Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 21 Los fantasmas y una horrible confusión

*Este capítulo contiene algunas escenas de carácter sexual, está bajo su responsabilidad y discreción continuar leyendo.

Había pasado un mes más para Candy y ya su vientre era bastante notorio. Su figura petite y delicada hacía que caminara graciosamente y Terry la llamaba pingüinito. Era como si su barriga hubiera explotado de repente. Ella estaba feliz por su embarazo que iba viento en popa y según todas sus ecografías su bebé estaba totalmente saludable y ella también. Pero había algo que la mantenía apagada y era que no hubiera una mejoría en el caso de su mamá. Había logrado hablar con ella en algunas ocaciones, pero su deterioro físico y su debilidad hacía que todos se rompieran en mil pedazos.

-Candy, por favor, levántate de ahí. Por favor no llores, no me hagas eso. Tengo que irme a trabajar y no estaré tranquilo contigo en este estado.

Candy se había sentado en el suelo abrazando sus piernas mientras las lágrimas bañaban su rostro y su pecho.

-Lo siento, Terry, no puedo más. No puedo sonreir más mientras la vida se le va a mi madre sin que yo pueda hacer nada. Papá está haciendo tanto esfuerzo para no desplomarse y Albert... anda como un alma en pena...

-Princesa, sé que todo es muy injusto, pero no puedes derrumbarte ahora. Has batallado mucho y tienes que seguir en pie, hazlo por el bebé, ya falta poquito para que esté con nosotros y él te necesita fuerte.

Terry trataba de darle ánimo a Candy, pero él mismo andaba derrumbado y retraído desde hacía unos días y Candy lo había notado.

-¿Y tú, Terry? ¿Qué está pasando contigo? Las pesadillas que estás teniendo desde hace tres noches... Tu semblante preocupado...

-No es nada, Candy. Mucho trabajo, casi no estoy viéndote, tengo mucho stress.

Le contestó Terry rotundo y aunque Candy no indagó en el tema, no quedó convencida.

-Ven, descansa un poquito más. Hoy llegaré más temprano, te lo prometo.

Terry la condujo de vuelta a la cama, le dio un beso en la frente y se fue a su trabajo. Llegó a su oficina con un humor de perros y saludó a todos con un frío gesto con la mano.

-Terrence... la señorita que envió la carta para una solicitud de trabajo está aquí e insiste en hablar contigo...

La secretaria se le acercó con miedo debido a su cara de pocos amigos y más que él ya había dado órdenes de no atender a la supuesta señorita.

-Díle que no puedo atenderla y que se vaya.

Contestó tajante y cuando la secretaria apresurada iba a salir para comunicarle a la señorita la decisión de Terry, ésta pasó por encima de la secretaria y se adentró en la oficina.

-Buenos días, Terrence.

-Dije que no puedo atenderte. Ni hoy, ni mañana, no necesitamos a nadie, así que por favor, vete.

Terry miraba furibundo a la descarada mujer parecía no importarle nada ni le temía.

-Pero, Terrence, sólo quiero una oportunidad de trabajo, al menos escúchame...

-Lissandra, por favor, escolta a la señorita a la salida.

La secretaria se puso nerviosa y más cuando intentó acercarse a la mujer y ésta la manoteó.

-¿Quiere que llame a seguridad, señor?

-Sí, por favor.

Lissandra fue apresurada a llamar a seguridad, pero la mujer ni se inmutó y permaneció en la oficina.

-Terry, por Dios, aquello ya pasó, olvídalo. Sólo busco trabajo. Me gradué...

-De verdad que tú no tienes moral ni vergüenza, Michelle. ¿Cómo se te ocurre venir a buscarme después de lo que me hiciste?

Terry la miraba con una rabia y un odio que podía taladrar el alma.

-Terry, aquello fue un error, pero ya pasó y me arrepentí.

Decía Michelle con gesto de limpiarse unas lágrimas invisibles. Era una mujer alta, pelo rizo largo y negro, esbelta, maquillada en exceso y aunque andaba en ropa de vestir, su falda y su escote en el blazer no dejaba nada a la imaginación, pero Terry, lejos de sentir atracción sólo sentía una gran repugnancia hacia ella.

-¿Un error? Un error haberme hecho quedar como un idiota. Haber terminado con una vida inocente de una forma tan vil. Me jodiste la vida, Michelle. Si tan sólo supieras el asco que me da tu presencia.

-¡Ya basta! ¿Por qué te empeñas en seguir recalcando el pasado? Just let it go, Terrence.

Mientras más Terry la escuchaba, más le revolvía las entrañas la desfachatez de esa mujer.

-Mira, Michelle, por favor, vete de aquí antes de que te saque yo mismo y créeme que no seré nada amable.

Su voz era pausada, pero amenzante, y aunque Michelle lo desafiaba con la mirada, por dentro estaba temblando. Ella conocía la naturaleza violenta de Terry y sabía que estaba provocándolo.

-¿Qué quieres que haga, Terry? ¿Quieres que te de otro hijo? Porque eso podríamos arreglarlo si tú quieres...

-¿Otro hijo? De verdad que eres despreciable, Michelle. Tú eres la última maldita persona en el mundo con quién yo querría cualquier tipo de lazo.

Las palabras de Terry zumbaron tan fuerte que por un momento le quebró todo el orgullo a Michelle. Cuando su mirada perdida recorrió la oficina se detuvo en una foto.

-Ah ya entiendo. Ahora vas a ser papá nuevamente. Osea, que has olvidado a tu bebé perdido...

Dijo refiriéndose a una fotografía de él y Candy donde Terry la abrazaba por detrás con sus brazos colocados en su abultado vientre.

-¿Mi bebé perdido? Querrás decir el tuyo. ¿A caso olvidaste que me confesaste que no era mío?

Le contestó con sarcasmo y masticando cada palabra como si cada recuerdo fuera un sabor amargo.

-Terry, cariño, que ingenuo eres. Eso lo dije para que no te sintieras mal. Bien sabías que sólo me acostaba contigo, todo el tiempo estábamos juntos, yo vivía más en tu apartamento que en el mío.

