.::. She kills my EGO .::.

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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


Recording 021

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El agua tibia corrió por su cuerpo, refrescándolo y despabilándole a esa hora anticipada. Su alarma programada a las seis, le había despertado ruidosa y puntual.

Salió de la ducha apenas secándose el pelo; aun percibía los rastros del sueño interrupto envolver su cuerpo. Y fue aquel estado, el que lo motivó a ponerse lo primero que encontró a la mano.

Sigiloso como un gato, anduvo un rato por la cocina, sacando un yogurt por aquí, una tostada integral por allá, una manzana del frutero acullá…

Ni siquiera traía una chaqueta cuando abordó su Audi en el garaje, concienzudo tan sólo en cargar consigo su amada guitarra acústica.

Sin tránsito que lo detuviese, Yaten estuvo en Lantis en la mínima cantidad de quince minutos. Eran las siete con cinco cuando abrió la puerta del solitario y oscuro estudio. Ella todavía no llegaba. Lógico. Habían quedado de verse a las ocho.

Con total parsimonia, se ocupó de encender todo el equipo. Liberó su guitarra del estuche con la intención de revisar su afinación, mientras la MAC procesaba y recargaba todos los archivos de su disco duro. De una carpeta extrajo las partituras en las que había estado trabajando por días. En ellas se plasmaba la canción para su solo. Estaba completamente lista para grabar. Tal vez había que ensayar un poco para calentar los dedos y alcanzar los tonos y armonía deseada, pero a su opera prima ya no le hacía falta nada.

Desde el principio esa había sido su intención al comenzar a trabajar en la pieza: no derrochar tiempo en arreglos e improvisaciones y no desgastar a Hino más de lo que ya se veía. Yaten recordó con humor cómo la noche anterior, al llevarla a casa, Rei se había quedado dormida a mitad del camino, despertando sobresaltada quince minutos después de haber arribado a Hikawa Shrine.

Le regocijó la idea de pensar que ella por fin se hallaba lo bastante cómoda con él, al grado de entregarse al sueño y saberse totalmente segura. Por supuesto que le reclamó el no despertarla inmediatamente, pero sus mejillas rosas le hicieron saber que no le desagradó del todo la idea de que él hubiese estado contemplándola al dormir.

Pactaron así su segunda cita –o así lo dio por hecho él- a las ocho de la mañana siguiente, en la grabación de ese día. Estarían prácticamente sólo ellos dos, compartiendo tiempo, ideas, sonrisas, miradas: presencias. Y para Yaten, eso contaba definitivamente como una cita.

No podía dejar de sonreír por sus torpes y aniñadas circunstancias. Él, ella, ambos eran nuevos en eso que aventureramente podría definirse como "amor", y el ir paso a paso, para ellos constituía una enorme proeza. Mientras que otros tan sólo con mirarse ya se profesan amor eterno, ellos tuvieron primero que reconocerse en alma para al fin sentir y decidir que podían ser. Ellos podían, se daban cuenta; no obstante, no querían apresurarse, precipitarse. Preferían caminar y descubrir ese camino incierto, juntos.

Sus largos dedos resbalaron en cascada por las cuerdas de la guitarra, arrancándole un melodioso sonido. Colocó las partituras encima del teclado, apoyándose en él para leer las notas y reproducirlas en el desperezado instrumento. Con pulcra atención, fue ajustando las clavijas en función de los tonos que su oído le dictaba como idóneos. Una vez afinada la resonancia, se dispuso a tocar "by my side" la pieza de su autoría y composición.

Perdido como estuvo en un inicio, en la tarea de armar una canción de la nada, durante los últimos meses, Yaten se encontró alimentando su inspiración y habilidades con las propias vivencias de su día a día. Desde aquella mañana en que la mente lúcida y renovadora de Hino llegó –volvió- a sus vidas y les cambió de numerosas maneras, hasta aquella misma noche, en que apenas había podido dormir a causa de los sentimientos cálidos derramándose en su cuerpo al pensar en ella.

