Los personajes de Yu Yu Hakusho no me pertenecen y aquí se relatan datos que no son históricos ni mucho menos, solo un simple mundo imaginario XD
Las Arenas del Tiempo
Capitulo 21
Un Último Recuerdo
La entrada a la ciudad era realmente majestuosa, se erguía una hermosa torre muy bien resguardada por los soldados de Saba, ese punto era el indicativo de que ya se hallaban en el reino. La comitiva de Sahn estaba encabezada por la comandante Genkai, tras ella una pequeña tropa no mayor a 10 soldados de elite, en el medio del grupo iban el rey Yusuke y su esposa, tras ellos otro grupo de 10 soldados de elite, no paso mucho rato cuando el grupo veía el imponente palacio de Mariaba, estaba a unos cuantos minutos a caballo, el volver aquí era una gran alegría y expectativa para Yusuke, como deseaba entablar alguna batalla contra Hiei y divertirse a su manera tan peculiar, mientras la Comandante Genkai seguía muy pensativa respecto a esa boda, tenia las dudas de que Mukuro hubiese aceptado eso, debía hablar con ella otra vez y saber algunas cosas mas.
Dentro de Mariaba
Ya había llegado el aviso a los oídos del comandante Mukuro de la entrada del rey de Sahn al reino, era todavía muy temprano pero se dispuso a organizar la bienvenida lo mas rápido posible, supuso que esa llegada era para la boda así que trato de terminar de volver toda su depresión y frustración en energía para todo lo que tenia que hacer en estos 6 días que faltaban para las nupcias de Hiei y Kurama. Como ley del protocolo entre monarcas impartía el mismo Hiei debía de recibirlos en Mariaba, así que Mukuro se encamino a la habitación real sabiendo muy bien a quienes encontraría allí. Se detuvo a pocos pasos de la puerta y toco a ella con suavidad.
-Pase – una voz muy conocida le invito a entrar así que Mukuro respiro profundo y abrió la puerta –
-Buenos días mi señor Hiei – mira con disimulo por toda la habitación notando que Kurama no estaba allí –
- ¿qué quieres tan temprano? – Observo sin mucho ánimo a su comandante mientras se levantaba de la cama –
- Venia a informarle que el rey de Sahn a llegado al reino, debe recibirlo en el salón real, mi señor.
- No esperaba que llegara antes, pero esta bien, llama a algunas sirvientas, que busquen mis ropas, y por favor Mukuro, dale la misma noticia a Kurama, que se arregle, me va a acompañar en el recibimiento – Hiei se sienta muy tranquilo en la cama esperando alguna reacción de Mukuro –
- Como ordene… permiso – baja la cabeza y sale de la habitación sin decir nada mas –
Mukuro salio ahora con rumbo a la habitación del pelirrojo, en verdad no quería por nada del mundo hacer eso, pero no tenía más alternativa que obedecer a Hiei si no deseaba otro altercado como en las barracas. Nuevamente toco a una puerta pero esta vez era la de Kurama, Mukuro escucha como alguien se encamina a la puerta y la abre con cuidado.
-Comandante Mukuro, buenos días – Kurama estaba realmente sorprendido por ser el quien toco a su puerta –
-Buenos días – miro como el pelirrojo le observaba con notable asombro –
- ¿dígame que se le ofrece?
- Mi señor Hiei quiere que se aliste para que le acompañe en el recibimiento del rey de Sahn.
- Ya me preparo – sonrió amablemente, aunque no supo si eso rompería la tensa atmósfera que había entre el y Mukuro -
- Me retiro – se dio media vuelta para salir de la habitación –
- Espere… - Kurama decidió hablar un poco mas con el comandante para saber algunas cosas –
- ¿Que desea? – se detuvo sin voltear a ver al pelirrojo –
- Yo sé que no le agrado comandante, y también entiendo que se preocupe por Hiei porque le crió, pero sabe algo – Kurama noto que Mukuro estaba muy atento a lo que decía – Yo lo amo, no se si me quiera creer, o si eso le cambie la perspectiva hacia mi, pero tenga la seguridad que nunca seria capaz de hacerle daño a Hiei, o aprovecharme de el, yo solo quiero ayudarlo y acompañarlo por el tiempo que tenga en este mundo.
