Hola amigos, pues ya que lo han pedido, ¿quién es esta mortal para negarse? Aquí está el epílogo, me tardé bastante ¿eh? En un principio pensé no hacerlo, pero es mi primer Fic, algo así como el primogénito, ¿no? Inevitablemente tienen un lugar especial en nuestros corazones, así que finalmente lo hice y de paso me convencí de hacer una secuela, ya tiene nombre, la trama y los capítulos ya están en mente, será divertida, ¡lo prometo! Narrará las locas aventuras de la mejor pareja que pudo crear/trollear/destruir Dan Schneider, esto claro después de que termine Sol y Luna, o cuando al menos falte poco para que termine, sin más que decir se despide esta loca amante del SEDDIE :D ¡Nos leemos pronto!
PD: ¿Vieron la foto de Nathan? ¿Con Jenn? ¡YA GRABÓ EN SAM & CAT! ¡Oh my Gosh! *Los ama, piensa que deberían casarse* ¡HOY EL ESTRENO DE SAM & CAT!
iCarly, Sam & Cat y sus personajes NO me pertenecen, son historias originales de Dan Schneider, pero bueno, eso ya lo saben. :D
Epílogo: La Locura Sigue
Aquella era una fresca noche de mediados de abril en Seattle, la brisa hacía levantar los bordes de tela de los manteles de las mesas dispuestas a modo de círculo en un modesto y pequeño salón de fiestas, eran alrededor de las siete de la noche, en el medio de la pista de baile Sam y Freddie bailaban su primer vals como esposos, sí, esposos, años atrás habría sonado como un chiste, muy malo por demás, la rubia apoyaba su cabeza en el hombro del castaño, sus pies descalzos se deslizaban torpemente en el piso de granito pulido, lucía un sencillo vestido color crema, era completamente liso, estilo imperio, lo que disimulaba bastante bien su embarazo, una cinta de seda roja abrazaba la parte baja de su pecho, tenía el cabello recogido de manera desordenada, apenas con un broche y aún así no dejaba de verse hermosa, o al menos eso pensaba Freddie quien lucía un traje blanco con accesorios azul marino. Una Carly con ojos vidriosos los observaba tal como cuando veía una cursi comedia romántica en el cine, en sus manos reposaban los que seguramente eran los zapatos de su amiga, de tacón bastante bajo y color rojo, un regalo de la castaña, por cierto, Sam los había considerado sumamente incómodos y muy femeninos para su gusto, antes de que se dispusieran a bailar se los había quitado de manera atropellada y los depositó rudamente en sus manos, todos rieron, a ella no le importó en lo más mínimo, naturalmente.
Consideró innecesario tener que acceder a un tonto baile, aunque realmente trataba de disimular el hecho de que no tenía idea de cómo hacerlo, la mirada suplicante de Freddie finalmente la convenció, el guiaba sus pasos como el caballero que era, rodeaba su cintura tiernamente, la hacía dar vueltas en círculos, para él ella era todo lo que importaba, de pronto le pareció que no había nada más que ella en el mundo, viéndola despegarse ligeramente de su cuerpo recordó los dos últimos y terribles sustos que la rubia, que ahora era su esposa, le había hecho pasar...
Freddie sudaba frío, Sam había accedido a regresar a Seattle con él, algo que no resultó nada fácil, su madre acababa de recuperarse del infarto que le provocó la noticia del afortunadamente falso embarazo de Juliet, Sam sentada en el sofá rodó los ojos, ante la imagen de un Freddie nervioso que caminaba de un lado a otro, el pobre pasaba las manos por su frente secando el sudor una y otra vez, ella no pudo evitar reír, Marissa Benson los miraba expectante, primero a uno luego al otro, una arruga en el medio de su frente apareció, haló a Freddie por el brazo deteniéndolo bruscamente.
—¿Freddie hijo, qué te pasa?— Preguntó Marissa preocupada. Las manos del castaño comenzaron a temblar, aspiró una gran bocanada de aire, suspiró largamente, quizá necesitaba una cantidad de oxígeno extra.
