LA RECONSTRUCCIÓN

El OMNIPRESENTE Disclaimer: El presente trabajo se basa en caracteres creados originalmente por J. K. Rowling, quien ha cedido algunos derechos a ciertas personas/empresas entre las que afortunada o desafortunadamente no me encuentro. No recibo ningún beneficio económico por trabajar en esto. Pero puedes recompensarme con un comentario (review).

NOTA IMPORTANTE: Sergei Tolshenko, Jasón Milos, Yishí Pemo y Jill Matthews así como los términos y las circunstancias de esta trama que no aparezcan en los libros de J.K Rowling son de mi creación.

Acerca de la puntuación: Por favor avísenme si notan alguna cosa extraña.

Dedicado a ti, por tener la paciencia para esperar mis caóticas actualizaciones.

Según mis cálculos, faltan entre cinco y seis capítulos para el final.

Espero que lo disfruten.

Lo que sucede en sueños aparece en negritas.

20 El ataque de las arañas.

En el capítulo anterior:

Incluso la Directora McGonagall estaba visiblemente impactada. Tanto, que ni siquiera intentó llamarles la atención.

Sólo seis personas en todo el Gran Comedor parecían no estar tan sorprendidos como los demás.

Harry Potter, Ginny Weasley, Theodore Nott, Blaise Zabini, Yishí Pemo y Luna Lovegood.

Y únicamente una persona se levantó ruidosamente y salió del Gran Comedor con gesto descompuesto.

Jasón Milos.


El desconcierto general no podía durar eternamente y pasado el momento de perplejidad, poco a poco todos retomaron su cena con normalidad. Bueno, con toda la normalidad de que se es capaz después de haber presenciado algo tan inverosímil como lo que acababa de ocurrir.

A Hermione le intrigó sobremanera la reacción de Jasón. Draco por otro lado pensó que ajustarían cuentas en la primera oportunidad que se le presentara. ¿Quién se creía ese Milos para juzgarlo? Muy su gusto si quería comprometerse con una…hija de muggles. Y si no fuera porque Hermione reclamaba su atención, hubiera seguido pensando en la forma de poner en su lugar al chico griego.

- Draco, tengo algo que contarte.-

- Dime.- repuso él, admirado ante la capacidad de adaptación de su novia. Estaba tan campante, rodeada de serpientes y cenando como si nada, a pesar de las miradas provenientes de todas direcciones que convergían sobre ellos.

- ¿Sabías algo sobre la maldición de Slytherin?-

La expresión de Draco revelaba su ignorancia respecto al tema. Y sus palabras lo confirmaron:

- ¿De qué estás hablando?-

Hermione bebió un trago de jugo de calabaza y luego comenzó su narración, desde que se había sentido mal en la Sala Común hasta que se encontró a Yishí en la enfermería, omitiendo habilmente lo que ella le había dicho sobre su particular habilidad.

Al terminar el relato, Draco no supo muy bien que decir. Era extraño descubrir que una maldición había influenciado así la vida de tantas personas. La suya entre ellas. Y se preguntó qué pensaría Salazar Slytherin si conociera las consecuencias de su ambición por el Oniro. ¿Habría hecho lo mismo si hubiera tenido una idea de lo que estaba a punto de desencadenar?

Viendo que él no pensaba hacer ningún comentario, fue Hermione quien tomó la palabra:

- Así que, mientras estemos dentro del Castillo, puede que nos sintamos… diferentes. Ya sabes, desconfiados, confundidos y preocupados.-

- Ahora entiendo porque nada más llegar a mi Sala Común comencé a sentirme…de esa forma.- admitió Draco, al tiempo que recordaba el trato que habían hecho en Hogsmeade. Sonrió.- Por cierto, ¿cómo se lo tomaron tus amigos?-

- Mucho mejor de lo que me imaginaba.- confesó ella.- Supongo que habérselos dicho en Hogsmeade y no en la Sala Común tuvo mucho que ver. ¿Y a ti como te fue?-

- ¿Me creerás que Theodore ya sabía? Luego le escribí a mi madre. A Blaise se lo dije hace como media hora. Está tan contento después de haber pasado el día con Daphne que apenas me puso atención.- Y diciendo esto, señaló discretamente a la feliz pareja que se hallaba sentada al otro lado de Theodore.

Hermione no pudo evitar sonreír. Al menos así no tendría que preocuparse por los celos de Daphne Greengrass.

- Yo pienso escribirle a mis padres esta noche.-

- Eso no era parte del trato…- respondió Draco, antes de casi atragantarse con un bocado.

- Ya lo sé.- repuso ella en tono divertido.- Pero entre más pronto lo sepan, mejor. Si llego de repente con un prometido a cuestas, puede prestarse a mala interpretaciones.-

Él la miró como si no comprendiera.

- Oh, vamos, no te hagas el inocente. Sabes perfectamente a qué me refiero.-

Claro que lo sabía. Y entonces, una idea desagradable apareció en su mente. Tratando de disfrazar su inquietud, susurró:

- Al menos así no tendrían más opción que aceptarme.-

Y ella se sorprendió al escuchar la inseguridad en su voz. ¡Temía que sus muggles padres no lo aceptaran!

Varias respuestas cruzaron su mente, pero al analizarlas descubrió que podían herir los sentimientos de Draco. Tomó un bocado para darse algo de tiempo y luego contestó:

- No creo que les caiga tan de sorpresa. Hablaba de ti en todas mis cartas.-

- Claro, no les sorprenderá que quieras casarte con el imbécil que te insultaba a todas horas.- En su tono había amargura disfrazada de sarcasmo.

