Dragón Ball Z no me pertenece, los derechos son exclusivamente del maestro Akira.


¿Cuánto había pasado ya? ¿Un mes? ¿Dos meses? Quizá tres meses y medio.

Pero en esos tres meses y medio pasaron tantas cosas, desde la huida y la vida en el bosque cuidándose de animales salvajes, dormir en el húmedo pasto y bañarse en heladas lagunas a vivir por un mes en una hospedaje que si bien no era lujoso como el convento donde viva Bulma ni común como la casa de Vegeta, ellos podían llamarla acogedora.

Acogedora pues en ese lugar ambos cuerpos se juntaron y se volvieron uno, se entregaron al amor y no solo una vez sino casi siempre, aprovechaban para dar rienda suelta a todo lo que se habían estado perdiendo estos años de espera. ¿Y luego de eso que vendría? Bueno pues dormir abrazados el uno al otro sintiendo el dulce calor de ambos cuerpos, ambas pieles en contacto, ambos corazones sincronizados.

Si alguien les preguntara ¿Esta valiendo la pena todo este sacrifico acaso? Ellos no tendrían ninguna cosa que objetar en contra, vivían el día a día sabiendo que en algún momento podían separarlo e incluso morir uno frente al otro sin embargo vivir y guardar sus hazañas en sus más grandes recuerdo era suficiente para decir que si valdría la pena. Lo sabían, ellos lo sabían, y ambos afirmaban que el día en que la vida, el destino, Dios, o como quieran llamarle decida que sean el fin de ambos, ellos morirían con una sonrisa y lágrimas de felicidad por haber llegado tan lejos.

Bulma, una mujer soñadora que por fin se encontraba a si misma a sus 23 años luego de haber desperdiciado su adolescencia en algo que ella nunca fue engañándose a sí misma, fingiendo ser una mujer santularia cuando eso nunca fue para ella. Ella en realidad era aventurera, amante del romance, la vida libre y los grandes placeres de la vida, aunque quizá también todo lo que sea prohibido.

Vegeta, un hombre huraño, reservado, malhumorado y con una mirada aterradora a sus 26 años por fin estaba logrando conseguir lo único que en su vida lo hizo ablandar su duro corazón. Él es un amante de la guerra y siempre obtenía lo que deseaba es por eso que nunca se rindió en obtener a su querida Bulma, él odiaba la suavidad y el romanticismo aunque cuando se trataba de su hermosa peli azul quizá podía hacer excepciones, iba contra las reglas y si lograr sus objetivos significaba sacrificar otros lo haría, tal como lo hizo para poder escapar con la única dueña de su helado corazón. Él había dejado atrás una vida de comodidad, no era exactamente rico pero no le faltaba nada, tenía una fuente de ingreso que eran sus viñedos, tenía comida deliciosa todos los días y a la hora que quisiera, tenía una mujer bonita y sumisa que tomar, tenía unos hermosos animales que criar y tenía el respeto del pueblo. Pero eso nunca fue lo suficientemente bueno para él pues no la tenía a ella, su mayor deseo la mujer de sus sueños, la mujer que alguna vez estuvo prohibida para él pero ahora su mayor y único tesoro aunque lo que más deseaba era tener el fruto de su sacrificio, deseaba un hijo con ella.

Un hermoso hijo de cabello negro como el suyo y ojos azules como ella, se lo imaginaba un hermoso varón, fuerte y valiente que los acompañaría en todas sus expediciones hasta que encontrasen un lugar donde armar un hogar estable, lejos de las tradiciones y de los perseguidores.

Una lágrima cayó de los azules ojos de la hermosa joya de sus ojos, una lagrima que se era tan pequeña ante el hermoso mar que observaban los ojos de ambos, por fin habían llegado al puerto de un pueblo llamado Bari.

Estaban justo frente al mar Adriático, cruzarían el mar, sabían del riesgo que significaba ello pues pasarían inmediatamente a un territorio que ya no pertenecía al reino de Nápoles al cual pertenecen ellos. Cruzarían al territorio de Venecia en el cual, si bien había tranquilidad, también había caos pues la guerra se situaba por ahí cerca a causa de las cruzadas y la guerra contra los Turcos.

Pero Vegeta y Bulma hacían lo posible por alejarse más y más del territorio de los estados pontificados o sea los que están bajo el mando del papa.

Y ahora Bulma lo veía a él, Vegeta estaba negociando con unos peligroso piratas mostrándole un poco de oro para que los lleven al otro lado del mar. Esa era la única esperanza pues sus verdugos estaban sobre sus talones prácticamente.

Luego lo vio, lo vio acercarse a ella con su clásica sonrisa altanera, él se veía esperanzado. Aun había una esperanza.

Cruzaremos el mar Bulma – le dijo con una voz que quizá denotaba triunfo o demasiada emoción. Quién sabe.

Bulma solo corrió a abrazarlo y llenarlo de besos en el rostro, aunque Vegeta gruñó por ello pues todos los veían no podía evitar sentirse emocionado.

Aun había una esperanza.


En otro lugar más exactamente en la Provincia del Oeste el pueblo de donde escaparon Vegeta y Bulma. Una casa estaba siendo visitada por los perseguidores y por dibujantes, todos el pueblo estaba de chismoso observando la escena.

Describa a Vegeta – ordenó el perseguidor a la pelinegra que no paraba de llorar.

Bueno, él. Él es como de esta estatura – dijo señalando – no es muy alto, tiene cabello negro azabache al igual que sus ojos, tiene cejas pobladas y arqueadas, tono de piel bronceada y tiene el cuerpo corpulento, frente amplia, pico de viuda, cabello en forma de flama, nariz pequeña y boca pequeña. Es todo lo que puedo decir si me dejan con un gran dolor al hablar de él – dijo Milk bajando la vista.

El retrato hablado estará listo en unos días. Y dígame ¿Usted puede describir a Bulma la ex-hermana Bulma? – dijo el dibujante.

¿Cómo puede pedirme algo así? Esa mujer destruyó mi familia, esa mujer sedujo a mi marido y lo peor de todo es que yo fui quien la metió a mi casa. Ella es el mismísimo diablo, ella me traicionó y traiciono a Dios, metió el pecado a mi casa, ella es un lobo disfrazado de oveja. Ella… ella… ella es la causa de todas mis desgracias – lloraba y comentaba Milk.

¿Pero usted recuerda como era ella? – preguntó el dibujante.

Claro que la recuerdo – dijo secándose las lágrimas.

Milk empezó a describir a Bulma con mucho dolor pues cada descripción le traía en su mente el recuerdo de cuanto los vio besándose.

Los chismosos que estaban ahí observando la escena y las miradas de compasión eran hacia Milk y las mujeres charlaban entre ellas.

Pobre Milk, no solo tiene que cargar con la pequeña Pan y su suegro que cayó enfermo por la noticia sino también ese maldito la dejo embarazada antes de marcharse – dijo una anciana a otra señora de edad.

Y yo pensaba que Vegeta era una persona honorable – comentó la otra.

Ambas personas siguieron observando la escena donde había una sufriente mujer y una situación que estaba a punto de empeorar a causa de aquel retrato hablado.

Y es así como unos piensan, unos viven y disfrutan otros sufren y lloran pero esa es la ley de la vida.


Espero les haya gustado.