Disclaimer: Esta historia participa en el reto: "Weskerfield: Solo queremos ver el canon arder" del foro Resident Evil: Behind the horror. Ninguno de los personajes me pertenece.


Carta de A. Wesker a C. Redfield.

6 de octubre.

Mi dulce Claire:

Si existe un dios o no, ya no es relevante, pues solo ha burlado al mundo con ausencias, con dádivas, y a todos nos ha albergado en su crueldad. Real o ficticio, nos ha legado una sabiduría que depositó en cada uno de nosotros y que nos permite discernir pequeñas cosas de las que valen la pena recordar, como la luz en tus ojos cuando me miras, el temblor de tu voz cuando me hablas, el grácil ondear de tu cabello a la suave brisa, una caricia que puedo llevar conmigo a todo sitio al que vaya. Incluso en este horror, las diferencias puedo ver. Aquí reposo ahora, frágil, mi cuerpo cual huesos de ave.

Pero también nos enseña compasión, nos da misericórdia. Así nos compensan, puedo decir que algunas veces lo consiguen, pues he presenciado cómo el aguijón de la injusticia traspasaba a los que, débiles en exceso, buscaban respaldo o amor. A al contemplarlos, el dolor se amortiguó hasta convertirse en un destello; no obstante lloré como tú lloraste, derramé mis lágrimas sobre la misma rosa que al más flaco cobija.

Y tú, mi amada, me quieres de un modo tan sencillo como el fluir, aun con el significado del desequilibrio de tu sangre ciegamente compartida con quien vive en un mundo donde el arma traza el ancho arco de la ambición. Tú me amas de la forma que es la mutua necesidad la que me desconcierta, de tu corazón brota el alimento que salvaguarda mi debilidad. Si yo de ti me separo... ¿dónde encontrarás la plenitud? ¿arrebujada en los túneles del ser? .

He escuchado el canto acariciador de la muerte, su serenata, una llamada a la contienda que se entremezcla en la noche y me invita a ocupar un silencioso trono en las profundidades de su insensible reino, abandonar este mundo donde se intentó unir la oscuridad a la luz y corromperla bajo su influjo; allí donde en difícil equilibrio la pureza se destruye, pero en la voluptuosa penumbra yace la verdad, la última y grácil danza.

Mas no es para mi tal destino, no puedo otear en el laberinto de las tinieblas, y dejar que solo acunen mi hálito el sol y la sólida tierra donde nada se espera tras perder el camino. No es para mí tal destino, pues en mi interior sé que vasta es la luz que aún se encuentra en este mundo; solo puedo continuar buscándola a pesar del peso de la suciedad que en mis manos cargo tras empuñar el acero que ensucia el alma de tal forma que jamás puede ser limpiada.

Tú eres la luz que continuaré buscando, mi amada, mi corazón, mi alma.

Donde quiera que esté, siempre volveré a ti y te amare por el resto de mi existencia.

Mi alma, corazón y espíritu te pertenecerán siempre.

Albert.