- ¿Por qué me dice eso? - Mukuro bajo la cabeza algo perturbado ante las palabras de Kurama, se escuchaban sinceras pero aun eso le causaba rabia, no quería verlo cerca de su señor Hiei –
- Porque si voy a estar al lado de Hiei como su compañero, usted y yo debemos llevarnos bien aunque sea por el, no me gusta verlo preocupado por sus decisiones o que ambos discutan por mi culpa, esa no es mi intención.
- Yo no voy a hacer nada que no desee, y no tengo porque escucharlo más… - Mukuro se retiro dejando a Kurama con la palabra en la boca, de verdad que no quería seguir escuchándolo –
- Esta bien… pero igual seguiré respetándole comandante – el pelirrojo bajo la mirada algo molesto, deseaba llegar a un acuerdo antes de la boda para hacerle menos pesada la carga a Hiei, pero eso seria imposible al ver como reacciono el comandante de Saba -
Pasó algo más de media hora para ver como la comitiva de Sahn entraba por los grandes portones de Mariaba, una fila de varios soldados de Saba les recibió con todo el acostumbrado respeto, el grupo conformado por el rey Yusuke, Keiko y Genkai bajaron primero de los caballos con rumbo a la gran entrada del palacio, unos escalones mas arriba estaban Mukuro, el rey Hiei y Kurama esperándoles.
-Sean bienvenidos a Mariaba – el trío bajo la cabeza en señal de respeto frente a los invitados –
- Muy bien rey Hiei, pero ya dejémonos de protocolo – sonrió Yusuke mientras estiraba su mano para saludar al rey –
- Se nota que no podrías esperar 7 días – Hiei sonrió con algo de sarcasmo –
- No tengo la costumbre, así que decidí venir antes.
- Esta bien, pero mejor entremos, tenemos que conversar algunas cosas de interés – Hiei guió a sus invitados rumbo al salón real donde terminaron sentados alrededor de una mesa muy grande donde les esperaba un banquete de bienvenida –
Mientras los sirvientes servían algunas bebidas y la comida y los reyes conversaban un poco, ambos comandantes se separaron de la reunión para hablar mas abiertamente, salieron del salón y caminaron rumbo a los jardines del palacio.
-En verdad el rey Yusuke carece de paciencia, Genkai.
- Esa es su manera de ser, no hay modo de cambiarlo – la comandante se encoge de hombros sin mucho animo – Pero ahora lo que deseo es preguntarte algo Mukuro.
- Dime.
- ¿Quien es el prometido del rey Hiei?
- El joven pelirrojo que acompañaba a mi señor Hiei… Ese es.
- O sea que… ¿tú nunca le dijiste nada?
- No.
- ¿Y por qué, Mukuro?
- No puedo, ya es tarde para eso, el ama a ese chico.
- ¿Estás segura de ello?
- Si, no sabes lo doloroso que ha sido todo esto Genkai. No sabes las cosas que he pensado en hacer, necesito paz, pero no la hallo por más que quiera dar mi brazo a torcer y dejar que Hiei sea feliz…
- No te aferres a lo que no es tuyo, deja que las cosas fluyan por su cause Mukuro, si el rey tomo esa decisión debe estar muy seguro de ello.
- Solo sé que a veces tengo miedo de perder el control y evitar que esa boda se lleve a cabo.
- ¿Porque el empeño Mukuro? Si el rey ama a ese chico ¿no estarías feliz de que el tenga felicidad aunque no sea a tu lado?
- Es que hay más de lo que no sabes, Genkai. Esa unión es pecado, ellos son hermanos.
