Capítulo 21 – Desentrañando


Miranda Vector había pensado largo y tendido sobre la oferta de Albus de unirse al 'Círculo Interno' de la Orden del Fénix. Habían pros y contras para tanto unirse como no hacerlo. Ella, por supuesto, se había sentado y sopesado seriamente las opciones que le estaban presentando. Como lo más cercano que el mundo mágico poseía a una matemática y estadística, Miranda Vector era bastante buena comparando opciones.

A ella le gustaba calcular las probabilidades de éxito y fracaso. Le gustaba tener valores que comparar y conocer el valor de los rendimientos decrecientes. Le gustaba saber en lo que se estaba metiendo antes de hacerlo. Ella no era, después de todo, una Gryffindor. Ella no saltaba antes de mirar. Ella era una Ravenclaw extremadamente prudente que no solo miraría, sino que lanzaría una huincha de medir hasta el otro lado, haría unas cuantas mediciones, tomaría una foto mágica o dos, calcularía las posibilidades y luego saltaría.

O no.

Porque de verdad, ¿por qué saltar cuando sólo caminar hasta el otro lado era mucho más seguro y eminentemente más práctico?

Miranda siendo Miranda, se había tomado unos días, había hecho unos cálculos y dibujado algunas líneas de probabilidad usando algunos de sus mejores cálculos aritmánticos. Ella era, después de todo, una aritmántica, y una condenadamente buena, si se lo decía a sí misma. En última instancia, ella había decidido que Albus había estado en lo correcto y que necesitaban sus habilidades de manera más inmediata. Por supuesto, esa decisión había sido parcialmente basada en una convergencia bastante fea que había notado en la matriz principal de posibilidades que apuntaba algo bastante serio entre Voldemort y el espía de la Orden. Una convergencia que precedía la reunión entre el espía de la Orden y la misteriosa, y bastante molesta, línea rebelde.

Así que, con su decisión hecha, ella volvió a la pequeña casa en el acantilado de Albus para decirle que aceptaba su oferta. Ella había estado en medio una explicación de los pros y contras de su decisión cuando un elfo apareció frente a ellos. Realizando la que era probablemente la reverencia más profunda que había visto que un elfo le hiciera al director, el elfo dijo en un tono que no admitía desacuerdos, "Brolly llevará al director ahora."

Albus, siendo Albus, por otro lado, se negó, aunque se negó con una sonrisa gentil en su curtido rostro. "Me temo que lo que sea tendrá que esperar un poco. Estoy algo ocupado por el momento, mi querido amigo."

Albus, notó Miranda, estaba usando esa voz suya enloquecedoramente calmada y alegre. Esa que te hacía querer estrangularlo porque tú estabas entrando en pánico y él no estaba tomando tu pánico con la seriedad que se merecía. Ella también notó que los elfos no parecían estar más encariñados con ese tono que los demás, si las orejas torciéndose frente a ella en agitación indicaban algo.

El Señor de Hogwarts vendrá ahora." Repitió el elfo, con una postura un tanto obstinada de su barbilla levantada.

Albus, con su propio estilo imposible de imitar, siguió alegremente su propia manera e ignoró la creciente agitación del elfo. "¿Tal vez puedes decirme tu nombre y podemos discutir dónde deseas que vaya?"

Miranda miró una oreja élfica agitarse de manera bastante brusca en respuesta. Ella no pasaba mucho tiempo con elfos domésticos. Llamaba a su propia elfina de Hogwarts, Rilla, muy pocas veces y rara vez veía a la elfina, pero tenía la vaga sensación de que esto no era bueno.

"La señorita dijo ¡ahora!"

Esto hizo que levantara una ceja. Elfos domésticos impetuosos... definitivamente no era bueno.

Ella no había alcanzado a terminar el pensamiento cuando su mano fue capturada por un agarre sorprendentemente fuerte y repentinamente se encontró a sí misma, al director y al elfo en el vestíbulo de una casa extraña enfrentando a una Hermione bastante pálida y con aspecto desolado que estaba sentada al pie de unas escaleras.

"Profesor Dumbledore." Exclamó la señorita Granger, con lo que parecía ser un obvio alivio antes de agregar, "Y-y profesora Vector." Con algo que parecía más a la confusión.

