Bendito Amor
Problemi d'amore
Ella caminaba como flotando en una nube y no era para menos pues había besado al hombre que amaba, y en esta ocasión, a diferencia del primer beso que habían compartido, él no estaba dormido y mucho menos la había rechazado;suspiró con las mejillas teñidas de un suave carmín y con el corazón aún latiendo fuertemente, de pronto una gran pregunta se instaló a su mente ¿Acaso ese beso la convertía en la novia de Albert? se mordió los labios cuando un "no" fuerte y claro llegó como respuesta, "quizás debí poner un poquito de resistencia" musitó en un susurro ligeramente desanimada, no obstante aquel momento había sido tan mágico que se hubiera odiado si lo echaba a perder, "¡Que más da!" se dijo y dándose valor decidió dejar a un lado cualquier duda que empañara su felicidad.
- ¡Hey Candy! - habló Armand haciendo que la rubia pegara un brinco y sin poderlo evitar soltó una carcajada mientras veía como la joven se ponía de mil colores.
- ¿Porqué te ríes? no hay nada de gracioso en sorprender así a una dama - reprendió ella tratando de controlar el ardor de sus mejillas.
- Perdóname pero es que fue tan gracioso, ¡ni los gatos saltan tan alto cuando se les asusta!
- ¡Los gatos!
- Cuánta razón tiene Archie en llamarte gatita - se burló sin poder contenerse.
- Jovencito deja de burlarte de mi o si no yo...
- Candy no seas aburrida- cortó el chiquillo - vamos si venías muy feliz ¿no? andabas tan distraída y alegre que yo llegué a pensar que algo increíble te había sucedido - reflexionó el niño mirándola inquisitivamente.
- ¿Algo increíble dices? bueno pues creo que te equivocas, eh... yo tan solamente caminaba.- habló con simpleza.
- ¡Por supuesto! ¿qué podría pasarte en casa? ¡todo es aburrido! excepto claro, cuando llegan visitas y éstas visitas son especialmente cariñosas ¿no?
- ¿A qué te refieres con eso? - cuestionó inquieta.
- El beso que te diste con tu amigo Albert por ejemplo.
- ¡Armand!
- Lo he visto todo Candy - afirmó mirándola de lado y entrecerrando los ojos.
- Bueno yo... verás Armand, los adultos a veces hacen cosas así cuando se quieren y pues creo que lo entiendes ¿verdad? - preguntó jugueteando nerviosa con sus dedos.
- ¡Por supuesto que lo entiendo! no soy un niño Candy, yo soy muy maduro y comprendo bien de esas cosas. - habló como todo un conocedor.
- ¡Genial! - exclamó ella sonriente y dispuesta a seguir con su camino le hizo una pequeña caricia en el rostro y dio dos pasos dispuesta a dejarlo atrás.
- ¡Un momento señorita! - demandó con voz militar a lo que ella se detuvo y regresó a verlo extrañada - ¿ya son novios? - cuestionó enarcando una de sus cejas.
- ¿Novios? - repitió Candy sintiendo como aquella palabra le quemaba la garganta y le hacía encender nuevamente sus mejillas en un rojo intenso.
- Ajá.
- Bueno te refieres a que si tenemos una relación - parafraseó mientras tomaba aire lenta y hondamente rogándole al cielo por que a su mente acudieran las palabras correctas para poder quedar no tan mal parada en aquel inesperado interrogatorio.
- Eso dije ¿lo son?
- Pues imagino que si - balbuceó sintiéndose como una cría regañada por su padre.
- ¿Segura? que yo recuerde ese chico no ha pedido permiso para cortejarte.- apuntó arrugando levemente el entrecejo.
- Pues no, oficialmente no - murmuró avergonzada.
- Creo que si la familia se entera no estará tan feliz,pues mamá no quiere que ocurra nada a sus espaldas y Bastian... ¡va! de él mejor no digo nada. - "Bastian morirá de rabia" pensó el niño recordando lo celoso que podía llegar a ser su hermano.
- Yo confío en que tú puedes guardar un secreto. - afirmó regalándole una encantadora sonrisa dispuesta así a conquistar la complicidad del pequeñín.
- Te apoyaré en todo Candy, pero necesito que hagas lo mismo por mi. - pidió tratando de ordenar el plan que había tramado horas atrás.