- ¿Cómo? – volteo realmente impresionada por la noticia –
- Es una larga historia que nadie sabe, pero estoy cansada de guardar tantos secreto… Quiero contártelos…
Mukuro se vio liberada de esos terribles secretos ante Genkai, no sabía porque, pero la madurez y serenidad de la comandante de Sahn le daban la confianza suficiente para dejar las mascaras y relatar la historia de Hiei y su pasado, mientras, en el salón real todavía los jóvenes monarcas disfrutaban del banquete entre charlas amenas y presentaciones.
-¿Entonces ustedes se conocieron por medio de su comandante? – Keiko preguntaba muy amablemente a Kurama –
- Así es, yo llegue aquí para servirle de compañía al rey – una pequeña sonrisa escapo de sus labios –
- ¿y porque adelantaron tanto la boda? – Yusuke les interroga sin ninguna pena –
- Asuntos internos del reino, y además, así lo decidimos – Hiei se reclina mas todavía de la silla donde estaba sentado –
- Hiei ¿no deseas repetir lo de la última visita?
- Ya pensaba que no querías retarme – el pelinegro sonrió gustoso mientras se levantaba de la silla –
- ¿Que van a hacer Hiei?
- Acompáñanos a los jardines Kurama, vamos a tener una pelea de cortesía – el rey de Saba le miro realmente divertido, tenia a un buen contrincante de invitado y no iba a desperdiciar eso –
- ¿Yusuke crees que debas pelear con tu mano lastimada? – su esposa le detuvo el paso preocupada –
- Puedo luchar con una sola mano, no te preocupes – sonrió y siguió al rey rumbo a los jardines –
El resto de la tarde el rey Hiei y Yusuke se dedicaron a entretenerse a su manera tan peculiar, habían terminado luchando con las espadas y después cuerpo a cuerpo con mucho animo, era como su manera de soltar toda aquella energía que les da la juventud. Kurama miraba impresionado como era Hiei en la batalla, cambiaba drásticamente de personalidad a una muy férrea, animada y con bastante voluntad, pensó que era parecido a cuando estaban solos, eso significaba que Hiei se liberaba de su coraza en la batalla y en el amor. Mientras todo esto sucedía, Mukuro termino de contarle la historia de la perla y el pasado de Hiei a Genkai, la comandante de Sahn estaba realmente impresionada por lo que supo pero mantuvo la seriedad del caso para poder darle algunas recomendaciones a Mukuro.
- Debes hablar con el rey Hiei.
- Pero… sé que me odiara al saber, yo fui la causante de que no este con su madre y de que ahora este con la persona equivocad.
- ¿Esa es tu única preocupación Mukuro? ¿Qué te odie? acaso no piensas en la mentira que esta viviendo Hiei desde que nació – Genkai le miro con reproche –
- Se que soy egoísta… pero es lo único que me queda. Amo demasiado a mi señor como para decirle la verdad – bajo aun más la cabeza frustrada –
- Yo cometí muchos errores en mi pasado, pero si quieres un consejo Mukuro, di la verdad, dile todo lo que sabes a Hiei.
- No me creo capaz…
- Solo puedo darte mi opinión, Mukuro. Tú tienes la última palabra - Genkai se retira del jardín a paso tranquilo –
- Tengo la última palabra…
Esas palabras no dejaron de resonar en la mente de Mukuro, y en verdad ella, y solo ella, tenía la última palabra con respecto a decir la verdad. Como dolía saber que tendría el odio de Hiei, pero al mismo tiempo también sabia que la unión de Kurama con el se desvanecería, era tentador pensar en arruinarles la boda, aunque tenía otro problema de por medio, Ogutro no se quedaría de brazos cruzados con sus bizarras ideas. Sin darse cuenta Mukuro había apoyado mas y mas el comportamiento bajo y vil del medico, solo el hecho de haberlo metido en Mariaba para ocultar su verdadera identidad, de permitirle humillaciones y violaciones para evitar que Hiei pasara por ellas, de dejar bajo cuerda lo que le hizo a Kurama, y ahora… Su plan de matar al pelirrojo y ayudarla a tener a Hiei con ella debía tener algo mas, ese hombre no le daría tanto apoyo por simple gusto, y en la cabeza de Mukuro tenia que existir otra alternativa, debía averiguar mas y detener a Ogutro de una vez por todas, ya estaba harta de que el le sirviera de lado oscuro susurrando a su oído cuanto veneno y maldad podía ocurrírsele, era hora de detenerle antes de que fuera demasiado tarde.