Terry se quedó helado. ¿Cómo podía esa mujer ser tan fría e inescrupolosa? La miró de una manera que la hizo arrepentirse de todo lo dicho. Hasta comenzó a retroceder cuando Terry se le fue acercando peligrosamente.

-En mi vida, Michelle, había conocido a un ser tan asqueroso como tú. Si no pones tu maldito culo fuera de esta empresa ahora mismo, juro que voy a estrangularte aquí mismo, maldita infeliz.

Terry la había acorralado y la sostenía fuerte del cuello inmovilizándoselo completamente. Por primera vez la vio aterrada, como una presa mira a su depredador antes de exhalar sus últimos suspiros.

-Terry, por favor... suéltame...

Suplicaba, pero Terry no disminuyó su fuerza ni un ápice.

-¿Temes por tu vida, Michelle? ¿A caso pensaste en la vida que arrebataste en algún momento? ¿No sentiste compación por tu propio hijo? Eres una maldita cucaracha, Michelle.

Michelle estuvo a punto de orinarse encima. Había conocido el carácter de Terry cuando se enojaba, pero esto era realmente aterrador. El odio con que la miraba Terry y la fuerza brutal que estaba usando con ella casi hicieron que se desmayara.

-Discúlpe, señor, nos dieron órdenes de sacar a una tal señorita...

-Así es, pueden sacar la basura de aquí, ahí está.

Le dijo Terry a los guardias de seguridad, empujando a Michelle hacia ellos como si se tratara de cualquier despojo y ella temblorosa no protestó mientras los dos gorilas la guiaban a la salida.

-Terrys, Terrys, bombón, te necesito para el comercial de...

-Neil, ahora no, por favor, no estoy de humor.

-Pero, Terry es que...

-¡Ahora no!

Gritó y el pobre Neil dio un salto aterrorizado.

-Lo siento, Neil. No estoy bien, por favor, cancela todos los compromisos que tenga para hoy, tengo que irme.

Neil no se atrevió ni a preguntar por qué, se retiró y acató la órden como un fiel soldado. Terry se quedó dando puños en su escritorio y maldiciendo una mil veces. Por qué tenía que golpearlo el pasado ahora. Miró la foto admirando a su mujer y su bebé, su tesoro y sintió una gran necesidad de ir a su casa. Necesitaba a Candy, quería tenerla cerca y perderse en ella hasta borrar todo rastro de dolor. Tomó sus llaves y se fue así sin más sin mirar a nadie.

-Albert, cariño, el almuerzo está hecho, ¿me acompañas?

-Lo siento, Pau, no tengo hambre.

Albert se había sumido en una tristeza profunda por lo de su madre. Su relación con Paula estaba pagando las consecuencias y tanto él como Candy habían pospuesto la fecha para la boda, pues las circunstancias no estaban para celebración.

-Amor, tienes que comer, ni siquiera has desayunado. Te ves muy mal, has bajado de peso...

-Paula, no tengo hambre. Por favor, deja ya de fastidiarme.

Le dijo molesto y Paula se sobresaltó por el desplante. No le dijo nada y se marchó con los ojos aguados hacia el comedor, no porque tuviera mucha hambre, sino porque debía velar por su bebé en su primer trimestre que era el más importante. Ella estaba siendo todo lo paciente que podía. Comprendía el infierno por que debía estar pasando Albert. Ella sabía bien lo quera la unidad familiar y si fuera su madre la que estuviera debatiéndose entre la vida y la muerte, no querría ni imaginarse cómo reaccionaría ella. Ni siquiera sabía si podía soportarlo. Resignada, se sentó a comer sola aunque masticar y tragar la comida se le hiciera una eternidad. Los días de magia en su relación habían quedado muy atrás. Albert siempre estaba de mal humor, deprimido y apenas le prestaba atención y eso estaba matándola.

-¿A dónde vas, Albert? Tenemos una...

-A tomar un poco de aire. ¡Por Dios! ¿Es que ni eso puedo hacer tranquilo?

-¿Por qué me hablas así? Sólo estaba recordándote que tenía una cita para una ecografía y quería que me acompañaras.

Le gritó ya sin poder contener su coraje y el traicionero llanto.

-Pau, lo siento, no fue mi intención... es que yo...

-Nada, Albert. Ve a tomar aire, iré yo sola.

Albert se sintió miserable. Se estaba perdiendo grandes momentos por estar sumido en su dolor y estaba arrastrando con su amargura a Paula nuevamente, defraudándola otra vez.

-No, Pau, yo iré contigo, también quiero ver al bebé...

-¿Ahora? No, mejor quédate. Ya me cansé, Albert. Te he tenido toda la pasiencia del mundo, he soportado todos tus desprecios, tus gritos sin motivo y he dejado que te desquites tu amargura conmigo, pero ya no más. Yo también tengo sentimientos y no sabes cómo me duele ver que estés pasando por todo esto sin que yo pueda hacer nada, pero tú te has olvidado del resto del mundo. De mí, de tu hijo.

-Paula, ya dije que lo siento. Yo...

-¿Recuerdas la última vez que preguntaste cómo estaba? ¿Cuándo fue la útima vez que lo acariciaste? ¿La última vez que me besaste o que me abrazaste? ¿No, verdad? Yo tampoco.

-Mi amor, por favor, perdóname.

Albert se sintió fatal, ella tenía toda la razón. No se había dado cuenta de todo el daño que estaba haciéndole pensando sólo en él mismo.

Por qué no te besé en el alma cuando aún podía

Por qué no te abrazé la vida cuando la tenía

Y yo que no me daba cuenta cuánto te dolía

Y yo que no sabía el daño que me hacía

Cómo es que no me fijé que ya no sonreías

Y que antes de apagar la luz ya nada me decías

Que aquél amor se te escapó, que había llegado el día

Que ya no me sentías, que ya ni te dolía

-Olvídalo, Albert. Si quieres estar sólo y seguir disfrutando de tu libertad sin tener a tu mujer detrás de ti fastidiándote, ya sabes lo que puedes hacer. Total, ¿qué diferencia hay? De todos modos estoy sola.

