Ailu: ¡Claro que volví! Puede que tarde un poco en actualizar pero seguiré subiendo los capítulos.
Meg: Por supuesto, las esperanzas y posibilidades de su regreso son altas.
Mary: ¡Esta vez no hubo que esperar demasiado! jajaja. Gracias por tu comentario.
Invitado: Espero que no te hayas muerto y que puedas seguir leyendo, jajaja.
Dulce Vallejo: ¡espero que éste capítulo te guste tanto como los anteriores!
Carmen: Ya hubo una realidad durante la Segunda Guerra Mundial. Si me la hubieras pedido antes de que la escribiera, hubiera aceptado hacer una realidad alternativa bajo esas circunstancias que pones. Piensa en otra idea y la tendré en cuenta.
EL RETRATO DE ANDRÉ MALFOY
"Un cuadro no se acaba nunca, tampoco se empieza nunca, un cuadro es como el viento:
algo que camina siempre, sin descanso"
Joan Miró
—No.
— ¿Disculpa?
—Me has oído muy bien.
—Sí, te he oído pero me gustaría pensar que en este momento estás borracho o que yo aluciné y escuché que pronunciabas la palabra con prohibida con N.
Draco miró a su hermano sin poder creer el modo infantil en que se estaba comportando.
— ¿La palabra prohibida? ¿En serio?—agitó la cabeza de un lado al otro— No entiendo cómo en esta realidad somos hermanos porque más allá de la apariencia física no nos parecemos en nada.
— ¿En esta realidad?—André bufó— Ahora entiendo, estás borracho.
—Claro que no.
—Y, sinceramente—siguió André sin hacerle un caso—, no me importa porque ya he tomando una decisión por los dos. Tendremos una fiesta de cumpleaños dentro de tres días y festejaremos con mucho alcohol—sonrió ampliamente—, celebraremos con nuestros amigos y con los envidiosos también, que cumplimos un año más de vida.
—No puedes decidir por mí.
—Dilo cuantas veces sean necesarias si eso te deja tranquilo pero esa noche estarás en la fiesta, quieras o no—dijo con absoluta rotundidad.
Draco no dijo absolutamente nada pero no pensaba ir a ningún tipo de fiesta y aún menos si se trataba de su supuesto cumpleaños. En el mundo real, cumplía años el 5 de junio pero en esa realidad lo celebraría el 3 de marzo. Cuando André lo había mencionado hacía una semana atrás, se había quedado momentáneamente de piedra, incapaz de pensar en nadie más que en su madre. Hermione, que había estado presente en ese momento, le había lanzado una mirada interrogante ante su estado pero él había actuado como si no la había visto.
—Puedes dar la fiesta si quieres—dijo luego de unos instantes, intentando convencer a André—pero yo no quiero estar presente. Las fiestas no son lo mío.
André rodó los ojos.
— ¿Desde cuándo las fiestas no son lo tuyo?—preguntó—Ese tipo de celebraciones no pueden ser del estilo de Hermione pero, definitivamente, son lo tuyo. ¿A caso ya olvidaste que el año pasado armamos esa enorme…?
—No—mintió—, no lo olvidé, simplemente prefiero hacer algo diferente este año. Algo más tranquilo.
— ¿Algo con Hermione?—André lo miró significativamente, con una sonrisa burlona en sus labios— Draco, querido, desde tu gran noche en donde casi lo arruinas todo, no te has dignado en volver a tocar el tema con ella.
—No hay ningún tema que tocar—se puso de pie—. Ahora, si me disculpas, me tengo que ir.
— ¿A dónde vas?
—Simplemente tengo que salir a hacer unas cosas. Gracias por la invitación, la comida estuvo deliciosa.
Draco no iba a decirle que había quedado con Hermione en verse en el centro de la ciudad, cerca de una pequeña librería. Aunque no lo fuera, su hermano no dejaría de insistir en que aquello era una especie de cita y que debía de arreglarse mejor, comprarle flores a la chica o cualquier otra locura. André podría llegar a ser increíblemente exasperante cuando se lo proponía y eso a él lo enervaba.
—De nada, Draco, ya sabes que adoro cocinar—André lo vio fijamente encaminarse hacia el pasillo que llevaba a la puerta principal—Da mis saludos a Hermione ¡Y antes de llegar cómprale algunas rosas!
Draco gruñó una maldición entre dientes y salió de la casa dando un fuerte portazo. Intentó no pensar demasiado en las condenadas flores porque si no haría algo tan estúpido como comprar un ramo de ellas para dárselas para Hermione.
En lo que debía concentrarse era en el motivo por el cual se encontraría allí: la librería El tiempo perdido, era una pequeña construcción casi perdida entre los demás locales llamativos que la rodeaban. No era precisamente popular, incluso teniendo en cuenta que estaba ubicada en una de las calles más concurridas, pero se decía que si se quería conseguir algún libro antiguo o difícil de conseguir, ese era el sitio correcto. Pero la cuestión que importaba era que aquel sitio era su última opción en la ciudad. Si no encontraban allí algún libro de Runas Antiguas que pudiera ayudarlos a salir de aquellas realidades alternativas, la opción que les quedaba era comenzar a viajar de ciudad en ciudad, incluso quizás fuera del país… y, sinceramente, él no quería llegar a esos extremos. O más bien, no quería que Hermione hiciera aquello dado que tenían idea de qué era lo que había allí afuera o si podía resultar peligroso. Draco podría hacerlo sin demasiados inconvenientes pero la cabeza terca de Hermione no oiría palabras por lo que jamás podría marcharse sin ella. ¿Y si se escapaba sin que la chica se diese cuenta? Algo en su mente le gritó que esa era la peor idea que se habría podido ocurrir jamás. Horrorizado, pensó que incluso Hermione sería capaz de ir tras él cuando se diera cuenta de su ausencia.
Hermione lo estaba esperando en la esquina acordada. Aún no lo había visto porque miraba con curiosidad la vidriera de la tienda de la modista, en donde se mostraban diversos tipos de capas. Draco se permitió unos segundos para contemplarla enteramente, viendo su cabello recogido en un torpe moño encima de su cabeza, sus túnicas azules y una capa negra que cubría sus hombros. Nada en ella era elegante ni tampoco parecían ser prendas costosas a pesar de que sabía que ella en esa realidad tenía suficiente dinero como para comprar las más caras; pero aún así, su tonta mente no podía dejar de admirarla y de hacerle notar que su cabello a pesar de estar revuelto, resaltaba la naturaleza hermosa de su rostro y que su ropa no insinuaban nada pero que él sabía demasiado bien lo que había debajo ya que en otras realidades la había visto con muy poca ropa.
— ¿Draco?
La voz femenina que lo llamó por su nombre le resultó escalofriantemente familiar. Se giró sobre sus pies, rogando internamente estar equivocado, tan sólo para comprobar que, de hecho, allí estaba Astoria, mirándolo con sorpresa.