—Mamá te amo, ¿lo sabes?— Musitó con voz temblorosa. Su madre asintió sonriente. —También amo...— Aclaró su garganta. — Amo a Sam— Prosiguió. En la cara de Marissa Benson se dibujó una sonrisa lacónica.
—Lo sé.— Respondió suavemente, tomó asiento al lado de Sam, a la rubia parecía que la quijada estaba por caersele al piso, la castaña al parecer obviando por completo el hecho de que se trataba de Sam, posó sus manos sobre su ligeramente abultado vientre. Freddie podría haber jurado que los ojos de su madre estaban comenzando a humedecerse, y en efecto algunas lágrimas lograron escaparse de ellos segundos después. —No soy tonta ¿eh?, soy mujer también, aunque lo olviden— Suspiró. Apoyó su oreja tratando tal vez de escuchar patear al que estaba completamente segura era su nieto. Sam se exaltó ante aquél gesto, estaba aún más confundida que Freddie, sus ojos abiertos como platos pedían ayuda al castaño.
—Madre...
—¡Cállate Fredward! ¡Estoy segura de que en cualquier momento se moverá y...
—Mamá, por favor.— Suplicó, entonces Marissa viró. Se levantó impetuosamente. Dedicó una mirada llena de desdén a la rubia, luego dedicó una mirada tierna a su vientre como si pudiera ver a través de él.
—Entiendo que debes abrir tus preciosas alas y volar Freddie, es la ley de la vida, creo que aprendí la lección con lo que pasó hace meses...— Carraspeó.— Yo sé que amas a esta...— Cabeceó. — A Samantha.— Resopló. —Hace tiempo que lo sé—De pronto lucía enajenada, absorta en sus pensamientos, finalmente reaccionó, sonrió. —Perfecto, no perdí un hijo, gané un nieto, dos Fredwards— Murmuró para sí misma. Sam soltó una risita, si antes creía que estaba loca, ahora no tenía la menor duda. Marissa le dedicó una mirada furiosa, y se perdió en dirección a su habitación. Freddie se desplomó en el sofá, dejó caer su cabeza contra el espaldar.
—Si fuera una persona a la que le importaras, te diría que todo va a estar bien— Expresó la rubia sonriente, el castaño tomó su mano, la estrechó en la suya y comenzó a jugar con sus dedos. Marissa apareció pasados algunos escasos tres minutos corriendo en dirección a ellos, con una pequeña cámara de video y una cajita de terciopelo vinotinto en una de sus manos, haló a Freddie trayéndolo consigo a un rincón de la sala, manoteaba como si diera indicaciones, una expresión de perplejidad se dibujó en el rostro del castaño, quien no pudo evitar sonreír ante un bufido producto del aburrimiento que soltó Sam. Se acercó lentamente arrodillándose frente a ella, tomó su mano y colocó la cajita en ella, los ojos de Sam se abrieron como platos.
—Toma uno, La Propuesta— Advirtió Marissa Benson grabando con la pequeña cámara.
—¿Qué demo...— Inquirió la rubia.
—Samantha casi cae desmayada de la impresión, al ver al guapo e irresistible Freddie Benson arrodillado frente a ella— Interrumpió la castaña como narrando una película.
—Mamá no es necesario eso— Dijo Freddie entre dientes. Marissa detuvo la grabación.
—¡Claro que lo es! Falta esto para la colección, no puedo obviar un capítulo de La vida de mi bebé; El Nacimiento, La Primera Palabra de Mi Hijo, Aprendiendo a Hacer Popó En La Bacinica...
—¡Mamá!— Adivirtió el castaño, su madre jamás se cansaría de avergonzarlo, sus rodillas comenzaban a doler por la posición.
—¡Oh sí! Ese último tengo que verlo— Expresó Sam con una sonora carcajada.