Enfermería
El medico estaba muy concentrado en armar la táctica perfecta para la noche anterior a la boda, todavía confiaba en que Mukuro le ayudaría y así el tendría la oportunidad de subir peldaños para el Angel Negro, trato de hacer contacto con alguno de sus tantos allegados que están por los tres reinos, y tuvo suerte, logro hacerse escuchar por uno de los mas sicóticos y despiadados, practicaba la medicina como el en el reino de Sahn así que no le fue difícil ganarse su apoyo, daría ayuda al Angel Negro derrumbando al reino de Hiei, su primer paso quitar al posible segundo al mando después de Hiei y ese era Kurama, después se desharía de Mukuro y por ultimo seria el rey Hiei.
-Si Mukuro quiere estar con Hiei, le conviene tener algo muy potente… - se mueve de su mesa para sacar un pequeño frasco de debajo de algunas cajas – Esto será lo mejor… sabia que no debía tomármelo.
El peligris se reclina mas aun de su silla mientras juega con el pequeño frasco de vidrio que saco de debajo de su mesa, parecía una especie de polvo muy fino y blanco como arena.
-Vera las estrellas mi señor Hiei, Mientras Mukuro se divierte contigo, aunque yo también podría divertirme con el después – Se acomoda sobre la mesa y destapa el pequeño frasco, después saca un trozo de gasa o tela y hecha una parte del polvo blanco sobre ella – Guardare para algo para mi, me podría servir después.
Cada uno de los ocupantes de Mariaba tenia sus propios planes para el día de la boda, Mukuro seguía debatiéndose con su conciencia, Ogutro solo disfrutaba el pensar como seria llevar a cabo sus retorcidas ideas, los invitados del reino de Sahn disfrutaban de la total atención, mientras que los novios vivían en un abrir y cerrar de ojos como ya se habían ido seis días.
Habitación Real
La pareja permanecía silenciosa acostada en la cama, hacia pocos momentos que se habían entregado a los placeres del amor, apenas si se veía caer la tarde dando paso a la noche anterior a la boda, sabían que debían separarse esa noche para cumplir con las costumbres del reino.
- Kurama, debes irte – Hiei intenta hacerlo levantarse de la cama pero obtiene como respuesta unas manos traviesas que se mueven por debajo de las sabanas –
- No quiero. – acerca su boca a la del rey y le besa con pasión –
- No insistas - se separa del pelirrojo algo apenado –
- Esta bien, me iré esta noche, pero no podré dormir, estoy muy nervioso por lo de mañana, Hiei.
- Todo saldrá bien, ya veras, no tenemos de que preocuparnos, los preparativos están listos y todo lo que hace falta es estar los dos presentes.
- Si - se abraza por última vez a Hiei para después levantarse de la cama y vestirse –
- Que tengas dulces sueños – el pelinegro mira como Kurama se termino de vestir y salir de la habitación rápidamente rumbo a la suya –
Habitación de Mukuro
La comandante había pasado la peor semana de su vida, se vio atosigada por los preparativos de la boda y también por su mente. Estaba en el tiempo límite para decidir que hacer con su señor Hiei y la verdad de la perla, se encontraba sentada en su cama con la mirada perdida en el horizonte, pulía a medias su espada mas hermosa que usaría con sus atuendos más elegantes el día de la boda.
