Ni la historia ni sus personajes me pertenecen. Disfruten.


Capítulo 20

Elsa abre los ojos y emite un pequeño gruñido, después intenta alzar el torso pero cesa el intento porque el cuerpo le pesa demasiado. Al volver a recortarse siente otra presencia cerca, así que gira la cabeza para confirmar su sospecha, y entonces cree que lo que ve es parte de sus alucinaciones, sin embargo, a los pocos segundos se da cuenta de que no está alucinando.

Ahí, a su lado, se encuentra Anna, durmiendo con expresión tranquila. No lo admite, tal vez ni siquiera es consciente del hecho, pero le agrada mucho que su psiquiatra sea capaz de conciliar el sueño en su presencia.

Frunce el ceño.

Sabe que la peli-roja está reviviendo sus emociones con su mera existencia, y a cambio, le está robando el sentido común sin proponérselo.

No entiende que les sucede.

Es consciente de su habilidad para manipular a las personas, pero no ha hecho nada para manipular a su psiquiatra, y aun así se afectan entre sí de esa manera tan descomunal.

Incluso le es difícil saber quién influye más en la otra.

Y eso está desquiciando a sus demonios.

Sin embargo, no le importa lo que digan esas voces, no le importan sus gritos de locura ni sus exigencias homicidas.

Quiere seguir adelante con lo que sea que tiene con Anna.

Porque no es tan malo sentir si es la peli-roja quien le provoca mil y una sensaciones.

Observa que su acompañante comienza a removerse en las sabanas, señal de que despertará pronto; con un movimiento lento, estira el brazo para tocar el rostro de la otra, delinea su mentón con la punta de los dedos, fascinada con la suavidad de su piel con pecas, y se sorprende al ver que su frío tacto, lejos de incomodarle, le roba una sonrisa a Anna, aun estando dormida.

Sí, si es por ella, no está mal volver a tener sentimientos.

Cuando la peli-roja despierta se topa con la mirada zafiro viéndole fijamente. Reconoce ese fuerte brillo posesivo, los ojos de su paciente gritan que le pertenece, y eso le hace preguntarse desde que momento Elsa le considera suya.

No le busca lógica, sabe no la hay. Si Elsa piensa que le pertenece, no hay poder humano capaz de contradecirle.

Una chispa de placer hace cosquillas en su pecho.

Está mal, todo eso está mal, horriblemente mal según su moral, pero se siente demasiado bien como para echarse atrás.

Le gusta mucho la intensa mirada de su paciente.

SUYA.

Si, ella también puede ser posesiva y ahora mismo declara que Elsa le pertenece.

Anna decide romper el silencio.

-¿Cómo estas?-. Se quedó hasta tarde cuidando de la oji-azul, había vuelto a darle fiebre.

Winter nota las ojeras de su psiquiatra y de inmediato comprende el motivo. -Me pesa el cuerpo-. Contesta con voz ronca, desconcertada por esa diminuta sensación de preocupación en su pecho.

No entiende que está preocupada por la falta de descanso de Anna.

-Es normal por cómo te dejaron-. Le recuerda. -Otro, en tus condiciones, ya estaría muerto-. Las facciones de Elsa se tensan revelando molestia, la peli-roja se maravilla al confirmar que cada vez presencia más expresiones en su paciente. Quiere ser la única con tal privilegio.

Una chispa homicida relampaguea en su mirada. -Westergard pagará-. Y luego se apaga, como si nunca hubiese estado ahí.

Anna se levanta de la cama, dispuesta a hacer algo de comer para ambas. -Dime Elsa-. Le mira con una intensidad abrumadora. -Si pudieras elegir, que tomarías. ¿Tu venganza o tu libertad?-.

-Mi libertad-. Responde de inmediato.

-Perfecto.- Por primera vez es la sonrisa de Anna la que inquieta a Elsa.

CON MÉRIDA Y RAPUNZEL

-Mérida, ¿Hay algún empleado nuevo en Arendelle?-. La doctora verifica tener todo lo que necesita en su maletín. Es momento de ir a revisar el estado de Elsa.

-Sí, tenemos un nuevo guardia-. Mérida asimiló con amargura el pasado de su esposa, Rapunzel le contó como conoció a la oji-azul y el porque se siente agradecida con ella, solo que no dijo el nombre del chico que la molestaba.

-¿Cómo se llama?-. Quiere creer que no tienen tan mala suerte.

-Hans Westergard-. Y entonces Mérida entiende. -No…

-Sí-. La sangre huye del rostro de Rapunzel. -Es él-. Mérida le abraza.

-¿Qué rayos esta pasando?-. Si su esposa confía en esa mujer…

-Creo que continuara…-. Es difícil lidiar con el panorama. -La historia que quedó pendiente hace 13 años-. Tiene que confiar también.

Porque ahora que sabe lo que ocurrió se detonan dos cosas en su interior: La primera es un fuerte odio hacía Hans, la segunda, el impulso de querer ayudar a Elsa.