— ¡Draco!—ahora la chica había colocado una sonrisa en sus labios y sin pensarlo dos veces se había lanzado en sus brazos para darle un pequeño beso en su mejilla— Ha pasado tanto tiempo—se separó un poco pero una de sus manos no dejó de tocar su brazo, lo que lo hizo sentir muy incómodo—. Cuando regresé a la ciudad esta mañana no esperaba encontrarte tan pronto. Debe ser el Destino.
—O simplemente una coincidencia—dijo el rubio entre dientes mientras se apartaba—. Lo siento, pero tengo que irme. Me están esperando y yo…
—Oh, lo siento, no quiero molestarte. Me alegró verte de todos modos.
Draco se quedó de piedra al oír aquello. La voz de la chica había sido suave, casi dulce, y ya no había en ella lo insoportable que la verdadera Astoria tenía en el mundo real. Era un cambio muy impactante.
—Igualmente—dijo aún sorprendido.
—Nos veremos en la fiesta.
Y tras estas palabras, se marchó. Draco, aún sorprendido, giró hacia donde se encontraba Hermione y se dio cuenta que para su fortuna, ella no se había dado cuenta de la presencia de Astoria. No es que creyera que pudiera afectarla de algún modo pero no iba a arriesgarse y tampoco quería dar explicaciones. Desde aquella última disculpa que le había dado en la sala de pintura de la castaña, todo había marchado relativamente bien entre ambos. Sus discusiones habían sido mínimas y, aunque no habían hecho realmente avances en su investigación de runas, él disfrutaba cada segundo que pasaba junto a ella. Quizás demasiado.
Se acercó a donde se encontraba y la llamó por su nombre. Hermione se giró y al verlo le sonrió suavemente, haciendo que algo se removiera dentro de su estómago. No era una sensación mala, pero sí incómoda porque eran como unos molestos cosquilleos que se desplazaban desde allí hacia todas sus extremidades y hacía que sus manos sudaran. Era como estar enfermo.
—Has tardado—lo acusó.
—Lo siento, Granger, sé que quieres tener mi atención sólo para ti pero recuerda que en esta realidad tengo un hermano—le dijo con una sonrisa burlona.
Hermione puso los ojos en blanco.
—Sólo cállate y vamos.
Draco no estaba seguro si ella se dio cuenta de lo que hizo pero en un momento tomó su mano y comenzó a arrastrarlo por la vereda y tras caminar unos cuantos metros, se toparon con la librería que les interesaba. Era mucho más diminuta de lo que ambos habían esperado. En exterior era simplemente un trozo de pared de quizás cuatro metros que no tenía vidriera sino una puerta en cuya parte superior había un simple letrero con letras góticas en las que se leía "El tiempo perdido". Ambos se miraron unos segundos antes de que Draco se adelantó y tomó el picaporte para abrir y entrar primero.
Se quedó de piedra al ver el interior.
Había un simple pasillo justo en el medio pero a ambos lados, pegados a las paredes, había pilas y pilas de libros que llegaban hasta el techo. No estaba en repisas sino apilados a partir del suelo, sin orden aparente. Sin embargo, lo que más resaltaba era ese pasillo que era mucho más largo de lo que cualquier persona podría imaginar. Los ojos grises de Draco no lograban admirarlo en toda su extensión porque se perdía en un fondo tan lejano que era incapaz de ver. Hermione también jadeó a su lado cuando entró. El rubio giró su rostro hacia ella y pudo contemplar la fascinación que se plasmaba en su expresión. ¡Había tantos libros!
—Si no encontramos nada aquí, no encontraremos nada en esta realidad—murmuró ella en voz baja.
Draco asintió, dándole la razón. Dio un paso hacia adelante y comenzó a mirar los títulos de las pilas más cercanas. Hermione avanzó un poco más e hizo lo mismo.
—Uno podría imaginar que siendo mi amigo, habrías venido antes a ver mi librería pero no—dijo una voz cerca de Draco.
El rubio giró de repente y vio la cara sonriente de Blaise Zabini. Sin su mente vino un recuerdo que no le pertenecía y que lo dejó estático en su lugar: sonidos de gemidos se oían en la sala a oscuras. Draco, con sospecha, tomó su varita firmemente en su mano mientras entraba y encendía la luz. El destino quiso que viera como su hermano gemelo estaba tirado en su sofá favorito mientras que Blaise, su mejor amigo, le devoraba la boca en un beso feroz.
— ¿Estás bien, Draco?—preguntó Hermione tomando su brazo.
El rubio parpadeó, saliendo de su aturdimiento. Ahora ya entendía porqué André le había dicho que fueran a aquella librería si deseaban conseguir libros que en ningún otro sitio se encontraban: su hermano ya la conocía lo suficientemente bien como para recomendársela.
—Sí, simplemente… estaba pensando—murmuró antes de enfocar completamente su atención en Blaise— ¿Cómo has estado?—le preguntó algo incómodo después de su recuerdo.
El chico lo miró con diversión, casi como si supiera lo que él había estado pensando segundos atrás.
— ¿Te refieres a cómo he estado después de que amenazaste con cortar mi pene si hería a tu hermano de cualquier forma?
— ¡Draco!—exclamó Hermione, mirándolo de mala forma.
— ¡Ni siquiera recuerdo eso!—se intentó defender él.
— ¿No lo recuerdas? ¡Qué conveniente!—se burló Blaise sin perder su sonrisa—Quizás tendrías mejor memoria si dejaras de evitarme y me trataras como si yo fuera tu amigo de la infancia y no como el amante de tu hermano.
—No te estaba evitando—dijo el rubio rápidamente.
— ¿No? Quizás me pareció no verte en la inauguración de mi librería o ahora soy yo el que sufro de mala memoria y no recuerdo las conversaciones que no hemos estado teniendo estos últimos tres meses.
— ¿Realmente?—Hermione cada vez estaba más enfadada con él— ¿Tres meses?
Draco la miró con incredulidad. ¿A caso olvidaba que realmente no había sido él quien había hecho esas cosas?
—Tranquila, Hermione—dijo Blaise—, ya no estoy enfadado con él. André me explicó que lo que más le dolió a Draco fue enterarse de nuestras preferencias de ese modo, algo que él y yo hemos estado tratando de ocultar toda la vida—se volvió hacia el rubio— ¿Pero puedes culparnos? La sociedad ve lo que somos como una amenaza para sus pulcras costumbres, como si pudiéramos contagiarlos de esta "enfermedad". Estábamos aterrados y no sabíamos cómo ibas a reaccionar ante la noticia.
— ¡Yo nunca haría nada que dañara a André!—le aseguró con rotundidad.
Esas palabras habían salido de repente, casi sin ser pensadas por él pero no podía negar que realmente lo decía en serio. André, su hermano en aquella realidad alternativa mágica, era una persona que se hacía querer rápidamente. Además, era innegable la conexión que había entre amos. Draco quería a aquel tonto que se besuqueaba a escondidas con Blaise.
—Lo sé, Draco— Blaise lo miraba con seriedad—. Sé que amas a André incluso más que yo, pero aún así eso no nos quitó el miedo de ser perseguidos.
—Draco lo entiende ahora, Blaise—dijo Hermione mientras apoyaba su mano en el brazo del chico y le daba un no tan suave apretón para que entendiera el mensaje.
