Saint Seiya: Siguiente Generación.

Fanfic escrito por: Andrómeda

Primera Fecha de publicación: 3 de junio del 2011; para la página de Facebook: Yuna De Águila (Saint Seiya Omega Ω)

Edición: Rankakiu

Disclaimer: Saint Seiya es propiedad de su autor Masami Kurumada; así como de TOEI Animation LTD.

Nota del editor: Muy buenas a los lectores de este Fanfic. Es un gusto dejarles el vigesimoprimer capítulo de Siguiente Generación, escrito por la autora Andrómeda. Sin más que agregar, los dejo con la lectura, esperando sea de su completo agrado. Saludos.

Rankakiu


En el capítulo anterior de Siguiente Generación: Convencida por la diosa Athena, Idalia, acompañada por Selenia, iniciaron su viaje dentro de la mente de Aarón de Piscis, en búsqueda de respuestas. La santa de Pegaso recordó el objeto que le dio Perseo y la santa del Fénix intentó usarlo sin mucho éxito. Mientras, Helena de Cisne mantuvo una breve y valiosa conversación con Gabriel de Acuario acerca del orgullo de ser santos de Athena. Ante la perspectiva de no avanzar en su investigación, Idalia decidió revisar varias memorias del santo dorado, empezando por la auditiva; ambas niñas de bronce escucharon una que involucraba a Sharon, lo que provocó la furia de su hermana mayor a tal punto que amenazó la vida de Selenia. Idalia de Fénix aún sigue en su determinación de explorar la mente de Aarón…


Siguiente Generación

Capítulo 21: Un viaje al pasado (Parte III).

Tras el incidente, ambas santas de bronce continúan con su travesía en la laberíntica mente de Aarón. Al doblar por una esquina y empezar a recorrer uno de los pasillos que se veía no tenía fin, las adolescentes comenzaron a escuchar innumerables memorias auditivas del santo dorado. A Idalia pronto le hartó escuchar dichos recuerdos, ya que la mayoría de estos involucraban a Sharon. Aun así no dijo nada, y no perdió el control de nuevo, demostrando un temple de acero y concentrándose en su objetivo principal; Selenia, por su parte, solo se dedicó a escuchar los recuerdos, con la tentación de utilizarlos para molestar a Idalia. Incluso después de caminar por horas –según Selenia–, el pasillo no tenía vistos de acabarse de inmediato, aunque Selenia logró notar que, conforme avanzaban, retrocedían varios años en la vida del caballero de Piscis.

—Idalia, ¿cuándo llegaremos a dónde quieres llegar? —Preguntó la santa de Pegaso, con los brazos flojos, la espalda encorvada y fastidiada de no progresar en la misión.

— ¿Quieres callarte, Selenia? —Dijo Idalia, irritada. —Ya casi llegamos, puesto que ahora estamos en los recuerdos de cuando era un niño. —Dijo, tratando con grandes esfuerzos, de conservar la poca calma y paciencia que le quedaba con Selenia.

En efecto, Idalia no se equivocaba ya que Selenia divisó a unos metros un muro que se veía poco iluminado debido a la distancia. Ambas amazonas estuvieron a punto de reanudar su marcha, cuando, de repente, escucharon unas voces hablando, por lo cual se detuvieron y agudizaron sus oídos y con ello pudieron descubrir que una de las voces era de Aarón en su época de niño, platicando con una mujer joven. Las dos se quedaron calladas para oír mejor la conversación

"¡Nee-chan! ¡Kobato nee-chan!" —Dijo Aarón con su voz infantil de esos tiempos, con un tono bastante entusiasta.

"¿Que pasa Aarón?" —Preguntó la mujer con una voz que reflejaba calma y dulzura.

"¡Nee-chan, ya sé tocar el Canon en Re mayor!" —Respondió el infante con mayor alegría.

"¡Sorprendente! ¡Apenas tienes 5 años y ya tocas esa melodía! ¿Puedo escucharla?" —Preguntó Kobato, en cuya voz se notaba la ilusión de escuchar semejante pieza musical a manos de Aarón.

"¡Sí!" —Respondió el niño enérgicamente, afinó su violín y con ello, comenzó a tocar la bella melodía, compuesta por el músico y compositor alemán Johann Pachelbel*, con singular maestría.

—Siempre ha sido un genio para la música. —Dijo Selenia, sintiendo la inspiración de tal solo oír la pieza musical ejecutada por el infante.

—Claro, toca bellas melodías. —Le contestó Idalia.

—Idalia… ¿¡acaso admiras a Aarón por eso!?—Preguntó la castaña, con incredulidad grabada en su joven rostro.

