Capítulo 21: Del otro lado de las estrellas, Parte 2
James sentía su corazón golpear con fuerza sus costillas. Estaba emocionado, en éxtasis con las palabras que había usado Lily unos segundos antes, ella pensaba que su vida no era una mierda porque estaba juntos. No podía explicar lo que sentía, era un sentimiento fuerte, que aunque sentía su corazón, podría jurar que se había ido a otro lado.
Había intentado confesarle a Lily sus sentimientos en el auto, pero cuando la llamada telefónica de su amiga de la infancia lo había interrumpido, no pudo haber estado más agradecido. ¿En qué estaba pensando cuando decidió decirle en un momento como ese? Era un imbécil. Quería decírselo, en un momento especial, mirándola a los ojos, que supiera que era honesto. Quería transmitirle hasta el más pequeño de sus sentimientos con solo una mirada, que su expresión hablara por él, que le creyera.
El ambiente era cálido y los somnolientos ojos verdes lo miraban con intensidad. Estaban cómodos, James tenía el brazo alrededor de los hombros de la pelirroja, al mismo tiempo que ella recargaba su cabeza en el pecho masculino. Era una posición de pareja, en opinión de James, y ella no lo había rechazado. Quería besarla, se moría por hacerlo, pero sentía que en ese momento podía gritarle que estaban hecho el uno para el otro. No tenía que decidir, podía hacer las dos cosas. Disminuyó el espacio que lo separaba, acercando sus labios a los suaves y rosados.
—Lily –dijo con voz temblorosa—, quiero decirte algo.
Los hermosos ojos verdes lo miraban de esa manera somnolienta tan sensual, con las pestañas caídas y media sonrisa en los labios. Podía verse reflejado en la claridad de esos ojos, ella miraba hacia arriba su rostro, atenta a cualquier expresión, esperando.
James estaba nervioso, en ese momento se daba cuenta de que lo diría, no había nada que pudiera interrumpir el momento. Estaba seguro de querer hacerlo, pero estaba aterrado, en su mente había mil posibles escenarios. En todos ellos, Lily lo rechazaba rompiendo su corazón. Lo sabía que era un imbécil por haberse enamorado de ella, cuando claramente le advirtió que no lo hiciera. Que equivocado estaba, ¿por qué había pedido eso en primer lugar? Ah, sí, porque en ese entonces no la conocía a profundidad y podía ver claramente que ella tenía un interés obvio en él. Alimentó su ego que una chica como aquella estuviera así por él, que le propusiera abiertamente convertirse en amantes. Lo deseaba y lo sabía, él también lo hacía, pero no quería dañar su amistad. Entonces se le ocurrió esa estúpida condición, hacerla prometer que no se enamoraría de él, para que nada los arruinara. ¿Quién iba a pensar que él terminaría siendo el enamorado?
Entreabrió los labios para decirlo, pero de este no salió nada. Los dedos le temblaban, la quijada podía sentirla vibrar bajo sus dientes.
—Dímelo –susurró Lily acercando su boca a la suya.
James podía sentir la suavidad de los labios sobre los suyos, aunque no era un beso, con el simple roce podía sentir saltar chispas.
—Es lo mismo que quería decirte en el auto –murmuró tratando de ganar tiempo.— La razón por la que te evité durante tres semanas.
Era un imbécil, pero quería que se le ocurriera una mejor manera de decirlo, algo con lo que no notara su desesperación, que pareciera algo casual, como una conversación cotidiana. Pero por otro lado, también quería que ella supiera la intensidad de sus sentimientos. Vaya lío.
¿Cómo podía decirlo sin que lo rechazara? No le estaba proponiendo una relación, ni quería que ella lo pensara, solamente se estaba confesando, abriendo su alma. Necesitaba decirlo urgentemente porque lo sentía atascado en el pecho, le lastimaba tener un secreto tan grande. Vamos que él nunca había sido muy abierto con temas personales, y ni siquiera se había admitido a si mismo que estaba enamorado, por lo menos no hasta ese día. No importaba que nadie supiera, la única que debía enterarse estaba allí, frente a él, cerrando los ojos mientras disfrutaba de la sensación de sus labios juntos.
