Capitulo 21: Feria.

(Bella P.O.V)

Ya en el coche de Alice no había nada que ocultar, no me molestaba que Jacob me cuidase, sabía que el no lo hacía por molestarme o por un excesivo complejo de hermano grande, sino que lo hacía por complacer a Billy y a Charlie y asegurarse que ningún "idiota" hiriera mi corazón; esa era una de las cosas que me gustaban de Jacob, su amistad.

Obviamente no pasamos por la casa de Rose, la duende condujo como una loca hasta la academia, cuando llegamos se colgó del cuello del pobre Jasper y comenzaron con uno de sus "momentos cursis" de Jazzie y la hadita pequeña, tanta miel iba a hacer que me diera un coma diabético.

No quise interrumpirlos ya que hace tiempo que no veía a Alice y Jasper tan felices, así que tomé las llaves de un amplio salón en el primer piso y arrastrando mi bolso fui a ensayar. Me gustaba ensayar en la academia los sábados, no había profesores ni estudiantes corriendo de un lado para el otro, solo unos cuantos fanáticos del canto, música y el baile practicando muy lejos el uno del otro.

Aquel salón contaba con una pequeña bodega que servía para guardar instrumentos musicales pequeños desde Violines hasta Cellos, algunos de viento, atriles, partituras y micrófonos; afuera en un rincón se encontraba un hermoso piano de cola junto a una batería. Mis mejillas se colorearon instantáneamente al ver a Edward sentado en el banquillo con esa sonrisa de niño travieso que me encantaba.

-Llega tarde a su práctica señorita Swan- dijo él levantándose del banquillo.

-Esta es una práctica privada señor Cullen, usted no debería estar aquí- le dije siguiéndole el juego.

Edward se acercó a mi quedando a una corta distancia de mis labios, me tomó por sorpresa de la cintura y me atrajo hacia él, su olor y su calor eran embriagantes, sus ojos eran más profundos que nunca, ya sentía que me estaba derritiendo como mantequilla por su contacto, solo quería que me besara y que dejara de torturarme de esa manera.

-Hoy seré su músico personal señorita Swan- me susurró al oído haciendo que todo mi cuerpo temblara.

-Debo cambiarme, tienes que salir un momento- dije conteniendo las ganas de enredar mis dedos en sus broncíneos cabellos.

-¿estás segura que quieres que me vaya?- preguntó él.

¡Maldición!, ya entendía el plan de Alice, por eso me había obligado a usar mi vestido negro de prácticas con las medias blancas y los jeans con un sweater encima de aquello.

Me deshice de su agarre y fui a un rincón alejado a despojarme de las prendas que me molestarían al practicar sintiendo su mirada sobre mí, dejé mis jeans y el sweater ordenados sobre mi bolso y me dispuse a cambiar las converse por las zapatillas de Ballet que me había regalado Rosalie, traté de ser lo más rápida posible ya que la mirada de Edward empezaba a incomodarme, cuando hube terminado amarré mi cabello en una coleta con una banda elástica que traía en mi muñeca.

-Ya estoy lista Cullen, que empiece la practica- dije avanzando hacia él.

-Falta algo Swan- expuso él acortando la distancia que nos separaba y de un tirón me sacó la banda elástica que traía en el cabello dejándolo suelto cayendo sobre mis hombros.

-Me gusta cuando tu cabello baila contigo- explicó ante mi cara de desconcertada dándome un corto beso en los labios que me dejó con gusto a poco para luego alejarse para tocar algo en el piano.

Apenas escuché las notas que tocaba Edward supe de inmediato como se llamaba aquella sinfonía.

-¿Claro de luna?- pregunté mientras ejercitaba unos pasos técnicos.

-No te distraigas Bella, falta una semana para tu certamen, debes concentrarte- dijo Edward sin dejar de tocar.

Me abrumó la veracidad de sus palabras, una semana y mi futuro ya estaría grabado en piedra, una semana definiría si seguiría siendo la chica mediocre de pueblo pequeño o la chica de pueblo pequeño que fue a triunfar a Europa, en caso de que me quedara podría ver a Edward pero mis sueños se irían al tacho de la basura, y en caso de que me quedara lo que se iría a la basura seria mi corazón.