— ¡Cállate! Sólo admiro la buena música, eso es todo. —Expresó la santa de Fénix, volteando hacia otro lado, con el propósito de que Selenia no la viera ruborizada de la vergüenza de admitir una cualidad del santo de Piscis.

— ¡Sí, claro! —Dijo Selenia con una sonrisa y una voz burlonas, a lo cual Idalia reaccionó, volteando a verla de golpe con un rostro enrojecido de enojo, lo que hizo que la santa de Pegaso quite su expresión de inmediato. — ¡Está bien, te creo! — Exclamó, agitando sus manos nerviosamente para evitar una paliza. Idalia volvió a darle la espalda, visiblemente molesta a lo cual le siguió un carraspeo.

El recuerdo auditivo se desvaneció, lo que permitió que ambas chicas reanudaran su caminata y un par de minutos después llegaron al final del pasillo, cuya terminación era una pared de mármol italiano de color ocre, diferenciándose de los muros del laberinto y que poseía un grabado de una cabeza con una cara muy similar a la de Aarón, ostentando un gesto meditabundo y con los ojos cerrados. Alrededor de dicha cabeza se hallaban grabados de flores, ramas y naturaleza del estilo art nouveau. Idalia se llevó su mano derecha a su barbilla, reflexionando en que sus teorías del muro presente debían ser ciertas. Selenia, en cambio, solo observaba el muro, bastante alelada y maravillada.

— ¿Qué significa esto? ¿Ya es todo? —Preguntó Selenia, reaccionando al fin y recordando lo exhausta que estaba, junto a unas pizcas de decepción en su voz.

—Esta pared guarda las memorias más antiguas de la persona, incluso de cuando nació. —Dijo Idalia, poniendo su mano derecha en la sólida estructura. Al oír semejante respuesta, Selenia sufrió un estupor que estuvo a punto de sobrepasar sus límites.

— ¡¿Acaso la mente humana guarda todo eso?! —Gritó Selenia, con los ojos muy abiertos de su sorpresa increíble.

—Así es, —contestó la santa de Fénix, masajeando su sien con su mano libre. El grito de Selenia casi le causó un dolor de cabeza. —Ahora déjame escuchar. —Ordenó Idalia, colocando ambas manos en la frente del rostro grabado en el muro.

Al poco rato de haber colocado sus manos Idalia empezaba a escuchar sonidos muy tenues que poco a poco subían más de volumen, hasta que la santa logró escuchar con claridad el llanto de un bebé. No mucho después, escuchó unos pasos abriéndose camino en el alto pasto y acercándose más hacia la criatura, guiada por su llanto. Finalmente sus pasos se detuvieron y se escuchó una reacción de sorpresa de una mujer joven.

"¿Un bebé?" —Idalia identificó de inmediato que la voz era de una Kobato adolescente y su tono rebosaba de asombro. —"¿En el jardín de las rosas? ¡Imposible!" —Exclamó la adolescente, mientras él bebe seguía con su llanto.

Idalia percibió que se produjo un silencio de parte de Kobato, incluso podía sentir, a través del recuerdo, el latir del corazón de la mujer, como si esta estuviera reflexionando.

"Entonces… ese sueño era real…"—Musitó Kobato e Idalia lo pudo escuchar, pese a que el llanto del bebé seguía. Y nuevamente el silencio se hizo presente en Kobato. —"Ya no llores, pequeña criatura." —Dijo la mujer con una voz que expresaba dulzura maternal, mostrando que su decisión ya estaba hecha. Asumiría su misión.

El bebé dejó de llorar cuando estuvo en los brazos de su protectora e incluso se puso contento.

"Entonces tú eres aquel que debe de cumplir una misión." —Dijo Kobato. —"No te preocupes, yo te guiaré y te haré fuerte." —La mujer habló con suavidad y determinación, cualidades que enfatizaron su promesa. —"Pero antes debo ponerte un nombre…"—Idalia escuchó como Kobato hacía un sonido característico de alguien quien piensa en alguna circunstancia. —"Veamos… ¡ah, ya sé! Serás Aarón." —Dijo, haciendo reír al recién nacido, como si el nombre que le acababan de poner le agradara del todo. —"Sí, es un buen nombre para un lindo niño como tú." —Concluyó Kobato riendo dulcemente.

Los recuerdos se desvanecieron poco a poco, cuyo volumen iban bajando gradualmente, hasta desaparecer por completo, dejando a una atónita Idalia.

— ¡Imposible! —Exclamó Idalia, quitando ambas manos como si la pared quemara.

