Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

BAJO LOS FOCOS

CAPÍTULO 21

Benedict se durmió en el trayecto que le llevó desde el aeropuerto hasta la casa. Cuando por fin bajó del coche con el niño en brazos, Edward no salió a recibirles.

Entró en la casa vacía y fue directamente a la habitación de su hijo para dejarle durmiendo en su cuna.

Volvió a la planta baja y despidió al chofer que acababa de entrar las maletas en el vestíbulo.

Le sorprendió que su marido no estuviese allí, pero se negó a dejar que las dudas e inseguridades le invadieran.

Cogió su teléfono y marcó el número de Edward.

Su sorpresa fue mayúscula cuando la melodía de Born in the USA comenzó a sonar en el salón.

Siguió el sonido de la música hasta encontrar el teléfono de Edward sobre la alfombra junto al sofá.

Sobre la mesa de centro las vio. Varias páginas con fotos de ella y Alec Bright le observaban desafiantes.

Se sentó en el sofá y leyó los artículos y entonces por fin vio lo que su marido había visto.

En todas las fotos solo estaban ella y Alec. Alice, que había estado siempre presente en esos momentos, había sido perfectamente excluida de las imágenes.

Y por fin entendió lo que Edward habría interpretado.

Ella en Nueva York, en una cita nocturna con su ex novio, con el que había pasado la noche de Año Nuevo en casa de su amiga.

Su preocupación fue entonces mucho mayor.

Edward no solo debería haber estado en su casa, sino que él nunca habría salido sin cargar con su teléfono móvil. Pero haberlo hecho después de haber visto esas comprometedoras y traicioneras fotos, podía haberle llevado a tomar alguna decisión equivocada.

Y ella no podía siquiera imaginarlo.

Después de cortar la comunicación subió a la planta alta para dirigirse a su propia habitación.

Sobre su enorme cama, desnudo, con su ropa regada despreocupadamente sobre el suelo, su marido dormía sobre las mantas.

En el suelo, a los pies de la cama, la botella de Bourbon que Carlisle le había regalado por el nacimiento de Benedict, se encontraba ya vacía.

Bella se sentó en la alfombra observando a su marido dormir.

Era, sin lugar a dudas, el hombre más hermoso y atractivo que había conocido jamás, y en los últimos seis años ella se había enorgullecido de afirmar que era completamente suyo.

Pero algo había sucedido la noche anterior que le hacía temer que esa realidad hubiese cambiado.

No podía saber lo que realmente había acontecido, pero los pocos datos que tenía bastaban para preocuparle.

La noche anterior había hablado con su marido borracho y éste se había jactado de estar en compañía de otra mujer.

Podía imaginar que esa mujer fuera Makenna Brown, en virtud de las fotos que había visto.

Su marido había subido al coche de esa mujer y allí estaba varias horas después durmiendo en su cama desnudo con su ropa esparcida por la habitación, de la forma que una mujer excitada podría haberla dejado caer.

No había nada que le llevara a pensar que Edward se hubiese llevado a una mujer a su propia cama, pero tristemente, nada le hacía pensar que no lo hubiese hecho.

Sintiendo su pecho oprimirse acongojado, le llamó.

—Edward —dijo tocando su hombro desnudo.

Solo después de varios intentos él por fin abrió los ojos.

Se estremeció al ver la mirada desaprensiva de sus iris verdes.

—Hola —le saludó en un susurro con la sonrisa más triste que sus labios pudieron esbozar.

Él la miró unos segundos eternos antes de contestar.

—¿Qué hora es?

—Pasan de las tres.

—¿Cuándo has llegado?

—Hace unos diez minutos.

—¿Y Benedict?

—Lo he dejado en su cama. Estaba agotado. No tuvo un buen vuelo—explicó.

—¿Por qué no?

—No pudo dormir. Estaba inquieto. Imagino que notaba mi propia inquietud.

Edward la observó atento y receloso.

—¿Por qué estabas tú inquieta? —indagó sin estar del todo convencido de querer escuchar la respuesta a esa pregunta, pero aun sabiendo que no podía evitarla.

Los ojos de su mujer se llenaron de lágrimas y ese hecho solo le preocupó aún más.

—Tenía miedo de lo que podría encontrar al llegar a casa —reconoció—Y aún no estoy segura de qué es lo que he encontrado —agregó mirándole suplicante mientras dos tímidas lágrimas resbalaban por sus mejillas.

Edward restregó su rostro enterrándolo entre sus manos.

—Tenemos que hablar —dijo por fin haciéndola tremolar —Pero primero necesito una ducha y un café —agregó.

Se sintió apenada y vencida.

—De acuerdo —aceptó poniéndose en pie —Haré café —dijo abandonando la habitación.

Edward se encontró con su mujer en la cocina después de haberse duchado y haber pasado por la habitación de su hijo.

Bella estaba sentada a la isla con una taza de café caliente entre las manos.