¿Que me dolería menos?, ¿dejar a Edward o dejar mi sueño?, ¿seria capaz de dejar el Ballet por Edward?, ¿y a Edward por el Ballet?, en este caso era todo o nada, pero yo lo quería todo, quería bailar para él porque si no mi baile carecía de pasión, sus ojos eran la chispa que encendía mi corazón y lo que me permitía bailar con el alma, con el Ballet me sentía fuerte, y con Edward me sentía amada.

No me di cuenta que el sonido del piano había cesado, Edward me sujetaba por la cintura y hundía su nariz en mi cuello aspirando mi aroma, unas traicioneras lagrimas caían por mi rostro y el pareció darse cuenta.

-¿Qué pasa amor?, te has quedado parada sin hacer nada- acotó mi Edward volteándome para poder ver mi rostro.

-Nada Edward, solo que todo está muy cerca y estoy nerviosa- dije escondiendo mi rostro en su pecho.

-Dejemos la práctica por hoy, vamos a divertirnos- dijo mientras acariciaba mi cabello.

-y a dónde iremos?- dije un poco más animada al escucharlo a él derrochando entusiasmo.

-Jasper llevó hace algunos días a Alice a una feria en Port Ángeles, seria buena idea que fuéramos pero alguien debe espantar a tu perro guardián- dijo Edward riendo.

Duende loca nuevamente había acertado con sus planes, Jacob no estaba, pensaba que estaría en casa de Rose arreglando el vestido y no se aparecería en un buen rato ya que estaba seguro de que Alice me iría a dejar a mi casa, además debe estar muy entretenido caminando por la playa con Leah.

-Jacob no está, pero para que no sospeche vamos solo por un rato, debo estar con Alice en mi casa al atardecer, tu hermana le hizo creer que iríamos a arreglar mi vestido a casa de Rose- le dije tan feliz como una niña en navidad.

Edward soltó una sonora carcajada y me dejó sola para que pudiera cambiarme, lo hice rápido para pasar cada segundo en su compañía, cuando salí él estaba junto a Jasper y Alice, quienes irían con nosotros por si surgían inconvenientes llamados "Tanya Denali" o "papá policía que sale a verificar la calma de la ciudad".

Yo fui junto con Alice en su coche y Edward iba en el Volvo con Jasper, una vez llegamos a la feria la parejita cursi se apartó de nosotros y fueron a marearse a las tacitas giratorias, mientras que con Edward caminábamos de la mano dándole de comer algodón de azúcar al otro y riéndonos como dos chiquillos cuando el otro quedaba con la cara llena de algodón.

Llegamos a un juego de tiro con dardos, los premios iban desde chocolates hasta peluches demasiado hermosos, le propuse a Edward que intentara ganar un peluche para mí y que si no ganaba su camisa terminaría como la de Jasper.

Eran tres tiros por un dólar, en el primer intento Edward tiró el dardo un poco alejado del blanco por lo que no gano nada, en el segundo intento el dardo llegó un poco más cerca y ganó un chocolate.

-Es mi último tiro, deséame suerte- dijo él.

-Suerte- dije yo tratando de sonar aburrida para fastidiarlo.

-Con ese apoyo el dardo no llegará muy lejos- expresó Edward tratando de sonar apenado.

-si quieres apoyo, apoyo tendrás- le dije y acto seguido lo agarré de la chaqueta y estampé un beso en sus labios.

-Te dije que me apoyaras, no que me desconcentraras- dijo simulando un regaño.

Edward tiró el dardo rápidamente y sin poder creerlo vio que había dado en el blanco, el dueño le entregó un peluche con forma de león, el cual me entregó no sin antes robarme un beso argumentando "que tenía que pagar para recibir el premio".

Yo también quise intentarlo, pagué los tres tiros por un dólar y sin mirar tiré los tres dardos a la vez, conociendo mi torpeza sabía que si miraba era seguro que no le diera al blanco, temerosa de mi resultado abrí un solo ojo para encontrarme con la sorpresa de que los tres dardos habían dado en el blanco, por lo que me correspondían tres peluches, elegí una felpuda oveja que le regalé a Edward y dos gatitos blancos para Alice y Jasper quienes seguían mareándose en las tacitas giratorias.