Hermione le lanzó una mirada mitad reprensiva, mitad dolida y luego, sin poder disimular un timbre de dureza en su voz respondió:

- No les sorprenderá que quiera casarme con el chico me molestaba a todas horas para llamar mi atención.- Draco la miró con expresión interrogante. Ella continuó diciendo:- Casi no había carta en que no te mencionara. Mi madre tomó la costumbre de bromear diciendo que debía darte una oportunidad. Yo sólo me reía. Ahora creo que lo decía un poco en serio.-

- ¿Qué saben ellos de mí?-

Ella captó enseguida que Draco quería decir "¿Saben que fui un "tú-sabes-que"?" Se sintió aliviada al poder responder honestamente.

- No. Saben muy poco sobre la guerra.-

Y él supo interpretar perfectamente esta respuesta.

- Es decir, que no tienen idea de que su hija es una heroína nacional.- Y el atisbo de una sonrisa de medio lado apareció en el rostro de Draco.

- Así es.- repuso ella lacónicamente.

- ¿Por qué?-

Sólo había curiosidad en esta pregunta. Así que Hermione fue sincera.

- A partir de finales de cuarto año mis cartas fueron más cortas, si hubieran sabido una cuarta parte de lo que pasó, no me habrían dejado regresar a Hogwarts. Es más, habrían empacado de inmediato para mudarse al más recóndito lugar del planeta.-

Draco tuvo que reconocer que había una lógica aplastante en esa réplica. Quizá porque era lo que sus propios padres hubieran hecho de haber tenido la oportunidad. Hermione continuó diciendo:

Y ahora no puedo decirles: "Queridos padres, resulta que desde quinto año estuve arriesgando mi pellejo luchando contra el mago oscuro más poderoso de los tiempos modernos. Ya que lo vencimos, les ruego que me perdonen por mentirles durante tres años". Es mejor que no sepan nada.-

Y lo único que se le ocurrió responder fue:

- Me alegro de que no les hayas dicho nada. Así podrán odiarme únicamente por querer ser su yerno.-

En la mente de Hermione, la palabra "yerno" se conectó con la palabra "suegra" y luego…con la imagen de Narcissa Malfoy.

Ahora era ella la que se sentía insegura. ¿Cómo reaccionaría la orgullosa señora ante la pretensión de su único hijo de casarse con una…hija de muggles? Por muy heroína nacional, amiga de Harry Potter o poderosa bruja que fuera, no dejaba de tener un árbol genealógico que dejaba mucho que desear.

No pudo evitar preguntarle a Draco:

- ¿Cómo crees que reaccionara tu madre?-

La cuestión lo tomó por sorpresa. Esbozó una sonrisa al notar que ahora era Hermione quien se sentía inquieta ante la perspectiva de ser presentada a su madre. Luego de pensarlo un momento, contestó con una críptica frase:

- Depende de qué humor se encuentre.-

Por supuesto, esta respuesta no tranquilizó a Hermione, quien recordó aquel incidente en la tienda de Madame Malkin, cuando estaban a unos días de comenzar el sexto año. Narcissa podía ser una dama muy amenazante cuando de lo proponía. Estaba comenzando a dejarse llevar por la ansiedad y la aprensión, cuando captó la mirada que Yishí le lanzaba desde la mesa de Hufflepuff. De inmediato detuvo la corriente negativa de sus pensamientos. Era tonto preocuparse por la reacción de Narcissa cuando lo más seguro era que la carta ni siquiera había llegado a sus manos. Respiro profundo, se encogió de hombros y mirando a Draco, repuso con un tono amargo mal disimulado:

- Tal vez tenga suerte y me odie sólo por querer ser su nuera.-

Él notó la inquietud de Hermione y decidió que lo mejor era cambiar de tema.

- ¿Tienes algún plan en especial para mañana?-

Ella estaba a punto de responder que no, pero justo en ese momento escuchó que Theodore le decía a Blaise:

- Aún no he terminado tu redacción de Pociones…-

Ya no escuchó el resto, porque dando un respingo, exclamó:

- ¡La redacción de Transformaciones! ¡No la he terminado! ¡Y estoy muy atrasada con otros deberes! Lo siento Draco, pero me temo que tendré que dedicar todo el día de mañana a ponerme al corriente.-

Draco miró a Nott de forma amenazante. ¡Qué momento tan inoportuno para hablar con Zabini sobre sus negocios de deberes, por Circe! Luego, con su mejor cara de decepción le respondió:

- ¿Estás segura de que no puede esperar? ¿Digamos, tres horas? Luego harías los deberes con la mente despejada. –

No se le daba mucho lo de pedir favores. Lo suyo era dar órdenes. Pero sabía de sobra que tratar de obligar a Hermione hubiera tenido consecuencias desagradables.

- Lo siento mucho, Draco, ya pasé prácticamente todo el día de hoy contigo y no puedo seguir postergando este trabajo.-

Él notó la tensión en su voz. Y tras una rápida evaluación, concluyó que no era buena idea seguir insistiendo. Si era importante para Hermione, no quedaba opción. Tal vez pudiera invertir el tiempo que no pasara con ella en algo interesante.

Como ponerle los pies en la tierra (y de ser posible, el rostro) a Jasón Milos.