-Creo que soy demasiado egoísta – bajo la mirada hacia el reluciente metal que reflejaba su rostro fragmentado –
- Buenas noches. – una sombra presta y veloz ingresa a la habitación del comandante –
- Ogutro – hizo una mueca de molestia y siguió en su labor de pulir el arma –
- Veo que te estás alistando para mañana.
- ¿Que quieres?
- Esa no es la pregunta correcta Mukuro. La pregunta: es ¿qué quieres hacer tu esta noche? – Se acerco al comandante con mucha calma para después extender su mano dejando ver un pequeño frasco de vidrio con un polvo blanco dentro –
- Nada… - desvió la mirada sin interés –
- ¿Ni siquiera tienes curiosidad de saber que es esto? – vuelve a poner en frente del rostro de Mukuro el pequeño frasco –
- Vamos a poner en claro algo esta noche, Ogutro – Se levanta de la cama – Yo no voy a hacerle nada a Kurama, y tampoco dejare que tu lo hagas.
- Que mala eres… y pensar que ya tenia todo listo para divertirme con el esta noche – hace una fingida mueca de tristeza –
- ¡Déjate de inventos y dame eso! – trata de quitarle el frasco al medico pero este esquiva la mano de Mukuro –
- No señorita… tu ni sabes que es esto – sonríe mientras mira el frasco –
- ¿Qué es?
- Opio – sonrió nuevamente mientras se guardaba el frasco entre sus ropas –
- ¡¿Acaso terminaste de volverte loco?! ¡Eso es una droga prohibida en los tres reinos!
- Soy médico, Mukuro, yo puedo tenerla, el opio se usa como calmante si se administra en cantidades precisas, pero si usas más de la cuenta… te podrías poner algo eufórico, tener alucinaciones… ¿no seria divertido darle eso a Hiei? Así podrías estar con el mientras este bajo los efectos del opio.
- ¡NO LO HARE! – toma de las ropas con brusquedad al medico y lo estrella contra una de las paredes de la habitación – ¡YO NO HARÉ ALGO TAN BAJO!
- Te recomiendo que me sueltes – La mirada de Ogutro se volvió más fría y despiadada que de costumbre –
- ¿Si no que?
- Yo mismo haré lo que nunca te atreviste a hacer Mukuro, todos sabrán que eres una mujer – susurro eso a los oídos del comandante –
- No lo harás – apretó un poco mas al medico contra la pared –
- ¿Quieres apostar? – miro con desafió a Mukuro, estaba dispuesto a soltar esa verdad si no se hacia lo que el quería esa noche –
- ¡No me retes! – soltó al medico con rabia para darse la vuelta –
- Mukuro, tu harás lo que yo quiera. Y si yo deseo matar a Kurama esta noche, lo harás, y si deseo ver como tienes sexo con el rey de Saba, también lo harás…
- Eres un asqueroso… ¡me das asco!
- No me importa lo que me digas Mukuro, ya tome mi decisión, y tú no me arruinaras esta noche. Quiero que le des el opio a Hiei – se da la media vuelta para mirar por los ventanales –
- No lo haré…
- No me hagas que te ruegue, Mukuro, ya sabes cual será tu destino si todos se enteran que eres mujer.
- ¡NADIE LO SABRA!
Un sonido metálico se escucho en la habitación, para ver después como de la boca de Ogutro salía un pequeño hilo de sangre. Mukuro había tomado la espada que pulía hace pocos momentos y la clavo por la espalda al médico cuando este estaba distraído, el cuerpo de Ogutro cayo pesadamente en el suelo y la sangre comenzaba a mojar el piso de mármol blanco. Mukuro miro aterrada la espada ensangrentada, se había dejado llevar por la cólera y mato al único ser que conocía su secreto y que le ayudaba a ocultarlo de los demás.
