Capitulo XXI


El primer problema ha sido que no teníamos dinero. ¿A quién se le ocurrió la brillante idea de cambiar el sistema de libras? Me ha sugerido que venda cosas de mi casa y me he negado en rotundo. Son mis cosas, mis recuerdos, no voy a dejar que ningún mocoso de seiscientos años me dirija la vida. Además, ahora parece que tiene año y medio.

Esta mañana le he soltado en el parque para que haga sus cosas y me he parado a pensar sobre mi nueva vida. Este lugar está lleno de edificios enormes y apilados, ruido, miedo y desinterés. ¿Dónde quedaron los valores tradicionales? Esos monstruos de metal están por todas partes, el único lugar donde me puedo alejar de ellos es en mi antigua casa o en Hyde Park, donde ahora estoy. Es lo único que no ha cambiado tanto; puedes alejarte y alejarte hasta no ver ningun edificio ni escuchar un sólo motor.

Me he dado cuenta de que estoy viviendo en el pasado, eso no va a volver. Nunca podré ver la sonrisa de Tobías otra vez, ni de mis pequeñas... tampoco la del Sr. Todd. Por lo que sé, la mayoría deben estar muertos. Me pregunto si Tobías consiguió lo que buscaba. Me gustaría mucho poder ver a sus hijos y nietos, me alegraría ver que al final fue feliz.

Pero en esta ciudad nueva y a la vez conocida, llena de extraños y sobre todo, extranjeros, ¿cómo les voy a encontrar? Igual se fueron a vivir a otra parte, tal vez a Australia. ¿Sabías que en Australia hay gente que vive ahora? Sí sí, ¡y no son presos!

Tengo que empezar a labrarme una vida, tengo que encontrar mi pequeño refugio en toda esta locura. Mi casa está bien, pero... son demasiados recuerdos.

¿Quién grita? Oh-oh... me parece que un niño se ha cargado a otro niño... ¡y viene hacia mí! Un momento, ese es el vampiro del psiquiátrico, ¡con siete años más! Si es que tenía yo razón; la caza es el mejor remedio.

Está empapado de sangre, la gente grita y trato de imitarles.

¿¡Pero qué haces! Su pensamiento es claro en mi mente.

Han llamado a la policía, ha venido corriendo y se lo he dado, diciendo que no le conozco.

Es que me lo he pensado mejor; si voy a iniciar una vida no puedo hacerlo con vampiros cargantes.

Bien, ¿por dónde empiezo? Creo que debería buscarme la vida de alguna forma. No tengo necesidad de agua corriente ni electricidad, pero no estaría mal socializar un poco. Eso sí, tengo que ganar dinero en alguna parte, no pienso robarlo.

... ¿o tal vez sí?

Estabamos de vuelta a Londres, apenas me había hablado en todo el viaje. Qué diferente me siento a aquél tiempo, cuando yo era una marioneta. Ahora no lo voy a ser. Él hacía lo que quería conmigo, de hecho se acercó y empezó a hablarme. Me invitó a cenar (secamente) y a eso fuimos. Nos sentamos en un banco de cubierta con un bocadillo cada uno. No era exactamente la cena romántica que él había pensado, como me contó después, pero era un empiece.

"Quería darle esto..." murmuró casi tímidamente, tendiéndome un estuche. Al abrirlo me quedé sin palabras.

"P-Pero... Sr. Todd..." musité. "Esto tiene que ser muy caro..."

"Lo sé, pero no me importa."

A mí sí que me importaba, ¿de dónde había sacado tanto dinero para comprar un collar de perlas y diamantes? Tenía que valer una fortuna.

"Sr. Todd... cuando el otro día se fue a comer... ¿se lo robó a alguna joven?" pregunté dudosa, observándolo todavía en su estuche.

"... No."

"¿Seguro?"

"Sra. Lovett, se lo digo por última vez, no me gusta el tema."

