LA VERDAD, HERMIONE…

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Escrito por:

MaraG.Poe

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Cuando Harry volvió de Hogsmeade con un chupetón en el cuello Hermione se mostró escandalizada.

"No entiendo por qué has vuelto con Cho si decías que no te gustaba en absoluto, Harry."

"Bueno. La gente cambia¿sabes? La pobrecilla me da pena."

"¿Pena¿Cómo te atreves a decir eso¡No creo que tú tengas que compadecer a alguien como Cho Chang!"

"Todo el mundo tiene problemas, Hermione."

"Bah. Seguro que Cho Chang puede tener a quien quiera."

"Te sorprenderías."

Hermione se quedó mirando otra vez la marca en el cuello de Harry.

"No entiendo por qué os gusta exhibir vuestra proezas besuconas"

"¿Proezas besuconas?" rieron Harry y Ron. "¿Proezas besuconas¿A ti te parece normal decir algo así?"

"¡Yo no pretendo ser normal, desgraciados obsesos!"

"Ya se nota, Hermione. Si fueras normal ya te habríamos visto alguna vez exhibiendo tus proezas besuconas."

"¿Qué quieres decir?"

"Que es muy fácil aparentar que se desprecia lo que no se puede tener."

"¿Cómo que lo que no se puede tener? Ahora mismo chasqueo los dedos y te aparezco con el cuello lleno de chupetones."

"No lo niego."

"¿Entonces qué significa eso?"

"Nada Hermione, lo he dicho sin pensar. ¿De acuerdo?"

"No mientas. Has querido decir algo."

"No empieces, Hermione, por favor. Sólo me parece que te exaltas demasiado con estas cosas. Pareces una vieja."

"¿Una vieja?"

"Sí, una vieja. Eres una reprimida, Hermione, qué quieres que te diga. Tienes que liberarte"

"¡Una reprimida yo!¿Una reprimida yo¡Yo me he besado, y más aún que besar, con Víctor Krum!¡Y Ron¡Tú deberías defenderme!¡Tú sabes en carne propia que no soy una reprimida¿Recuerdas la temporada que salimos?", parecía ansiosa por obtener todo el apoyo de Ron. En aquel momento se habría sentido feliz si Ron la hubiera llamado puta insaciable o algo así. Pero no.

"La verdad, Hermione, es que daba la impresión de que preferirías haber estado en la biblioteca que dejándome acariciarte."

"¿Qué¡Qué¡Esto es intolerable¡Cómo os atrevéis¡Cielos¡Esto me pasa por no ser una tontita obsesionada con los chicos¡Me dais asco!"

Harry y Ron intercambiaron una mirada.

"Era hora de decírselo."

"Sip."

"Al menos insinuárselo."

Hermione se fue a su habitación de un portazo. Bufaba de indignación. ¿Cómo se atrevían¿Quién se creían que eran? Se tiró en la cama y cerró con fuerza los ojos. De repente tuvo una visión clarísima de Harry besando a Cho. Empezó a respirar aún más agitadamente. Harry le metía los dedos a Cho entre el pelo negro y sedoso que provocaba siempre la admiración de Hermione. Abrió los ojos, se levantó de golpe de la cama y tomó con furia un libro de su mochila. Se sentó como un indio y se puso a leer, aunque su respiración no se había tranquilizado.

Dos días más tarde Hermione estaba en la clase de herbología y maldecía porque no era capaz de abrir las vainas de los policrestos danzantes para echarlos al cuenco con los otros. Todo el mundo lo hacía fácilmente y ella no podía. De repente apareció la carita de Cho entre las ramas de la planta en la que trabajaba Hermione.

"Cu cú", dijo, aunque no sonreía. Las pestañas le sombreaban los pómulos, tan largas eran y tan lánguidamente caían.

"Qué te pasa, Cho¿buscas alguien a quien ayudar?"

"Podría ser", dijo ella.