Ojalá pudiera leer su mente y saber lo que pensaba, si es que tiene algún sentimiento por alguien de la misma magnitud que él. ¿Y si todavía estaba enamorada de Kurt? ¿Podría ser posible? James se había tratado de auto convencer que aquello era cosa del pasado, pero ellos habían salido no mucho tiempo atrás, justo antes de que la evitara por tanto tiempo. No habían tocado el tema, pero estaba seguro que se habían visto de nuevo, ¿y si se habían acostado? No había tenido sexo con Lily en mucho tiempo, era posible, no se podía decir que la pelirroja era del tipo de mujer que se reprimía de los placeres carnales. Aunque eso no lo molestaba especialmente, solo si era con Kurt.
Debía decirlo, antes de que perdiera el valor. Habían tomado unas cuantas copas de Champagne y esperaba que eso ayudaba a que el rechazo de Lily no le doliera tanto. Pero no quería decírselo así, quería mirarla a los ojos mientras entonaba esas palabras. Deslizó con suavidad la mano temblorosa por la mejilla de la pelirroja, haciéndola abrir los ojos al instante.
Tomó aire y juró que su corazón se detuvo mientras susurraba:
—Estoy enamorado de ti.
Debido a la cercanía pudo notar como las pupilas de Lily se dilataban, sintió los labios de la pelirroja temblar sobre los suyos. Se alejó para mirarle la cara, y eso no era una buena señal, Lily pensaba que estaba bromeando.
—¿Q-qué?
Se sentó sobre sus rodillas frente a él, poniendo un espacio de distancia bastante considerable.
La había cagado. La cagó como nunca la había cagado en su vida.
—Mierda –susurró enterrando los dedos en su cabello negro con desesperación.
Lo alborotó más, pero no le importó, cerró los ojos con fuerza evitando que las lágrimas se acumularan. No quería llorar, no debía llorar, no podía permitirse ser débil en un momento como ese, de ese preciso instante dependía que su amistad con Lily permaneciera.
Debía calmarse, debía abrir la boca y adelantarse a lo que sabía se estaba formando en la cabeza de Lily. Ella lo miraba asombrada, todavía digiriendo sus palabras. Estaba aterrado, mierda.
—No digas nada, por favor –se adelantó cuando notó que los labios de Lily se abrieron.
Debía ordenar sus ideas, gracias a Dios, Lily obedeció. Guardó silencio, pero su mirada era diferente, no sabía cómo interpretarla, solo conocía el asombro.
—De acuerdo, mira… —trató de explicar inclinándose al frente, cruzó sus piernas en pose india y clavó los codos en sus rodillas—. Yo no quería… no, más bien, sí quería… te dije que… aaggg ¡Mierda! –gritó lo último poniéndose de pie.
Pateó uno de los sillones, para comenzar a caminar por la habitación con las manos en la cabeza. Desesperado, ansioso. Lily lo miraba aún desde el suelo, sin emitir palabra alguna, solo observando su reacción.
James se dejó caer en la cama mirando al techo. Tenía que saber que decir, vamos, él era el mejor hablador de su entorno, siempre sabía que decir, las palabras no se le escapaban, era elocuente y ahora, nada. No sabía que decir, no sabía cómo justificarse. ¿Tenía que justificarse por estar enamorado?
—James –susurró la voz de Lily, llamando su atención.
Levantó el torso sentándose en la orilla de la cama, atento a la chica pelirroja que tenía la cara pálida. Estrujaba sus dedos, nerviosa, pero cuando clavó los castaños ojos en ella, parecía que se hacía pequeña. Bajó la mirada observando sus manos, evitándolo. Eso no podía haberle dolido menos.
—James, yo…
—Por favor, no digas nada, Lily.— Interrumpió viendo la expresión de la chica—. Ahórratelo, ¿si? Sé lo que dirás, que no sientes lo mismo y no quieres lastimarme. Lo entiendo, ¿de acuerdo? Soy consciente de eso y aunque me duela admitirlo, no te lo dije para tener una relación formal, sino porque quería que supieras lo que sentía. Lo que siento desde hace mucho, y luché, luché en vano porque sabía que no sería correspondido.
