Hola a todas! Siento mucho este retraso pero es porque ando liada con mil cosas... Disfrutar y perdón!


Capitulo 19: Huir.

-Me dais dolor de cabeza así que terminar de una vez con lo que habéis venido a hacer...- Me callé, yo era un peligro para ellos, debían eliminarme.

Estaba cansada de todo esto, cansada de luchar y de huir de lo que realmente era.

-Lo siento...- murmuró Jacob.

Le lancé una mirada asesina.

Me puse de pie sobre la rama y miré al cielo.

-No son asesinos- dijo la voz.

Comenzó a llover, las lágrimas que bañaban mis mejillas se mezclaban con las gotas de lluvia que caían sobre mí.

-Pero yo si- le contesté a la voz con un débil grito. Un rayo calló en el centro del claro y tras él caí yo.

Me paré delante de ellos, dándoles una buena posición para atacarme, algo protestó en mi interior, como un grito de sufrimiento, el corazón del bebé era escuchado por todos ellos, me llevé la mano instintivamente hacía el vientre. El latido se suavizó confiando en mí.

Levanté la mirada y convertí mi piel. Concentré mi fuerza en mis pies y con un veloz salto me encaramé en un árbol fuera del círculo. La frustración se adueño de los chicos-lobo y pronto todos ellos corrían a cuatro patas tras de mi.

Desbloqueé mi mente y lancé un grito desesperado. Sabía que él lo escucharía esperaba tan solo que fuese capaz de entenderlo.

Salté al suelo y corrí al interior de mi casa, sabía que allí tendrían que guardar las apariencias.

Pasé corriendo por delante de Charlie y subí a mi habitación. Recogí algunas de mis cosas, solo las más importantes.

Mi padre aporreaba la puerta, un chirrido de ruedas en la calle lo distrajo. Me asomé por la ventana y vi un mercedes negro. Dentro de él me esperaba Edward.

Solo pensaba una cosa. *Vamos *

Charlie salió a la calle y miró el coche intentando adivinar quien iba en él. Jacob estaba a su lado, su cara era de alivio. Él era el único lobo que no me deseaba mal alguno. Cogí la bolsa de deporte con mis cosas y bajé las escaleras, todo mi cuerpo temblaba, ¿como se lo iba a explicar a mi padre? Pasé por su lado y me cogió del brazo.

-¿Donde vas?-preguntó serio.

-Me tengo que ir- dije de nuevo entre lágrimas.

Me deshice de su agarré y con un pequeño lo siento me subí al mercedes, este aceleró con un chirrido. Dejando atrás lo que me hacía daño.

Cerré los ojos con fuerza agarrando la mano a Edward.

-Tranquila, nadie te va a hacer daño.

Depositó un suave beso en mis labios y me limpio la última lágrima con el revés de nuestras manos unidas.

-Duerme princesa, yo os protejo.

Con una sonrisa triste me hundí en el más profundo de los sueños.

Y como en la bella durmiente, tan solo un beso por parte de mi príncipe, me despertó.

-Hemos llegado- dijo aparcando delante de una gran casa.

Parecía antigua pues sus paredes estaban forradas en piedra y sus ventanas en madera clara.

-¿Donde estamos?- pregunté somnolienta.

-En nuestra casa- dijo algo tímido, lo miré boquiabierta.- La compré hace diez años, Esme la arregló acorde con el paisaje que la rodea, he pensado que podríamos quedarnos aquí. Es un lugar poco transitado y hay mucha caza.

Seguí sin articular palabra.

-Quería traeros aquí cuando naciese-dijo acariciando mi vientre.

El latido del corazón del bebé era por fin audible para ambos.

El tiempo había transcurrido muy deprisa, estar con Edward en aquel paraíso era maravilloso. Había llamado a mi padre pidiéndole perdón por mi ausencia y le había dicho que iba a terminar mis estudios, por supuesto la familia de Edward me regaló un bonito graduado sin tener que pisar un aula. Eso si, seguí estudiando allí, en NUESTRA casa.

Ya había pasado todo un año desde nuestra marcha, la familia de Edward se quedaría hasta el final del verano en Forks y luego irían a hacer una visita a una familia amiga suya.

Bueno, no todos, Alice y Jasper vendrían a mitad del verano.

Bajé al lago a darme un baño, Edward estaba allí. Me abrazó en cuanto me metí en el agua.

Mi barriga era bastante prominente y él se pasaba el tiempo acariciando al bebe a través de mi piel.

-Estoy gorda- dije con un puchero.

