Hola otra vez más!!! Weno, pa las 3 que me mandan reviews (wapas n.n)...
koharu: Por lo que veo viste Fushigi Yugi en versión catalana ("fantasmet" XDXDXD). Jiji, la verdad es que ya tenía muchas ganas de que se encontraran todos (ala, serán una peña que pa que ¬¬). Pero weno, es lo que hay. Muchas grácias por decir que te gustó el encuentro de Uruki y Takiko xq, no sé porqué, a mí no me convencía n.nU. Un besazo muy fuerte y hasta luegooooo!!!! n.n
Akane-chan-yuna: Lo de que no me he cascado el coco me ha sentado mal ¬¬ (k va, es broma, la verdad es que no me lo pensé mucho, si no me tocaría hacer muchos más capítulos y, la verdad, no tenía muchas ideas. Por fín vas a saber quién muere, aunque espero que la siguiente en morir no vaya a ser yo ToT. Yo también tenía muchas ganas de que salieran los de Byakko n.n. Bueno, nos vemos en el messenger (cuando pueda, porqué estoy de los exámenes hasta...). Muchos kissesssss!!!! n///n.
kazu: Jeje, llevaba esperando que alguien dijera que le preocupaba que muriera Amiboshi (le adoro n///n). Te gusta Tatara, no? Se nota un poco n.n. Ahora sabrás quien muere en este cap, aunque...no creo que lo eches en falta XD. Bueno, grácias por decir que te gustan mis fics, siempre me felicitas. Un petó molt gran n.n.n.n.
CIELO Y TIERRA ENFRENTADOS
Capítulo 21.- Trampas inesperadas. Un tétrico augurio
- ¿Pero...qué es esto?? -inquirió Tamahome deteniéndose lentamente.
- Esto...no estaba aquí la última vez que fuimos a Hokkan... -dijo Chichiri pensativo.
Hacía cinco días que habían dejado la capital de Hokkan y se habían desviado hacia el oeste. En los últimos dos días habían atravesado el ya conocido desierto que servía de frontera entre Hokkan y Sairo. Lo que no esperaban era encontrarse...un gigantesco lago en una zona que recordaban claramente que antes era tierra basta y árida. La superfície de agua era extensa, inacabable, que seguía hasta donde alcanzaba la vista. El clima cambiante de los últimos años les había jugado una mala pasada.
- Genial... -dijo Suboshi- ¿Y ahora qué hacemos...?
- No hay manera de vadearlo... -dijo Yui observando alrededor.
- Eh, tú... -dijo Tasuki recargándose en el ombro de Tomite- ¿No podrías hacer algo?
- ¿Como qué? -inquirió el moreno sorprendido.
- Pues...congela el agua -dijo Tasuki despreocupadamente.
- ¡¡¡¿¿Pero tú estás tonto??!!! -estalló Tomite enfadado- ¡¿Cómo quieres que congele un lago entero?!
- Vale, vale... -dijo el pelirrojo fingiendo desinterés- No te pongas borde...
- ¿¡Quién es el borde aquí!? -gritó el Genbu, rojo de ira.
- Anda, dejádlo de una vez -dijo Nuriko detrás de ellos.
Cuando los dos chicos se dieron la vuelta, al igual que todos los demás, se quedaron de piedra al ver que el chico de la trenza violeta llevaba sin esfuerzo alguno una montaña de troncos sobre su mano derecha.
- Bueno, ¿qué? ¿Nos ponemos a ello? -dijo.
- ¿A qué? -inquirieron ambos.
- Mientras vosotros discutíais, los demás hemos decidido construir dos barcas -dijo Nuriko dejando los leños en el suelo, provocando un pequeño temblor de tierra- será la única manera de cruzar este pantano...
- ¡¡¡NO!!! -exclamó Tasuki con desesperació- ¡Otra vez no...! ¡Odio los barcos...!!!
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
La vegetación del lugar era verde y exuberante, un lugar dónde reinaba una calma absoluta. Un pequeño paraíso como único reducto de el enorme desierto que se extendía en todas direcciones, justo después de cruzar una gigantesca inmensidad de agua, que parecía haber aparecido allí de la noche a la mañana. Se habían avanzado con facilidad al grupo de Suzaku y compañía después de la "derrota". Realmente estaban sorprendidos de la fuerza que habían demostrado todas aquella estrellas, especialmente de la unión que habían trabado, complementándose a la perfección.