—Tú…
—No tienes que decir nada. Sé que te hice prometer que no te enamorarías de mí, y fui el primer imbécil que rompió su propia condición –suspiró furioso—. Simplemente… simplemente no pude evitarlo.
Lily parpadeó varias veces, llevándose un trozo de cabello detrás de la oreja, con ahora las mejillas sonrojadas y los labios entreabiertos. A James nunca le había parecido más bonita.
—Lo arruiné, pero las cosas entre nosotros siguen igual, ¿de acuerdo? Lo último que quiero es perder tu amistad y la relación tan estrecha que tenemos, si ya no quieres que nos acostemos está bien. Lo acepto, por eso lo estuve evitando las últimas semanas, no quería que pensaras que todo se debía al sexo. Puedo estar perfectamente sin él todo el tiempo que sea necesario, solo si me permites permanecer a tu lado.
Lily separó los labios para decir algo, pero antes los orbes verdes lo taladraron haciendo sentir su corazón fuera de su cuerpo. ¿Por qué no podía lucir fea en ese momento? Todo sería más fácil, pero estaba a punto de acercarse y besarla.
—No quiero que las cosas cambien entre nosotros –murmuró la chica con un hilo de voz.
James se sorprendió, fue como una bofetada en su rostro trayéndolo a la realidad.
—¿Qué dices?
Para darle más fuerza a sus palabras, Lily se puso de pie acercándose a la cama. James sintió que podría morir en ese instante, porque la pelirroja se arrodilló frente a él, en el espacio entre sus piernas mirando su rostro con una pequeña sonrisa.
—Quiero que todo esté como antes, como antes de que me evitaras por tres semanas. No quiero que te alejes de mí por el simple hecho de que ahora lo sé, ya no tienes ninguna excusa para hacerlo.
—¿T-te refieres al sexo?— preguntó tartamudeando, aún sin poder creer lo que escuchó.
—Al sexo y otras cosas.
Frunció el ceño tratando de comprender a la pelirroja.
—Al sexo y otras cosas –repitió saboreando las palabras.
Lily bufó sin perder la expresión divertida, y se puso de pie. James aún estaba con la mirada baja tratando de encontrar el significado oculto de esas palabras, pero Lily parecía querer hacerlo entender así que colocó sus rodillas en la cama, a los costados de las piernas del chico.
—No comprendo a que…
—Oh, cállate –murmuró Lily y acto seguido estampó sus labios contra los de James.
No se iba a hacer del rogar. Acababa de confesarse y Lily lo estaba besando, aquello no podía ser mejor. Una vocecita en su cabeza le dijo que sí, que sí podía ser mejor si ella hubiera dicho que también lo amaba. Pero trató de apartar ese pensamiento, porque se sentía satisfecho, a pesar de todo.
Lily profundizó el beso sorprendiéndolo, mordió suavemente su labio y eso lo encendió. ¿Qué era lo que pretendía? Porque si era seducirlo, ya lo estaba logrando. Podía sentir algo creciendo dentro de sus pantalones y no tenía la mínima intensión de controlarlo. Tomó la cintura de Lily haciéndola sentar sobre él, demostrándole que sus actos habían traído consecuencias.
Parecía que la había sorprendido, porque sintió sus labios abrirse cuando hizo contacto con su miembro. A él le encantaba jugar, provocarla y esa no sería la excepción. ¿Había dicho que quería las cosas como antes, no? Eso era lo que le daría.
Bajó los besos por su barbilla hasta su garganta, suaves y húmedos, logrando que la piel de Lily se erizaba. Le gustaba lo receptiva que era, siempre parecía tener reacciones con el simple roce, y James se aprovechaba de eso. Comenzó a mover sus caderas lentamente adelante y atrás, bajando los besos por la curva de su cuello. Lily gimió en su oido y eso lo excito aún más si es que era posible. Apretó su cuerpo contra ella, sin detener el movimiento comenzó a invadir la piel de su estómago, espasmos de placer hicieron contraerse lo pequeños músculos.