Me dediqué a perderte y me ausenté

en momentos que se han ido para siempre

me dediqué a no verte y me encerré en

mi mundo y no pudiste detenerme

y me alejé mil veces y cuando regresé

te había perdido para siempre y quise detenerte

entonces descubrí que ya mirabas diferente

me dediqué a perderte, me dediqué a perderte

-Pau, por favor, no digas eso. Sé que he sido un imbécil todos estos días, pero... déjame arreglarlo, quiero estar ahí contigo...

Por qué no pude comprender

lo que hasta ahora entiendo

que fuiste todo para mí y que yo estaba ciego

te dejé para luego este maldito tiempo

Albert suplicaba realmente arrepentido, pero el dolor que Paula estaba sintiendo era tan grande que se mantuvo implacable.

-Albert... de verdad prefiero ir sola. No quiero ver tu cara en estos momentos...

-Paula, Dios mío. ¿De qué manera quieres que te diga que lo siento? No puedes ahora prohibirme que te acompañe a ver al bebé...

Albert se había alterado nuevamente. Es cierto que no andaba en su mejor humor, pero por más molesto y deprimido que se encontrara, ver a su hijo no se lo perdería por nada del mundo.

-Eso lo hubieras pensado antes de despreciarme tanto.

Aunque sus ojos estaban llenos de lágrimas, ella lo miró con una frialdad que lo asustó.

Me dediqué a perderte y me ausenté

en momentos que se han ido para siempre

me dediqué a no verte y me encerré en

mi mundo y no pudiste detenerme

y me alejé mil veces y cuando regresé

te había perdido para siempre y quise detenerte

entonces descubrí que ya mirabas diferente

me dediqué a perderte, me dediqué a perderte

-Paula, por favor, déjame acompañarte. Si luego quieres que me vaya, lo haré, pero por favor, deja que lo vea, por favor, quiero verlo...

La súplica de Albert y las lágrimas con que imploraba acabaron por romper la coraza de orgullo de Paula. Tuvo que ceder.

-Ya, Albert, está bien. Acompáñame para que lo conozcas.

Le dijo con una sonrisa débil, pero sincera. Albert tomó las llaves de su auto y se fue directo al lugar de la cita. No hablaron en todo el camino, pero Albert entrelazó su mano libre con la de ella mientras conducía y ella no lo rechazó. Cuando al fin llegaron, la tensión entre ellos se alivió un poco y él le dijo que sentara mientras él la anotó en la lista y le llevó el formulario con el bolígrafo al asiento.

-Tienes que llenar esto, muñeca. Pronto van a llamarte.

Paula le sonrió, estaba llamándola cariñosamente de nuevo y decidió no torturarlo más y devolverle la misma dulzura. A penas había completado el formulario cuando ya estaban llamándola para que pasara.

-Estoy nerviosa, Albert.

-Yo también, pero tranquilízate, todo va estar bien.

Se fueron al cuartito indicado dónde los recivió una técnica muy joven y guapa que no pudo desimular la impresión al ver al monumento de hombre que era Albert y Paula se puso muy seria, pero Albert no notó nada de eso, él sólo quería ver cómo estaba su hijo.

-Buenas tardes. ¿Son primerizos?

Preguntó amable y ambos asintieron al mismo tiempo.

-Bueno, Paula. Necesito que te bajes el pantalón de modo que tenga total acceso a tu bajo vientre y te acuestes en esta camilla.

Ella lo hizo y a pesar de que la chica le había advertido de lo frío que se sentiría el gel que ayudaba a que los pads sensoriales se deslizaran más fácil, ella se estremeció por completo. Albert observaba todo muy atento y la miraba con ternura, dándole todo su apoyo.

-Tienes poquito tiempo, pero esto chiquitín que ven aquí es su bebé. Su corazoncito late a mil por hora.

Mientras la técnica estaba muy concentrada pasando los pads por el vientre a penas notable de Paula y mirando al monitor, Paula estaba llorando de pura dicha y Albert no pudo evitar apretar su mano y sonreirle.

-Todo está en perfecto estado. No hay nada de qué preocuparse. Su bebé seguirá progresando semana tras semana y para la próxima ecografía de las veinte semanas podrán saber su sexo.

-No nos importa qué sexo tenga, lo amamos sea lo que sea.

Respondió Albert con orgullo y emoción. Ahí estaba su bebé con su corazoncito latiendo a millón y él lo amó todavía más. Salieron del lugar y al llegar al estacionamiento, él no dejó que Paula entrara en el carro y la detuvo quedando muy cerca de ella.

-Paula... perdóname. No vuelvo hacerte a un lado. De verdad lo siento. Los amo a los dos con toda mi alma. Es que de verdad no es fácil...

-Ya, Albert, no importa. Nosotros también te amamos. Bebé ya te perdonó.

Le dijo ella con una dulce sonrisa y besándole el pelo. Él besó su vientre con una entrega y devoción que nunca antes se le había visto. Se fueron a la casa más felices que nunca y dispuestos a recobrar el tiempo perdido.

En ese mismo mes la peculiar amistad entre Alisson y Jimmy se había fortificado más y ella se encontraba viviendo los momentos más increíbles de su vida. Donde quiera que fueran o estuvieran ella tenía que estar rodeada por los brazos de él, era su capa protectora contra el mundo y ella le pagaba con todas sus sonrisas y sus besos que aunque no hubiera una relación formal, él sabía que eran sólo suyos. Esta vez estaban en el apartamento de él. Habían decidido pasar la tarde viendo películas en compañía y con la lluvia torrencial que caía realmente el ambiente no se prestaba para otra cosa que no fuera quedarse en casa bien acurrucadito y con buena compañía en todo el sentido de la palabra. Pero ese día no sólo era especial por eso, sino porque también ella conocería al pequeño Dylan del que tanto le hablaba Jimmy y ella de verdad ansiaba conocerlo. Sólo pensar que el pobre niño estaba creciendo sin el amor de su madre le partía el alma, aunque sabía por Jimmy que la madre de él estaba haciendo un gran trabajo y él también.