"¡Pero tiene que aceptarlo!" suspiré enfadada. "Es parte de usted, no puede negarlo más. Cuanto más lo niega, ¡peor me trata! Tiene que normalizar esa situación."

"Es usted demasiado ingenua, se cree que el mundo es de color rosa y no se da cuenta de que soy más peligroso de lo que cree."

"Lo sé de sobra, Sr. Todd. Pero yo quiero estar con usted" fui tajante, levantándome también. La verdad es que no sé de dónde había sacado tanta valentía de repente, pero sentí que era ya hora de empezar a imponerme. "Somos amigos, y vecinos, y va a tener que empezar a hablarme de estas cosas si quiere que eso siga así."

"... es una pena que las mujeres no puedan estudiar."

"¿Qué?" me pilló desprevenida con el cambio de tema tan súbitamente.

"Hubiera sido una buena psicóloga" me guiñó un ojo dejándome con la intriga.

"¿Pero qué es una psicóloga?" le pregunté al aire, sin respuesta.

¡Eso es! Ahora las mujeres podemos estudiar, psiquiatría y psicología suena parecido, ¿no? Voy a informarme a ver si puedo meterme en la carrera, sería interesante.

Oh... pero no tengo ni dinero ni estudios...

Cuando llegamos a casa Tobías no estaba. Nos asustamos. Bueno, me asusté yo, pero luego conseguí asustarle a él. "¿Y si ha ido a la policía?" le dije. "¿Y si sabe lo suyo?"

"¡Claro que sabe lo mío, mujer histérica!" gritó tirándo cosas de su cómoda al suelo. "¡Porque él es igual que yo!"

"¿Q-Qué?" un balde de agua fría, please, que este no fue suficiente. Mi niño, ¿un vampiro? ¡Imposible!

"Sí, canino. Huele a perro que apesta..." no le entendía. "¿No viene ahí nada sobre licántropos?" señaló mi bolsa, supuse que se refería a los libros.

Sip, esa es la palabra que faltaba, licántropo.

"Emh... no."

"Son personas que pueden cambiar a lobo cuando les place, más bien es obligatorio en luna llena."

"Oh... por eso..."

"¿Por eso qué?" gruñó.

"A veces... en el mes venía a mi habitación, creía que era usted por cómo olisqueaba pero..."

"¿¡La ha tocado!" di un traspiés del susto.

"N-No... que yo sepa... "

Entonces le dio a él por olisquearme. Me hizo gracia la cara que ponía, parecía que estuviera buscando un cacho de carne en mi corsé.

"No se ría, esto es serio. Si la ha mordido o transmitido algo usted podría acabar como él en poco tiempo. Esos se vuelven locos, Sra. Lovett, LOCOS."

"Usted insistió en que lamiera mis heridas..." susurré amedrentada por sus amenazas.

"Oh, dios mío..." musitó alejándose. "Es culpa mía..."

"¿El qué?"

"Usted... no me di cuenta... ¿¡VE COMO SOY PELIGROSO!" tiró la tetera al suelo y le dio una patada 'suave' a la silla, rumiando algo. Ahora era mi turno de tranquilizarle y conseguir que pensara fríamente. Para eso estaba yo al fin y al cabo: primero me asustaba yo, luego se asustaba él y al final matabamos a todo Londres.

"Shh... piense... igual no se ha ido a eso... igual no me pasa nada..."

"¿Se ha sentido diferente?" me preguntó, sentándome en el sillón. Dios, era bipolar el hombre, de repente estaba calmado, luego histérico, luego incluso se preocupaba por mí. No conseguía entenderle del todo, pero sentí que esa era su verdadera forma de ser; impetuoso, impredecible y calculador.

"¿Diferente cómo?"

"Más caliente, fiebre, ganas de rasgar cosas."

"No, no. Nada de eso."

"Bien" se quedó mirándome a los ojos largo rato, yo no pude apartar mi mirada de la suya, era hipnotizante, tan... penetrante.

