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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fans para fans.
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Guerreras Mágicas: La nueva historia.
Visitando a la Familia
La mañana despuntó en Céfiro tan radiante como siempre desde hacía ya sesenta años.
Anais se encontraba en un lugar tan etéreo como desconocido, sólo podía ver nubes rodeándola y ella caminaba sobre ellas, el viento soplaba suave pero decididamente, parecía empujarla gentilmente hacia adelante, Anais comenzó a caminar hacia dónde el viento le llevaba, de pronto las nubes frente a ella se disiparon y pudo ver un claro, un claro hecho de nubes, se paró en el centro de esta pequeña plaza celeste y… sólo silencio y polvo de estrellas…
De pronto, una voz la asustó por lo inesperado de su resonar, pero la voz era cálida y etérea, aun así firme y majestuosa, como si el viento mismo le hablara.
"Mi niña, has regresado, después de sólo un suspiro en el tiempo"
Anais miró hacia todas direcciones, pero no encontró la fuente de esa voz. Hubo más silencio pero aun en la soledad Anais no sintió miedo, después de unos segundos se atrevió a preguntar.
"¿Quién eres?"
"¿Tan rápido te has olvidado de mí? ¿Acaso no reconoces mi voz? ¿No reconoce tu corazón mi llamado?"
Anais se quedó atónita ante la respuesta, que en realidad eran sólo preguntas. Pero algo… algo en su interior le decía que tenía la respuesta a esas preguntas, dentro del corazón, estaban ahí, queriendo salir de golpe, pero no podía alcanzarlas, ella sabía, algo le decía que ella sabía, pero su mente no daba respuesta alguna a sus deseos de recordar, estaba bloqueada.
"Yo no te he olvidado, nunca lo haré, siempre estaré aquí para ti, en el bien, así como también lo estuve en el mal"
"Quisiera recordarte…" – un susurro salió de su boca involuntariamente, una opresión en el corazón, que se dolía al no poder recordar a ese alguien con quien podía sentir tenía una conexión muy fuerte.
"Lo harás. Somos uno…"
El viento entonces comenzó a soplar velozmente y las nubes fueron arrastradas como en una aspiradora, polvo luminiscente se levantó y el viento revolvió salvajemente los cabellos ahora largos de Anais y le nubló la visión. Ella trató de agarrar sus ropas y cabello para intentar ver que sucedía a su alrededor pero le era imposible controlarlos.
Unos suaves golpes a la puerta sacaron a la rubia de esa tempestuosa fantasía.
"Señorita Melisa, ¿está usted despierta?" –escuchó al otro lado de la puerta.
Anais miró a su alrededor aturdida.
"Fue sólo un sueño…"
"¿Señorita Melisa?"
"Sí señor, ya desperté"
"El desayuno está listo, la caravana partirá en 2 horas, será mejor que se aliste"
"Sí, ahora voy, muchas gracias"
"La esperamos"
Enzo se retiró de la puerta y Anais se quedó un momento más sentada en la cama.
"Sólo un sueño" –afirmó con determinación y finalmente se puso de pie, se quitó la camiseta que traía puesta y comenzó a vestirse. En menos de 15 minutos estaba lista.
Tomó sus cosas y salió de la habitación, luciendo por primera vez bastante femenina a los ojos de los hombres de la casa.
"Buenos días" –saludó
"Buenos días" –respondieron ambos hombres.
Al mirarle se quedaron maravillados con la belleza de la chica, ahora sí lucia más como una mujer debía lucir a sus ojos.
"Se ve usted radiante" –el mayor le hizo un cumplido.
Colt sólo se quedó mirando, no sabía qué decir, ni siquiera sabía si debía decir algo.
"Gracias" –fue su única respuesta.
"Siéntese" –le dijo Enzo sacando una silla de la mesa.
Anais tomó asiento y Enzo comenzó a servir.
"¿No piensas ayudarme Colt?" – le dijo mirándolo con una sonrisa, sabía que su alumno se había quedado sin palabras ni conciencia. El chico reaccionó y se puso colorado al ver la mirada divertida que le dirigía su maestro, comenzando a ayudarle a Enzo con la cabeza baja.
Los tres se sentaron a desayunar en silencio, no sin antes los hombres agradecer a sus deidades, a Anais le recorrió un frio helado el cuerpo, el simple hecho de saber que esas plegarias eran dirigidas también a ella, la hizo sentir bastante rara.
"Yo siempre me he dicho a mi misma que soy una Diosa cuando estoy frente al espejo, pero de eso a esto…" –pensó algo divertida.
Terminado el desayuno se levantaron y recogieron la mesa, para llevar a la chica a tomar la caravana.
"Vamos, la llevaré con el cortejo para presentarla y se vaya acomodando. Tome."
Enzo entregó una bolsa a Anais con víveres para el camino.
"¿Qué es esto?"
"Es comida para el camino"
"Muchas gracias"
Salieron de la casa y Anais pudo ver mucha agitación en el pueblo, gente yendo de aquí para allá, todo un alboroto. Pasaron entre la multitud hasta una carreta grande y adornada con arcos de flores, alrededor y también sobre ella, se encontraban muchas jovencitas quienes portaban sencillos vestidos blancos.
Enzo se acercó a una mujer que aparentaba tener unos 35 años quien dirigía todo con las chicas.
"Buen día Driada"
"Buen día Enzo "
"Mire, esta es la chica de quien le hablé, Melisa"
"Mucho gusto señora" –se apresuró a responder Anais.
