¡Chan, chan, chan!
¡Aquí está la última actualización! Tarde como todas las actualizaciones.

Pero, bueno… yo sé que el lector me quiere, o quiero creer que lo sé. Como sea… saludos a todos y están invitados a leer y comentar si es que gustan y son tan amables.

¡El final!


Capítulo XXI Sonriendo al alba

Agente Leon Scott Kennedy

Líder de Escuadrón D.S.O.

21 febrero 2014

12:41 horas.

El aire frío y calmo susurraba, soplaba con timidez y persistencia, moviéndonos, instándonos a hacer algo, queriendo ser un estímulo, pero sin mucho esfuerzo.

El sol, majestuoso en lo alto, que atisbaba el cenit a pocos minutos, vivificaba el paisaje, reavivaba los árboles caídos, masajeaba los lagos, les daba calor, vida. Nos abrazaba estirando sus extremos a más no poder.

El cielo, pálidamente azulado en el horizonte y más vivo en el centro, cerraba sus ojos, dejándonos en privado secretamente, dándonos tiempo y valor.

El humo procedente de la explosión ascendía en sentido contrario a nosotros, se alejaba, huía, pretendía no importunar.

El canto de las aves se oía a lo lejos, ninguna se atrevía a acercarse por temor a otro estruendo, o temor a vernos.

Y nosotros… nosotros que no divisábamos de ninguna manera lo concerniente al otro, dábamos la imagen de querer desaparecer luego con tal de congelar el momento.

Silencio interrumpido fue el acto que se repitió por eternos minutos.

La presencia del sol mutaba el paisaje, lo hacía diferente, sorprendente, digno de presenciar a pesar de la prisa. Ada lo reconoce, se maravilla con él.

Permanecemos unos segundos en silencio, el que nosotros creamos al ser interrumpidos por el movimiento eufórico de las hélices del helicóptero a mi espalda. La miro y en el reflejo de sus ojos noto que me encuentro tan inexpresivo como ella lo está.

La observo y ella a mí. Caigo ante la admiración, y no me detengo en inmortalizar su imagen mentalmente. Abro la boca para hablar y ella me imita. Le propongo llevarla en el helicóptero, ella me ve a los ojos, sonríe y niega con la cabeza lentamente.

No es buena idea.

Asiento a sus palabras lentamente, le pregunto sobre su retorno, si posee un vehículo, ella asiente pausada, me pide que no me preocupe. Quedamos en silencio, pretendiendo que ello trastorne el sonido del helicóptero, creyendo poder al ver resultados positivos, creyendo callarlo. Nos mentimos, simplemente no lo oímos.

Intento hacer algo más, decirle algo pero no salen las palabras, y ante mis pensamientos presurosos, Ada parece reparar en ellos. Me sonríe a gusto con mis deseos. Con su mano lastimada toma mi muñeca y la acaricia, sin dejar de sonreír por ningún instante. Hubiera pasado por alto la acción en otra instancia, pero veo tanta diferencia en el brillo de sus ojos, en su labios levemente levantados, en su sonrisa; Es diferente; Es auténtica.

Siento mi corazón latir entusiasmado, pasmado, obligándome a abrazarla aunque sea, pero no logro moverme, solamente me quedo viéndola como si su vida dependiese de ello. Ella observa mi cuerpo, chequeando que todo se encuentre en orden, supongo. Luego de un momento vuelve su mirada a mí, donde noto que no puede parar de sonreír, y maldición, pero yo no puedo dejar de verla.

Luce realmente preciosa, incluso con las magulladuras y las marcas de las lágrimas por sus ojos. Los cuales, finos y conspicuos, escrutan todo mi ser, me ven con decisión y yo lo permito. Sus cabellos caen lisos, obscuros pero brillantes, tocan sus pequeñas cejas, dando un contraste grande al reflejo de luz en sus ojos. Sus labios se encuentran levemente abiertos, dejando obscuro el interior, vivo el rojo que los baña y llamativo el brillo que portan. No son grandes, no son pequeños, son equilibradamente perfectos. Por impulsos levanto una mano y acaricio su rostro.

Entonces, la despedida llegó.

El resto no lo recuerdo muy bien, sólo sé que cuando el helicóptero arribó me encontré con Sherry mirándome esperanzada, me subí a la aeronave y vi a Ada viéndome marchar. Sé que pretendí sonreírle, tal como ella lo hacía mientas levantaba una mano, pero no estoy muy seguro de haberlo hecho, no logré hacer nada.

En ese instante me hubiese gustado haber hecho algo más, haberme aventurado sólo un poco, o decir algo más que un simple adiós. Pero, ¿me habría atrevido a hacerlo?