- Por supuesto - aseguró tranquila - pero dime ¿es muy grande el lío en que estás metido?
- ¿Porqué asumes eso? - chilló el niño rodando los ojos - no siempre estoy metido en líos - señaló apuntando con su dedo a la joven - no te niego que a veces eso sucede pero no es siempre - terminó ofendido.
- Perdóname - se disculpó Candy conteniendo una sonrisa - y dime qué necesitas ¿si?
- Lo que pasa es que tengo un mal - confesó sin mirarla y con aire ausente.
- ¿Estás enfermo acaso mi pequeño?
- La verdad es que es un mal de amor- soltó al fin con toda la gallardía que halló en sus ser.
- ¡Vaya! - expresó aliviada - eso no es grave - dijo guiñándole un ojo.
- ¿No? Uhm, para mi es muy complejo, por eso te pido ayuda y ya que tu andas tan enamorada pues quién mejor para auxiliarme - explicó orgulloso su argumento.
- Entiendo - murmuró la de ojos verdes omitiendo el último comentario de su interlocutor.
- Hay alguien que me gusta mucho y quiero que sea mi novia... bueno para empezar me conformo con que me haga un poco de caso. - se sinceró haciendo un morrito.
- Eres tan lindo Armand que no entiendo como alguna chica podría no mirarte.
- Pues díselo a ella - habló desanimado.
- ¿Y quién es la afortunada?
- Giuliana, la hija menor de la señora Bertha. - confió bajando el volumen de su voz.
- Así que la hija de la cocinera... tienes buen gusto, ella es una niña bastante bonita. - comentó Candy recordando el largo cabello pelirrojo de la niña.
- Más que eso, pero todo es tan frustrante, para empezar evita hasta mirarme y cuando le hablo me contesta con un monosílabo y se va.
- ¿Nunca han podido charlar? - preguntó pestañeando incrédula.
- De echo si, pero solamente fue cuando me dijo que ella era una criada y que no era correcto que busque su amistad.
- Es comprensible que se sienta mal, pero creo que debes tratar de entenderla, la gente adinerada suele ser muy elitista, es difícil confiar en que hay buenas intenciones de por medio y teme que si es tu amiga el trabajo de su madre se vea en peligro y con ello el sustento de la familia. - explicó Candy recordando a Dorothy y su propia experiencia cuando fue la sirvienta de los Leagan.
- Mamá no es como otra gente de sociedad, estoy segura que no se opondría, pero el problema es que no se si Giuliana tiene algún interés en mi.
- ¿No crees que te apresuras mucho?
- ¿Eso piensas?
- Deberías de acercarte poco a poco hasta ganarte su amistad, además puede que ella sea muy linda pero eso no basta para ponerte de novio, primero tienes que saber cómo es ella, cuáles son sus gustos y su manera de pensar, en realidad no es tan sencillo como parece cariño.
- Lo sé.
- Bien, entonces toma las cosas con calma, y trata de acercarte a su mamá primero, quizás así ella tome más confianza contigo; aunque también deberías conocer otras niñas, no sería bueno que ilusiones a una si no estás seguro de que te gusta de verdad ¿no crees?
- Pues si.
- Definitivamente.
- Vale - respondió un tanto más animado y dispuesto a ir a la cocina - ve a donde ibas Candy, creo que sé qué es lo que tengo que hacer.
- Bien - dijo la chica caminando hacia donde la esperaban.
El reloj sonó marcando las una de la tarde y dos pares de ojos le miraron fugazmente tratando de no parecer desesperados.
- Parece que está bastante ocupada con la visita - masculló Bastian incómodo.
- No me extrañaría - murmuró Terry un poco más calmado pues entretenía su mente imaginando a su adorada pecosa vestida de Julieta y compartiendo con él alguna escena romántica.
- Luces bastante sereno Grandchester, te felicito se ve que eres buen actor - picó para matar el tiempo.
- Sin duda lo soy; sin embargo en éste momento no empleo mis dotes artísticas pues me encuentro completamente tranquilo.
- Interesante. - apuntó con curiosidad.
