03:46 a.m
Realmente debo verme como un zombie n_ñ
Es triste que últimamente no disponga del tiempo suficiente para escribir como quisiera, la universidad me va a volver loca, así que se me hizo difícil retomar el hilo de nuevo. ¿Pero saben? A puesto a que les gustaría haber visto mi cara al ver la cifra de los reviews. De verdad esperaba menos de 200... por lo que estoy muy feliz. GRACIAS por leer...gracias por seguirme hasta aquí...y gracias a quienes me corrigen si cometo algún error...pero en fin, tampoco puedo ponerme a investigar si cada simple cosa que escribo es del todo cierta...no haría eso a menos que estuviera escribiendo una novela por la que me fueran a pagar jeje...esto sólo es un fic, escrito con cariño por esta humilde servidora :D
Bueno, ahora ponganse comodas y lean. Yo me voy a dormir...mañana tengo que levantarme temprano a...limpiar la casa...*Mueca de dolor*
Capítulo 21: "Confianza oscilante"
El teléfono sonó a las 8 am. Pasos lentos y perezosos bajaron las escaleras para contestar.
- ¿Diga?
- Kagome...
Ella despertó un poco más al saber que era él, pero no pretendía dejar mostrar su alegría... De hecho estaba bastante enojada - Que bueno que recordaste llamar para saludar – Respondió llanamente.
El se tomó un segundo para considerar ese tono frío, luego preguntó con cautela - ¿Estás enojada conmigo? – Escuchó una risita de la joven, pero al instante supo que era puramente sarcasmo.
- Claro que no, para nada.
- Realmente lo siento...
- Debes tener una buena excusa...- Murmuró Kagome, dejando de lado la ironía al tiempo que su semblante se aflojaba un poco con tristeza contenida – Estuve esperando tu llamada como una tonta todo el día de ayer...y a ti se te olvido...
Inuyasha se pateo ruda y mentalmente.
- No lo olvide...
- ¿Qué estuviste haciendo?
Inuyasha comenzó a pensar profundamente en una respuesta. Claro que podía decirle la verdad: que no había podido llamar porque había estado recorriendo la ciudad con una buena amiga... saltando la parte del beso, por supuesto...Rayos ¡No!... ¡Aquello no era una buena respuesta ni siquiera obviando ese detalle! En ningún momento sintió que traicionaba a Kagome de ninguna manera, sólo estaba con una simple amiga...pero en mente de chicas las cosas no funcionaban con esa "simpleza". Quería decir la verdad, pero inevitablemente ella comenzaría a dudar de él...Mierda...tendría que recurrir a las mentirillas blancas...
- Estuve muy ocupado con un trabajo de estadísticas, por eso no llame...recién lo termine hace poco...- Tragó lentamente. La culpa por tener que mentirle se ceñía en su estómago.
Kagome se hundió contra la pared. Inuyasha no era el único que podía analizar la voz del otro...algo le decía que no estaba siendo sincero, y de sólo pensarlo su pecho se contrajo dolorosamente...rogó por que solo se tratara de su imaginación... - ¿Seguro? – Inquirió cortamente.
Inuyasha se tensó - Si...- ¿Era su impresión o Kagome era extrañamente perspicaz ahora? él se dejó caer de espaldas en su cama, aun sosteniendo el auricular contra su oído - ¿No confías en mi? – Le preguntó con cierto temor de conocer la respuesta.
Kagome miró vacíamente el piso por un momento.
- Claro que confío en ti...- Dijo al fin – Se que en realidad fue difícil hacer...tu trabajo...
El muchacho hizo una mueca, aun podía sentir esa nota cáustica en Kagome.
- Inuyasha...- Preguntó ella de pronto.
- ¿Si?
- ¿Crees que esto funcione?
La pregunta lo hizo sentarse rápido en la cama y hacer un frunce.
- ¿Por qué me preguntas eso? ¿No funciona para ti?
- ¿Y para ti?