"Vaya que sí es bonita. Mucho gusto preciosa, mi nombre es Driada, se bienvenida a Céfiro"
"Muchas gracias"
"Bueno señora Dríada la dejo en sus manos"
Enzo se acercó a Anais y tomando sus manos le dijo -"Bien hija mía, te deseo buen viaje, me gustaría ayudarte más"
"Ya ha hecho bastante señor, y se lo agradezco mucho, de verdad"
"No hay de que, en verdad deseo que encuentres lo que estás buscando en este camino"
"Así lo haré, muchas gracias"
Enzo soltó sus manos e hizo una señal a Colt para que este subiera las maletas de la chica a la carreta.
Luego ayudó a Anais a subir. Colt se dio media vuelta y se fue a parar a un lado de su maestro quien estaba a sólo un metro de distancia de la carreta.
"¿Usted no va este año al festival señor Enzo?" – preguntó la señora Dríada
"Sí lo hare pero partiré mañana por la tarde con la caravana que llegará al pueblo. Después de todo ¡siempre es útil un medico! tal vez los alcancemos"
"Espero, siempre es un placer platicar con usted"
"Muchas gracias. Le encargo mucho a la joven Melisa, como le comenté no es muy social que digamos y no habla mucho de sus asuntos, pero es buena chica" –le susurró acercándose a la señora.
"No se preocupe, como usted ya me había comentado de su carácter misterioso y reservado, he aconsejado a todas las chicas que no la molesten, puede estar seguro que será un viaje tranquilo para nuestra linda extranjera"
"Es muy considerado de su parte, muchas gracias"
"¡A partir!" –se escuchó al frente.
"Bueno señor Enzo le deseo buen viaje, nos veremos en la ciudad blanca"
"Buen viaje"
La señora subió a las chicas faltantes y ella misma también, y quienes estaban delante de la caravana comenzaron a moverse. Enzo retrocedió y dejó paso a para la caravana.
"Colt –dijo Anais desde la carreta, y este volteó a mirar sorprendido –muchas gracias a ti también, gracias por todo, a los dos"
Enzo se despidió con la mano y Colt igual, Anais hizo lo mismo y en ese momento la carreta comenzó a moverse. Pronto la imagen de la chica se perdió entre la multitud que avanzaba tras de su carreta.
Colt sonrió, ese único gesto de amabilidad de Anais lo hizo ver que Enzo tenía razón, ella no era una mala persona.
Bosque de EdenHall…
Marina despertaba en el bosque junto a lo que sería otro sueño en la realidad, pues un rostro muy apuesto la observaba abrir sus ojos.
"Buenos días ¿ha dormido bien?"
"Sí Dannan, gracias. ¿Y tú?"
"Sí mi bella doncella, gracias por preguntar. Mire, he traído unos frutos para desayunar"
"Que considerado, muchas gracias"
Marina se incorporó y se acercó donde Dannan a comer.
…
Lucy había despertado ya y había reanudado el viaje apenas hacía sólo unos pocos minutos.
Castillo 7 Torres…
Mientras tanto en el castillo, una alegre y pequeña bienvenida tenía lugar.
Ráfaga, Caldina y compañía recién llegaban al castillo y eran recibidos por el segundo general al mando de la armada, quien era por cierto, el joven bisnieto de Ráfaga, él estaba a cargo de proteger todo el castillo y a la princesa en ausencia de su majestad el príncipe, quien siempre viajaba con el primer general: Vanagon de Arstam.
"Coleo hijo ¿cómo estás? ¡Que gusto verte! – Ráfaga abrazó a su bisnieto quien sentía un gran orgullo por su abuelo.
"Muy bien General, gracias. Y el gusto es todo mío"
"Ya no soy un General, estoy retirado" –le sonrió con cariño.
"Para mí siempre serás el General" – le dijo afectuosamente.
Una mujer le saltó al joven encima.
"¡Abuela!" -le abrazó igual de contento.
Este joven segundo General no era el único en unirse a la bienvenida, de la puerta del castillo, salió una figura solemne.
"Bienvenido seas antiguo Gran General"
"¡Gurú Clef!" – Ráfaga se aproximó a saludarlo.
Después de una reverencia, Ráfaga le dio un sereno abraso, después, una muy efusiva Caldina le cayó encima con un fuerte abrazo, y por obra de Dios y gracias a la nueva (o no tan nueva) apariencia de Clef no lo derribó. Y es que ahora el gran Gurú, no teniendo más la obligación de mantener la apariencia de un niño, para evitar tentaciones románticas al pilar, había cambiado. Antes era el protocolo. Ahora libre de todo eso, había después de la reconstrucción de Nuevo Céfiro, cambiado su apariencia a una más adulta. Sobre todo cuando el príncipe no dejaba de intentar ignorarlo como a un niño chiquito cuando tenía esa apariencia. Era tiempo de "crecer" y así lo había hecho. De verdad, después de su cambio había muchas chicas que podrían haberse ido al infierno por atreverse a mirar con otros ojos al sagrado Gurú, pero ¿cómo evitarlo?
"Caldina, aunque no lo creas ya extrañaba tus efusivas reacciones" –le dijo Clef recordando viejos tiempos, cuando la bailarina vivía en palacio, dándole los sustos de su vida cada que llegaba gritando a la habitación. Nunca pensó que extrañaría eso.
"Maestro" – saludó Ascot a Clef.
"¿Ascot? –Preguntó Clef sorprendido – ¡Ascot! hace años que no te veía. ¿Cómo has estado?"