"Pues yo estoy necesitada, te lo aseguro."

"Oh, pobrecita", dijo Cho dando la vuelta a la planta para ponerse al lado de Hermione. "Mira, bobita, se hace así." Metió las uñas en medio de la juntura de la vaina y tiró hacia los lados, haciendo que los dientecillos se separaran.

En medio aparecieron, aparentemente dormidos, dos policrestos, y ella rápidamente los vació en el cuenco. "¿Ves qué fácil?"

"Será fácil para ti, con esas uñas. Para mí no lo es."

"No es la primera vez que te riño por comértelas, Hermione. Y a Harry."

"Ya. Bueno. Voy a intentarlo." Pero con Cho mirando sobre su hombro no podía concentrarse. La aplastaba.

"Venga. ¿Por qué no empiezas?"

De repente Hermione se dio cuenta de que no quería decirle que la ponía nerviosa. Porque no quería que se alejara. Sentía sus pechos en la espalda, blandos y firmes a la vez, y no quería dejar de sentirlos, al igual que su aliento en la oreja. Sintió que la temperatura de su cuerpo descendía bajo cero y subía hasta cien grados en un instante y se le aflojaron las piernas.

"¿Pero qué te pasa¿Estás bobita¡Venga!" dijo Cho, dándole un golpecito en la cadera, como empujándola.

"Voy", respondió Hermione, cuando consiguió articular algo. Puso los dedos romos y enrojecidos sobre la juntura de la vaina y apretó, pero no era capaz de tirar hacia los lados. Frustrada, apretó más aún y de repente la vaina se abrió y los dientecillos se le clavaron en un dedo.

"¡Au¡Mierda!"

"Trae", dijo Cho, y se metió por los labios la punta del dedo de Hermione. Chupó, mientras Hermione, incapaz de cerrar la boca, la miraba. Entonces Cho levantó los ojos y, sin dejar de chupar el dedo de Hermione, sin meterlo más allá de los labios, pero lamiéndolo con la punta de la lengua, la miró, más seria de lo que había estado hasta entonces por el tono de sus comentarios superficiales. Hermione casi deja escapar un grito. Miró la cintura de Cho y volvió a mirar su cara maravillosa, su boca cerrada alrededor de su dedo. Estaba colorada, como ella misma, y pareció costarle trabajo despedirse de su dedo cuando por fin lo sacó. Lo miró. Estaba baboso y blanco y Cho le dio un besito. Sonrió. "Torpe", dijo. "Yo que tú abandonaría o buscaría algún instrumento para abrir la vaina", y se fue.

Durante la noche Hermione recordó el olor del aliento de Cho, y sobre todo, lo blando de sus pechos y aquella mirada mientras chupaba su dedo.

"¿Cómo puede ser tan guapa? Estoy fascinada. Tiene algo, una elegancia, una forma de moverse, que… Cualquiera diría que… que. Bueno, vale ya. Es encantadora, desde luego. Si fuera chico me enamoraría de ella. Qué suerte tiene Harry, la verdad. Maldita sea"

Dos días después encontró a Cho saliendo del servicio que había cerca de la biblioteca. Hermione tragó saliva.

"Eh… vaya, Hermione. ¿A dónde vas?" dijo. Estaba colorada, despeinada, y se estaba metiendo la camisa por dentro de la falda. ¿Qué habría estado haciendo? De repente salió Harry: tenía el pelo hecho un desastre y sus gafas estaban torcidas.

"A la biblioteca" consiguió decir ella.

"¡Yo también!" dijo Cho de repente. "Además quería hablar contigo, Hermione."

"Bueno. Pues yo me voy a quidditch, ratas de biblioteca."

"Chao, Harry", dijo Cho, dándole un besito a Harry en la mejilla.

"Suerte, Cho", dijo Harry en voz baja. Cho se levantó la falda y tiró de las puntas de la camisa hacia abajo, para que quedara bien estirada. Se le vieron los muslos blancos y el triángulo blanco de las bragas. "¡Vamos!", dijo, caminando hacia Hermione. "¿Estoy bien?"