- Recuerda que pasaré toda la tarde a su lado, y obviamente no se trata solamente de ésta tarde, debes de saber que una buena representación necesita un arduo trabajo, las horas de ensayo a veces se vuelven interminables - explicó y sonrió arrogante.
- Muy oportuno para ti - gruñó el de ojos grises.
- Sin lugar a dudas, lástima que para ti resulte tan poco grato.
- Podría sugerir a Candy que me permita acompañarlos.
- Podrías; no obstante mi estimado amigo hay un dicho que deberías de recordar - sostuvo ladinamente.
- ¿Cuál es ese?
- Ojos que no ven corazón que no siente - habló el inglés con una sonrisa burlona.
- Lamento llegar tarde - se disculpó Candy interrumpiendo y mirándolos apenada.
- ¿Muy entretenida? - cuestionó Bastian mientras Terrence movía la cabeza de un lado a otro discretamente.
- Me retuvo Armand - aclaró - ¿le contaste todo Terry? - preguntó situándose frente al actor tratando de cambiar el tema y sobre todo evitando los ojos del muchacho que parecían querer adivinar sus secretos.
- Me parece que no está a favor de nuestro plan. - contó tomándola de los hombros a lo que la chica le miró sorprendida pues una función de teatro le parecía algo tan inocente que no entendía como podría Bastian estar en desacuerdo.
- Me parece que deberías olvidar la venganza Candy ¿qué lograrás con ello? - cuestionó Bastian acercándose al par de jóvenes.
- Quizás tú no lo entiendas porque no viviste todo lo que yo he vivido - contestó girándose hacia el muchacho que le había cuestionado -, esas mujeres siempre me trataron peor que a un zapato viejo, siempre disfrutaron humillándome y yo siempre lo dejé pasar, pero ahora que sé que también lastimaron a mi madre, ahora que sé que le arruinaron la vida, ahora Bastian estoy convencida de que es mi obligación hacerles pagar tan siquiera un poco de su gran maldad. - señaló con vehemencia.
- Entiendo Candy e imagino cómo te sientes y te diré lo mismo que ya le he dicho a Grandchester, no estoy a favor pero los apoyaré en lo que sea, tan sólo te suplico que te midas en lo que haces y que tengas confianza total en mi, no quiero que me ocultes ni uno solo de tus planes ¿estamos?
- ¡Oh Bastian, eres genial! - gritó de emoción colgándose al cuello del muchacho logrando que con aquella cercanía el corazón del joven latiera fuertemente y al mismo tiempo que se encendieran los celos en el inglés que en silencio observaba la escena mientras se repetía mentalmente la palabra "paciencia".
- No olviden que estoy aquí - intervino Terry queriendo interrumpir aquella muestra de afecto.
- ¡Cómo olvidarlo! - habló con sorna el de ojos grises mirándolo de forma retadora aunque bien sabía que el peligro real no radicaba allí precisamente.
- Par de tontos, parecen unos niños pequeños - bromeó Candy acercándose al actor a lo que éste rápidamente envolvió en uno de sus brazos su estrecha cintura.
- No digas eso mi querida Julieta - reclamó Terry ante el rostro desencajado del otro.
- ¿No te da miedo actuar? - preguntó Bastian queriendo que ella se separara prontamente del que era dueño en aquel momento de su abrazo.
- En absoluto, tengo al mejor profesor. - contestó ella con una sonrisa victoriosa y haciendo que el mayor de los Dupond quisiera golpearse contra la pared más próxima pues lejos de alejarlos lo único que había logrado era que su contrincante empezara a recitar un verso de la obra y que ella le respondiera con tal pasión que por un momento se deleitó con la idea de arrojar a Romeo por la ventana; sin embargo, con toda la serenidad de la que fue capaz solamente pudo felicitar y aplaudir cuando terminaron aquel inesperado ensayo.
-.-.-.
- Parece que hoy no dejarás de sonreír ¿pasó algo de lo que deba de enterarme? - cuestionó George dejando unos papeles sobre la mesa y centrando toda su atención en el joven que tenía al frente.
- Hoy es el mejor día de mi vida. - contestó el aludido con el cálido recuerdo del beso que su amada había correspondido.
- Entonces imagino que ella ya sabe toda la verdad y te aceptó a pesar de ello ¿no es cierto? - preguntó mirándolo con seriedad.