Luego de despedirse de un pensativo Draco en el mismo pasillo antes de la entrada a la Sala Común, Hermione se encontró con Harry y Ginny, quienes sin hacer más comentarios le dieron las buenas noches y se fueron a dormir. Ella subió a su habitación y escribió la carta para sus padres anunciándoles su reciente relación con Draco.

Se acostó, pero no podía conciliar el sueño. Repasó los sucesos del día. Había un par de cosas que no terminaban de encajar en todo el conjunto. En primer lugar, la extraña actitud de Jasón al salir del Gran Comedor. ¿En qué le afectaba su relación con Draco? Pronto concluyó que no tenía mucho caso darle de vueltas. Jasón y ella apenas cruzaban un par de palabras al día. Nunca había sido especialmente cortés con ella, pero tampoco se podía decir que la ignorara o denigrara de ninguna forma. Prácticamente no sabía nada de él, ni de su familia, así que encontrar la causa (o causas) de su comportamiento era como buscar una aguja especialmente pequeña en un enorme pajar. Así que dejando ese asunto de lado por el momento, se enfocó en la siguiente cuestión: la hipótesis de que el Sombrero Seleccionador era la causa de que la maldición de Slytherin se perpetuara. No podía dejar de pensar que había algo que se le estaba escapando. Una pieza importante. Tenía la sensación de que la respuesta saltaría entre sus neuronas en cualquier momento y para tratar de inspirarse recordó las palabras de la profecía de Trelawney.

Sí, ahí estaba.

Lo supo en cuanto recitó mentalmente las palabras "…su esclavo será liberado"

Todo este tiempo había pensado erróneamente que al activar el mosaico maestro, el Oniro atrapado sería liberado automáticamente.

Ahora sabía que no era así. Quien, o mejor dicho, quienes activaran el mosaico, tendrían en sus manos la posibilidad de liberar al Oniro… o de condenarlo a quién sabe cuántos milenios más de esclavitud, lo que a su vez garantizaría la permanencia de la maldición de Slytherin. El Sombrero no tenía nada que ver con la maldición.

La profecía, como todas las profecías, no tenía una fecha de realización concreta. Y es que, dentro de todos los planes para la recuperación de las piedras angulares y la activación del mosaico, nadie había mencionado absolutamente nada referente a su desactivación, destrucción o lo que fuera que hubiera que hacer para que nunca más volviera a funcionar. Para que no pudiera latir de nuevo.

El corazón de Hogwarts podía latir por última vez dentro de unos meses, un año, una década, un siglo… o un milenio.

Y si dejaba de latir ¿qué pasaría con el Castillo? ¿Sería posible volver a reconstruirlo si llegaba a ser necesario?

Le parecía un callejón sin salida: por un lado la cautividad del Oniro garantizaba la supervivencia de Hogwarts. Pero no podía evitar sentir que estaba mal. Cualquier forma de esclavitud está mal. Y punto. Como con los elfos domésticos.

Si nadie más lo hacía, ella sí.

Lucharía por la libertad del desdichado Oniro capturado por los cuatro fundadores.

Un milenio de esclavitud era más que suficiente.

Y con este objetivo en mente, planeo su primer paso: involucrar a Draco en su empresa.

Entonces, dándose cuenta de lo tarde que era, tomó un trago de poción somnífera.


Se encontraron frente al Lago, para una sesión más de entrenamiento. Pero antes de que Hermione pudiera hablar con Draco acerca del Oniro, Sergei se acercó a ellos.

- Hola, Hermione, Draco. Jill está con los chicos de Hufflepuff, en el Bosque Prohibido, así que yo seré su instructor esta noche. Dado que ya perdieron el miedo al agua, hoy comenzaremos a estudiar el comportamiento del Calamar Gigante.-

Draco y Hermione se miraron de reojo. Sergei captó de inmediato su escepticismo y continuó:

- El Castillo fue concebido como una fortaleza para repeler y resistir ataques muggles. En la época de los cuatro fundadores, la principal amenaza para los magos eran las multitudes enardecidas, así que las defensas fueron planeadas pensando en ataques no-mágicos. El Calamar Gigante es una de las principales defensas anti-muggles del Castillo. Cuando detecta la presencia de alguien no mágico tratando de cruzar el lago, de inmediato lo ataca. La intención de los fundadores era asustar de tal forma a los muggles que no quisieran intentarlo de nuevo. Según se sabe, esta defensa funcionó muy bien hasta que se decidió "inmarcar" todo el terreno de Hogwarts incluyendo Hogsmeade.-

- Entonces, no hay peligro para nosotros. Somos magos.- dijo Draco, sintiéndose aliviado. Aparentemente, buscar la piedra que se encontraba en la boca del Calamar Gigante no sería tan difícil.

Sergei lo miró con semblante serio al tiempo que respondía:

- Me temo que en eso te equivocas, Draco, porque cuando estamos en sueños, todos somos muggles… o mejor dicho, tanto muggles como magos tenemos las mismas capacidades. Para el Calamar resulta imposible distinguir a un mago de un muggle en sueños. Por eso es importante que conozcan lo más posible acerca de él antes de emprender la búsqueda.-

Ambos se miraron sorprendidos.

Entonces, Hermione intervino:

- ¿Eso significa que ambas piedras están custodiadas por el calamar?

Sergei sólo asintió.

- No tiene sentido. Si las dos piedras están en el mismo lugar, ¿en qué consiste el desafío?- preguntó Draco.

- Slytherin y Gryffindor tienen que trabajar en equipo para vencer al Calamar. El desafío está pensado para probar la astucia y la valentía al mismo tiempo. – repuso Sergei, como si pensara en voz alta.