Sonrió entremedio del beso, sintiendo como los dedos de Lily se enroscaban en su cabello, bajando por su cuello hasta sus hombros. Lo sorprendió que imitara el movimiento de caderas, de un suave empujón lo hizo acostarse en la cama colocando sus manos a un lado de la cabeza de James, deteniendo su peso por completo, pero mirándolo a los ojos.
James tenía la vista perfecta de los pechos de Lily rebotando frente a su rostro, mientras la fricción de sus pantalones le molestaba cada vez más, pero también lo exitaba. Lily parecía disfrutarlo porque mordía sus labios de manera sensual, pero cuando alargó las manos para tomar ambos pechos, la pelirroja lo recibió con un almohadazo en la cara.
—¿Qué te pasa? –exclamó entre molesto y sorprendido.
Le había dado con fuerza, sentía la nariz salirse de su lugar, sobándose la zona.
—Sin tocar.
—¡¿Qué?! Dijiste que…
—Cállate –lo interrumpió con otro almohadazo.
—Lily, mi nariz –lloriqueó pataleando un poco.
—No seas bebé –sonrió la pelirroja retomando el movimiento sobre su abultado miembro.
Se le pasó la molestia en un segundo, así que puso las manos en las caderas de la chica tratando de guiar sus movimientos con mayor precisión, pero Lily era necia y le dio unas palmaditas bastante fuerte en ambas manos haciéndolo soltar.
James estiró el brazo cogiendo una almohada pequeña con sus dedos, estampándola en una sorprendida Lily.
—No me harás correrme en los pantalones sin permitirme que te toque.
—Aquí las reglas las pongo yo –dijo Lily, volviéndolo a golpear con la almohada.
Una risa se escapó de la boca de James. No podía evitarlo, le causaba gracia que por una vez ella quisiera mandar, cuando regularmente el dominante era él, tomando en cuenta que pese a que intentaba excitarlo con esos movimientos –y lo estaba logrando— eran bastante torpes. James podía ayudarla a que todo fuera mejor, pero ahí estaba, con esa sonrisa maliciosa en el rostro tratando de controlarlo.
Tomó la almohada con más fuerza y golpeó su costado haciéndola caer sobre la cama, a un lado de él. Rápidamente se movió para subirse sobre Lily, atrapando sus brazos sobre su cabeza, la almohada aún estaba bien afianzada, pero sin mucho esfuerzo se la quitó lanzándola al otro lado de la habitación.
—¿Tú y cuántos más? –preguntó con una sonrisa pícara.
Lily frunció el ceño, parecía molesta, pero James sabía que solo era parte del juego. Ellos no peleaban por ese tipo de estupideces, nunca, jugaban, se divertían. Lily comenzó a moverse debajo de él, pero James no pudo hacer otra cosa que reír con más fuerza viendo los intentos fallidos de soltarse.
—¡Muévete, idiota!
—Solo acepto que me digas así cuando estoy dentro de ti, princesa, de otro modo tengo que ser firme en…
Ni siquiera terminó de decir su discurso, cuando Lily levantó la rodilla golpeándolo en la entrepierna. Un dolor agudo atravesó su cuerpo, lastimando sus piernas, espalda y abdomen, de repente sintió nauseas, su agarre se aflojó, y Lily colocó su pie en su estómago empujándolo hacia arriba y después a un lado, haciéndolo caer de la cama.
Entre el golpe de su espalda por la caída y el dolor en los testículos, quería llorar, pararse y golpear algo, gritar. Pero lo único que pudo hacer fue lloriquear y llevarse las manos a la entrepierna. No, definitivamente el dolor de espalda no era nada, no había sido nada. Lily lo miraba desde arriba de la cama con una sonrisa, disfrutando lo que había hecho.
—Eres un bebé –repitió.
—¡Tú eres un demonio! –Gritó dramáticamente.— ¡Me vas a dejar sin descendencia!
Lily soltó una risa, pero ni siquiera eso fue suficiente para calmar el dolor.
—¡Qué exagerado!