- Eh... no es eso exactamente. - murmuró sintiéndose avergonzado ante el reclamo del moreno, y es que ciertamente se había callado una vez más, aunque a su favor tenía que decir que por lo menos se había atrevido a mostrarle a Candy sus sentimientos y había con ello descubierto que ella no le era indiferente; sin embargo eso no cambiaba el hecho de que aún tenía su secreto sin revelar.
- ¿Entonces? - inquirió el de bigote sin querer quitar el dedo del renglón.
- Hoy supe que ella me corresponde. - respondió con un leve rubor en su rostro varonil y levantándose para esquivar la mirada de su interlocutor continuó con su diálogo - encontré un incentivo para luchar amigo. - terminó sintiendo en el pecho una mezcla de alegría y paz difíciles de explicar.
- Lamento tener que ser duro William, pero dime ¿Hablas de corresponder? ¿me puedes decir a quién le corresponde? ¿a Albert el trotamundos o William el tío abuelo? - preguntó acercándose y queriendo que por fin aquel rubio pisara tierra y pusiera las cosas en su correcto orden.
- ¡George! - se quejó regresando a mirar al pelinegro.
- Un día más desperdiciado. - bufó encaminándose hacia la mesa ratonera de la esquina y sirviéndose una copa de vino - a la salud de tu cobardía William - brindó bebiendo un trago de la copa y mirándolo con autoridad paternal.
- Creo que te estás pasando. - reclamó sintiéndose ofendido a pesar de que en el fondo sabía que aquel reclamo estaba bien fundamentado.
- ¿No te das cuenta que es en vano callar tanto tiempo? - reprochó - ¿Acaso esperas que ella se entere de todo en la fiesta? - "cuando sepa que eres el hijo del hombre que seguramente odia" quiso decir pero calló sabiendo bien que tenía que ceñirse al plan que había construido por tanto tiempo.
- Mañana mismo hablaré con ella y además le pediré que deje a los Dupond, le rogaré si es preciso que me acompañe en la mansión Andrew.
- ¿Con tu tía y eventualmente los Leagan? - la incredulidad se marcó en cada una de sus facciones mientras su mente lo transportaba hacia aquellos tiempos en que la joven y hermosa Claudine vivía en la mansión, tiempos en los que ni siquiera el amor de William o la amistad de Pauna habían podido protegerla - ¡Vaya! así que pretendes llevarla a la boca del lobo, ¿acaso crees que será recibida con los brazos abiertos? tu familia la detesta y eso no cambiará - habló saliendo de sus pensamientos y tratando de hacer entrar en razón al joven que tenía al frente.
- La tendrán que respetar pues dejaré clara su posición en mi vida. - espetó con seguridad.
- ¿Y qué ganas con llevarla a la mansión?
- Alejarla de los Dupond está claro.
- Estás celoso de aquel muchacho pero te equivocas de estrategia, por otro lado no pienses que ella aceptará tu oferta, es más creo que eso sería lo último que hiciera. - comentó George tratando de ocultar su molestia.
- ¿Y qué sugieres que haga? ¿que me quede quieto viendo como ella comparte todo su tiempo con él? además no te lo he dicho pero él conoce mi identidad.
- ¿Cómo lo sabes?
- Me lo ha dicho - reveló Albert - pero sé que no dirá nada, al menos no por ahora.
- Si es que él ha guardado silencio es porque es un caballero y déjame decirte que eso lo convierte en un digno rival tuyo, bien pudo tomar ese conocimiento a su favor pero no lo ha hecho.
- Ciertamente no, quizás eso sea lo que más me molesta, si ese hombre fuera un canalla me sería fácil odiar a mi oponente o poner a Candy en su contra, pero lo he investigado... sé que es un buen tipo. - "un hombre perfecto" dijo su mente y se odió por ello.
- ¿Piensas entonces que es mejor que ella se quede con él?
- No, puede que Bastian Dupond sea un ejemplo de virtudes, pero yo amo a Candy con cada fibra de mi ser y lo único que deseo en la vida es hacerla feliz, lucharé por ella amigo.
- Me alegra oír eso - alabó George inclinando su cabeza en señal de aprobación - ¿entonces sigues pensando en llevarla tu residencia?
