Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
A mi Mis Swan tata favorita porque me voy a casar con ella aunque aun no lo sabe, a mis hijas Kath, Valen, Esther y Regina Jr, a mi princesita Gen porque la adoro, a mi tatita vero porque es un encanto, a Bego porque es la voz de la razón y a Natalia porque es la mejor.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca y a esthefybautista.
CAPÍTULO 21 LO QUE SE ESPERA DE MI
Cuando Mery se fue, Regina se sintió como una fiera enjaulada, caminando de un lado a otro de su salón repitiendo en su mente una serie de improperios e insultos cuya destinataria era Emma Swan. Estaba enfadada, muy enfadada, por su cobardía, su idiotez, pero sobre todo estaba enfadada por los prejuicios que la rubia tenía sobre ella. No la conocía en absoluto, no se había preocupado en conocerla y a ella tampoco le había importado, entendía que Emma necesitaba desnudar su alma antes de penetrar en la ajena, incluso comprendía sus motivos para haber desaparecido pero no los compartía.
Frenó en seco al recordar la carta, los motivos de la joven escritora mientras un escalofrío recorría su espalda e, irremediablemente, sus pensamientos se ensombrecieron y se llenaron de una imagen, su Kathe.
Todo cobraba sentido, el parecido físico, el misterio en la mirada de Emma, porque sus gestos, sus ojos le resultaron familiares desde la primera vez que la vio, había estado muy ciega para no darse cuenta y, aunque le aterraba perder a Kathe, no encontraba acertada su huida. Todo acto trae consecuencias con las que vivir, Emma había decidido abandonar a Kathe y debía vivir con ello, no huir.
Cansada de deambular por su apartamento y de que su mente recreara una y otra vez su enfado y frustración, se dirigió a su cuarto donde Kath hacía horas que estaba dormida. Una vez en el interior posó su mirada sobre su hija, murmurando desde el mundo de los sueños y ocupando toda la cama como siempre solía hacer. Sus cabellos caían como una cascada rubia sobre la almohada y sus rasgos le recordaban tanto a Emma que se increpó por no haberse dado cuenta antes de la verdad.
Como pudo la apartó para meterse en la cama, entrando en calor a gran velocidad ya que el tibio cuerpo de su hija se pegó a ella en el acto, al igual que sus brazos la rodearon, dándole paz en el acto, sabía lo que tenía que hacer, encontrar a Emma y hacerle ver que se estaba equivocando, que su error podía destrozar su vida y no tener remedio.
A la mañana siguiente, el sol penetró por las rendijas de las persianas, acariciando su rostro y llevándola a la conciencia, sintiendo el peso de su hija sobre su pecho. Durante la noche, la pequeña se había escurrido sobre ella, pegándose completamente a su pecho, provocándole una sonrisa. Durante unos minutos se entretuvo jugueteando con el sedoso cabello de Kathe, enredando sus dedos en los dorados rizos de la pequeña, escuchando su respiración y acompasándola con la suya propia.
Cuando encontró que era el momento de despertarla, besó suavemente su frente y con leves cosquillas fue llevándola a la consciencia entre risas apagadas. Los ojos verdeazulados de su hija se clavaron en ella brillando de alegría, solo un instante, el que necesitó para reunir toda su energía infantil y empezar a saltar sobre la cama gritando y parloteando, por lo que la sujeto de la cintura y la atrajo en un abrazo, levantándose de la cama y llevándola en brazos hacia la cocina.
Una vez en esa estancia, la dejó sentada en su silla mientras preparaba el desayuno, Kathe la observaba impaciente y hambrienta, frunciendo el ceño al darse cuenta de que su mamá estaba ida, no estaba como todos los días.
-Mami ¿Qué pasa?
-"Nada bichito ¿Qué iba a pasar?"
-¿Entonces porque machacas la masa de tortitas? Ya está lista mamá
Regina suspiró, había criado bien a su pequeña y sabía que era observadora y que no se daría por vencida hasta saber toda la verdad. Dejó el cuenco que tenía entre las manos y se sentó frente a su hija, mirándola con cariño y media sonrisa en el rostro.
-"Tienes razón listilla, estaba pensando… ¿Recuerdas a Emma Swan?"
-Tu amiga, la que se fue, ¿Estás triste por su culpa?
-"Se ha marchado cometiendo un error pequeña, pero he decidido que voy a ir a buscarla"
-¿Para enseñarle a no hacer más las cosas mal?