Así, Mérida Dunbroch queda irremediablemente ligada a la historia más perturbadora de Arendelle.

EN LA OFICINA DE DUKE

-¡Tienes que devolverle al Q-17!-. Hans está histérico. -¡No debe salir de ahí!-.

-Pareces una copia de Kristof-. Duke masajea su sien, siente los gritos del guardia son estresantes. -Si Winter quisiera matarnos, ya estaría aquí-. En el fondo no lo cree, sabe que si lo quieren muerto pero para él Elsa es solo una chica desquiciada.

-¡Ella no debe ver la luz!-. En su cara se refleja un enojo carente de sentido.

Duke da un sorbo a su café. Westergard oculta algo y el director lo sabe. -Dime, ¿Por qué tan asustado de Winter?-. En Arendelle todos tienen secretos y es peligroso que se mezclen.

-¡NO ESTOY ASUSTADO!-. Su cuerpo dice lo contrario. Tiene lo músculos tensos, la piel bañada en sudor y una mirada llena de pánico. Sin la ventaja de que Elsa este encerrada y con camisa de fuerza, siente que la muerte le respira en la nuca.

-Hare como que te creo-. Ya que le conviene. -Winter es responsabilidad de la psiquiatra Summer, y desde que le atiende nuestra demente no ha hecho nada-.

-¡Eso no es…

-Anna Summer es nuestra mejor garantía-. Tendría que ser idiota para no darse cuenta.

-¡Sacó a esa loca de su confinamiento!-. Le falta poco para jalarse el cabello. -¡Debe reprender a Summer!-.

-No planeo hacer enojar a esa mujer-. De por sí ya está en la mira de Anna. No quiere más líos de los que puede manejar. -Menos aun por un guardia incapaz de controlarse-. Comienza a ver que contratar a Hans fue un error en su jugada.

Con aquel golpe directo a su orgullo, logra dejar de gritar. -Te arrepentirás de dejarle salir-. Suspira. -No la tomas en serio-. El rencor es palpable.

Levemente enojado Duke se pone de pie. -No tomaré consejos de alguien como tú-.

-¡No juegues conmigo Duke!-.

-¡Tú no me retes a mí, Westergard!-. Su voz es fría. -Porque saldrás perdiendo-. Su seguridad aplasta la del otro.

-¡Tú no sabes nada!-. No lo despide porque aún le es útil.

-Te equivocas Westergard-. Disfruta lo que va a decirle. Con malicia, lo susurra. -Sé que fuiste tú quien ataco a Winter-. Hans se pone pálido.

Le es útil porque ambos quieren deshacerse de la oji-azul

Después de todo, fue Duke quien liberó a Alicia durante el apagón, para que se encontrará con Elsa.

EN EL G-15

Alicia tiene una gran sonrisa en su rostro, desde su pelea con Winter parece bastante feliz, probablemente se debe a que para ella todo eso fue un juego, un juego en el cual pierde quien muere primero, y como ninguna ha muerto el juego continúa.

No le gustan los metiches, así que sus labios permanecieron sellados cuando Mérida intentó hablar con ella, sin embargo, la psiquiatra unió cabos por sí misma.

Por otro lado, solo ella sabe que el Director está involucrado en esa mierda, pero le importa un bledo el hecho, ese tipo tiene un aroma que los psicópatas pueden oler fácilmente: miedo. Y no le interesan los miedosos, ellos nunca saben jugar bien, son frágiles, inútiles.

Por eso le causa felicidad haber encontrado a alguien con quien jugar.

Antes tenía un deseo, pero ahora tiene tres:

1-. Fuego, que todo arda.

2-. Terminar el juego con Elsa.

3-. Matar a Anna.

Sí, le consumen las ansias por querer matar a la peli-roja, quiere escucharle gritar mientras le quema viva, es un deseo irracional e incontrolable. Desde el momento en el cual vio la mirada esmeralda deseó apagarle, porque la peli-roja no huele a miedo y por ello automáticamente ha quedado atrapada en su juego. Iba a ser una jugadora secundaria hasta que Elsa pronunció aquellas palabras.

"Ella no juega"

Siempre es mejor ganarle a alguien cuando esa persona tiene algo que perder.

Sonríe sádicamente.

CON ANNA Y ELSA

-Puedes confiar en Rapunzel-. Anna no le ha dicho lo que planea, pero puede sentir por donde va la cosa, y sabe que no podrá sola. -Ella confía en mí-.

-Si tú confías en ella, lo haré-. Han comenzado un juego de confianza ciega. -A Rapunzel la conoces, pero a Mérida no y le sigue cual sombra-. Deben afrontar que hay más personas involucradas.

-Ellas están juntas-. Ante la mueca de duda se explica mejor. -Su aroma esta mezclado-. No sabe cómo llaman a su relación, pero de que la tienen, la tienen.

-Esperemos tener suerte entonces-. Una sombra cruza por sus ojos.

-Yo no necesito suerte-. Nunca la ha necesitado.