"¿Cómo que si estás bien?"

"Si tengo alguna señal, o algún resto de algo."

"No. No tienes nada. Si tanto te preocupa no sé porqué narices tenéis que andar todo el día como monos en celo", dijo Hermione mirando al frente sin dejar de caminar. Cho la miró un poco sorprendida y sonrió para sí.

Cuando entraron en la biblioteca Cho acompañó a Hermione a su mesa habitual y dejó sus cosas en el asiento de al lado. Fue a por un libro y lo puso abierto ante ambas.

"Esto es lo que quería pedirte", dijo. "No lo entiendo. Seguro que tú sí", y sonrió un poco. Hermione sintió un cosquilleo de vanidad acariciada.

"¿Cuál es el problema?"

"La música de los unicornios. Su relación con la aritmancia. Yo no he elegido aritmancia y no consigo entenderlo."

"Comprendo."

"¿Puedes ayudarme?"

"Claro".

Ambas se acercaron al libro. Sus cuerpos quedaron pegados. Hermione empezó a explicar a Cho el verdaderamente confuso tema de la música desde un punto de vista aritmántico. Realmente lo que se les exigía saber para el tema de unicornios era casi nada, pero a Hermione le encantaba poder hacer comprender a otros lo interesante que ella sabía que eran esas cosas que normalmente les hacían bostezar. Habló durante un buen rato. En cierto momento Cho pasó un brazo tras la espalda de Hermione para poder acercarse más a un gráfico. Se echó la melena a la izquierda, pero le molestaba la melena salvaje de Hermione.

"Espera", dijo. Tomó la cabellera de Hermione con ambas manos y la pasó hacia la derecha del cuello de Hermione. Acercó su cara a la de ella para ver mejor y, de camino, metió la nariz en su cuello y aspiró. "Mmmmm. ¡Qué rico!¿Qué perfume es?"

"No… no sé, me lo regaló Ginny".

"A-há. Tendré que preguntarle a ella, entonces", dijo y su voz era profunda y aterciopelada casi en el oído de Hermione.

"S ssí, mejor", respondió Hermione, que de repente se sentía como si estuviera desnuda en una corriente porque todos los pelos del cuerpo se le erizaron y también los pezones se le erizaron y no se le erizaron los pelos de la cabeza porque eran demasiado largos.

"Déjame olerlo otra vez", dijo Cho, y se detuvo un momento en el cuello de Hermione, tan cerca de la piel que la tocaba con la nariz. Se metió más y movió la cabeza de un lado a otro, como si quisiera hacerle cosquillas. "Me encanta cómo hueles, Hermione".

Hermione no podía hablar. De repente algo entre sus piernas había empezado a latir como un corazón y sentía un extraño calor focalizado allí abajo.

"Me encanta. Seguro que también sabes bien… Me gustaría probar…"

Hermione tampoco dijo nada. Cho metió la mano que había pasado tras su espalda por su pelo y acarició su cabeza. Hermione entonces jadeó, o gimió, o hizo un sonido que definitivamente era una respuesta que Cho comprendió muy bien. Cho acercó la otra mano, bajo la mesa, hasta la barriga de Hermione.

"Déjame tocarte, Hermione", dijo, ahora hablando ya con una voz ronca y exigente. "Déjame sentirte."

Hermione hacía tanto ruido al respirar que durante una fracción de segundo pensó con pánico que la señora Pince, pues estaban solas en la biblioteca, la oiría y vendría a ver qué ocurría.