— ¿Qué pasa? —Inquirió Selenia, quien solo observó, sin imaginarse lo que Idalia acababa de escuchar.

—Aarón… ¡nació igual que Athena! —Idalia volteó a ver a Selenia, y la santa de Pegaso contempló como su compañera estaba bastante impresionada, con los ojos desmesuradamente abiertos, por semejante revelación.

— ¿Que dices? —Selenia no creía las palabras de su compañera de bronce. — ¿Sólo reencarnó en este mundo, sin estar en el cuerpo de un hombre? Idalia, algo debe de estar mal, ¡sólo los dioses pueden hacer eso! —Exclamó, tratando de convencer a Idalia y a si misma de la improbabilidad de nacimiento de Aarón.

—Yo también pienso lo mismo; ¿pero entonces por qué no tiene sus recuerdos de parto? —Se preguntó a sí misma.

Las dos callaron. Idalia empezó a mover la cabeza lentamente en negación. Era triste, pero debía aceptarlo. No encontraría sus respuestas en la mente de Aarón. Era frustrante por el esfuerzo que ella invirtió y que al final se quedó sin nada. Selenia miró la impotencia de su amiga, el cómo apretaba sus puños con fuerza y más aún, el cómo tenía fruncido el ceño, luchando para no dejar sus lágrimas salir. La santa de Pegaso sintió empatía por ella, y quiso darle palabras de consuelo. Sin embargo, Idalia no se lo permitió, dándole la indicación de que pusiera sus manos en los hombros de ella, para salir de la mente de Aarón, dando por concluido el viaje.

Selenia obedeció sin decir nada. Llegó a ella la sensación de que su cuerpo se desvanecía del laberinto y segundos después abrió sus ojos, y con ello se cercioró de que estaba en el mundo real, viendo a Aarón de frente y a su lado izquierdo a Sara, con un gesto de preocupación en su rostro. Debieron haber estado mucho tiempo en la mente del santo dorado, ya que faltaban pocos minutos para que anocheciera. La castaña observó cómo Idalia se levantó, dándole la espalda a todos y marchándose de ahí. Aarón intentó seguirla para que le diera explicaciones sobre su pasado, pero Selenia le detuvo, colocando su mano en uno de sus hombros. El santo dorado vio que Selenia negaba con la cabeza, portando un rostro abatido. Él comprendió que no tenía caso hablar con Idalia en esos momentos. La castaña ayudó a Aarón a levantarse y junto con la diosa Athena, que le dio apoyo moral a su santo dorado, partieron de aquel lugar para que cada uno regresara a sus aposentos.

Y la luz de la luna brilló con dificultad por el cielo nocturno cubierto de nubes.


Han pasado alrededor de tres días desde el viaje a la mente de Aarón. Idalia siguió aún desconcertada por lo que escuchó, tratando de descifrar si había algunas claves de los recuerdos que vio y escuchó, obviamente continuando apartada del resto. El Santuario había amanecido con una gran calma y muy en contra de su costumbre, Selenia se levantó temprano, dirigiéndose sin interrupciones a la Cámara del Patriarca, con el objetivo de hablar con la venerable Oka, en busca de respuestas. Tras una caminata agradable, entró al recinto sagrado, dándoles los buenos días a sus dos dirigentes. La venerable anciana le devolvió el saludo y le preguntó que requería, a lo que Selenia no perdió el tiempo y fue directo al grano.

— ¿Que ocurre, Oka-sama? ¿Acaso Aarón-san reencarno cómo sólo los dioses lo hacen? —Preguntó Selenia sin el menor recato.

— ¡Selenia! —Lógicamente la reprimenda por parte de la anciana Oka no se hizo esperar.

—Espera, Oka. —Dijo el Patriarca Kiki, levantándose de su magnífico trono. —Selenia, en verdad te pareces a Seiya, en especial a lo terco. Ojala hubieras heredado otra cualidad. —Dijo el Patriarca, colocando su mano en la cabeza de la santa y sonriéndole. —Aunque dadas las circunstancias te diré la verdad, pero deberás de prometer que no dirás nada. —Dijo, ahora poniéndose serio.

—De acuerdo, ¿pero no quiere que llame a Idalia? —Preguntó la santa de bronce.

—No, ella lo verá en tu mente. —Respondió firmemente.


Aarón se encontraba sentado en un campo abierto, cuya vista del cielo de mediodía era maravillosa, con pequeñas nubes decorándolo. Llevaba consigo su violín de toda la vida, uno de sus compañeros más fieles del mundo. Tocaba algunas melodías cortas sin poder concentrarse del todo en su ejecución, ya que sus pensamientos estaban más inclinados en averiguar qué era lo que había descubierto la arisca santa del Fénix.