Luego, siguió explicándoles en qué consistiría la clase de esa noche.

- Hoy comenzaremos a practicar una habilidad que les será muy útil para enfrentar al Calamar: cambiar de forma. Les mostraré en qué consiste.-

Ni bien había terminado de decir esto cuando en el lugar que antes ocupaba el chico ruso, apareció un enorme lobo siberiano que para sorpresa de Hermione y Draco, les habló con la voz de Sergei:

- Como ven, es parecido a la animagia, con la diferencia de que puedes pensar y hablar como humano, lo cual es una gran ventaja en este caso.-

El asombro en los rostros de Hermione y Draco hablaba por sí mismo. En ese instante, Sergei recobró su forma humana.

- Es más sencillo de lo que parece, pero requiere práctica. Además, suele ser más fácil comenzar con el animal que le da forma a su patronus.-

- Yo no tengo patronus.- dijo Draco a regañadientes.

Sergei no pareció sorprenderse.

- En ese caso, piensa en tu animal favorito.- replicó Sergei con naturalidad.-

"Oh, eso me ayuda como no tienes idea Sergei. ¡Con lo que me gustan los animales!" pensó Draco.

Mientras tanto, Hermione se concentraba en su patronus: una nutria. Cerró los ojos, tratando de evocar la sensación de ser un animalito peludo con patas palmeadas y grandes bigotes. Era gracioso. De repente tenía la sensación de ser más baja. Abrió los ojos y notó con estupor que tanto Sergei como Draco habían crecido. O mejor dicho, que ella se había encogido.

Esta repentina certeza la hizo dar un respingo, con lo que regresó a su forma real de inmediato.

Sergei observaba los avances Hermione con atención en tanto Draco trataba de pensar en un animal que no le produjera asco, escalofrío o ambas sensaciones a la vez. Y entonces, volteó a ver a Hermione, quien por segunda ocasión había logrado convertirse en una tierna nutria. Genial, como siempre la primera en la clase. Y una sensación que hacía tiempo no lo embargaba se apoderó de él. Era el deseo de demostrar que él podía ser mejor. Necesitaba demostrar su superioridad.

Y en menos de lo que un pensamiento tarda en formarse, donde antes se encontraba Draco Malfoy ahora se erguía una gran serpiente negra, parecida a una cobra real con la capucha extendida que con una velocidad asombrosa se abalanzó hacia Hermione-nutria. Estuvo a punto de morderla, pero con gran habilidad, Sergei la empujó rápidamente fuera del alcance de los feroces colmillos tomándola de la cola y lanzándola a un lado.

El susto hizo que Hermione recobrará su apariencia humana y se alejara de Draco, trastabillando hacia donde se encontraba Sergei, quien con un ademán protector se puso delante de ella.

En un instante, todo había terminado. Draco, dándose cuenta de lo que había estado a punto de hacer miró a Hermione, cuyo rostro reflejaba un incrédulo dolor. Y Hermione vio en su rostro pálido una mueca amarga. Nadie dijo nada.

Draco dio media vuelta y con los puños cerrados, desapareció.

Hermione lo vio irse y cuando al fin reaccionó gritó su nombre hacia las sombras que los rodeaban. En vano.

Sergei se acercó a ella, tocándola suavemente en un hombro y le dijo:

- Ya no puede escucharte, Hermione.-

- ¿Cómo lo sabes?- preguntó ella.

Pensaba tantas cosas a la vez que no le importó el agudo tono con que había pronunciado estas palabras. Sergei la miraba apenado cuando repuso:

- Está despierto.-

- ¡Entonces yo debo despertar también!- gritó Hermione, tratando de convencer a Sergei de que debía ayudarla a despertar a como diera lugar.

- Si el susto que te dio no te hizo despertar, significa que debes esperar a que la poción pierda efecto.- le explicó Sergei con tono paciente.

Ella lo miró como si Sergei le estuviera pidiendo que esperara un siglo para volver a ver a Draco. Debía haber otra opción.

- ¿Acaso el poder del Oniro no es suficiente para expulsarme del reino de los sueños?- preguntó Hermione con impaciencia.

La expresión de Sergei reflejó pura perplejidad cuando miró a Hermione y le preguntó:

- ¿El poder del Oniro? ¿De qué estás hablando Hermione?-

Lo primero que le ocurrió fue que Sergei intentaba mantener el secreto al respecto, así que decidió ser directa.

- Sergei, sé que así como los cuatro fundadores de Hogwarts lo hicieron hace un milenio, Yishí, Jasón, Jill y tú han logrado capturar un Oniro y comparten su poder.-

Él la miraba con una ceja alzada en forma interrogante. Y entonces Hermione se dio cuenta de que su sorpresa no era fingida. El chico ruso no tenía ni idea de lo que era un Oniro y mucho menos había logrado capturar a uno. Entonces, Hermione murmuró:

- En verdad no sabes nada acerca del Oniro.-

- No, pero me gustaría saber.- repuso Sergei con una sonrisa.

Se sentaron a la orilla del lago y conversaron largamente acerca de fundadores, Oniros esclavizados, maldiciones y los efectos secundarios de desactivar un mosaico maestro. Al final, Hermione obtuvo algo que no estaba buscando: el apoyo de Sergei en su afán de liberar al Oniro cautivo.