"Necesito probarte, Hermione", dijo Cho con aquella voz increíble. Metió la mano bajo la camisa de Hermione y acarició su barriga mientras la besaba en el cuello. Subió hacia su mejilla y llegó a su boca. Las dos empezaron a besarse como si se hubieran vuelto locas. Hermione perdió toda contención, se giró para quedar frente a Cho y empezó a acariciar y enredar sus dedos en la melena pesada y brillante de la otra. También la acarició deslizando una mano desde sus hombros hasta la cadera, sintiendo la cintura, el ensanchamiento de la cadera. Cho subió la mano hasta acariciar los pechos de Hermione y entonces, echando un vistazo a ver si venía la señora Pince, se arrodilló ante ella y empezó a tocarla por todas partes, a besar su barriga, a meter la cabeza bajo su falda hasta llegar al pubis con su cálido aliento. Le pellizcó los pezones. Hermione estaba como loca, no sabía si llorar o gritar, pero no podía, porque la señora Pince podría aparecer en cualquier momento.

"Ven", dijo Cho, y tiró de la silla hasta que Hermione quedó sentada a la mesa, mientras Cho, arrodillada bajo ella, exploraba a gusto.

"Mmmmmm…" oía decir a Cho de vez en cuando, y también rugía. "Es delicioso, Hermione, dios mío, es riquísimo". Hermione, tenía los ojos desorbitados, los cerraba con fuerza, los volvía a abrir. Agarraba la cabeza de Cho con las manos, y no podía pensar más que en mantenerse en silencio, aunque no lo conseguí. Susurraba incoherencias como "Cho, oh cielos, uh, Cho, merlín furioso, divino, divina, Cho, cielo santo. Uh.".

"¿Estás bien, querida?" , dijo una voz tras ella.

Hermione gritó.

"¡Ah!"

"¡Merlín¿Qué te ocurre?"

"¿Eh? Ohm¡nada¡Nada señora Pince! Me había quedado dormida y tenía una pesadilla." Estaba roja como un tomate, y tenía los ojos brillantes de excitación y desorbitados del susto. Parecía, verdaderamente, haberse despertado de manera repentina de un profundo sueño y sorprenderse por encontrarse allí hablando con la señora Pince. Si no fuera porque alguien besaba la cara interior de sus muslos justo mientras hablaba con la bibliotecaria.

"Pero si no son ni las 7"

"Lo sé. Ja. Cosas que pasan." Dedos se deslizaban suavemente por sus muslos.

"Estás muy rara, Hermione Granger. ¿Dónde está la chica que entró contigo?"

"No lo sé. Debe de haber ido al servicio. ¿No la ha visto salir?" Hermione se derretía mientras hablaba y los ojos se le iban hacia el cráneo, no podía enfocar.

"No."

"Pues ni idea." Exhaló una especie de suspiro.

"Ya."

Hermione levantó los hombros y las cejas en un intento desesperado por aparentar inocencia y dar por terminada la conversación.

"Bueno. Voy a seguir con mi trabajo."

"De acuerdo, señora Pince", consiguió articular, ronca.

Diez segundos más tarde tuvo un orgasmo que la hizo levantarse de la silla como un arco, temblando, con la cabeza de Cho pegada a ella. Cuando la última reverberación hubo desaparecido y sólo le quedaba un temblor interior por todo el cuerpo, alejó la silla.

"Cho", dijo, con voz amortiguada. "Cho".

Cho sacó la cara por entre sus piernas con la sonrisa más maliciosa y arrebatadora que Hermione hubiera visto nunca. Tiró de ella hacia arriba y la besó con adoración, sintiendo el sabor de su propio sexo en la boca.

"Dios mío, Cho. Ha sido… ha sido… Ha." No encontraba palabras. Sólo quería besarla por todas partes. Cho la besó en el cuello y se entretuvo allí un buen rato, mientras Hermione dejaba caer su cabeza hacia atrás, permitiéndose sentir la boca de Cho sobre su piel

"Cho", dijo. "Yo también quiero probarte."

Cho sonrió.

"Sería excesivo ahora. La señora Pince volverá en cualquier momento. ¿Qué te parece si nos vemos mañana en la sala de los menesteres?"