Con un suspiro cansado, Phobos terminó de curar por tercera vez en dos días las quemaduras de su hermana, que había acabado llena de vendas. Ciertamente, las llamas de aquel Suzaku la habían herido más duramente de lo que creía. La muchacha de cabellos violetas no había dicho prácticamente nada desde que dejaran el campo de batalla hacía días. Su gemela no sabía a qué se debía, únicamente sabía que hacía muchos años que Deimos no estaba tan pensativa. Eso la preocupaba y la sorprendía a la vez. Se inclinó a su lado con una leve sonrisa de cariño.
- Te noto...distintia desde hace días, Deimos... -susurró.
La aludida la miró de reojo para después entornar los ojos poco a poco y agachar la cabeza.
- Lo sé...y lo siento de verdad... -dijo en un murmullo- Pero... -levantó levemente el rostro, abriendo sus ojos de un color entre dorado y rojizo- He estado pensando mucho...en aquél chico...
Phobos se quedó petrificada ante tal confesión. ¿Aquél chico? ¿Se refería al pelirrojo que la había atacado?
- No lo entiendo...no puedo entenderlo... -susurró la chica de cabellos violetas- Puedo haberme matado y dejó escapar la ocasión...Lo normal hubiera sido que me atacara...Tal y como yo estaba, no habría tenido problemas para hacerlo... Si no morí aquel día...fue por su pura compasión...
La rúbia calló rápidamente, aunque de inmediato cayó en la cuenta de que le había ocurrido exactamente lo mismo que a ella. Aún muchos ratos pensaba en aquellos ojos rosáceos que había visto ya hacía semanas, en el país de Konan, gravados como en fuego en su mente, una mirada llena de compasión provinente de los ojos de aquella estrella de Suzaku, Nuriko...
Suspiró pesadamente, dándose cuenta de que quizás se estaban dejando vencer por una amabilidad y una lástima que ellas nunca habían sentido antes. De repente, alguien apareció frente a ellas, dirigiéndoles una sonrisa fría.
- ¿Os lo pasáis bien? -inquirió.
- Ma...maestro... -se apresuró a decir Phobos- habéis regresado.
- Naturalmente -dijo Hokai con aquella expresión de lo más exasperante- Está visto que no puedo dejaros solos teniendo en cuenta las múltiples derrotas que habéis sufrido...
Las dos chicas agacharon la cabeza, sintiéndose humilladas por aquellas palabras. Después de un incómodo silencio, la voz aguda de Phobos rompió la calma.
- ¿Dónde habéis estado durante estos días? -inquirió.
- Nada importante -Hokai le quitó importáncia a aquel hecho- Solamente era algo trivial, para dejar tiempo a que Tomo y Deimos se recuperaran de sus heridas -clavó sus ojos negros en ellas- Tuve un divertido encuentro en Sairo. Conocí a tres personas francamente desconcertantes. Creo que estarán enfadadas conmigo... Después de todo, me llevé su más preciado tesoro...
- ¿A qué os referís? -inquirió Deimos intrigada.
- Paciéncia, el tiempo lo dirá -dijo el hombre con una sonrisa cínica- De momento ya he decidido nuestro siguiente movimiento... Los Suzaku y compañía no perderán tiempo en vadear el lago. Lo cruzarán en barco si es necesário. Una vez se acerquen a su destino, Ashitare les atacará. No sabrán defenderse en un elemento tan cambiante. Estoy más que seguro que ese animal se verá saciado de su sed de sangre...
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
- Pero qué grande que es esto... -se quejó Tomite por enésima vez- ¿Es que no se acaba nunca? Ya llevamos así dos días...
- ¿Crees que no lo sabemos? -dijo Suboshi de malhumor- Pero no podemos hacer nada...