Siguió lloriqueando acostado en el suelo un rato, mientras escuchaba a Lily moverse por toda la habitación. No sabía lo que estaba haciendo, ni le importaba, porque todo lo que importaba era su dolor, no le entraba aire a los pulmones y sentía que podía vomitar en cualquier momento. Ni siquiera tenía fuerzas para intentar levantarse, las piernas no le respondían, el cuerpo completo le fallaba.
—¡No sabes lo que te va a costar lo que acabas de hacer! –gritó con los dientes apretados.
—¿Qué harás? –preguntó Lily detrás de él.
Levantó un poco la cabeza para poder mirarla, y se alegró al darse cuenta que se había aligerado de ropa. Llevaba solo bragas y sujetador, el dolor disminuyó gradualmente solo con la imagen de Lily bajo su cuerpo, desnuda, gimiendo su nombre.
Lily sonrió de manera picara y comenzó a desabrocharse el sujetador en sensuales movimientos. James ni siquiera podía cerrar la boca, estaba allí abajo, en el suelo mirando a Lily sobre él desnudándose poco a poco. Sintió su boca hacerse agua cuando identificó esas hermosas pecas alrededor de los pezones, simplemente le encantaban, no podía respirar con la imagen de esos redondos pechos y los montículos erguidos, ya no sabía si era por el dolor o la visión frente a él.
La pelirroja comenzó a agacharse ofreciéndole una mejor vista, provocando que su miembro despertara de nuevo, estirándose poco a poco bajo sus pantalones.
—No se permite tocar, ¿de acuerdo? –preguntó Lily con una sonrisa sugerente.
James no respondió, solo estiró la mano al pecho más cercano y no vio venir un almohadazo directo en la cara. El golpe lo aturdió unos segundos, pero cuando pudo recuperar la visión recibió otro lastimando su nariz.
—¿Qué te pasa, loca pelirroja? –gruñó esta vez sentándose.
Si permanecía acostado temía perder el resto de la cara con un golpe de esos. ¿Qué tenían las almohadas de relleno? ¿Piedras? Dolían como el demonio.
Lily estalló en risas y corrió por la estancia alejándose de él. James entendió la indirecta, así que se levantó de un salto, completamente recuperado y tomando una de las almohadas siguió a Lily que no podía parar de reír. Cada vez que se acercaba lo suficiente, Lily lanzaba una almohada, ocasionando un campo minado en pocos minutos por todo el suelo de la habitación.
—No huyas, cobarde, es solo una suave almohada.
—Ya me golpeaste con ella, ¿recuerdas? No es nada suave.
—¿Y aun así me seguiste pegando en el rostro? –Exclamó indignado.— ¡Ahora sí me las pagarás!
—¡No!—gritó entre risas Lily, lanzando también los cojines de los sillones.
James también rio por el juego, pero cada vez que se acercaba a Lily esta salía corriendo al otro extremo. Ya había brincado la cama un par de veces, los sillones estaban contra las paredes y el suelo era un completo desastre.
—Tregua –dijo tratando de recuperar el aliento—. Me estoy volviendo viejo, ya no puedo más.
Lily que estaba parada sobre uno de los sillones, dejó caer el brazo con el que estaba a punto de lanzar un nuevo cojín.
—Haré lo que me pidas, pero debes dejar de salir corriendo.
La pelirroja se llevó una mano a la barbilla con pose pensativa, ocasionando que sus pechos desnudos se movieran un poco. En ese momento de tranquilidad, James se dio el lujo de observar ese cuerpo, lo había visto mil veces, incluso más desnudo de lo que estaba ahora, pero no podía evitarlo, jamás un cuerpo lo había excitado tanto y creía, casi con seguridad, que todo se debía a los sentimientos por ella. Su piel suave y pálida estaba siendo llamada para que la acariciara, la quería cubierta de sudor y con las mejillas sonrosadas de placer.
—Tienes que cantar en karaoke una canción de las Spice Girl –dijo con una sonrisa maliciosa después de unos segundos.
James no pudo evitar reír.
