Draven.
El gesto de Lux no había gustado nada a su hermano. Draven sabía de sobra que le costaría más lidiar con la voluntad recelosa, huraña y tardía de Darius que con la propia chica que ahora tenía bajo vigilancia. No había presenciado toda la situación que se había desenvuelto entre esos dos, pero por la desesperación de ella supo de sobra que su pariente había actuado de nuevo como un imbécil impulsivo.
Entro al súper más cercano y buscó el estante dónde estaban colocados los productos de aseo. Lux apenas le había dado instrucciones para comprar ese tipo de utensilios, así que examinó toda la estantería antes de tomar su decisión, ya había colocado su mano sobre uno de los paquetes, el cual le pareció bien colorido con dibujos de lo más femeninos, cuando una mujer habló tras su espalda.
—Si es para un periodo de flujo medio, esas compresas de poco le van a servir. —la muchacha miraba con ojos ladinos y finos, que tras unas pestañas curvas y espesas dejaba entrever una mirada confiada y fiera. Aquellos ojos pardos ya lo habían examinado de arriba abajo, y él había hecho lo mismo con ella. Supo con una sola mirada qué tipo de persona era aquella mujer. Draven sonrió de manera sardónica en cuanto encajó completamente los planes para con ella en ese mismo momento.
—Mi novia es una mujer pequeña y delgada. —dijo como si no se hubiera dado cuenta de mencionar a Lux. — ¿no valen éstas? —la mujer tomó otras del estante y se las tendió dándole un golpe en el pecho con el paquete que envolvía las compresas mientras sonreía. Acto seguido notó como se mordía el labio internamente, y metía su pelo tras su oreja. Joder ya lo tenía todo listo y en bandeja; "Gracias Pecas por enviarme a mí en lugar de mi hermano".
—Da igual lo pequeña que sea tu… novia. —remarcó ella con ironía. —Que tenga un periodo más o menos abundante no depende de ello. —Draven fingió una expresión de confusión.
—¿Novia?, no, no, quizás antes me equivoqué al decir para quién eran, son para mi sobrina. —porque sabía de sobra que él se había vuelto aún más interesante para ella en cuanto supo que tenía novia, porque mujeres como aquella eran auténticas arpías, no solo disfrutaban del sexo, disfrutaban también del dolor ajeno, y qué mejor dolor que destruir un bonito y precioso amor.
—Ya… seguro. —sonrió de nuevo y se acercó un paso más a él. —¿planeas pedirme mi número de teléfono algún día?
—Depende de si con ello podría optar a tener un plan para esta noche. —la sonrisa de la chica se amplió aún más.
Llegar a la casa parecía tornar su triunfal victoria en un pesado ambiente fúnebre. Darius seguía en la cocina, mas parecía estar demasiado metido en lo suyo, y sabía de sobra que ir a hablar con él solo serviría, en aquellos momentos, para enturbiar más las cosas. La chica parecía estar metida en el baño. Llamó a la puerta y ésta se asomó parcialmente para tomar las compresas que Draven le había brindado, acto seguido tras darle las gracias un montón de veces cerró de nuevo la puerta para seguir a lo suyo. Se veía derrotada, su pálida carita de cría estaba aún más pálida dándole a sus rasgos dulces un aspecto moribundo y áspero, sus labios parecían a la vez desprovistos de color, padecían también de ciertas grietas secas.
Las cosas se estaban poniendo feas para ellos, al día siguiente debían abandonar el piso e irse, como él mismo había planeado. Había adquirido una identidad falsa para Lux, y había un hostal donde la enviarían y quedaría a buen recaudo hasta que ellos la recogieran. Pero para llegar a aquel hostal hacían falta tres días de viaje, y si no estaban allí en la fecha prevista el envío caducaría, pues en su mundo todos necesitaban cubrirse las espaldas, y los tiempos eran esenciales. Pero si la chica no se recuperaba… ¿cómo cojones iban a viajar?
—Toma. —escuchó una vocecilla a su lado. Se fijó desde su asiento en el sofá como una manita pequeña y paliducha le tendía un billete de cinco dólares. Draven fijó su mirada en los ojos enormes y acuosos de aquella mujer.