Hermione sintió que se quedaba sin aire. Sintió un peso entre las piernas, como si se le hubiera pegado allí un animal viscoso y palpitante, pidiéndole alimento, o caricias, o atención constante, ansiosa, urgente.

"Claro. Claro. Me encantaría."

Chó sonrió y le acarició la mejilla.

"Sabes a lago", dijo. "Me encantas. Quiero más."

"Lo que tú quieras. Todo lo que quieras, Cho", dijo Hermione sin dar crédito a su increíble fortuna. Lo más improbable había ocurrido.

"Nos vemos mañana."

"¡Espera!"

"¿Qué?"

"Me acabo de acordar de que eres la novia de Harry."

"No te preocupes. Él sólo está conmigo porque… ¡porque hablamos mucho!", rió. "Te aseguro que no será ningún drama. Si quieres que se lo diga, claro…", Cho pareció esperar la respuesta de Hermione con cierta ansiedad, que contrastaba con la calma que había mostrado en todo momento hasta entonces.

"Claro que quiero", sonrió Hermione, embobada mirando la boca de Cho, sus labios, sus pómulos.

Cho se echó a reir.

"Nos vemos a las 6."

Hermione se tuvo que quedar un buen rato en la biblioteca antes de poder enfrentarse a la vida real nuevamente. Cuando llegó al comedor la miraron con un poco de curiosidad, pero no era raro que se le pasara la hora enfrascada en alguna lectura, así que no dijeron nada. De repente la mirada de Harry, que se había deslizado sobre ella, retrocedió y se clavó en su cuello.

"¡Hermione!"

"¿Qué?"

"¡Has estado haciendo proezas besuconas!"

"¿En serio¡A ver!", Ron le aparó la melena sonriendo y chasqueó la lengua varias veces. "Vaya, vaya, Hermione. Me parece que has encontrado a alguien tan etéreo y elevado como tú…"

"Sí. Qué suerte", dijo Harry.

"Callaros. Se va a enterar todo el mundo."

"¿Y qué? Déjalos que imaginen."

"¿No nos vas a decir quién ha sido?"

"No. Dejadme. Os enteraréis pronto, supongo. Qué remedio. Me voy."

"Pero a dónde vas. No has comido."

"No puedo comer."

Hermione se alejó y Harry giró la cabeza hasta la mesa de Ravenclaw. Cho le guiñó un ojo y le sonrió. Harry también sonrió.

"Creo que Hermione ha aprendido algunas cosas sobre sí misma hoy."

"¿Te lo ha dicho Cho¿Por fin le ha entrado?"

"Sí, pobrecilla Cho. Se estaba volviendo loca. Pero acertó. Consiguió meterse en la cabeza de Hermione, acercarse a ella a través de mí. Es muy lista"

"Bueno, me alegro por ambas. Qué suerte tenemos tú y yo con las chicas, desde luego."

"Ya. Este… No es precisamente Cho quien ocupa mi mente desde hace un tiempo. Oye. ¿Has notado a lo largo de tu experiencia… eh… que a Ginny le parecieran unos cerdos los chicos o que le gustara jugar a médicos con sus amigas después de los… doce o así?"

"¡Eh¡Deja en paz a mi hermana!", gritó Ron, tan alto que Ginny lo oyó y se dio la vuelta hacia ellos. "¡Cabrón!"

Los dos se quedaron sonriendo mirando a Ginny, que sonrió sólo para Harry.


Una escritora nueva!!!!!! Me encanta que haya mas escritoras que participen con nosotros. Muchas gracias MaraG.Poe por mandarnos tu femslash la verdad es que es magnifico, yo odiaba a Cho Chang pero en esta historia me ha parecido mas que interesante XD!!! Me ha gustado mucho la pareja Hermione - Cho, de verdad que ha sido muy bueno este one - shot...

Ahora si REVIEWS!!!

Espero que sigan participando... Besos MM