"Muy bien, gracias, es un gusto verte de nuevo"
"Gran Gurú" –saludó Sundra con una reverencia.
"Sundra, un placer verte después de tanto tiempo. De seguro quieren acomodarse para refrescarse un poco, síganme por favor, yo mismo los acompaño" –dijo dirigiéndose a todos ésta vez.
No era tarea del Gran Gurú acomodar a los huéspedes, para eso estaba la servidumbre y los mayordomos del castillo, pero esta vez no se trataba de sólo visitas, se trataba de... la familia.
"¿Y la princesa?" –preguntó Caldina extrañada de que la señora del castillo no hubiera venido a recibirlos.
"No la he visto en lo que va de la mañana –contestó Clef un tanto intrigado –pero sin duda que en cuanto se desocupe de sus deberes vendrá a recibirles"
Después de dejar a sus visitas en sus respectivas habitaciones, se retiró para que se acomodaran y se alistaran para el desayuno.
Caminaba por los pasillos hacia la habitación de su majestad la princesa, y al llegar vio a Inowe saliendo con cautela de la habitación.
"Inowe, ¿su alteza se encuentra bien?"
"Mi señor –bajó su cabeza en reverencia, y la mantuvo baja en señal de respeto –mi señora está durmiendo"
"Habrá que despertarla, ya es hora del desayuno"
"Mi señor me temo que no sería buena idea"
"¿Por qué?" –preguntó preocupado.
"Me temo mi señor, que no pasó buena noche y no concilió el sueño sino hasta hace sólo dos horas. Lo sé porque pasé con ella toda la noche"
"¿Por qué razón su alteza no pudo descansar?"-preguntó.
"Parecía tener recurrentes pesadillas que le impedían descansar, despertaba muy agitada y tardaba en recobrar el sueño. La note nerviosa y tensa"
Clef se mantuvo en silencio cavilando el asunto, de pronto reparó en el aspecto de la pobre mujer frente a él, quien tenía unas ojeras de campeonato. Era muy fiel a su señora.
"Muy bien, ve a descansar también"
"Pero…"
"Anda Inowe, cuando su majestad despierte deberás estar descansada también para lo que se le ofrezca, ve a dormir y no te preocupes por nada."
"Gracias su eminencia" este hombre es un santo – pensó agradecida Inowe. Curioso, a veces Clef le parecía una malvada aparición y otras veces todo un santo bajado del cielo.
Inowe se retiró y Clef permaneció meditativo
¿Qué podría estar alterando tanto a su alteza?... quizá es la carga de trabajo que ha tenido en estos días – pensó.
Se retiró rumbo al salón comedor para desayunar con sus recién llegados amigos, sin embargo no dejó de intrigarle el asunto.
Pronto estuvieron todos reunidos en el comedor al cabo de unos diez minutos. Departían en la mesa con gran placer de estar juntos de nuevo. En Mundo Místico se dice que en tiempos difíciles es cuando se conocen a los amigos de verdad, y Clef había tenido oportunidad de comprobar eso, cuando su amado planeta estuvo al borde de la destrucción, esta gente que estaba sentada a la mesa con él, había demostrado su calidad humana y su valentina peleando con fiereza y determinación por su amado mundo y pueblo, incluso una bella y simpática extranjera de pelo rosado, que bien pudo huir a su natal Cizeta a buscar resguardo, pero no lo hizo, se quedó y peleó con el corazón.
Clef no tenía más familia que esa. La familia no siempre es la que te da la sangre, sino la que te encuentras en la vida. Y para el solitario hechicero, ellos eran la única familia que conocía.
Después de desayunar, Caldina anunció que quería ver antes que nadie la decoración, pues quería vestir a tono, secundada por una emocionada Sundra, y finalmente Ascot y Ráfaga también decidieron que les gustaría ver, así que Clef los acompañó a recorrer el castillo.
Ala por ala, el castillo estaba adornado rica y majestuosamente. Y aunque el dorado predominaba, los colores oficiales de esa orgullosa nación se dejaban ver en los más importantes adornos del castillo, Azul, Rojo y Verde.
"¡Ay es una belleza! –exclamó Caldina –aunque claro, yo debí estar aquí para darle mi toque jajaja"
"Hubieras venido antes y nos habrías ayudado –le dijo Clef sonriente –fue un gran trabajo y tu ayuda no nos habría caído nada mal"
"Vendré el próximo año a ayudar –prometió –Ya escuchaste amor, tenemos que venir con un mes de anticipación"
Una nube gris se posó sobre el pobre Ráfaga, si el cofre de ropa de Caldina para unos días había estado tan pesado, la ropa de Caldina para un mes sería… no quería ni imaginarlo. Querría cargar con la casa completa de seguro.
"Y a todo esto ¿dónde está el flojonaso de Paris que no ha venido a recibirnos?"
Es verdad, nadie había preguntado por el príncipe.
"Caldina –dijo Clef con una venita y su mejor despliegue de paciencia –Su majestad está en un viaje de estado, pero, estoy seguro que volverá a tiempo para la celebración"
"Viaje de estado, eh?, quién diría que ese bueno para nada trotamundos se convertiría en un soberano tan responsable jajajaja, de seguro que hará paradas para divertirse de pueblo en pueblo jajajaja"
A todos les corrió una gotita de sudor acompañada de una risa nerviosa, pues la vena del jefe Gurú, tan amante de la buenas formas, crecía.