—Bien, bien sigue, esto es algo serio.— Exigió su madre con severidad. —Toma dos.— Samantha no puede resistirse, acepta sin poderlo creer. —Espetó reanudando la grabación.
—Sam yo... Esto... Sam... ¿Quieres...— Su voz temblaba, Freddie abrió la cajita exponiendo un hermoso anillo de diamantes, estaba esculpido de modo que parecía una flor de loto, la rubia reía, más bien se burlaba de Freddie.—CasarteConmigoSam?— Expresó rápida y atropelladamente. Sam soltó bruscamente la mano del castaño, había comprendido que aquello no era un juego, y sobretodo, estaba a punto de estar amarrada de por vida al ñoño que tanto juró no soportar.
—¿Qué persona en su sano juicio se casaría contigo?— Soltó Sam toscamente, chasqueó la lengua, le dedicó una mirada despreciativa, un nudo se formó en la garganta de Freddie, quería llorar, literalmente.
—¡Oye! Samantha Puckett, ¿cómo te atreves a decirle eso a mí...
—Pero considerando que yo no lo estoy...— Interrumpió la rubia levantando la mano de Freddie. —Solo para ahorrarle la terrible tarea de casarse contigo a alguien más, acepto.— Sonrió. Ahora era Freddie quien no lo podía creer, se sentía el hombre más feliz del mundo, de nuevo. Marissa, sonrió sin darse cuenta, todo había quedado grabado, las cosas habian resultado torpes, no lograba acostumbrarse a la idea de que una chica que ahora era la prometida de su hijo no lo idolatrara como ella.— Suspiró. —Su hijo colocaba en uno de los delgados y níveos dedos de Samantha, el anillo que había pasado entre las mujeres de su familia de generación en generación, una lágrima brotó de sus ojos, aquello no lo esperaba ni en un millón de años.
La música de fondo lo trajo al presente, o quizá la fuerte pisada de Sam en su ahora nupcial baile improvisado, la rubia rió, volvió a despegarse, el creyó verla flotar en el aire, vino a su mente lo que pasó apenas tres horas atrás...
—Ahora, Samantha...
—¡Oiga! ¡No me diga Samantha!— Exigió la rubia a un perplejo reverendo, risas sonoras se escucharon de fondo. Freddie sonrió nerviosamente.
—Bien, Saman...—La rubia le fulminó con la mirada. —Sam Puckett, ¿aceptas como esposo a Fredward Benson, para amarlo, respetarlo, serle fiel en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad, cada uno de los días de sus vidas hasta que la muerte los separe?— Expresó el reverendo.
—Yo, no...— Expresó Sam contrariada, al parecer elegía los peores momentos para tomar desiciones trascendentes. Se escucharon algunos gritos ahogados. Una mueca de genuino terror se dibujó en la cara de Freddie.—...Puedo creerlo, ¡se lo juro!— Advirtió la castaña sonriendo.— Ya, ya, acepto.— Espetó.
—Si hay alguien que conozca algún motivo por el que esta boda no deba llevarse a cabo hable...— El reverendo calló, rodó los ojos. Freddie quien alzaba a Sam de la cintura la besaba desesperadamente.— Y entonces los declaro marido y mujer, prosiguió con resignación ante la que consideró era la ceremonia matrimonial más rara en la que había estado jamás.
¡Pero vamos! ¿Por qué le sorprendía? Aquella era Sam Puckett, impredecible por naturaleza, la atrajo hacía sí mismo y la besó en la frente, jamás se iría de su lado, unos cuantos suspiros se oyeron de fondo, Sam se detuvo inesperadamente, el pequeño Elijah había brincado dentro de su vientre, casi cae al tropezar, afortunadamente Freddie logró detenerla en el aire y suspiró aliviado, la rubia clavó su mano empuñada en su estómago como si aquello fuera su culpa.