"A través del tiempo, a mi lado. No importa la distancia. Mi corazón late en tus manos. Aún si la tormenta es fuerte no caeremos, no caeré si estás aquí. Sonríe e ilumíname con el cielo de tus ojos, mantente conmigo."

Desde el pasillo Rei escuchó la música provenir del estudio, señal de que Yaten se le había adelantado a llegar. No ignoró los latidos arremeter contra su pecho ante la expectativa de verle de nuevo. Era una sensación nueva y desconocida, pero al mismo tiempo agradable.

Aspiró y soltó aire en busca de calma y autocontrol, cosa inútil cuando desde el ancho de la puerta de cristal, le vio empuñando con devoción esa guitarra acústica, con el cabello desordenado y visiblemente húmedo: fresco, con unos jeans azules desgastados y una camiseta blanca y sencilla que se adhería perfecta y descuidadamente a su torso. La imagen simplemente la dejó sin aliento.

Y si a todo aquello se le sumaba la íntima comunión que en ese instante, él parecía tener con la música… Rei jamás lo había visto tocar una guitarra y se sintió otra vez ignorante de los tantos talentos que ese hombre escondía como secretos.

Con cuidado de no hacer demasiado ruido e interrumpir su ejecución, la doncella giró la manija y entró al salón resonante en una dulce y harmoniosa vibración de cuerdas. Él notó su presencia pero no dejó de tocar, en cambio la miró y le regaló una de sus torcidas y encantadoras sonrisas. Con un rasgueo intermitente de su plumilla, Yaten formó un breve puente musical y su voz se enlazó nuevamente: viva, dinámica, libre.

Rei se sintió tocada por la belleza musical de la pieza, una belleza sensitiva y apasionada: medida, rítmica, acompasada.

Y el mensaje, el mensaje era una hermosa joya.

"Y hasta que vuelva a verte, encuéntrame en tus sueños. Otra vez."

El jugueteo perfecto entre la voz y los dedos envolvían al oyente en un deleite sentimental y delicado que lo llevaban a la evocación y a las memorias, a la nostalgia y el anhelo.

Como gotas de lluvia, los acordes caían diáfanos, trasminándose en los sentidos, apelando a las emociones: haciéndolas aflorar: sacándolas de sus escondites: exponiéndolas a la luz.

Rei necesitó recargarse en la mesa de trabajo al sentir todas aquellas sensaciones bullir en su cuerpo. De las cuerdas parecía brotar magia y, de su canto, un bálsamo.

Aplaudió; sensible y emocionada. En cuanto Yaten acarició por última vez los hilos de su guitarra en anunciada conclusión y, su particular voz se desvaneció, Hino no pudo reaccionar de otra forma que aplaudiendo, como estaba segura haría el público cuando escuchase tal maravilla.

—¡Es hermosa, Yaten! Tan melódica y romántica. La letra es… ¿En serio tú la compusiste?

Rei le observó arrugar el ceño.

—¿Todavía no crees en mis habilidades musicales? –preguntó incrédulo, casi ofendido por el cuestionamiento.

—No es eso, por supuesto que creo en ellas, pero jamás creí que pudieras ser capaz de crear una canción de este tipo: tan sensible y tierna: romántica.

El escepticismo brilló en los ojos verdes.

—Sigues sin mejorar en tu argumento. ¿Quieres decir que soy un insensible y frio? ¿Qué no tengo sentimientos? Es cierto que no soy un humano como tú, pero eso no quiere decir que…

Azorada, Rei se apresuró a excusarse.

—¡No! ¡Yaten! Me refiero, me refiero a que… Yo no quise…

La doncella calló al escucharlo carcajearse y doblarse de la risa. Era claro que él no quiso otra cosa que tomarle el pelo con su repentino dramatismo.

—Eres un tonto. –murmuró la pelinegra, sonrojándose por caer redondita en su broma y saberse la causa de su buen humor.

Él cesó su risa.