"Caldina… –Dijo Clef a punto de darle un bastonazo, pero mejor se relajó, con Caldina no había remedio–. Bien, supongo que nunca vas a cambiar… Supongo que eso está bien –dijo esta vez con su más sincera sonrisa.
A Caldina le sorprendió ese gesto, pero devolvió pronto una cálida sonrisa, entonces Caldina se le quedó viendo un rato y suspiró.
"¿Qué pasa?" –preguntó Clef
"Nada, sólo recordaba viejos tiempos –miró entonces los adornos, esos colores… -Cada año están ahí, pero sus portadoras nunca volvieron" –Dijo refiriéndose a los tres colores que no faltaban cada año en los estandartes.
"Es verdad –dijo esta vez Ráfaga –muchas veces me he preguntado qué sería de sus vidas" –comentó tranquilo.
"¿Quienes?" –preguntó Sundra, a lo cual Caldina rápidamente la distrajo y envió a ver un hermoso centro de mesa que estaba en un rincón y la chica corrió fascinada a verlo.
"¿Sus celos aún viven?" –preguntó Clef suponiendo el porqué de la acción de Caldina.
"Así es. Personalmente creo que le teme al hecho de que Marina no es una mujer de carne y hueso a quien pueda confrontar, es sólo un fantasma que vive en el corazón de nuestro querido muchacho –dijo Caldina revolviendo el pelo de Ascot -¿Cómo pelear contra algo que no puedes ver ni tocar? Yo soy una mujer y sé de esas cosas –dijo orgullosa Caldina.
Los tres la miraron y no pudieron evitar darle la razón, después de todo, una mujer sí sabía más de esas cosas. Además como ella era de Cizeta, ella sabía mejor de las reacciones de sus mujeres.
"Volviendo al tema –dijo Caldina volteando a mirar el salón de nuevo –Es un hermoso salón, mucho mejor que el anterior"
En efecto el nuevo salón del trono del castillo Nimbradhel, o Siete Torres como lo llamaba su gente, era mucho más grande y majestuoso, en el no sólo descansaban los tres tronos de oro, sino que era en el donde se realizaban los bailes de la corte. Era suntuoso, todo el nuevo castillo lo era.
Había tres tronos, pero uno de ellos era ocupado por el Gran Jefe Gurú, pues no había un heredero quien se sentara ahí. El jefe Gurú era muy importante en rango, y su lugar era justo junto a los soberanos, pero de haber un heredero, habría cuatro tronos y no sólo tres. Esa sala del trono lograba poner nostálgica a la princesa Melian. El ver un trono vacio… mejor dicho, inexistente…
"Recuerdo cuando esas niñas paseaban por los corredores del antiguo castillo, pensativas, en verdad que se preocupaban por nosotros. En aquel entonces Tú eras sólo un enanito cascarrabias con muy poca paciencia y aunque no has cambiado casi en nada en tu carácter, al menos tu estatura sí lo hizo, es un cambio jajaja"
"Caldina…" –esa mujerrrrrrr…
"Además no sólo creciste, te has puesto muy guapo, estoy segura que no pasarías desapercibido para Marina jajajaja, para ninguna mujer, si hasta es pecado que estés prohibido al público femenino ¡aaa jajajaja!"
"¡Amor por favor! no le faltes al respeto a Gurú Clef"
"¿Y desde cuándo es malo decir la verdad?, ¡si se ha puesto muy guapo! jajajaja, si yo no estuviera ya casada jajaja"
Clef ahora no estaba molesto, estaba a punto de ponerse rojo, color quemadura de sol playero.
"Ejem, bueno, basta de charlas vanas, pasemos a la cocina, para que Caldina le dé su visto bueno al menú de la celebración" –dijo Clef adelantándose muy serio, aunque en realidad, iba huyendo de la palabras de la bailarina.
"¡Cadina!" –reprendió Ascot en voz baja.
"Vamos, vamos, hace falta que alguien le dé un piropo al chico, nadie lo mira como otra cosa que el jefe Gurú"
"Pues así debe ser" –declaro Ráfaga.
"Vamos Ráfaga, ¿qué harías tú sin mí en tu vida por muy general que fueras? los humanos necesitamos amor y necesitamos oír cosas bonitas sobre nuestra persona, y ese gurú no es la excepción"
"No... tiene remedio…" –dijo Ascot. Nada de lo que dijeran o hicieran podría jamás callarle la boca a la bailarina.
Ante esa verdad, los tres dejaron el salón y se dirigieron la cocina.
Caldina no había mentido, Clef en verdad que se había puesto muy guapo. Había crecido, si bien no era tan alto como Ráfaga o Latis, tampoco era de baja estatura. Su cabello aunque presentaba el mismo corte, ahora estaba más largo, la parte trasera le llegaba casi a media espalda, las facciones de niño habían dado paso a las aun refinadas facciones de un muy guapo joven de 20 años. De complexión si bien no musculosa sí fuerte y firme. Aun usaba el color blanco en sus atuendos, pero en algunas fiestas y ceremonias, se le veía vistiendo con colores azul marino, gris oxford, negro o violeta, resaltando más aún su gallardía. En verdad era todo un pecado que ese hombre fuera prohibido…
Luego de un rato revisando, Cadina había dado su visto bueno al menú y Clef vio que era la hora de cumplir con ciertos compromisos.
"Chicos ya les he mostrado la mayoría de salones que se usarán, si desean ver la decoración del resto del castillo háganlo con libertad. Los dejo en su casa, ya conocen bien el lugar, les ruego me perdonen, yo tengo que retirarme a hacer algunas cosas, pueden quedarse en la cocina a tomar algunos postres."