—Lo siento— Musitó suavemente Sam, percatandose de la mueca de dolor en la cara de Freddie, él asintió suavemente y le decicó una sonrisa torcida que parecía jamás desaparecería de su rostro. La recepción de su boda contaba tan solo con sus familiares y amigos más allegados, la familia de Freddie, aunque mucho menor en número, contrastaba en gran manera con la de Sam, así que aquella fue una celebración inusual, pero divertida sin lugar a dudas. La pista de baile se comenzó a llenar, Sam aprovechó el momento para huir en dirección al bufet, extrañamente seguía atraída a los vegetales, pero su hambre feroz no había desaparecido. Freddie comenzó a preocuparse, porque en un primer momento no lograba encontrarla, el que un grupo de tíos de la rubia lo acorralaran haciéndole un número considerable de advertencias sobre todas las cosas terribles que le sucederían si se atrevía a hacer sufrir a la "pequeña Sam", no ayudaba, definitivamente no.
Pudo haber pasado al menos una hora, Freddie sudaba frío, la piel de su cara estaba notablemente palidecida, finalmente la abuela de Sam, una señora baja y rechoncha de algunos sesenta años, pero con un carácter bastante fuerte lo rescató, le sonrió complicemente, mojó con saliva sus dedos y acomodó el desordenado cabello de Freddie, los hijos de la curiosa viejecita lucían aterrados, algo que resultaba gracioso considerando que eran tipos que medían al menos dos metros y tenían un aspecto feroz, en segundos la pequeña mujer había sometido a aquellos a punta de carterazos, el castaño rió, los gemidos y sollozos de los tíos de Sam parecían cada vez más lejanos.
La encontró engullendo un trozo de zanahoria, Carly quien la acompañaba, hacía lo mismo, excepto claro que el trozo de ella estaba cubierto de crema batida, a Freddie aquello le resultó repugnante, abrazó a Sam por la cintura.
—Es hora de irnos— Musitó a su oído.
—Al fin, dame los zapatos Carls, ni modo que salga descalza por allí...— Masculló con la boca llena.
—Carly, ¿quieres bailar?— Irrumpió Gibby quien por alguna extraña razón sudaba profusamente, la castaña arrugó la frente, asintió suavemente, pero primero se arrodilló frente a Sam ayudando a colocarle los zapatos, ya que contando con casi cuatro meses de embarazo aquello le resultaba imposible. Tomó la mano de su rubio y peculiar amigo y se fueron en dirección a la pista de baile. Hizo un ademán de despedida a sus dos mejores amigos, Freddie tomó de la mano a la rubia, quien comenzó a caminar tras de él torpemente, Sam miró por encima de su hombro, Carly apoyaba su cabeza sobre el de Gibby, quizás después de tanto buscar había encontrado lo que deseaba en quien menos pensó, Matt besaba la frente de Cat, en los ojos de aquellos dos, juró ver un brillo que reconoció de manera instantánea, su familia hacia estragos de aquí para allá, Marissa Benson reía de una manera en la que jamás la había visto, en ese instante estimó que después de mucho tiempo nunca había sido más feliz hasta ese día, la música que inundaba el salón era una suave, una que tanto Freddie como Sam reconocieron desde el primer momento que comenzó a sonar.
Did I tell you it's not that bad- Te he dicho que no es tan malo.
Sitting over here dreaming- Sentada aquí soñando
Did I tell you I'm right on track-Te he dicho que estoy en el camino correcto
This time I mean it-Esta vez lo digo en serio
I don't know if I'm gonna change-No sé si voy a cambiar
Wasting time and another day- Perder el tiempo y otro día
I keep running away- Sigo corriendo
Even from the good things-Incluso de las cosas buenas
Él oprimió su mano con fuerza, solo la necesaria cuidando de no causarle daño, ella aspiró una gran bocanada de aire, soltó un largo suspiró, comprendiendo que ya no seguiría corriendo de las cosas buenas, ya no.
—¡Andando Frednoob!— Dijo entre risas.
Esta historia continuará...
:)
