El teléfono móvil sonó insistentemente sobre la mesita de noche sacando a Sam del letargo del sueño.
El cazador abrió los ojos y cogió el aparato para encontrarse con un número que desconocía en pantalla. Se quedó observándolo durante unos segundos, aún algo adormilado, hasta que finalmente dejó de vacilar y descolgó.
-¿Sam? -la voz de una joven sonó alta y clara al otro lado de la línea.
-Sí. -confirmó el aludido incorporándose fuera de la cama. -¿Quién es?
-Soy Judith. No sé si te acordarás de mí…
-Claro. De Jacskon. La mejor amiga de Ashley.
-Exacto. Estoy muy preocupada por ella.
-¿Qué ocurre?
-Verás, anoche estuvo aquí y me dijo que tenía planeado encargarse de Crowley. Yo le dije que ya hablaríamos por la mañana, que descansara, pero cuando me he levantado ya no estaba. Mi primer impulso ha sido llamarla al móvil pero no me lo ha cogido, entonces he salido con el coche para ver si daba con ella y al entrar en una carretera secundaria me he encontrado su coche en un cruce de caminos…
A Sam le estaba costando seguir el ritmo de la narración. La chica se encontraba realmente nerviosa y hablaba con suma rapidez haciendo que el cazador se perdiera algunas palabras por el camino.
-Necesito que te calmes.
-Lo siento. No puedo. Crowley la tiene. -soltó Judith con la respiración entrecortada fruto de la angustia. -Hay sangre y un pentáculo desdibujado en el suelo.
Sam tragó saliva preocupado por su amiga.
-Mándame las coordenadas del lugar ahora mismo y vuelve a casa. Yo me encargo. -habló aguantando el teléfono móvil entre la oreja y su hombro, mientras metía algunas de sus armas en una mochila.
-Gracias, Sam.
La llamada se cortó y escasos segundos más tarde su móvil volvió a sonar. Acababa de recibir el mensaje con las coordenadas.
Se apresuró a vestirse y se colgó la mochila al hombro antes de salir al pasillo para tropezarse con un resacoso Dean.
-¿Qué demonios? -se quejó el mayor de los Winchester al recibir el impacto. -¿Vas a apagar un fuego o algo así?
-Tengo un caso. -se limitó a responder el menor continuando su camino pasillo abajo.
-Querrás decir tenemos.
-No lo sé, Dean. -se paró molesto. El aludido lo miró a los ojos, levantando una ceja, sin comprender el porqué del enfado de su hermano. -Todo depende de lo que te importe el bienestar de Ashley.
-¿De qué estás hablando?
El más alto suspiró.
-Judith me ha llamado para contarme que Ashley ha desaparecido. Cree que ha sido Crowley.
-Espera. -soltó un más que sorprendido Dean. -¿Pretendías largarte sin decírmelo?
Aquello fue más una afirmación que una pregunta. El mayor de los Winchester cerró sus puños con fuerza, tomando una gran bocanada de aire para tratar de mantener la calma.
-Me dejaste claro que no querías volver a saber nada de ella.
-¿Y me creíste? ¿Además desde cuándo me haces caso? -inquirió indignado Dean, elevando la voz. -Juro que ahora mismo te partiría la cara… ¿No te das cuenta? Si me he tomado las cosas así es por todo lo que ella significa para mí. Joder, Sam. La quiero.
La retahíla de palabras salió en lo acalorado de la conversación pero éstas no podrían haber sido más sinceras.
Dean calló al darse cuenta de lo que acababa de admitir en voz alta. No es que sus sentimientos por Ashley fueran un secreto a voces pero era la primera vez que lo decía abiertamente y pronunciaba esas dos palabras juntas al hablar de ella.
Sam le sonrió satisfecho por todo lo que acababa de escuchar.
-Entonces…
-Entonces vamos a por ese hijo de puta.
Des Moines, Iowa.
El Rey del Infierno se paseaba sonriente frente a una Ashley maniatada de pies y manos en una incómoda silla de madera. Se encontraban en el interior de una vieja fábrica la cual servía de escondite para Crowley y sus secuaces.
-¿Este es tu genial plan? -escupió la chica mirándolo con hastío. -¿Torturarme?
-¿Quién ha hablado de tortura, gatita? No pienso mancharme este fabuloso traje. -le respondió Crowley señalándose. -Aunque tal vez a los demonios de ahí fuera no les importe salpicarse con un poco de tu sangre… Hay muchos que te guardan cierto rencor, y no puedo culparlos, te has cargado a muchos de sus amiguitos.
-Desátame y me los cargaré también a ellos. No quiero que se sientan mal por sus pérdidas.
El demonio rió ante las palabras de la rubia.