La confusión era bastante buena. Miranda se sentía un tanto confundida también. Aún sintiendo la sorpresa de haber sido trasladada a la fuerza desde la cocina de Albus hasta donde fuera que estuvieran ahora, Miranda aún tenía el aplomo para notar que antes de desaparecer, el elfo que los había secuestrado se inclinó en obvio respeto a la señorita Granger.

En palabras de un gran matemático muggle que, en lo que se refería a Miranda, debería haber nacido mago... curiorífico y curiorífico*.


Mientras caminaba fuera de San Mungo junto a la sanadora Alverez, Hermione no pudo evitar preguntarse sobre el destino que la esperaría cuando volviera a la mansión Black.

¿Dumbledore dejará que le explique antes de maldecirme? ¿O será del tipo que lanza los hechizos primero y hace las preguntas después? Tal vez Dumbledore no esté cuando vuelva. Por supuesto, si es que no está sería porque está afuera, buscándome. Sólo estará más furioso cuando vuelva.

La sanadora Alverez le hizo un gesto a Edelrod mientras pasaban por el escritorio de la entrada y mencionó que haría una llamada a casa. Hermione se despidió ausentemente con la mano a la ceñuda bruja.

Entonces mejor que siga allá... ¿Pero el resto de los miembros de la Orden seguirán ahí? Solo ha sido... oh, Dios, ha pasado una hora. ¿Snape seguirá vivo siquiera?

Ella apuró su paso hacia las puertas y estuvo agradecida cuando Alverez mantuvo el paso junto a ella, con su bolsa de sanadora balanceándose bruscamente al ritmo de sus pasos.

Aún llueve, pensó, mientras pasaban por las puertas, aunque los truenos y rayos parecen haber terminado.

"¿Señorita Granger?"

Sacada de sus pensamientos, Hermione se giró hacia la sanadora que ahora la estaba mirando con una mezcla de preocupación y diversión.

"Se ve un poco nerviosa. ¿Está lista para esto?"

¿Lo estoy? Supongo que lo averiguaremos pronto. Dándole lo que esperaba que fuera un asentimiento decisivo, ella guió a la sanadora Alverez fuera del edificio hacia donde no serían observadas. Tomando la mano de la otra bruja, Hermione le dio lo que esperaba que fuera una sonrisa confiada, dio un cuarto de giro y se apareció.

Un poco para su sorpresa las dos se aparecieron, enteras y sanas, bajo el viejo olmo en la triste plaza frente a Grimmauld Place.

¡Lo Hice!

Por supuesto, ellas quedaron a unos diez centímetros del suelo cuando aparecieron, así que el aterrizaje fue un poco agitado, pero como dicen los pilotos muggle: Cualquier aterrizaje del que puedas salir caminando...

"Lo hiciste, querida. Muy bien hecho."

Hermione le dirigió una sonrisa radiante a la sanadora, la cual cayó rápidamente de su rostro en cuanto vio la hilera de casas detrás del hombro de Alverez. Era hora de dar la cara.

Si la otra bruja captó la mirada preocupada que apareció repentinamente en el rostro de Hermione, no dijo nada, algo de lo que Hermione estaba particularmente agradecida. Ella no estaba segura de que las palabras de aliento fueran algo bueno o malo en este momento.

"Entonces." Comenzó la bruja. "Sólo recuerde mantener su muñeca rígida cuando realice el Encantamiento Sonámbulo." Alverez miró rápidamente alrededor, obviamente observando el vecindario muggle alrededor de ellas. "También sugiero un buen hechizo de encubrimiento ya que usted tendrá que levitarme hasta donde sea que vayamos. Oh, casi se me olvida, también tendrá que llevar esto." Dijo, entregándole su bolso a Hermione. "Las pociones medicinales normalmente no se mezclan bien con pedazos aleatorios de magia. Mejor que tu lo lleves."

Como Hermione se quedó quieta por un momento, Alverez le dio una sonrisa cálida. "Bueno, manos a la obra chica, tenemos a un profesor de pociones que salvar."

Sin sentirse tan confiada como la sanadora Alverez, Hermione levantó su varita y pronunció, "Somnambul." Recordando mantener su muñeca rígida durante los movimientos.