—Sí, lo entiendo—dijo rápidamente, antes de que los dedos de la chica le cortaran la circulación de su brazo—. Lamento haberme comportado como un idiota.
Blaise volvió a sonreír.
—Siempre supe que eras un idiota—le aseguró y sabiendo que lo pondría incómodo, intencionalmente le guiñó un ojo—. Aunque uno muy apuesto.
Draco tragó saliva y alarmado miró a Hermione en busca de ayuda pero la muy condenada tuvo el descaro de reírse en su cara. Cuando volvió a contemplar a Blaise se dio cuenta que sus ojos brillaban burlonamente.
—Lamento decirte que no eres mi tipo—le dijo malhumorado—. Si no te importa, prefiero ahora seguir tratándote como el dueño de esta tienda.
—Por supuesto. ¿Qué puedo hacer por ustedes? André me comentó que se andan paseando de librería en librería pero no me pudo decir qué estaban buscando. ¿Algún libro en particular?
—En realidad, no sabemos el título del libro que buscamos—comenzó a explicar Hermione—, sólo que tiene que ser de Runas Antiguas.
—Bueno, tengo muchos libros de Runas.
—Pero no tienen que ser los comunes que se encuentras en cualquier otro lado—añadió Draco—. De esos ya hemos visto muchos y no nos han servido para nada.
— ¿Qué están buscando específicamente?
Draco y Hermione intercambiaron una mirada, pensando en qué podrían decirle exactamente a Blaise. Lo habían hablado antes pero no había llegado a ningún tipo de acuerdo. La idea de inventar una historia para cubrir o justificar su investigación le había parecido a Draco algo absurda dado que, en realidad, no importaba demasiado. En algún momento dejarían esa realidad y nadie de allí volvería a verlos. Sin embargo, su compañera no había dejado de insistir que era algo fundamental para no levantar sospechas.
—Necesitamos averiguar sobre Realidades Alternativas—dijo Hermione de repente.
Draco la contempló sorprendido por sus palabras. ¿Dónde había quedado su idea de ocultar la verdad?
— ¿Realidades Alternativas?—Blaise miró primero a uno y luego a otro—No tengo idea qué es eso.
—Es un tema relativamente nuevo—añadió Hermione—. Quizás haya algún libro que se haya publicado hace poco y que explique el tema.
—Podría revisar los libros de Runas de aquí pero no creo que algo así exista. Sin embargo, mañana vendrá mi buscador oficial y preguntaré. Pero, como les dije, jamás escuché sobre ese tema en mi vida—lo contempló con curiosidad— ¿De dónde sacaron eso?
—No tiene importancia, amigo—replicó con prisa Draco—. Te agradecería que buscaras. Mañana a última hora vendremos a ver.
—Puede que me lleve un poco más de tiempo encontrar algo si mi buscador no tiene nada, pero ¿por qué no les llevo lo que halle la noche de la fiesta?—sugirió—. Así se ahorran un viaje en vano.
Draco gruñó ruidosamente ante la mención de la fiesta, lo que hizo que los otros dos lo contemplaran con confusión.
— ¡No quiero una maldita fiesta!
—Es tu cumpleaños, Draco—le dijo Hermione, como si esa fuera razón suficiente como para hacerlo aceptar ir aquella condenada celebración.
—Sólo dale lo que encuentres a André—le dijo Draco a Blaise, sin hacer caso al comentario de Hermione antes de dar media vuelta y salir de la tienda.
Casi como era de esperarse, Hermione lo siguió de cerca, sin decir nada pero lanzándole una de esas miradas silenciosas que estaban llenas de significado.
— ¡¿Qué?!—le preguntó malhumorado, cuando finalmente su capacidad para ignorarla llegó al límite.
Se detuvo en medio de la vereda y la miraba fijamente. Si tenía algo que decir, que lo dijera ahora, pero eso no significaba que podría hacerlo cambiar de opinión.
— ¿Por qué no quieres ir a la fiesta?
—Porque realmente no es mi cumpleaños, Granger.
—Lo es en esta realidad—razonó ella—. Además…
Se silenció de repente y sus mejillas adoptaron un ligero rubor.
— ¿Además qué?—cuestionó el rubio, ahora muy interesado en lo que tenía para decirle y porqué eso había la había hecho ruborizar tan adorablemente.
Joder. Ahora utilizaba la paraba "adorable".
—Tengo un regalo de cumpleaños para ti.
— ¿Y no puedes dármelo a lo largo de ese día? No hay nada que te obligue a entregármelo en la fiesta—dijo mientras se preguntaba qué rayos podría ser aquel obsequio.
—No.
— ¿Por qué no?
Ella sonrió con cierto misterio y aunque Draco combatió con todas sus fuerzas esa sensación incómoda que nacía en el centro de su estómago cada vez que la tenía cerca y que en ese momento creció peligrosamente hasta convertirse en un irrefrenable deseo de extender sus brazos y tomar su cintura cubierta por quién sabe cuánta cantidad de tela y besarla hasta que ambos se quedaran sin aliento.
—Tengo una buena razón y no puedo decírtela. Lo comprenderás cuando estés esa noche en la fiesta.
— ¿No puedes decirme al menos lo que es?—preguntó con demasiada curiosidad.
— ¡No!—su risa se mescló con la palabra.
— ¡Oh, vamos! No le diré a André qué es…—insistió
—No te daré lo mismo que a él. A André le daré el cuadro que estoy haciendo de él y un suéter que le compré.
Draco no evitó que su sonrisa se ampliara ante eso.
—O sea que yo soy especial.
Hermione rodó los ojos pero el tenue rubor que había aparecido antes se acentuó. Algo dentro del pecho de Draco se infló de orgullo al darse cuenta que, aunque sea mínimamente, lograba afectarla.
¡Merlín! ¡Cómo quería besarla!
—Que no se te suba a la cabeza—le advirtió ella con una sonrisa tímida.
…
— ¡Feliz cumpleaños!
Hermione abrazó a André con fuerza mientras que éste la envolvía entre sus brazos con profundo amor. Cuando se separaron, él aún tenía en su rostro esa sonrisa amplia con la que había llegado a su casa durante la tarde.
—Gracias, querida—la miró significativamente—Quiero creer que has seguido mis consejos.
—Te dije que lo haría a pesar de que también añadí que eso no significa que me voy a acostar con él—aseguró ella con rotundidad mientras que se volvía roja.
Aún no entendía cómo André, quien se había vuelto casi su mejor amigo en aquella realidad, la había envuelto en esa idea de seducir a Draco. Hermione se había negado rotundamente la primera vez que lo había oído decir aquello pero luego él había insistido que era el Destino, que desde hacía demasiado tiempo andaban revoloteando el uno alrededor del otro y que ya estaba arto de sentir esa tensión sexual que parecía llenar todo el aire que los rodeaba cada vez que se miraban. Aunque todo esto la había hecho poner más roja que un tomate, esas palabras le había hecho preguntarse sobre el rol que debían cumplir en esa realidad. ¿Y si se suponía que debía de hacer eso exactamente? ¿Y si debía de seducir a Draco y acabar juntos en esa realidad? La simple idea la ponía tan nerviosa.