—Pecas, no necesito el dinero. —ella trató de sonreír en vano, estaba claro que por dentro se sentía llena de dolor. Iba envuelta en una manta que muy probablemente había tomado de la cama. —Creo que tú apenas tienes para ti, déjalo estar.
—N-No es solo dinero. —soltó la manta que la envolvía, y ésta se resbaló un poco por sus hombros, para tomar la mano de Draven y posar ahí el dinero. —Me has ayudado… mucho, gracias. —acto seguido se volvió a forzar a sonreír se tapó más y se fue de nuevo a la habitación. La gran mano del hombre envolvió el billete arrugándolo completamente. ¿Sentía compasión por una muchacha solitaria?, sabía que no debía, quizás ella era astutamente retorcida igual que él, y aquello había sido simplemente un acto más para intentar enredar. A Darius ya lo tenía en su mano, ¿sería posible que todo se estuviera desenvolviendo como Lux quería?
Volvió a mirar el billete, ella no tenía… nada. Y él, nunca se interesaría por nada.
Solo comieron ellos dos, pues Lux había decido quedarse en la cama debido a su malestar. Su hermano cocinaba extremadamente bien, después de todo tuvo que aprender a la fuerza cuando ambos quedaron huérfanos. A Darius le había costado aprender, pero lo había tomado por objetivo, y aún recordaba cómo aquel enorme hombre se interesaba por cada receta, cada consejo, para hacer algo bueno con lo poco que tenían. A veces tenían que comer lo más barato del mercado, y aquello era el arroz. Draven odiaba el arroz, mas Darius siempre hacía de aquella comida, algo un tanto más sabroso, probablemente para que el pequeño de los hermanos no se quedara sin comer en todo el día. Le debió de ser laborioso, pero no le daba pena alguna, después de todo… Darius se la había arrebatado.
Los ojos fríos del menor se posaron en su pariente, quien comía con el ceño fruncido y apretaba demasiado la mandíbula para masticar.
—Esta noche he quedado con una tipa. —su hermano lo miró y frunció aún más el ceño.
—Mañana dijiste que nos teníamos que ir de aquí.
—Así es.
—¿Y para qué quedas con ella?—Draven sonrió.
—Para follar, ¿qué si no?— Darius suspiró mientras se frotaba la sien.
—En una situación así y tú en lo único que piensas…
—¿Y en qué piensas tú?, ¿en lo desgraciado que eres?, ¿en que Pecas no te ha "elegido" a ti para comprarle unas putas compresas? Si tan molesto estás podías paliarlo cuidando de ella, o al menos, pretendiéndolo. —el mayor lo miró con ira, posó sus cubiertos y pareció en aquel momento incendiarse entero, para controlarse durante momentos y ver como de aquel incendio solo quedaban brasas.
—¿Por qué mierdas la llamas Pecas?
—Porque las tiene. ¿Qué pasa?, ¿eso también te molesta?
—Vete a la mierda, tú y la tipa esa, ojalá se te pudra después de habértela follado. —espetó mientras recogía su plato, lo dejaba en la encimera y se iba a la salita.
Draven negó con la cabeza, incluso su carácter mucho más calculado parecía querer impulsarse para abofetear a su hermano. Terminó su comida y posó el plato al lado del de su hermano. Vio como el de Lux estaba intacto, tocó la cerámica del cuenco notándolo tibio aún. Lo tomó con cuidado y junto con unos cubiertos se lo llevó a la chica. La necesitaba recuperada, y si no comía no veía salida a su plan.
Estaba metida en la cama en una posición completamente fetal, parecía estar abrazando con la mayor de las fuerzas la totalidad de su vientre. Trató de convencerla para que comiera algo, pero ni siquiera su increíble persuasión bastó. Estaba claro que estaba muy adolorida, y a pesar de pensar en algo para hacer, no tenía idea de qué manera aquel dolor podía cesar. Ella le dijo que se recuperaría, que solo necesitaba un poco de tiempo. Esperaba que tuviera razón.