-Este es el cuarto de Dylan. Sí, es fanático de Cars, poco a poco pude conseguirle todo para su cuarto en relación a eso. Algunas cosas tuve que pedirlas por internet.

El cuarto del niño era hermoso. Tenía un papel decorativo en el borde de las paredes de Cars y dichas paredes estaban pintadas entre blanco y rojo. Su cama era en forma de la estrella principal Lightning Mcqueen y las luces delanteras eran lámparas de verdad. Sus sábanas, cortinas y gabetero era de lo mismo. Había varios cuadros en la pared con personajes de la serie y un gran cajón de madera que tenía grabado el nombre de Dylan y del cuál sobresalían muchísimos juguetes.

-Es hermoso este cuarto, el sueño de cualquier niño. Y ella es...

-Así es. Es la madre de Dylan. Pensé que era importante que él supiera que a pesar de lo contradictorio de las circunstancias, tiene una madre.

Explicó Jimmy refiriéndose a una foto enmarcada de la madre de Dylan sobre la mesita de noche en forma de goma de carro. Se veía una joven de unos diesciocho años, de pelo castaño como los de Dylan y los ojos cafés. Era hermosa, pero su rostro no reflejaba ser una persona afectuosa, era ese tipo de rostro del que podías deducir muchas cosas y al mismo tiempo nada.

-Entiendo...

-Tú eres mucho más hermosa, Allie. Por dentro y por fuera.

Ella como siempre se preguntó cómo era que él podía siempre leerle el pensamiento. Es como si su alma siempre estuviera desnuda para él.

-¿Y cuándo traerán a Dylan?

-Por la noche temprano mamá lo traerá. Insistió en llevarlo a un cumpleaños, yo no puedo negarme, Dylan también es muy apegado a ella.

-Imagino...

-Ven, vamos a la sala. ¿Qué película quieres ver primero?

-Ummm. Dark waters primero, luego livero la tensión con American Pie.

Jimmy rió. La primera película tenía un poco de misterio y suspenso, pero no era algo que se le pudiera llamar horror y ella ya estaba preocupada. Él puso la película y no se preocupó por setearla ya que ambos preferían verla en inglés. En lo que pasaban todas las promociones de otros estrenos, Jimmy fue a servir helado para ambos.

-Puedes subir los pies en el sofá si quieres, Allie.

Le gritó desde la cocina. Ella se quitó las sandalias y se sentó con la espalda inclinada en uno de los bordes del sofá y subió las piernas. Él volvió a su lado con el helado y acomodó las piernas de ella sobre su regazo para poder estar lo más cerca posible. Disimuladamente contempló sus piernas a gusto. Eran largas, delgadas y bien torneadas. Sus piecitos eran pequeños con el arco bien formado y sus deditos eran cortos y gorditos como salchichitas, pensó él y sus uñas estaban pintadas en pedicura francesa. Mientras ella saboreaba su helado napolitano ajena al escrutinio de él, movía los pies graciosamente. Esos simples gestos tan de ella enloquecían a Jimmy. Ella parecía estar enfrascada en la película, pero él estaba muy lejos de ahí. Estaba perdido viendo como ella disfrutaba su helado despreocupadamente como una niña y su boquita un poco embarrada estaba quebrando toda su resistencia, pero se mantuvo a raya.

-James, creo que necesito una servilleta. Soy un desastre comiendo helado...

-¿Y quién dice que necesitas una servilleta, Allie?

Le dijo él sonriendo maliciosamente al ver su cara de desconcierto.

-Es que mi boca está...

-A ver, échate un poco más para acá.

Le dijo él y ella se arrastró hasta estar muy cerca de él.

-Uy sí, vamos a quitarte todo ese embarre de helado de tu boquita.

Y antes de que ella pudiera siquiera pensarlo él comenzó a besarla pausadamente por todo el contorno de sus labios. Era perfecto ese sabor dulce que había dejado el helado. Le succionó suavemente ambos labios y luego ella le dio acceso para que su lengua pudiera pudiera entrar en su boca y profundizara el beso. Él la sostenía del rostro delicadamente mientras se besaban dulce, pero con pasión al mismo tiempo. Mientra la danza de lenguas seguía su ritmo, ella se sentó por completo sobre su regazo.

Cuéntame al oído muy despacio y muy bajito

por qué tiene tan luz este día tan sombrío

cuéntame al oído si es sincero eso que ha dicho

o son frases disfrazadas esperando sólo un guiño

cuéntame, cuéntame...

El cielo acostado detuvo el tiempo en el beso

y ese beso a mí en el tiempo...

el cielo acostado detuvo el tiempo en el beso

y ese beso a mí en el tiempo...

-Allie...

Susurró él en medio del beso que ya había subido bastante de tono y él temía no poder ser responsable de sus actos. Siempre había mantenido sus deseos lejos de ella para no asustarla, pero teniéndola sentada sobre sus piernas y en medio de ese beso tan delicioso, él no sabía si iba a poder mantener sus manos quietas.

-Tenemos que detenernos, linda.

Su voz fue casi un murmullo. Estaba agitado y su cuerpo también había comenzado a reaccionar, Alisson que estaba sentada precisamente en esa área pudo notarlo, pero no se asustó. No sabía cómo apartarse de su cercanía ni de su boca.

-Pero... es que yo quiero que me sigas besando. Me gusta...

Jimmy se encontraba entre la espada y la pared. Ella hacía la petición con el gesto más inocente del mundo, pero él era un hombre y tenía límites. Tampoco sabía cómo iba a desprenderse de ella, sólo que si no se detenía ahora, no sabía a dónde lo llevaría eso.

Cuéntame al oído a qué sabe ese momento

donde esperan hoy los días en que aquello era un sueño

cuéntame al oído dónde duermen hoy tus miedos

si aún guardas sus caricias en la caja del recuerdo

cuéntame, cuéntame...

El cielo acostado detuvo el tiempo en el beso

y ese beso a mí en el tiempo...

el cielo acostado detuvo el tiempo en el beso

y ese beso a mí en el tiempo...

-Alisson... tú no estás preparada para esto, linda. No quiero que tengas que arrepentirte luego...