-¿Que hice? – soltó la espada mientras sus manos temblaban, había matado a muchos enemigos, pero nunca había matado a alguien por la espalda y sin dejar que se defendiera –
El terror se apodero de Mukuro, ¿qué haría ahora para dar excusas sobre la falta del medico en Mariaba? Pasaron tantas cosas por su cabeza, su rey se daría cuenta, seria considerada una asesina y revelado su secreto a todos. No podía dejar las cosas así, tenía que ocultar el cuerpo de alguna manera, pero siendo ella sola no le seria muy fácil de hacer.
Habitación de invitados
El sonido insistente de toques a la puerta saco de su descanso al ocupante de esta habitación, se levanto con cuidado de la cama para abrir la puerta.
-¡Genkai ayúdame! – un muy alterado Mukuro llego a la habitación donde se quedaba la comandante de Sahn –
- ¿Que sucedió? – Mira que Mukuro tenía las manos manchadas de sangre –
- Mate… mate a alguien…
- ¡¿Al prometido del rey?! – tomo con brusquedad de los hombros a Mukuro –
- No, el no… ven conmigo por favor – algunas lagrimas bajaron por el rostro de Mukuro, era evidente que no estaba bien emocionalmente –
- ¡Vamos! – Genkai siguió a Mukuro hasta su habitación sin ser vistos por algún soldado –
Al abrir la puerta de la habitación Genkai pudo ver a quien había matado Mukuro, en el suelo todavía yacía el cuerpo de Ogutro bajo un ya gran charco de sangre, Genkai camino sorprendida mientras Mukuro cerraba la puerta con llave tras ella.
-¿Quien era él?
- El era la única persona que sabía mi secreto.
- ¿Porque lo mataste Mukuro? – la madura mujer voltea la mirada hacia el comandante de Saba –
- Quería contarle a mi señor Hiei que era mujer – se abraza a si misma muy consternada –
- ¿Pero porque? ¿Por qué quería decirlo justo ahora?
- Porque él quería matar a Kurama, y yo no le deje.
- Ya entiendo – bajo la mirada nuevamente hacia el cadáver – ¿qué vas a hacer?
- Nadie puede saberlo, Genkai… ayúdame, vamos a ocultarlo.
- Mukuro, esto es algo que no puedo hacer, debes decir la verdad – sujeto a la comandante tratando de hacerla entrar en razón –
- ¡NO! ¡MI SEÑOR NO PUEDE SABER NADA! – se suelta rápidamente de Genkai para tomar una sabana de su cama y echarla encima de Ogutro –
- ¿Que harás?
- Lo sacare del palacio – envuelve con dificultad el cuerpo para después abrir la puerta y mirar si algún soldado estaba por los corredores –
- Mukuro ¿y si te descubren?
- No me importa… pero no dejare a este desgraciado aquí.
Genkai solo pudo mirar impávida como Mukuro salio y movió las guardias de medio palacio para poder salir con el cuerpo de Ogutro sin ser visto, en verdad que Mukuro estaba desesperado por evitar ser descubierto. La comandante Genkai le siguió hasta las caballerizas donde Mukuro subió a uno de los caballos y coloco el cuerpo de Ogutro sobre otro.
- ¿A dónde lo llevaras?
- Al desierto… allí nadie le encontrara – espolea al caballo para salir de Mariaba –
- Mukuro – Genkai suspiro algo triste, en verdad la comandante de Saba estaba fuera de si -
Recorrió a galope media ciudad hasta perderse en las afueras de la misma. El desierto se veía imponente a mitad de la noche, una brisa muy fría calaba en los huesos mientras que Mukuro cabalgo una hora mas adentrándose lo suficiente, luego de ello bajo del caballo y también la carga que era el cuerpo de Ogutro, miro una vez mas al peligris que quedo con los ojos abiertos y una mueca de dolor en su rostro además de todo su torso bañado en sangre.