A la noche volvió a suceder lo mismo, aquella muchacha no había probado bocado. Miró su reloj, aún faltaba una hora para el encuentro con aquella mujer, pero una hora para él era bien poco, necesitaba ducharse, buscar entre sus bártulos ropa de calidad y buenos accesorios… pero también necesitaba dejar las cosas bien atadas antes de partir. Se llevó la mano a la cabeza rascándosela ligeramente para luego bajar su mano por su lacio pelo hasta el final.
Tomó un par de cervezas de la nevera y se sentó al lado de Darius quien, como de costumbre estaba sentado en el sofá, mirando las noticias sobre su altercado con el banco. Le tendió una de las bebidas a su hermano quien con un gruñido aceptó la invitación. Draven se sentó a su lado.
—Por mucho que lo mires… no va a cambiar. —su hermano no apartó sus ojos oscuros del televisor, solo sonrió ligeramente. Y ahí lo supo, el martirio… aquello era su perdón, martirizarse como siempre hacía, llevarlo todo a su penitencia personal era para Darius su salida. Como había hecho años… muchos años atrás con su propia madre. Un vacío se hizo paso en su estómago en cuanto recordó todo aquel suceso, odiaba aquella faceta de su hermano, porque siempre le hacía recordar, porque siempre le hacía resentirse. Sonrió restándole importancia a su sentir y al sentir de su pariente. —Llévale la cena a la cama.
—¿Para qué?, si no come nada. —espetó sin miramientos.
—Darius, si mañana no está recuperada ¿qué hacemos? —el mayor no emitió respuesta alguna. —No podemos llevarla al hospital, y dejarla aquí con vida… justo hoy me dijiste que querías…
—Justo hoy me di cuenta de que tú puedes hacerlo todo. No me necesita a mí para nada solo te estoy siguiendo. —Draven parpadeó varias veces incrédulo.
—Pero ¿acaso eres gilipollas?— Darius desvió la mirada. —Te vuelvo a repetir que está aquí por ti.
—Y sin embargo se apoya en ti. —el menor negó con la cabeza, se levantó para ir al baño a preparase.
—Eres un auténtico imbécil. —sentenció. Porque lo era, pero todo lo que veía aquel hombre ya era una barrera de celos inquebrantable. Otra muralla para su gran muralla. A Draven le dio igual, tenía que avanzar, si Darius no iba a poner de su parte, que no lo hiciera, él no se iba a pasar años en chirona por unos celos. Ayudaría a aquella mujer así la tuviera que enredar millones de veces para ello.
Había elegido su mejor conjunto, su camisa favorita descubierta hasta el pecho donde colgaba sus gafas de sol, eligió sus cadenas de oro, sus anillos, sus pendientes y su mejor colonia, aquellos utensilios solo hacían de su perfección algo aún más perfecto. Se guiñó a sí mismo un ojo cuando se terminó de mirar al espejo. Hoy iba a ser una buena noche.
Mas en cuanto salió del cuarto de baño allí seguía su hermano, noticia tras noticia solo escuchando una y otra vez que un hombre había muerto a sus manos. Draven sabía que cuando alguien le daba una lista para deshacerse de otro a cambio de un cobro Darius instantáneamente despersonalizaba a aquel que tenía que matar. No había sido lo mismo para este hombre quien había pecado de bravo.
Se deshizo de sus pensamientos para con su hermano y se adentró en la habitación para ver a la chica quien seguía en la misma posición aunque un poco más relajada. Ella se incorporó un poco en cuanto lo vio, él se sentó en la cama, a su lado, y por instinto llevó su mano a tocar la frente de la muchacha. Había recuperado un poco el color de su piel y sintió una alegría interna que achacó a unos planes que podían llevarse a cabo como estaba previsto.
—¿Te vas?. —la vocecilla de ella sonó algo rota.
—Sip. —dijo él animado. —Tengo una cita. —Lux lo miró y se forzó de nuevo a sonreír ¿por qué se forzaba así cuando se sentía tan mal?