En ese momento supe a qué se llama 'Amor'. La verdad es que nunca lo había estado antes, no era más que una solterona entrada en años con una panadería famosa y un barbero diabólico. Había estado casada antes, sí, por conveniencia, pero Albert y yo no llegamos a nada; era demasiado vago para moverse en la cama, así que me quedé sin probar lo que era un matrimonio de verdad. A decir verdad murió poco después, y luego no había habido nadie hasta que llegó él y empecé a sentir esas cosas... Amor, eso era. Amor.

Y la verdad se sentía muy bien...

"Lleva el collar que le regalé..." susurró al rato. Asentí.

"Me lo regaló usted" añadí, aunque no dije que por el único hecho de ser regalo suyo lo llevaba, él me entendió. "Sr. Todd..." susurré bajando la mirada. "Quiero ser como usted..."

"¿Qué?"

"Me gustaría ser como usted... así podríamos estar siempre juntos... sé que es atrevido porque entre usted y yo no hay nada, pero..."

"No voy a hacerlo" se apartó asqueado de mi.

"¿Por qué?" musité dolida, ni siquiera pensé que me hubiera escuchado.

"¡Porque es peligroso, mujer loca!" me gritó. "Y horrible, ¿cree que usted podría matar a sangre fría y después drenar un cuerpo? ¡Usted es demasiado inocente para eso!"

"Pero ya hago algo parecido..." utilicé de excusa los cadáveres del sótano. "Sé que no será bonito... pero podríamos huir de aquí... Sr. Todd, yo quiero estar con usted..."

"Ni hablar."

"¿No quiere que estemos juntos?" claro, qué tonta. Había dado por hecho que él también me quería, mis recuerdos me confundían, porque siempre era tan seco, tan borde, y otras veces tan cariñoso y cuidadoso que no sabía qué pensar de él.

"C-Claro que quiero" sé que admitir eso le costó horrores. "Pero no así."

"Soy bastante mayor, Sr. Todd. No me queda mucho, y usted lo sabe" fui dura, pero era cierto.

"Si tiene veinticuatro años" suspiró. "Qué exagerada es siempre."

"¡La gente muere continuamente! Usted y yo lo sabemos mejor que nadie."

"Mire, si llegara el momento en el que usted muriera de forma no-natural, entonces lo haré" me miró tan seriamente que tuve que aceptar el trato. Era mejor que nada, al fin y al cabo. Años después de confesó que cuando mencioné aquello se le habían erizado tando los pelos de los brazos que tuvo que ceder. "No vale provocarlo" avisó algo divertido.

"¡Claro que no!"

"No se ofenda mujer..." suspiró. "Vuelva a sus cosas, espero que Tobías no haga ninguna estupidez."

"Podríamos hablar un poco más."

"Largo."

Me sentí como un juguete usado; me quería, me desquería, me echaba, me quería a su lado, el cuento de nunca acabar del barbero diabólico de la calle Fleet. Por un momento deseé haber nacido en otra parte, un lugar lleno de cosas bonitas y gente que me quisiera. Era sólo una pordiosera en una llamada "ciudad" llena de pobres almas en desgracia que no conocían el amor de una madre, y los que lo conocieran, seguramente venían de otra parte. Creo que fue entonces cuando decidí abrir mi casa como residencia de jóvenes pobres, para que no se perdieran en las calles...

Vaya... esa sí que es una buena idea. Podría arreglar mi casa, los jardines, y abrirla como residencia para estudiantes, que ahora se lleva mucho. Hay muchas habitaciones, podría acomodar algunas y arreglar la cocina. Aunque me temo que habrá que modificar la estructura para el agua corriente y la electricidad, ¡o tal vez no! Se me ocurren miles de ideas, tengo que volver y anotarlas todas.

¡Podría hacerme rica! ¡Voy a hacerme rica!


...


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