Título: Sinestesia
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu.
Notas: Universo Alterno. Spoilers hasta el EP7.
Rating: M
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Simbólica
Tema: 09. Calabaza


A Lambda nunca le ha sorprendido ver a Yasu con la cabeza metida en un libro, tan absorta en su lectura que el mundo externo desaparece para ella, siempre ha sido así, desde que la conoce, hace al menos un mes. Sin embargo, esta vez la mujer no puede evitar sonreír, pues la literatura que tiene en sus manos dista mucho de ser algún cuento de misterio o una novela romántica, cosas que siempre logran emocionar a la joven. No, el libro que sostiene entre las manos es un pesado volumen de Medicina y cuerpo humano, más exactamente un tomo que habla sobre la paraplejía, cosa que ella sufre y que hasta esos momentos, nunca le había importado investigar.

Más aún, Lambda suelta una pequeña risita que no trata de ocultar cuando recuerda el momento en el que sacaron los libros de la biblioteca, con la joven sonrojada y nerviosa, porque sus libros eran muy específicos, hasta para ella. Paraplejía y sexualidad. El sólo título le sacó los colores a Yasu cuando los entregó con la bibliotecaria, que le dirigió una mirada serena, como si no sospechara nada. Habían ido a escondidas de Battler y fue aún más divertido cuando regresaron a la casa y tuvieron que ocultar los volúmenes, como si fueran la evidencia de un horrible crimen. Ese día Lambda se había burlado mucho de su paciente, quien le seguía el juego siempre que podía como Beatrice, diciéndole que parecía una calabaza, pues debajo de su largo cabello rubio, también tenía el rostro colorado.

—Hey —le había dicho, sonriendo maliciosamente de oreja a oreja, mientras ponía los brazos en jarras—. ¿Así que por fin te has decidido con Battler?

Por toda respuesta, Yasu había callado, aunque sus mejillas, casi siempre rojas, le habían dicho lo suficiente. No obstante, ese semblante entre apenado y anhelante cuando sostenía los libros entre las manos, como si fueran la salvación a uno de sus problemas más grandes, ahora estaba ausente, conforme la chica leía, tan concentrada que su nariz casi estaba pegada a la página.

El libro no le negaba ninguna oportunidad, aunque sugería muchas cosas para su cuidado personal y psicológico. Sin embargo, entre más leía y más esperanzas comenzaban a depositarse en su pecho, más miedo le daba. Sí, podía ser funcional, su cuerpo podía ser funcional aunque no sintiera nada, pero no era eso precisamente lo que le importaba. Aún si no sentía nada por su condición, aún si era reducida a un mero objeto, ¿Battler querría? ¿A Battler le parecería atractiva de esa forma? ¿Le seguiría gustando aún después de ir más allá de unos cuantos besos? Su cuerpo la asustaba. Aquél cuerpo frágil y débil, pequeño e inservible. Había vivido con él durante 19 años de su vida, había soportado burlas y miradas de lástima, sonrisas incómodas y otras llenas de desagrado, pero ninguna de ellas la había mermado tanto como el sólo pensamiento de que a Battler no le gustara su cuerpo.

Sí, bien, los besos estaban perfectamente bien. Eran en el rostro y raramente pasaban de eso y algún abrazo, raramente Battler tenía más contacto con su cuerpo que el de abrazarla o cargarla para subirla al automóvil, si iban más allá, aún con todas las posibilidades que ahora había para ella y Battler se sentía incómodo, ella no podría soportarlo.

Con esos apáticos pensamientos en la mente, Yasu se observa a sí misma, la misma visión que ha tenido desde siempre, desde que su madre pudo conseguirle la silla de ruedas: dos piernas inservibles e inmóviles, dos brazos pequeños, un torso delgado y ahora un pecho no muy voluminoso, pero suficiente como para que no la confundan con un varón. Un cuerpo no apto para amar. Un cuerpo fácilmente diferente de alguien que sí puede moverse, con piernas fuertes, complexión normal, pechos normales.

—Alguien que Battler-san se merece —murmura por lo bajo, mientras sigue observando sus manos, como si no le pertenecieran, como si las viera desde otra perspectiva.

—¡No seas tonta! ¿Cómo sabes que no le gustas a Battler? —Beatrice siempre está ahí, aunque Yasu no sabe si sonreír o no ante su presencia, casi siempre indignada ante sus pensamientos más oscuros—. ¡No te desanimes! No sabrás lo que le gusta a Battler y él no sabrá lo que tú piensas si no lo hablan, ¡es lógica! Claro que, si él te dice algo desagradable... —la bruja dorada agita su pipa en el aire, y justo en el momento aparecen varios sirvientes cabra, que Yasu sabe son mortíferos si alguien se los encuentra.

—N-no es necesario —murmura de nuevo, aunque su tono de voz, que pretendía ser potente, a veces se quiebra por los nervios—. Hablaré con é-él.

Pero aún cuando ya está decidido, ¿cómo plantear el tema? ¿Cómo hacerlo, cuando eso podría significar que su relación podría terminar para siempre? Para eso Beatrice tiene la respuesta, lo sabe mientras sonríe con perspicacia, tiene que echar sus planes a andar, tiene que ayudar a Yasu y para eso nadie mejor que ella, quien no conoce el concepto de vergüenza.