—Si fueras una fan, ¿te gustaría que te dedicaran esta canción? –preguntó, tanteando las cuerdas en busca de la secuencia que acompañaba al coro.

Rei, extrañada, meditó su pregunta.

—Sí, creo que moriría de amor.

—Y, ¿de quién serias fan? Seiya no cuenta, ya tiene demasiadas fans. Y Taiki, bueno, es Taiki…

—Obvio que sería tu fan. –indicó Hino sonriéndose, dándole oportunidad a que se regocijase en toda su vanidad.

—¿Si? –tentó no muy impresionado por su respuesta- Mira que mi club de fans es algo elitista con las nuevas.

—¿Crees que si mencionó que soy la productora, me acepten?

—Tal vez, no puedo asegurarlo. Ellas son rudas a veces.

Ambos se soltaron a reír por la tonta conversación que habían formulado.

—Se llama "by my side" –refirió Yaten, sin dejar de palpar las cuerdas-. Se la dedicare a mis fans.

—¿En serio?

La sorpresa pinceló el rostro de Rei, asombrada por la irreverente decisión del idol e imaginando a todas las chicas vueltas locas con tal muestra de afecto por parte de su estrella favorita.

—Sí, tal vez yo no acepte regalos ni cartas, pero no necesito sacarme fotos sosas y subirlas a la red para transmitirles mi agradecimiento. Yo puedo escribirles una canción entera.

Rei soltó una risa ante la directa alusión a Seiya. ¿Por qué siempre tenía que ser tan competitivo hasta con su hermano?

"Niño de cinco años", acusóle divertida en su cabeza.

—Así que apresúrate a registrarte en "Silverlight" o no podré dedicártela. –dijo, levantándose de pronto del banco en que se acomodó a tocar la pieza y arrancando a Hino con su intrépida recomendación, un intenso sonrojo al entrever la revelación inserta en la vaguedad de sus palabras.

Y es que no habían sido al azar. Las palabras que Yaten había escogido para decirle que esa canción era para ella, estuvieron perfectamente premeditadas. Y el hecho de que fingiera distraerse para acomodar y recoger sus partituras, no fue por otra cosa que por el propio sonrojo que sentía subirle a la cara por el atrevimiento.

Parecían dos mocosos adolescentes.

Para su buena fortuna, la grabación de "by my side" se realizó con éxito y en un tiempo record a comparación de las sesiones con Seiya y Taiki. Rei supuso que la claridad que Yaten tenía con respecto a su canción ayudó enormemente a que, de una muestra de cinco tomas, él decidiera elegir una de ellas como la deseada. Claro, con la moción positiva y visto bueno de Rei. Ella había quedado encantada con el track.

Por las cinco de la tarde, tomaron un descanso para comer. Fuera de sus hombros la presión de un álbum inconcluso, Rei se encargó con evidente felicidad, de pedir algo por teléfono mientras Yaten continuó puliendo detalles mínimos.

Conversaron: sobre el próximo concierto y los trabajos del montaje del escenario, acerca de los preliminares a los ensayos que harían en el Tokyo Dome y al que tendrían que presentarse prácticamente en pocos días. Había que agendar una última reunión general para repasar la tracklist, el vestuario final y los ensayos coreográficos. Todavía tenían trabajo por delante, pero sin la participación activa de Rei en la producción musical, ahora ella tendría que colocarse junto a Taniyama, en el papel de observadora.

Podría decirse que esa noche, al entregar al CEO el álbum completo, su trabajo primordial con Three Lights habría terminado.

Para las ocho de la noche, ya habían integrado la última pieza del álbum a la base digital. Rei, aprovechando que Yaten había subido al sexto piso para tratar un asunto de agenda con Aoi, el manager, se recostó en el sofá de piel negra y cerró los ojos en busca de lubricación y un poco de descanso. No obstante, la sensación liviana de su espíritu al ver concluida satisfactoriamente su primera gran experiencia musical, le llevó a un estado de tranquilidad que le hizo dormitar.