Draco despertó bañado en sudor frío. Durante unos momentos estuvo quieto, escuchando a sus compañeros de habitación. Quería asegurarse de que seguían dormidos. No se confió de las acompasadas respiraciones de ambos chicos. Sabía con quienes trataba, así que sólo se sintió más tranquilo cuando escuchó que Theodore gruñía algo así como "MMMrrrsí, en 1850 los duendes grrmmmññño" y poco después a Zabini que murmuraba en tono embelesado "Sí, Daphne, lo que tú quieras."

Suspiró aliviado. Estaba seguro de que en medio de su frustración había gritado lo suficientemente alto como para despertar a una legión de sordos, pero aparentemente Blaise y Theodore tenían el sueño más pesado esa noche…o habían bebido una poción somnífera de buena cosecha. Dejando de lado estas elucubraciones, Draco pensó en lo que debía hacer a continuación. ¿Qué pensaría Hermione de él ahora? Y, aún más preocupante ¿la maldición de Slytherin tendría algo que ver?

Le daba vueltas a estos pensamientos al tiempo que se revolvía incómodamente en su cama. Un par de veces estuvo tentado de tomar un trago de poción somnífera, pero no llegó a hacerlo. Tenía la certeza de que Hermione aún estaba dormida, con Sergei a la orilla del lago, y sin saber muy bien porque, sentía que lo mejor era no verla en un rato. O mejor dicho, no verlos en un rato. Porque tampoco estaba muy contento con Sergei, después de esa reacción tan heroica, tan…Gryffindor. Y es que si no estaba enojado con él, tendría que haber estado agradecido…al menos un poco, por haber evitado que mordiera a Hermione. De por sí se sentía retorcido por dentro, ¿qué sería si aquellos colmillos hubieran llegado siquiera a rozarla? Tuvo que tragar saliva al pensar en esta posibilidad.

Cuando al fin amaneció, Draco había decidido que lo mejor sería evitar a Hermione durante todo el domingo. Luego lo pensó mejor y resolvió evitar a todo el mundo. Así que se levantó rápidamente y con gran sigilo salió de la habitación antes de que Theodore y Blaise se despertaran.

En primer lugar se dirigió hacia las cocinas por pertrechos suficientes para no pasar hambre en todo el día. Gracias a Merlín que los elfos domésticos no hacían preguntas.

Luego salió furtivamente y se dirigió al huerto de calabazas de Hagrid, que ahora era sólo un parche de tierra nevada. Una fina brisa cargada de copos de nieves comenzó a soplar, así que se dio prisa en terminar con todos los hechizos de aislamiento y desilusión. Al terminar, tenía una cómoda trinchera desde la cuál podía observar alrededor sin ser visto. Tenía un largo día de soledad por delante, pero no era el primero, probablemente tampoco sería el último, y dado que se sentía de ánimo sádico, procedió a jugar al snap explosivo con su versión Deluxe, encantada para poder jugar contra la baraja, la cual emitía quejidos y gritos cuando estaba a punto de explotar.

Pero ni siquiera el sonido de las explosiones y las quejas de la baraja pudieron alejar a Hermione de su mente.


La decepción de Hermione al ver que Draco no bajaba a desayunar sólo podía compararse con la flojera que sentía al pensar que debía terminar esa inacabable redacción de Transformaciones. Harry y Ginny no sabían qué hacer o decir para animarla y sus esfuerzos únicamente servían para hacerla sentir fastidiada, así que terminó de desayunar y argumentando que debía empezar cuanto antes con aquella redacción subió a su habitación.

Miró con desgana hacía su pulcro escritorio. ¿A dónde se había ido esa intensa sensación de placer intelectual que normalmente experimentaba cuando se encontraba ante un deber inconcluso? La vocecita de su consciencia, que hasta ese momento había permanecido inusualmente callada le contestó: "Seguro que está en el mismo lugar donde está Draco. ¿Por qué no vamos a buscarlo?"

Lo más extraño de todo es que en lugar de ignorar como siempre las sugerencias de aquella molesta voz, fue derecho al armario, tomó la capa que acababa de guardar, se la puso y después de impermeabilizarla, se desilusionó.

Sabía perfectamente que no estaría en condiciones de escribir una sola palabra hasta que hubiera hablado con Draco.

El lugar más lógico para comenzar era la Sala Común de Slytherin e incluso se habría atrevido a buscar su habitación, pero cuando estaba a punto de deslizarse por el pasillo que llevaba a las mazmorras, vio a Theodore Nott y a Blaise Zabini, que se dirigían al comedor. Decidió acercarse con mucha precaución para que no notaran su presencia y escuchó con atención lo que decían:

- …hacía tiempo que no desaparecía así.- decía Nott con semblante serio.

- Sí, desde que se encerraba en esa Sala Secreta para…bueno, tú sabes para que.- replicó Zabini.

- ¿Crees que deberíamos avisar al profesor Slughorn?-sugirió Nott.

- Quizá debamos esperar…a lo mejor aparece cuando le dé hambre. Draco es incapaz de aguantar mucho tiempo sin comer.-

Theodore respondió con un gruñido desconfiado.

Hermione no necesitó escuchar más. Y entonces se le ocurrió una idea. Era tan obvia que estuvo a punto de exclamar ¡DAH! y de golpearse la cabeza con la palma de la mano. Necesitaba el mapa del Merodeador.


Al salir del Castillo tuvo que reforzar el hechizo de impermeabilización, porque la ventisca amenazaba con arreciar. El mapa señalaba que la mota llamada "Draco Malfoy" se encontraba en el huerto de Hagrid. Justo el último lugar donde se le habría ocurrido buscar. Tuvo que reconocer que a los Merodeadores adolescentes les podían faltar muchas virtudes, pero la inteligencia no era una de ellas.

