Stiles despertó sintiéndose como nunca antes en su vida; lleno de felicidad y dolor, de ese que es agradable. Después de todo, había tenido sexo por primera vez con su novio, Derek Hale. E incluso si nunca antes tuvo una experiencia similar, Stiles podría jurar que ha sido la mejor de todas.
Stiles se movió un poco más cerca del cuerpo cálido y musculoso del hombre lobo, disfrutando de la cercanía del otro. No lo admitiría en voz alta, pero el joven hizo un pequeño ronroneo al sentir que una mano frotaba su cabeza, los dedos enredándose en su propio cabello.
El joven abrió los ojos nuevamente y alzó la mirada, encontrándose con los ojos verdes de Derek. —Buenos días.– Le dijo.
Derek sonrió y se inclinó para besar la frente del joven. —Buenos días.– Le respondió.
El chico de piel pálida no dijo nada más, se limitó a jugar con el vello que tiene Derek en el pecho. Le gustaba. Tan masculino. Era algo como un fetiche para él. No se sentía culpable en lo más mínimo.
—Derek.– Stiles dijo, recibiendo del hombre un ligero murmullo como respuesta. —¿Tienes alguna idea de por qué tus ojos son rojos?–
El hombre lobo se tensó ante tal pregunta, más por asombro que por cualquier otra cosa. ¿Sus ojos eran rojos? —¿De qué estás hablando, Stiles?– Le pregunto, sólo para cerciorarse de que había escuchado claramente.
—Hmmm…– Stiles murmuró, rodando sobre su estómago para quedar encima de Derek, haciendo lo posible por ignorar el hecho de que seguían desnudos. Y sus cuerpos se frotaban. —Ayer, después de haber tenido nuestra primera vez…– Su cara ardía de vergüenza, aun cuando lo disfrutó al máximo, no podía evitarlo. Era casi patético. Casi. —Miré que tus ojos brillaron de color rojo. No azul. Como suelen brillar.– Le explicó.
Derek hizo brillar sus ojos y… Sí, en efecto, seguían siendo rojos. —¿Son rojos ahora?– Stiles sólo asintió. —¿Cómo es eso posible?– Preguntó retóricamente.
El joven se encogió de hombros. —No sé, al menos que hayas matado a un Alfa cuando te marchaste, no encuentro una explicación razonable.–
—Tampoco yo.– Derek dijo con sinceridad. —Quizá sea buena idea hablarlo con Deaton.–
—Me parece buena idea.– Stiles dijo con una sonrisa. Pero detuvo a Derek con una mano al ver que el hombre trataba de levantarse. —Sin embargo no necesitamos decirlo ahora, ¿verdad?– Le preguntó con una sonrisa cómplice.
Ohhh… Derek sabía por dónde iba el tren de pensamientos de su novio. No podía negárselo a él, no a Stiles, ¿verdad? —Por supuesto, podemos ir más tarde.– Le respondió con una sonrisa depredadora, imitando el hambre en los ojos del joven.
—Excelente.– Stiles dijo antes de atacar a besos a su novio sobrenatural.
Entonces, volvieron a revivir los actos de la noche anterior, aunque esta vez con algo más de fervor y pasión.
Si alguno de los vecinos de Stiles escuchó acerca de los actos que se llevaban dentro de la casa del Sheriff, nadie mencionó nada. Ya bastante mortificación pasaban con escuchar como para delatar al joven con su padre.
Era como incitar a cometer un asesinato, ¿comprendes?
Por la tarde, la feliz pareja fue a la veterinaria de Beacon Hills en busca de quien probablemente les daría respuestas de la condición del hombre lobo.
Aunque por otro lado, el Druida siempre ha sido un hombre extraño. Lleno de misterios que son mejor nunca descifrar.
—¿Crees que esto sea normal?– Derek le preguntó a Deaton, sentado en la mesa de exámenes, una vez terminó de explicarle que sus ojos brillaban de color rojo. Con demostración y todo. —No me siento diferente, probablemente sea algo secundario.–
Deaton examinó el cuerpo de Derek, sus pupilas, sus reflejos… Todo parecía normal, mientras que por otro lado, no lo parecía. —No me parece un efecto secundario.– Le dijo al hombre lobo. —Todo indica que eres un Alfa. De nuevo.–
—¿Pero cómo es posible?– Stiles le preguntó al hombre misterioso. —Derek nunca ha matado a un Alfa. Al menos no recientemente.– Agregó.