Así de claro. Llevaban dos días navegando por aquel inmenso lago, sin avistar tierra alguna. Hubieran dudado de si se trataba de un mar o de un lago, si no fuera porqué el agua era dulce. El moreno guerrero de Genbu estaba de bastante mala leche desde entonces, puesto que, por el azar de la elección, se había visto separado de sus compañeros. No entendía cómo había acabado como compañero de Tamahome, Miaka, Yui, Suboshi, Amiboshi, Nuriko, Hotohori y Tasuki. No es que sintiera algún rencor hacia ellos, pero le molestaba haber dejado a Takiko solamente con Uruki y Hikitsu. Salió se sus ensoñaciones (o macabras cavilaciones XD), cuando escuchó una voz cercana de lo más preocupada...
- ¿Qué es esto? -inquirió de repente Tamahome.
- ¿De dónde sale...toda esta niebla...? -susurró Yui mirando alrededor...o tratando de ver.
Ciertamente, una densa y espesa capa de blanco vaporoso se estaba formando alrededor de ellos, cubriéndolos por completo y dificultándoles la visión. Tasuki se puso en pie, mirando alrededor con un impasible pasotismo.
- Tíos...esto no me gusta -dijo lentamente (al parecer estaba superando su miedo a las embarcaciones)- Creo que...voy a hacerla desaparecer... -añadió, cogiendo el abanico de su espalda.
- ¡Espera, Tasuki...!!! -gritaron todos alarmador- ¡¡¡No lo hagas...!!!!
Un minutos más tarde, todos estaban completamente empapados por la repentina llúvia que caía sobre ellos al condensarse la neblina por el fuego de Tasuki. Yui bufó de mala leche y se apartó unos mechones mojados de la cara.
- Genial, Tasuki...tú y tus ideas...
- Vale... -admitió Tasuki con un foco negro sobre su cabeza- lo siento...
- Mirad eso... -inquirió Hotohori poniéndose en pie sobre la balsa.
Los demás siguieron la dirección de sus ojos y consiguieron a duras penas vislumbrar entre el suave vapor el contorno de una costa. De hecho, vieron que a ambos lados se extendia tierra, era como si estubieran llegando a...
- ¿Un río, quizás? -inquirió Amiboshi.
- Eso parece... -susurró Nuriko lentamente, arrugando la entreceja.
El chico no supo describir el escalofrío que recorrió su cuerpo, solamente sentía que era una sensación que ya había notado con anterioridad...hacía mucho tiempo.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
La calma era de lo más sublime que había sentido nunca. Su corazón había estado muy inquieto por demasiados años, demasiados siglos...desde que se separara de lo que más quería en su mundo o en cualquiera de los otros. Ahora por fín volvía a tenerlo cerca de sí, tan cerca que en aquellos momentos podía tocar literalmente aquel sueño de décadas atrás...en la forma más perfecta, la de una chica de cabellos negros y puros e inmaculados ojos grises...
Takiko dormía sobre su hombro, visiblemente cansada después de dos días prácticamente en vela. Uruki había guardado su sueño durante ese tiempo, asegurándose de que nada ni nadie pudiera hacerle daño. Estaba demasiado agradecido a los cielos de que se la hubieran devuelto como para permitirse siquiera ponerla en peligro. Suspiró lentamente, entornando los ojos y acercándola más a sí, con miedo a separarse de ella...a que se la quitaran de los brazos tan desgarradoramente como hacía más de doscientos años...
Solamente esperaba que despertara con una sonrisa y después pedirle, con dulzura y cariño, que le permitiera besar aquellos labios que no había probado en siglos y siglos...
Una sensación extraña cruzó sus románticos pensamientos, provocando que los olvidara en el acto. Su incansable amigo, el viento, le traía incluso en aquella densa confusión blanca los aromas de su alrededor...sensaciones tales como la respiración de sus enemigos. En aquellos momentos, podía percibir bastante lejos aún, pero acercándose, unas expiraciones secas y escalofriantes, que consiguieron helar su própia sangre...
- ¿Qué diablos es eso...? -susurró.
- Maldita sea... -se escuchó de repente la voz de Chichiri- Nos hemos separado de los demás... La niebla no me deja percibir sus auras...