En ese instante, una mota que salía del Bosque Prohibido llamó su atención.

"Jasón Milos".

Aun así Hermione se sorprendió al verlo. Afortunadamente se contuvo a tiempo para no hacer ninguna exclamación y siguió deslizándose en silencio, confiando en que el hechizo evaporador de huellas funcionara bien.

Estaba cerca del lugar señalado con el nombre que más le interesaba, pero lo único que veía era tierra roturada cubierta de nieve. Unos pasos más allá pudo ver a Jasón, quien acababa de sentarse en un tronco caído. Tenía la cabeza entre las manos, en una actitud que Hermione nunca habría esperado ver en él. Se veía diferente, sumido en pensamientos que no parecían muy felices.

Un instante después, ella se acercaba al tronco caído, murmurando un "Finite" que revelaría su presencia ante Jasón.

Mientras tanto, Draco estaba como paralizado, observando a una Hermione que aparecía de la nada y se acercaba a Jasón Milos.

¿Acaso habían quedado de verse ahí? ¿Ahora resultaba que la famosa redacción de Transformaciones era sólo un pretexto para mantenerlo alejado mientras ella iba a ver a Jasón?

Su primer impulso había sido salir de inmediato de su escondite y enfrentárseles. Pero prefirió quedarse. De forma no verbal invocó un hechizo de agudeza de oído. Y esto es lo que escuchó:

- Hola Jasón. ¿Has visto a Draco por aquí?-

Jasón respingó visiblemente al escucharla y luego la miró con sorpresa.

- ¿Hermione? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es que no te vi llegar?-

Ella evadió la segunda pregunta y simplemente respondió:

- Estoy buscando a Draco. ¿Lo has visto?-

El chico griego alzó una ceja y luego dijo:

- No, no lo he visto. Quizá esté dentro del Castillo.-

Entonces Hermione repuso sin pensar:

- No, no está en el Castillo. Está por aquí en algún lugar.-

Jasón se extrañó ante la convicción que había impresa en sus palabras.

- ¿Cómo estas tan segura?-

Hermione no llegó a contestar. Rápidamente estrujó el mapa del Merodeador y lo ocultó en su capa. Pero Jasón había alcanzado a atisbarlo y una fugaz sonrisa apareció en su rostro, como si supiera exactamente qué era ese trozo de pergamino.

- Bueno, Hermione, el hecho de que no podamos verlo no significa que no esté aquí. –

Ella alzó la varita y estaba a punto de lanzar un hechizo de revelación, cuando Jasón la detuvo:

- Si yo fuera tú, no haría eso.-

- ¿Por qué?- dijo Hermione en tono contenido.

- Debe tener una buena razón para estar escondiéndose. Y no creo que revelarlo por la fuerza lo ponga de buen humor.-

- ¿Y cómo lo sabes? – preguntó Hermione, a quien le escocía su tono de suficiencia aunque en el fondo sabía que Jasón tenía razón. Si Draco no quería que lo molestaran, lo mejor era no hacerlo.

- Draco y yo tenemos muchas cosas en común.-

- ¿Tú también estás escondiéndote?-

Ahí estaba de nuevo esa sonrisita fugaz.

- Podría decirse. Vine aquí a pensar…o mejor dicho a sentir con mayor claridad.-

Hermione había desistido de revelar mágicamente la presencia de Draco, pero no había abandonado su propósito de encontrarlo. Únicamente había cambiado de estrategia. Quizá si la veía conversando con Jasón sentiría suficiente curiosidad como para acercarse. Así que siguió hablando:

- ¿Sentir con claridad?...-

Iba a agregar que si trataba de sentir con claridad el rigor del invierno británico, pero se abstuvo cuando encontró el verdadero significado de las palabras de Jasón.

- Vienes aquí para alejarte de la influencia de Yishí.-

Esta última frase era una afirmación.

Jasón se limitó a asentir con la cabeza.

- ¿Por qué?-

- Si de verdad quieres escuchar mi respuesta, será mejor que te sientes.-

Y con gesto caballeroso, se hizo a un lado para que Hermione pudiera sentarse en el tronco.

Luego, Jasón buscó algo en su túnica y se lo mostró.

Era una fotografía mágica. Mostraba a Jasón y a una chica de piel aceitunada, ojos color caramelo y largo cabello oscuro. Entre los dos sostenían un pequeño lémur azul de dos cabezas y saludaban con la mano que les quedaba libre.

- ¿Quién es?-

Medea Soleidis. Mi prometida.-

- Ah, ya veo. La extrañas.- dijo Hermione con una suave inflexión de ternura en su voz.

- Sí, pero no es tan sencillo. El problema es que no la extraño como debería.-

La expresión de Hermione revelaba su desconcierto.

Jasón respiró profundo, como para darse valor y continúo hablando.

- Pensé que era debido a la influencia de Yishí, y por eso he estado viniendo a este lugar, tratando de discernir lo que siento respecto a ella. Sé que eres hija de muggles y por tanto no te será fácil entenderlo, pero entre las familias de sangre pura es común arreglar los matrimonios, ya sea por cuestión de familia, de negocios o como es mi caso, ambas. Medea y yo nos conocemos desde niños. Cuando mi padre decidió que debía casarme con ella, esperaba que no opusiera mucha resistencia, e incluso que aceptara con gusto. Pero yo nunca he sido precisamente un hijo obediente, así que no accedí tan fácilmente. Después de todo, ¿por qué dar gratis mi consentimiento si a cambio podía obtener algún beneficio? Así que después de varias discusiones, mi padre hizo un trato conmigo: me dejaría estudiar lo que quisiera, pero al terminar mi carrera regresaría sin chistar a Grecia para casarme con Medea.-

Al llegar a este punto, Jasón encogió un poco los hombros.