Deaton lo miró con cara estoica, la única que tenía si le preguntas a quien sea. —No conozco forma alguna de que un hombre lobo se convierta en Alfa de la noche a la mañana. No todos pueden ser True Alphas.–
—¿Crees que no lo sé? Mi mejor amigo es uno, y sé que es muy raro hallar alguno como él.– Stiles dijo con su usual tono sarcástico.
—Stiles.– Derek le dijo con un ligero gruñido. —En esta situación no podemos discutir. Nadie sabe lo que pasa.–
El joven suspiró. —Lo sé. Pero no me gusta la idea de no tener una pista de cómo pasó.–
—Creo tener un libro donde explica las pocas formas de volverse un Alfa.– Deaton dijo de repente. —Las convencionales son las que sabemos, pero recuerdo que había unas pocas más.–
—¿Por qué jamás lo mencionaste?– Stiles dijo, controlando su frustración.
Deaton se encogió de hombros. —Nunca surgió una situación similar a ésta.–
—¿Podrías buscar alguna respuesta en el libro?– Derek le preguntó. Sabía que tenía que hacerlo con amabilidad, ya que Deaton podría no ayudarles si esa era su voluntad.
—Por supuesto.– Deaton le respondió. —Estoy igual de intrigado por descubrir cómo pasó esto.–
—Gracias.– Derek le dijo.
—Entonces, ¿nos debemos ir o podemos ayudar en algo?– Stiles preguntó.
—No, joven Stilinski. No creo que sea de mucha ayuda ya que el libro está en Latín.– Deaton le explicó. —Pero puede llamar a la señorita Martin. Con ella, podría hallar algo mucho más rápido que si lo hago yo mismo.–
—De acuerdo.– Stiles dijo antes de sacar su celular.
No mucho después de la llamada, Lydia llegó con cara confundida. —¿Para qué necesitan mi ayuda?– Para no tener que volver a explicarlo todo, Derek simplemente hizo brillar sus ojos. —Bien, ¿cómo es eso posible?– Lydia preguntó asombrada.
—Es por eso para lo que te hemos llamado.– Stiles le explicó. —Deaton cree tener una respuesta en alguno de sus libros, pero está en Latín. Y eres la mejor en él.–
—Sabía que eres muy inteligente, Stiles.– Lydia le dijo antes de ponerse a su lado, a la espera de que Deaton regresara con el libro con la posible información.
Pasaron cerca de 10 segundos antes de que el silencio se volviera incómodo. —¿Qué?– Derek le preguntó a la pelirroja al notar que lo miraba intensamente.
Lydia agitó la cabeza. —Nada… Es sólo que falta algo.– Dijo dudosa, como si no confiara en sus pensamientos.
—¿Qué podría ser?– Stiles preguntó, alternando su mirada entre la chica y su novio. —Derek parece bastante igual.–
Lydia chasqueo los dedos. —Ya sé qué es.– Dijo con una sonrisa cómplice, pero si le preguntas a alguien más, te diría que era más malvada. —No puedo creer que lo hayan hecho.–
—¿Hacer qué?– Derek y Stiles preguntaron al unísono.
—Ya no hay esa frustración sexual sin resolver.– Lydia sonrió al ver cómo las orejas de los otros dos se teñían de rojo por la vergüenza que sentían. —Pero está bien, no tienen nada por lo cual avergonzarse. Es decir, ya se conocían desde hace tiempo.– La chica empezó a mirar su manicura. Disfrutaba hacer las situaciones más incómodas. —Es más, me sorprende que no lo hayan hecho desde el día que se volvieron a ver.–
—¡Lydia!– Stiles dijo, su cara pareciendo un tomate maduro.
—Tranquilo Stiles, no diré nada.– Lydia le guiñó el ojo, signo de confidencialidad.
Stiles se llevó una mano al pecho. —Gracias.– Dijo con un suspiro.
Derek se bajó de la mesa y se puso su playera, luego se puso al lado de Stiles. Al cual envolvió con un brazo alrededor de su cintura. —No hay nada de qué avergonzarse. Es algo normal, hasta un cierto punto.–
—Gracias por el apoyo, Derek.– La pelirroja le dijo. —Me agradas mucho más ahora.–
—Ohhh No hables, Lydia.– Stiles le replicó.
La pelirroja y el hombre lobo se rieron un poco. El ambiente era muy cómodo, hasta que Derek empezó a gruñir con sus ojos rojos.