Tantas risas habían terminado por agotarme, nunca me había divertido tanto en mi vida, y todo se debía a que estaba en compañía de Edward, no me iba a amargar por el momento, iba a disfrutar cada momento junto a él.

Nos sentamos en unas bancas mientras comíamos una manzana acaramelada cada uno, sus labios se veían realmente deliciosos manchados con caramelo, mis miradas no pasaron desapercibidas para él, tomó su ovejita y empezó a moverla como si esta caminara.

-¿el león se ha enamorado de esta pequeña ovejita?- dijo Edward haciendo voces infantiles mientras movía la oveja.

-Si, el león se enamoró de la oveja- dije haciendo voces como él.

-Que oveja más estúpida- respondió Edward riendo.

-Y que león tan morboso y masoquista- completé yo.

Pasamos todo el día entre juegos, risas, hamburguesas, mas manzanas acarameladas y competencias para ver que tacita giraba mas, la pobre de Alice ya no podía ni caminar bien, se encontraba tan mareada que parecía que no podría conducir, es por eso que Jasper tuvo que llevarme a mi casa para evitar que alguien me viera llegar con Edward, afortunadamente nadie había llegado aun así que me evité un buen regaño.

A la hora después llegó Jacob a mi casa con una cara de bobo, suspirando cada cinco minutos y hablando de Leah Clearwater todo el tiempo.

-Y ese peluche, ¿te lo dio la Barbie operada?- dijo Jake recogiendo al pequeño león que estaba en mi sofá.

-No te refieras a Rosalie de esa manera, y no me lo dio ella- dije sonrojada al recordar el día con Edward.

-¿Entonces quien?- pregunto Jacob dejando el peluche donde estaba.

-Edward- respondí yo sin reparar en su reacción.

-¡Pero tú no debías ver a ese tipo!, ¡Charlie te lo tiene prohibido!, tendré que decirle que lo viste, no voy a callarme algo así. Exclamó Jacob bastante enojado.

-Entonces Charlie sabrá que no me vigilaste como debías y que te fuiste a La Push a visitar a Leah- argumenté incomodándolo.

-Está bien malvada, pero después no llores cuando estés en el aeropuerto despidiéndote del niño bonito de Forks- dijo Jake haciendo que sus palabras removieran toda la felicidad que Edward me había dado en el día.

En el fondo tenía razón, iba a perder algo muy importante luego de ese certamen, pero no me importaba, "veneno que no mata me hace más fuerte" me repetía internamente una y otra vez, así que nada de amarguras por hoy, disfrutaría de los pocos días que tenia con mis amores, Edward y el Ballet

Me fui a la cama temprano y sin cenar porque nada podía pasar por mi garganta y además que tantos caramelos me habían dejado satisfecha e imposibilitada de comer algo, cuando desperté un caprichoso día domingo me saludaba por la ventana, a ratos salían rayos de sol por entre las nubes e iluminaban un poco aquel oscuro y húmedo pueblo. La academia se encontraba cerrada, mi padre pescando, Jacob con su nueva amiga y Alice enferma en cama producto de haber vomitado toda la noche algodón de azúcar.

Tenía la excusa perfecta para pasarme por la casa de los Cullen, mi mejor amiga en el mundo estaba enferma, debía ir a visitarla, aunque fuera la hija de un medico de todas formas estaba enferma y necesitaba de una mano amiga que estuviera con ella en ese momento, el único inconveniente es que la casa de los Cullen quedaba un poquito alejada y mi vieja camioneta no era más que chatarra vieja que estaba en pleno proceso de oxidación en mi patio, convenientemente para mi, en vista de que los hale estaban muy ocupados con las cosas de la academia y Emmet estaba ayudando a su novia, el único que podía llevarme con Alice era Edward Cullen, se chico al que tenía prohibido ver, así que como quien no quiere la cosa marqué su número, le conté mi gran dilema y en menos de diez minutos ya estaba besando sus dulces labios mientras me abrochaba el cinturón de seguridad.