- Quiero tenerla como antes, como cuando yo no tenía memoria, disfrutar de ella y compartir cada momento, ansío verla cada mañana y preparar su desayuno, añoro los días en que yo volvía del trabajo y ella me recibía con una sonrisa, aquellos momentos en que nos quedábamos charlando en nuestro desvencijado sofá, la amo demasiado, pero tienes razón amigo, he pensado de manera egoísta, no puedo alejarla de quienes la quieren y además exponerla a los malos tratos de mi familia.
- Me parece perfecto - dijo el moreno - quiero que sepas que yo he llegado a querer a esa muchacha como a una hija y quiero que sea feliz, por eso me alegra que entiendas que tu familia la odia.
- Si mi tía supiera la clase de persona que es Candy estoy seguro que la amaría, lo que pasa es que siempre ha tenido la mala influencia de los Leagan.
- Aún sin los Leagan tu tía nunca la aceptará.
- Sé que la dulzura de mi pequeña terminará ablandando el corazón de Elroy Andrew; sin embargo no forzaré las cosas, no dejaré que nada pueda herirla George, protegeré a Candy de mi tía, los Leagan y de cualquiera que pudiera lastimarla - afirmó convencido de luchar por la mujer que amaba.
- Me alegra que vuelvas a ser tú.
- Creo que yo también - acotó el rubio sonriendo.
.-.-.-
Mientras aquello sucedía una pelinegra esperaba en la estación de trenes con la mirada perdida en la nada, mientras pensaba lo absurda que era su vida, ¿de qué le habían valido todos sus vestidos hermosos y joyas? ¿para qué el pomposo apellido Britter? ¿a qué amiga podía recurrir en esos negros momentos? todas eran frívolas y egoístas como ella misma, solamente Patricia y Candy eran distintas, "Patricia" murmuró mientras una lágrima cayó de sus ojos recordando lo que había acontecido días atrás.
- Stear me ha pedido que sea su esposa - contó ilusionada a la pelinegra que desdeñosa la miró de pies a cabeza.
- ¿En serio? - preguntó haciendo una mueca.
- ¿No te alegra Annie? - cuestionó la de lentes extrañada.
- Claro que si, ¿cuándo harán oficial el compromiso?
- Después de la fiesta de Stear, estoy muy emocionada, él fue tan romántico, estoy segura que pronto recibirás una propuesta de Archie - habló con sinceridad ante la mirada furiosa de su amiga.
- ¡Seguramente que sí! si tú siendo tan insignificante y sosa has conseguido una propuesta es obvio que yo lo conseguiré también.
- ¡Annie!
- ¿A qué hora te vas Patricia? ¿o piensas seguir restregándome en la cara tu felicidad?
- No fue mi intención herirte, lamento si lo has pensado amiga.
- ¿Amiga? si lo fueras no habrías venido a molestarme con aquella feliz noticia tuya - acusó enojada.
- Adiós Annie, lamento haberte importunado con mi visita, te aseguro que evitaré molestarte en adelante - se despidió la chica con los ojos cristalizados.
- Ojalá que te plantara en el altar - deseó con odio arrojando un cojín al suelo.
"Arruiné todo con Patty" murmuró "Solamente queda Candy, pero no recurriré a ella, no quiero ni su consuelo, ni mucho menos su limosna" dijo con rabia limpiándose las lágrimas.
- Señorita es momento de que aborde - le habló un joven empleado.
- Gracias - dijo levantándose con prontitud "allá voy vaquero, espero que estés dispuesto a recibirme" pensó subiendo al transporte.
Hola chicas, ante todo quiero disculparme por la larga espera, he tenido muchos inconvenientes que me hicieron imposible actualizar antes, el trabajo y la salud se mezclaron para hacerme pasar semanas bastante difíciles, ahora mismo estoy aún saliendo de una tendinitis en la muñeca y un problemita que tengo con los músculos del cuello que ni para qué les cuento, en fin amigas muchas gracias por su paciencia y no crean que me había olvidado de ustedes.
Espero que les haya gustado el capítulo y que me dejen sus comentarios, ya saben que disfruto mucho leyéndolas, y en este momento especialmente creo que serán mi mejor medicina.
Cuídense mucho y que tengan un bonito domingo.
Las quiere, la chica de rosa.