Una vez que la sanadora estuvo segura en la inconsciencia, Hermione la desilusionó y lanzó un mobilicorpus sobre ella. Caminando por la plaza hacia Grimmauld Place, Hermione no pudo evitar preguntarse si este temor en la boca de su estómago era lo que sentía el profesor Snape cuando salía a reunirse con Voldemort.


Hace mucho tiempo, Albus Dumbledore había aprendido a controlar su carácter. Cuando era joven, había notado que la gente se asustaba cuando se enfadaba. Ciertamente no era difícil hacer la conexión entre su enojo y las cosas que empezaban a explotar, derretirse o simplemente desintegrarse en polvo alrededor suyo. En realidad, fue en esa época que comprendió que por algún truco del destino, era más poderoso mágicamente que cualquier otro mago o bruja alrededor de él. Y que cuando se entregaba a la ira, la gente se asustaba. A decir verdad, en ese entonces había días en los cuales Albus tenía bastante miedo de sí mismo y lo que podía hacer.

Fue ese miedo lo que lo llevó a crear el personaje de mago excéntrico, el cual le permitió hacer caso omiso a esas cosas que hubieran causado que un mago de menor poder sacara la varita y desafiara a otro en un duelo. El personaje había crecido con él a lo largo de los años, desde joven excéntrico a viejo chiflado, y le había servido bien.

Grindelwald ciertamente había estado completamente sorprendido y engañado cuando se dio cuenta, con su último aliento, que el hombre ligeramente loco que le había ofrecido té y galletas acababa de terminar con lo que debió ser un imparable ascenso a la dominación mundial.

En pocas palabras, Albus Dumbledore rara vez perdía los estribos. Y en aquellas raras ocasiones en que lo hacía, nunca duraba mucho.

En ese momento, Albus Dumbledore estaba furioso y lo había estado por una buena hora.

En respuesta a esa ira, el impecable control de su magia que tenía habitualmente estaba debilitándose. Cualquier bruja, mago o criatura mágica con sólo un ápice de sensibilidad mágica podría sentir el aura construyéndose dentro de Dumbledore. En respuesta a eso, los miembros de la Orden que se habían hacinado al escuchar sobre el regreso de Snape, habían huido rápidamente a entornos más seguros.

Él seguía escuchando las palabras de la señorita Granger: Entonces estoy haciendo mi decisión. La parte exasperante es que no tenía idea de dónde había ido o qué estaba haciendo. Él habría intentado seguirla, por supuesto, pero necesitaba permanecer aquí. Media docena de escenarios habían pasado por su cabeza momentos después de su desaparición, cada uno más catastrófico que el anterior. Si Voldemort la capturaba, Albus sabía que Harry podría abandonar todo en su intento de recuperarla. Enfrentaban un potencial desastre.

Condenados todos al infierno y de regreso. Ellos finalmente estaban por delante de Tom en esta maldita guerra. El fin se acercaba, y la chica se había ido en un impulso.

Él se paseó por el estrecho vestíbulo, su agitación necesitaba algún tipo de escape. Él habría esperado este tipo de comportamiento de Harry o incluso de Ron Weasley, pero el siempre había considerado que la señorita Granger tenía la cabeza firme sobre sus hombros.

¿Dónde está esa niña?

Como si su grito mental la hubiera conjurado, la puerta principal se abrió para admitir a una desaliñada Hermione Granger, con la varita levantada y concentrada detrás de ella. Aprovechando su propia magia, Albus se concentró y vislumbró la figura vacilante de un cuerpo desilusionado. Que Merlín los amparara a todos. La chica había encontrado un punto ciego en el Fidelio y estaba metiendo a un extraño a la casa.


Hermione se congeló cuando vio a Dumbledore parado en el vestíbulo, luciendo como la epítome de un hechicero iracundo. Tragando a través del nudo en su garganta, ella dio los últimos pasos dentro de la casa teniendo cuidado de bajar a la sanadora Alverez tan suavemente como pudo. Desafortunadamente, desvió su atención de la puerta, la cual fue atrapada por una ráfaga de viento, causando que se cerrara con un portazo reverberante.