Inuyasha calló un poco perturbado.
- No puedo tocarte ni verte...esta situación es...sofocante...- Masculló Kagome - ¿Tu estás bien con eso?
- Sabes que cambiaría todo si pudiera Kagome...
Hubo un prolongado silencio de ambos lados.
- De verdad necesito que esto funcione – Musitó Inuyasha lentamente.
Kagome ahogó un pesado suspiro – También quiero que funcione, pero no creo que pase si dejas de llamarme...
- No volverá a pasar – Aseguró él con convicción.
- Bien...- Murmuró la muchacha dibujando una pequeña sonrisa, que no llegó a sus ojos.
...
El tiempo pasó. Aquel pequeño paréntesis incómodo que habían tenido estaba ya en el olvido. Inuyasha había mantenido su promesa y la llamaba siempre, e incluso más de lo acordado, y ella estaba feliz con eso. Se había acostumbrado a la situación, pero aun era duro pasar por el parque y ver a las parejas caminando tranquilamente agarradas de la mano, o ver a Sango y a Miroku ponerse melosos en frente de ella. Dado a que no era voyerista, usualmente carraspeaba y desviaba su atención, pero eso no evitaba que la tristeza la golpeara un poco. Recordar los días en que Inuyasha estaba junto a ella a cada minuto, en que se deslizaba en las noches hasta su habitación le parecían cada vez más lejanos, más de lo que en realidad eran...y los añoraba con todo su corazón...
Su consuelo era saber que Inuyasha se sentía igual. Nunca volvió a sentir que le mentía...Inuyasha siempre le decía la verdad, y ella creía ciegamente en el...después de todo...cualquier relación debía estar basada en la confianza...y una como la de ellos muchísimo más, si no todo podía irse por el caño.
Kagome caminó sin prisa por la acera con su uniforme y su mochila amarilla. Las clases habían comenzado hacía dos semanas, y casi podía decir que su vida se asemejaba muchísimo a poco más de un año atrás, antes de saber que tendría nuevos vecinos. Claro, que la gran diferencia ahora era el hecho de que Houyo no le gustaba en lo absoluto.
Detuvo su andar un poco titubeante al pasar cerca de un centro de telecomunicaciones. Miró su reloj y sacó una rápida cuenta, en Nueva York debían ser alrededor de la una de la mañana. Volvió su mirada a la tienda algo indecisa. Estaba bien si lo molestaba un poco... ¿No? sólo quería sacarlo caprichosamente de su sueño...Además era muy costoso llamarlo desde su casa...quizás debía aprovechar ahora...
...
Inuyasha mantuvo toda su atención completamente fija en la hoja contra su escritorio mientras movía incesantemente su rodilla en señal de ansiedad...o quizás estrés... Miró a Kikyo por el rabillo del ojo, quien estaba sentada en la silla contigua y leía tranquilamente un libro.
Aun eran amigos. Kikyo no había intentado nada más y parecía haber olvidado aquel pequeño incidente frente al puente de Brooklyn. Inuyasha en ciertas ocasiones había puesto algo de distancia, pero en esta en especial, cuando ella amablemente se ofreció a ayudarlo a estudiar para el duro examen del día siguiente, no había podido rehusarse. De hecho estaba agradecido, pues a esas altas horas de la noche ella seguía allí, con su carácter amable y sosegado como siempre.
- ¿Listo? – Preguntó ella sacándolo de golpe de sus pensamientos. Inuyasha parpadeó volviéndose a su hoja de estudio y asintiendo una vez – Dime algún objetivo específico de la economía política.
- Uhmm...- Inuyasha trató intensamente de poner las palabras en su boca – Distinguir las diferencias entre...ehh...los elementos básicos fundamentales de la teoría de...
- De la competencia...- Terminó Kikyo por él, quien hizo una mueca.
- Sí, bien...y también explicar la consistencia de la solución marxista a los precios de producción, entendiéndose en forma matemática la teoría de la competencia en Clark Marx.