-Ashley, Ashley, Ashley. -canturreó inclinándose ante su rostro. -En realidad me caes bien. Tienes actitud. Es una lástima que no supieras elegir el bando ganador.
-¿Y debo suponer que ese bando era el tuyo?
-En efecto. Sólo tienes que mirar a tu alrededor. -sonrió con suficiencia el hombre. -Cómo has acabado.
La cazadora le devolvió una falsa sonrisa antes de impulsarse para propinarle un fuerte cabezazo.
-Vete a la mierda, Crowley.
El aludido se llevó una mano a la frente mientras negaba con la cabeza.
-La espera podría haber sido mucho más agradable pero supongo que tú te lo has buscado… ¿Lewis?
Uno de los demonios que se encontraban en la antigua fábrica entró en la habitación dedicándole una mirada sombría a Ashley mas la ojiazul lo ignoró y fijó en su lugar toda la atención en el Rey del Infierno.
-¿La espera? -preguntó curiosa. -¿Qué espera?
-Eres mi trueque. -la chica arrugó su ceño sin comprender. -¿Por qué siempre he de explicarlo todo? -rodó los ojos Crowley, un poco desesperado. -Sigo queriendo ese libro, Ashley. Y supongo que tus queridos Winchester te querrán de vuelta así que…
-Buena suerte con eso. La vas a necesitar. -le interrumpió ella. -No vendrán a salvar a la idiota que les traicionó.
Para sorpresa de la cazadora Crowley no borró la sonrisa de sus labios.
-Si piensas eso es que no les conoces tanto como crees… Vendrán a por ti. Es parte de su código de honor, intentar salvar a todo el mundo.
-Eres un hijo de puta. -le dedicó Ashley con odio, temiendo que los planes del demonio salieran bien.
-Hijo de bruja en realidad. Ahora si me disculpas les llamaré y les ofreceré un jugoso intercambio que no podrán rechazar. Mientras tanto él se divertirá un poco contigo. -agregó mirando al demonio que hacía poco había hecho acto de presencia. -No te pases con ella, Lewis. No nos servirá de mucho muerta.
-Sí, señor. -respondió el aludido.
Carretera Maple Springs, Tennessee.
Tras largas horas de viaje los Winchester habían conseguido llegar hasta el punto exacto donde Ashley se había enfrentado al Rey del Infierno y ahora el mayor de los hermanos se encontraba en cuclillas frente a la desdibujada trampa del diablo.
-Aquí hay sangre. -observó.
Delante de él una delgada hilera de gotas secas eran la prueba de que la chica había resultado herida. El cazador maldijo por lo alto antes de levantarse y darse cuenta de que un segundo rastro de sangre, esta vez negra, se formaba cerca del primero.
-Podría ser de Crowley. -dijo Sam tratando de buscar algo de consuelo.
-No intentes pintarlo bonito. El Charger sigue estando aquí, la trampa está rota y eso de ahí... -señaló al pequeño charco negro. -Eso tiene toda la pinta de ser sangre de perro infernal así que…
No pudo continuar hablando y en su lugar, se pasó una mano por la cara en un gesto de desesperación.
Se sentía como el mayor cobarde e imbécil de todos los tiempos por haberla echado sin más. Sin detenerse un segundo a escucharla, centrado únicamente en la traición y decepción, y olvidando por el camino que lo que le unía a ella eran unos sentimientos imposibles de fingir. Una conexión que le hacía sentir una calidez en el pecho nunca antes experimentada.
Cerró los ojos con fuerza, en su mente estaban grabados cada uno de los rasgos y gestos de Ashley como si la tuviese enfrente, ahora sólo era capaz pensar era en que ella podía correr peligro, o un destino aún peor, y le mataba por dentro imaginarse la posibilidad de que tal vez no volviera a verla.
-Dean… -la voz de su hermano lo devolvió a la realidad. -Vamos a solucionar esto. Ella es fuerte. Estará bien.
En apenas unos segundos el teléfono del más joven comenzó a sonar. Sam observó el trío de seises en pantalla y se lo enseñó a Dean, el cual le arrancó el aparato de las manos para responder a la llamada con el manos libres activado.
-¡Ya puedes darte por muerto! -vociferó sin esperar a escuchar la voz del demonio.
-Relájate ardilla o puede que no llegues a verla con vida. -se burló Crowley.
-Cómo le toques un solo pelo…
-Que sí… -le cortó el demonio con voz cansada. -Vas a matarme cómo tantas otra veces has amenazado con hacer y bla, bla, bla. Bien por ti, Dean.
-¿Qué coño quieres, Crowley? -atajó Sam, parado junto a su hermano.
-Tengo algo en mi almacén que creo que os gustaría recuperar. Ya sabéis, rubia, ojos azules, 1'70, con un carácter algo insoportable… Y vosotros tenéis algo que quiero. Así que si sabéis sumar uno más uno no os costará mucho adivinar que estoy proponiendo.