Varias cosas pasaron entonces: La señora Black comenzó a rugir toda una diatriba sobre sangresucias y traidores a la sangre, la expresión de Dumbledore pareció oscurecerse aún más, y todos los que se habían estado ocultando de Albus en la biblioteca salieron al vestíbulo para averiguar qué había causado el ruido.

Atrapada como un metafórico ciervo bajo los faros por una docena de ojos, todo lo que podía pensar Hermione era: Maldición, maldito infierno.

El profesor Dumbledore le seguía frunciendo el ceño, sus pobladas cejas casi se juntaban sobre su nariz.

"Vaya a la biblioteca."

Cuando Hermione vaciló, mirando a la sanadora aún desilusionada, Dumbledore volvió a hablar. "Ahora, señorita Granger. Yo cuidaré de su invitado."

Hermione estaba un poco preocupada por la manera en que Dumbledore hizo hincapié en la palabra invitado, pero decidió que ahora probablemente no era el momento adecuado para discutir. Con los hombros caídos en una mezcla de temor y agotamiento, ella caminó por el pasillo hacia los que aún se reunían en la puerta de la biblioteca. Sintiendo mucho como si estuviera siendo medida y juzgada, ella trató de capturar los ojos de Ron y Harry, buscando apoyo. La confusión y malestar de ambos hicieron que bajara un poco la cabeza.

Una vez en la biblioteca, Hermione se dirigió hacia su silla favorita frente a la chimenea. Tomando asiento, ella esperó por la primera pregunta un poco nerviosa por el silencio alrededor de ella. Subiendo la vista a través de su cabello aún más salvaje y con más frizz por la lluvia, notó que todos habían tomado asiento alrededor de la habitación mirando hacia ella.

Ron y Harry llevaban una conversación susurrada desde el asiento junto a la ventana que incluía repetidas miradas en su dirección. Ginny la estaba mirando fijo con la cabeza inclinada hacia un lado. Con su cabello rojo, le recordaba a Hermione un setter irlandés, pero la imagen mental no le causó ninguna sensación de alegría.

Fred y George habían tomado asiento en el suelo donde se podían apoyar contra una de las estanterías y ambos la observaban con ávido interés, como si estuvieran a punto de brotarle cuernos en cualquier momento y ellos quisieran asegurarse de no perdérselo.

Como Harry y Ron, Tonks y Remus llevaban una conversación a susurros desde el sofá raído que compartían con los señores Weasley.

Moody tenía tanto su ojo real como mágico concentrado en ella. Era una sensación bastante desconcertante.

La profesora Vector... entonces recordó que Vector había llegado con el profesor Dumbledore. Ella había estado sorprendida en el momento, pero se le había olvidado durante el caos posterior. Por extraño que parezca, la profesora Vector la estaba mirando, también. Al menos no era la misma mirada de confusión y decepción que los demás, sino que una de evaluación intensa, una mirada que la maestra de aritmancia solía reservar para ecuaciones complejas, en vez de a una nerviosa Hermione.

Removiéndose, ella cruzó y descruzó las piernas y volvió a mirar alrededor de la habitación. La conversación murmurada de Harry y Ron tomó un aire más acalorado con Harry gesticulando furiosamente en dirección a ella.

¿Qué decía ese viejo dicho sobre que ninguna buena acción queda sin castigo?

Ella se preguntaba qué era lo que retenía a Dumbledore. Era obvio que el director había visto a través del encantamiento desilusionador, de otra manera no habría mencionado a su 'invitado.' Harry había mencionado que Dumbledore tenía ese talento. Se preguntó brevemente si era un efecto de su edad o su fuerza mágica, antes de desechar el pensamiento como irrelevante para la situación en cuestión.

Ella volvió a cruzar y descruzar las piernas y luego atrapó un rizo descarriado detrás de su oreja izquierda. Remus y Tonks habían terminado su conversación y ahora la estaban observando.

Suspiró. ¿Qué es lo que se demora tanto? No era como si Dumbledore no conociera el encantamiento Sonámbulo ya que era el mismo encantamiento que había utilizado en ella durante la parte submarina del Torneo de los Tres Magos. Él debería ser capaz de removerlo con facilidad. ¿Habré hecho mal el encantamiento? ¿Estará teniendo problemas para levantarlo? Seguramente no lo estropeé. Fue uno de los hechizos de sueño que estudié cuando hice toda la investigación para hacer dormir al profesor Snape. Estoy segura de que lo capté bien. Creo.