- En realidad es Karl Marx...- Inuyasha volvió a hacer un frunce ante la corrección – Estamos relativamente bien por ahí...dime ahora el objetivo general.
- Analizar los fenómenos de la – El chico entrecerró los ojos rebuscando en su mente – Uhh...de la redistribución del excedente al interior de la clase capitalista...y no se qué de los estudiantes...
Kikyo sonrió levemente – Que los estudiantes tengan elementos para determinar los problemas examinados...
- Si...como sea...- Inuyasha dejó reposar su frente contra la superficie del escritorio y hundió sus hombros – Estoy mentalmente cansado!
La muchacha se acercó a él compasiva y colocó una mano en su espalda – Vamos, estás mejorando, al menos ya no balbuceas tanto como al principio. Sólo faltan cinco páginas por analizar.
Inuyasha levantó un poco el rostro - ¿Y tú no tienes sueño? No quiero obligarte a sufrir esto conmigo, fácilmente podrías estar feliz en tu cama en este momento...
Kikyo se encogió con una risita – Dije que te ayudaría a estudiar. Además se que si me voy vas a caer dormido sobre el escritorio al instante en que cruce la puerta.
El resopló – Es cierto...
- ¿Y donde está tu amigo? – Preguntó Kikyo tomando en cuenta la litera vacía junto a la pared.
- ¿Mike? Está en su casa. Llegará mañana. Estaba planeando aprovechar eso y tener una plácida noche de sueño, sin ronquidos...pero la idea se fue a la basura ahora.
Kikyo se estremeció – Mejor así. Ese chico me mira un poco raro...- Inuyasha rió suavemente y siguió revisando algunas hojas llenas de apuntes antes de que se le escapara un gran bostezo que tapó con una mano, pareció pensar algo un instante, luego hizo presión en la silla para echarla hacia atrás y se levantó.
- Creo que iré por un café – Dijo mientras se acercaba al perchero - ¿Quieres uno también?
Kikyo se levantó tras él – Yo puedo ir por el café.
- No te preocupes – Musitó el muchacho metiendo el brazo en su chaqueta – Creo que el aire frío de la noche me despejará el cerebro, vuelvo enseguida – Y salió para trancar suavemente la puerta tras su espalda.
Luego de un instante de contemplar la puerta cerrada Kikyo hizo un leve frunce y regresó a sentarse, comenzó a ordenar algunas hojas del escritorio con un poco de brusquedad. Esto definitivamente comenzaba a irritarla. Había dejado pasar el tiempo, había hecho todo lo posible por meterse bajo la piel de Inuyasha, pero nada parecía dar resultados. Ni una sola maldita vez había visto en sus ojos algo que no fuera simple amistad o simpatía hacia ella...incluso cuando intentaba darle la mejor de sus sonrisas, o cuando le hablaba en el más suave de sus tonos, o cuando se preocupaba por él y le daba atenciones especiales. Se dio cuenta de pronto de que estaba apretando duro los papeles de su mano hasta arrugarlos, los dejó en el escritorio y se dejó caer contra el espaldar de la silla, desviando su mirada vacía a la oscuridad fuera de la ventana... ¿Por qué? ¿Por qué precisamente él tenía que ser el único chico inmune a ella? Sabía que quería a su novia, que era lógico después de lo que habían vivido en Kakunodate, y quien sabe qué otras cosas lo tenían prendado de ella...pero...pero esa chica estaba prácticamente fuera de su vida ahora...se sentía miserable tener esa clase de deseos tan egoístas...pero quería sacarla de su corazón...si tan solo...si tan solo...
Pegó un brinco en la silla para luego recobrarse y mirar con aprehensión al teléfono que había comenzado a sonar.
Suspiró y volvió a acomodarse en la silla, esperando que el teléfono se callara pronto. No estaba segura de si debía contestar una llamada para Inuyasha...el teléfono siguió y ella lo miró de nuevo... ¿Qué si era algo importante? A juzgar por la hora debía serlo.