—Derek, ¿qué sucede?– Stiles le preguntó, confuso por la actitud hostil de su novio.
—Hay alguien afuera.– Derek dijo entre gruñidos.
—¿Quién, Derek?– Lydia le preguntó.
—Theo.– Derek dijo antes de soltar a Stiles, corriendo hacia la salida.
—¡Derek!– Stiles gritó su nombre, pero hizo caso omiso. —Lydia, ¿puedes esperar aquí a Deaton?–
—Ni loca, es mejor ayudar.– Lydia se dio a vuelta y fue tras Derek. —¿Acaso olvidas lo que puedo hacer?–
Stiles sonrió y también corrió hacia la salida. Puede que ya no ame a Lydia, pero aún le gusta. Como amiga, nada más.
—¿Qué fue lo que dijiste!– Theo preguntó enfurecido, parcialmente transformado y sus ojos brillando de color amarillo.
Corey se encogió ante la muestra de agresión. —Derek y Stiles tuvieron sexo anoche.– Le respondió.
Theo estaba que ardía de los celos. Ya bastante malo había sido perder con Derek, ¿ahora tenía que ir y quitarle la virginidad a Stiles? No, eso sí que no podía permitirlo. —¿Cómo se atrevió a hacerlo? ¿Cómo pudo entregarse por completo a ese idiota?–
—Theo, no puedes cambiar lo que ya pasó.– Tracy le dijo, tratando de calmarlo.
El joven miró enfurecido a la chica. —¿Cómo te atreves a decir semejante cosa?– Se acercó velozmente a Tracy, quedando frente a ella. —Pero claro, no lo entiendes. ¿Sabes por qué? Porque nunca has amado a nadie. ¿O sí, Tracy?– Le dijo con burla y enfado.
Tracy también se transformó parcialmente. —Cuidado Theo, no estoy para tolerar las estupideces que dices.–
Ambas quimeras se miraron a los ojos, ninguno apartó la mirada por no mostrar debilidad al otro. —No vuelvas a retarme.– Theo dijo apartando la mirada, dirigiéndose a la puerta de la guarida, pero agarró un frasco llamativo perteneciente a los Dread Doctors.
—¿A dónde vas?– Corey le preguntó.
—Afuera, necesito pensar.– Respondió entre dientes, agarrando consigo una aguja que tenía al alcance.
—No hagas nada estúpido.– Tracy le dijo molesta.
Theo, con su apariencia normal, giró la cabeza y miró a la chica. —No trates de darme órdenes.– Le dijo con una sonrisa falsa. —De lo contrario, no me dejarás más alternativa que matarte.– Le dijo antes de salir de la guarida.
El pseudo Alfa miró la sustancia que había tomado. Era de color púrpura con destellos rojos. Era justamente el líquido que Theo necesitaba. —Sí, al fin lo obtuve.– Dijo con voz confiada, sabiendo de antemano lo que haría.
Theo fue a su casa a buscar la sustancia complementaria, una púrpura con destellos naranja. Al tener ambos líquidos a su alcance, los mezcló en un pequeño recipiente, para luego con ella llenar la jeringa.
La quimera hizo fuerza en su brazo izquierdo, para mostrar su vena y poder inyectarse la mezcla directamente. Al hacerlo, Theo empezó a sentir una enorme energía recorres por todo su torrente sanguíneo. Era algo inigualable.
—Ahora por fin podré matar a Derek.– Theo dijo con sus ojos brillantes, de un color rojizo, similar a los de un Alfa. —Y con ello, tendré a Stiles conmigo para siempre.–
Tan pronto como empezó a percibir un aroma a Stiles, empezó a seguirlo.
—Mi olfato es mucho mejor que antes. Puedo oler lo que sea a una distancia mucho más grande.– Se decía así mismo mientras corría por las calles de Beacon Hills, desesperado por estar al lado de la fuente de sus más pecaminosos deseos.
El aroma lo llevó hasta la veterinaria, donde el olor era mucho más persistente. Al igual como el olor de un hombre lobo bastante conocido por causarle problemas. Stiles estaba con Derek. Le hacía arder la sangre el saber eso.
Al estar frente a la veterinaria, se quedó en las puertas de entrada, esperando a que alguien saliera. Y Theo sabía a la perfección quién sería.