Ella volvió a cruzar sus piernas, oscilando rápidamente su pie hacia delante y hacia atrás.

Esto es ridículo. Alguien tiene que decir algo.

El índice de su mano derecha comenzó a un golpeteo nervioso en contrapunto a su pierna oscilante. Está bien. Yo diré algo.

"Yo-"

Hermione se detuvo con el sonido de voces levantándose al otro lado de la puerta.

Ella podía decir con sinceridad que nunca había escuchado gritar al director, pero no había duda que era su voz la que se levantaba con ira.

Por el inconfundible sonido de la voz de una mujer desconocida, todos en la habitación se pusieron de pie con las varitas afuera. Hermione notó que el ojo mágico de Moody había girado ahora así que estaba mirando a través de la pared del fondo hacia el vestíbulo.

Temiendo que ellos pudieran abalanzarse dentro del pasillo con sus varitas centelleando, Hermione habló. "Todo está bien. Fui a San Mungo por una sanadora. Su nombre es sanadora Alverez, y está aquí para ayudar al profesor Snape."

"Niña tonta." Dijo Moody entre dientes, justo antes de que la voz distante de Albus se alzara lo suficiente para que todos pudieran escuchar las palabras gritadas con claridad.

"Ciertamente no estoy siendo irrazonable en esto. Aunque aprecio tu disposición a ejercer tus talentos en esta materia, tú NO te quedarás. La señorita Granger ignoró deliberadamente su propia seguridad y la de todos aquellos que luchan contra Tom al jugar este truco."

"Oh, córtala ya, Albus. La niña hizo lo que tú estabas demasiado asustado para hacer. De todos modos necesitas algunas opiniones diferentes por aquí. La endogamia, Albus – es mala para las líneas de sangre y para las misteriosas Órdenes secretas."

¿Albus? ¿La sanadora Alverez llamó Albus al director? ¿Eso quiere decir que se conocen? Cualquier reflexión adicional sobre ese tema fue cortada cuando se abrió la puerta de la biblioteca, y los dos combatientes verbales entraron dando zancadas, sólo para volver a enfrentarse mientras cruzaban el umbral.

"Esto no te incumbe Arrosa."

Ellos sí se conocen, pensó.

"Déjame estar en desacuerdo." Espetó la sanadora Alverez. "Esto sí me concierne. Le concierne a todo el mundo mágico y tú no eres mejor que el ministro con tus juegos, mentiras y Órdenes secretas." Ella hizo un sonido de burla. "Déjame adivinar, incluso tienen un saludo secreto."

En ese momento, Hermione notó que George, o Fred, uno de los dos, dejó escapar un casi silencioso "Oooh," de asombro por las palabras de la sanadora, aunque, si fue por la idea de un saludo secreto o la audacia del comentario, Hermione no estaba segura.

El ligero sonido fue suficiente para que el director volviera a sus cinco sentidos con un chasquido casi visible. Él frunció el ceño alrededor de la habitación antes de girar toda la fuerza de su mirada de vuelta a Alverez.

Hermione notó que Alverez ni siquiera se estremeció con esa mirada acalorada.

Cuando el director habló al final, su tono era mucho más controlado, aunque la ira aún se podía escuchar fácilmente. Hermione no estaba segura de si en este punto la ira seguía dirigida hacia ella o a la sanadora Alverez.

"Estamos desviándonos del tema. La señorita Granger te trajo para que vieras a Severus. Te llevé escaleras arriba y lo viste. ¿Cómo está?"

La sanadora Alverez alzó las manos en exasperación. "Eh, ¿así que ahora lo preguntas?"

Dumbledore, sin embargo, se las estaba arreglando para mantener su carácter a raya, pero por poco, en la estimación de Hermione. "Arrosa..." Dijo entre dientes, con la voz baja.