—Perdón, Aoi se olvidó de…

La disculpa de Yaten llegó tarde. Atónito, se admiró de encontrar a su bella durmiente muy cómoda y apacible en el sofá, ajena al acontecer del mundo que tantas energías le había ya quitado. Sonrió. Se le veía tan calma, tan satisfecha, tan tranquila, que Yaten no tuvo el corazón para despertarla.

Evitando hacer ruido, se acercó a ella y la miró fascinado. De pie y con las manos en los bolsillos, se entregó libremente a la contemplación de su musa, sintiendo cómo en su pecho se derramaban nuevamente aquellos cálidos sentimientos que palpitaban por ella.

No resistió el impulso, sincero y anhelante, de besarla. Fue consciente del arrojo que supondría tal acto, pero decidió –al menos por una vez- ser egoísta. Se inclinó ante ella y, con la lentitud y el cuidado que exigía el toque de la más valiosa joya, probó sus labios.

Testigo circunstancial, Seiya no dio crédito a lo que sus ojos veían.

Cuando salió de Incube, después de compartir un buen rato con Clazzik y sus colaboradores en su estudio, el mediano de los Kou creyó que no era mala idea pasarse por Lantis y llevarles a su amiga y hermano, algún aperitivo para cenar. Después de todo, gracias a él la grabación de Yaten se había retrasado más de lo que originalmente se había programado y, a modo de disculpa, Seiya sintió que se los debía. Sin embargo, nada lo preparó para presenciar una escena tan íntima entre ellos dos.

Lleno de energía como estaba en esos últimos días, Seiya había subido por las escaleras de emergencia con una bolsa de Monja y bebidas. Le extrañó no percibir ningún sonido provenir del estudio siempre ruidoso y activo con Hino allí. Aminoró su andar y sus zafiros, a través de la ancha puerta de cristal, no hallaron alma alguna a la vista. Si no hubiese sido por la estela platinada que alcanzó a atisbar mínimamente, hubiese creído que se hallaba vacío y tal vez hubiese dado media vuelta con la intención de marcharse.

Con pasos ligeros se acercó, asomándose otro poco al ángulo que le permitió observar la acción que le dejó perplejo y sin palabras.

"La ama", fue lo que concluyó Seiya al ser el silencioso testigo de la acción romántica de su hermano y de cómo éste, después de contemplarla por varios segundos, con lo que podría determinarse como devoción, se incorporaba para tomar el lugar de la joven productora frente a la MAC y quemar el demo del álbum de su comeback.

De igual manera, Seiya pudo ser testigo de que, contrario a lo que Yaten creyó, Rei había sido plenamente consciente de aquel beso. Seiya la observó abrir los ojos y fijarlos en la erguida espalda de su hermano. ¿Podría ser posible que ella estuviese experimentando una transformación similar en sus sentimientos?

Sonrió con dulzura.

Allí estaba toda la explicación a esa aura extraña que venía intuyendo entre ellos dos. No era otra cosa que sentimientos desarrollándose, amor gestándose entre su hermano y su mejor amiga. No era otra cosa que ellos dos enamorándose.

Desistió de su idea de entrar al salón y dejarles la cena. Definitivamente no sería él quien les rompiera la burbuja.

Silencioso, deshizo el camino y se dirigió al primer sótano en busca de su coche. Aquel nivel del estacionamiento se hallaba, a esa hora, completamente vacío, con excepción del Mini Cooper y el Audi que pertenecían a los tortolos rezagados en el estudio. Seiya pensó con diversión que, incluso en los cajones del garaje, su Mustang negro hacía mal tercio con los otros dos vehículos. Solazado, una risa escapó de sus labios.

A la distancia desactivó la alarma y avanzó hasta su pequeño bebé motorizado. El matiz dorado que contrastó con la pintura medianoche, llamó su difusa atención.

Detuvo sus pasos al reconocerla.

—Serena…

—Hola, Seiya.