El rúbio líder de los Seiryuu se puso en pie al frente de la balsa, escudriñando la confusión con aquellos agudos y fríos ojos azul celeste.
- Yo conozco ese aura... -soltó en un murmullo.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Ashitare, el imponente cazador, silencioso y preciso como una béstia, observaba todo a su alrededor, más bien captando cualquier olor que pudiera reconocer. Se mantenía con las cuatro patas la rama de un árbol de ramas gruesas, vigilando constantemente las aguas tranquilas del lago. Sabía que, en cualquier momento, una balsa con ocho personas aparecería surcando la superfície de cristal. Les había estado esperando en aquel lugar desde que los oliera ya a varios kilómetros. En el momento en que sus desprevenidas presas se acercaran demasiado a la orilla...atacaría.
No lo hacía por voluntad de Hokai, si no únicamente por su própia ánsia de matar. Llevaba ya mucho tiempo esperando matar a cierta persona...
Ese día por fín culminaría su venganza.
A pesar de su ultrasensible oído, olfato y demás sentidos, no estaba preparado para sentir la preséncia de un ser grácil y discreto que permanecía en vigía unos metros por detrás de sí. La chica observaba también lo que estaba a punto de ocurrir, con unos mechones dorados cayendo sobre sus ojos, quieta como un árbol, pero dispuesta a moverse rápida como un lince.
Phobos no sabía qué la había llevado a separarse de su hermana y seguir a Ashitare, aún bajo la amenaza de la cólera de Hokai. Había perseguido al Seiryuu a través del desierto hasta llegar al enorme pantano, en el cual permanecería quieta y en espera. No entendía la razón por la que lo hacía...pero en el fondo sospechaba algo.
¿Sería porqué...quería asegurarse que nada le pasara al chico de ojos rosáceos...?
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Poco a poco, vieron que las orillas iban acercándose, o mejor dicho, disminuía la anchura del cauce del río. Después de mucho pensar, coincidieron en que debían acercarse a la orilla derecha. Estaban preocupados, ya que habían perdido a los otros, aunque sabían que, teniendo a Nakago, Uruki y demás con ellos, estaban más seguros incluso que ellos mismos. Seguramente acabarían llegando a la misma orilla, de modo que Hotohori, Tamahome y Tasuki empezaron a remar para acercarse a la ribera. Todos se sentían agradecidos con la perspectiva de pisar suelo firme.
Por su parte, Nuriko no se sentía nada tranquilo. Desde hacía un rato, tenía una fuerte inquietud en su interior, una sensación que no le dejaba sosegar. Era...como un estremecimiento que recorría su espalda constantemente. Suspirando con cansáncio, se acercó al lado opuesto de la balsa, contemplando las aguas.
Apenas pudo asimilar en un efímero instante que bajo la supercíe cristalina había un monstruoso rostro de ojos rojos...antes de que unas garras enormes y afiladas le aferraran los pies y le hicieran caer.
Como por acto instintivo, un sonido de alerta se escapó de su garganta, haciendo que los demás se giraran alarmados.
- ¡Nuriko!! -gritó Tamahome.
El muchacho de cabellos violetas se aferraba al suelo de la embarcación con firmeza y persisténcia, tratando de evitar que su enemigo le arrastrara con él...pero sabía de antemano que eso iba a ocurrir.
- ¡Íd a la orilla! -gritó con esfuerzo, apretando los dientes- ¡Poned a salvo a Miaka y Yui!
Fue decir aquellas palabras y soltarse sus manos, sumergiéndose en las oscuras aguas, arrastrado por una fuerza bestial que no podía vencer.
- ¡¡¡Nuriko!!! -gritó Miaka estallando en lágrimas.
- ¡Maldita sea! -vociferó Tamahome, corriendo hacia el borde, seguido por Hotohori- Es ese monstruo de Ashitare...
---------------------------
Un instante después de haber caído al agua, Nuriko abrió los ojos aún en el acuático elemento. Miró a todos lados con la mandíbula apretada, para hacer descender su mirada y ver con horror aquel conocido y espantoso rostro de ojos rojos, que en aquellos momentos le miraba con una triunfo aterrador. Sintió que las garras que le aprisionaban las piernas se apretaban más, hiriéndole y haciéndole sangrar. Ahogó un grito mudo y, después, tomó conciéncia de su situación.