Son interrumpidas cuando alguien toca a la puerta. -Psiquiatra Summer-. La mirada de Elsa se oscurece. -Soy el Director-. Tensa la mandíbula, no quiere compartir a Anna. -Abra-.

-Tranquila-. Le susurra. -Finge que duermes-.

Elsa relaja su respiración y cierra los ojos, de verdad parece dormida y la peli-roja se pregunta cuantas veces ha hecho eso mismo.

Con expresión serena, se levanta de la cama, abre la puerta y sale del cuarto. Duke le recibe con una sonrisa un poco altanera. -¿En qué puedo ayudarle, Director?-.

-Vengo a verificar porque Winter no ha regresado a su cuarto-. Mantiene las manos en los bolsillos. -Sabrá comprender la situación-. Sus palabras son casuales, pero la forma en que mira a la psiquiatra deja las cosas claras.

-Su estado no le permite ser trasladada-. Responde con palabras frías. -Esta tan herida que ni siquiera puede ponerse de pie-. Los ojos de Duke brillan intrigados.

-El que se quede en su habitación puede ser algo riesgoso-. Anna alza una ceja.

-Director, ¿En serio viene a decirme eso ahora?-. Su postura se vuelve rígida-. Creo que si Winter no me daño antes, no lo hará ahora-. Las ojeras de su rostro llaman la atención del Director, ella se da cuenta. -Esta tan mal que tuve que pasar la noche atendiéndole-. Deja que en sus palabras se note el cansancio.

-¿No durmió por atender a una loca?-. Interroga, le parece una situación bastante interesante.

-No dormí por atender a mi paciente-. Corrige. Claro que durmió. Poco, pero lo hizo. Sin embargo, una mentira más no hace la diferencia.

-Necesito ver a su paciente para poder juzgar si es o no trasladada-. El fantasma de una sonrisa aparece en los ojos esmeralda.

-¿Seguro? Tengo entendido que todos quieren mantenerse apartados-. Su tono tiene un matiz burlón.

-Es necesario-. Ignora la burla.

-De acuerdo, pero sea silencioso-. Pasa la tarjeta por la cerradura electrónica. -Winter está durmiendo-.

"Dejas que esa mujer te diga que hacer…"

"Dejo que cuide de mí."

"¿Desde cuándo necesitas que te cuiden?"

"No lo necesito."

"¿Entonces?"

"Apártense de mis asuntos."

"Son nuestros asuntos Elsa…"

"Cállense."

Duke no puede ocultar su asombro. Ver a la oji-azul en ese estado le roba el aliento. Las vendas cubren grandes porciones de piel y aun así puede ver los tonos oscuros de los hematomas; las plantas de sus pies dejan en claro que literalmente no puede pararse; su rostro inflamado dice a gritos que le pegaron demasiado duro; su hombro vendado declara que ese brazo es inútil por el momento; y respira de un modo que dice es muy doloroso hacerlo. Le mire por donde le mire, no debe mover a Winter.

-Dígame Director, ¿Aun piensa trasladarle?-. La pregunta es seca, encierra acidez.

-No-. Ahora de verdad está enojado con Hans. -Tiene razón, su estado impide trasladarla-. Aprieta los puños hasta tornar sus nudillos blancos.

-¿Permitirá que se quede aquí?-. Tensa la mandíbula. Detesta saber que la peli-roja le gano esta jugada por culpa de Westergard.

-Winter tiene autorización para quedarse en su habitación-.

-Gracias por su comprensión-. Su sarcasmo da de lleno contra el hombre.

-Recuerde que es su responsabilidad-. Lo dice como si deseara que pase una tragedia solo para poder culparle.

-Siempre lo tengo en mente-.

Con esto, Duke se retira. Una vez a solas Elsa se incorpora.

.

Treinta minutos después, Rapunzel y Mérida llegan a la habitación. Aprovechando la visita, Anna se aparta del reducido grupo, toma su celular y hace una llamada que puede ser su carta de triunfo si sabe jugarla. Cuando el tono suena, siente una punzada de nervios en el estómago, la última vez que habló con ellos no fue una experiencia exactamente agradable. El primer intento no funciona, así que vuelve a marcar, al segundo tono la línea contraria contesta.

-Anna-. Había olvidado que su nombre puede sonar tan seco.

-Padre-. Responde con el mismo "afecto".

-¿A qué se debe tu llamada?-.

-Querías que trabajara para ti, ¿Aun lo quieres? -.

-Necesito que lo hagas, pero preferiste estudiar psiquiatría-. Su voz contiene cierta amargura.

-Quiero ofrecerte un trato-. Logra despertar el interés de su padre.

-Habla-. A fin de cuentas, es un hombre de negocios.

-Trabajaré contigo si tú me haces un favor-. Él entrecierra los ojos.

-Odias nuestra empresa, debe ser un favor enorme-. El detalle es que está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de traer a su heredera de vuelta.

-Ni te lo imaginas-. Anna sonríe porque sabe que lo ha conseguido.


Eso es todo por ahora. Nos vemos.