—¿Yo? ¿Cantar eso? –Bufó.— Soy demasiado masculino para rebajarme a ese nivel.
—Te dejaré elegir la que tú quieras, no te obligaré a que cantes Wannabe, aunque debería, no soy tan mala –dijo aún con los dedos bajo la barbilla, los brazos cruzados y el cojín colgado de su mano libre—. Después de eso, dejaré de correr y podrás tocarme.
—Tentador –susurró James siguiéndole el juego.
No podía creer que ese lado tan juguetón de Lily, que aunque sabía que tenían sentido del humor porque siempre se reía de sus babosadas, ella había tomado la iniciativa y le encantaba. Él normalmente era un idiota, pero esa faceta de Lily también le gustaba. No. Le encantaba. No quería arruinarlo, ¿cantar Spice Girl? Aunque solo se sabía una canción.
—Decide –sonrió Lily—. Tienes tres segundos. 3, 2, y…
—De acuerdo.
La sonrisa de la pelirroja se hizo más amplia y, se lamentó por caer tan fácilmente en sus encantos.
Buscó su móvil en uno de los cajones y rápidamente buscó en karaoke de la única canción que se sabía. Era humillante, pero todo fuera porque Lily lo dejara tocar esos pechos que gritaban por atención. En solo unos segundos, empezó a sonar la melodía de 2 Become 1, y ya sentía su rostro arder de vergüenza, pero Lily bajó la guardia tratando de reconocer la canción.
—Esto es ridículo –dijo tratando de salvar su virilidad antes de entonar el inicio de la canción:— Candle light and soul forever, a dream of you and me together.
Con eso fue suficiente para que Lily estallara en risas, pero James se sintió motivado así que no dejó de cantar, observando como la pelirroja se dejaba caer lentamente en el sillón, presa de las fuertes carcajadas. Su rostro se había puesto rojo, y las lágrimas salían de sus verdes ojos.
Trató de no reír pero era casi imposible viendo la pinta de su chica, y él se la estaba pasando en grande. Le encantaba hacerla reír, le encantaba su risa, solo quería ver esa sonrisa en su rostro el resto de su vida.
—I need some love like I've never needed love before, to ya, baby. I had a little love, now I'm back for more, wanna make love to ya, baby –cantó el coro con mayor intensidad y pasión.
Cuando la canción terminó, no pudo apartar la sonrisa al ver el momento tan divertido que había hecho pasar a Lily. La había hecho reír como nunca, pese a que por la tarde estaba un poco deprimida, era un sentimiento de realización asombroso. Se sentía tan bien de que por fin había podido liberar sus sentimientos, ella no lo había tomado a mal, claro, no había sido perfecto –ni siquiera había respondido— pero no se podía quejar. Las cosas seguían siendo como antes, pero sin ese peso encima.
Se acercó lentamente al sillón donde Lily estaba convaleciendo por la risa, y se sentó a su lado, apartando el cabello pelirrojo del bonito rostro. Las mejillas de Lily se ruborizaron, entonces James supo que la estaba mirando diferente, no podía evitarlo porque se sentía distinto.
—Me encantas, princesa –dijo con un tono de voz más seguro.
Lily se mordió el labio inferior sin apartar la mirada de sus ojos. James deslizó su dedo por el labio lastimado, obligándola a soltarlo.
—¿Sería mucho pedir si esta noche me permites hacerte el amor? –preguntó acariciando ese labio tan rosado.
La pelirroja permaneció en silencio unos segundos sin bajar la mirada, podía sentir su estómago dar algunas vueltas dentro de su cuerpo, pero su alma descansó cuando Lily negó con la cabeza.
Se inclinó con lentitud, temeroso, rozó sus labios contra los de ella, esperando que en cualquier momento lo empujara y lo mandara al demonio, pero eso no pasó. Cerró los ojos esperando el tan ansiado beso, y se relajó cuando ella misma anuló el espacio. Los labios suaves y húmedos le hicieron delirar, se sentía tan bien, era como si ellos hubieran estado destinados para besarse. Desde la primera vez que la besó en Manor, supo que aquello sería su adicción, Lily seguramente no lo sabía, pero para él no era un movimiento completamente inocente, no solo era para encender la pasión. Le estaba entregando su alma en bandeja de plata, con gusto, y sin ninguna posibilidad de ser devuelto a su lugar de origen.