Le hubiese gustado hablar con el rubio al respecto pero André le había dicho que no hiciese o dijese nada que la delatase sino hasta esa noche, que ese sería su obsequio para Draco. Aunque, en realidad, no hubiera podido hacerlo aunque quisiera. Ya demasiado le había costado hacer ese coqueteo casi inocente del día en que salieron de la librería de Blaise. Había intentado sonar insinuante y misteriosa, tal como le había aconsejado André, pero no estaba segura de haber hecho un buen trabajo porque cuando él también comenzó a coquetear su mente se descolocó por completo, sus manos comenzaron a sudar y su corazón se aceleró.
Lo peor de todo era que ella sabía que todo eso que él hacía no iba en serio y eso la molestaba. Aunque no tenía porqué hacerlo, ¿verdad? Después de todo, ella tampoco tomaba en serio los sentimientos que la invadían cada vez que lo veía. Sabía que eran producto de la realidad alternativa donde se encontraban… ¡Merlín, rogaba que así fuera porque sino estaría en un gran problema! Todo—las ganas de besarlo, de tomar sus manos y permitir que él la tocase, de sentarse a su lado en el sillón cuando lo veía leer y apoyar su cabeza en su hombro—, absolutamente todo, no podía ser real.
Le hubiese gustado estar segura de esto pero por desgracia no lo estaba. En realidades anteriores también había sentido algo, algo mínimo que en varias ocasiones se mesclaba con el deseo. Sin embargo, ahora podía sentir como las emociones bullían y se mezclaban con sus más bajos instintos, haciendo que la experiencia de estar cerca de él fuera una especie de vorágine del que era incapaz de salir.
—Pero, ¿lo hiciste?
La voz de André las sacó de sus cavilaciones. El hermano de Draco esperaba una respuesta que ella no sabía dar.
—Eh… Lo siento, ¿qué dijiste? Me perdí unos segundos.
—Espero que sea pensando en las cosas sucias que harás esta noche con Draco, de otro modo no te perdono—sonrió con burla antes de suspirar, simulando estar agotado—. Te estaba diciendo, cabeza de enamorada, que espero que hayas hecho todo lo que te dije que hicieras.
—Sí, lo hice.
— ¿Segura? ¿Te depilaste?
—Sí.
— ¿Usaste el exfoliante que te regalé? ¿Te tomaste el tiempo de usarlo en todo tu cuerpo para que tu piel se vea y se sienta tan suave como la mía?
—Sí.
— ¿Y después usaste esa crema?
—Sí, sí y sí—lo cortó ella—. Hice todo. Incluso compre ese condenado vestido azul que me aconsejaste y esos zapatos con los que seguramente me romperé la cabeza cuando dé el primer paso.
—Esos zapatos harán que tu lindo trasero se vea más respingón y que Draco quiera darle unos cuantos mordiscones.
— ¡¿Tienes que hablar así?!—le preguntó totalmente avergonzada.
—Lo hago por el simple placer de molestarte—se burló él—. Ahora vamos, princesa, sacaré lo mejor de ti a la luz para que vuelvas completamente loco a mi hermano.
…
¡Había una jodida banda tocando en vivo! ¡Una banda! El día anterior, cuando había hablado a su hermano confirmándole que asistiría a la tonta fiesta, éste le había dicho que sería una reunión con unos cuantos invitados, mucho alcohol y algo de música. Nunca había esperado que realmente fuera un salón enorme, bien decorado, con un amplio bar, una imponente banda que tocaba como si sus vidas dependieran de eso y que hubieran más de cien personas.
Muchos se acercaron a felicitarlo al verlo, algunos incluso lo confundieron con su hermano. Él no se molestó en corregirlos dado que ni siquiera los conocía y respondió lo más amablemente posible a sus saludos a pesar de que ese era el último sitio en el que quería estar. Si fuera verdaderamente su cumpleaños, su madre seguramente tenía un pastel de chocolate o de frutilla, nunca sabía porque todos los años lo sorprendía con sabores diferentes. Suspiró con pesadumbres y buscó con la mirada a su hermano pero había demasiadas personas como para distinguirlo, así que comenzó a caminar por el sitio. Estaba a punto de llegar a la zona del bar cuando una mano tocó suavemente su brazo, deteniéndolo. Se giró de prisa, pensando con ansias en que se trataba de Hermione pero descubrió que sólo se trataba de Astoria, quien le sonreía maravillosamente y que lucía un ajustado vestido blanco que hacía ver reluciente su piel.
—Feliz cumpleaños, Draco—lo felicitó suavemente mientras se inclinaba hacia él y dejaba un pequeño beso en su mejilla.
Ciertamente, no podía estar más que sorprendido por la Astoria de esa realidad. La del mundo real era increíble molesta, pesada, insistente. Durante ese último año de colegio se coló más de una vez en su cama, intentando seducirlo sin conseguirlo. Ya había tenido suficiente de ella una vez como para saber que caer nuevamente en el mismo error sería su condena.
—No me has confundido con mi hermano.
La chica se rió suavemente.
—Créeme, jamás podría—aseguró pero no añadió ni una sola palabra más para aclarar la cuestión—. Has llegado tarde. Se suponía que debías de estar aquí hace una hora.
—Sí—hizo una mueca—, estuve ocupado.
Era mentira, obviamente. Simplemente había retrasado todo lo suficiente su salida para no tener que pasar demasiado tiempo en la fiesta. Aunque no se había animado a que pasasen más de sesenta minutos. Había tenido el irracional miedo de que su hermano fuese a buscarlo como si se tratase de un pequeño encaprichado que no quiere salir de su cuarto a recibir a las visitas.
— ¿Ocupado el mismo día de tu cumpleaños?—preguntó.
Pero Draco ya no la oía. Había visto una melena risada a lo lejos y creyó que se trataba de Hermione.
—Discúlpame, tengo que…
—Tienes que bailar conmigo—interrumpió la chica, contemplándola con una nueva sonrisa mientras tomaba su brazo y comenzaba a arrastrarlo hacia la pista que se encontraba frente a la banda y que ya estaba bastante concurrida—. Por favor. Dentro de una semana tendré que volver a viajar y no sé si podré verte de nuevo.
Draco pensó que no podría hacer demasiado daño bailar una vez con ella. Quizás así luego lograba quitársela de encima. Astoria podría ser en esta realidad más tolerable pero eso no quería decir que quería tenerla pegado a él.
—Sólo uno—gruñó.
Hermione vio el momento en que él se dejó arrastrar hacia la pista por la hermosa Astoria Greengrass y sintió que el corazón se le estrujaba dentro de su pecho. Había llegado a la fiesta nerviosa y ansiosa al mismo tiempo, sabiendo que André había logrado sacar lo mejor de ella y que posiblemente nunca antes se vio tan hermosa como en ese momento pero su autoestima nunca había sido tan alta como para compararse con la menor de los Greengrass y salir victoriosa. Suspiró, abatida, pensando con dolor que todo su esfuerzo había sido en vano.