—Estás muy guapo. —Draven se encogió de hombros.
—Soy guapo, claro que voy a estar guapo. —ella rio un poquito. El hombre se fijó que no había probado bocado, tampoco había bebido ni una gota de agua. Suspiró con molestia. —Tienes que beber agua cada quince minutos.
—Sí. —dijo ella mirando las mantas con algo de pena.
—Sí… que no me vas a hacer caso. —ella sonrió de manera quebrada. Draven se quitó su reloj de oro, tomó la fina muñeca de ésta y se lo puso con cuidado. Lux lo miraba desconcertada. Aquella correa dorada le quedaba increíblemente enorme, y según la posición de su brazo se deslizaba por su antebrazo a su parecer. —Es… mi mejor reloj y mi favorito. —le dijo aquel hombre. Ella lo miró poco convencida. —Lo robé. —soltó con gracia. Lux frunció el ceño mientras lo tocaba casi con temor, estaba claro que ella notaba el peso de un reloj caro pues aquel era uno muy costoso. —Bueno no lo robé —se explicó mejor él. —Robé la voluntad para que me lo dieran, así que supongo que al final… es lo mismo. —Rodeó el reloj junto con la delgada muñeca de la mujer con la mano. —Pero... es mi mejor reloj, y quiero que cada quince minutos de esa genial reliquia tomes un sorbo de agua.
—Estás comprando mi voluntad con un reloj. —la carita aniñada de ella tomó un poco más de color. Draven sonrió de manera ladina lo que hizo que ella sonriera. —Darius… ¿está mejor?
—No te preocupes por ese imbécil. —contestó con rapidez. —Él… bueno, ya te había dicho que era raro, pero le gustas. —y de nuevo sus mofletes se tornaron rojizos y adorables, se alegró de que la muchacha recobrara el aspecto un poco, se alegró de que ella siguiera tras su hermano por quien la podía malear como quisiera… y a la vez se notó pesado. Con su último pensamiento se levantó de la cama y señaló la posesión que le había dejado. —Quince minutos, Pecas. —ella asintió con una sonrisa.
—Pásalo muy bien. —los ojos cansados de Lux parecían pedirle que no se fuera mucho tiempo, que la ayudara con Darius, que la ayudara… con todo. Pero lo último que vio de ella fue una sonrisa adolorida. Definitivamente o era muy retorcida o muy idiota.
Miró la hora en su otro reloj, no tan fantástico como el que había prestado, después se detuvo y se peinó un poco mientras se miraba al espejo de uno de los coches estacionados. Y en el gris de sus perfectos ojos se encontró profundizando en ella. "Pásalo muy bien" le había dicho con una voz quebrada aun sosteniéndose el vientre. Se estaba preocupando más de la cuenta, frunció el ceño y siguió su camino hacia la dirección que su nuevo ligue le había enviado por WhatsApp.
¿Realmente Darius cuidaría de ella?, ¿Sería capaz aquella muchacha de al menos hacerle caso y comer algo?, ¿cuidarse aunque solo fuera un poco?
Detuvo su paso y miró su reloj de nuevo, con ansia. No estaba tranquilo, no lo estaba para nada, se frotó la sien con molestia y resopló tratando de apartar las dichosas preguntas. No podía joder un buen polvo por… ¿por Pecas?, ¿acaso estaba enloqueciendo?, y de pronto cayó en la cuenta, no era Pecas, era la garantía de que sus planes del día siguiente salieran bien. Sacó su teléfono móvil del bolsillo trasero de su pantalón y buscó el contacto de la mujer con la cual se iba a citar.
—Me voy a arrepentir de esto toda la puta vida. —pensó en voz alta mientras presionaba el botón de "bloquear". Fuera de su vida incluso antes de poder follársela, había sido un auténtico fracaso.
En cuanto abrió la puerta de aquel dichoso piso notó el ambiente funesto de nuevo. Posó las llaves encima de la mesita del recibidor y notó cómo su hermano se incorporaba en el sofá para centrarse en él.
—¿Tan rápido eres?— se burló el muy gilipollas.