Siento que Sherry me habla, pero no la escucho.

-o-

Ese mismo día, cuatro horas más tarde, luego de que me permitiesen descansar por un momento, mi principal me llamó para hablar sobre lo sucedido. Había tenido una entrevista con mis hombres y pareciera que no podía entender lo que ellos decían. Me hice la idea de una reprimenda por lo que ellos pudiesen confesar, algo parecido a una suspensión sin paga por trabajar junto con una espía, que dice no ser espía, y supuesta enemiga del gobierno. Suspiro cansado mientras me dirijo a la oficina del presidente de la D.S.O.

Toco la puerta e inmediatamente me hace pasar. Intento prestar la máxima atención a lo que dice, pero la verdad es que tengo demasiado sueño. Asiento a las preguntas que hace, respondo otras, pero en un instante algo que dice llama mi atención, él prosigue.

— Realmente estoy muy a gusto con lo que ha podido realizar con esta misión, agente Kennedy —Dice sin mirarme—. Según sus hombres ha sido una experiencia de la cual sacarán provecho. Sin embargo, me he dado cuenta de que ellos no están tan capacitados como para formar parte de un escuadrón, por ello se los trasladará a otro sector donde puedan moldear mejor sus habilidades, y cuando eso pase, volverán a formar parte de su equipo.

— ¿Sherry también? —Él asiente.

— La agente Birkin, si bien ha demostrado muy buena capacitación, estará con sus compañeros para ayudarlos. Ella es uno de los agentes más valiosos dentro de este departamento, y por ello no queremos que corra riesgo… teniendo mucho en su sangre que nos es de gran valor —Esquivo su mirada, odio cunado se refieren a ella como algo que genera dinero nada más.

— ¿Algo más? —Intento no sonar tan enfadado, él me mira y asiente.

— Sí —Hace una pausa—. Me han comentado que la espía Ada Wong también se encontraba allí —Guardo silencio y calmo mi respiración. Él me ve serio, luego agrega—. No se preocupe, agente. Hizo todo lo que pudo, pronto la atraparemos. Ya verá.

Frunzo el ceño confundido, pero asiento queriendo no decir nada entre líneas. Me despide y me dirijo hacia la puerta sumido en mis pensamientos. Recorro el edificio buscando mi oficina, sintiéndome perdido por instantes, pues no paro de pensar en que seguramente mintieron ante un oficial de alto rango. Suspiro y niego con la cabeza. Realmente no sé qué hubiese sido peor, si le hubiesen contado la verdad o esta mentira.

Como respuesta a mis preguntas, al cruzar el segundo pasillo, me encuentro con Sherry jadeando, que choca contra mí haciéndonos caer. Se disculpa sin verme, pero en un instante parece reconocerme.

— Lo siento, Leon —Repone agitada.

— Sí, eso ya lo dijiste…

— Te estaba buscando —Me interrumpe, toma aire y pregunta—. ¿Qué pasó? ¿Qué te dijo?

— Me dijo que ya no formarán parte de un escuadrón y que tendrán que volver a entrenamientos… —Me interrumpe de nuevo.

— Sí, sí, eso ya lo sé. Pero, ¿no te dijo nada más? —Frunzo el ceño.

— ¿No estás enfadada por dejar el campo? —Me ve extrañada.

— No, eso ya lo venía venir —Dice velozmente—. Pero, contéstame. ¿Qué te dijo? —La veo serio.

— Me dijo que no me preocupe, que hice todo lo que pude y que pronto la atraparemos —Me ve y asiente, como sabiendo lo que diría—. ¿Qué fue lo que le dijeron?

— La verdad —Simplifica sonriendo.

— No mientas. Si hubieran dicho la verdad, yo estaría suspendido ahora mismo... como mínimo.

— Al parecer no fue así —Dice jovial, luego recapacita—. Pero deberías agradecerle a Collins… y a mí también; A nosotras se nos ocurrió —Dice rápido—. Por cierto, llegó un paquete a tu oficina —Comienza a apartarse—. Luego nos vemos, tengo que irme.

— ¡Espera…! —Me ignora y sigue corriendo.

Sólo espero que no sea otra misión…

Me dirijo a mi oficina y allí me encuentro el paquete que Sherry mencionó. No es muy grande, y supongo que se tratará de cosas de la agencia, así que antes de que planeen dejarme una nueva encomienda, salgo del lugar, presentando mi salida a los oficiales de la entrada. Ellos registran mi horario de salida y entonces parto.