"Muchas gracias por el recorrido Gran Gurú" –dijo Ráfaga amablemente.
"No hay de que, es siempre bueno pasar tiempo con la familia"
Todos le sonrieron y Clef después de despedirse dejó la amplia cocina.
Caravana de Miura…
Ya era más del medio día y la caravana en la que había viajado Anais había recién parado a descansar, todo mundo compartía el agua y el pan.
Anais había recibido su ración y se había apartado un poco de su grupo para comer.
Desde su rincón bajo un árbol veía como la gente iba y venía compartiendo agua y comida, todos reían, parecían muy felices, algo que nunca había visto en sus dos antiguas estancias en Céfiro. Ahora todo era felicidad y prosperidad.
Después de un rato se reanudó el viaje y Anais emprendió con la gente el recorrido, ella preferiría tomar un autobús o un avión, lo que la llevara más rápido al castillo, pero no tenía más opción que esperar. Pero las horas o días que le tomara llegar, le parecerían una eternidad.
Mientras tanto en Autosam…
Latis platicaba con un hombre apuesto que lucía mayor que él.
"Bien, entonces parten mañana para Céfiro ¿no?, les deseo buen viaje"
"Gracias hijo ¿seguro que no quieres venir?"
"Seguro padre, tengo muchas cosas que hacer con la boda de tu nieta, tal vez el próximo año. Pero recuerda que tú y mamá tienen sólo un mes y medio para estar allá en Cefiro, están comprometidos a estar presentes en la boda"
"No faltaremos hijo, sólo estaremos unos días nada más"
Así es, el hombre mayor era el hijo de Latis, escena más bizarra no se podía encontrar, sin embargo teniendo un padre cefiriano, era más que posible para el joven Águila que acabara luciendo mayor que papá.
Era el único hijo de Latis, ya que debido a la contaminación excesiva que hubo hacía mucho tiempo en Autosam, los gases y desechos tóxicos que habían plagado el ambiente habían causado en muchas mujeres y hombres una condición de esterilidad irreversible, diezmando en gran medida la población de Autosam, que apenas ahora con las nuevas generaciones comenzaba a recuperarse, y Pacifica quien había vivido aquellas épocas no había escapado a ese cruel destino. Tardó más de diez años y varios abortos para lograr concebir al pequeño Águila, fue un embarazo de alto riesgo, ella estuvo prácticamente en cama los ocho meses de duración, y el parto tuvo fuertes complicaciones, las paredes del útero ya estaban débiles y dañadas, y el pequeño había nacido prematuro, casi mueren él y la madre, fue un milagro que hubieran sobrevivido. Pero teniendo una matriz debilitada por abortos anteriores y diezmada su resistencia por los tóxicos que inhalara a diario años atrás, se había desgarrado al momento del nacimiento y los doctores habían tenido que extirpársela.
Y fue así como la pareja quedó condenada a tener solamente un hijo, sin embargo le dieron todo su amor, aunque Latis siempre se había quedado con el deseo de tener una niña, pero no por eso odiaría ni abandonaría a Pacifica.
Cuando nació el pequeño, era tan parecido a Águila, que ni a Latis ni a Pacifica les quedó duda del nombre que le pondrían, ya habían considerado llamarlo así por cariño a su amigo y hermano muerto, pero ahora que lo tenían enfrente no había duda. Tenía el color de pelo de la madre, mismo que el del finado Águila, pero los bellos ojos del color del padre, ese chiquillo era una mezcla perfecta de los tres: Latis, Águila y Pacifica. Cuando creció se convirtió en todo un galán, vaya si su madre pasó por las de Caín espantándole a la multitud de chicas que lo acosaban a muerte. Después cuando llegó a la edadcasadera, se casó con una bella chica que llenó todas las expectativas de Pacifica, pero más importante, las del joven Águila, y si bien el cielo no le dio a Latis la niña que tanto quería, su nuera le hizo el mejor regalo unos años más tarde cuando el segundo nieto resultó mujer. Latis parecía niño con juguete nuevo. Ahora esa niña era una toda una joven y bella mujer próxima a casarse y Latis por supuesto que estaría presente, después de todo, nada podía retenerlo en Cefiro más de unos días…
Caravana…
La caravana en la que viajaba Lucy iba tan animada como siempre. Lucy viajaba con tranquilidad pues Mirash y Zafira iban unos carros atrás con unas amigas que se habían encontrado en la nueva ciudad de Aure, y Opel obviamente la ignoraba por completo, mientras que la madre de las chicas conversaba con otras señoras, así que la joven pelirroja viaja al fin con algo de tranquilidad. Además, no estaba para oír el parloteo de Mirash, pues estaba más interesaba en sus propios pensamientos, y en especial, un sueño que había tenido la noche anterior tenía toda su atención.
Ella estaba en una cueva solitaria y casi en total oscuridad, sabía que era una cueva porque su voz resonaba en huecas paredes.
¿Hay alguien aquí?... ¿hola? – sólo el eco respondía – ¿dónde estoy? –Se pregunto a si misma
De pronto, todo se iluminó con una violenta llamarada que la rodeó prendiendo fuego a todo el lugar, y pronto se vio Lucy rodeada de ríos de lava, mientras sólo la elevada roca sobre la que se encontraba, la guarescía del candente y refulgente rio a sus pies.