Las puertas se abrieron, y con ello salió Derek, con sus ojos brillando de color rojo. Era un Alfa. —¡Tú!– Rugió Derek con enojo.
Theo se desconcertó al ver de qué color brillaban los ojos del hombre lobo. —¿Cómo es posible que seas un Alfa?– La idea no la podía procesar. ¿Por qué también Derek tenía que ser uno!
—Eso a ti no te importa.– Derek le dijo entre gruñidos. —¿Qué haces aquí?– Le preguntó, no bajando la guardia al ver los ojos de Theo. Los cuales eran rojizos, pero no iguales a los de un Alfa.
Theo sonrió arrogantemente, con maldad. —Sabes por qué vengo aquí, Derek.– Reprimió su carcajada al ver la furia que mostraba el hombre. —Vamos, sólo entrégame a Stiles y todo esto acabará.–
—Como si eso fuese a ocurrir.– Derek dijo, cubriendo con su cuerpo las puertas, bloqueándole el paso a Theo.
—Entonces tendré que quitártelo a la fuerza.– Dijo la quimera avanzando cautelosamente. —Y después le haré lo que le hiciste ayer por la noche.–
Derek no pudo soportar la rabia, la amenaza que Theo hizo para con Stiles pudo más que su fuerza. Era repugnante la idea de que Theo quisiera violar a Stiles. A Stiles, su Soulmate. No podía dejar que eso pasará, y no lo haría.
El hombre lobo se abalanzó contra la quimera, golpeándolo fuertemente en el rostro, mandándolo a volar contra la pared del otro edificio. Sonrió con satisfacción al escuchar romperse algo del cuerpo de Theo.
—Vaya, eres mucho más fuerte que antes. Debe ser una de las ventajas de ser un Alfa.– Theo dijo, poniéndose de pie como si no se le hubiese roto nada. Era eso o se había recuperado mucho más rápido esta vez. ¿Pero cómo? —Sin embargo, también tengo algunas cosas nuevas por probar.– Le dijo con sonrisa socarrona.
—¡Derek!– Lydia y Stiles gritaron su nombre, llegando al lugar donde ambos hombres peleaban.
—Estupendo, Stiles ha llegado.– Theo dijo mirando directamente al susodicho. —Ahora será mucho más dulce mi victoria al matarte.– Dijo mirando a Derek.
Con ello, los ojos de Theo volvieron a brillar de un color rojo pálido y, de sus manos, salieron expelidos dos bolas de fuego, las cuales dieron contra el pecho de Derek. Haciendo que se estrellara contra las puertas de la veterinaria, con su ropa medio quemada.
—Dios, no puedo con tantas cosas inexplicables en un solo día.– Lydia dijo con frustración al ver lo que Theo fue capaz de hacer.
—¿Puedes verlo Stiles? Soy más fuerte que ese torpe al que llamas novio.– La quimera dijo acercándose a los otros dos jóvenes. —Soy mejor que él. Más eficiente para protegerte.–
—Tú nunca serás capaz de reemplazar a Derek.– Stiles le dijo con enojo, queriendo correr al lado del hombre lobo y asegurarse de que estaba bien. —Incluso si volvieras a nacer, no serías la mitad de bueno de lo que él es.–
—Vamos Stiles, dame una última oportunidad de demostrártelo.– Theo dijo a menos de un metro de Lydia y Stiles.
—No des un paso más, idiota.– Lydia le advirtió.
—¿O qué, me vas a matar?– Theo le dijo retadoramente.
—Estoy tentada a hacerlo.– La pelirroja le respondió.
—Estás loco, Theo.– Stiles le dijo, estando un poco por detrás de Lydia. —Los celos, la envidia, demencia… Todo lo malo te afecta. Locura es lo que tienes.–
Theo rió ligeramente. —Quise hacerlo por las buenas, pero no me dejas más opciones, Stiles.– Y cuando estuvo a punto de ir por el joven, Lydia lo mandó a volar con uno de sus gritos de Banshee.
—Te dije que no te acercaras más.– Lydia le dijo.
—Wow Se me olvidó que podías hacer eso.– Theo dijo, limpiándose el polvo de la ropa. —Eres una rival fuerte, supongo que también deberé matarte para poder llegar hasta Stiles.–
—Pruébame.– Lydia le dijo con determinación en los ojos. No dejaría que su amigo callera en malas manos, mucho menos en unas como las de Theo.