Su voz sonaba a súplica, aunque no hubiera nada en el mundo que deseara más que hacerla suya, él sabía que en ese momento el paso sería contraproducente.

-Pero es que yo... quiero estarlo. Quiero que sigas besándome, por favor. ¿Podrías quitarme todo el rastro que él me dejó? Quiero que borres todo el dolor con tus labios y tus manos, con todo...

Jimmy estaba siendo puesto a prueba realmente y ya no sabía cuánto le duraría la resistencia.

-Allie... no puedo, de verdad. Lo deseo con toda mi alma, no sabes las ganas inmensas que tengo de hacerte mía y arrancarte todo el recuerdo que él te dejó... pero... aún no estás lista...

-Lo estoy, James, te lo juro. Enséñame cómo se ama... por favor... quiero que me ames... quiero sentirte, quiero tus caricias, quiero todo de tí, por favor...

-Alisson... espero que estés segura de esto... no habrá vuelta atrás. Si vas a ser mía... lo serás para siempre... no sabré cómo dejarte ir, así que por favor, piénsalo bien...

-Llevo pensándolo desde hace tiempo, Jimmy. Seré tuya para siempre. No podría ser de nadie más ni aunque quisiera.

Sus últimas palabras terminaron por convecer a Jimmy y toda su fuerza de voluntad se fue al piso. Ahora sólo importaba la rubia que tenía sobre sus piernas. Siguió besándola de la manera que sólo él sabía. Esta vez sus manos fueron recorriéndola desde sus piernas a sus muslos desnudos por la falda corta que ella traía. Sus labios se detuvieron en su cuello y oreja mientras sus manos permanecían en la cintura de ella. Ella le rodeó el cuello con los brazos y se entregó perdidamente a esa boca que la desquiciaba. Cuando las manos de él se adentraron en su blusa ella sintió una inmensa descarga de pasión y un inmenso sentimiento de amor la invadió, pues él se tomaba su tiempo y no había brutalidad en sus actos, no le había arrancado la camisa de un tirón como la habían acostumbrado. Cuando él comenzó a tocar sutilmente sus pechos ella alzó los brazos para que él le quitara la blusa.

-Eres tan preciosa y delicada, Allie. Déjame besarte todita.

Jimmy se quedó contemplando los delicados y bien formados pechos de Alisson a travez de su sostén violeta de encaje y los masajeó tan suavemente y con tal admiración que ella estuvo al borde de las lágrimas. Le pareció que Jimmy pertenecía a otro mundo. Él le quitó el sostén para poder admirar completamente sus pechos y se quedó maravillado. Ella bajó un poco la vista ante su mirada encendida.

-No te avergüenzes, Allie, eres preciosa por todas partes. Voy a demostrártelo.

La acostó boca arriba en el sofá y le quitó la falda dejándola sólo en su sexy conjunto de ropa interior. Fue marcándola con sus besos desde los pies mientras ella gemía ante las sutiles caricias. Nunca en su vida la habían tocado así y ella estaba muy segura de que pasara lo que pasara, jamás se arrepentiría de todo lo que Jimmy estaba haciéndola sentir. Besó, acarició y mordisqueó cada centímetro de su piel y se apoderó de nuevo de su boca.

-James... yo... esto es increíble. Eres el hombre más increíble del mundo. Por favor... no te detengas.

Por primera vez Alisson supo lo que era ahogarse en pasión. Las miles de sensaciones que Jimmy le estaba despertando eran totalmente nuevas. Sólo sabía que quería dejarse arrastrar junto con él, no importaba nada más.

-No te preocupes, amor. No hay nada en el mundo que me haga determe en estos momentos. Nada va a salvarte de ser mía completamente.

Cuando Jimmy la besó ardientemente para luego quitarle las braguitas para acariciarla y besarla ahí mismo ella dio un gemido sorprendente. Él la acariciaba en lugares dónde ella creía que era imposible. Le rodeó el cuello con las piernas mientras se doblaba de placer y él no se detenía mientras el cuerpo de ella convulsionaba en miles de espamos. Alisson nunca había experimentado lo maravilloso que era un orgasmo y viniendo de alguien tan especial y que sólo podía profesar tanto amor, ella estaba tocando las puertas del cielo.

-Jimmy... nunca en mi vida había deseado tanto algo o alguien... Por favor... quiero ser tuya todita ahora. Regálame eso, Jimmy. Será como la primera vez para mí...

Esas palabras surtieron un gran efecto para Jimmy. Ella anhelaba ser suya tanto como él y claro que la complacería. La cargó sin dejar de besarla ni tocarla y se la llevó a su habitación dondé la amó sin control.

-Ahora sí, Allie. Voy hacerte completamente mía. Voy a marcarte todita y no serás de nadie más, amor. Nadie más va a besarte, tocarte como lo haré yo. Tú enterita eres mía.

Su voz ronca y apasionada y esas palabras tan posesivas hicieron que Alisson lo deseara más todavía. Mientras él seguía besando y acariciando cada rincón de su piel, ella sólo podía gemir y dejarse amar intensamente, le gustaba la foma sutil en que él mordisqueaba y su succionaba su piel dejando discretas marcas en sus lugares más íntimos.

-James, por favor. Ahora... te necesito ahora. Seré tuya siempre... hazlo ahora por favor.

En ese momento lo único que ella deseaba era tenerlo en su interior. Quería sentir su peso sobre su cuerpo. Lo deseaba de una manera irracional. Ella lo ayudó a quitarse toda la ropa y vio maravillada su cuerpo perfecto, fuerte y varonil. Contempló con un deseo pecaminoso aquella impresionante erección y definitivamente lo quería dentro de ella. Jimmy se puso un preservativo y después de provocarla y recorrerla nuevamente con su boca, finalmente se colocó sobre ella. Le colocó los brazos hacia arriba y entrelazó sus manos con las suyas. Ella automáticamente separó las piernas para que él pudiera entrar en ella. Él lo hizo de una forma tan natural y delicada que ella no podía crearlo. Mientras él se movía en su interior nunca paró de besarla ni de susurrarle al oído lo hermosa y especial que era ella.

-James... eres lo mejor. Nunca, nunca podré ser de nadie más. Te adoro, James. Soy tuya.