Lily gimió contra sus labios, tomándolo de la nuca para profundizar más el beso, pero James no quería ir a prisa. Como dijo, en esta ocasión no quería simple sexo, eso podía conseguirlo en cualquier lado, quería demostrarle lo enamorado que estaba, lo mucho que la respetaba y la quería a su lado. Deslizó sus dedos por el abdomen desnudo tratando de relajarla, el efecto fue casi inmediato porque la respiración de Lily se tranquilizó y James pudo comenzar a dejar suaves besos a lo largo de toda su clavícula, sin detener el movimiento de sus dedos.
Lily estaba acostada en toda su extensión sobre el sillón, mientras James estaba en apenas una esquina tratando de mantener el equilibro, y no caer al suelo. Estaba muy incómodo, pero su pelirroja ya había cerrado los ojos, siendo completamente receptiva a las caricias que proporcionaban sus labios. Su boca se hacía agua por la necesidad de bajar un poco más y morder los pechos, quería ir lento, pero era sumamente difícil tomando en cuenta que entre más descendía por el pecho, Lily arqueaba la espalda acercándose aún más a su rostro.
James deslizó las manos por la espalda baja, en el hueco que se había formado, y comenzó a trazar círculos de manera delicada. No tardó mucho tiempo en regresar a su posición original, con la espalda totalmente recta. Agradeció en silencio, y con la yema de los dedos comenzó a dibujar el contorno de los pechos.
—James –gimió Lily con voz ahogada, tenía los ojos abiertos y lo miraba atentamente—, ¿quieres ir más rápido? Me estoy desesperando.
El chico embozó una sonrisa y continuó con los movimientos.
—Quiero que sientas que tu interior explotará por la necesidad de tenerme, quiero acariciar tu cuerpo completo y que ruegues por hacerte mía –susurró con voz ronca, acercando la boca al oído de la pelirroja donde pudo notar inmediatamente, como la piel de su alrededor se erizaba—. Quiero que sientas con cada fibra de tu cuerpo el amor que siento por ti. Quiero que lo desees, que solo pienses en mí y cada vez que lo quieras, recuerdes que solamente yo puedo hacerte sentir de esta manera.
Sintió el cuerpo de Lily vibrar, gimió suavemente y eso fue suficiente para que James continuara su recorrido por toda la piel de sus pechos, en círculos desde la circunferencia hasta la punta. Depositó un suave beso en un costado y continuó el recorrido por la cintura, deteniéndose solo un momento en el ombligo y cuando llegó al vientre, dio una suave mordida en el hueso pélvico. Un nuevo gemido acompañó sus movimientos, y continuó las mordiditas sobre las bragas hasta el punto donde sabía estaba el clítoris, humedeció aún más la prenda con su lengua y continuó por la cara interna de los muslos.
En ese punto, el cuerpo de Lily vibraba sin pudor alguno, su respiración era lo suficientemente fuerte para llegar a los oídos de James, y un gemido se escapaba cada vez que hacía un movimiento inesperado. Quería continuar, quería hacerlo lento, disfrutarla completa, pero le estaba costando el mundo entero, porque su cuerpo ya sudaba y su miembro parecía una roca golpeando sus pantalones. Era doloroso, su cuerpo gritaba por liberarse, pero en ese momento su mente y su corazón lo dominaban por completo.
La tomó debajo de las rodillas y la espalda para levantarla al vuelo, Lily era tan pequeña y ligera para él, que no representaba mucho esfuerzo llevarla hasta la cama. Dejó sus piernas colgando por el borde, y se tomó un momento para observarla, el cabello estaba alborotado, los labios entreabiertos y las mejillas sonrosadas, eso no era lo único, tenía los ojos brillantes y estaba paciente, disfrutando del roce de sus dedos. No podía simplemente verla así, con esa mirada y no hacer nada, apoyó el peso sobre sus codos y la besó una vez más, esta vez con más intensidad, empujando su lengua para abrirse camino al interior.