Su mirada perdida, sus ojos rojos. Levantó la vista en cuanto él entró y evadiendo su mirada se alejó de la isla para servir una taza de café para él.

—Te he preparado algo de comer —dijo con voz suave empujando hacia él a través de la mesada un pequeño plato con un sándwich de pavo y su café.

—Gracias —Edward se sentó frente a ella y comió su sándwich en silencio.

Bella le observaba también en silencio y ninguno lograba entender cómo habían llegado a ese punto en su matrimonio.

Poco más de una semana atrás habían estado juntos en Nueva York y todo había sido como antes. Pero todo se había derrumbado en la última noche que habían compartido, cuando Bella le había insistido a Edward que le hiciera el amor y él había acabado negándose al verla a ella sufrir con ese acto.

Y ese golpe parecía haber sido dado en una piedra fundamental de su matrimonio, porque todo parecía haberse desmoronado desde entonces.

Sabiendo lo que su marido había visto publicado e imaginando lo que él había pensado, supo que no podía permitirle dudar de ella.

—Alec Bright fue mi novio hace una década —dijo con la vista clavada en el líquido oscuro de su taza.

Frente a ella su marido se envaró. No sabía qué era lo que su esposa pensaba explicarle, pero en su cabeza solo estaban las peores opciones.

Su esposa confesando sentimientos por su ex. Su esposa reconociendo un reencuentro entre ellos.

En definitiva, su esposa replanteándose su matrimonio.

Incapaz de articular palabra, decidió simplemente escuchar.

—Rompimos cuando le encontré en la cama con otra mujer con la que llevaba meses manteniendo una relación. Le odié en ese momento. Alec dejó mi vida entonces y nunca más volvimos a tener ningún contacto de ningún tipo —explicó con un tono de voz monótono e insensible —Alec se fue del país, se casó con esa mujer e incluso tuvieron un hijo. Hace una semana nos encontramos de forma absolutamente casual en una cafetería. Yo había salido del estudio con Alice para comer algo antes de volver al trabajo. Alec estaba allí y se unió a nosotras.

—¿Alice estaba contigo? —indagó Edward sintiéndose confundido.

Bella levantó la vista por fin y le miró y en sus ojos él solo pudo ver sinceridad.

—Alice estuvo todo el tiempo conmigo. Estaba también con nosotros cuando nos despedimos en la puerta de Swan's y estaba también esa noche en la exposición a la que Alec nos invitó.

—¿Por qué fuiste a su exposición?

—Podría decirte que fui porque me invitó, pero no sería la verdad. No pensaba ir hasta que Alice me suplicó que le acompañara.

—¿Alice te suplicó que le acompañaras? —preguntó con escepticismo.

—Sí. Alice quería tener un lío con Alec y quería ir a la muestra para verle. Dije que sí y le acompañé. Alice se quedó en la galería cuando yo me marché. Esa noche se fue con Alec y han estado pasando tiempo juntos esta semana. En la cena que Alice organizó para la noche de Año Nuevo, Alec fue como su invitado, porque están teniendo un lío sexual.

Edward observaba a su mujer con el ceño fruncido. Lo que su mujer le estaba explicando era raro, extraño y casi inverosímil.

—¿Me estás diciendo que tu mejor amiga tiene una aventura con tu ex novio?

—Sí.

—¿Y tú estás de acuerdo?

—A mí no me importa en absoluto —aseguró ella —Solo me preocupa que Alice pudiera enamorarse de él y él continuase siendo el hombre infiel que era hace diez años. Por lo demás, me da igual con quién se acueste Alec.

—Es difícil de creer.

—¿Te molestaría si Maggie se enredara con Emmett? —preguntó ella sin esperar respuesta —Hace diez años odié a Alec, pero ahora mismo diría que me siento agradecida con él por engañarme, porque todo lo que sucedió antes de ti, me llevó de alguna manera hasta ti y hasta donde estoy ahora mismo. Y nada que me haya permitido llegar a tener el matrimonio, el hijo y la familia que tengo, podría tener menos que mi agradecimiento.

—¿Viste las fotos que publicó la prensa? —dijo él por fin.

—Sí. Vi lo que tú viste y lo lamento. Sabía que nos habían fotografiado en la puerta del estudio, pero no creí que pudieran manipular tanto esas imágenes como para que Alice no saliera en ellas. Lo siento, Edward.

Edward se quedó pensativo razonando y analizando todo lo sucedido. No pudo evitar sentirse culpable por haber dudado de su mujer.

Él la conocía. Él sabía quién era su mujer y siempre había sabido que había en ella una mujer en la que podía confiar y que nunca le traicionaría.

No podía entender entonces qué le había poseído para poner en duda su fidelidad o su honestidad solo porque hubieran publicado unas fotos manipuladas, como cientos de veces habían hecho a lo largo de los años.