Le dijo con la voz apasionada mientras un par de lágrimas corrían por sus ojos.

-Y yo te amo, Allie. Después de esto... te prometo que vas amarme también.

-Yo ya te amo desde hace tiempo, James. Desde la primera vez que me abrazaste.

Cuando ella soltó eso, mientras el se movía en su interior acompasadamente por ella, que le seguía el ritmo con todo lo que sus instintos le permitían, él se movió con más ímpetu haciéndola gemir más fuerte. La transportó hacia una lluvia de estrellas y la hizo volver a la tierra junto con él en la experiencia más maravillosa.

-Te amo, Allie. Te amo con todas mis fuerzas.

Él se levantó un momento para deshacerse del preservativo y cuando fue a tumbarse a su lado ella le pidió que se quedara sobre ella para acariciarlo.

-Es que siempre he querido hacer esto, James. Quédate aquí encima de mí, no me molesta tu peso. Quiero acariciarte hasta que te quedes dormido. ¿No te molesta?

Esa petición hizo que él sencillamente la adorara más. Si es que eso era posible.

-Claro que no, linda. No habrá nada mejor que dormir sobre tí, con tus caricias.

Él se acomodó sobre ella y ella lo cubrió de besos y caricias hasta que él se durmió. Ella permaneció despierta. No quiso perderse ni un segundo de él.

-Jimmy, cariño, tu teléfono está sonando.

Alisson trataba de despertar a Jimmy que estaba profundamente dormido sobre su cuerpo, pero él ni se movía.

-Vamos, James, despierta.

Lo llamó más fuerte y trató de salir de abajo de él pero no pudo. El movimiento de ella hizo que al fin despertara. Estaba un poco desorientado hasta que supo con quién estaba.

-¿Estoy lastimándote, amor?

Preguntó preocupado cuando la sintió revolverse bajo él.

-No, cariño. Tu celular estaba sonando, pero no te despertabas...

Jimmy terminó de despertar por completo cuando recordó a su hijo que pronto estaría ahí. Le dio un beso a Alisson y ambos se apresuraron a vestirse y arreglarse luego de que él le devolviera la llamada a su madre y ésta le avisara que estaría ahí en media hora.

-¿Crees que yo le guste a Dylan?

-Claro que sí, linda. Dylan es muy simpático. Tanto que cuando sales tienes que tener cuidado porque se encariña con todo el mundo y alguien podría robarselo fácilmente. Ya en el supermercado son locos con él, todas las cajeras son sus novias.

Dijo Jimmy con orgullo y Allie pudo sentirlo. Pensó que él sería un excelente padre si algún día tenía hijos. Los toques en la puerta la sacaron de sus pensamientos.

-Hola, bello. Aquí está tu terremoto. No sé cómo no llegó dormido en el camino...

La señora se quedó a media frase cuando vio a la linda chica que acompañaba a Jimmy y que le sonreía tímidamente desde una distancia prudente.

-Hola, mamá.

-¡Papá!

Dylan se le arrojó en los brazos como un torbellino y él le dio un beso.

-Mamá, ella es Alisson Grandchester, mi novia. Allie, ella es mi madre, Virginia. Y este es la luz de mis ojos, Dylan.

Tanto Alisson como la madre de Jimmy estaban en shock. Su madre porque no sabía que su hijo tenía novia y Alisson porque no se esperaba que él se la presentara como su novia. Dylan le sonreía y bajaba el rostro como sintiendo timidez y era adorable.

-Mucho gusto. ¿Grandchester? ¿Los de...?

-Así es, señora. Un placer conocerla.

La señora quiso parecer eceptica, pero la sincera y deslumbrante sonrisa que parecía venir tan natural del rostro de Alisson la desarmó y tuvo que devolvérsela.

-El placer es mío. Bueno, yo tengo que irme, cielo. Adiós, Dylan.

-Aios abela.

Dijo el niño agitando la manita y a Alisson le pareció increíblemente conmovedor. Jimmy bajó al niño de sus brazos y éste se quedó contemplando a Alisson con curiosidad.

-Hola, Dylan.

Le dijo ella bajándose hasta su altura.

-Dale un besito a Allie, Dylan.

El niño rápidamente le dio un pegajoso y humedo besito en la mejilla y ella se derritió por completo.

-¿Comiste, Dylan?

-Si. Omí biocho y jugo y ulces.

Respondió el niño graciosamente y ambos rieron. Luego Dylan siguió mirando a Alisson con mucha atención, como si estuviera buscando algo en ella.

-Mamá...

Balbuceó el niño y ambos se quedaron en shock, especialmente Alisson.

-No, Dylan, no soy tu mamá, precioso. Yo soy tu amiga, Allie.

-¡Allie!

Repitió el niño con emoción y le sonrió. Luego a su manera les indicó que fueran a su cuarto, como solía hacerlo con todas las visitas para mostrarles sus juguetes y cómo funcionaban. Ellos los siguieron. El niño le llevaba a Alisson todo lo que iba sacando sel cajón. Le mostró unos bloquecitos de lego y comenzó a unirlos. Luego le llevó un carrito de Lightning Mcqueen para que ella lo impulsara y el carrito corriera.

-Orre, mamá, orre...

Decía el niño mientras el carrito corría por el piso y otra vez volvió a llamarla mamá desconcertándolos nuevamente.

-Dylan, ella no es mamá, ella es Allie y es tu...

-¡Mamá!

Repitió el niño señalando la foto en la mesita de noche y ambos entendieron de golpe. Alisson tenía una camisa en el mismo color que usaba la madre de Dylan en la fotografía. El pelo de la mujer de la fotografía era un poco más oscuro que el de ella, pero a los ojos de Dylan era igual. No es que ella se pareciera a su madre, pero para un niño de dos años, la forma del pelo y el color de la camisa, tomando en cuenta que es la única imagen que tiene de su madre, se confundió. Alisson sintió un profundo pesar y se le aguaron los ojos.

-Yo soy Allie, cariño y ella es mamá. Yo Allie y ella mamá.