—Idalia, ¿qué paso en mi mente, que te fuiste sin decir nada? — Se preguntó asimismo, reflexionando. No quiso darle más vueltas al asunto, así que pasó un par de horas agradables y bien aprovechadas tocando varias melodías de música clásica, hasta que sintió una presencia que se acercaba a él y que pudo reconocer como Selenia. Volteó para confirmar sus sospechas e inmediatamente dejó de tocar. — ¿Que pasa Selenia? —El santo de Piscis preguntó, levantándose en el acto.

—No, nada, sólo que fui a ver a Oka-sama. —Respondió la niña, con un gesto que evidenciaba una conmoción desagradable

— ¿Te regañaron? ¿O que te dijeron para que vengas con ese rostro? —Observó Aarón, que no le pasó desapercibido el rostro tan contrariado de Selenia.

—No, no es nada, —mintió —"Demonios, ¿ahora que le digo?" —Pensó Selenia para zafarse de aquella situación, ya que no podía contarle nada a Aarón. De improvisto dirigió su vista hacia el violín y se le ocurrió una idea para distraerlo. —"¡Cierto!" —Se aplaudió internamente. —Oye, Aarón-san, ¿es cierto que escribiste una canción para Sharon-chan? —Preguntó la santa de Pegaso, ahora en voz alta.

— ¿Acaso escucharon eso? — Dijo Aarón, sonrojándose y rascándose la nuca del nerviosismo. Parecía que aquel asunto de la canción lo quería como un secreto entre él y Sharon; Selenia, en cambio, sonrió para sus adentros, triunfante por desviar la conversación. —Ya veo porque Idalia-kun se fue sin decirme nada. —Expresó, suspirando.

—Me preguntaba si yo también podría escucharla. —Pidió la castaña, sonriente y juntando las palmas de su mano.

—Es… está bien. —El santo accedió a la petición, ruborizándose aún más fuerte. Se preparó, exhalando para tranquilizarse y tosiendo para aclarar su garganta. Adquirió valor y pronto comenzó a tocar el violín. La música que desprendía el instrumento musical fue simplemente sublime. Y poco después entona una estrofa con una voz melodiosa y agraciada.


La melodía del combate a muerte esculpe la partitura del corazón

Voy entre pétalos que caen desgranados

Cuyas flores son esparcidas por el viento en un campo de batalla blanquecino

O quizás se trate de niebla sangrienta, ¿Quién sabe?


Aarón seguía tocando su violín con gran maestría y soltura, como solo un prodigio de la música podría hacer. Suspiró inspirado y continúo cantando.


Muéstrame tu corazón, pequeña paloma blanca y pura

¿Dónde estarán los límites del cielo?

Todos los hombres cargamos con una cruz muy pesada

En un camino de espinas, un camino al futuro.


El santo dorado movió el arco (1) con parsimonia y pasión, haciendo que el violín combinara con precisión matemática y estética notas altas y bajas, agudas y graves, logrando un sonido exquisito al oído.


La melodía sale de las yemas de mis dedos

Al tocar las finas y delgadas cuerdas del violín

Un pájaro blanco emprende el vuelo dibujando un arco en la superficie del agua

Cuyas alas son bañadas por la luz de la luna.


Después de entonar su estrofa, Aarón a continuación produjo una bella vibración de su instrumento al recurrir al pizzicato (2), para luego hacer un perfecto trémolo (3), cuya ejecución fue de igual hermosura. Realmente Aarón puso todo su talento y ser en tocar su composición, inspirada por y para Sharon, una melodía que deleitaba al oído y el alma.


Por la noche surgen espejismos de orquídeas

Con aroma a lavanda en el aire

Una luna creciente fría y azul flota en la oscuridad

Iluminando la silueta de los guerreros.


Finalmente Aarón terminó con una suave vibración en notas bajas, logrado por el arco, en conjunto con el pizzicato. De cierta forma logró relajarse y estar en paz al ejecutar su melodía. A Selenia no le alcanzaban las palabras, quedando embelesada por lo que acababa de escuchar.

— ¡Woow, impresionante! En verdad que Sharon-chan te inspira para cantar, ¿no es así? —Dijo Selenia, sonriendo ampliamente y embelesada por la pieza maestra de Aarón.

—Claro que sí, —Aarón continuaba ruborizado —ella es la rosa más valiosa de mi jardín. —Concluyó, devolviéndole la sonrisa.