—De acuerdo. Entonces probaré.– La quimera empezó a hacer otra vez bolas de fuego con sus manos, pero fue detenido por un fuerte agarre alrededor de sus muñecas.
—Pero no hoy.– Derek le dijo, antes de romperle las muñecas.
Theo soltó un horrible aullido ante el dolor, el cual fue silenciado cuando Derek le dio un fuerte golpe en la nuca, dejándolo completamente inconsciente.
—Demonios, eso sí que dolió.– Derek dijo frotándose el pecho, después de asegurarse que Theo estaba fuera de combate.
—Derek.– Stiles dijo antes de correr hacia su novio y abrazarlo. —¿Estás bien? ¿Te hirió mucho?– Le preguntó mientras examinaba el cuerpo del hombre lobo. El cual no parecía no tener un daño severo.
—Stiles, estoy bien.– Derek tomó el rostro de Stiles entre sus manos, frotando su pulgar contra una de sus mejillas. —Me hirió, pero ahora estoy bien.– Se inclinó y lo besó suavemente, tratando de transmitirle algo de tranquilidad.
—Owns Que bonito.– Lydia dijo mientras se besaban. —Quiero un romance así.– Se rió al ver cómo la pareja se sonrojaba al haber sido observada en una muestra de afecto entre sí mismos.
—¿Y qué hacemos con Theo?– Derek preguntó, sabiendo que no podían dejarlo inconsciente afuera de la veterinaria de Deaton.
—No sé qué podríamos…– Stiles dijo a medias, al notar que el cuerpo de la quimera ya no estaba. —¿En dónde está?– Le preguntó a Lydia, esperando a que ella supiera la respuesta.
La pelirroja se encogió de hombros. —No tengo idea. No lo vi moverse en lo absoluto.– Le respondió.
—Si ya no está aquí, no veo razón para preocuparse por él.– Derek dijo encogiéndose de hombros.
—Tienes razón.– Stiles le dijo, sin dejar de abrazarlo. —Entremos otra vez, quizá ya haya hallado el libro que buscaba.–
—Eso espero.– Derek le dijo.
Después de eso, los tres entraron a la clínica. El hecho de que Theo había desaparecido misteriosamente había quedado olvidado por completo.
Los Dread Doctors llevaban consigo a Theo arrastrándolo por los brazos. Lo acostaron sobre la silla donde hacen sus desagradables experimentos, después lo ataron a ella para que no pudiese ser capaz de escapar.
—Al parecer tiene algo que nos pertenece.– El líder de los científicos malvados dijo.
—¿Será necesario matarlo?– El más pequeño de los tres dijo.
—Probablemente no sea requerido exterminarlo.– Dijo el otro Dread Doctor, el de la máscara con un tubo en la boca.
—Sólo necesitamos lo que se ha inyectado.– El líder sacó una jeringa. —Será de mucha ayuda para nuestra meta final.–
Theo escogió ese momento para despertar. —¿Dónde estamos? ¿Por qué me trajeron aquí?–
—Porque nos has robado algo que era nuestro.– El líder de los Dread Doctors dijo, empezando a acercar la aguja al cuello de Theo.
—¡No alto!– La quimera gritó, tratando de usar sus nuevas habilidades y liberarse. Pero no funcionaban.
—No sirve de nada, estamos bloqueando tus poderes.– Uno de los Dread Doctors le dijo, con sus manos brillando de un color azul.
—¡No, deténganse!– Theo gritó con desesperación. No podía permitir que le quitaran sus nuevos poderes. —¡NO!– Aulló al sentir la aguja perforar la piel de su cuello, marcando su derrota. Quedando nuevamente inconsciente.
El líder de los científicos empezó a extraer una extraña sustancia del cuerpo de Theo, una sustancia la cual no era sangre. Era un líquido completamente púrpura.
—No te mataremos.– El Dread Doctor del bastón le dijo al inconsciente de Theo. —Sólo por el hecho que de alguna forma has logrado perfeccionar la sustancia que teníamos.–
Con la jeringa llena, los Dread Doctors liberaron a Theo y lo dejaron tirado en el suelo, prosiguiendo con su otra tarea. Llegaron hasta donde tenían encerrada a la bestia de Gévaudan y le aplicaron el líquido púrpura.
—¿Será eficiente?– El más pequeño preguntó.
—Sí. Al menos así será él mismo más rápido.– El líder respondió.
La bestia sólo rugió, sintiendo el poder recorrer por su cuerpo hecho de sombras.