Rodó los ojos y se inclinó para acercar el teléfono y tomar de una vez el auricular.
- ¿Hola? – Dijo. Frunció cuando sólo tuvo silencio como respuesta, así que repitió - ¿Hola?
- ... ¿Disculpa? ¿Esa es la habitación de Inuyasha?
Kikyo amplió los ojos y se enderezó al instante cuando escuchó aquella voz suave y turbada...ese acento...e incluso su dudoso silencio...no había duda.
Era ella.
Se mordió el labio intentando estoicamente respirar tranquilamente y calmarse, pero las llamas de la rabia se habían encendido incontrolablemente en su pecho de sólo escucharla. Así que fijó sus oscuros ojos en la ventana y habló con la voz más suave y tersa que pudo lograr.
- Si, es su habitación ¿Quién lo busca?
Kikyo estuvo alerta ante el nuevo silencio. Pero se quedó quieta y no la presionó para responder esta vez.
- ¿Inuyasha...está cerca?
Ahora la chica se escuchaba realmente contenida. Kikyo sonrió un poco mientras pensaba en su próxima respuesta...hasta encontrarla...
- Me temo que acaba de entrar a tomarse una ducha...puedes llamar en un rato...o si tienes algún mensaje puedes dejárselo conmigo.
Naturalmente no esperaba que ella respondiera pronto, y cuando lo hizo notó que sonaba igual que antes, pero sabía que era una fachada y con suerte debía estarse retorciendo.
- ¿Quién eres?
- Kikyo, su novia ¿Y tú quien eres?
El sonido de la línea le aviso que la chica había colgado.
Kikyo alejó lentamente el auricular y lo puso en su lugar, tragó para luego respirar hondamente. Realmente lo había hecho...casi se desconocía...pero no podía arrepentirse ahora...no...no había lugar para sentir culpa...Quería hacer que perdieran confianza...¿No?
¿Pero y qué si Inuyasha se enteraba de lo que había hecho? Claro que iba a enterarse...tarde o temprano...Sabía que había actuado impulsivamente, pero en el momento fue incapaz de hacer lo contrario, estaba más allá de ella...
La puerta se abrió, Kikyo pegó otro brinco y se giró asustada, más por la irracional sensación de que sus malos pensamientos y arrepentimiento fueran visibles que porque la puerta hubiera sido abierta de manera brusca o algo.
Inuyasha parpadeó divertido ante su reacción y cerró la puerta con la espalda desde que sus dos manos estaban ocupadas con los vasos de café.
- Aquí tienes – Le entregó la bebida a Kikyo y se sentó en su antiguo puesto, luciendo más fresco y distendido. La caminata le había hecho bien. Sin embargo, notó que Kikyo lucía extraña ahora, con la expresión endurecida o nerviosa. Se acercó un poco a ella con preocupación - ¿Pasa algo?
- No pasa nada, estoy bien – Fue su rápida respuesta.
- Realmente pienso que deberías irte a dormir. Estoy mucho mejor ahora, no es necesario que te quedes – Le dijo él bebiendo un sorbo de café humeante.
Luego de un momento de mirarlo fijamente y pensarlo, Kikyo sonrió apenas – Creo que tienes razón...pero igual me terminaré el café aquí.
- Está bien – Le sonrió Inuyasha, con esa sonrisa amable, simple, y llana...esa sonrisa que no tenía transfondo, que no ocultaba nada más...
La muchacha tragó pesadamente y alzó la bebida a sus fríos labios, relajándose cuando el cálido liquido ascendió por su garganta. Detuvo la mirada en el ahora concentrado perfil de Inuyasha y su pecho se oprimió. Deseaba que la mirara con ese brillo que tenía cuando hablaba de Kagome...que le sonriera como sonreía cuando la recordaba a ella... ¿Por qué era tan difícil el amor?