El mundo se tambaleó en una sola visión: su visión. La claridad que por semanas aliviara y cristalizara su psique, de pronto se nubló con sensaciones, emociones y recuerdos mezclados en torno a aquella mujer. Su corazón palpitó, doliente y agitado; trémulo ante su presencia. En su mente se arremolinaban preguntas inquietas, suposiciones fortuitas, sentimientos inconexos. Todo en un sólo segundo, en una sola mirada.

¿No se suponía que había dado el carpetazo al expediente Tsukino? ¿No lo había asegurado apenas algunos días atrás, con la arrogancia beatona de santo?

Recriminándose por verse afectado de tal forma, Seiya recuperó el dominio de sí y sus emociones. Anuló la distancia restante y se acercó directamente al auto. Inmutable, pasó de ella.

—¿Qué haces aquí? Ya es bastante tarde.

Serena parpadeó al verle ir de largo hacia la portezuela del coche.

—Yo… vine a hablar contigo.

—Lo siento, tengo un compromiso. Tal vez en otra ocasión. –mintió, abriendo la portezuela del coche.

—Seiya. –llamó en tono de súplica, provocando que el chico suspirara fatigado.

—Serena, no deberías estar aquí.

—Por favor, déjame hablarte un momento.

—¿De qué? Ya hablamos todo lo que teníamos que hablar. No encuentro sentido a tu insistencia. –rebatió el pelinegro, haciendo amago de entrar al auto de una buena vez.

Angustiada, Serena se aproximó rápidamente y detuvo el cerrar de la portezuela.

—Seiya por favor, no seas así. Escúchame. Sólo unos minutos, no pido más. No puedo pedirte más.

El mayor error de Seiya fue mirarla a los ojos, pues en ellos vio un ruego sincero que no pudio ignorar. Se golpeó mentalmente por sucumbir y ver su orgullo doblegarse una vez más por esa mujer. Pero es que él no tenía corazón para eludir esa súplica brillando en los ojos añiles.

Suspiró, derrotado.

—Entra.

Una débil sonrisa iluminó el rostro de la rubia, que se apresuró a abordar el asiento del copiloto antes de que el mediano de los Kou cambiase de opinión.

El motor del mustang rugió al encenderse; Serena apenas y logró abrocharse el cinturón de seguridad, cuando ya salían de las instalaciones de Lantis. Seiya había tomado el circuito para desembocar en el eje periférico, atento y concentrado sólo en las señales de tránsito. Serena fue incapaz de articular palabra durante el trayecto, indecisa en determinar si aquel era el momento idóneo para entablar conversación. Lo vio tan concentrado en el camino, que optó por dejarse llevar a dónde él prefiriera sentirse cómodo. Y es que Seiya ni siquiera le había preguntado sobre el destino al que se dirigirían para charlar.

La mujer se sorprendió enormemente cuando el coche se detuvo en una de las aceras del parque central, espeso en árboles frondosos y con decenas de farolas iluminándolo. La estación de tren se ubicaba en la contra esquina, desde donde podía verse a la gente entrar y salir a montones de ella. Consternada, Serena entendió que Seiya había elegido ese lugar como el idóneo para hablar con ella, previendo acaso un desenlace distante e impersonal.

Ninguno se bajó del auto.

—Y bien, ¿de qué quieres hablar? –inició Seiya, dejándose caer en el respaldo del asiento- ¿Qué es eso "tan importante" que tienes que decirme? ¿Acaso debo alquilar el traje para tu fiesta de compromiso? Me avisas muy a tiempo.

La rarísima ironía del muchacho cayó como balde de agua fría en el ánimo de la Tsukino, que abatida, se mordió los labios. Él ni siquiera se había dignado a mirarle. Inhalando aire, finalmente lo soltó.

—Rompí con él. Rompí mi compromiso con Darien.

Seiya ladeó su cabeza en el respaldo y la miró, confuso. Dudaba de haber escuchado bien.

—¿Por qué hiciste eso? ¿Qué no se suponía que tú…?

—No, yo… Estoy enamorada de ti.