Subo a mi vehículo y comienzo a salir, cruzo a mis hombres pero ninguno repara en mí, sólo la agente Collins, quien ruborizada me saluda tímida.

Demonios…

Le devuelvo el saludo incómodo y entonces salgo del departamento.

Al detenerme en el camino frente a un semáforo, veo el paquete descansando en el asiento junto a mí. Lo tomo y por plena curiosidad comienzo a abrirlo. Al hacerlo me encuentro con tres cosas, una pequeña nota y dos vendas que denotar estar recién lavadas. Las tomo con cuidado y en seguida las reconozco. Velozmente tomo la nota y en ella claramente veo su letra.

"Yo también tenía una pregunta;

¿Sigues dejando el segundo juego de llaves debajo de la alfombrilla?".

Frunzo el ceño, pero luego lo comprendo, y por más que apresuré la velocidad en volver a casa, hubiese llegado al mismo tiempo que yendo lento; Agradecí enormemente que ya me encontrase cerca.

Cuando estacioné, por poco dejo las llaves dentro. Entonces las tomo y cierro el vehículo. Me dirijo velozmente a la entrada y al revisar debajo de la alfombrilla no encuentro el juego de llaves que guardo por si pierdo el otro. Sonrío sin darme cuenta. Entonces dirijo mi mano hacia la manija de la puerta. Dudo por un instante, pero algo interrumpe mis pensamientos; La casa ya está abierta. Empujo la puerta levemente, y ésta se abre chillando con cada centímetro cruzado.

Debí colocarle aceite…

No me impresiono al hallarme a obscuras en la sala, pero sí al no oír ningún tipo de sonido. Agudizo mi oído, con el fin de reparar en algo, además del silencioso paso de mis pies.

Sin que lo advierta anteriormente, me encuentro en el comedor que, por lo pequeño que es, descarto inmediatamente. Llego al baño pero también está deshabitado. Cruzo el pasillo, entonces hallo algunas cosas fuera de lugar. Me dirijo hacia mi habitación, y lo primero que me recibe no es su mirada, sino la risa tímida que se oye antes de que abra la puerta. Esa risa provocadora y seductora. Esa que es tan difícil de conseguir que valdría lingotes y lingotes de oro.

Cuando la puedo ver con detenimiento, pues la luz está encendida, noto que está sentada sobre mi cama, cruzada de piernas, con dos objetos en sus manos, también noto que el cajón de la mesita de luz fue forzado.

Eso es privado…

— No puedo creer que guardes esto —Comenta sin mirarme.

Al dirigir mi mirada hacia sus manos, veo en ellas algo pequeño de forma circular, achatado y plateado, y un juego de llaves con un llavero de tela.

Permanezco parado donde estoy, intentando que la situación no me tense de ninguna manera. Trato de mantener la compostura, pero es allí cuando me ve y se levanta de donde está. Permitiéndome que admire su belleza, la cual es ornada por el bello vestido rojo que se pega a su cuerpo, el cual no tiene mangas y llega a unos centímetros de sus rodillas. Me ve sonriendo, y se acerca peligrosamente. Por instinto, y sin recapacitar, doy un paso atrás.

— Creí que tenías un misión que cumplir —El silencio de la habitación es roto por mis palabras. Ada voltea el rostro, inspeccionando mi habitación y divirtiéndose con el desorden.

— Así es —Resume.

— ¿Entonces…? —Me devuelve la mirada, vuelve a acercarse y sonríe al llegar a mí.

— No me gusta dejar los trabajos a medias —Levanta el rostro y me ve.

La cercanía en la que se encuentra me abruma y el aroma de su perfume me obliga a vacilar. Luego de un instante reparo en la cercanía.

— Y la razón de que estés aquí es porque… —La obligo a hablar, y se divierte con ello.

— ¿No tuviste suficiente por un día? Te confesé cosas que valen oro —Dice juntando sus brazos—. No me harás decir lo mucho que me vuelves loca —Sonrío al oírla, lo que le revela lo que acaba de hacer.

— Ya lo hiciste —Frunze el ceño pero sigue sonriendo.

La observo, sin molestarme en que se enfade en mi clara intensión de verla. Ada me atrapa, y vuelvo la mirada hacia un costado. Extrañamente esto resulta más raro de lo que pensé. Pienso en algo que hacer, olvidando todos los temores que me habían sobrevenido anteriormente.

No observo a Ada, pero noto que se divierte con mi confusión y falta de decisión. Toma la iniciativa acercándose aún más, hasta el punto del que creía no podía existir. Levanta su mano y acaricia mi rostro, divirtiéndose con lo mucho que le raspa mi barba.