"Lucy…" – una magnífica voz resonó en las paredes del lugar, Lucy pareció reconocerla, pero de momento la sorpresa le nubló la memoria.
"¿Quién eres?" –gritó desafiante y confundía.
"Soy aquel que ha vivido en tu corazón desde que llamaste a mi puerta para despertarme" – la magnífica voz habló con el portento de una enorme y poderosa creatura, al tiempo dos enormes ojos que brillaban como el fuego aparecieron a no mucha distancia de Lucy.
Lucy los miró sorprendida un momento, entonces, algo hizo click en su mente y corazón – Rayearth… -se le escapó en un susurro.
"Se bienvenida de nuevo, hija del planeta Luz" –para su sorpresa, había un sutil tono de alegría y beneplácito en la majestuosa voz.
"¡Rayearth eres tú!" –dijo Lucy esta vez con un jubilo que pese a sus resentimientos por Céfiro no podía evitar, un cálido sentimiento de alegría le desbordó el corazón, y no entendía el porqué, pero, era… como si volviese a encontrarse con alguien de su familia a quien no había visto hacía mucho, mucho tiempo. Tuvo el impulso de correr hacia él pero, la razón la detuvo, un paso más y caería en el rio de lava.
"¿Temes al elemento a tu servicio? Dudas de tu poder, o ¿es acaso que has comenzado a dudar de mí? ¿Crees que yo te dejaría caer sin sostenerte y protegerte bajo mi poder? Recuerda mis palabras, Siempre estaré para ti cuando me necesites, no lo olvides niña mía"
Niña mía… Rayearth nunca la había llamada así, desde un principio había sido el genio menos cariñoso de los tres, la había llamado con firmeza siempre por su nombre, y escuchar su voz con esa nueva calidez llamándola su niña, causó en Lucy tanto asombro como jubilo.
"Rayearth yo… -no pudo decir más, una repentina luz cegadora y una voz a la distancia la hizo salir de ese sueño.
"¡A levantarse todas!" – decía animadamente la señora mientras abría de golpe las pesadas cortinas de su cuarto en la posada, lo cual de primera mano había encandilado a Lucy, pues era la más cercana al ventanal. Se habían levantado, vestido, desayunado y alistado para partir, todo había pasado rápido para Lucy pues su mente no se despegaba del sueño que había tenido. ¿Sería verdad? sería que Rayearth la había visitado en sueños, o acaso tal vez… una mala broma de su subconciente por todas la emociones vividas por el regreso….
Y aun ahora en la carreta, pensaba en eso.
"¿Sería verdad?..." – se decía mentalmente.
Sintió entonces la necesidad de dirigirse al templo del fuego, pero eso… no tenía caso, quizá los genios dormían de nuevo, por lo que sabía, que no era mucho, ellos sólo despertaban en caso de peligro para Céfiro, así que una visita de "cortesía" tal vez no era la mejor de las ideas, seguro estaría dormido, además ella ya tenía un destino: El castillo, para buscar cómo regresar a casa.
¿Que si había ella misma intentado volver a casa por su fuerza de voluntad? Claro, todos estos días, y nada había resultado. Pero Rayearth quizá la podía ayudar, él era después de todo, un poderoso espíritu. Sin embargo… no estaba tan segura, ambos podían unir fuerzas para intentar ella volver a casa pero… decidió seguir con su primer plan, ir al castillo y si no encontraba solución, usaría el plan B: ir al templo del fuego.
Al menos el hecho de tener ahora un plan de apoyo por si fallaba el primero, la hacía sentir un poquitín más tranquila. Y a pesar de todo esto, la duda de si sería o no el mismísimo Rayearth quien la había visitado en sueños dándole la bienvenida, no la dejaba en paz.
"¡Qué bien –pensó en voz alta –ahora tengo una nueva preocupación!"
"¿Decías linda?" –volteó la señora a ver si todo estaba bien.
"¡Ah! Oh no, me decía algo a mí misma"
"Oh, ya veo"
Lucy ya no tuvo más tiempo para pensar pues una parvada de jovencitas, en total seis, incluyendo a Mirash y Zafira, subieron a la carreta y rodearon a Lucy.
"¡Ella es la chica de quien les hablé!" – dijo una muy animada Mirash.
Las jóvenes se presentaron ante Lucy y mientras que las amigas de Zafira se portaron educadas y prudentes las de Mirash la bombardearon con preguntas.
"¿De verdad te llamas como la Diosa?"
"Dice Mirash que eres rica, ¿eres hija de algún terrateniente?"
"¿Perteneces a la corte del castillo?"
"¿Porque tu cabello es rojo?"
Sí, no terminaban una pregunta cuando comenzaban otra. A Lucy sólo le corrió una gota de sudor frio por la espalda y suspiró, este sería… un muy largo viaje.
…
Y hablando de viajes largos, otra que ya llevaba tiempo recorriendo el camino era Marina, y no se puede decir que su compañero de viaje fuera exasperante como en el caso de la pobre Lucy, al contrario, en compañía del guapo Dannan, entre más largo fuera el camino, mejor…
Pero para tristeza de Marina, el viaje estaba por terminar.
"Mire –señaló Dannan –ahí está la salida, estamos a sólo unos 40 metros, debe estar feliz"
"Si mucho… ay no, ya se acabo... tan bien que lo estaba pasando en compañía de Dannan - pensó decepcionada Marina, ya casi se había olvidado de su prisa y objetivo… vaya que los seres mágicos causaban un algo, y este Dannan, ¡Ahh!, estaba para envolverlo y llevártelo a casa.