— ¿Por qué esa cara larga?—preguntó una voz a su lado—Se supone que estamos en una fiesta.
Hermione forzó una sonrisa a Blaise.
—No tiene importancia—dijo antes de que sus ojos notara que el muchacho tenía entre sus brazos un grueso libro de tapa de cuero negra— ¿Has encontrado algo?—preguntó con nerviosismo.
El chico sonrió de lado y la miró directamente a los ojos.
— ¿Qué estarías dispuesta a darme a cambio de esta preciosura?—preguntó, sacudiendo el libro delante de sus ojos.
Hermione rió suavemente.
—Si no estuviera segura, diría que intentas seducirme.
—Quizás no llegar a tales extremos pero estaría interesado en intentar convencerte de bailar conmigo—se acercó a ella y le susurró por lo bajo—. Debo mantener las apariencias, después de todo, y qué mejor modo que bailar con la bruja más hermosa del lugar.
Blaise sacó su varita mágica y con un pequeño golpe sobre el lomo, redujo el libro al tamaño apropiado para colocarlo en el interior del bolsillo de su traje. Luego, con profunda galantería, extendió la mano hacia Hermione. Ella la tomó, aún riendo por todo aquella teatralización, y justo en ese momento la banda cambió el ritmo para tocar un tema lento que hizo que muchas de las parejas de baile se apretaran más unos con otros.
Draco, por su parte, logró escapar de Astoria y no volteó a mirar la pista, más decidido que nunca a encontrar a Hermione o a su hermano. Por fortuna, no tardó en hallar a éste último, quien reía encantado de algún chiste que le contaba una pelirroja curvilínea. Cuando lo vio, se disculpó con la mujer y fue hacia él, con una sonrisa brillante y los brazos abiertos. Draco se dejó abrazar por unos segundos e incluso le devolvió el gesto, sintiéndose extraño pero cómodo al mismo tiempo.
—Feliz cumpleaños, hermano—le dijo André.
—Feliz cumpleaños—Se apartaron y Draco buscó dentro de su bolsillo donde encontró un sobre—Ten. Es mi obsequio para ti.
—Pensé que acordamos que no había necesidad de obsequios entre nosotros—André tomó de todos modos el sobre y lo abrió ansioso. Vio con los ojos inmensamente abiertos la carta que autorizaba un traslador para dos personas a Paris— ¿Qué es esto?
—Lo que ves. Pensé que podrías ir y visitar esa ciudad con alguien, quizás un amigo. Me han dicho que es menos conservadora que Londres.
André lo miró con sorpresa por unos instantes, siendo incapaz de articular palabra. Bajó la cabeza nuevamente hacia el documento que mantenía en sus manos sin poder creer que su hermano estuviera obsequiándole algo así y finalmente, tras un largo instante, volvió a mirar a Draco.
—Gracias—dijo con la voz estrangulada. André rió nerviosamente, mientras que con el mayor disimulo posible se apartaba las lágrimas que habían aparecido en las esquinas de sus ojos—. Muchas gracias… Yo…—se guardó el sobre y buscó él también lo que había guardado por muchos años para dárselo a su hermano—Ten.
—Pensé que acordamos que no habría regalos—le recordó.
—Esto es diferente—lo obligó a tomar la pequeña cajita negra aterciopelada—. Era de mamá.
Una imagen de Narcisa Malfoy apareció en su mente ante la mención de André, una imagen ficticia, obviamente, pero que se sentía demasiado real para él. En ella, su madre se encontraba con ambos acurrucados frente a la chimenea encendida, tenían una manta cubriéndolos y con toda la maestría que tienen sólo las madres, les leía un cuento, haciendo pausas para crear suspenso y creando diverentes voces para los personajes. Ambos eran muy pequeños en el recuerdo, quizás de unos seis o siete años.
—No creo que me corresponda—dijo Draco repentinamente, intentando devolverle el cofrecito sin siquiera mirar el contenido.
—Esto es tuyo, míralo—insistió.
Draco abrió la cajita y vio que se trataba de un anillo. Pero no de cualquier anillo, sino del mismo anillo que su madre, su verdadera madre, había heredado de su abuela, el anillo de los Black. Él sabía, por palabras de su madre, que esa joya le sería entregada el día en que encontrara a la indicada para volverse la nueva señora Malfoy. No había pensado demasiado en ello, realmente. Entonces, ¿Por qué demonios su mente lo había sacado a la luz en aquella realidad alternativa? Era un anillo claramente costoso. La esmeralda en el centro, la banda de plata, los detalles eran hermoso.
—El día en que mamá supo que su enfermedad no tenía vuelta atrás me lo entregó, esperándole que se lo de a una buena bruja. Me dijo que a ti te dio los gemelos de papá—André rodó los ojos—. Creo que hubiera sido mejor al revés. Esto es algo que yo no debería de haber aceptado pero no tuve el valor para decirle la verdad.
—No creo que le hubiese molestado demasiado—dijo Draco pensando en su verdadera madre.
—Vamos—André sonrió con tristeza—. Mamá era una mujer bondadosa pero estricta. Si le hubiese dicho la verdad, ella misma me hubiese entregado a las autoridades—miró de nuevo el anillo—. No me importa que lo tengas, Draco. De hecho, insisto porque yo no quiero verlo. Creo que quedará mejor en la mano de esa señorita que Blaise está apretando contra suyo.
Draco giró el rostro para seguir la dirección de la mirada de su hermano y descubrió, con profundo malestar, que Hermione bailaba pegada al amante de su hermano.
—Tranquilo—susurró André por lo bajo, notando su reacción—. Blaise siempre hace eso… ya sabes, guardar las apariencias.
Lo entendía pero eso no quería decir que le gustara lo que veía. Aunque el chico no fuera una amenaza ni intentara seducirla realmente, no quería que nadie acariciara su cintura como Blaise lo hacía, ni que se apretara contra su cuerpo. Ambos se quedaron viendo en silencio a la pareja, hasta que la canción terminó y el muchacho guió Hermione hacia ellos. Cuando ella lo vio, sus ojos brillaron y una sonrisa inmediatamente apareció en su rostro; sin embargo, ésta desapareció inmediatamente por alguna misteriosa razón. Aunque ese cambio de actitud repentino lo consternó, no impidió que sus ojos no perdieran detalle de lo maravillosa que se veía en aquel vestido que resaltaba su figura. La parte delantera tenía un ligero escote que hacía que el inicio de sus senos se vieran como la porción más mordisqueadle de su cuerpo. Su cabello recogido dejaba a la vista un cuello delicado y solamente decorado por una delgada cadena de plata.
—Creo que Draco quiere desenvolver su regalo de cumpleaños—dijo la cantarina voz de André.
Hermione se ruborizó y Draco miró primero a su hermano y luego a la chica, sin entender a lo que se refería, pero recordando perfectamente que ella había insinuado que tenía algo para él que sólo podría dárselo esa noche.
—Creo que lo olvidé en casa—dijo ella con seriedad.