No pudo entonces evitar un fuerte retortijón en sus entrañas, al recordar lo que había hecho la noche anterior en una especie de venganza para la mujer a la que había defendido con vehemencia tan solo un mes atrás cuando Bree Tanner la había insultado.

Pensativo y culpable clavó la mirada en su taza encogiéndose en su asiento.

Bella había dicho su verdad y le sorprendió que Edward no dijera la suya.

Tuvo entonces el terrible presentimiento de que la verdad de Edward pudiera no ser tan inocente como la suya y fuese esa culpabilidad la que le llevara a mantenerse taciturno y callado.

Incapaz de permanecer en la ignorancia, por muy dura que la verdad pudiese ser, sacó valor de donde no sabía que tenía y por fin preguntó.

—¿Te acostaste con Makenna Brown? —soltó con un ruego en su mirada y una enorme congoja en su pecho.

Edward levantó la vista de súbito y la miró tan extrañado que por un momento ella se sintió impelida a confiar.

—No. ¿Por qué dices eso?

—En la red hay fotos de fans en las que tú subes al coche de Makenna. Tú dijiste que estabas con una chica. —reconoció ella con tristeza —Tu coche no está —gimió con un sollozo —Estabas en nuestra cama, desnudo… —agregó y hundió su rostro entre sus manos para dejar salir un llanto nervioso.

Edward se sintió culpable y se dio patadas mentalmente antes de levantarse para rodear la isla y sentarse junto a su mujer.

—Bella, no —dijo cogiendo sus manos y retirándolas de su rostro sonrojado —No me acosté con Makenna —reconoció con firmeza mirándola fijamente —No lo pienses porque no sucedió.

—¿Qué fue lo que sucedió?

—Yo estaba muy borracho y Makenna me trajo a casa en su coche.

—¿Por qué lo hizo ella y no Emmett? —inquirió Bella escéptica.

Edward suspiró intentando pensar una explicación para lo inexplicable.

No la encontró y supo que no era capaz de mentir a su mujer. Solo podía explicar la verdad.

—Estaba enfadado —dijo por fin.

—¿Conmigo?

—No lo sé, Bella —reconoció —Estaba enfadado conmigo, contigo, con la situación. Estaba furioso con la tormenta de nieve que te impidió volver a casa. Estaba enfadado con los periodistas que te fotografiaron con tu ex. Enfadado con tu ex por volver de dónde coño fuese que estuviera. Estaba enfadado conmigo por ser incapaz de entenderte y poder ofrecerte lo que necesitas. Enfadado contigo por no pedírmelo cuando ves que soy incapaz de entenderlo por mí mismo.

—No hay nada que necesite de ti y tú no me des.

—Lo hay, Bella. De alguna forma lo hay. Tiene que haber alguna razón por la cual te incomoda o te estresa que nos fotografíen juntos en la calle. Algo debía haber para que te sintieras cómoda saliendo con Alice o con Alec Bright, pero te alterara tanto salir a cenar conmigo.

—No lo entiendes —suspiró Bella negando con la cabeza.

—No, no lo entiendo —reconoció él —No lo entiendo y tú no sabes cómo explicármelo.

—No me altera salir contigo, al contrario, es lo que más disfruto en la vida. Todos y cada uno de los momentos que paso contigo son los más importantes para mí, son todo lo que quiero. Y no me importa que nos fotografíen juntos. Eres mi marido, Edward y estoy completamente orgullosa de ello.

—¿Entonces, Bella, qué es lo que sucede?

Bella inspiró profundamente antes de hablar.

—Cuando nos hacen fotografías o publican noticias sobre nosotros, hablan de que nuestro matrimonio está acabado…

—Tú y yo sabemos que eso no es verdad, Bella —rugió él —¿Por qué te importa tanto lo que digan? Es una de las tantísimas mentiras estúpidas que han dicho sobre nosotros a lo largo de los años.

—Pero esta vez tengo miedo de que en realidad no se equivoquen —reconoció apenada y avergonzada.

Y su marido tembló con sus palabras.


Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y siempre por leer.

Les espero en el grupo de Facebook Las Sex Tensas de Kiki.

En mi perfil tienen el link del tráiler que hizo Maia Alcyone para el fic.

Adelanto del próximo capi:

—Estamos bien, Bella… —le interrumpió pero calló cuando ella le observó indulgente.

—No tiene sentido que lo neguemos, Edward. Algo no va bien entre nosotros y creo que ambos lo sabemos. En otro momento tú nunca habrías pensado que yo podría tener una aventura con mi ex, en otro momento yo nunca hubiera creído que tú podrías haber metido a otra mujer en nuestra cama.

—No puedo aceptar eso —discutió Edward caprichoso.

—No tiene sentido negarlo. Tú lo dijiste, Edward. Ha llegado el momento de reconocer que tenemos un problema.

—¿Y qué se supone que eso quiere decir? —gruñó molesto —¿Qué vamos a hacer?

Besitos y nos seguimos leyendo!