Esa vez no se dejaría vencer. Era mucho más flexible que Ashitare. Y además tenía su fuerza...
Tratando de concentrar la mayor cantidad de energía posible, flexionó su cuerpo entero y lanzó un contundente golpe contra el rostro de Ashitare. El monstruo se contorsionó, pero no le soltó, si no que le aferró con más fuerza. Nuriko empezó a alarmarse cuando sintió que el agua empezaba a asfixiarle... Necesitaba respirar, o de lo contrario iba a morir.
Aquella situación de tensión propició que sus brazaletes actuaran en consecuéncia...adoptando la forma de muñequeras. Con un último y desesperado golpe, su puño impactó en el rostro del Seiryuu, rompiéndole el tabique nasal. El monstruo le soltó rápidamente, liberándole. Con toda la rapidez que pudo acumular, Nuriko nadó hacia la superfície, viendo claro sobre sí...
Llegó a la superfície, exalando una bocanada de maravilloso aire, que le llenó por completo los pulmones. Se apartó el pelo mojado de la cara y empezó a nadar hacia la orilla.
- ¡Nuriko! -gritó Tamahome, nadando hacia él.
- Estoy bien... -dijo el chico, manteniéndose a duras penas en el agua por culpa de sus heridas, mientras se acercaba a él- Corred a la orilla...
En ese instante, sintió tras de sí un movimiento en las aguas, que le hizo mirar instintivamente atrás. Su corazón casi se detuvo cuando vió a su enemigo emergiendo y acercándose rápidamente a él. Nuriko tuvo la certeza de que iba a morir...torpe e incapaz de defenderse en un elemento que le era tan extraño.
Pero...su salvación llegó de la manera más inesperada. La de una flecha que se clavó instantáneamente en el brazo izquierdo de Ashitare, hiriéndole profundamente. El monstruo profirió un grito de dolor que fragmentó la calma, mientras alzaba la mirada para clavar los ojos en su atacante.
Sus sagaces ojos animales sólo vieron a una chica de cabellos rúbios suspendida en el aire, apuntándole directamente con su arco.
- ¡Phobos...! -gritó enfurecido el Seiryuu.
Pero la mirada de la guerrera no dejaba lugar a dudas en cuanto a sus intenciones.
- Lo siento, Ashitare -dijo, con unas extrañas lágrimas de rábia marcadas en sus ojos- Pero no puedo dejar que le mates...
La siguiente flecha salió disparada del arco, alcanzando al monstruo en el rostro, haciéndole un corte transversal.
- ¡Maldita...! -gritó Ashitare- ¡Hokai te castigará por esto...!
- No me importa... -dijo Phobos- Algo me dice...que este chico no puede morir ahora...
Nuriko la escuchaba de espaldas, mientras se acercaba a la orilla a nado. ¿Por qué...ella había intervenido para salvarle...? No lo entendía... Aunque quizás era un pago por la vez que la dejó marchar sin herirla. Alejó aquellos pensamientos de su cabeza y se dedicó íntegramente a salvar su vida.
Tomite, por su parte, se puso en pie lo más cerca que pudo del agua y apuntó directamente a la chica, desconfiando completamente de cualquier enemigo.
- ¿¡Qué es lo que pretendes!? -gritó.
- ¡Espera, Tomite...! -advirtió Hotohori, saliendo del agua- Está ayudando a Nuriko.
Mientras tanto, Phobos y Ashitare seguían manteniendo el contacto visual, desafiándose mútuamente con la mirada. La guerrera parecía dispuesta a atacarle en cualquier momento.
- Si te atreves a tocarlo, te atravesaré el pecho -amenazó con seguridad- Márchate ahora y olvidemos esto.
- Je, no lo entiendes, niña... -dijo el Seiryuu con una expresión burlona- ¡He esperado toda esta vida para vengarme de él!
Sin que pudiera detenerle, Ashitare se sumergió en el agua, avanzando rápidamente bajo ella, con una habilidad que no parecía ni humana ni animal, ante la desesperación de Phobos.