- Me sentí orgulloso de mí mismo: en realidad, no me disgustaba la idea de casarme con Medea. Es una chica inteligente y atractiva, y el hecho de que sea una squib nunca me ha parecido un defecto.-

Aquí Hermione lo miró con sorpresa.

- Ya sabes, pasa hasta en las mejores familias. Y en Grecia los squibs no son ignorados ni segregados. Al menos no los que son de buena familia. Normalmente se casan con magos y brujas su misma alcurnia y tienen hijos mágicos. Pero me estoy saliendo del tema. El caso es que en lugar de regresar directamente a Grecia me escapé para pasar un año en Inglaterra. De todas formas, iba a regresar a cumplir mi parte del trato. Al menos eso pensé al principio, pero ahora…-

Jasón hizo una pausa, como si intentara encontrar las palabras correctas.

- Anoche, cuando besaste a Draco en el Gran Comedor tuve ganas de…dejarme llevar también. Habría sido fácil echarle la culpa a Yishí. Y luego me sentí el peor de los cobardes. No pude soportarlo y preferí irme.-

- ¿Por eso estabas molesto?-

- Sí. –

- Pero, no entiendo…-

- ¿Aún no lo entiendes, Hermione? Los envidio. Sobre todo a Draco. Ha tenido el valor de enfrentarse a su educación, a su familia y amigos con tal de estar contigo. No me siento capaz de hacer lo mismo.-

Lejos de la influencia de Yishí a Hermione le pareció que las emociones de Jasón estaban a punto de desbordarse, así que intentó desviar su atención hacia otro punto mediante una pregunta.

- ¿Medea sabe que no la quieres?-

- En realidad somos… como hermanos. Es algo parecido a lo que hay entre Harry y tú. Es un lazo muy fuerte, pero yo no lo llamaría amor.-

Hermione asintió con la cabeza. Entendía perfectamente a qué se refería.

- Entonces, ¿cuál es el problema?...-

Ella iba a decir algo más, pero se calló al captar la mirada doliente de Jasón.

- Siempre creí que enamorarse era algo demasiado subjetivo y sobre todo, algo que no podía pasarme a mí. Estaba muy equivocado.-

En ese momento lo comprendió: Jasón estaba enamorado de alguien más. Y Hermione no necesitaba que le dijera de quien se trataba.

- ¿Jill lo sabe?-

Jasón la miró sorprendido. En sus mejillas había un tinte rojizo que no estaba ahí antes, a pesar del frío. Fue sólo un instante, porque después sonrió de forma melancólica al responder.

- No. De todas formas, eso no cambiaría nada. Porque si no me caso con Medea, seré repudiado por mi familia, lo cual implica ser desheredado y tener que vivir el resto de mis días en el exilio.-

Hubo una pequeña pausa. Luego, Hermione dijo:

- Obviamente sería difícil empezar de nuevo. Pero tienes mucho talento como restaurador y lo más importante de todo, serías libre de estar con quien tú eligieras.-

La sonrisa de Jasón se acentuó, volviéndose amarga.

- Esa sería una solución drástica, pero tiene dos inconvenientes: primero, no creo que Jill esté enamorada de mí y segundo, en caso de que lo estuviera, no funcionaría.-

La convicción que imprimió en estas dos últimas palabras molestó un poco a Hermione. Y acto seguido se lo hizo saber.

- ¿Cómo estás tan seguro de que no funcionaría?-

- Porque venimos de mundos diferentes. Y en realidad…sería más fácil si nos odiáramos.-

En la mirada de Jasón se reflejaba un abismo sin fondo y a Hermione le dolía verlo tan desesperado. Se preguntó si Draco se había sentido así alguna vez. Y se le ocurrió que si había una oportunidad para ellos, después de años de hostilidades y una cruenta guerra, entonces también había una oportunidad para Jasón y Jill.

- Quizá puedas convencer a tu padre de que Jill es mejor partido que Medea, después de todo es una bruja, tiene su propia fortuna…y un Oniro.-

Jasón entrecerró los ojos al preguntarle en voz baja:

- ¿Cómo sabes lo del Oniro?-

- Es una larga historia…- replicó Hermione con desgana.

Él comprendió que no pensaba hablar al respecto y se encogió de hombros.

- Supongo que debías averiguarlo de un momento a otro. Eres muy lista.-

- Tú también eres listo, si no, no estarías en Ravenclaw. Seguro podrías convencer a tu padre…-

Jasón no la dejó terminar.

- Sería como convencer al señor Montesco de que Julieta Capuleto es un buen partido.-

Y bruscamente, como impulsado por un resorte, se levantó del tronco.

- Regresemos al Castillo antes de que la ventisca empeore.-

Dio unos pasos para acercarse al huerto de las calabazas. Draco contuvo la respiración. Luego, en voz bien alta Jasón se dirigió al huerto vacío:

- Si aún estás por aquí, será mejor que salgas de tu escondite antes de que la nieve te sepulte.-

Regresó junto a Hermione y en voz baja le dijo:

- Me adelantaré. No creo que te hayas quedado aquí con semejante clima sólo por el placer de mi conversación.-

Y sin esperar respuesta, comenzó a caminar rumbo al Castillo.