—Tengo tantas ganas de perderos de vista a ti y a la criaja esta, como vosotros a mí. —su molestia estaba latente, Darius sonrió. El muy imbécil debía pensarlo como un alago, y por algún motivo eso le hizo sonreír también.
Abrió la puerta de la habitación y allí estaba ella, tenía el reloj abrazado entre sus manos y lo miraba con firmeza, como contemplando los segundos de dolor pasar uno tras otro. Y aquel gesto le hizo querer tomar su aflicción, de algún modo desecharla lejos, si bien podía manipularlo todo se sintió impotente ante aquella situación.
Lux lo miró aún sin incorporarse, de manera sorprendida.
—P-Pero ¿no tenías…? —Draven hizo un gesto con la mano para que dejara de hablar, se quitó su abrigó y lo posó sobre una silla cercana.
—Ni lo menciones. —soltó de manera rápida. —Al final era muy fea, no me gustaba nada. —Lux rio un poco, y se incorporó con incomodidad. Le tendió el reloj, Draven envolvió con su mano la de ella junto con el reloj.
—Si está a tu lado, mañana estarás del todo recuperada. —Lux se sonrojó un poco y asintió con expresión cansada.
—Sí, estoy segura de que mañana estaré bien.
—Y si no fuera porque tenemos prisa me gustaría saber qué clase de veneno te han dado en esa farmacia. —ella volvió a reír de nuevo para pasar a poner esa cara fea que tanto le disgustaba a Draven, una cara apática y triste.
—¿D-Darius sigue molesto?, e-es que no sé qué fue aquello que hice tan malo yo, yo…—No terminó su frase y supo que la chica estaba tan mal físicamente como anímicamente y las dos cosas juntas… eran un verdadero problema. Lux comenzó a aguantarse el llanto, el hombre se fijó cómo su respiración se agitaba a pesar de tener aquella expresión tan fatigada.
Draven se desenganchó las gafas de sol de la camisa y se las puso a aquella pequeña chica que aunque se movió un poco hacia atrás no puso objeción a ello. Su carita aunque un tanto redonda era pequeña, y aquellas lentes demasiado grandes para ella.
—Te pones espantosa cuando haces esos pucheros raros. Más fea aún que de costumbre. —vio las lágrimas resbalar por debajo de las gafas que le había puesto. Él tocó con delicadeza su cabeza. —Lo voy a arreglar, todo ¿vale?, el dinero, Darius, toda esta situación, todo. —notó cómo ella paraba de llorar para mirarle curiosa. No pudo hacer otra cosa que quitarle las lentes para ver su expresión de nuevo, como si lo necesitara. Y aquellos ojos de océano estaban aún más llenos que antes. Aquella mujer no era para nada su tipo, pero aquellos ojos redondos, azules, y brillantes, llenos de honestidad, compresión y curiosidad, como si quisieran experimentarlo todo, le parecieron hermosos, pues no recordaba en su vida haber visto unos tan significativos.
Salió de aquella habitación y se dejó caer en el sofá junto a su hermano. Éste lo miró sin prestarle mucha atención.
—¿Sabes qué fue lo primero que me preguntó al entrar a la habitación?— Darius levantó una ceja sin responder. —Me preguntó por ti. —éste negó con la cabeza cruzó sus manos y suspiró.
—Draven… no quiero mentirle, no quiero usarla, ella gusta de alguien que no conoce. —el menor asintió ligeramente.
—Con esta chica no vas a fallar, Darius, estoy seguro. —su hermano se sorprendió ante aquellas palabras, como si no lo hubiera visto venir, mas tomó la confianza absoluta de ellas. Porque Draven las había emitido con total y absoluta fe, aquella pequeña mujer, era tan flexible, tan curiosa, que estaba tan seguro como aliviado.
Vio cómo su hermano se levantaba para ir al cuarto donde Lux reposaba. Se sintió jubiloso, pues al final el plan se volvía a cerrar, pero ¿por qué se notaba en ocasiones tan pesado?, como si de nuevo… sí, de nuevo, él sería la tercera rueda.