A Nuriko le estaba costando lo suyo alcanzar la ribera, sobretodo teniendo en cuenta el dolor que sentía en las heridas de sus piernas. Pero era alguien con temperamento, que no se rendía fácilmente. Le quedaban apenas unos veinte metros, ya oía la voz de Miaka animándole.
- Nuriko, menos mal que estás bien... -exclamaba la chica.
Nuriko esbozó una ligera sonrisa, dispuesto a hacer el último esfuerzo por salvar su vida. Pero entonces sintió aquella dolorosa sensación, la de varias cosas agudas que le aferraban de las recientes heridas, arrastrándole hacia el fondo. Un gemido de rábia se escapó de sus labios, justo antes de quedar completamente sumergido. Al ver aquello, Miaka estalló en lágrimas.
- ¡No, Nuriko!!! -gritó presa de la desesperación- ¿¡Por qué!? ¡Si ya estaba tan cerca...!
-------------------------
La estrella de Suzaku maldijo su suerte, la de ser atrapado dos veces consecutivas por la misma béstia. Supo que aquella vez no se libraría de Ashitare tan fácilmente, su eterno rival... Pensó en tantas cosas, en tantas esperanzas que había depositado en su nueva vida, en tantos sueños que se romperían si moría entonces...
Por esa razón, tuvo una certeza que nada podía derrumbar. Si tenía que morir, lo arrastraría con él a la muerte, y se sentiría satisfecho de saber que aquel ser ávido de muerte se comsumiría para siempre en las llamas del infierno. Una leve sonrisa de seguridad se dibujó en su rostro, mientras concentraba su aura al máximo.
Con su habitual ligereza, incluso venciendo el peso desmesurado del agua sobre sí, hizo un brusco movimiento, consiguiendo ponerse a la altura de su contrincante. El valor y la decisión brillaron en sus ojos mientras, conteniendo la respiración, levantaba ambos brazos y se disponía a acabar con su enemigo de una vez por todas.
El fuego que brillaba en sus pupilas impresionó de inmediato al Seiryuu, que se defendió con todas sus fuerzas de la desmesurada poténcia de su adversario. Le hirió nombrosamente, sintió como se le rompían algunos huesos, el agua a su alrededor se tiñó de rojo... Pero ni siquiera el puro y cruel dolor retenido pudo detener a Nuriko, al tiempo que el muchacho rodeaba el cuello de Ashitare con ambos brazos, dispuesto a aniquilarlo.
"Te mataré...tal y como te maté entonces... No dejaré que después de a mí toques a ninguno de mis amigos..."
Apretó sus brazos alrededor del enorme cuello de Ashitare, tratando de desnucarlo.
Por eso se sorprendió al sentir un terrible destello de dolor en su costado izquierdo. Si hubiera sido capaz, hubiera gritado con todas sus fuerzas. Pero, en lugar de eso, temblando violentamente, apretó los dientes y concentró toda su energía en sus brazos, dispuesto a vengar para siempre su própia muerte.
-----------------------------
- ¡NURIKO...!! -gritaban Miaka y Tasuki desde la orilla- ¡NURIKO...!!!
- Maldita sea... -se lamentó Tamahome completamente desesperado, sacando la cabeza del agua- No hay manera...no están por ninguna parte...
Miaka se quedó quieta por unos instantes, pero después la desesperación invadió su ser, derramándose por sus mejillas en forma de lágrimas profusas e imparables. En su memória aún seguía demasiado viva la imagen de su inseparable compañero tendido sobre un lecho de nieve, con el cuerpo duramente maltratado, con un charco de sangre formándose bajo sí. No sabía qué sería capaz de hacer si volvía a ocurrir lo mismo...
- Vamos, Nuriko... -susurró, rogándole mentalmente a Suzaku verle aparecer- Por favor...Nuriko...
En ese preciso instante, una série de burbujas llegaron hasta la superfície, desde un punto situado a unos veinte metros de la orilla. Los chicos guardaron silencio, con los ojos fijos en aquel lugar, esperando que algo ocurriera...que el vencedor llegara a la superfície y, dependiendo de quién fuera, tubieran que o bien enfrentarse a él y vengar a su amigo...o aclamarlo y felicitarle por su azaña...