—Claro que no, lo tienes aquí mismo—indicó André significativamente—. Quizás puedas ir al patio con Draco a tomar un poco de aire. Hay un interesante laberinto que seguramente estará vacío. Allí puedes darle su obsequio.
Draco sabía que se estaba perdiendo de algo pero por más que se esforzaba por captar las indirectas que le lanzaba André a Granger, era incapaz de hacerlo. Miró a Blaise en busca de ayuda pero éste sólo sonreía y miraba la pista de baile, como si no estuviera oyendo la conversación.
—No creo que sea una buena idea.
—Yo sí—dijo Draco, queriendo averiguar de una vez por todas de qué iba a aquello.
—Creo que tu pareja estará algo disgustada.
— ¿Mi pareja?—preguntó desconcertado.
—Astoria.
Oh… ¡Oh! La sonrisa vino por sí sola a su rostro.
— ¿Así que estás celosa?
Hermione bufó.
—Creo que lo que hayas tomado ya te subió a la cabeza.
—No he tomado nada—le aseguró—. Ahora, vámonos—la tomó del brazo y la obligó a andar hacia la puerta lateral que iba hacia el jardín—, quiero mi obsequio.
Hermione volvió a ruborizarse y eso lo irritó. Si ella no se comportaba como debía y dejaba de ponerse roja ante la mención del condenado regalo, iba a hacer una locura como besarla y estaba seguro que eso no le gustaría.
Vieron el laberinto extenderse a pocos metros de ellos y hacia allí los encaminó Draco, siendo muy consciente del nerviosismo que brotaba de Hermione. No avanzaron mucho, solo los suficientes metros para que la música de la fiesta pareciera algo amortiguada.
—André está equivocado—dijo inmediatamente Hermione después de que se detuvieron—. No tengo ningún regalo aquí para ti. Lo olvidé.
— ¿Por qué tengo la sospecha de que no estás diciéndome la verdad?
—No lo sé… ¡Pero te la estoy diciendo!
—André parecía completamente seguro y tú no dejas de ponerte roja, lo que me hace pensar que, sea lo que sea lo que me vayas a dar, te avergüenza… ¿Por qué? ¿A caso es ropa interior?
— ¡No! Es… es un… libro—inventó Hermione a último momento.
— ¿Habla de sexo?
— ¡Merlín, no!—exclamó rápidamente.
—Entonces no entiendo cómo podrías querer regalarme un libro—dijo desconcertado.
— ¿A caso quieres que te obsequien un libro de ese tema? Cualquiera pensaría que ya sabes suficiente.
—Nunca se sabe suficiente sobre sexo—le aseguró, guiñándole un ojo con complicidad—. Además, sería divertido poner en práctica lo que sea que te enseñe, ¿no crees?
Hermione no fue capaz de responder y simplemente negó con la cabeza, como si la idea la horrorizara cuando en realidad era todo lo contrario.
—Pero, de todos modos—siguió diciendo el rubio—, ya has visto la cantidad de libros que tengo en mi biblioteca, ¿para qué querría otro? Sigo sin creer que sea eso. Nadie se ruboriza por un libro a menos que sea uno sucio.
Hermione se sentía acorralada, no sólo por las correctas conjeturas de Draco, sino porque él había comenzado a caminar hacia ella, arrinconándola en una esquina de aquel laberinto sin posibilidades de escapar a menos que lo empujase y no parecía tener la fuerza de hacerlo en ese momento… ¿Y si le decía la verdad?, se preguntó en un momento de desespero. Lo peor que podía suceder sería que se riese en su cara. Claro, dolería demasiado, tendría el orgullo herido y estaría profundamente avergonzada pero no era nada que no se pudiera remediar. Después de todo, cuando salieran de aquella realidad todos esos sentimientos que la invadían cada vez que estaba con él, desaparecerían.
—Tengo una teoría…—comenzó.
—Creo que ya he oído esas palabras saliendo de tu boca—dijo él— ¿Qué es ahora?
—Es sobre esta realidad—aclaró—. Sobre… nuestros roles.
—Pensé que habíamos estados haciéndolo bien—indicó Draco, más serio que antes—. He ido a las convenciones, charlas, revisé mis notas sobre las investigaciones que aparentemente realizo y creí que tú estabas haciendo las pinturas.
—Las hice—aseguró—. Encontré una agenda y fui a las citas que tenía acordadas para realizar los retratos. Cumplí con eso… pero lo que quiero decir es que quizás nuestro rol vaya más allá de simplemente nuestro trabajo. André… él no ha dejado de sugerirme que entre nosotros—señaló con su mano el espacio que había entre ambos—… haya algo más que amistad.
—También me lo dijo.
—Y entonces, empecé a pensar que lo que se espera es que avancemos… más…—lo miró a los ojos, profundamente nerviosa, rogando que entendiese lo que quería decirle pero él no dio muestras de hacerlo. En realidad, tampoco de lo contrario porque su expresión se quedó en una mueca neutral—. Sé que es ridículo—se apresuró a añadir—. André insistió en que te diera este obsequio—se señaló a sí misma—. Estuvo ayudándome a arreglarme porque quería que estuviera hermosa para ti… Quizás por eso insistió en que viniéramos aquí, donde nadie puede vernos para… para que desenvuelvas tu regalo.
Había hablado sin ser capaz de mirarlo a los ojos pero cuando el silencio siguió extendiéndose entre ambos se atrevió a alzar la vista para mirarlo directamente. Debió de haber imaginado que hacer eso era un error porque inmediatamente su mirada gris la perforó y contrariamente a muchas otras ocasiones del pasado donde sólo encontraba frío e indiferencia, ahora sólo podía sentir que ésta ardía. Inmediatamente se estremeció y dio un paso hacia atrás, pegando su espalda al arbusto que formaba la pared del laberinto. Draco la persiguió, acortando mucho la distancia entre ambos, hasta conseguir que su rostro quedara casi pegado al suyo. El calor de su aliento rozó la mejilla de Hermione, lo que la hizo demasiado consciente de lo que iba a venir. Dentro de su pecho, su corazón se aceleró y su respiración comenzó a salir en forma de pequeños jadeos cuando sintió que Draco rosaba la curva de su pómulo con sus labios, deslizándose hacia arriba hasta su oído.
—Me encanta mi regalo—susurró, ocasionando que un escalofrío recorriera la espalda de la chica—. Y sería un honor desenvolverlo.
Draco alzó una de las manos y tocó con las yemas de sus dedos la delgada tira que sostenía el vestido de Hermione, jugando con ella hasta moverla por la curva de su hombro, dejando a éste desnudo. Apartó su rostro del de ella para dejar un beso justo encima del sitio en el que se había encontrado la tela, un beso en el que había separado los labios lo suficiente como para permitir que sus dientes rasparan muy suavemente la piel.
Él había hecho poco pero ya la tenía derritiéndose a sus pies. ¿Cómo era posible si ni siquiera la había besado?, se preguntó Hermione.