-Estás preciosa- dijo en mi oído.

Me besó con pasión mientras me acariciaba todo el cuerpo. Nos abrazábamos y nos besábamos. Que aquel fuese un lugar desierto tenía sus ventajas, apoyó mi espalda contra una roca y me beso con ternura la barriguita.

Escuchamos un coche acercarse y nos separamos con desgana.

-Alice- murmuramos los dos fastidiados.

Edward corrió a casa a por dos toallas, mientras yo sentía las innumerables pataditas del bebé. Su mente estaba casi formada, realizaba y unía pensamientos. Incluso conseguíamos saber si algo le gustaba o no con sus complicadas sensaciones.

Me giré hacia la orilla y allí estaba mi dios, mi ángel, esperando a que yo saliese para envolverme con una toalla.

-Es que no cabéis las dos en la toalla- dijo riéndose.

Le dí un pequeño golpe en el hombro y me metí dentro.

Me encaminé a la casa y justo entre por la puerta el volvo de Edward aparcó delante de la casa justo detrás del mercedes negro.

Me metí en la ducha oyendo los gritos de alegría de mi cuñada.

Me puse un conjunto de ropa interior blanco y un vestido corto de premamá azul oscuro.

En el salón había un montón de paquetes envueltos, Edward estaba en el sofá y a su lado un más que alterado Jasper intentaba tranquilizar a Alice que recorría todo el espacio dando saltitos y vueltas.

Corrió a abrazarme pero se detuvo mirando mi tripa.

-Alice que no me rompo- dije abrazándola con fuerza.

-No es eso, es que estás tan mona- dijo devolviéndome el abrazo.

Le hice un puchero y le sonreí de forma cómplice a Edward.

-¿Sabes Alice? El bruto de tu hermano me ha dejado casi sin ropa, ¿Te apetece una tarde de tiendas?- dije con una sonrisa inocente.

Si Edward hubiese podido se hubiese puesto colorado.

-Por supuesto- dijo Alice tirando de mi mano- chicos volveremos tarde.

Cuando me di cuenta ya estaba en el volvo.

-Alice mis pies- dije riéndome.

Ella abrió la puerta y apareció unos segundos después con unas manoletinas blancas.

-De momento te libras de los tacones- dijo con una sonrisa.

Pasamos la tarde en el centro comercial de la ciudad más cercana, Alice era muy exagerada, compramos como cincuenta vestidos, además de un montón de cosas para la niña.

Paramos en una heladería a que yo tomase algo. Alice parecía divertida viéndome comer.

-En realidad no me hace falta- le confesé en un susurro- pero es que me apetecía muchísimo.

-Glotona- dijo Alice sin dejar de reírse.

-Ya sabemos el sexo del bebe, será niña- le dije cuando entramos a una tienda de electrónica.

-¿Has pensado en como la vas a llamar?- dijo examinando una cámara de fotos de última generación.

-He pensado varias cosas pero me gusta Reneesme- dije poniéndome colorada.

-Oh... Es precioso-dijo con una sonrisa cálida- A Esme le encantará.

Por fin cogí una cámara, varias tarjetas de memoria, pilas recargables y marcos digitales.

Volvimos a la casa y los chicos bajaron las bolsas. Edward y Jasper ya habían arreglado una habitación para la pareja.

Alice estuvo tremendamente callada toda la noche, incluso los chicos lo notaron, pero no se inmuto a nuestras preguntas y bloqueaba su mente a nuestras incursiones.

Estábamos tocando el piano cuando Jasper bajo por las escaleras, Alice se había metido en la bañera y solo quería estar sola.

-Jasper- dije girándome en el piano-¿me acompañas a cazar?, Edward se pone histérico.

*Ten cuidado * me dijo mentalmente Edward yo le sonreí y salí a cazar algún animal.

Cuando nos alejamos lo suficiente Jasper me abordó.

-¿Que le pasa a Alice? Desde que habéis vuelto esta triste, nunca la había sentido así, me duele- me dijo triste.

-Creo que se entristeció por algo que dije, pero en cuanto volvamos la alegraré, ¿vale?- le dije destilando confianza.

Él cazo un puma y yo simplemente un oso.

-Te pareces a Emmett-dijo entre risas.

Ante eso solo pude reírme, una idea se había estado formando en mi cabeza y pronto la llevaría acabo. Sabía que Emmett y Rose no se lo tomarían precisamente bien, pero no todo estaba perdido.