-"Exactamente princesita, ahora prepárate que tienes que ir al cole"
Como una explosión, la rutina de la mañana apareció creando prisas, risas y algún grito mientras Regina adecentaba a su hija, le daba el desayuno y salía corriendo para no llegar tarde, preguntándose dónde estaría Emma y si tardaría mucho en encontrarla.
Tras dejar a la pequeña en el colegio, voló hacía su puesto de trabajo con una obsesión en mente, encontrar a Emma.
Tras entrar en los estudios, sin saludar a nadie se dirigió a Gen sabiendo que nadie más que ella podía ayudarla en ese momento. Su eterna compañera que, al verla, le regaló una sonrisa que rápidamente fue devuelta.
-"Gen ¿Cuántas veces me has salvado a lo largo de nuestra carrera?"
-Demasiadas morena pero lo hago con gusto ¿Qué necesitas?
-"Encontrar a Emma Swan"
-Dame unas horas
-"¿Solo unas horas?"
-Morena… Encontrar gente es mi especialidad
Con un giño, se alejó de ahí para volver al cabo del rato alardeando con un papel en las manos, papel que deposito frente a Regina sonriendo.
-No ha sido difícil, a tu amiga le gusta usar las tarjetas de crédito, está en Boston
-"Gracias Gen, no sé qué haría sin ti"
Con una dirección en las manos, salió decidiendo que se tomaba el día libre una vez más y llamó a Mery desde el coche, pidiéndole amablemente que recogiese a Kathe y la esperase en casa, mientras arrancaba su mercedes y se encaminaba hacia Boston, iba a ser un viaje muy largo y esperaba que productivo.
Condujo durante horas, sin parar, con una idea fija, deseando llegar y enfrentarse a todos los fantasmas de Emma Swan, enseñarle que el valor te lleva a buen puerto.
Con el corazón desbocado, el rostro decidido, la boca seca y las manos apretando el volante hasta dejar los nudillos blanquecinos, no se detuvo hasta que su mercedes entro en Boston, buscando la dirección que Gen le había proporcionado y deseando de corazón que Emma recapacitase, no tenía intención de pasar la noche en esa ciudad y lejos de su pequeña.
Tras un par de rodeos ya que no conocía la ciudad, penetró en el barrio de Emma, sin asombrarse de su opulencia ya que la joven escritora parecía regodearse en sus máscaras. Aparcó y continuó su camino a pie, ojeando los edificios de apartamentos, buscando el número que estaba anotado en ese papel que llevaba en las manos.
Finalmente dio con él y entró en un edificio gemelo a los anteriores, dándose de bruces con el portero que la miró extrañada, ya que no la reconocía.
-Buenas tardes señorita, usted no vive aquí ¿Me equivoco?
-"No se equivoca, he venido desde Nueva York a visitar a una amiga"
-¿Debo anunciarla?
-"Prefiero que no lo haga"
Su sonrisa, deslumbrante, enrojeció el rostro del portero que empezó a balbucear, incapaz de pronunciar otra palabra ante ella, embobado por su belleza.
Con un gesto de su cabeza se dirigió al ascensor, su rostro no perdió la serenidad aunque hervía por dentro, pulsando el botón del ático y suspirando, era la hora de la verdad.
Cuando se abrieron las puertas del ascensor, salió a la lujosa planta, certificando que solo había una vivienda ya que a Emma no le gustaba compartir el rellano con vecinos. Sus tacones resonaron sobre el mármol mientras se dirigió hacia la puerta rogando interiormente que la escritora estuviese en casa, se hacía tarde y quería volver a casa con su Kathe. Apretó el timbre y esperó hasta que escucho los pasos arrastrados de Emma al otro lado de la puerta.
Cuando la joven abrió la puerta, tuvo que hacer un esfuerzo por reconocerla entre la maraña de cabellos desaliñados, las ojeras infinitas y su demacrado rostro, parecía un fantasma. Emma abrió los ojos desmesuradamente, ojos sin vida y sin brillo, reconociendo a la mujer que tenía en frente mientras las palabras habían muerto en su garganta y su boca dibujaba una mueca de sorpresa.
Durante unos instantes se mantuvieron en silencio, la rubia intentando entender qué hacía Regina en su casa en Boston y la morena intentando no perder la cabeza ante el deplorable estado de la joven ante ella.
-Re..Re..Regina ¿Qué haces aquí?
-"Supongo que no es lo que esperabas de mí"