Pronto llegaron a la salida, y Dannan, como todo un caballero, ayudó a Marina a desmontar y le entregó el frasco con el elixir.
"Si se siente débil o cansada no dude y beba un poco, le ayudara mucho se lo aseguro"
"Muchas gracias"
"Lamento no poder llevarla más lejos, pero nosotros no nos mezclamos mucho con los humanos"
"Ya has hecho bastante, de verdad te lo agradezco"
El Khidar que llevaba a Marina se le acercó y afectuosamente pego su gran cabeza al rostro de la joven con suavidad para hacerle una caricia.
"Oh que lindo, sabes te voy a extrañar, aunque sólo convivimos un día"
"Los Khidar no salen mucho de sus bosques, lamento que ella tampoco pueda llevarla más lejos, pero – Dannan silbó y de la pradera un caballo normal de color negro y más pequeño que el Khidar apareció - Este amigo la llevará a dónde quiera" –le dijo Dannan sonriente.
"¡Vaya! Es asombroso, parece que todos los animales son tus amigos"
"Como debe ser, somos todos hijos de una misma madre naturaleza"
"Ah… sabes, en Japón es difícil ver caballos salvajes"
"¿En dónde?"
"En el lugar del cual provengo"
"Debe ser una pena"
"Y sí lo es"
Dannan cargó las cosas de Marina a lomos del caballo y volvió con ella.
"Bueno, aquí se separan nuestros caminos" –le dijo Marina.
"Le deseo buena suerte mi bella doncella" –dicho esto besó su mano.
"Súbete un poquito más – pensó Marina, pensando en su propia boca, había que admitirlo, era una chica traviesa en el fondo. Pero sin malicia, sólo pensaba en lo maravilloso que sería besar a chico tan guapo y atento en los labios. Suspiró internamente… -Muchas gracias por todo – para sorpresa del joven, Dannan se encontró rodeado por los brazos de Marina quien le dio un sincero y afectuoso abrazo de agradecimiento, al cual correspondió unos segundos después.
Ambos sonrieron, Dannan ayudó a Marina a subir al caballo y ahí se separaron sus caminos. Desde la distancia, Marina ondeó su mano despidiéndose de Dannan quien después de corresponder a la despedida, se perdió en el mágico bosque.
"Vaya que es muy agradable ¡y qué físico!" –claro, sin querer, en el abrazo se había dado cuenta de la firme complexión de Dannan, que si bien no era un tipo musculoso, ni mucho menos lleno de bolas, sí tenía una complexión firme, justo como le gustaban a ella.
Al menos ahora ella contaba con medio de transporte propio, sólo que… ¿cómo alimentaría al caballo?, se preguntaba.
"Bueno, siempre puedo llevarlo a pastar, me pregunto si habrá algo parecido a zanahorias silvestres en Cefiro… ¿te gustan las zanahorias amigo? –obviamente el caballo no hizo señal alguna, Marina sólo rió, de seguro el equino no las conocía.
Y hablando de equinos, una comitiva de soldados y carruajes reales se movilizaba a lomos de finísimos corceles con destino al castillo de Céfiro…
"No tardarán en comenzar a llegar más y más caravanas a la ciudad mi señor"
"Pues este año nos ha tocado ser una de tantas Aine. Mira que casi sentía que no llegaríamos a tiempo, con tanto compromiso que he tenido"
"Usted siempre está a tiempo, además no lo olvide, los principes nunca se retrasan mi señor, son los demás quienes llegan a destiempo"
Paris sólo rió ante la broma de su fiel sirviente.
Paris bajo la vista y miró la piedra mágica que servía de comunicador, pensando en avisar a su esposa que ya estaba cerca, pero pensó mejor en darle la sorpresa.
Después de dejar la ciudad de Aure por la tarde el día anterior, no habían descansado hasta caer la noche y habían descansado sólo parte de ella, pues habían reanudado el camino en plena madrugada para llegar lo más pronto posible. Estaría llegando al ocaso al castillo. La vida de un príncipe era parecida a la de una celebridad, detrás del oropel, se estaba siempre trabajando a la carrera.
Paris miró la piedra y un recuerdo enterrado hacía tanto tiempo salto a su mente. Esa piedra, esa… persona. Miró con infinita nostalgia la joya incrustada en el comunicador mágico, suspiró, cerró los ojos, apretó el puño encerrándola con fuerza y después la miró de nuevo. Sonrió con una mezcla de tristeza y felicidad, esa piedra entregada por su fallecida hermana le recordaba tantas cosas, a su familia, su hermana, a su actual esposa… y a la mujer que más había amado. Le traía gratos, así como también, tristes recuerdos.
Y pensar que la piedra gemela de esa que sostenía en su mano, ahora estaba en manos de otra mujer, y no en las manos de quien pensó la conservaría, estaba en las manos de una a quien aprendió a amar.
"¿Llamará a la princesa?" –Aine lo sacó de sus pensamientos.
"Oh no, creo… creo que le daré la sorpresa"
"Muy bien"
…
La tarde cayó en Céfiro y transcurrió serena como siempre, el sol siguió su curso hasta ponerse en el horizonte. El cielo de Céfiro ya se teñía de rojos y violetas, la noche caería pronto.
Y cuando el sol contorneaba ya sólo su mitad en la línea que divide al cielo de la tierra, recortada contra la tarde, la silueta de caballos y caballeros se vislumbraba en la entrada del castillo.