-Un intercambio. -murmuró el más alto mirando a Dean. -Ella por el libro.
-¡Bravo, alce! Se nota que eres el inteligente.
-Hecho. -confirmó Dean de pronto.
-¡Vaya! ¿Así sin más?¿Sin pensártelo ni un poquito? -se sorprendió el Rey del Infierno ante la afirmativa del cazador. -Supongo que entonces ya sé a quién ha clavado sus garras la gatita…
-¿Dónde quieres que te lo llevemos? -preguntó el mayor de los Winchester haciendo caso omiso a los comentarios del demonio.
-Des Moines, Iowa. -respondió en tono serio esta vez. -Hay una zona industrial a las afueras de la ciudad. Me encontraréis en la nave 208. Ah, y no hagáis ninguna tontería o os arrepentiréis de las consecuencias. -se despidió finalmente cortando la comunicación.
El menor de los Winchester miró expectante a su hermano.
-¿Vamos a entregarle el libro después de todo lo que Ashley ha arriesgado por negárselo?
Dean le dedicó una media sonrisa.
-Tengo un plan. Pero vamos a necesitar la ayuda de Cas.
8 horas más tarde…
Des Moines, Iowa.
Dos coches clásicos llegaron a la zona industrial de la ciudad cuando las estrellas ya habían cubierto por completo el cielo. El Charger, conducido esta vez por Dean, aparcó tras el Impala del cual descendió Sam. Al mismo tiempo, la figura de un hombre vestido con una gabardina marrón que había aguardado entre las sombras se hizo visible ante ellos.
-¿Lo has traído? -preguntó el cazador de pelo corto al ángel.
Castiel asintió, llevándose una mano al bolsillo interior de su chaqueta y sacando de éste el famoso libro.
-Aquí tienes.
Dean tomó el manuscrito y lo guardó en su cazadora. Después dirigió sus pasos al maletero del Impala para armarse debidamente y aparte del cuchillo de Ruby, el cual tendió a su hermano, y una espada angelical, cogió también una pistola.
-No creo que eso vaya a funcionar, hermano.
-Sammy, no me subestimes. Esta preciosidad lleva balas de este material. -sonrió, agitando la espada mata ángeles y demonios que sujetaba en su mano.
-¿Cuándo has hecho eso? -se sorprendió el más alto.
El mayor de los Winchester se encogió de hombros.
-Era algo que tenía reservado para Belial. Pero ahora que sabemos que cuerpo ocupa… -respondió dejando las últimas palabras en el aire. Sam asintió comprendiendo. -¿Cas, puedes decirnos más o menos cuántos cabrones de ojos negros hay ahí dentro?
El ángel negó con la cabeza mientras mantenía la vista puesta en la nave que se alzaba frente a ellos.
-Han debido pintar sellos enoquianos en el interior. No puedo percibir nada.
-¿Tampoco puedes entrar con nosotros?
Castiel negó por segunda vez.
-Para que pueda hacerlo tendréis que tachar esos símbolos.
-Yo me encargaré de eso y te cubriré las espaldas. -habló Sam mirando a su hermano. -Tú busca a Crowley.
Con cautela ambos cazadores se acercaron hasta el complejo deteniendo sus pasos cuando alcanzaron una pequeña puerta que servía de entrada lateral. A los pies de ésta, la sombra de un primer demonio se proyectaba.
Dean le hizo un pequeño gesto a Sam y se posicionó frente a la puerta mientras que el más alto se pegaba a la pared de forma que quedaba oculto.
El cazador de pelo corto silbó levemente llamando la atención del demonio, el cual al abrir quiso abalanzarse sobre él pero Sam le frenó las intenciones clavándole el cuchillo y matándolo en el acto.
Al entrar se encontraron con uno de los símbolos que había mencionado el ángel y el menor de los hermanos se encargó de tacharlo con espray mientras Dean evaluaba la gran sala que se abría frente a sus ojos.
Los tintineantes fluorescentes dotaban al espacio de la claridad necesaria para no tener que forzar la vista y revelaban dos largos pasillos que se abrían paso en direcciones contrarias.
-Tú por la izquierda. -murmuró señalando el pasillo más cercano a sus posiciones. -Yo iré por la derecha.
Sin embargo, antes de que ninguno de los dos pudiera dirigirse a su nuevo destino, un par de demonios les barraron el paso.
-Crowley os advierte de que no hagáis estupideces. -les avisó uno de los dos.
-Cierto. Él sólo quiere el libro. -dijo Dean, inocentemente. Los demonios asintieron al unísono con un golpe de cabeza. -Lástima que yo os quiera muertos.