— Temo decírtelo, pero creo que no deberías afeitarte —Dice entre un susurro, el cual llega más a mi cuello que a mis oídos—. Sin duda, no lo hagas.

Veo que se mantiene quieta, con una mano en mi antebrazo y la otra, la cual raramente ya no está lastimada, sobre mi rostro. Espera una reacción, espera que haga algo, que diga algo.

No puedo…

— Ada…

Intento hablar, pero las palabras no salen.

No entiendo por qué, pero cuando estuvimos hablando todo parecía más fácil. No era nada extraño que me visitase, no parecía raro que viniese a mí cuando todo estuviese turbio y difícil. Incluso tuve la ridícula idea de que sería bueno que estuviese más cerca aún.

Sin reparar en mis acciones doy otro paso atrás. Ada lo nota e inmediatamente borra su sonrisa, la cual no siento especial, la cual no sobresale. La misma que porta cuando las cosas salen como espera. La misma que porta cuando logra controlar una situación.

Baja la cabeza algo resignada. Creo percibir que pretende irse al no hallar mi correspondencia, pero desiste de hacerlo y se mantiene callada.

Luego de un instante, hace a un lado prendas de vestir que se hallaban echadas sobre mi cama y se sienta, mira su reloj y yo la imito. La noche comienza a culminar.

Suspiro calladamente y la imito, llamando su atención camuflada, la cual percibo por su mirada a través del rabillo de sus ojos. Pongo mis manos sobre mis rodillas y aguanto mi peso. Ada vuelve a ver su reloj y entonces reparo en que no tiene mucho tiempo.

— Lo lamento —Dice de pronto, llamando mi atención—. No dejo de hacerlo y siempre sales perjudicado, Leon…

— ¿Qué? —Pretendo interrumpirla, pero prosigue.

— Realmente lo lamento —Giro mi rostro y la encuentro con una expresión clara de tristeza—. Hay heridas que tardan en sanar, lo entiendo —Dice poniéndose de pie y alertándome al instante—. Quiero que sepas que últimamente quiero cambiar contigo. Estoy dando de mi esfuerzo por ello…

Me ve inexpresiva, luego sonríe y da dos pasos. No logra dar más pues interrumpo su camino; Tomo su mano y la detengo. Vuelve su mirada confundida, yo bajo la cabeza un poco.

— Es posible —Logro llamar su atención—. Pero no siempre es bueno auxiliarse sólo. Ahora mismo necesito de alguien que quiera repararme.

Me es difícil descifrar lo que en sus ojos hay. Intento advertir algo que conozca, pero me resulta imposible. Las lágrimas que se agrupan, y le impiden ver con claridad, no son de frustración como creí ver en Raccoon City años atrás. No se trata de conmoción ni un quiebre de tristeza como he visto horas atrás. Es simple desconocimiento para mí.

Comienzo a creer que nunca terminaré por conocer a Ada. Pero eso no debería de ser novedad. Si es imposible conocer a una persona por completo, cómo lograría hacerlo con alguien que trabaja las veinticuatro horas del día fingiendo ser algo que no es. Tal vez descubra algo en mí al notar mi atracción por su enigmática personalidad. Pero ya es tarde para pensar en eso. Ada ya no está vestida, y yo tampoco. Una hora ha transcurrido y nos encontramos exhaustos pero renovados inexplicablemente.

El momento será inolvidable. Mucho hemos pasado y sería imposible el negar nuestro rotundo quiebre ante la correspondencia mutua. Sería descarado el negar una debilidad que todos parecen reparar en nosotros. No está dentro de nuestros papeles darle el gusto a quienes se divierten con esto, pero no podemos negar la satisfacción de sentirnos juntos aunque sea por unos instantes.

Esta situación nos pertenece, o nosotros a ella, mas eso no importa. Lo único que sentimos es satisfacción. Una que es extremadamente difícil pasar por alto.

A la mañana siguiente, que para mi infortunio llegó rápido, me encontré con unos tímidos rayos solares molestando mis ojos cerrados. Supuse que se trataba de la alborada llegando por la ventana que dejé abierta por estar ocupado.

El frio calaba toda la habitación y sus paredes. Llegaba a mi cuerpo silenciosa pero notoriamente. Comencé a perder el calor cuando moví mis piernas, sintiendo el frío dilatar. Sintiendo también que mi cuerpo se hallaba echado sobre un costado de mi cama.