Alverez apretó sus labios y dejó escapar una exhalación por su nariz antes de responder. "Él fue muy malherido. Lo estabilicé por el momento, no" criticó, " es que me hayas dejado pasar demasiado tiempo con él. Él requerirá de una curación intensa. Esa maldición dejó un gran daño sobre sus nervios y especialmente sobre sus vías mágicas. Sin embargo, su condición se agravó considerablemente por lesiones antiguas, mágicas y no mágicas. Él estará débil y con un dolor considerable durante varias semanas. Personalmente, me sorprendería si el lograra estar levantado y funcionando al cien por ciento antes de que comience el semestre."

Con las palabras de ella, Hermione notó que la ira pareció drenarse fuera del director.

"¿Así de mal?"

El rostro de la sanadora se torció. "Si, así de mal." Ella dio un resoplido desdeñoso, pero también le faltaba la furia de la discusión anterior. "No tienes idea de la forma en la que está ¿verdad? Déjame adivinar, te ha estado diciendo que está bien todo este tiempo y tú sólo estás de acuerdo porque es conveniente."

"Suficiente, Arrosa."

Ella negó con la cabeza, con los rizos grises rebotando sobre su cabeza. "En realidad, no creo que se acerque a suficiente. Ya es tiempo de que alguien te diga la verdad de cómo son las cosas realmente." Ella gesticuló con la mano para abarcar la habitación. "Ciertamente este lote no te dirá lo que piensa realmente. Están condenadamente intimidados por ti. Es muy probable que tu señorita Granger haya salvado la vida del hombre."

Hermione hizo una mueca al escuchar que su nombre volvía a ser mencionado en la conversación. Aunque la sanadora Alverez parecía ser inmune a la ira del profesor Dumbledore, ella no lo era.

"La señorita Granger ha ignorado las reglas. Ella ha actuado de manera impulsiva y con completa falta de consideración que pudo haber puesto en serio riesgo a ella misma y la Orden."

"¿Herido por tu propia varita, eh, Albus? ¿Estás enojado con la niña por actuar como la Gryffindor que es? Si ese es el caso, Albus Dumbledore, deberías haber poblado tu alegre banda con unas cuantas Casas más. ¡Asclepio, ayúdame! Si Severus es el único Slytherin en tu lote, es una maravilla que no se haya vuelto loco."

"Las identidades de quienes componen la Orden no son de tu importancia." Dijo Albus, de manera algo tiesa.

Alverez rió entonces. "¡Por las bolas de Merlín! Lo es ¿no es así?" Dijo, más como una afirmación que como una pregunta. "Demasiado para la alianza entre Casas. Eres un fraude, Albus."

Dumbledore se enderezó en toda su altura y parecía como si la pelea de gritos estuviera a punto de volver a comenzar, cuando Remus Lupin los interrumpió con una pregunta en voz baja. "Albus, ¿quién es esta mujer?"

Alverez, en lo que Hermione se estaba dando cuenta que era su propio estilo, respondió ella misma. "Sanadora Arrosa Alverez, jefa del Ala de Daño por Hechizos de San Mungo." Ella dio una mirada rápida alrededor de la habitación y a la gente reunida ahí. "Moody" asintió en dirección al ex-Auror. "Es bueno ver que ese brazo sigue unido."

Por las sonrisas de alegría en los rostros de los gemelos, Hermione adivinó que ellos también conocían a la sanadora. Pero, de nuevo, considerando cuántas cosas solían explotar con sus 'bromas', ellos probablemente estaban en una base de nombres para todos los sanadores del Ala de Daño por Hechizos de San Mungo.

"Entonces," dijo Moody. "Snape está mal y necesitará que lo cuiden ¿no es así?"

"Eso es correcto señor Moody."

"Es seguro como el maldito infierno que ninguno de nosotros quiere jugar a la enfermera con Snape. La chica no puede ser confiada fuera de la vista de nadie y debería ser excluida de otros procedimientos también. Ella se puso a sí misma en esta posición por ese bastardo. Que ella cuide de él."

"Alastor está en lo correcto. Ya fuera con justificación o no, la señorita Granger actuó sin autoridad al traerte a este lugar y debe enfrentar las consecuencias a sus acciones."

Hermione ya tenía en la punta de la lengua la protesta y estaba lista para saltar en defensa a Snape. Por supuesto, eso es lo que haría un Gryffindor, señaló la voz interna que sonaba sospechosamente como Snape. Además, está gente nunca esperaría juegos de palabras Slytherin y astucia de su parte.

