado.
Y ahí estaba Rick. Sentado en las escaleras del porche. Levantó su vista al ver a Kate aparcar el coche frente a él y vio a su madre.
No sabía como reaccionar. ¿Acercarse? ¿Esperarse?
Estaba tan nervioso, tan paralizado que ni siquiera se percató el momento en que Kate cargando con la bolsa de viaje de su madre, se disculpó y entró a la casa dejándoles a solas.
La mirada de su madre se clavó en la de él. No hicieron falta palabras. Rick se abrazó a ella con fuerza, hundiendo su rostro en su cuello como cuando era un niño, y dio gracias al cielo, a dios, a Alá, a buda, a quien existiera, por permitirle tener esa segunda oportunidad y no ser rechazado por su madre como tanto temía.
Martha lloraba también en los brazos de su pequeño gran hombre, al fin, en paz tras poder reencontrarse con él.
-Lo siento tanto madre…-murmuró- Siento todo…
Se separó mirándola mientras se limpiaba la cara con los dedos y Martha hacía lo mismo tratando de no correrse el maquillaje.
-Richard, tenía miedo de perderte…-susurró-
-Y yo de que no me perdonaras.
-Eres mi hijo…-ambos se quedaron callados y sonrieron. Se sentaron en los escalones y empezaron a charlar sobre todo y sobre nada, disfrutando del momento tan esperado: Una reconciliación entre madre e hijo.
-¡Estas más flaco!-dijo acariciando su rostro-
-Tu estas como siempre, sigues siendo la gran Martha Rodgers-contestó Rick.
Kate miró un segundo desde la puerta y sonrió. De nuevo se metió en la casa, satisfecha por que ambos habían conseguido perdonarse y hablar, por que ambos podían estar juntos de nuevo.
Varias horas después, cuando empezó a oscurecer, ambos entraron en la casa y vieron a Beckett que estaba cocinando.
-Oh, querida, se nos fue la hora… déjame que te ayude.
-Si, déjanos ayudarte-intervino Castle, en la cocina con ellas.
-Ey, es normal, no os preocupéis, necesitabais ese momento-se excusó Kate-.
-Insisto, déjame ayudarte.-Martha se puso un delantal libre y miró a su hijo- Puedes poner la mesa.
-Ya echaba de menos cuando mandabas –le guiñó un ojo y se dispuso a colocar los platos y vasos correspondientes en la mesa del salón.
El sonido del reloj de cuco les sobresaltó a los tres, haciendo que rieran.
-Tranquila madre, por la noche no da las horas así…
Martha aprovechó aquél comentario para mirar alrededor y luego a ambos.
-Me he percatado que sólo hay dos habitaciones…
-¿Dónde voy a dormir yo?
Kate miró a las habitaciones y luego miró a Castle. Se mordió el labio. No había caído en aquel detalle hasta el comentario de la actriz y al parecer, por la cara del ex escritor, él tampoco lo había pensado.
Continuará…