"¡El príncipe ha regresado!" –anunció la voz de un chambelán.
Cuando todos hubieron llegado a la entrada, Paris desmontó del caballo y fue recibido por el Segundo General, Coleo, nieto de Ráfaga, reportando este ninguna novedad en su ausencia. Paris entró en el castillo y se dirigió a sus aposentos para dar un beso a su mujer.
Pero en el camino, una morena hecha de fuego y alegría, le saltó encima por uno de los pasillos, casi tirándolo al suelo ya que no la esperaba.
"¡Paris, muchacho hasta que apareces!"
"¡¿Caldina?!"
"¡La misma que viste y calza! jajajaja"
"¡Paris!"
"Paris"
Ráfaga y Ascot salieron a su encuentro también. Y mientras ellos se saludaban, una doncella de palacio entraba en la gran biblioteca.
"Excelencia, el Príncipe ha regresado"
"Enseguida iré, gracias"
La doncella se fue y Clef cerró su libro, lo puso en propio sitio y se fue a recibir a Paris.
Después de saludar a sus amigos y ser recibido pasillos más adelante por Gurú Clef, a Paris le causó extrañeza no ver la cara de su esposa en primera fila para recibirlo como siempre.
"¿Gurú Clef dónde está Melian?"
"Ella estará aun durmiendo"
"¿Tomó una siesta por la tarde?"
"La tomó a penas por la mañana, no pudo dormir en toda la noche, según me dijo Inowe, tuvo pesadillas que no la dejaron descansar"
"¿Pero está bien?"
"Eso espero"
"Bien, me voy a cerciorar"
"Mantenme informado por favor"
"De acuerdo" –Paris se dirigió a sus aposentos y entró a su habitación.
Melian veía por la ventana de su habitación, como Paris tomaba el brazo de una mujer vestida con un largo vestido ondeante al viento, blanco inmaculado, que irradiaba una luz propia, toda la mujer lo hacía, como si la mujer fuera una visión celestial. No veía su rostro, sólo luz, pero podía distinguir una rubia cabellera. Paris acercaba su rostro al de ella, y parecía besarla, pues aunque la mujer carecía de facciones, era obvio lo que estaba pasando. Después del beso Paris tendía su brazo a la desconocida y ambos comenzaban a caminar hacia el horizonte, Melian gritaba desesperada el nombre de Paris, pero éste parecía no poder oírla, y sonreía como nunca lo había visto sonreír, y cada vez estaba más y más lejos en compañía de la extraña creatura femenina. Melian estiraba sus brazos en un intento de alcanzarlos desde su ventana, pero no podía, y en el intento de alcanzarlo, su impulso la arrojó fuera de su ventana, comenzando a caer al vacío desde lo alto del imponente castillo.
"¡NOOOO!" –gritó Melian en el sueño mientras caía hacia su fin.
Un beso la sacó de tan terrible destino. Ella despertó sin señales de sobresalto, pero con el corazón latiéndole a mil.
"Ya lleguó amor"
Lo primero que vio fue la cara de su sonriente esposo.
"¡Paris –Melian se echó a sus brazos y lo apretó con fuerza –que bueno que estás aquí!"
"¡Clama! –dijo Paris sonriendo afectuoso y muy sorprendido por el efusivo recibimiento –Amor sólo me fui por unos días. Parece que me extrañaste mucho"
"No tienes idea" –dijo ella ocultando su desesperación y miedo.
"Y bien mi princesa dormilona, ¿descansaste?"
"No mucho…"
"¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien Melian?" –inquirió preocupado, tomando el tema más en serio.
"Estoy bien sólo… sólo he tenido pesadillas, nada serio, de seguro es por tanto trabajo en esta semana"
"Debería haber más gente ayudándote" –sugirió Paris preocupado, pensando en asignar más gente al servicio de Melian.
"Pero si tú y el jefe gurú han puesto un ejército a mi servicio amor. No es nada, en serio"
"¿Segura?" –París no estaba muy convencido.
"Sí –sonrió – ¿Cómo te fue en tu viaje?"
"Muy bien gracias"
"¿Sólo eso?, vamos cuéntame a detalle como siempre"
"No, cuéntame tú, me interesas más tú, Inowe dice que has tenido pesadillas, ¿sobre qué?"
"No, nada importante ya te dije… cosas sin sentido, no podría explicarte pues nada es claro y como ya te dije, todo carece de sentido alguno"
Mentira. Sus sueños eran más que claros, y la noche anterior habían estado atormentándola, hasta que por fin esa mañana había logrado conciliar un sueño tranquilo. Durante toda esa mañana, gracias a los Dioses, sólo cosas normales y tranquilas había soñado… Hasta hacía sólo unos cuantos minutos antes de despertar, cuando había tenido la última pesadilla, donde caía desde su ventana. Pero en todas las pesadillas, había una cosa en común, y es que en todas ellas, de una forma o de otra, Paris terminaba alejándose de su vida, y en ese alejamiento, un fantasma femenino tenía mucho que ver.
"¿Segura?"
"Claro" –otra mentira, y una sonrisa falsa más para tranquilizar a su marido.
…
Y mientras la pareja real se regocijaba de su cercanía, Marina por su parte había viajado toda la tarde siguiendo las instrucciones de la gente del pueblo anterior hasta caer la noche y por fin llegaba a otra ciudad.
No era la única que se veía obligada a parar. Las otras dos también se veían obligadas a parar para pasar la noche en algún lugar de Cefiro para descansar.