Frenético, Seiya comenzó a reírse. Y aquella risa no hizo a Serena sentirse mejor ni más relajada, por el contrario, fue una risa que le causó escalofrío por la carga de sarcasmo e incredulidad que contuvo.

—¿Qué? –inquirió, tornándose ansiosa por aquella risa.

Pero Seiya no parecía querer parar de reír.

—¡No te rías! –demandó alzando la voz, sintiendo en los ojos la humedad forjarse.

—¿Por qué? ¿No te parece divertido? –respondió el pelinegro, fuerte en resistir el amago de ella por llorar. Un irritante ardor subió en el centro de su entraña-. Fui yo quien te confesó abiertamente sus sentimientos y tú decidiste tu futuro con otro hombre. Ahora se enojan, rompes con él y, de repente, ¿te das cuenta que estás enamorada de mí? Dime si no es gracioso.

Serena se halló estupefacta, sus ojos celestes se abrieron de par en par, turbados al desconocer al hombre que frente suyo, le prodigaba aquel ácido trato.

—O es que acaso… ¿quieres que juguemos otro poco? –agregó, acercándose peligrosamente a su rostro, a milímetros de sus labios, casi a punto de besarla.

Sobrecogido por la intempestiva cercanía, el corazón de la rubia dio un vuelco. Sin embargo, el gesto duro que mancillaba el hermoso rostro del idol la hirió y, con la palma abierta, le empujó, alejándolo.

—No estoy jugando, Seiya. Es la verdad, tienes que creerme.

—¡Es difícil hacerlo cuando fuiste tú la que me rechazo!

—¡Eso fue porque estaba muy confundida! ¿No lo entiendes? ¡Había demasiadas voces diciéndome qué hacer!

—¡Pues debiste escucharte a ti misma!

Llegados a aquel punto, ambos gritaban; incapaces de comunicarse sin que los sentimientos guardados en sus corazones afloraran, como una vasija repleta y en ebullición.

—Todos esperaban tanto de mí que…

—¿Y ese es tu argumento? ¿Vas a ser así y escudarte una vez más en ese pretexto? ¿Sabes con certeza lo que estás haciendo aquí, ahora mismo?

—Estoy escuchando a mi corazón –enunció Serena, intentando mantener a raya las lágrimas que se acumulaban en sus ojos-. Por primera vez estoy escuchando a mi corazón, Seiya. Escucha tú al tuyo.

—No lo sé, Serena –apuntó, eludiendo el seguir mirándola-. Después de que lo has roto, no creo que funcione muy bien como antes.

—Seiya lo lamento, estaba asustada.

—Yo también lo estaba –declaró, sintiéndose defraudado con su respuesta-, pero me arriesgué a todo por ti. Lo hice por estar contigo y tú…

Una astilla profunda dolió en su pecho.

—Dejémoslo aquí, Serena. Ya no quiero hablar más de esto. –resolvió, encendiendo de nuevo el coche.

Ella le detuvo, asiéndolo de la manga de su chaqueta, obligándole a mirarla.

—Seiya, escúchame. Te amo. He sido tan tonta por no darme cuenta antes… No, sí lo sabía, pero fui cobarde al no tomar el valor para aceptar estos sentimientos y luchar por ellos, por nosotros. Perdóname. Estas semanas sin ti me hicieron tanto daño… No imagino un futuro sin ti a mi lado, no puedo, simplemente no puedo.

Y cayeron. Las lágrimas que la Tsukino había estado reteniendo entre sus pestañas, cayeron incesantes. Avergonzada por la irritable debilidad de sucumbir al llanto para externar sus emociones, bajó la mirada; sus manos, cerradas en puños, descansaban sobre sus rodillas, impotentes.

Un pesado suspiro, lánguido y cansado surcó el aire denso dentro del auto, acompañando en su desilusión, al mudo sollozo.