-Espero que los buitres se coman tu cadáver – miro con rabia al peligris, por tener que matarlo su futuro en Saba era precario, pensando en que mas podría hacer ahora para tapar la falta del medico –
Suspiro vencida, cansada, derrotada, se había debatido una y otra vez contra si misma, Ogutro era su alter ego, el lado oscuro que ella a veces quería escuchar y otras no. Subió a su caballo y miro al cielo estrellado, debía regresar al palacio antes de que alguien notara los cambios de guardia que hizo para poder salir del mismo sin ser visto.
Palacio Mariaba
Habitación de Mukuro
La media noche llego y después de que Mukuro ingresara al palacio, reordenara las guardias y limpiara la escena en su habitación se fue directo a darse un baño. Se sentía realmente sucia, sabia que Ogutro no era una buena persona, pero sin embargo, eso no le quitaba el peso de encima sobre el decir la verdad a su rey, estuvo tentada a hacerle caso y eso le remordía la conciencia. Después del baño regreso a su habitación, sin mucho ánimo camino hacia los ventanales, apenas si llevaba puesta una bata para cubrir su desnudez, pero antes de poder seguir piso algo que la hizo bajar la mirada al suelo.
-Esto… – se agacho con cuidado y recogió el pequeño frasco de vidrio que horas antes le mostraba Ogutro orgulloso, lo miro silenciosa por unos minutos para después darse la vuelta y salir de la habitación con rumbo desconocido – Un último recuerdo…
Habitación Real
Hiei no podía conciliar el sueño, en verdad estaba preocupado por lo que sucedería mañana, no tenia miedo, solo la expectativa de algo nuevo que iniciaría junto a Kurama. Miro al techo de la habitación que estaba a oscuras, sonrió con tranquilidad al recordar cuantas veces se había entregado a los besos y caricias de Kurama, rozo su propios labios tratando de recordar aquellos besos apasionados que le excitaban tanto, aquella calidez que emanaba su pelirrojo cada vez que estaban juntos, en verdad era una pasión realmente grande, pero al mismo tiempo, un cariño que no encontró en mas ningún lado solo en su Angel de la Noche, sus abrazos, palabras de apoyo o tan solo con la mirada bastaba para que se sintiera mejor, en ese instante cerró los ojos para recordar a Kurama pero su intento fue interrumpido por el toque a su puerta.
- ¿Quien? – se incorporo de la cama y tomo la daga que acostumbraba esconder bajo la almohada –
- Permiso mi señor Hiei – una sirvienta abre la puerta poco a poco entre la oscuridad –
- ¿Que deseas a esta hora mujer? – sigue muy alerta con la daga escondida tras su espalda –
- Disculpé el atrevimiento, pero el joven Kurama me pidió que le trajera esto – camina unos pasos dentro de la habitación con una bandeja en mano, sobre ella había una taza de te que todavía humeaba –
- ¿Kurama mando eso? – se levanto de la cama para poder ver mejor la taza y su contenido –
- El joven estaba muy nervioso por lo de mañana así que bajo por algo de te y decidió ofrecerle a usted si estaba despierto – dejo con cuidado la bandeja sobre una mesita que había en una esquina de la habitación –
- ¿Porque él no vino a traerlo? – se acerco a la sirvienta con rostro serio –
- Porque el joven me dijo que no se podían ver, costumbres del reino – la sirvienta bajo la cabeza –
- Es verdad – Hiei toma la taza entre sus manos y bebe un pequeño sorbo – dale las gracias a Kurama, y ya puedes retirarte.
- Como diga, mi señor Hiei – la mujer abre la puerta nuevamente y sale sin hacer ruidos –
- Kurama eres realmente especial – Hiei se reclino de los ventanales mientras seguía bebiendo la taza de té que envió su pelirrojo -
Reino de Bengasi
Kuronue seguía despierto a esas horas de la noche, estaba en su salón de reuniones acompañado de algunos soldados de alto rango y de Hagiri, afinaban los pasos a seguir para el día de mañana, tenían una estrategia digna de un gran comandante, pero con la malicia y excentricismo del rey de Bengasi.