Alisson se señalaba a ella y a la foto tratando de que el niño entendiera la diferencia.

- Mamá Allie.

Ella se dio por vencida y Jimmy por primera vez no supo qué decir.

-Está bien, Dylan, soy mamá Allie, entonces.

El niño sonrió y la derritió por completo mirándolo con sus hermosos ojos verdes aceitunado como su padre.

-Bueno, Dylan, ahora tienes que dormir...

-No... olmir no...

El niño protestó a punto de llorar y se aferró a Alisson buscando apoyo y ella no pudo evitar cargarlo.

-Déjalo un ratito más, Jimmy. Al menos hasta que me vaya.

Eran dos contra uno y Jimmy supo que tenía todas las de perder, estaba en medio de sus dos debilidades. El niño con aire victorioso siguió buscando juguetes en el cajón y se apareció con una pequeña placa y unas esposas.

-Papá olicía.

Dijo haciendo que ella muriera de risa. Luego los tres pasaron al sofá donde vieron una película infantil en la cual Dylan se quedó dormido en la mitad y luego de que Jimmy lo acostara, Alisson se despidió de él y se fue a su casa. Le costó irse, no querían separse luego de todo lo que vivieron, pero ya había sido demasiado para un día y ella tenía que tomarse las cosas con calma, pues la reacción de Dylan hacia ella realmente la aturdió.

Candy decidió salir un poco de la depresión por su bebé y por Terry, pues sabía que había algo que estaba preocupándole y quiso averiguarlo y estar ahí para él como siempre él había hecho con ella. Se puso un vestidito sencillo y cómodo de algodón, se soltó el larguísimo pelo que Terry se negaba a que se lo cortara y se pintó las uñas de las manos y pies. Se maquilló suavemente para devolverle un poquito de alegría a su rostro.

-¡Candy! Ven aquí, por favor.

Terry la sorprendió entrando de pronto en la habitación, ella nisiquiera lo sintió llegar. Sólo notó que en sus ojos se reflejaba un gran dolor.

-Terry, mi amor, ¿qué pasó?

-No me preguntes, Candy... Sólo quiero abrazarte mucho. Te amo, princesa, los amo.

Terry la acercó a él desesperado y la besaba a ella y a su bebé con urgencia.

-Terry, nosotros también te amamos mucho, pero por favor... dime qué te pasa... hacen días que estás...

-Candy, princesa... ahora no. Ahora sólo quiero estar contigo por favor...

Oye...
Cuantas tonterías
te decía y me decías
todo era tan simple...
entre los dos

Siempre era domingo
madrugadas tivias
y eramos los dueños del amor...

-Está bien, amor, pero luego vas a decirme qué es lo que te pasa.

Terry la abrazó fuerte y se quedó contemplando y acariciando su barriga. Empezó a besarla y acariciarla con pasión, pero con delicadeza.

Hasta que un día un viento helado
se metió en la habitación
congelándome la piel y el corazón...
Y despertó de mi pasado
los fantasmas y una horrible confusión nos abrazó...

-Candy, ¿puedo hacerte el amor?

-Terry... claro que puedes, mi amor... yo soy tuya...

-Te necesito, princesa, más que nunca...

-Aquí estoy para tí, cielo. Puedes tomar cuánto quieras, sabes que soy toda tuya.

Terry la acarició con toda la delicadeza de la que fue capaz debido a lo grande que estaba ya su vientre. La besó intensamente mientras la conducía a la cama donde le quitó la ropa y se desvistió él también.

Me dueles, me ardes me siento cobarde
te quise dar la vida y hoy casi te me olvidas,
no entiendo, no hables...
yo sé que soy culpable
mejor ni te despidas
perdóname en silencio... por favor

-Te amo, pecas. Nunca olvides eso.

Terry se sentó en la cama con ella en su regazo e hizo que ella lo rodeara con sus piernas. Fue repartiendo besos por todo su cuello, hombros, pechos, vientre, como si quisiera memorizarla completa y ella lo acariciaba entero y se dejaba amar en una entrega total.

Lluvia y melodías, y perfecta melodía
y era nuestro pan de cada día
Nada nos faltaba... nada nos dolía
Y éramos los dueños del amor...

Danzaron al compás entre oleadas de amor y palabras dulces y bellas promesas, llegando ambos hasta el final y Terry se quedó por un largo rato aferrado a ella. Luego decidió tomar un baño y Candy se puso arreglar la cama nuevamente y a recoger la ropa que habían tirado, cuando fue a recoger el pantalón de Terry vio que un papel doblado sobresalía. No quiso leerlo, pero no lo pudo evitar. Se dio cuenta que era un resumé y eso no la sorprendió. Miró el nombre del solicitante y no recordaba de qué era que se le hacía familiar. Terry venía saliendo del baño en ese preciso momento y se quedó en shock. Su expresión hizo que de pronto Candy supiera de qué se trataba todo y él estaba pegado al piso sin poderse mover.

-¿Ella? ¿Eso es lo que te ha tenido así todo este tiempo? No me digas que le diste trabajo...

-No, Candy, escucha...

Terry se sintió acorralado y desesperado.

-¿No la has olvidado, Terry? Ahora entiendo las pesadillas, tu comportamiento...

Y hasta que un día un viento helado
se metió en la habitación,
congelándome la piel y el corazón
Y despertó de mi pasado
los fantasmas y una horrible confusión, nos abrazó...

-No, Candy, por favor. No saques concluciones... déjame explicarte cómo fue que...

-¿Ahora quieres explicarme? Ahora porque descubrí este papel... No me lo pensabas decir. Tanto que te esforzaste para que yo confiara en tí y resulta que tú eres el que no confía en mí. Llevamos dos años, Terry. ¿No te he dado mi vida entera como para que ahora no puedas confiarme algo tan importante?

-Candy, por favor, déjame hablar. Claro que confío en tí. Si no te lo conté antes fue porque...

-¿Todavía sientes algo por ella? ¿Te gustaría que fuera ella y no yo la que te diera un hijo?

Le preguntó llena de dolor y decepción y en un llanto desgarrador.