Draco no sabía bien qué hacer, pero cuando vio que Jasón se alejaba decidió salir de su trinchera. Camino hacia Hermione, tratando de descifrar la expresión de su rostro. Y cuando llegó junto a ella, no supo que decir.

Pero no importó, de todas formas no habría podido decir nada, ocupado como estaba en corresponder el cálido abrazo en que ella lo había envuelto sin esperar ni un segundo. Todo su ser se relajó. Se sentía plenamente satisfecho y reconciliado con la vida. Al menos hasta que notó que Hermione se estremecía, y momentos después con semblante preocupado se separaba de él.

- ¿Qué fue eso?- preguntó con nerviosismo.

- Seguro fue un montón de nieve cayendo de un árbol.- respondió él tratando de tranquilizarla.

- Ahí está de nuevo.-

El sonido se había multiplicado y parecía más cercano.

Ambos voltearon hacia la espesura del bosque. Y lo que vieron les heló la sangre en las venas.

En la oscuridad del bosque se distinguían cientos de ojos rojos, que avanzaban en medio del rumor de miles de patas.

Draco fue el primero en reaccionar. Tomando a Hermione del brazo, la obligó a correr tras él. Corrieron sin mirar atrás, hasta que llegaron al Castillo y cerraron las puertas tras ellos. Se detuvieron a recuperar el aliento y entonces notaron que un coro de curiosos se formaba alrededor de ellos. Pero no era su presencia lo que les llamaba la atención, porque todos señalaban aterrorizados algo que se veía a través de los ventanales emplomados.

Un ejército de acromántulas se deslizaba sobre la nieve con gran rapidez y comenzaba a trepar por los muros del Castillo con gran agilidad.


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Si están buscando un fic con mucho Draco y bien escrito, les recomiendo que pasen por "¡Ay de mí!" de mi nueva amiga Yurica.

Por otro lado, si se les antoja leer algo diferente, moderno, creativo y tan original que es difícil describirlo, dénse una vuelta por los fics de Sorg-esp, creadora del potterverso sorgexpandido y máxima exponente de la riqueza de la magia española.

He creado una encuesta en mi perfil para que voten por el tema de mi siguiente fic. Si quieren saber un poco más sobre las propuestas, pasen por mi blog. http :/ sirlaye . wordpress . com / 2010 / 05 / 21 / propuestas – para – la – encuesta /. Ya saben, quítenle los espacios para ponerla en la casilla de dirección.

Ahora los comentarios acerca del capítulo:

En el capítulo anterior las separaciones entre escena y escena se perdieron de forma misteriosa, haciendo la lectura algo incómoda y confusa. Una disculpa. Ya está arreglado, por si quieren releerlo :D

Sé que estas largas ausencias no se justifican pero si acaso les interesa, les diré que valió la pena porque ¡soy una de las tres aspirantes aceptadas en la maestría que comenzaré en agosto!

No sé ustedes que piensen, pero en el Séptimo Libro es notorio que las defensas del Castillo no estaban diseñadas para resistir un ataque mágico en forma.

Las cosas entre Hermione y Draco con una maldición milenaria de por medio no podían ser fáciles. Ya se reconciliaron pero aún así nada es seguro.

Sean sinceras y díganme: ¿qué les ha parecido Sergei en este capítulo? ¿Alguna se imaginaba que no supiera nada acerca del Oniro? Y más importante aún ¿por qué no lo sabía? ¿Qué hará ahora que lo sabe?

Hermione le ha birlado el mapa del Merodeador a Harry mientras él estaba con Ginny en la biblioteca. No se preocupen, ya se lo regresó :P

Jasón ha ido al Bosque Prohibido a pensar y ha terminado desahogándose. Ahora sabemos un par de cosas muy interesantes :P

La idea de las acromántulas atacando el Castillo fue de las primeras cosas que se me ocurrió sobre este fic. Aunque al principio, el ataque ocurría antes de Halloween. Sin embargo, ciertos detalles me hicieron ver la conveniencia de que ocurriera en las vacaciones de invierno.

¿Quién está detrás del ataque? ¿Se trata de una mente brillante o de una persona valiente y ociosa que no piensa en las consecuencias? Quizá sea ambas… XD

Contestación a los reviews del capítulo anterior:

Lucille: Nuevamente, gracias por seguir leyendo. Y seguro tienes dotes para la adivinación, porque atinaste a felicitarme otra vez por la parte que me costó más trabajo armar, sencillamente haces que valga la pena el esfuerzo. Sé que la parte de Harry y Ginny olvidados en el pueblo quedó un poco forzada, pero más adelante se verá que ellos también tenían algo que esconderle a Hermione en esa ida a Hogsmeade. Theodore es también uno de mis personajes favoritos, porque aparece cuando menos te lo esperas. Creo que de todos los personajes, él es quien se está divirtiendo más con todo este asunto. Espero que este capítulo no te haya decepcionado XD

Danny: Gracias por todo tu apoyo. Debo decir que para la carta me inspire en otros fics (Dramiones, por supuesto) en los que se presentan las malas pasadas de nuestro rubio favorito como intentos de llamar su atención. Por otro lado, me sorprende que hasta ahora nadie me haya reclamado la prisa de Draco por comprometerse ni el hecho de que Hermione parezca tan conforme con convertirse en su prometida en cuanto se acabe el curso. Respecto al gato, cielos, tendré que morderme la lengua, sólo diré que estás muy muy cerca del clavo.