Entre aquellos desesperados pensamientos, ocurrió lo esperado. Alguien emergió del agua, rompiendo la superfície calma con brusquedad.
Alguien que tenía los cabellos de un violeta intenso...
El silencio se hizo el amo y señor por lo que les pareció una auténtica eternidad, mientras Nuriko permanecía de en la superfície, respirando entrecortadamente a causa de la necesidad de aire. Al final, saciado del maravilloso oxígeno, agachó la cabeza, aún jadeando por el esfuerzo. Después, en absoluto silencio, empezó a andar hacia la orilla, con lentitud.
Miaka dió un suspiro de alivio al ver que había sido el triunfador, mientras se acercaba al borde del agua y sonreía con más calma.
- Nuriko, menos mal... -susurró- Creía...que volvería a perderte...
Pero los ojos de sus otros compañeros vieron algo que les dejó sin habla, algo que la chica, concentrada en su intensa emoción, no había podido ver. Algo semejante a una mancha roja alrededor de Nuriko...una huella de muerte que crecía a cada instante...impregnando el agua de sombras escarlatas...
- Cuando te he visto caer...yo pensaba que... -seguía Miaka, ajena a tal atrocidad.
Pero su voz aliviada se quebró de inmediato cuando su amigo y compañero emergió completamente del agua, sacando su cuerpo del elemento acuático.
Fue una visión de rojo, dolor y muerte que no fueron capaces de asimilar del todo. Una imagen que se les hizo cruelmente real al ver el cuerpo de Nuriko atravesado por una herida profunda y sin duda alguna de una dureza atroz. El chico avanzaba a trompicones, débil y malherido, con el rostro contraído por el dolor. La sangre resbalaba profusamente de sus heridas, derramándose sobre el agua y tinñéndola de granate oscuro.
Aquello rompió definitivamente el corazón de Miaka, que estalló en lágrimas de desesperación cuando, tras unos dolorosos instantes, Nuriko se desplomó, cayendo de rodillas justo al borde del agua. El chico permaneció inmóbil, respirando entrecortadamente a causa del dolor, hasta que al final levantó levemente la cabeza, con una leve sonrisa en su rostro empapado de agua rojiza.
- Ya está... -susurró- Le he...vencido...
Aquella palabras se ahogaron cuando le sobrevino un ataque de tos y la sangre resbaló poco a poco desde sus labios. Miaka prácticamente se lanzó sobre su amigo, cogiéndole con las manos temblorosas por los hombros. Tamahome, Hotohori y todos los demás se acercaron a toda prisa, horrorizados por lo ocurrido, aunque el más alarmado fue Tasuki, que se arrodilló rápidamente junto a su amigo, quitándose la camisa.
- Nuriko...no te muevas... -susurró en shock, tratando de retener sus própias lágrimas- Voy a taponerte la herida...
El chico obedeció y se dejó recostar sobre el suelo rocoso, ahogando un gemido de dolor. Todos pudieron notar que estaba extremadamente débil. Temían que su vida se les fuera de entre los dedos sin que pudieran hacer nada por evitarlo. Tamahome se puso en pie con los ojos inundados en lágrimas y apretó los puños, absolutamente desesperado.
- Maldita sea... -dijo con rábia- ¿¡Dónde están los demás!? Mitsukake le curaría en un segundo...se pondría bien enseguida...
- No...no os preocupéis... -consiguió susurrar Nuriko con mucho esfuerzo, inspirando dolorosamente- Estoy bien...no pasará...lo de la otra vez... Me pondré bien...
Pero a pesar de sus ánimos, todos podían ver que estaba muy mal. La herida era larga y profunda y, aunque empezaba a remitir la hemorrágia, no descartaban que le hubiera dañado algún órgano vital. Miaka estaba desecha: todos podían verlo. Seguramente la chica no soportaría volver a ver morir a uno de sus mejores amigos...y además por segunda vez.
En su memória, retrocedió a aquel fatídico día, en el cual se vieron obligados a seguir siendo seis y no siete...enterrando el cuerpo de Nuriko bajo un manto de nieve blanca. Cerró los ojos con fuerza, negándose rotundamente a aceptar aquello.