Cuando el brazo de Draco se enredó alrededor de su cintura, no protestó, e incluso apoyó sus manos sobre su pecho, sintiendo bajo sus palmas como el corazón del propio rubio se aceleraba más y más a medida de que acercaban sus bocas para besarse. ¡Y vaya que beso! A penas un roce que esta vez no dudó en devolver pero que hizo que sus rodillas se sintieran débiles.
— ¡NOOOO!
El grito había venido de la fiesta y había sido casi desgarrador. Se separaron de prisa, sorprendidos por la interrupción.
— ¡SUÉLTENLO!
—André—jadeó Draco, reconociendo la voz de su hermano inmediatamente.
Tomó la mano de Hermione y ambos salieron del laberinto con facilidad para correr luego directamente al salón, donde la música se había detenido por completo. Ambos entraron y tuvieron que apartar a la gente al comienzo pero cuando notaban que se trataba del rubio, rápidamente se apartaban, dejándole adelantarse.
— ¡No! ¡No! ¡Es mi culpa!
Cuando llegaron a la parte de adelante, vieron con sorpresa que dos Aurores habían aparecido y que cada uno sostenía a un prisionero. Uno era André, que tenía los ojos rojos y llorosos y miraba desesperado a Blaise, que estaba siendo sujetado por el otro auror.
— ¡¿Qué se supone que es esto?!—inquirió Draco con voz potente.
Astoria dio un paso adelante, de entre la multitud y lo miró horrorizadas.
—No tienes idea al monstruo que tienes por hermano, Draco—dijo la chica—. Los encontré besándose. ¡Fue una aberración!—se llevó las manos al rostro, como si el recuerdo la torturara—. Tienen que ser castigados.
— ¿Qué?—gruñó.
— ¡No pueden hacer algo así!—exclamó Hermione y rápidamente se colocó delante de todos para hablarle directamente a los aurores—No pueden llevárselos sin ninguna prueba.
—Hay una testigo, señorita—aseguró el que sostenía a André firmemente.
—Pero no pueden realmente creer a una mujer claramente alcoholizada—dijo señalando a Astoria, quien aún tenía una copa de cristal casi vacía que tenía sólo un dedo de un líquido verdoso—. Su mente pudo jugarle una mala pasada.
Astoria abrió los ojos enormemente y jadeó ante la acusación.
— ¡No estoy ebria!—aseguró—Este es sólo mi… segundo… trago—Lo decía con cierta duda y todos se dieron cuenta que estaba mintiendo—. ¡Pero estoy dispuesta a prestar mis recuerdos!
—Pero tan sólo durante un juicio—aclaró Hermione—. Conozco la ley mágica porque es un tema que siempre me ha interesado y sé perfectamente que esa clase de pruebas deben ser presentadas delante de un juzgado. Como ahora la única evidencia que se tiene es la palabra de una mujer alcoholizada, los dos hombres pueden ser liberados mientras la fecha es acordada.
Los dos aurores se contemplaron fijamente y terminaron por soltar a André y Blaise.
—Mañana mismo les comunicaremos la fecha de juicio—les informó uno de ellos antes de que ambos se aparecieran fuera de allí.
El silencio se hizo en la habitación y parecía que de repente nadie podía ser capaz de alzar la vista y contemplar a André. Poco a poco, los invitados de la fiesta fueron marchándose sin decir ninguna palabra de despedida.
Astoria dejó el vaso que tenía en su mano y se acercó a Hermione, mirándola con profundo desprecio.
—Todos saben que el juicio no es nada más que un simple asunto burocrático—le dijo entre dientes—. En cuanto quede probado que realmente estaban actuando indecentemente, quedarán condenados a Azkaban.
Hermione simplemente apartó un poco su rostro del de la chica y agitó su mano delante de su nariz.
—Realmente, deberías hacer algo con tu aliento—le aconsejó.
Astoria enrojeció, llevándose las manos a su boca para cubrirla. Rápidamente dio media vuelta y salió.
Cuando quedaron completamente solos, ella corrió hacia André y lo rodeó en un fuerte abrazo con el que le decía lo mucho que sentía aquella situación.
—No te preocupes, todo irá bien—dijo el chico.
Hermione sonrió tristemente, apartándose a duras penas de él.
—Se supone que debo ser yo quien te consuele, no al revés.
—Creí que lo necesitarías más que yo—se encogió de hombros.
—Debemos ir ya mismo y conseguir libros sobre este asunto—Hermione miró a Blaise—. Debe de haber algo en tu librería que yo no haya leído.
El chico la miró suavemente.
—Realmente no hay nada que hacer—le dijo resignadamente—. Las leyes son firmes, Hermione. Las personas como nosotros no debemos de existir porque somos considerados un mal para la sociedad.
— ¡Pero eso es absurdo!—exclamó ella.
—No todos tienen tan buenos pensamientos como tú, querida—aseguró André—. Blaise y yo ya hablamos de este tema antes, sabíamos a qué nos enfrentábamos y… aceptaremos el destino que nos toque.
— Pero es injusto—murmuró Hermione.
—Sin importar que nos quieran hacer creer, el mundo no ha sido construido sobre los pilares de la justicia—indicó Blaise con un suspiro.
El muchacho se acercó a André y tomó su mano con infinito cariño.
— ¿Quieres venir a casa conmigo?—le preguntó.
—Claro—el rubio asintió—, sólo dame un segundo.
André se volteó hacia Hermione y la miró fijamente.
—Prométeme que no harás nada estúpido—ella se quedó en completo silencio—. Hermione, prométemelo.
—No lo hará—aseguró Draco, interviniendo en la conversación por primera vez—. No lo permitiré.
—Cuídala, Draco…y… lo siento.
Draco miró fijamente los ojos de su hermano, casi adivinando lo que estaría por hacer a continuación. Le dolía terriblemente pero sabía que no podría detenerlo.
—Adiós.
Y sin más, tanto André como Blaise se marcharon mediante aparición.
Hermione se apartó de Draco con brusquedad.
—Si creen que me quedaré de brazos cruzados, están muy equivocados… y tú también lo estás si piensas que conseguirás detenerme.
—No sería tan estúpido como para pensar una cosa así—aseguró Draco con seriedad.
—Entonces… ¿Por qué le dijiste a…?
—Sólo fueron palabras pero realmente intentaré convencerte de que hacer cualquier cosa sería en vano. Las leyes no están a su lado y sería casi imposible encontrar un hueco entre ellas que logre respaldarlos. Además, Astoria presentará sus recuerdos.
— ¡Pero podemos modificarlos!—exclamó con desespero ella pero inmediatamente se dio cuenta del fallo en ese plan. El Ministerio rápidamente detectaría que los recuerdos de la chica fueron cambiados y ellos o André o Blaise, serían los primeros sospechosos—Debe de haber algún modo.
—No lo hay… Debemos concentrarnos en volver a nuestra realidad.
— ¡Te dije que dejaría todo de lado si algo llegaba a sucederle a André!—gritó Hermione— ¿Cómo puedes actuar así? ¿Cómo puedes estar tan serio, frío, sin siquiera pensar en tu hermano? ¡¿No sientes nada?!