Ella le envió una disculpa silenciosa a Snape antes de dejar que su rostro se torciera en el mismo semblante de repugnancia que se veía en los de Ron y Harry.

Mirando frenéticamente alrededor de la habitación, ella dijo. "No pueden estar diciendo que quieren que yo cuide de él. No quería que muriera. Si tengo que cuidar de él, tendría que pasar horas con él. Sería como tener clase de pociones todo el día." Agregó un quejido un poco desesperado a su voz. "¡Él me odia!"

"Señorita Granger, por sus propias acciones y su desprecio a las reglas de la Orden, no tengo más remedio que decretar un castigo sobre usted. Como no ha demostrado ser la adulta que creí que era. Por el resto del verano revocaré su acceso a las reuniones de la Orden. Usted ya no tendrá acceso a nuestras conversaciones, ni tomará parte de nuestras reuniones de estrategia." Dumbledore envió una mirada aplastante alrededor de la habitación. "Los señores Potter y Weasley, al igual que la señorita Weasley, también jurarán no discutir nada con usted."

Hermione bajó la cabeza, más por vergüenza que en verdadera pena. Incluso teniendo en cuenta este castigo, lo volvería a hacer en un santiamén.

"Míreme, señorita Granger."

Hermione levantó su cabeza para encontrar sus ojos con los del director – que ahora eran más bien del color del acero afilado en lugar del habitual azul claro brillante. "También he decidido que la sugerencia de Alastor no carece de mérito. Usted tomará las instrucciones de Arrosa sobre lo que necesitará Severus en la recuperación que vendrá. A partir de ahora se encuentra a su completa disposición y servirá en aquellas tareas que normalmente son realizadas por los elfos domésticos, ya que los elfos aquí en la mansión Black tienen otros deberes que realizar."

Hermione dejó caer su cabeza antes de que el profesor Dumbledore pudiera leer el triunfo en sus ojos. Ella bajó la voz imitando a Harry en sus momentos menos cooperativos y huraños cuando entono, "Sí, señor"

"Señorita Granger, por favor lleve a la sanadora Alverez arriba a la habitación del profesor Snape. Arrosa necesitará tiempo para completar su curación. Yo iré en un momento para discutir lo que haremos con esta brecha en nuestra seguridad."

Alverez, con los labios apretados con fuerza por el enojo, dijo fríamente, "Vamos," antes de salir de la biblioteca.

Hermione la siguió dócilmente hasta que casi chocó contra la espalda de la sanadora Alverez cuando la bruja se detuvo inesperadamente en el pasillo. Hermione estuvo completamente sorprendida cuando la sanadora puso un dedo bajo su barbilla y levantó el rostro de Hermione hacia la luz. Alverez la miró con solemnidad por algunos momentos tensos antes de dar una breve carcajada.

"Lo sabía. Lo puedo ver en tus ojos. La vieja cabra te subestimó – astucia Slytherin en una chica Gryffindor. Tu, querida, vas a llegar muy lejos."

Hermione comenzó a protestar pero Alverez la cortó. "No te molestes. Ya te atrapé. Ahora, ven y te explicaré lo que podría necesitar Severus hasta que despierte y qué se puede hacer después para acelerar su recuperación."


Miranda se recargó en el respaldo y observó todo el drama mientras se desarrollaba, con sus ojos yendo y viniendo entre los combatientes. Quién fuera esta sanadora, había sido buena. En cuanto a lo que Miranda sabía, sólo Severus había sido capaz de lograr que Albus tuviera un ataque de locura. Esta mujer, sin embargo, ella había tenido al hombre casi lanzando espuma. Fue... impresionante. Miranda sentía bastante pena de que Severus se lo hubiera perdido.


Notas de la traductora:

*Cita de Alicia en el país de las maravillas. Sí, al parecer Lewis Carroll también era matemático.

Hola! espero que les haya gustado el capìtulo, al parecer no todo es tan malo, Hermione va a tener la oportunidad de pasar tiempo con Snape.

Les agradezco a todos los que dejan comentarios, siguen y ponen favoritos en esta traducciòn, y si hay algún chileno leyendo esto le deseo que esté pasando unas buenas fiestas patrias y que no haya sufrido daños por el terremoto.