Llegamos a casa y me puse a abrir los regalos que nos habían traído, Alice quería a ese bebe, ella no podría tener hijos y eso le dolía. Sabía que le gustaría formar una familia junto a Jasper.

-¿Se puede?- dijo una voz como campanillas desde la puerta.

Me giré y asentí.

Mi plan estaba claro en mi mente, quería bautizar a la niña el mismo día de nuestra boda. No sabía que le parecería a Edward pues su carácter era el típico de un hombre de su época, aunque en tal de hacerme feliz aceptaría cualquier cosa.

-Alice, ¿tu me quieres, verdad?- le pregunté sentándome en un sillón.

-Pues claro que si- me respondió sin comprender.

-Necesito que me hagas dos favores- le dije muy bajito, no quería que Edward se enterase de mis miedos.

-Lo que tu quieras hermanita- dijo sentándose en el brazo del sillón.

-Veras Alice, mi especie no suele sobrevivir a los partos...- iba a interrumpirme pero con un gesto la detuve- No es que sea pesimista, pero se como es tu hermano.

-No te entiendo.

-Alice, necesito que me prometas que si algo me pasa... Tú y Jasper cuidareis de Edward y del bebé.

-Edward no necesita que lo cuiden, ya es mayorcito...

-Si me pasa algo, os necesitará.

-Te lo prometo- dijo sería mirándome a los ojos.

-Gracias, eso significa que ya tienes padrinos Reneesme- dije acariciando mi vientre.

Alice comenzó a dar saltitos enterándose por fin de lo que eso significaba.

-Alice, tranquila- dije con una sonrisa.

-Espera... -Se quedo pensativa mirando el techo.- ¿Cual es el otro favor?

-¿Organizarás la boda y el bautizo por mi? Quiero que sea el mismo día- dije en un susurro.

-¿De verdad?, ¿en serio me estas pidiendo eso?, tengo unas ideas geniales podríamos celebrarlo aquí esto es muy bonito y ...- salió dando saltitos de la habitación.

Que fácil era hacerla feliz.

Una lágrima silenciosa cayó por mi mejilla, esperaba poder asistir a esa celebración.

Bajé hasta la sala en la que estaba el piano y comencé a tocar.

Mis ojos cerrados se concentraban tan solo en el sonido que producían mis dedos al rozar las teclas. Aquello me relajaba sobre manera y hacia feliz al bebé.

Sentí que unas manos me abrazaban desde mi espalda y acariciaban con cariño mi cara y mi pronunciado vientre.

Esperó con paciencia a que terminase aquella melodía y luego me susurró al oído.

-No se que le habrás dicho a la pequeña duende pero va dando saltos por toda la casa y esta poniendo nervioso a Jasper.

-Oh, dios mío Bella- Se escucho a Jasper en las escaleras- Has creado un monstruo.

Alice bajo corriendo y saltando las escaleras, mientras nosotros no dejábamos de reír.

-Alice- la regañe- ¿Se lo has dicho ya?

Ella paro un instante y con una sonrisa radiante negó con la cabeza.

-Me parece muy bien- dijo Edward en mi cuello.

Me encogí ante ese simple acto, él sabía que eso me volvía loca. Le eche una rápida mirada de reproche a la que el correspondió con una sonrisa radiante.

-Le he pedido a Alice que organicé la boda y el bautizo- dije sonriendo y señalándola, a lo que ella respondió con más saltitos.

-Y además-continuó mi prometido por mi- queremos que seáis los padrinos de Reneesme.

Me quedé alucinada ante su reacción, ahora los dos daban saltitos agarrados de la mano.

Sin duda eran la pareja ideal, no era Alice la única que deseaba una familia completa, también Jasper tenía su lado paternal.

Cogí de la mano a Edward y lo subí a nuestra habitación, ahora iba a pagarme lo del cuello.

-Cariño hay invitados- dijo cuando lo empuje hasta la cama quitándole la ropa.

-Los invitados están muy ocupados- los dos sonreímos, se iban a cargar mi piano.

-No tengo escusa-dijo colocándose con delicadeza sobre mi.

Comenzó a besarme y acariciarme hasta que nuestros cuerpos imitaron a los de nuestros invitados.

Las noches junto a él siempre eran perfectas, no había vuelto a tener una pesadilla en todos esos meses y mis sueños eran felices, al igual que gran parte de mi vida.

Echaba de menos a Charlie y a Reneé, me gustaría haberlos tenido a mi lado, pero aquello no era posible, mi naturaleza me obligaba a alejarlos de mi vida.