Me dueles, me ardes me siento cobarde
te quise dar la vida y hoy casi te me olvidas,
no entiendo, no hables...
yo sé que soy culpable
mejor ni te despidas
perdáname en silencio... porfavor

Esas palabras hirieron a Terry en lo más profundo. Jamás en la vida él cambiaría a su mujer por ninguna otra y menos por un ser tan abominable como Michelle.

-Candy, por el amor de Dios. ¿Cómo puedes decir algo así? Tú sabes que siempre has sido todo mi universo. No te lo había dicho porque estaba demasiado afectado para hacerlo. Yo no tengo sentimientos amorosos hacia ella, pero lo que me hizo y el dolor que me causó es algo que no puedo olvidar y el haberse presentado ahí hizo que se me revolviera todo el dolor que había enterrado por tanto tiempo desde que tú apareciste.

-¿Y por qué me lo ocultaste?

-¿Y cómo iba a decírtelo si tú misma estabas pasando por tu propio infierno? Estabas siempre llorando por tu madre, deprimida en cada rincón. Quise hacerlo, pero no pude seguir cargándote con más dolor...

Aunque Candy no quiso, reconoció que él que tenía parte de la razón. Él se le acercó para abrazarla desesperadamente y aunque ella estaba molesta y dolida, tuvo que corresponderle el abrazo. Él estaba llorando en su hombro y ella no pudo resistirlo.

-Perdóname, Candy. Yo sí confío en tí. Te amo con todo mi ser.

Terry le contó todo a Candy con lujo de detalles y ella no pudo evitar llorar con él.

-Yo también te amo con toda mi alma, Terry. Por favor, no vuelvas hacerme esto. Sea lo que sea, por favor confía en mi. Yo no puedo evitarte el dolor que ella te hizo sentir ni puedo devolverte el hijo que perdiste. Si puedo darte un futuro a mi lado y a este bebé que tanto has deseado y que puedes amarlo tanto como hubieras querido amar al otro...

Terry se cobijó entre los brazos de Candy y se quedaron abrazados toda la noche.

Continuará...

Hola chicas! ¿Qué les pareció este capítulo? Intenso, ¿no? Agridulce lo llamaría yo. Estamos tocando muchos puntos dramáticos y emocionantes de la historia y nos falta aún bastante camino por recorrer y diversas situaciones por vivir. Espero que me dejen saber su parecer mediante un review.

*Canción de Albert y Paula: "Me dediqué a perderte" Alejandro Fernández

*Canción de Jimmy y Alisson: "Cuéntame al oído" La oreja de Van Goh

*Canción de Terry y Candy: "Perdóname en silencio" Reyli

Agradecimientos a:

Rose Grandchester: Prometo darle un final fantástico a esta historia dónde sólo puedan llorar de alegría, pero primero tendremos que andar por terrenos agridulces antes de llegar ahí.

Are: Gracias por seguirme y tus comentarios.

Laura Grandchester: Amiga, tus reviews me motivan mucho, no me abandones.

Ma. De la Luz: Bienvenida, espero te quedes hasta el final.

Eva Grandchester: Tú eres de las fieles, gracias por tu apoyo.

Fati: Gracias por tu ánimo y tus palabras.

LizCarter: Diferimos en muchas cosas, pero agradezco tu fidelidad desde mi historia anterior, espero ya hayamos aclarado todas las diferencias y malas interpretaciones.

Iris: Gracias por tus palabras, he leído todos tus reviews.

Zafiro Azúl: Gracias por tu apoyo y respaldo, tus palabras también me han dado ánimo.

Quisquillosa: Tú también eres de las fieles, gracias por tus respetuosas sugerencias.

Carito Andrew: Si no me equivoco creo que también me seguiste en mi historia anterior, gracias por tu respaldo.

Claris: Gracias por tu ánimo y aliento, nos seguiremos leyendo.

Subuab: Tú te has convertido en una gran amiga aunque no te conosca personalmente. Todos tus reviews me han emocionado mucho, sabes entenderme y creo que no hay nadie que haya captado todos los mensajes y emociones que he querido transmitir a travez de mis historias mejor que tú. Espero que me sigas en cada una de ellas porque tengo dos más en mente al finalizar esta.

Shareli Grandchester: Otra gran amiga que he adquirido en este maravilloso mundo de fanfiction. Gracias por todo, corazón.

Amy C.L.: You've become in a great friend to me too. Thank u very much for your words and cheers. I'll be waiting for your next review, see u, girl.

-Daniela Bascuan: Yeah, otra amiga más que fanfiction me regaló, no tengo palabras para agradecer tanto apoyo.

Zucastillo: Gracias por tu apoyo y todos tus reviews.

Ivonne: Bienvenida, amiga, espero sigas disfrutando de esta historia.

Lulú G. : He leído todos tus reviews aunque a veces pienses que no se publican. Gracias por tu fidelidad, amiga.

Malu Uzumaki: Otra amistad nacida de fanfiction. Eres otra de las fieles y tus palabras también me impulsan a continuar.

Las quiero a todas, chicas, si alguna se me quedó, disculpen. Yo leo absolutamente todos sus reviews y los tomo en cuenta. Nos veremos en el próximo. Sé que aunque actualizo seguido, me tardo un poco más ya que estoy atravezando momentos un poco difíciles y pues como yo trabajo con personas no es fácil hablarles y atenderlas disimulando las lágrimas y hablar con la voz quebrada y el nudo en la garganta. Actualizo tan rápido porque esta página se ha convertido en mi refugio y salgo de mi mundo real por un rato. Espero que sigan disfrutando de lo que más me gusta hacer que es escribir, a parte de la actuación, tengo un poco de cada una de mis personajes femeninos que he creado para esta historia, a excepción de sus vivencias personales. Les he dejado este capítulo extenso porque tal vez mañana no pueda publicar, pues estaré celebrando mi quinto aniversario con mi esposo jejeje. Pues sí, me casé joven, como Candy. Tengo 25 años, pero con altas y bajas seguimos en pie y hacia adelante, así que a celebrar y dar gracias a Dios por mi esposo y mis hijos Derek y Jilly Ann, mis dos tesoritos.

Las quiero de corazón,

Wendy