Se bebió todo el contenido y se levantó con reprimida expresión.
- ¿Ya te va- Inuyasha enmudeció cuando los suaves labios de Kikyo presionaron contra su mejilla.
- Buenas noches...- Se despidió ella casualmente, él quiso ver su rostro, pero ella caminó de una vez hasta desaparecer por la puerta.
Inuyasha se quedó mirando perplejo. No le había dado tiempo siquiera de despedirse. Suspiró y volvió una preocupada mirada hacia su escritorio. ¿Sería posible que Kikyo nuevamente estuviera mal interpretando las cosas? Pensó habérselo dejado bien claro la última vez...no quería tener que repetírselo...eso sin duda pondría un fin a la amistad...no quería eso.
Aun podía sentir el rastro de ese efímero beso en su mejilla, pero sacudió levemente la cabeza y trató de ignorarlo. Tomó su resaltador y con un suspiro comenzó a leer la información de la hoja, que parecía malditamente interminable...
...
Sus ojos fijos en el frente, y su andar lento pero sin pausas. Su mente se había bloqueado, necesitaba mantenerla así, no quería pensar, no quería entender nada...porque eso sólo le traería más y más dolor.
Se tropezó de pronto con una señora que luego la observó con un frunce – Ten más cuidado niña.
- Lo siento – Se disculpó con una leve reverencia y siguió su camino, ignorando el persistente ardor en sus ojos.
Apretó más las tiras de su mochila sintiendo urgencia por llegar a su casa, cada vez creía su escudo se debilitaba más, y que sus rodillas flaqueaban más.
Llegó a su casa y esforzó una sonrisa para su madre, que la saludó asomándose desde la cocina.
- ¿Cómo estuvo tu día?
- Bien...nada fuera de lo convencional – Mintió con un encogimiento.
- ¡Kagome!
Souta bajó escandalosamente las escaleras hasta interceptarla al pie de estas, con una expresión ansiosa y expectante - ¿Las compraste?
- Aquí están – Sonrió ella despojándose de su mochila para revisarla y sacar algunas de esas paletas de limón que a su hermano tanto le encantaban, y que sólo vendían en su instituto.
El niño las recibió feliz y la abrazó agradecido antes de pasarla corriendo, mientras ella mantenía la suave sonrisa al subir las escaleras, atravesar el pasillo y llegar a su habitación, lugar en que la sonrisa se esfumó de su rostro.
Tiró su mochila a algún rincón del lugar y caminó unos pasos hasta sentarse pesadamente en su cama, mirando sin mirar en realidad.
Había marcado su numero, esperando escuchar su voz somnolienta pero sorprendida por su repentina llamada, y entonces...
"¿Hola?"
La voz de una chica.
Había arrugado el entrecejo. Su primer pensamiento era que quizás había marcado el número equivocado, así que preguntó un poco titubeante.
"Si, es su habitación ¿Quién lo busca?"
Le había respondido la chica de manera resuelta y natural, logrando congelarle la sangre, y haciendo que tuviera que tomarse unos segundos para recordar que tenía que respirar y hablar. Decidió preguntar por Inuyasha...y entonces ella respondió:
"Me temo que acaba de entrar a tomarse una ducha...puedes llamar en un rato...o si tienes algún mensaje puedes dejárselo conmigo"
Su corazón se paralizó, y había presionado tanto los dedos contra la mesa que perdieron su color, mientras una ola de rabia viajaba por todo su cuerpo. "¿Quién eres?" Había logrado preguntar.
"Kikyo, su novia ¿Y tú quien eres?"
Al escuchar eso colgó el teléfono tan rápido como si la quemara.
Y ahora estaba allí, en su habitación, conteniendo patéticamente la bola de lágrimas que peleaban por salir. Quería retenerlas por puro orgullo, ya había llorado mucho, no quería ser tan débil... Quizás hasta había sido una broma...si...una amiga de él que pensaba que era muy graciosa...