Han transcurrido un par de días más. Sofía, la santa del Dragón, se encontraba a veinte metros de distancia de las barracas que sirven de residencia a los santos femeninos. Estaba entrenando su técnica especial, la sagrada espada Excalibur, en la cual no tenía un amplio dominio, siendo precisamente un punto que ella estaba corrigiendo. El suelo tenía innumerables cortes y rasgaduras, los primeros cortes eran gruesos, toscos y de mediano alcance, luego estos cambiaron gradualmente por cortes más estrechos, derechos, profundos y largos, y que hacía notar el perfeccionamiento de la técnica. Tras el duro entrenamiento, Sofía se sentó en una roca cercana a descansar, limpiándose el sudor de la frente con un pequeño pañuelo. En eso, Selenia llegó al sitio y como vio a Sofía, encaminó sus pasos hacia su amiga.

— ¡Hola, Sofía! —Saludó con su entusiasmo característico.

— ¡Hola Selenia!—Sofía le contestó el saludo. — ¿Qué haces por aquí? —Preguntó.

— ¿Por qué? ¿Acaso no puedo venir? —Selenia se indignó, cruzándose de brazos, sin imaginarse lo que estaba a punto de sucederle.

— ¡Por fin apareces! —Exclamó Kimiko de Casiopea, apareciendo detrás de la amazona de Pegaso.

— ¡Ah! — Exclamó Selenia, volteando a verla con una expresión asustada. — ¡Ya me acordé por que no podía venir!

— ¡Idiota! —Gritó Kimiko, dándole un buen golpe de puño a la cabeza de Selenia. — ¡Me la debías! —Rugió furiosa, conformándose con ese golpe mientras Selenia se sobaba la cabeza.

— ¡Ay! ¡Duele! ¡Qué mano tan pesada traes Kimiko-san! —Selenia seguía sobándose la cabeza, y a duras penas aguantaba las lágrimas.

—Maldición, siempre es lo mismo contigo, niña. —Dijo Kimiko, cerrando los ojos, suspirando de frustración y cruzando sus brazos. Ante aquella acción, Sofía rió bajito, esperando no ser escuchada.

— ¡¿De qué te ríes?! —Desafortunadamente no fue así, ya que ahora era Selenia la que se ponía furiosa, reclamándole a su amiga.

—Lo siento…—Dijo en un hilo de voz la amazona de Dragón, apenada.

La tarde era tranquila y apacible en el Santuario. Unos aprendices y soldados descansaban mientras otros tantos entrenaban; los santos de oro están en sus respectivos templos, haciendo sus actividades personales y de vigilia; Helena, quien acababa de llegar a las barracas, junto con Sofía y Kimiko se ríen de las desgracias de Selenia; Idalia continuaba apartada del resto y Sara se encontraba con Oka-sama y Kiki, conversando amenamente en la cámara del Patriarca. Podría decirse que era una tarde normal, sin ningún incidente a ocurrir.

Sin embargo, un cosmos oscuro se acerca al Santuario…

Continuará…


En el próximo capítulo de Siguiente Generación: Nubes grises se acumulan en el cielo, un cosmos oscuro y violento llena el ambiente. Un trueno cae en las orillas del Santuario, dejando ver a un enorme ejército de soldados. ¡Ares, el dios de la guerra, está listo para destruir al Santuario y tomar la vida de Athena! ¡Una nueva Guerra Santa ha comenzado!


Notas:

*Johann Pachelbel (1653 – 1706) Compositor alemán del periodo barroco, cuya obra más reconocida es "Canon en re mayor", escrito para ser tocado con tres violines y un bajo. Su estilo musical fue bastante popular en su época, lo que le otorgó un estatus de maestro y por supuesto, su nombre pasara a la historia de la música clásica.

1.- Arco: accesorio utilizado para tocar el violín, violonchelo, viola y contrabajo. Consta de una cinta, hecha de cerdas y de una vara estrecha de curva suave que permite, por medio de un tornillo que se aprieta o afloja, asegurar la tensión de las cerdas, las cuales frotan las cuerdas del instrumento para producir el sonido.

2.- Pizzicato: término italiano que se traduce como "pellizcar". Técnica que consiste en pellizcar, pulsar y/o estirar las cuerdas de un instrumento con las yemas de los dedos.

3.- Trémolo: término italiano que se traduce como "tembloroso". Describe la variación en la intensidad de un sonido, mientras que la frecuencia se mantiene constante. Popularmente, el término se usa para describir el movimiento del arco, en un movimiento de arriba y abajo, ejecutado de forma rápida.

La canción que entona Aarón en este capítulo es una variante de "Ibara no senritsu - Melody" de la serie Ring ni Kakero, interpretada por Hiroshi Kamiya y compuesta por Masami Kurumada.