—No sé si quiero volver allí, Bombón –habló Seiya en un susurro de tregua; Serena así lo supo cuando por fin, en toda la conversación, él le otorgaba aquel mote que ansiaba oír de sus labios-. En este momento yo no sé si podría…

—Esperaré –cortó la rubia ante la luz de una esperanza-. Esperaré por ti, Seiya. El tiempo que sea necesario, no me importa. Sólo… Sólo no me alejes de ti. Por favor, permíteme permanecer en tu vida.

Lo sorprendió. El tono resuelto y sincero de ella, lo sorprendió. Nunca la había escuchado hablar tan determinada cuando se trataba de sus asuntos. La recordaba siempre vacilante, dándole vueltas a las cosas, insegura respecto a ellos; cobarde. Reconoció en ese instante, complacido, la valentía titilando en su voz y que tornaba sus azules pupilas, más brillantes de lo que eran.

—Te llevaré a casa. Creo que ya es tarde para que andes sola por la calle. –enunció el idol por toda respuesta, encendiendo el mustang y dejando en el aire, un halo ambiguo de incertidumbre.

Serena limpió la humedad de sus mejillas y asintió en acuerdo, tomando su ofrecimiento como una carta de paz. Optimista como solía ser, la princesa de la luna quiso creer que no todo estaba perdido.

Que aún no lo había perdido.

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¡Hola, hola!

Aquí una nueva actualización, ¿me extrañaron? Espero que sí. Debo confesarles que tuve algunos problemas con este capítulo y quisiera decir algunas cosas al respecto. Y es que después del último capítulo, vacilé mucho en cuanto al rumbo que le daría a esta historia a pesar de que cuando la concebí por primera vez, yo ya sabía dónde iría a parar. Me descolocó porque yo nunca suelo dudar sobre una trama general de la que he hecho boceto, así que fue en ese autoanálisis que gasté tiempo, pensando en lo que haría. Finalmente, mis ideas y dudas se aclararon, reforzando mi confianza como narradora y esto retoma la idea original, claro, que va construyéndose con otros elementos que ustedes me aportan con sus comentarios y que los propios personajes van poniendo sobre la mesa. Hoy, contenta, vengo a ofrecerles esta entrega que, aunque corta, contiene lo que debe y como debe, en antelación al final. Asimismo les comparto, que la próxima entrega constituye el penúltimo capítulo, siendo el recording 023 el capítulo final y acabarémos con esta historia. Tengo una sorpresa, un gustito después de eso, pero se los diré más adelante.

Respecto a su contenido, este capítulo recaba dos de las escenas que redondean la historia en mi cabeza. La primera, la de Yaten y Rei, la tenía ya escrita en lo general y era muy deseada por mi, porque me pareció algo hermoso e íntimo, romantico y tierno. Recuerdo que cuando la visualicé en mi cabeza yo iba en un bus, mirando por la ventana y "You're my..." de Taeyang sonó en mi Ipod; esa escena se proyectó de inmediato en mi cabeza. La segunda, la de Seiya y Serena, la armé hace poco tiempo, pero desde siempre tuve el deseo de hacer una confrontación en que los papeles se invirtieran, en la que Serena tuviera que ponerse en los zapatos de Seiya y que él, en justicia a su nobleza deseñada, rescatara su integridad y dignidad. Quiero creer que logré transmitir eso.

Corto, lo sé. Mea culpa, pero era justo lo que debía contener. Pido disculpas si mi ritmo se torna retardado, pero es mi manera de conectar, mi forma de resolver un tema y hoy puedo decir que estoy plenamente satisfecha con eso. Me siento bendecida por el apoyo y la atención que he recibido de ustedes, mis lectores que me regalan un poco de su valioso tiempo para venir a leerme. Gracias. Infinitas gracias por sus lecturas y comentarios, en especial a: Dreaming Blue Sky, ben, lei, serenalucy, Kamisumi Shirohoshi, Lexie, Jenny Anderson, Kou Helena & Guest.

Nos vemos en el próximo capítulo, en el que les invito al concierto de comeback de Three Lights y a un divertido After Party... ¿me acompañarán? ;D

Espero sus comentarios y opiniones.

¿Revws?

.:Sol:.