Hubiera deseado creer más en eso. Pero no.
El ardor en sus ojos era casi insoportable. Intentó inhalar tranquilamente pero su respiración se hizo cada vez más entrecortada por los deseos de derrumbarse y llorar.
¿Cuántas veces Inuyasha le había mentido? ¿Cuántas veces ella habría estado pensando en él mientras que él se revolcaba con otra? No podía ser cierto...no podía creerlo...quería rehusarse.
Su cara se imprimió de un fuerte rojo y se arrugó gradualmente cuando sus fuerzas llegaron a su fin. Se llevó ambas manos al rostro y reposó sus codos en sus rodillas, permaneciendo así un rato, mientras sus hombros se sacudían de vez en cuando por los silenciosos sollozos.
Ella había confiado en él...
La luz de la tarde que le dio directo en el rostro la hizo fruncir un poco y abrir lentamente los ojos. Se había quedado dormida con su uniforme. Se sentó pesadamente y se pasó las manos por las mejillas, quitando cualquier rastro de lágrimas y suspiró. Tenía la tonta esperanza de que al despertar todo habría sido un sueño. Recordó aquella vez en que cruzó el árbol hasta la alcoba de Inuyasha y él le habló de eso, de que a veces era duro despertar creyendo que se había tenido una terrible pesadilla, y que entonces era peor recordar que no había sido precisamente un pasadilla...sino la realidad.
Permaneció un rato más en la cama antes de levantarse y caminar hasta la ventana. Miró fuera, a la cerrada ventana del frente. Una loca idea pasó por su cerebro.
Sintió algo de curiosidad por saber cómo estaba la habitación de Inuyasha ahora que había estado sola por tanto tiempo...así que sacó las piernas fuera y alcanzó las ramas, sorprendiéndose de la facilidad y rapidez con la que llegó al otro lado, considerablemente mejor que las otras veces...claro que nunca había cruzado el árbol con la ayuda del sol...
Empujó las puertas de la ventana de la antigua alcoba de Inuyasha, estas se abrieron fácilmente y la dejaron entrar, y ella cayó sentada sobre su trasero en el piso de madera. Miró a su alrededor. La puerta que daba al pasillo estaba un poco abierta, y en la recámara aun estaban la cama, el escritorio y el armario, pero el resto de las cosas se habían ido, haciendo ver el lugar realmente desolado. Estaba segura de que si hablaba se haría un eco.
Se puso de pie para dar unos pasos, cerrando los ojos. Olía a polvo, pero aun podía notar un diminuto rastro de la esencia de Inuyasha...
Poco sabía ella que había alguien abriendo la puerta principal de la casa allá abajo.
Kagome abrió los ojos con enojo esta vez. Se suponía que en su estado lo más saludable era distraerse para no pensar en Inuyasha, y se iba a meter precisamente en su habitación... ¿Para qué? ¿Para que los recuerdos la atormentaran? Seguro era masoquista, pensó mientras sus ojos se llenaban de agua y apretaba los puños. Maldición...de sólo imaginar que en ese momento podía estar besando a otra, acariciando a otra...Las lágrimas descendieron hasta su mentón...Inuyasha era un infeliz, mentiroso...un...un...
- Oye...
El corazón de Kagome dio un vuelco y un fuerte estremecimiento la asaltó al escuchar esa voz. Se giró bruscamente para encontrar al hermano de Inuyasha de pie en el umbral de la puerta. La miraba algo desconcertado. Ella permaneció muda y paralizada en su lugar pensando que su cuerpo se había convertido en piedra, pero cuando vio que él iba a moverse hacia ella una sensación de sobresalto y pánico la instaron a salir de allí, caminó apresurada hasta pasarlo y casi correr escaleras abajo, con un intenso sonrojo bañando toda su cara.
Sesshomaru permaneció en la habitación mirando el lugar por el que ella había huido y sonrió levemente.
- Que extraña bienvenida...- Dijo para sí.
Continuará...