Y con un rápido movimiento desenfundó su pistola, propinando dos certeros tiros en la cabeza de aquellos malditos seres.
-Es como volver a tener el Colt, Sammy. -se jactó con una sonrisa.
-Sí, admito que es bastante guay. -le concedió el aludido.
Tras aquello los hermanos siguieron caminos separados mientras iban enfrentándose a los demás demonios que se cruzaban.
Cuando Dean se encontraba al final del pasillo, frente a la última de las puertas de aquel lugar, fue capaz de percibir una gran aura de luz a sus espaldas y supuso, acertadamente, que Castiel ya se encontraba con ellos. Con el sosiego de que su hermano ya podía contar con la ayuda del ángel derribó la puerta.
Ashley se encontraba frente a él semiinconsciente a causa de la gran pérdida de sangre que brotaba de la mordedura de su brazo, sobre la cual Lewis había infringido aún más daño profundizándola hasta tal extremo que el hueso era visible a simple vista.
-Ash. -pronunció Dean, con el corazón encogido al ver a la rubia en semejante estado.
El ritmo cardíaco de la cazadora se aceleró al reconocer aquella voz. Con sumo esfuerzo consiguió elevar la vista para fijarla en aquellos ojos verdes que la miraban llenos de preocupación.
-Dean… -murmuró con un hilillo de voz, terriblemente cansada. -No deberías haber venido.
-Shh... No malgastes energía. -la calló él mientras deshacía las cuerdas que la mantenían maniatada. -Voy a sacarte de aquí. Te llevaré a casa.
-No hasta que tenga lo que me debes. -interrumpió Crowley, apareciendo tras su espalda junto a su esbirro Lewis.
El gesto de Dean se endureció al momento y se giró rápidamente para apuntarlo con su arma.
Las carcajadas del Rey del Infierno pronto empezaron a retumbar por toda la habitación.
-¿Una pistola? ¿En serio? -se burló al desconocer de que material eran las balas que portaba.
Fue entonces cuando el cazador cambió su objetivo y disparó certeramente a Lewis, el cual cayó al suelo muerto tras emitir destellos anaranjados.
-En serio. -respondió con suficiencia el cazador.
La cara de Crowley se tornó seria y sin perder un segundo elevó su mano para juntar sus dedos pulgar y corazón en un gesto previo al chasquido.
-Intenta apretar de nuevo ese gatillo y le parto el cuello. -amenazó aludiendo a la chica. -Créeme seré más rápido que esa bala.
La impotencia se arremolinó entonces en el pecho de Dean ante la amenaza del Rey del Infierno mas no fue lo único, el temor por la integridad física de Ashley también lo hizo.
Con lentitud el ojiverde abrió los brazos en señal de rendición y bajó el arma hasta dejarla en el suelo.
-Buen chico, Winchester. -sonrió satisfecho Crowley. -Ahora entrégame el libro.
-No lo hagas, Dean. Por favor. -suplicó Ashley al ver como éste sacaba el manuscrito.
El cazador giró la cabeza lo justo para dedicarle un guiño cómplice pero la ojiazul no entendió el porqué de aquel gesto.
Con fuerza Dean lanzó el libro por los aires y Crowley lo atrapó al vuelo.
-Siempre es un placer hacer negocios contigo. -se despidió el demonio chasqueando sus dedos y desapareciendo de allí.
Lebanon, Kansas.
El trayecto de vuelta al búnker transcurrió en completo silencio.
Castiel había curado las heridas de Ashley pero aún así la rubia había perdido demasiada sangre y necesitaba descansar, por ello el ángel la había inducido a un profundo sueño que le ayudaría a recuperar fuerzas.
Al llegar al refugio Dean la cargó en sus brazos, dejándola sobre la cama que ambos habían compartido hasta hacía dos noches. El cazador se quedó estático con la vista clavada en ella, disfrutando de lo bien que se sentía tenerla de vuelta, sana y salva bajo su protección. El sentimiento de enfado que le había dominado por completo al enterarse de la verdadera historia de Ashley había quedado ahora atrás.
-Te he echado de menos. -confesó en un susurró mientras le apartaba un mechón de pelo de la cara, aprovechando para acariciarle la mejilla.
Ashley se removió bajo su roce y el cazador quiso retirar su mano por temor a interrumpir su descanso, sin embargo la chica le detuvo murmurando su nombre.
-No te vayas. -pronunció sin apenas llegar a abrir los ojos, buscando a tientas su tacto.
-No pensaba hacerlo. -le respondió Dean con total sinceridad.
El colchón se hundió ligeramente cuando el peso del ojiverde estuvo en la cama y Ashley rodó de forma casi instintiva hasta acomodarse sobre su pecho. Dean la recibió de buen grado y la mantuvo rodeada entre sus brazos hasta que la mañana llegó.