- No puedes...morirte otra vez... -susurró, cogiéndole una mano absolutamente fría- Nuriko...por favor...te lo ruego...
- No seas tonta... -murmuró Nuriko a duras penas, sorprendentemente lúcido aún a pesar del dolor y la debilidad- No voy a...morirme...tan fácilmente... Y menos ahora...que por fín le he vencido...
-----------------------------
Su cuerpo entero estaba paralizado, domidado por un miedo repentino que nunca antes recordaba haber sentido. Era una sensación de desesperación, de rompimiento interno que no había experimentado desde hacía muchos años. Permanecía quieta, con los ojos azules desorbitados de miedo, y unos leves escalofríos recorriendo sus brazos y piernas. No salió de tal espasmo hasta que notó que sus ojos se había amarrado de lágrimas profusas, que se derramaron por su rostro con una crueldad irreconocible.
No había podido salvar a aquel muchacho... Aún a pesar de su ataque contra Ashitare, ahora aquella estrella de Suzaku estaba exalando sus últimos suspiros tendido en un charco de sangre. Phobos sintió una opresión a la altura del pecho que le arrancó hasta los últimos vestigios de valor, impasibilidad o ánsias de luchar. Únicamente quedó aquel dolor seco alojado en su corazón, que dolía como las heridas de cien mil espadas...
Siguió llorando en silencio, sin atreverse a acercarse más a ellos, pero sin apartar sus ojos azules de Nuriko, aquel muchacho que le había hecho sentir algo hasta entonces desconocido para ella...
Un calor latente en su pecho...que se estaba apagando rápidamente al igual que la vida de él.
-------------------------------
Los sentidos de la rúbia guerrera de Kutô volvieron a su estado de alerta cuando escuchó un sonido parecido a pasos cerca de sí. Fitó con los ojos tras de sí, a la hilera de árboles tras la cual se extendía un inacabable desierto. Podía sentir con claridad la preséncia de alguien acercándose lentamente. Podía sentir que su aura tenía poder, aunque ella nunca lo había sentido antes. Sabía que tenía que irse de allí o tendría problemas...
Con los ojos azules entristecidos, dirigió una última mirada al muchacho que estaba agonizando tras una dura batalla. Cerró los ojos lentamente, borrando de inmediato cualquier rastro de lágrimas, y después se teletransportó lejos de allí, sintiendo que no volvería a verle nunca jamás.
Miaka seguía llorando desesperadamente, un sentimiento que aumentó exponencialmente cuando Nuriko perdió el conocimiento ante sus ojos, con una expresión de dolor en el rostro.
- Por favor...no te mueras... -rogó con desesperación.
- Venga, Nuriko... -exclamó Tamahome, apretando los dientes- Aguanta...
Aquella triste escena fue rota cuando oyeron a alguien detenerse tras de ellos. Miaka giró lentamente la cabeza, con las mejillas quemadas por las lágrimas, mientras sus ojos dorados se clavaban en la persona que acababa de llegar.
Ante ellos había una chica de unos dieciocho años, alta y esbelta, con indumentária típica del imperio de Sairo. Sus cabellos extremadamente largos y rizados eran de un color blanco azulado. Su rostro, de ojos entre gris y violeta, expresaba con absoluta nitidez la sorpresa que sentía. Dió un paso al frente, clavando la mirada en ellos.
- ¿Qué hacéis aquí...?
-O-O-O-O-O-O-O-O-O-
Ya lo sé, soy muy cruel TT. Para ser sincera, esta imagen de Nuriko herido saliendo del agua la soñé (sueño cosas muy raras n.nU), y me impactó tanto que dije mira, para el fic XD.
Supongo que ya sabéis quién es la que acaba de llegar (se ve a dos quilómetros ¬¬). Ya tenía ganas de que saliera n.n.
Weno, una vez más, espero vuestros reviews, no me matéis por lo malo que es el cap. etc, etc...lo de siempre.
Un besazo a todos los que siguen este fic y hasta la próxima!!!
Atte
Haruka-chan 27