-Apenas amanezca ya todos deben estar en sus puestos alrededor de la ciudad – Hagiri indicaba en un mapa los puntos a tomar –
- ¿Como pasaran desapercibidos? – Kuronue mira curioso al joven –
- Vestirán de civiles, y otros con uniformes del reino de Saba – sonrió complacido ya que el mismo Angel Negro fue el que le dio los uniformes –
- Interesante… Me gusta.
- Después de tener la pólvora en los puntos acordados existirá un tiempo de gracia, eso nos dará el espacio perfecto para detonarlas, y que usted mi señor Kuronue haga su petición al rey de Saba.
- Quiero una hora… no daré mas de eso para que me sea entregado mi esclavo - se cruza de brazos mas serio, tendría que negociar con el rey de Saba para poder tener de vuelta a Kurama –
- ¿Por qué negociara? ¿No es más sencillo destruir la cuidad? – Hagiri le miro desafiante –
- Porque sé que Al-Hamra no se entregara por gusto, tengo que darle el incentivo perfecto - una sonrisa sádica se dibujo en su rostro –
- Como diga, pero tendremos que movernos en una hora para llegar a Saba antes del amanecer mi señor Kuronue.
- No te preocupes ya las tropas están alistadas y yo también, saldremos en una hora rumbo a Saba.
- Se hará como usted desee (esta cerca tu hora Kuronue, mi señor Sensui tendrá tu cabeza y las demás también)– Hagiri sonrió satisfecho sabia que su plan no tenia derecho a fallas, era perfecto –
Reino de Saba
Palacio Mariaba
Todo era silencio en los corredores del palacio, sin embargo una sombra camina por ellos para llegar a su destino final, camino a paso cuidadoso y abrió la puerta de la habitación para ver a su ocupante dando algunas vueltas en la cama, entro sigiloso y después cerro la puerta tras el con llave.
-Kurama…– Hiei miro entre la oscuridad a la figura que se subió a la cama de forma muy sensual –
- No pude… contenerme, quiero estar contigo esta noche – camino a gatas para acercarse más al rey que se sentó en la cama –
- Olvida las costumbres, quiero tenerte una vez más entre mis brazos – sin perder el tiempo el rey abrazo al pelirrojo con todas sus fuerza –
- Quiero que me tomes… - susurro esas palabras al oído de Hiei –
- Cumpliré tus deseos - Hiei bajo sus manos poco a poco por la bata de seda que llevaba puesta Kurama hasta que encontró como abrirla –
- Te amo Hiei – las manos del pelirrojo se aferraron al cuello del rey buscando apoyo a lo que sentía –
- Yo también te amo – empezó a besarle el cuello poco a poco pero se encontraba realmente excitado por la llegada inesperada de su amante, tanto que no perdió el tiempo y termino de desvestir al pelirrojo con algo de violencia y desenfreno -
Los besos y caricias eran feroces, llenos de pasión y amor, Hiei escuchaba como su Angel de la Noche solo gemía tras cada caricia, cada beso y cada contacto que le daba, la noche no le alcanzaría para demostrarle lo que sentía por el, en pocos momentos ya ambos estaban unidos en cuerpo y alma una vez mas, entregados a la excitación, el pelirrojo repetía una tras otra el nombre del rey mientras sentía llegar al clímax, mientras que Hiei solo se dejo llevar por la emoción diciendo con todas sus fuerzas el nombre de su amante.
-Kurama te amo… te amo mas que a mi vida, eres lo que más quiero en el mundo entero – beso con ternura los labios del pelirrojo mientras que este solo derramaba algunas lagrimas y sus ojos se cerraban con tristeza -
- Si lo amas… – miro con mucho dolor como Hiei se había quedado dormido después de llegar al clímax dentro de ella y haberle dicho esas palabras que fueron la sentencia de muerte para Mukuro –
Continuara…
Próximo Capitulo:
La Carta de los pecados
