Adki se encontraba aun inconsciente en su dormitorio, la hemorragia que presentaba se había detenido apenas unos minutos y parecía ahora dormir plácidamente. La luz de la luna se filtraba por las cortinas que bailaban al compas de la fresca briza del viento y una hermosa sonrisa iluminaba su pálido rostro la cual se deformo en una mueca de angustia y desesperación después de emitir en un grito "Papá, padre!", sin duda alguna era producto de una pesadilla la misma que había estado teniendo desde hacía algunos años en que sus padres habían muerto y se habían vuelto más recurrentes desde que había sido secuestrado por Hiperion y forzado a utilizar sus poderes para liberar a Cronos.

Una extraña figura oculta en las sombras velaba sus sueños desde una prudente distancia contemplando la belleza de aquella persona recostada sobre el lecho, lagrimas amargas recorrían la faz de aquel hombre en la oscuridad al recordar todo lo que esa criatura había sufrido desde su llegada a este mundo y el cruel destino que le esperaba; aquel ente apretaba sus puños a los costados fuertemente hasta hacerlos sangrar preso de rabia, impotencia y dolor además de la culpa que le embargaba al saberse participe del martirio de aquel pequeño e indefenso ser quien no tenía la culpa de haber nacido lo que es.

El reloj de pie en la sala marco las doce la noche, a la primer campanada un feroz viento comenzó a azotar como nunca la ciudad y el zumbar de las hojas de los arboles podía aterrar hasta el más valiente, una segunda campanada y los rayos surcando el cielo se mezclaban con el sonido del viento; todo era por demás extraños ya que desde la tarde el cielo estaba despejado y muy calmo pero ahora parecía que se le vendría a la ciudad un vendaval.

Era increíble, no había ni una sola nube por el contrario podía apreciarse la belleza de la luna y las estrellas en el firmamento pero aun asi de cuando en cuando uno que otro rayo aparecía en el cielo y un viento tan fuerte como el de un huracán estaba muy presente, esto preocupa a Hiperion quien se encontraba recargado en tronco de un árbol a un costado de la puerta de entrada de la mansión. Cronos también contemplaba el espectáculo desde las escales de la entrada sentado en flor de loto con un tazón de palomitas sobre su regazo y un conejito de trapo a su costado sentado de la misma forma y con una tapita de plástico llena de palomitas.

Cronos: .-Digno de una película de terror, que buena idea tuviste de venir a qui…

Conejito: .- …

Cronos: .-Es mejor que el 3D!

Conejito: .- …

Cronos: .- Debimos traer algo de beber.

Conejito: .- …

Hiperion al escuchar las palabras de su hermano y ver tan curiosa escena no pudo evitar sonreír, al dios del tiempo era como un niño pequeño en casi todo el sentido de la palabra a pesar de ser una de las deidades primigenias más poderosas o toda su descendencia, su pequeño hermano había padecido tanto por culpa de su padre y de esa maldita mujer que asesino a su madre. De cierta forma agradecía el que su madre no hubiera vivido para ver cómo fue destrozado su pequeño tesoro y el infierno que había vivido durante todo ese tiempo. Al recordar todo lo que habían vivido su hermano y él sintió su corazón despedazarse y la mescla de sentimientos encontrados apoderarse de él quizás no pudo hacer mucho por Cronos, por su madre o por aquellos guerreros que fueron exterminados por las ambiciones de Urano, pero al menos pudo recatar a uno de ellos.

Una tercera campanada del reloj y un poderoso cosmos dejo sentirse por todo el lugar, las luces de la residencia se apagaron súbitamente tras la ruptura de las bombillas dejando todo en penumbras, las tres deidades comenzaron a alarmarse y por instinto se dirigieron a la habitación que ocupaba el más joven de los que habitaban en esa casa. Estaban a punto de llegar al final de las escaleras cuando todo aquello hecho de cristal empezó a estallar comenzando por las ventanas dejando a Erebo, Hiperion y Cronos perplejos. Frente a ellos aparecieron cinco figuras de las cuales tres de ellas les eran familiares, en el gran salón frente a las escaleras aparecieron más de 17 hombres y otros tantos más en las afueras de la mansión, entre los cuales se encontraban los hombres de Hades y los de Athena.

Cronos hizo caso omiso de la situación y tras esquivar corriendo a las cinco figuras al final de la escalera llego hasta la puerta del dormitorio de Adki frente a la cual se encontraba Seiya con la estrella de luz refulgiendo en su frente pero inmóvil e impávido como siempre. "No entres" escucho a sus espaldas y sin importarle nada de un empujón aparto al Pegaso de la puerta y entro a la habitación de golpe aun con el conejito de tela en mano. Pudo observar a su peño bebé como él lo llamaba envuelto en un campo de luz violeta flotando por los aires sobre la cama, sus heridas habían vuelto a abrirse y algunas nuevas habían aparecido.

El color de cabello de Adki, sus ropas, el color de su piel y de sus ojos habían cambiado; de golpe se incorporo en el aire quedando de pie en medio de la habitación, su pijama color lavanda era ahora una túnica purpura casi negra con apliques color plata, casi todas sus heridas habían desaparecido sin dejar rastro pero de sus ojos corrían lagrimas color carmesí al igual que el liquido que escapaba por los profundos cortes en sus muñecas. La escena era aterradora y a la vez demasiado dolorosa para cualquiera que conocía al pequeño; el dios del tiempo solto el pequeño de tela y cayó sobre sus rodillas mientras copiosas lagrimas escapaban de sus ojos, parecía indicar que el momento que más temían había llegado.