Al recordar aquello mis ojos pretenden permanecer cerrados. No tengo miedo de enfrentarme al sol en su nacimiento, mas sí temo el encontrarme solo nuevamente. Entonces mis extremidades comienzan a despertarse y a avisarme de que algo sujeta mi mano. Sorprendido abro los ojos, encontrándome, primeramente, con los rayos tibios del sol quemando mis ojos, luego con Ada sentada en la cama viendo hacia la ventana. Admira la sangre que escurre el sol por el cielo con cada metro levantado.

Se ve tan tranquila, tan calmada y descansada. Lejos de todo razonamiento y sentido. Veo por su perfil que sus ojos brillan reflejando la luz del sol, pero no parece molestarle. Acaricia mi mano y yo la apretó suavemente.

Parece percatarse de que he despertado y se gira para sonreírme. Y allí lo percibo nuevamente; se trata del brillo en sus ojos, del surco perfecto que traza su sonrisa, mostrándome quién es en realidad, revelándome y considerándome el único a quien mostrarse.

Me levanto torpemente, intentando sentarme, sintiendo el duro cansancio de dormir poco durante dos días seguidos. Ada deja de verme para volver su vista hacia el alba.

— No te marchaste —Ríe un poco, mutando el ambiente en uno muy cómodo.

— Eres todo un observador —Ronronea, divirtiéndose conmigo.

— Esperaba encontrarme solo —Confieso, ella asiente. Lo había pensado.

Luego un extraño silencio se hace presente, uno que no nos incomoda pero tampoco es gratificante. Simplemente es silencio.

Veo en su rostro su cabello caer hasta ciertos extremos. Entonces Ada comienza a estirarse, y algo tan fuerte viene a mi mente que me es imposible reprimirlo.

— No te comprendo —Se detiene en lo que hacía, me ve confundida—. Dices que no eres una espía… —Confieso y ella me ve aún más confundida.

— Es que no lo soy —Responde. Yo sólo la veo e intento comprender, pero no lo logro.

— ¿Qué eres entonces?

Ada deja de verme, y vuelve su mirada al sol. Incómoda con la pregunta, hallándose atrapada y desprevenida. Toma aire lentamente y comienza a escudriñar cada rayo que toca su rostro, cada grado de calor que llega a ella. Me ve a los ojos seriamente, dejándome ver lo profundo que se hallan, entonces sonríe de medio lado, exhala y repite.

— Eso ya lo sabes.

Realmente no sabría cómo definir esta relación. No es rara, pues no logra sorprenderme, pero claramente no es lo usual. Creo que jamás lograré comprenderla ni ella a mí, mas siento que esas diferencias y desconocimientos propios son los que hacen interesante todo lo que nos anexa.

No sabría cómo negarme ante la correspondencia, siendo que siempre me pudo y con creces. Tiene algo que me cautiva, algo en particular, o sólo ella. Su misma esencia logra desarticularme. La veo y siento que vislumbro inconscientemente un futuro diferente, en que las cosas pudieran beneficiarnos más, pero es imposible. Su sonrisa me engaña, pues me ilusiona y me da valores falsos, o simplemente ya no sé cómo interpretarla. Últimamente la he visto cambiada, o tal vez se trate de la auténtica y no lo he apreciado.

Deja de verme luego de un momento, vuelve su vista al sol. Así permanece antes de partir, así permanecí yo luego de que se marchara, imaginándola junto a mí, revelándome cosas que serían sorprendentes para cualquiera, sorprendiéndome con cada paso, con cada acción, y siempre siendo un dolor de cabeza que busco incesantemente, sonriendo al alba y admirándolo casi como yo lo hago con ella. Desapareciendo para así poder aparecer nuevamente.


Notas: Sí, lo sé. Seguramente no es lo que esperaban. Pero a mí me ha gustado. No es exactamente lo que me planteé pero me gusta, y creo que eso es suficiente, en parte. Pero, como mi mamá fue buena, sé que debo de agradecerle a quienes hicieron esto posible.

Sifki8 ¡Muchas, pero muchas gracias! Sin duda, eres quien hizo que la historia tenga una continuación, pues, por más que veía que la gente lo leía (desde las sombras y sin dejar reviews), tus comentarios eran los que más me alegraban y, teniendo en cuenta el último, me hacían sentir realizado, en cierta manera. Muchas, pero muchas gracias. ¡Ah…! Por cierto, qué bueno que hayas disfrutado el anterior capítulo, me tomó bastante tiempo, lo notarás en la actualización. Pero al menos logró ser de tu agrado, espero que el final también. Saludos y nos leeremos cuando suceda.

Agradezco a los demás de igual modo, pero notarán que tenía que hacer una excepción con Sifki8. Seguro lo entenderán.

Saludos a todos y espero que lo hayan disfrutado. ¡Hasta la próxima historia!