Lily aceptó gustosa, y no pasó más de unos segundos cuando sintió las caderas femeninas elevarse para hacer contacto con las suyas. Ya había aguantado suficiente, y en ese momento no tenía más energía para negarse cuando Lily comenzó a sacar la camisa de sus pantalones. Se dejó ser, dejó que acariciara la piel de su abdomen antes de abrirse los pantalones y liberar su miembro. Gimió contra los labios de Lily cuando comenzó a acariciarlo, estaba tan cerca y se sentía tan bien que tuvo que hacerla parar con un delicado movimiento. La pelirroja entendió porque se apartó y se deshizo de las bragas ella misma, mientras James se desnudaba.
De un momento a otro, hundió su piel cálida contra el cuerpo femenino, y disfrutó del roce de su piel, como Lily buscaba contacto abrazándolo por el cuello atrayéndolo a ella. De repente, la idea de ir lento fue desechada por completo, tomó la mandíbula de Lily besándola con fuerza, y deslizó la mano abierta por sus redondeadas caderas. Lily respondió al estímulo porque flexionó las piernas a sus costados, dejando el espacio libre a James que rápidamente se acomodó.
Con una mano, empujó las caderas de Lily hacia él, deslizándose en su interior sin ninguna duda. Ambos gimieron por el encuentro, Lily con la boca abierta y James con los dientes apretados. Comenzó a moverse, lentamente observando el rostro de la pelirroja que permanecía con los ojos cerrados, disfrutando la sensación. Ese momento no era para él, debía recordárselo, era solo para ella, y sabía que si iba más rápido terminaría en dos segundos, así que se tomó su tiempo, deslizándose lentamente, acariciando el cuerpo de Lily en el proceso.
Su cuerpo estaba sudoroso y cansado, pero le daba energía notar como Lily aferraba las piernas en sus caderas, apretándolo contra ella, como tomaba fuertes bocanadas de aire y murmuraba su nombre entre gemidos. Así quería estar, toda la vida, acompañado de su pelirroja. Sintió sus paredes vibrar por la anticipación, y cuando el orgasmo se acercaba, la tomó de la barbilla obligándola a mirarlo. Los ojos verdes estaban inundados de placer, las pupilas dilatadas y brillantes, la quería ahí, viéndolo a la cara mientras se desarmaba de placer.
El orgasmo la golpeó con fuerza, pero James la obligó a mirarlo mientras se enterraba una vez más.
—James… —gimió por última vez, antes de arquear la espalda y aferrarse a los hombros del chico clavándole las uñas.
James sufrió un poco, pero valía la pena, empujó por última vez antes de que fuera su turno, vaciándose en el interior de la pelirroja que lo volvía loco.
Lo único que se escuchaba en la habitación eran las fuertes respiraciones de ambos. James se apartó acostándose a un lado, pero no tardó en jalar a Lily por la cintura hacia él, uniéndose en un abrazo. Colocó la frente sobre la de la chica, acomodó unos cuantos cabellos con torpeza y después plantó un beso en las mejillas sonrosadas.
Lily ronroneó como un gatito con gusto. James sonrió dándose cuenta que le agradaban sus acciones, así que con mucho cuidado levantó las sabanas para cubrir el cuerpo de Lily, apagó las luces y se echó a la cama rodeándola con sus brazos. Lily apoyó la cabeza en su pecho y no podía estar más satisfecho.
—Serás mi almohada –susurró con los ojos cerrados, y voz somnolienta.
—No hay ninguna almohada –rio James—, ¿quién será responsable de este acto tan inhumano?
Lily rio suavemente contra su pecho, y no tuvo corazón para levantarse, porque eso implicaría moverla de esa posición tan cómoda en la que estaba. Suspiró cansado y comenzó a trazar círculos en la espalda de la pelirroja. Por más agotado que estuviera, no creía poder cerrar los ojos en toda la noche, así que observó el paisaje nevado a través de la ventana y deleitándose con el calor del cuerpo de Lily.
¿Ven que no soy tan mala? xD