—Granger—el apellido de ella salió como un gruñido—, deberías de guardar silencio cuando no sabes de lo que hablas…
— ¿No lo sé? ¡Te estoy viendo!
— ¡Merlín, Granger!—exclamó, perdiendo la paciencia— ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué me importa? ¿Qué realmente lo quiero? ¡Claro que sí! Sabes tan bien como yo que los sentimientos están involucrados en estas realidades alternativas. ¡También me preocupo por él! ¡Y por Blaise!
—Bien, pero, ¿Por qué no has hecho nada?
No es que realmente le importaba lo que ella pensara de él…o al menos, no es como si le importara demasiado, pero no quería que Hermione pensara que era un maldito sin corazón.
—Lo hice.
— ¿Qué? ¿Qué hiciste?
—Les di un permiso para tomar un traslador a Paris. Estoy seguro que ahora mismo ya están allí, desapareciendo. Al menos, espero que no se hayan detenido a hacer las maletas porque para ese entonces todo el Ministerio estará enterado de su situación y no los dejarán marchar.
—Pero no podemos estar seguros…
—Es lo único que tenemos, Hermione. No podemos hacer nada más que esperar.
— ¿A qué? ¿A que se comuniquen con nosotros o a que salgamos de esta realidad? Eso no me basta, Draco, no puedo simplemente esperar…
— ¿Crees que a mí me gusta la idea?—le preguntó con frustración mientras comenzaba a caminar por el salón decorado, completamente vacío a excepción de ellos dos— ¡Me preocupo por él! Y no puedo hacer nada más que estar aquí… Si intento verificar cualquier cosa en Paris, los descubrirán.
—Pero en algún momento sabrán que ellos tomaron ese traslador.
—Sí, pero ruego que André y Blaise sean lo suficientemente inteligentes como para desaparecer de Paris e ir a cualquier otro lado—gruñó.
Se pasó la mano nerviosamente por su cabello. La idea de esperar a tener noticias le parecía tan mala como a Hermione pero, ¿qué más podría hacer? André debía de ser inteligente porque él no iba a dejar que Hermione se involucrase en aquello poniéndola en peligro porque no debía de olvidar bajo ninguna circunstancia la promesa que le había hecho a Potter. No había leído sobre las leyes mágicas de esa realidad como ella pero podría apostar que podrían acusarlos de cómplices o encubrimiento.
Hermione se sintió un poco mal por haber utilizado aquel tono acusador. Claro, al principio no había visto nada en el rostro de Draco que mostrara alguna preocupación por André pero ¿Desde cuándo él mostraba sus verdaderos sentimientos? Claro, la ira y el descontento siempre habían sido fáciles de demostrar para el chico pero no el dolor o la preocupación. Sin embargo, después de que ella le gritó, él parecía haber ido desmoronándose poco a poco. Sus ojos grises estaban nublados de preocupación y parecía incapaz de quedarse quieto.
—Vámonos—se colocó delante de él y tomó su mano—. Vamos y esperemos.
…
Hermione y Draco habían regresado a la casa de ella y se habían sentado delante de la chimenea encendida de la sala, mirando el fuego en completo silencio hasta que el sueño se coló por encima de ellos y los hizo caer dormidos en el mismo lugar. La chica había sido la primera en caer dormida. El rubio había sentido algo apoyándose contra su hombro y al girar la cabeza había visto y sentido como ella se acomodaba, acurrucándose a su lado en busca de calor. Sin pensarlo demasiado había conjurado una manta de su cuarto con un suave movimiento de su varita mágica y la había cubierto lo mejor posible mientras ella seguía usándolo como almohada. No fue precisamente consciente de cuando él también cayó dormido; había estado pensando en André, oyendo el suave sonido del crepitar del fuego y, casi de repente, había despertado sobresaltado, sintiéndose demasiado solo en el sillón.
Aún adormilado, miró alrededor en busca de Hermione para darse cuenta que ella no se encontraba allí. Se puso de pie, estiró sus brazos y no prestó ni un poco de atención a lo revuelto que estaba su cabello o lo arrugado que se encontraba el traje que se había colocado el día anterior para ir a la fiesta. Caminó perezosamente hacia la cocina para encontrarla vacía. Fue hacia el cuarto de la chica y tocó la puerta cerrada sin obtener respuesta; por eso, no dudó en abrirla para comprobar que tampoco se encontraba allí. Así que fue directamente hacia la sala de pintura que ella tenía en la casa y la encontró sentada en su butaca, contemplando el cuadro de André que había hecho.
—Pensé que se lo habías dado ya—le dijo.
Ella se sobresaltó al oírlo hablar pero no giró el rostro. Draco vio se llevaba las manos a la cara y que se limpiaba lo más disimuladamente posible las lágrimas. En su pecho, algo se removió con incomodidad al verla de ese modo.
—Yo…—se aclaró la garganta suavemente—se lo entregué cuando vino a ayudarme para prepararme para la fiesta. Dijo que hoy vendría por la mañana a buscarlo para colgarlo en su sala.
Draco se acercó lentamente hacia ella. Dudó un instante pero haciendo caso omiso a sus miedos, estiró su brazo hacia ella y rodeó sus hombros para luego empujarla con suavidad hacia su pecho. Había temido que ella rechazara su toque pero inevitablemente su corazón se aceleró cuando la sintió enterrar su rosto contra su camisa, buscando su consuelo. Pero él jamás había sido bueno con el asunto de los sentimientos, aún menos con chicas llorosas.
—Yo también… estoy preocupado por él—comenzó Draco, costándole horrores hablar abiertamente pero sintiendo que era necesario ser abierto con Hermione—, pero piensa de este modo: si todo esto no es más que producto de nuestra mente, tanto Blaise como André están bien porque no puedo imaginar cómo tu cerebro puede crear algo malo.
No pudo verlo pero las comisuras de los labios de Hermione se estiraron ligeramente al oír aquellas palabras. La chica aspiró profundamente, sintiendo el rastro de la colonia que Draco se había colocado el día anterior. Movió su cabeza fuera de su pecho para colocarla en el cuello del chico y suspiró; le pareció sentir que él intentaba combatir un estremecimiento y que sus manos se aferraban con más fuerza a su cuerpo pero no pudo estar segura ni pensar demasiado en el asunto porque la magia comenzó a salir desde el centro de la tierra, rodeándolos.
Hermione también se aferró a él con fuerza.
—No quiero irme sin saber que está bien—dijo con un tono casi desesperado.
—Lo están, Hermione—aseguró Draco—, lo están.
Y fueron las últimas palabras que compartieron antes de que la magia los sacara de aquella realidad para llevarlos a otra muy diferente.
Adelanto del siguiente capítulo:
—Sé que somos amigos desde pequeños, Draco, y por eso te diré que lo que estás a punto de hacer es un maldito suicidio.
Draco contempló anonadado a Ronald Weasley. El pelirrojo estaba sentado frente a él, ambos en una cafetería muggle, cada uno con una taza humeante de café. Lo más increíble era que acaba de oír como decía que eran amigos y lo peor de todo era que este inútil al que siempre había detestado lo contemplaba como si realmente hubiera estado preocupado por él.
